Hora 7: Asesoría para asaltos cardiacos.

—Eren—llama la profesora de química una vez que la clase termina.

Cierro los ojos y trato de no maldecir. ¿Qué hice ahora?

— ¿Si? —digo dando media vuelta.

—Anda, toma asiento, necesito hablar contigo de algo muy serio.

Pongo mi mochila en una de las mesas del laboratorio de química y me siento en los largos taburetes de metal pintado de amarillo.

— ¿Pasa algo?

—Tus calificaciones no están bien, al menos en mi materia, sé que eres el mejor en idiomas y literatura.

Sonrió como diciendo "Bueno no es mi culpa que su materia sea aburrida"

—Es que... la química no es mi fuerte... tengo problemas con ella desde la secundaria.

— ¿En serio? Su carrera técnica de Laboratorista Químico dice otra cosa—ella alza una ceja con interrogativa.

—Es diferente, en la opción, bueno, todo era más práctico, era mucho más fácil aprenderla.

La profesora suspira y golpea las listas de asistencia.

—Eren, este es tu último año en la preparatoria, deberías tomarte más en serio tus materias si no quieres repetir curso—me reprende y yo bajo la mirada—Pero te tengo una buena noticia, la profesora Reiss me ha dicho que eres asesor del joven Ackerman, ¿Cierto?

—Sí, lo asesoro en varias materias.

—Bien, durante Enero va a venir un estudiante a ayudarme con algunas cosas, era uno de mis mejores alumnos, está estudiando actualmente Petroquímica, ¿Te gustaría recibir asesorías de él?

La proposición me toma por sorpresa pero no me lo pienso mucho.

— ¿En serio? Si, por supuesto, me encantaría... bueno, si su alumno no tiene inconvenientes. La profesora sonríe.

—Supongo que no, al igual que tú se dedicó a dar asesorías durante su último año, muchos de esos asesorados subieron mucho en sus calificaciones, por eso me pareció buena idea ofrecerte esta oportunidad, no eres un mal alumno, se nota que eres dedicado pero en ocasiones también algo despistado.

—Se lo agradeceré mucho, profesora, en serio.

—Eso espero, recuerda que el segundo periodo termina la tercera semana de Enero y el tercer y último periodo el 30 de abril, tienes que estudiar si no quieres irte a finales.

—Por supuesto.

—Bueno eso era todo, puede retirarse, tengo otra clase que atender.

Le sonrió y rápidamente salgo del salón, en mi carrera algo se interpone en mi camino, choco contra eso y caigo como saco de papas al piso sobándome la nariz, mi trasero recibe todo el impacto del suelo frío y la mochila se resbala de mis hombros.

—Si serás idiota.

Esa voz.

Abro los ojos y miro hacia arriba con el ceño fruncido.

— ¿Qué haces aquí? —digo aun en el piso.

—Voy a clases... torpe—Levi me tiende una mano pero la paso por alto y me levanto como puedo.

—Deberías fijarte por dónde vas.

—Eso mismo digo yo, andas corriendo por todos lados como si fueras una cabra.

—No ando corriendo por todos lados como si fuera una cabra y... muévete de mi camino que tengo clases.

Él se hace a un lado y yo me tambaleo, mis agujetas están sueltas y estoy a punto de besar el piso de nuevo cuando siento su brazo rodearme la cintura, respingo pero Levi me ayuda a mantenerme de pie, nos quedamos viendo durante un rato, algo se aprieta dentro de mí, siento mi respiración más pesada y por alguna razón las rodillas me tiemblan.

—Y... ya suéltame—digo en un débil susurro.

Pero tarda en reaccionar, sus ojos grises me consumen y siento que podría perderme en ellos si los miro un poco más, siento mi cara hirviendo, así que tengo que obligarme a zafarme y hacerme a un lado, me enredo con mis pies y caigo de nuevo en el piso, respingo de nuevo, creo que hoy se ha acabado mi suerte...

— ¿Estas bien? —pregunta Levi.

—Tengo clase—me paro una vez más y salgo disparado a las escaleras.

¿Qué demonios? Me detengo en el segundo piso para amarrar mis agujetas. Rayos, voy tarde para la clase de Francés.

Salto rápidamente por los escalones y derrapo hasta el piso de idiomas hasta llegar al aula D-106.

—Je peux enter? —pregunto una vez que abro la puerta lentamente.

—Oui, Eren—el profesor me hace una seña con los dedos para que entre rápidamente.

