Hora libre 5: Cuentos para la hora de dormir.
— ¿Ir a otra aula? ¿Estás loco? Eso es igual a un reporte en conducta, no voy a manchar mi perfil perfecto de conducta por esto—digo tratando de tomar mi maleta de vuelta.
—Eso es solo un rumor, una vez que la hora de dormir comienza, los profesores se van al otro lado de la escuela a hacer su propio festival, aquí ya no hay supervisores así que hacemos lo que queremos.
Aprieto los labios, molesto. Esto no es bueno.
—Aun así, no está bien, todos los salines están ocupados no hay probabilidad de quedarnos lejos del A.
—Ten aquí—me entrega mi maleta para ir por la suya propia. — ¿Me has escuchado al menos? —susurro porque sé que no me oirá ya que está dentro del aula sacando sus pertenencias.
Tarda un poco en salir, más que nada dando una buena excusa para sacar sus cosas. En este momento no sé lo que estoy sintiendo, un poco de inseguridad, nervios, sí, pero también hay algo enterrado tratando de salir del nudo de sentimientos que lo aplastan. Trato de buscarle un buen nombre para identificarlo.
—Listo, vámonos—me sobresalto un poco al oír su voz de nuevo.
No digo nada más, solo me limito a caminar, arrastro mis pies por el pasillo lleno de polvo y basurillas, también hay algo de confeti.
—Y de repente te dejas de quejar.
— ¿Ahh? —salgo de mi mente un poco sorprendido, suelo distraerme con demasiada facilidad—Lo siento, no prestaba atención.
—Ya lo note, anda entra.
Con una facilidad sorprendente bota el seguro de la puerta haciendo muy poco ruido. Dudo un poco pero entro al final. ¿Qué puede salir mal ahora? Tanteo en la pared hasta dar con el interruptor, una vez con las luces encendidas noto que esta es el aula donde trabajamos con las láminas, el ultima aula del piso de Artes del edificio D.
—Es la única aula que no se ocupa como pabellón para el aprendizaje acelerado— explica él—Así que está libre y... bastante limpia diría yo, solo hay que mover un par de mesas y ya.
Asiento, dejo mis cosas en un rincón junto a la puerta y me adentro listo para mover los muebles. Al ser de metal, están un poco más pesadas, pero al ser dos personas quien las mueven es mucho más fácil y un poco más rápido por lo que solo tardamos un par de minutos en desalojar el área, tampoco es como si necesitáramos tanto espacio. Después, por supuesto nos dedicamos a acomodar los sacos de dormir, las cobijas y almohadas.
—Iré a lavarme los dientes—anuncio para luego salir sin esperar su respuesta.
Tardo un poco en cepillarme, no porque quiera, mi dentista me ha dado un procedimiento especial, aún estoy en tratamiento de ortodoncia, según ya solo son unos meses en los que tengo que usar un par de retenedores y eso solo por las noches, aunque hay veces en que los olvido.
—No sabía que usaras eso.
Mi aparato sale volando hacia adelante y con suerte lo detengo antes de que aterrice en el lavabo.
—¡Demonios! Avisa cuando llegues—refunfuño.
—¿Tan sucia tienes la conciencia? Te asustas con demasiada facilidad.
Bufo y con cuidado me coloco los aparatos, sonrió ante el espejo para ver que estén bien colocados. Me quedo un rato para esperar a mi compañero para que termine su aseo bucal. En el edificio de al lado se escucha el ruido de mis demás compañeros, toda una fiesta grupal, música, gritos, me pregunto qué tanto es lo que harán, supongo que algunas chicas deben irrumpir en las zona para chicos y viceversa. Sino ¿Cómo llamarlo fiesta? Hay momentos en los que si me gustaría ser parte de su grupo de revoltosos, gritar, cantar, bailar y hacer el ridículo por simple diversión. A veces mi propia soledad es un poco aburrida.
—Ya termine.
