Hora libre 3: Aprendizaje acelerado.

Demasiado cerca.

Fue Isabel la que me dijo que el espacio personal mínimo es de un metro, pero él prácticamente está dejándome sin un centímetro de espacio personal.

—Por favor, déjame ir—susurro.

Su peso me está dejando sin aire.

—Creo que se ha ido...

Voltea su cara rozando su nariz contra la mía... Sus ojos... están a escasos centímetros de los míos, a casi nada. Tengo su nariz golpeando la mía propia. Y sus manos sobre mi pecho. Siento su cálida respiración. Creo que puedo sentir cada parte de él, en este instante. Trago saliva en un buen intento de calmarme, esta situación me está afectando demasiado. No deja de mirarme y yo tampoco aparto la vista. Creo que estoy sonrojado, no lo sé, todo mi cuerpo está a una temperatura bastante elevada. Trato de no respirar... si lo hago hay una probabilidad de que eso mate por completo el momento, Por Dios acabo de comer, no pudo elegir otro momento mejor.

¿Cuánto tiempo duramos en esta posición? No lo sé. Pero ninguno quiere romper el instante tan vergonzoso e íntimo. Es la primera vez que estamos demasiado cerca. Demasiado para mi gusto y el de cualquier persona. Sus ojos se desvían primero, no por lo avergonzado que esta, eso lo puedo notar, si no que los desvía hacia abajo, hacia mis labios, con algo de disimulo aprieta los labios y se pasa la lengua por ellos. ¿Qué rayos hace?

—Ya se fue... creo que ya puedes dejarme libre—esta vez soy yo el que aparta la vista y con ello giro la cabeza.

No pienso quedarme así más tiempo.

El duda, lo noto en sus movimientos torpes por tratar de levantarse. Por favor ya deja de tocarme... En mi momento de más desesperación lo empujo, no lo soporto es demasiada presión de este grado.

—Lo siento—se excusa él—Solo no te incorpores—dice empujándome levemente de vuelta al césped.

Frunzo el ceño.

—Necesito ir al baño.

—Aguántate, no puedes salir aun.

— ¿Y porque tendría que hacerte caso? ¿Por qué me arrastraste hasta aquí? ¿Qué quieres?

—Demasiadas preguntas ¿No crees?

Bufó. Nos quedamos en silencio por bastante tiempo. Me ha puesto nervioso toda esta situación.

Estoy cruzado de piernas, con la espalda encorvada, los arbustos no son demasiado cortos, de hecho tienen tanto follaje que bien podría estar en una posición más cómoda, pero no deseo alzar la vista en este instante, me cohíbe.

Hasta hace poco me di cuenta de algo, bastante extraño, o tal vez no tanto ya que soy una persona demasiado rápida, o que actúa con demasiada rapidez, como mis pensamientos y muchas veces también mis acciones, trato de corregir eso a como dé lugar, estoy esforzándome demasiado en cambiar eso, esta persona frente a mi crea un tipo de emociones extrañas dentro de mí. No podría denominarlas de una forma u otra, darle un nombre a esos retortijones dentro de mi vientre o a mis momentos de mente en blanco, simplemente algo de confusión dentro de mi cuerpo. ¿Quizá? Mi cuerpo y mi físico son de evolución tardía, cualquier persona que me mire podría decir que tengo catorce o quince en vez de casi dieciocho, mi mente es algo demasiado pura, incluso para mí, se puede decir que soy virgen hasta la imaginación, en serio, por lo que supongo que estoy en el ciclo adolescente de entrar en la confusión de sentimientos y emociones externas.

Suspiro y dejo caer mi cabeza, dibujo líneas y círculos en la tierra seca, arranco pasto, trato de imaginar otras mil cosas diferentes, algún tipo de historia que pueda inventarme en este momento, tengo la imaginación suficiente para crear una novela con el simple hecho de estar arrancando pasto como un maldito desquiciado.

—Así que iras con Farlan al festival—Levi es el primero en romper el silencio.

—Sí... supongo—no alzo la vista, prefiero perderme un rato dentro de mi mundo de líneas sobre la tierra.

— ¿Lo supones? ¿No estás seguro?

—Yo ni siquiera quiero venir al dichoso festival—frunzo el ceño y arranco bruscamente un puñado de pasto.