— ¿Dónde andabas? —me pregunta en un susurro Sasha. Quizá, la única chica con la que me llevo bien, algunas veces solemos comer juntos en las horas libres, pero ella prefiere estar con Connie.

—La profesora Nanaba quería hablar conmigo—contesto de igual manera.

—Oh, entiendo.

La clase es de lo más lenta, bostezo un par de veces y al final termino casi dormido sobre mi banca. Ayer no dormí bien, tengo un pequeño problema que me ronda por la cabeza, un pequeño problema que se apellida Ackerman, después de que abandonara mi casa ayer, me encerré en mi habitación y me dedique a ver lo interesante que es mi pared pintada de blanco con estampado de conejos y osos.

No sé porque hizo "Aquello". Me beso. Fue un simple beso en la mejilla pero... Dios me beso. ¿Por qué? No se me ocurre ninguna idea, digo si lo hubiera hecho en público tal vez hubiera sido para burlarse de mí, pero no, fue en la cálida privacidad de mi casa donde solo estábamos él y yo.

El estómago se me revuelve de solo pensar en eso.

Sé que me gusta. Pero no en un sentido romántico. Jamás. Lo digo en un sentido más... Es apuesto y de buen ver por lo que me gusta, me guio más por su físico por así decirlo. Sus ojos son lindos, por alguna razón es una de los atributos físicos de los que primero me fijo, me gustan los ojos bonitos, siempre lo han hecho, me atraen mucho la atención, puedo decir que Mikasa también me gusta por esa misma razón ya que comparte ese mismo gen.

Mi cabeza es un lio en este momento. Soy bastante imaginativo, así que muchas ideas locas me rondan por la mente en estos instantes sobre la misteriosa razón de despedirse así ayer. Digo no es muy común que dos hombres se despidan de beso, eso es más para las chicas. A menos... a menos que... que... Desecho la idea al recordar a aquella chica con la que lo cache besuqueándose el otro día, pero... Él negó tener algún tipo de relación con ella. Me pregunto si...

—Eren... ¿Desea salir a tomar aire? Se nota distraído en mi clase— me levanto de golpe y miro al profesor con la cara sonrosada, mis compañeros me miran algo divertidos —Vamos, cuando se sienta dispuesto a seguir mi clase puede regresar.

Bajo la mirada y a pasos lentos salgo del salón. Dios es la primera vez que un profesor me llama la atención de esa forma. Qué horror. Mi perfil de buen alumno está decayendo.

—Hey, Eren— ay genial, lo que me faltaba. Me giro lentamente y observo como el menor de los Ackerman se acerca hasta mí corriendo.

—Hola, Farlan—saludo sin ganas.

— ¿Vas al baño? —no sé porque, esa sonrisa no me da para nada confianza.

—Sí.

Ambos entramos a los baños, pero me dirijo al espejo y me mojo las manos con agua fría para darme delicada o fuertes cachetadas para despejar mi mente, un segundo después siento el peso de alguien más en mi hombro.

— ¿Qué pasa? —le pregunto al niño a mi lado.

—Dime... ¿Has aceptado alguna invitación de mis hermanos?

— ¿Invitación? ¿De qué? —finjo estar desatendido.

—Para el festival de Halloween, Obviamente.

—Ahh, eso... no.

—Genial, entonces iras conmigo. Doy un paso atrás deshaciéndome de su agarre.

— ¿Disculpa? Lo siento pero...

—No te estoy preguntando, vas a ir conmigo... por muchas ganas que tengas de ir con mi hermano.

— ¿Quién dijo que tengo ganas de ir con tu hermano? —extrañamente me siento abochornado. Él solo sonríe. En serio... este niño está empezando a darme miedo.

—Bueno, pasare por ti... Eren—la forma en que dice mi nombre, como un leve ronroneo, me da escalofríos. De una cosa estoy seguro. Los Ackerman dan miedo. Demasiado.

Con pasos lentos avanzo de nuevo a mi salón solo para encontrarme con que el profesor ha tenido que interrumpir la clase para algo importante, así que mis cosas están abandonadas en la banca donde estaba sentado antes.

El día definitivamente no mejoro. Así que al llegar a casa lo único que quiero hacer es dormir, dormir y quejarme de lo cruel que la vida es conmigo, quizá, lo único bueno de hoy es que tendré un tutor para química, lo que me alegra bastante. Espero poder entender algo más allá que solo O = oxigeno.

