Hora 8: Asesorías de decoración.

Todo mi cuerpo es víctima der un dolor muscular enorme, no puedo reír sin que mi estómago me duela y subir escaleras es como escalar una montaña empinada, los brazos me pesan toneladas, vaya hasta respirar duele una barbaridad. ¿Por qué?

Ah, sí, mi fin de semana se limitó a salvajes golpes olasticos. Las olas de la playa me arrastraban y empujaban como si fuera un muñeco de trapo. Ahora sufro las consecuencias.

¿Hace cuánto que no hago ejercicio?

¿Lo que se dice ejercicio de verdad?

Pues como unos ocho meses. Juego baloncesto de vez en cuando con Isabel pero no es lo mismo a un arduo entrenamiento. Mi físico es un asco. Pierdo rápidamente forma si no entreno apropiadamente...

Así que mientras trato de pegar una lámina aprieto los dientes para no quejarme del intenso ardor que me recorre los brazos en estos momentos.

Estoy sobre una escalera de metal mal puestas, así que aparte de tener los brazos estirados y ardiendo del dolor, también tengo que mantenerme equilibrado para no romperme la cara contra el brillante y sucio pasillo de idiomas.

—Eren, mueve ese lado más a la izquierda—dice Thomas—Levi sube más ese lado... no tan arriba.

Como bien dije, esta semana no abra clases, o al menos clases normales, los profesores están casi tan emocionados como los alumnos por el festival de Halloween, por supuesto, siempre hay excepciones, como el profesor de cálculo o el de física que dan sus clases igual o más aburridas y exigentes, supongo que por eso nadie los quiere, igual que a sus materias.

—Levi... haz el favor de no mover la mesa, golpea mi escalera—digo tratando de mantenerme en equilibrio.

—Mi escalera tampoco está bien puesta—se queja como si fuera mi culpa.

—Eren estas moviendo ese lado del mural, cuidado.

Gruño y acomodo mi lado de la lámina.

El festival de Halloween.

De todas las festividades del año escolar, esta es, quizá, la más deseada.

¿Por qué?

Son dos excelentes días completos dentro de estas instalaciones, desde el viernes en la mañana hasta el sábado por la tarde. Dormimos, comemos, nos divertimos, bromeamos y todo eso dentro del plantel. Suena genial. Nunca he venido a uno pero por la forma en que todos anhelan que sea viernes debe ser realmente divertido.

Por supuesto cada quien debe traer una pareja, no tengo idea de cuáles pueden ser las razones, tal vez solo para hacerles saber que tan antisociales son unas persona, si, iguales a mí. Extraño. Porque me he pasado el último año y medio completamente solo y de un momento a otro recibo tres invitaciones a este dichoso festival. Cualquiera, menos yo, moriría por tener al menos una de esas invitaciones.

—Pásame el diurex— estiro mi mano y Thomas me lo entrega cuidando que yo no mueva la posición actual de la lámina.

El primero en invitarme fue el famoso y deseado, Levi Ackerman, mi asesorado antipático, después su guapa y popular, hermana gemela, Mikasa Ackerman... la tercera no se le puede llamar invitación, prácticamente me ha obligado a asistir con él. Farlan Ackerman, el menor de los Ackerman, por dos años, ese niño ni siquiera me dio tiempo para negar las dos invitaciones anteriores... no quería venir a este festival. Genial.

—Bien, ahora toca el siguiente mural.

Entre tambaleos y saltos bajo de las escaleras y tomo el rollo de láminas.

—Sigues adolorido—dice Levi arrastrando la escalera.

—Me duele todo, ni siquiera puedo respirar correctamente—me quejo tocándome el estómago.

—Más tarde vamos a jugar a las canchas—coloca la escalera de manera ruidosa.

—Me duele todo el cuerpo, no creo que sea una buena idea—Thomas me ayuda a colocar la otra escalera.

—Por eso... entre más movimiento hagas será mucho mejor.

Ambos subimos a las escaleras mientras Thomas desenrolla las láminas y nos pasa las esquinas para colocarlas.

De alguna forma mi madre está encantada de que haya conseguido un trio de amigos como los Ackerman, aunque en realidad no sean más que un trio de hermanos raros que se divierten burlándose de mí. Por una parte está bien así ella dejara de molestarme con respecto a mi aburrida vida social. Aunque será momentáneo ya que después empezara con el tema de mi vida amorosa, cosa en la cual es prácticamente imposible que la pueda complacer porque he creado un buen campo de fuerza en contra de una cosa rosa alienígena llamada amor. Tengo mis razones y prioridades.