—Pues entonces no vengas y ya. Con ese humor solo lograras que el buen ambiente que se cree en el festival muera. De verdad eres un maldito antisocial que rechaza la diversión.

Abro demasiado los ojos. Eso ha dolido. Parpadeo un par de veces en lo que las palabras se funden en el ambiente, me ha herido, me duele en el pecho. En este aspecto soy alguien muy sentimental. Cualquier palabra dura puede hacerme sentir mal. Lo odio.

No digo nada, solo agacho la mirada y sigo en mi ardua labor de arrancar pasto, pero esta vez con algo de cariño y amor, regulo mi respiración, trato de hacerme más pequeño, invisible si es posible. Como lo he estado haciendo todo este tiempo, pasar desapercibido, ser alguien de poca importancia para los demás.

—Lo siento—dice él después de un rato—No pretendía ser brusco.

—Lo pretendías—siento su mirada de sorpresa—Si no, no lo hubieras dicho y en realidad no lo sientes.

Me incorporo y me sacudo los pantalones haciendo que pequeños trocitos de pasto y tierra se caigan de vuelta de donde vinieron. Salgo de los arbustos sin que él me detenga, supongo que después de todo él también sabe que fue demasiado cruel al decir esas palabras, aunque no lo culpo, cualquiera piensa lo mismo de mí, soy un antisocial, aburrido y antipático. Creo que ya me acostumbre.

El resto de la semana transcurre de lo más rápido, entre adornos, arreglos, decoración y ese tipo de cosas para el esperado festival de Halloween, las asesorías se han cancelado hasta la semana que viene ya que los salones están siendo arreglados para las diferentes actividades que se tienen preparadas, por lo que solo veo a Levi en pocas ocasiones y solo es cuando nuestros grupos se tienen que juntar para darle los últimos retoques a los pisos de arte e idiomas del edificio D, después de esa insignificante y estúpida discusión, si es que se le puede dar otro nombre, no hemos hablado ni estado a solas.

Por otro lado Farlan sigue en su nuevo habito de llegar a abrazarme por la espalda y colgárseme del cuello hasta que nos tenemos que separar, Mikasa también se ha vuelto demasiado cariñosa conmigo, me compra pequeños obsequios, dulces la mayoría de veces y me invita a ir con ella, Hanji y Farlan a comprar o a ver una película después de nuestras sesiones de decoración. Con todo y eso, el viernes llega demasiado rápido. Demasiado para mi gusto debo admitir.

Isabel, mi madre e incluso mi padre, quien creí que me apoyaba incondicionalmente, se aseguran de meter todo lo que necesito en la bonita maleta de metal con rueditas, incluso papá ha comprado un disfraz que mamá le ha encargado, mi bolsa de dormir es nueva e incluso tengo un nuevo oso de peluche para dormir. Soy infantil pero esto no me ayuda a que mi imagen se limpie un poco. Antes también tenía campamentos en la secundaria y primaria, era divertido, hacíamos las fogatas para quemar bombones y hacíamos la búsqueda del tesoro, muy entretenido, era una colegio demasiado conservador, religioso en sí, todo bajo control, como niños pequeños así no sé qué puedo esperar que pase en la preparatoria. Podría caer una bomba atómica mientras dormimos. Nunca se sabe, un meteorito se puede desviar de su curso. Eso fue lo que destruyo a los dinosaurios ¿No?

El jueves por la noche mi madre me da los últimos retoques de todo lo que se supone que tengo que llevar, alimentos extras, para compartir con mis "Nuevos amigos", cobijas, almohadas, pijama, muda extra de ropa, traje de baño, si, tendremos alberca, que divertido, bolsa de bombones grande, pantuflas, cepillo de dientes y un millar de cosas.

—Mamá, solo es una noche, no voy a quedarme a vivir en la prepa. Además no es al primer campamento al que asisto.

Ella me mira con ternura... odio esa mirada, es de esas que te dicen "Oh por dios mi bebé está creciendo tan rápido" Subo a dormir después de las diez de la noche. Me despierto casi a las ocho de la mañana, mi madre se ha despedido antes de irse al trabajo y me ha deseado suerte, papá solo ha dicho... "No mueras en el intento"

—Hermanito—Isabel interrumpe en mi habitación con su peculiar brío de molestar demasiado temprano.