Con todo y todo, el fin de semana llega y yo soy totalmente feliz. No solo por ser fin de semana, sino porque mis padres no trabajaran y eso significa que iremos a una pequeña cabaña que papá compro hace años cerca de la playa, que queda como a dos horas en auto desde donde vivimos, hace tanto que no voy, quizá desde antes de entrar a la preparatoria. Isabel volvió a su propia casa con sus padres por lo que solo seremos nosotros dos esta vez. Es algo triste y solitario pero por el momento estoy feliz.

—Mamá... ¿Puedo ir a comprar algo de helado? Hace demasiado calor. A pesar de estar en la misma área aquí, hay más humedad por lo que el sol hace demasiado efecto aquí, sudas demasiado y te acaloras con rapidez, me gusta, hace que me sienta rehabilitado.

—Por supuesto cariño—contesta mamá con una sonrisa mientras baja las maletas del auto—Grisha ten cuid... ya no importa—ella mueve la cabeza de forma negativa mientras ve como mi padre se sonroja después de tirar el florero.

—Lo siento Karla.

Sonrió.

¿Hace cuánto que no estamos todos juntos como familia? Mucho tiempo al parecer. Son como uno diez minutos para llegar a la zona poblada, es decir, donde hay una tienda para comprar algo de comer, es uno de esos lugares que está abierto las veinticuatro horas, el solo entrar te llega la refrescante brisa del ventilador y sientes como el sudor se seca en tu piel. Suspiro de placer.

Voy directamente al área de congelados y tomo dos botes de helado y una caja de paletas, con forme recorro los pasillos tomo más cosas, refrescos y frituras en su mayoría, papas y golosinas. Al final tengo llena la canasta de plástico rojo, hago una mueca, ¿Cómo pienso cargar todo esto yo solo?

—Para ser demasiado delgado, comes un montón de golosinas.

Un escalofrió me recorre la espina dorsal y lentamente volteo. La vida me odia. Eso es definitivo.

—Tú—digo con voz bajita.

—Oh... Eren... Que coincidencia encontrarte aquí—detrás de uno de los aparadores sale la señora Dennis.

—Hola—saludo con cortesía—Vine por algo para pasar la tarde, hace demasiado calor para ser finales de octubre.

—Eso sí, ¿Dónde te hospedas? ¿Has venido con tu familia?

—Sí, estoy con mis padres, en una cabaña a diez minutos de aquí.

—Tal vez podamos ir a nadar más tarde— ¿Por qué parece demasiado emocionada?

—Sí, claro—trato de parecer amable.

—Ay, miren quien está aquí...—ese definitivamente es Farlan.

Me odia... la vida me odia. ¿Por qué incluso en mí fin de semana me tengo que encontrar con los Ackerman? Alguien allá arriba definitivamente me detesta y no me deja ser feliz.

— ¿Así que también vienes aquí de vez en cuando? —pregunta Levi.

—Algo así... hace mucho que no vengo.

Camino directo a la caja cuando la puerta vuelve a abrirse.

—Cariño—lo que me faltaba... mi madre.

Creo que puedo ponerme a llorar ahora. Siento que esto solo va a empeorar todo. ¿Por qué no me dejan respirar solo un poco?

— ¿Qué pasa mamá?

—Oh... Tú eres el amigo de Eren... Levi. ¿Cierto?

—Así es— ¿De dónde salió ese lado amable? Me irrita.

— ¿Usted es la madre de Eren? Mucho gusto soy Dennis, la tía de Levi.

Ambas se estrechan la mano en forma de saludo. Algo me dice que ellas se llevaran mejor que nada. ¿Puedo llorar? Porque esto empeora cada vez más.

— ¿Miedo? —pregunta Levi a mi lado.

Suspiro.

—No tienes ni idea, Aun así... ¿Vienes de fin de semana igual?

—Dennis quería un fin de semana familiar y nos ha arrastrado a todos hasta aquí como veras, no es como si yo quisiera venir... aunque ya que estoy aquí puedo disfrutar un poco ¿No crees? Me encojo de hombros.

—Supongo, para eso es.

— ¿Entregaste las láminas ayer?

— ¿Quién me crees? Obviamente, esta semana será solo de decoración para el festival y ese tipo de cosas, preferiría quedarme en casa a leer pero algunos maestros tomaran asistencia.

— ¿Iras conmigo? Abro la boca para contestar cuando alguien se me adelanta.

—Error, hermanito, mi querido Eren ira conmigo. ¿Cierto? —nuevamente la forma en que dice mi nombre da escalofríos, mientras él se cuelga de mis hombros miro a otro lado.