Me despego de la pared y caminamos de regreso a nuestra aula privada. Al empezar noviembre las noches se vuelven un poco más frescas, hay corrientes ligeras de aire frio indicando que las temporadas heladas están cerca. Solo un poco más de un mes y serán las vacaciones de invierno, cuatro meses más y la convocatoria para la universidad tapizara todo el plantel. El tiempo pasa a una velocidad increíble. Si nos ponemos dramáticos diría: Aun recuerdo el día en que toque estas instalaciones por primera vez, hace tres años. Que cosas... recuerdos que no necesito en este momento.
— ¿Quieres hacer algo antes de dormir? ¿Pelea de almohadas? ¿Chistes? ¿Historias de terror? — pregunta Levi dejándose caer sobre la colchoneta de cobijas que hicimos. Me encojo de hombros.
—Lo que sea está bien.
—¿Quieres regresar a tu salón? No te ves muy cómodo aquí.
¿Es mi imaginación o está un poco decepcionado? Rápidamente me retracto.
—No, estoy bien así, de hecho... gracias, supongo que de no haber salido de allí ahora estaría en una esquina tratando de pasar desapercibido, no soy bueno con las multitudes, aunque... supongo que tú si lo estas, es decir, tu eres más de ese ambiente. —me pongo en posición de mariposa y balanceo mis piernas.
—De hecho no, si te invite a pasar el resto de la noche conmigo es por algo ¿No?
—Supongo—desvió la mirada y continúo balanceando mis piernas.
—Oye... ¿Qué es eso de ahí? —Levi señala detrás de mí y se arrastra hasta el lugar.
—¿Qué cosa? —me giro y palidezco.
Con cuidado, como si fuera algún producto toxico, saca de mi maleta el conejo de peluche que mi madre compro hace solo un par de días. Olvide sacarlo en la mañana. Que idiota.
—¿Aun usas esto para dormir? ¿Acaso tienes tres años?
Los colores invaden mi cara rápidamente, trato de arrebatárselo pero él es mucho más hábil que yo y me evita con facilidad.
—Devuélvemelo, es no te incumbe a ti.
Estoy muerto de vergüenza, una cosa es que te vean en un pijama con estampados tiernos pero otra muy distinta es que sepan que aun necesitas un peluche para dormir, es infantil y vergonzoso, en demasiado niveles color negro.
—Oh, vamos no te enojes, eso es demasiado tierno.
Él sonríe y me lanza el peluche, con disimulo verifico que este bien, peluche y vergüenza pero me preocupo por mis pertenencias. Aun siento mi cara arder por la gran cantidad de rubor que genero ahora.
—Eso significa que aun eres demasiado puro—susurra él en tono alentador.
Frunzo el ceño y bajo la mirada, si hablo corro el riesgo de decir puras tonterías, finjo apretar las orejas del conejo con molestia. Siento sus manos en mi barbilla obligándome a alzar el rostro, el estómago se me contrae, los nervios se alteran y mi corazón da bruscos latidos contra mis costillas, siento todo mi cuerpo a una temperatura bastante elevada, mis manos tiemblan y no sé si mis piernas puedan soportar mi peso por mucho tiempo, es como si ahora estuvieran hechas de gelatina. ¿Por qué me siento así con el simple hecho de que me toque? Mis labios arden, siento leves cosquillas. Alzo la vista encontrándome con su rostro a escasos centímetros del mío, tiene un ligero rubor cubriéndole las mejillas, sus ojos tienen un brillo diferente al usual, me mira fijamente, como si esperara algo de mi parte. Aprieto el conejo de peluche, estrujándolo como si eso hiciera que el momento fuera un poco más liviano. Tiemblo, tengo algún tipo de espasmo en mi pecho y en mis labios, tengo miedo y al mismo tiempo ganas de saber qué es lo que puede pasar si me quedo quieto, quiero saber hasta qué punto soy capaz de soportar el estado actual en el que mi cuerpo se encuentra. Quiero saber qué pasaría si...