—Maldita sea, Isabel, déjame dormir—me enredo en las cobijas tratando de crear mi propia fortaleza suave.

—Oh, no, pasaran por ti demasiado temprano así que mueve tu trasero al baño— cabe recalcar que mi prima es ganadora de una medalla de oro en Yudo en su segundo año de preparatoria, por lo que es endemoniadamente fuerte que con un solo movimiento de brazos me quita las cobijas haciendo que ruede en el aire. Así como en las caricaturas.

—Eres... malvada—digo tratando de mantenerme en cuatro sobre mi cama, me ha despeinado más de lo que ya estaba.

—Anda, entra al baño.

Sé que no es seguro tardarme demasiado en la ducha, ella podría interrumpir y sacarme con todo y jabón, diga lo que diga, así que solo tardo casi trece minutos en estar fuera del baño chorreante de agua. No tengo demasiada hambre, me siento algo nervioso. Tengo que admitirlo. Estar rodeado de gente que no me habla más que para pedirme apuntes no es algo demasiado alentador que digamos. Por primera vez me gustaría que fuera una broma y que en realidad los Ackerman no pasaran por mí, el reloj marca cuarto para las once, solo espero a que siga marcando hasta que llegue al once porque así podré escapar de nuevo a mi habitación. Por desgracia, cuando la manecilla solo se mueve un poco, el claxon de un auto hace su aparición y tengo que obligarme a no salir corriendo como lunático a esconderme debajo de la cama.

Isabel está en la cocina y me ordena que salga y diga que me esperen pero no me muevo ni un solo centímetro, entonces el timbre de la casa suena, me paro con pereza de la silla y voy hasta la puerta con la esperanza de que sean los predicadores de alguna religión que no conozco, por primera vez en serio deseo que aparezcan. Por supuesto que no lo hacen.

—EREN—chilla Farlan lanzándoseme al cuello, su voz parece demasiado aguda. Ya me estoy acostumbrando a este gesto.

Mi cuello está recibiendo un buen entrenamiento.

—Hola, Farlan—trato de sonreír.

— ¿Ya estás listo? ¿Esa es tu maleta? Yo la llevare por ti—sin pedir permiso entra a mi casa.

— ¿Farlan? —Isabel sale de la cocina secándose las manos—Hola, ¿Cómo has estado?

—Hola, Isabel, querida cuñada.

Entrecierro los ojos, ¿En serio dijo eso? No tengo idea de que es lo que pasa por su cabeza. Algún tipo de tornillo debe tener flojo. Me pregunto si no lo dejaron caer de bebé. Mikasa también me da una buena y cálida bienvenida a su... camioneta. No soy fan de los autos por lo que no podría decir que marca es el automóvil, pero es demasiado lujoso, color negro brillante haciendo que el sol se refleje de manera espectacular, como conductor esta Levi quien tiene la mirada perdida en el infinito delante de él, en los asientos traseros están Hanji, Mikasa y Jean.

—Anda, sube—Farlan pasa a mi lado con mis cosas, mi maleta de rueditas y mi bolsa de dormir.

Titubeo, tal vez pueda salir corriendo en alguna dirección y volver cuando caiga la noche, no sé, tampoco es que tenga la condición exacta para correr durante mucho tiempo. Ayudo a mi pequeño amigo a subir mis cosas en la cajuela y él me indica que suba en la parte del copiloto porque atrás ya no hay demasiado espacio. Copiloto. A lado de mi malhumorado asesorado.

Suspiro y hago lo que me dicen.

—Hola Eren—saluda Hanji con voz animada

— Hola, bibliotecario—se agrega Jean, un chico al que conocí hace solo un par de días mientras adornaba el aula de Alemán.

—Hola—Ccon cuidado jalo el cinturón de seguridad y lo coloco en su lugar.

—Bien, vámonos—Levi pone en marcha el vehículo sin decir nada más. El trayecto es corto, pero se me hace infinito, en la parte trasera se lleva a cabo una buena charla sobre las maravillas que nos esperan en la escuela, de vez en cuando me preguntan algún tipo de cosas que no entiendo pero la mayor parte de la conversación gira en torno a sus propios asuntos por lo que solo, aquí, en la parte delantera se inunda de un silencio bastante incómodo.