Mi reloj marca las 5:00 pm cuando terminamos de colocar los murales del piso de idiomas y el de artes, lo que significa... hora libre. Suspiro de aliviado. Mis brazos no dejan de palpitar y temblar.

Voy al aula de francés ya que ahí dejamos las mochilas.

—Bueno, los veo más tarde—Thomas se despide y sale rápidamente del aula.

—Anda, mueve tu trasero, vamos a jugar para quitarte el dolor—Levi me da golpecitos en la espalda.

—Preferiría quedarme a dormir y descansar.

—Deja de ser tan holgazán—me regaña.

—Mira quién habla... el tipo que no da una en los estudios.

Con todo y todo termino acompañándolo.

Primero tenemos que ir al gimnasio para pedir un balón prestado, al ser Levi el capitán del equipo de baloncesto no es necesario que deje su credencial.

Privilegios.

— ¿Has jugado alguna vez? —pregunta después de dejar las mochilas.

—Fui Centro en la secundaria—respondo botando el balón —Tampoco soy tan vago—me encojo de hombros y con un movimiento rápido encesto. —Se bastante de deporte, o al menos, lo suficiente para mantener una plática deportiva.

Le lanzo el balón y a forma presumida y vengativa hace un tiro de tres puntos como si fuera un profesional.

—Uno a uno, tú defiendes—indica botando el balón.

Son casi tres años que no tengo un juego real, con alguien que sepa realmente baloncesto y que se tome en serio el partido. Un buen rival.

Es emocionante y frustrante a la vez.

Se nota que no es capitán por error. Realmente juega bien.

Su estilo es mucho mejor que el mío, es más del tipo fintas y engaños, astuto, inteligente y calculador mientras que yo soy toda agresión, fuerza bruta y velocidad inútil.

Al final termina dándome una paliza de 20-9, jadeo y sudo a mares, me siento cansado pero también muy bien, me duele aun todo el cuerpo pero ahora es un dolor bueno, por así decirlo.

—Realmente juegas bien, Eren—solo soy capaz de dar media vuelta cuando Mikasa me estrecha entre sus brazos. Vaya que tiene fuerza.

—Estoy sudado—me quejo para que me suelte. No soy muy fan de los abrazos sorpresa. De hecho no me gusta ningún tipo de abrazo.

—Para ser una rata de biblioteca, no lo haces mal—me alaga Levi mientras rota el balón en su dedo índice.

—Gracias... Supongo—digo con cansancio.

—Toma—Mikasa me tiende su botella con agua—Debes estar sediento.

—Ehh, no gracias, tengo la mía propia— no deseo tomar de la misma botella que ella. Es antihigiénico.

—Levi—el grito exagerado hace que todos volteemos.

Una chica, bajita, cabello canela, ojos miel, resplandeciente sonrisa perlada y aroma floral, llega corriendo a trompicones graciosos hasta nosotros y al igual que Mikasa conmigo, ella se cuelga del cuello de Levi y le planta un enorme y para nada agradable beso en los labios.

—Petra—se queja mi asesorado—Acabo de jugar.

—Lo sé, tan fantástico como siempre—canturrea ella con una vocecilla de ratoncito.

Claro, la chica del otro día, ahora se su nombre.

Tengo un hábito algo grotesco en algunos casos pero en otros es bastante asertivo.

No me quejo de ese hábito, maña o como sea que se le pueda llamar aunque a mi madre no me gusta y dice que por eso no tengo amigos.

Es extraño y gracioso.

Juzgo demasiado rápido a las personas, así como a los libros.

Si la portada o sinopsis de un libro no me atrae no lo leo ni aunque muera, vaya, basta una sola palabra para que deje la lectura. Una sola palabra. También a la inversa si la primera palabra me atrae continúo leyendo... hasta que encuentre algo que no me guste y puedo hasta aventar muy lejos ese libro.

Lo mismo sucede con las personas.

Si no me agrada su físico, sea guapo, alto, bajo, feo, delgado u obeso, simplemente no me agradara nunca la persona en si, por muy bien que hablen de esa persona.