Sus labios se abren ligeramente, exhalando, haciendo que el espacio que nos permitimos se invade del aroma a pasta dental. Mi corazón parece que saldrá corriendo a todo lo que da, está bombeando emociones en vez de sangre, cada partícula de mi organismo grita al mismo tiempo nublando cualquier otra idea que pueda llegar a interrumpir este momento.
"Bésame" Susurra mi inconsciente. No sé si eso es lo que deseo ahora. La cercanía de nuestros rostros. El alterado latir de mi corazón. Mis nervios a flor de piel. Es algo tan nuevo. Algo que jamás había sentido. Todo alterándose al mismo tiempo, una sensación tan emocionante, se expande por cada célula, cada rincón de mi cuerpo. Son cosas que solo he leído en los libros o he visto en algunas películas. Sentirlo en demasiado diferente. Hay de todo, cada emoción, sentimiento, mezclados y provocando un revoltijo, no piensas en nada más, las ideas se evacuan con urgencia del cerebro, el sentido común se toma un descanso dándole el control a solo sentir, provocando solo desastre. Te pierdes. Pero no es molesto. Al contrario solo deseas más, un poco más... sientes el suspenso en todos lados, temes a ser tú el primero en arruinar esta burbuja intima. Deseas saber que podría pasar a continuación pero tampoco quieres apresurar las cosas por mucho que lo desees. Por mucho que quieras saber qué pasaría si solo te acercas un poco más.
"Bésame" Todo dentro de mi grita con altavoces. Quiero saber, quiero sentir, conocer, experimentar...
Dejo salir un pequeño murmullo desde el fondo de mi garganta. Aun siento sus dedos acariciar mi barbilla, ansiosos por tocar más allá, deseo que lo hagan, sentir sus caricias solo un poco. Siento su respiración, el agitado ritmo de un armónico exhalar e inhalar, sé que puedo sentir al latido de su corazón fundiéndose con el mío propio sé que puedo sentir sus emociones mezclándose con descaro con las mías. Sus dedos titubean, hacen un eterno sendero hasta mis labios, recorriendo con la yema su superficie lisa, no quiero respirar, siento que si lo hago puedo arruinar todo. Mi corazón insiste en latir con violencia contra mi pecho, exaltado, con emoción, alterado, a la espera del siguiente paso.
Tiemblo. Deseo. Anhelo. Quiero. Pero tengo miedo a lo que pueda pasar si llego a romper esta barrera invisible. Tengo miedo a que pase lo improbable. Nos sostenemos la mirada, veo mi reflejo en sus destellos grises.
"Hazlo" Dentro de mi mente hay un revoltijo de ideas, palabras y acciones. ¿Dónde estoy? O ¿Quién soy? Son preguntas que no podría responder ahora. Solo está el sentir, el deseo a más.
"Bésame" No soy capaz de mandar ordenes al resto de mi cuerpo, es como si me estuviera derritiendo poco a poco, fundiéndome con mi calor propio y el compartido.
Entonces él es el primero en actuar. Titubea pero lo hace. Gira su cabeza solo un poco a la derecha, cierra los ojos, sus labios se entreabren... yo lo imito. Nunca he besado a alguien, no sé bien los pasos que debería seguir o que es lo que debería hacer por lo que solo soy capaz de guiarme por mis instintos. Su nariz roza con la mía. Siento su aliento sobre mis labios, su respiración sobre mi cara, sus pestañas... puedo sentir cada parte de él en este momento. Sus labios rozan los míos, entre un sí y un no, esperando a que yo también responda. Mi corazón se ha vuelto un caos. Está en un puto máximo de éxtasis. Mi cerebro ha renunciado a su labor de mandar acciones al resto de mi cuerpo. Mis dedos sudan ansiosos sobre el peluche, sin saber bien que hacer.
Siento sus dedos recorrer mi nuca, atrayéndome más a él. Mi barbilla tiembla. Podría morir en este instante y sería una muerte tan pacífica. No me importaría en lo absoluto. Estaría encantado.