Me alivia bastante el llegar a la escuela. Nos ordenan por grupos y por turno. Primero entran los cuartos años, quintos años y al final los sextos años, una vez adentro nos dividen entre hombres y mujeres, cuartos, quintos y sextos, mañana y tarde. Es toda una odisea ordenar a tantos alumnos pero al final se puede, no tengo idea de cómo pero todos nos instalamos en el edifico A que es el más grande de los cuatro. Me quedo en lo más recóndito del aula destinada a mi grupo, no me llevo mucho con los otros chicos de mi grupo por lo que me siento demasiado fuera de lugar ahora, trato de ser rápido para salir cuanto antes del lugar. Dejo mi maleta en el rincón y cuando por fin estoy libre, prácticamente, salgo corriendo del lugar.

Como primera actividad hacemos un aprendizaje acelerado por grupos, por supuesto divididos entre cuartos, quintos y sextos. Esto consiste en ir de pabellón en pabellón conforme lo indique el mapa que hemos recibido, terminar la actividad de cada pabellón para poder pasar al siguiente. Por supuesto cada actividad consiste en los temas vistos en clase. Para nosotros, los sextos años, todo es un poco más difícil, después de todo ya estamos a pocos meses de irnos a la universidad, pero esto es un poco más dinámico, juegos de palabras, sopas de letras, presentaciones teatrales de unos pocos segundos y ese tipo de cosas que a todo mundo le da vergüenza hacer pero causa mucha risa.

Esta actividad termina casi a las tres de la tarde, recorrer toda la escuela con la prisa de terminar primero el aprendizaje es bastante agotador, la mayoría están sudados pero sonrientes, ha sido divertido. Vamos directamente a la cafetería y nos repartimos en las mesas de concreto y las mesas extras de plástico que han puesto.

— ¿Cómo te ha ido Eren? —pregunta Hanji cuando nos volvemos a encontrar.

—Bien, creo, fuimos el quinto grupo en terminar, nos atrasamos en la etapa de matemáticas—tomo mi charola con comida y voy junto a ella hasta una de las mesas.

—Nosotros igual, al parecer esa etapa estaba destinada a no ser pasada, me estresa un poco.

Suspiro con algo de dramatismo.

—Eren—Farlan me visualiza y agita una mano en el aire con una sonrisa. Creo que me cae bien, es demasiado inocente, no es mala persona y siempre dice lo que piensa, sea bueno o malo, ya casi no hay gente así.

—Eren—Mikasa se hace a un lado para darme espacio.

—Hola de nuevo—sonrió y dejo la charola en la mesa.

—He escuchado que después de comer hay una segunda parte del aprendizaje pero esta vez será con temas referentes a la fecha—Hanji clava su tenedor de plástico en la lechuga.

— ¿Otra? ¿En serio? —Farlan hace que coma parte de su ensalada.

—Sip, eso escuche, ya ves que cada año es diferente.

Entre Mikasa y Hanji comentan sobre las actividades que se han impartido en los años anteriores y cuales se van a repetir este año, comemos con un ambiente bastante animado, todos ríen y cuentan cosas graciosas. Pero no veo por ninguna mesa señas de Levi, me pregunto si ha venido a comer o donde es que esta. Tengo que repetirme que ese no es un asunto que me importe en demasía.

Cuando la hora de la comida termina los profesores vuelven a llamar la atención y nos piden que formemos grupos de diez personas. Por supuesto los primeros que se juntan somos nosotros cuatro. Hanji, Mikasa, Farlan y yo, después se agrega Jean, Marco Bott un chico bastante simpático de la clase de Farlan, parece tímido. Hanji manda un mensaje y antes de que pueda preguntar a quién, Levi se acerca a nosotros con un gesto inexpresivo, algo bastante normal puedo decir, también se juntan otros tres chicos a los que presentan como Moblit, de la clase de Hanji y Levi, Erd, del equipo de baloncesto y Mike, del club de ciencias que comparte con Hanji. Y allí está nuestro grupo de diez personas. Hanji se convierte en la líder de este grupo y es a ella a la que le dan el mapa con nuestra ruta. Es mucho más complicado que el aprendizaje primero, aquí tenemos que completar los pabellones con cosas bastante raras, como el tónico para la tos en el pabellón de química, como si esto fuera Harry Potter, tardamos más de veinte minutos en crear algo que fuera aceptable y no matara nada.