—Ehhh bueno...

— ¿Mi? —Levi alza una ceja de forma interrogativa

—Así es... MI-O.

—No soy un objeto. Gracias.

—Que buena noticia—los tres nos volvemos a ver a mi madre y a la tía Dennis— Levi... ven cariño.

—No me digas cariño—el chico hace una mueca de desagrado ante el apodo de su tía, pero aun así camina hasta donde están las dos mujeres.

—Eren.

Suspiro, algo me dice que esto no es bueno.

— ¿Qué pasa?

—Levi se quedara con nosotros en la cabaña.

— ¿Qué? —ambos preguntamos.

—Dennis dice que tuvieron un accidente en el lugar en el que pasarían el fin de semana así que uno de ellos tendría problemas...—explica mi madre.

—Pensábamos regresar a Farlan a la casa en la ciudad...

— ¿Ehh? ¿Y a mí porque?

— ¿Quieres que lo diga aquí? — la mujer arquea una ceja a modo amenazante y el chico se estremece.

—Ya entendí.

—Tía Dennis—nuevamente la puerta se abre y por ella entra Mikasa con la cara roja y llena de sudor, por el cambio de facciones veo que disfruta del aire acondicionado— ¿Eren? — su rostro cambia al visualizarme—Que sorpresa.

—Ohh, Mikasa ya arregle el problema, Levi se quedara en la cabaña con Eren, no es emocionante. No, definitivamente no lo es. Y la cara de molestia de la chica lo demuestra.

— ¿Por qué él? Podría ir yo. Mi madre y la tía Dennis ríen.

—Ay cariño, obviamente tú no podrías quedarte con ellos, sería más incómodo para Eren tener una chica en su habitación, a tener a un chico con él. ¿Cierto Eren?

—Ahhh. —No sé qué contestar.

Tenerlos a ambos ya me provoca problemas y grandes molestias. Al final mamá y yo volvemos a la cabaña y ella no deja de sonreír como una psicópata, me da miedo a veces. ¿Eso es normal?

—Oh, Grisha, ¿Adivina? Se va a quedar con nosotros un amigo de Eren, ¿No es emocionante? Mi padre pone cara de sorpresa y yo lo miro con una mueca de "Dile que se retracte"

—Así que tienes amigos—su bromita no me ayuda.

—Iré a mi cuarto a darme un baño.

—No, Eren vuelve aquí, recuerda... solo venimos por los trajes de baño para ir a la playa.

—Mami, en serio...

—Venimos a divertirnos—tengo que contenerme para no hacer una mueca de fastidio.

Con todo y todo, mamá gana y cuando dan las dos de la tarde bajamos a la playa que esta como a unos quince minutos en el carro, cuando llegamos los Ackerman ya están montando todo un campamento playero, con sombrillas, toallas, mesas, sillas, cajas con refresco y todo ese tipo de cosas. Mikasa es la primera en recibirme con un enorme y hostigarte abrazo. Con este bochorno lo último que quiero es contacto con otra persona. Pero trato de no mostrarme grosero. ¿Me divertí? No lo sé. Hubo momentos buenos, como cuando construimos el castillo de arena, que a pesar de que no tengo madera de arquitecto salió bien, con la ayuda de mi padre y de uno de los tíos de Levi, también cuando intente nadar, una ola me arrastro ridículamente pero me divertí, realmente, a pesar de que incluso Levi se rio de mí. Hubo otros momentos no tan agradables, como el hecho de tener a Mikasa pegada a mí durante toda la tarde, intento darme de comer en la boca... ni mi madre hace eso desde sexto de primaria o el hecho de que Farlan no dejara de acosarme todo el tiempo que Mikasa se alejaba de mí.

Los Ackerman son personas raras. De eso estoy seguro. Dan como las ocho de la noche y volvemos a la cabaña, y si, vamos con Levi quien se desvía de su familia para irse con nosotros, a nadie se le olvido esa brillante idea de mi madre. Me pregunto porque esta tan necesitada de que tenga amigos. No los necesito. Me gusta mi vida solitaria.

—Eren, tu padre y yo vamos a ir a bailar a una discoteca con los Ackerman— anuncia mi madre una vez que llegamos a la cabaña.

— ¿Qué? —pregunto como si no entendiera muy bien, no pensara dejarme solo con él, ¿Cierto? —Anda, bájate del auto, tienes películas en tu habitación y compraste comida chatarra en la mañana, diviértanse.