Se podría decir que puedo percibir que tipo de vibra o aura transmite. Suene ridículo, gracioso o fantasioso, hasta incluso exagerado o exigente pero así es como suelo clasificar a la gente.

Por lo que puedo decir de esta chica, por muy linda, adorable y carismática que se vea... me molesta, no la soporto. ¿Por qué? Simple intuición. Tal vez.

Mikasa se separa de mí pero sujeta mi muñeca.

—Vamos por algo de comer—dice ella.

No me niego, tomo mi mochila y voy tras ella.

Al llegar a la cafetería nos encontramos con Hanji quien al vernos sonríe.

—Hola, Eren.

—Hola.

Compro un sándwich de jamón y queso extra. Amo el queso.

— ¿Y Levi? —pregunta Hanji una vez que tomamos asiento en una de las mesas de concreto pintadas de azul.

Mikasa frunce el ceño y señala las canchas.

—Petra Ral—contesta la chica con una pésima imitación de lo que, supongo, debe ser algo simpático. Como la voz de la chica en cuestión.

Hanji hace un sonido de indignación y mueve la cabeza de forma negativa mientras le da una mordida a su baguette vegetariano.

— ¿Cuándo piensa decirle que lo deje en paz?

Mikasa se encoje de hombros.

Por lo que veo, estuve en lo cierto cuando clasifique a la chica con mis poderes de clasificación de gente. No sé cómo sentirme al respecto.

—Eren, ¿Vas a venir al festival del vienes? —pregunta Hanji al ver que la conversación no es de mi incumbencia.

Mikasa voltea a verme con esperanza.

—Claro que si... ¿Cierto Eren?

No sé porque, pero creo que este niño posee ciertos poderes telepáticos bastante escalofriantes. En serio, está asustándome de manera gradual. Algo me dice que corra lejos. Muy lejos.

—Hola, Farlan—saluda Hanji.

—Hola, Hanji—Farlan deja caer su trasero a un lado mío.

Trato de recorrerme a un lado pero él me atrapa por el cuello regresándome de nuevo, toma mi mano derecha, donde tengo mi sándwich y le da una buena mordida. Mikasa aprieta los labios claramente molesta.

—Eren ira conmigo al festival—dice después de tragar.

Hanji abre demasiado los ojos, sorprendida, después mira detrás mío y ríe por lo bajo.

Mikasa...

Mikasa parece que estallara de un momento a otro, entrecierra los ojos y muerde sus bonitos labios rojos, tan fuerte que solo estoy a la espera de que brote sangre de un momento a otro.

— ¿Es cierto? Eren—pregunta ella, en un tono que trata de ser amable pero resulta ser demasiado terrorífico. Un solo pensamiento aparece en mi mente. No es bueno hacerla enojar porque puedes terminar lamentar haber nacido. Eso es muy caro.

—Por supuesto que es cierto—contesta Farlan comiendo Doritos de queso.

Mikasa no piensa ceder hasta que yo hable. Tengo mido de las consecuencias que mis palabra puedan ocasionar. Por primera vez temo por mi vida. Si hablo hay un tanto por ciento de que la tercera guerra mundial estalle aquí.

—Bueno, bueno, de seguro Farlan lo invito primero que tú, Mikasa—interfiere Hanji de manera pacífica. Le estoy tan agradecido que podría abrazarla y besarla ahora mismo.

—Así es—Farlan mastica un Dorito y sin soltarme hace que yo también coma uno.

—Hola, Hanji—su voz es tan cantarina que llega a irritar.

—Petra—susurra Hanji en modo asesino. Otra persona a la que es mejor tener de amiga que de enemiga. Creo que me estoy relacionando con gente peligrosa.

—Deja de hostigar a la gente, Farlan— Levi golpea suavemente la cabeza de su hermano menor con la intensión de hacerlo que me suelte del abrazo tan cariñoso al que estoy siendo sometido ahora.

—Vamos, Mikasa—Hanji hace una seña para que la sigamos.

—Ven, Eren, el aire se ha contaminado de un dulce caducado y echado a perder— Farlan me abraza y me obliga a incorpórame con él.

—Que grosero, Farlan—canturrea la chica con cara de muñeca.

—Mikasa, querida hermana, ¿Has escuchado algo? —finge el chico sin soltarme el cuello.