Al llegar al aula de Salud, nos encontramos al profesor disfrazado de vampiro, no sé si tenerle lastima o reírme de lo ridículo que se ve.

—Bien chicos, cada uno póngase en parejas y tomen el material necesario para sacarle sangre a su compañero. Recuerden desinfectar la zona antes de picar— lanza una débil risita que finge ser terrorífica.

— ¿Quieres ser la víctima o el chupasangre? —Levi se pone a mi lado.

—El chupasangre, tengo un poco más de practica en esto.

— ¿En serio? ¿Te dedicas a sacar sangre de noche?

—De hecho era en las mañanas, el año pasado trabaje en un hospital en el área de laboratorios.

Él abre los ojos sorprendido y toma asiento en una de las bancas del aula. Le indico lo que tiene que hacer, abrir y cerrar la mano para bombear sangre mientras aprieto su codo y así brote una vena, al ser un deportista esto es demasiado fácil.

Limpio el área y con cuidado coloco la aguja en el borde de la vena.

— ¿Así que a esto es a lo que te dedicas? —dice él antes de atravesar la vena.

Alzo la vista. Él está viendo hacia otro lado, ¿Tiene algo de pavor a las agujas?

—Sí, le saque sangre a muchos niños, descuida tengo las manos suaves para esto, solo una vez herí a una paciente y eso solo porque era la primera vez que lo hacía.

Voltea a mirarme y espera con paciencia a que yo continúe mi trabajo.

— ¿Te gustan los niños?

—Sí, soy bueno con ellos, se podría decir que todos mis primos pequeños siempre acuden a mi cuando necesitan algo—veo con fascinación como la sangre llena lentamente el vacutainer—Los niños son los seres más sinceros en todo el mundo, nunca van a herir tus sentimientos ni jugaran con ellos, siempre sonríen y te alegran la vida—pongo de nuevo el algodón y deshago el nudo de la liga en su antebrazo, con cuidado saco la aguja y con una sonrisa le tiendo el botecito.

—Ten, tu sangre.

Él toma el botecito y me mira con gesto serio en forma pensativa, este es uno de esos momentos en los que me gustaría entrar en su mente y saber qué tipo de pensamientos puede formar una persona como él.

Terminamos esta actividad bastante tarde, si estábamos cansados ahora estamos muertos, todos ruegan por un poco de descanso, gracias a las habilidades de Hanji para la física y las deportivas de Levi y Erd pudimos concluir nuestra ruta a tiempo siendo nosotros los ganadores en segundo lugar. Nos ordenan preparar nuestros disfraces para el concurso. Hanji pide nuestra colaboración para su disfraz ya que ella es la única de nuestro grupito que está inscrita en el concurso, su disfraz es demasiado laborioso, necesita demasiada pintura y habilidades de papiroflexia, ya que consiste en ser una catrina. Bastante voluptuosa y llamativa. Hay buenos disfraces, vampiros, hombres lobo, momias, brujas y ese tipo de cosas típicas, otros, como el mío, dan demasiada pena, son sencillos y sin demasiado chiste. Mi madre me ha conseguido un disfraz del conde dracula, como si no fuera lo más común de todo.

—Hanji, ten cuidado, los tacones son demasiado ligeros y altos.

—Tranquila, Mikasa, voy a estar bien, he visto demasiadas pasarelas como para saber cómo se usan estas cosas.

—Una cosa es verlas y otra muy diferente a usarlos, cuatro ojos idiota.

—Estaré bien.

Veo a Hanji balancearse en su enorme vestido y zapatillas, la verdad si se ven demasiado peligrosas. Mikasa se ha disfrazado de una princesa medieval zombie, no es demasiado laborioso su disfraz pero le queda bien, Farlan por otro lado ha usado un disfraz de hombre lobo.

—Uhhh, enemigos naturales—aúlla mientras me da un codazo.

—Ya ves.

—Levi—dios, en serio esa voz va a estrellarme los tímpanos un día de estos.

Petra llega y se abalanza sobre el chico en cuestión haciendo que se balancee hacia adelante. La chica lleva un bonito y sexy disfraz de bruja... lo que es algo irónico ya que no era necesario más que el sombrero. Me rio mentalmente de mi propio chiste.