Con una sonrisa que dice "Se sociable" me corre del auto y mi padre solo me dedica una mirada de "Así es tu madre"

Me quedo con mil reproches en la boca mientras ellos se alejan rápidamente a una discoteca mientras yo me quedo aquí, con... Levi Ackerman. No hace frio, pero tengo intensos escalofríos recorriéndome todo el sistema circulatorio. Maldición. Odio mi vida.

— ¿Vas a quedarte toda la noche aquí?, si es así, dime como entrar a la cabaña.

Suspiro y saco las llaves de mis bermudas. Solo quiero decir que si muero hoy dejare todo a nombre de un gato que no tengo... ay, porque presiento que esta noche no será muy buena o al menos una donde no voy a poder dormir bien, de nuevo. "Cálmate" Me digo a mí mismo "Cálmate solo es el mismo idiota que asesoras todas las mañanas de lunes a viernes" Es extraño estar con él en un solo lugar... solos... él... y... yo. Que... miedo.

—Y... ¿Quieres ver películas? —pregunto dejando mi pequeña maleta en la mini sala de la cabaña.

—Sí, claro.

—Voy a darme un baño antes, si quieres puedes ir eligiendo cual, están en mi habitación en el mueble de la televisión.

Él asiente y sube las escaleras de madera, yo voy detrás de él, abro la puerta de mi habitación y rebusco mi pijama y ropa interior, mientras él se tira en la alfombra a checar las películas.

Dejo que el agua se resbale por mi piel para que se lleve todas mis malas vibras, respiro tranquilamente mientras trato de encontrar un punto bueno de todo esto, mi corazón late fuertemente contra mis costillas, y no dejo de sentir hormigas por toda mi piel, obvio lo último solo es un juego sucio de mi mente.

Mi pijama consiste, nuevamente, en un muy bello conjunto de camiseta de tirantes y shorts cortos con estampados de conejitos blancos comiendo zanahorias de una forma muy tierna. Creo que debo empezar a remodelar mi guardarropa de pijamas, esto me traerá una muy mala reputación.

— ¿Quieres bañarte? —pregunto al salir mientras me paso una toalla por la cabeza.

— ¿Desde cuando dices que no vienes? —pregunta mi compañero mirando con el ceño fruncido mis películas.

—Desde... no lo sé, que tenía unos diez u once años... tal vez. ¿Por qué?

—Se nota, toda esta es una colección inédita de películas de Winnie Pooh, ¿Es enserio? Y Disney hay películas de Disney por todos lados.

Abro la boca para defenderme pero no me sale nada. Es cierto esto es patético. Estoy a punto de cumplir los dieciocho y aun me gustan ese tipo de películas.

— ¿Qué esperabas? ¿Porno? —arqueo una ceja interrogante.

—Tal vez, eres un chico ¿No?

— ¿A qué viene eso? Obvio soy un chico, pero que lo sea no significa que tenga revistas y películas con ese contenido.

— ¿Tu religión no te lo permite? —me reta él.

—Que gracioso. ¿Vas a tomar un baño o no?

Él suspira rendido y asiente, se dirige a la pequeña maleta que trajo con él para después entrar al baño.

Bajo por las golosinas, el helado, refrescos y las demás porquerías que compre en la mañana, lo bueno de este lugar es que durante las noches a pesar de hacer calor corre una buena ráfaga de viento fresco, por eso todas las ventanas permanecen abiertas. Lo que es un alivio.

Cuando regreso a mi habitación oigo la regadera y a la persona a dentro tarareando. Sonrió, al menos disfruta la hora del baño, aunque no creía que alguien como él hiciera ese tipo de cosas, supongo que jamás se termina de conocer a alguien al cien por cien.

Reviso mi sección de películas, es obvio que no vamos a pasar la noche viendo un maratón de Disney, así que voy al cuarto de mis padres a ver que encuentro, obvio nada mejor, demasiada miel y cursilerías, no me imagino a mis padres viendo esto. El pensamiento es de lo más raro.

Cuando regreso, Levi ya está prendiendo la televisión buscando algo bueno que ver. En silencio me siento a su lado abrazando mis rodillas mientras abro una bolsa de papas. No decimos nada solo vemos la programación pasar rápidamente mientras comemos papas, en ciertos momentos nuestras manos rosan dentro de la bolsa cuando accidentalmente ambos queremos tomar una papa, quiero echarle la culpa al ambiente de que de repente me sienta abochornado.