—Nada, Farlan querido hermano menor, quizá solo un mosquito molesto que anda en el aire—contesta ella encogiéndose de hombros y moviendo la mano derecha como si de verdad asustara un mosquito.

—Dicen que son muy comunes en estas fechas—agrega Hanji a modo inocente.

Sin más los cuatro caminamos fuera del área de la cafetería, después todos se relajan y dejan salir comentarios de lo más ofensivos hacia la chica.

— ¿Tan mal les cae? —pregunto aun dentro del fuerte agarre de Farlan.

—Es insoportable—contesta Hanji.

—No la tolero ver ni en pintura—sigue Mikasa apretándose las sienes como si tuviera dolor de cabeza.

—Solo es una cara bonita, por dentro es un monstruo—agrega Farlan haciendo que coma otro Dorito.

Caminamos sin rumbo hasta el lado contrario de la escuela, los LACE, casi nadie viene a este lugar a menos que haya algún evento o conferencia, así que está completamente vacío, todos nos dejamos caer en los compartimientos de las ventanas y terminamos de comer, hacemos algún tipo de broma y comentarios con forme al festival. Al final Mikasa parece rendida de que voy a ir con su hermano menor y no con ella, me siento algo culpable debo admitirlo. Pero que se le puede hacer.

—Voy al baño, ahora regreso—anuncio mientras me sacudo los pantalones.

—Voy contigo—dice Farlan pero antes de que se mueva Mikasa lo jala del cuello de su sudadera.

—Tú quédate quieto donde estas.

Hanji se ríe.

Los baños más cercanos son los del edifico D, así que me encamino hacia ellos con las manos metidas en los bolsillos de mi pantalones mientras divago un poco.

Me siento feliz, por raro que parezca.

Hace mucho que no convivía con otras personas de mi misma edad, es decir, algo fuera de la escuela, platicar, compartir gustos y deseos a futuro, pregúntanos por nuestra película favorita y ese tipo de cosas que suelen conversar los adolescentes de nuestra edad. Supongo que estaba necesitado de algún tipo de compañía. Eso me recuerda lo tan divertido y genial que era tener amigos.

Incluso antes de salir de la secundaria yo tenía amigos, un pequeño grupo de compañeros a quien yo consideraba mis mejores amigos, cada uno con sus defectos raros y sus cualidades extrañas y fueras de lugar.

Recordar ese tipo de tonterías me hace sonreír y recordar que en realidad mi vida solitaria solo tiene tres años de antigüedad.

Melancólico.

Triste.

Dramático.

Como sea.

Supongo que yo también paso por ese tipo de momentos.

Recordar que tipo de persona era yo hace tres años y darme cuenta que en realidad he cambiado bastante.

Sigo midiendo lo mismo y mi cara es la de una persona cuatro años más joven. Mi piel es suave y sin imperfecciones gracias a mis genes perfectos, es lo único que amo de mi cuerpo, de ahí en fuera son alguien delgaducho sin forma exacta con una increíble habilidad para besar el suelo cada vez que mis pies se enredad. Tengo tobillos débiles. Tengo mil defectos...

Mientras pienso sobre mi propia filosofía interna alguien me tapa la boca y me arrastra hasta un pequeño fuerte de árboles sin podar.

Mi cuerpo se tensa y trato de calmar mi mente antes de ponerme a gritar como desquiciado.

Siempre he querido gritar así, jamás se me ha hecho realidad. Que mal.

La cosa no mejora cuando tengo otro cuerpo aplasta el mío una vez que me han tirado sobre el césped mojado con un rápido movimiento de artes marciales.

—Hazme un favor y no hagas ruido—esa voz.

Maldito desgraciado.

¿Ahora que planea?

Me muevo y trato de verle la cara.

ERROR.

Su cara está demasiado cerca de la mía que casi puedo sentir su respiración en mi frente.

—No te muevas—susurra cuando trato de quitármelo de encima.

Su pierna ha rozado débilmente mi entrepierna y eso lanza miles de descargas a todo mi cuerpo. Estoy demasiado nervioso.

—Suéltame, por favor, me estoy quedando sin aire—suplico aunque no sé si me entendió ya que me está apretando la boca con su mano.

—Espera—dice él.

— ¿Levi? ¿Dónde estás?

Creo que ya entiendo. Se está ocultando de la chica con cara de porcelana. Pero... ¿Por qué me arrastra a mí también?

Gracias por leer.

Parlev.