—Ay Dios—Hanji rueda los ojos y camina en dirección opuesta seguida de Mikasa. Farlan me jala de la muñeca y nos alejamos poco a poco del lugar.

— ¿Qué no eras tú su pareja? —pregunta Mikasa con el ceño fruncido a Hanji.

—Por supuesto que sí, yo fui la que lo invito después de que Eren le rechazara, pero eso no significa que no lo deje solo, además sabe que solo somos amigos— Hanji suspira con dramatismo poniendo sus manos en las caderas—Levi necesita una pareja para que lo deje en paz.

—Tal vez—susurra Mikasa.

El concurso se lleva a cabo en el auditorio, el único lugar donde podemos caber todos sin asfixiarnos unos a otros. Hanji termina ganando el segundo lugar. Lo celebramos con refresco y helado después de que termina. Después de esto los organizadores del festival nos indican que es hora del recorrido por la casa de espejos, por supuesto cada quien con su propia pareja, antes de que eso se pueda terminar de decir, Farlan se me abalanza sobre el cuello.

—Casa de los espejos aquí vamos—grita con emoción.

Hay dos chicos a la entrada de la casa, que no es más que el salón de conferencias, que te ponen un sello en el dorso de la mano para identificarte. Como es de esperarse todo está lleno de espejos, donde te puedes ver de diferentes formas, obeso, alto, súper delgado, pequeño o raro, Farlan y yo nos reímos demasiado, nos burlamos de la forma del otro. He notado que al entrar me ha dejado de hablar con ese tono tan cariñoso y se ha descolgado de mi cuello, sigue siendo amable y amistoso conmigo pero no tan repartidor de amor.

Caminamos por varios minutos hasta que de repente nos desesperamos y empezamos a entrar en pánico por no encontrar la salida, hay cristales reflejantes por todos lados y no nos hemos topado con ningún otro compañero, lo que aumenta nuestra paranoia.

—Podríamos separarnos y buscar cada quien la salida, así no estaremos alterando al otro—digo yo pero Farlan me mira asustado.

—Estás loco, no pienso separarme de ti, esto en verdad ya es demasiado sospechoso, no creo que la sala de conferencias sea demasiado grande.

—Creo que solo estamos dando demasiadas vueltas en círculos.

Continuamos caminando pero no conseguimos nada más que espejos y espejos, me pregunto qué es lo que está pasando, supongo que los creadores de este laberinto son todos unos genios.

Junto a dos espejos de aspecto triangular hay una pecera, es enorme y tiene solo cinco peces de colores, me acerco hasta ella, tal vez no estamos solo dando vueltas. El agua de la pecera es de un azul maravilloso, hay otras plantas acuáticas moviéndose de un lado al otro de manera armónica, los peces nadan con delicadeza, sin prestarme demasiada atención. Allí del otro lado de la pecera hay otra persona, su figura está un poco distorsionada gracias al movimiento ligero del agua cuando los peces se cruzan, pero creo ser capaz de distinguir esa figura en cualquier lugar del mundo. El cabello negro y los ojos grises con tintes azul naval. Observo los peces moverse de un lado a otro, aleteando y sacando burbujas de la boca, uno de ellos es color rojo claro con manchas blancas, de vez en cuando desvía su mirada para verme, al igual que la persona del otro lado de la pecera. No sé si sabe quién soy, espero que no. Estiro mi dedo índice y toco el cristal de la pecera atrayendo la atención de un pez más pequeño de color rosa con manchas negras, esa persona me imita, mi corazón da un leve vuelco dentro de mi caja torácica, recargo toda mi palma y la persona hace lo mismo, es como si nos tocáramos indirectamente, alzo los ojos para encontrarme con los de él, observándome con interés, trago saliva y trato de mantener un semblante serio. Nos observamos por un rato bastante largo.

De alguna forma un tanto retorcida sé que esa persona detrás del cristal contrario de la pecera provoca extrañas sensaciones dentro de mí. Y no tengo la menor idea de si están bien o están mal. Sus bellos ojos grises me observan, parpadea con lentitud y dejo que este momento absorba un poco de mis pensamientos. Me pregunto qué es lo que está pensando en este momento Levi Ackerman, mientras sostiene mi mano del otro lado de la pecera.

Gracias por leer

Parlev.