— ¿Puedes dejar un solo maldito canal? —digo exasperado y desesperado por cortar ese ambiente.

—No hay nada bueno.

—Espera... regresa de canal, mira es una de mis películas favoritas, tiene demasiada acción y explosiones. Levi voltea a verme con cara de sorpresa.

—Creía que eras más del tema romántico, después de todo, andas por allí con pijamas de conejitos y patitos. Entrecierro los ojos y tuerzo los labios.

—Deja mi pijama en paz, es demasiado para ti, acéptalo.

—Sí, claro.

Abro uno de los botes de helado, le doy una de las cucharas y sin más disfrutamos de la película entre helado, refresco y papas picantes.

Una de las cosas que más odio de mí, es mi metabolismo. Soy como un niño pequeño, después de determinada hora de la noche no puedo seguir despierto, cabeceo y empiezo a bostezar demasiado, mis parpados pesan y no puedo mantenerme sin balancearme y caerme del sueño.

Una vez que el reloj da las doce de la noche empiezo a quedarme dormido y a dejar caer mi cabeza en mi bote de helado, debería tomar algún tipo de vitaminas porque esto no debe ser del todo normal.

Los parpados me pesan una infinidad y mi cuerpo está hecho de repente de algodón y nubes, estoy en medio de la conciencia y la inconsciencia, veo y no veo la película y de repente el mundo real y el de los sueños se mezclan formando alucinaciones extrañas, ruidos que no logro comprender y cosas por el estilo. Me pregunto si así se sienten los drogadictos. No es agradable del todo, lo único que quiero es caminar hasta mi cama y dormir placenteramente pero por el momento creo que no es posible, no sé porque pero mis piernas no me responden.

Mi cabeza se detiene en algo suavecito y allí me quedo, sonrió para mis adentros y trato de dormir. Es algo tan relajante y tan pacifico, ¿Hace cuánto que mi mamá no me acariciaba el cabello? Mucho tiempo, ella se dedicó por completo a su trabajo y yo a mis estudios. Me acaricia las mejillas, la cara y el cabello, sonrió, no quiero que pare, me relaja y hace que olvide toda mi vida hecha un caos, me delinea los labios... los ojos, mi nariz... mi cuello... la sensación es de lo más agradable. Dejo salir un débil sonido desde el fondo de mi garganta que indica que estoy a gusto. El dolor en mi espalda me despierta. He dormido en una pésima posición, me quejo por el peso que siento en mi cabeza... Abro los ojos de golpe, la televisión está apagada y mi habitación en penumbras, el olor a mi lado es de jabón y shampoo, me muevo un poco y alguien se queja diciendo algo que no entiendo. Entro en pánico y un grito se atora en mi garganta.

— ¿Qué haces? —dice... ¿Levi?

— ¿Qué paso? —pregunto restregándome los ojos.

—Dímelo tú, te quedaste dormido sobre mi hombro. Parpadeo un par de veces, aún es muy noche.

—Tenemos que dormir, estoy cansado y el cuerpo me duele, creo que nadar me está cobrando muy caro.

— ¿Nadar? Más bien los golpes que las olas te dieron.

No respondo solo me levanto y me tambaleo hasta donde está el interruptor para prender la luz de la habitación, no tengo idea de si mis padres han vuelto o no. Me acerco a la cama y la distiendo... ehhh... miro atrás de mí.

—Si quieres duerme en la cama, voy a buscar alguna colchoneta para mí.

— ¿Qué dices? Deja de ser tan... tú, por una vez en tu vida. Anda metete ya en la cama que tengo sueño.

—No podemos dormir los dos juntos—peleo.

—No es como si fuera a violarte, tengo sueño.

Abro la boca para decir algo pero me detengo, ruedo los ojos y sin convencerme del todo entro debajo de las sabanas, tengo algo de suerte, mi cama es tamaño matrimonial, así que podremos dormir perfectamente separados uno del otro.

Si dormí o no. No podría decirlo con certeza, estuve vagando entre el sueño y la realidad como suelo hacerlo otras veces.

Durante el domingo tanto mi familia como la de Levi se juntan para hacer toda una pequeña reunión con comida extra y música estridente. Me pregunto mil cosas... una de ellas es ¿Mi madre fue la que me acaricio? o ¿Fue él? Me debato internamente en como tomar aquello mientras sostengo fuertemente mi vaso de plástico blanco lleno de burbujeante y frio refresco de limón.

Gracias por leer.

Parlev