El sonido de las detonaciones, las explosiones de colores y los gritos eufóricos hacen que la razón me golpee en la espalda.
"Reacciona" Me grita al oído el sentido común de una forma demasiado grosera. Trago saliva y busco rápidamente un punto para poderme ubicar correctamente. Chocamos desorientados y salimos del aula guiados por los sonidos del exterior. El aire frio me congela y hace que los pensamientos fluyan poco a poco haciéndome caer en cuenta. Los fuegos artificiales adornan el cielo con sus colores mezclados, uno tras otro, verde, amarillo, rojo, azul, morado, suben y estallan brillantes.
¿Qué acaba de pasar? Siento como si acabara de salir de un sueño. Me siento con letargo, me han arrancado de una bonita fantasía, como cuando te despiertan de golpe, no te dan tiempo a reaccionar correctamente. Mi cerebro lo tengo embotado, como si lo hubieran sumergido en agua. Mi corazón sigue algo agitado, mi respiración se está controlando lentamente pero por alguna razón estoy temblando, sé que el frio no es el culpable. Mis músculos están alterados.
—No sabía que lanzarían fuegos artificiales—dice Levi con voz queda.
—Yo tampoco—agrego.
El espectáculo colorido en el cielo dura casi una media hora, todos han salido de las aulas a admirarlo desde el patio central mientras nosotros solo hemos salido al pasillo en frente del salón.
Que idiota.
Estoy demasiado avergonzado. Mira que dejarme llevar así de fácil.
—Ya es tarde, hay que dormir, mañana nos despertaran temprano para limpiar y continuar con las actividades.
Yo asiento con cansancio. La verdad tampoco estoy muy de ánimo para más emociones por este día, creo que ya he tenido demasiado. Entramos de regreso al aula, suspiro con pesadez.
— ¿Quieres que apague las luces? O ¿Duermes con las luces prendidas? —lo dice con demasiada seriedad, me ofende, lo que en verdad me hace pensar que se está burlando de mí.
— Que amable de tu parte pero apágalas, me molesta la luz cuando duermo.
No agrega nada más, solo obedece. Nos quedamos por completo a obscuras, la luz de la luna y los últimos restos de los fuegos artificiales iluminan con tenuidad nuestro lugar de dormir, es algo pacifico... si no estuviera tan alterado. Aun sufro los efectos de lo que acabamos de pasar... me siento de mil maneras diferentes. ¿Qué diablos pasaba por mi cabeza? ¿Qué diablos estaba por hacer? Algo estaba funcionando mal en mi cabeza, esto es completamente seguro. Lo sentí tan real. Tan... bello. Tan único. Así me sentí. Trato de enredarme en las cobijas y apretar al conejo de peluche, hacer que sea lo único que sepa cómo me siento, ojala fuera un absorbente de emociones, quiero que me las quite de encima, me afectan, me molestan, no las quiero... no quiero sentirlas más.
— ¿No puedes dormir? —pregunta Levi del otro lado de la colchoneta.
—No demasiado—con cuidado me doy vuelta. Sus ojos me examinan demasiado. Agradezco la poca iluminación.
— ¿Te cuentan cuentos antes de dormir? —se recarga sobre uno de sus brazos.
—Antes... si, mi padre me contaba cuentos, se los inventaba o los leía de algún libro viejo, ahora... no, yo leo antes de dormir, me relaja y me ayuda a no tener pesadillas—explico sin dejar de abrazar al peluche, trato de sonar como si no hubiese pasado nada hace solo unos minutos.
— ¿Qué lees? — pregunta como si estuviera interesado
—Cuentos... ja— sonrió y me pongo boca arriba.
— ¿Qué tipo de cuentos?
—De todo tipo... hoy deje en casa un libro de cuentos de terror.
— ¿De quién?
—No lo conoces... estoy seguro, tú no creo que seas de los que leen más que por obligación.
—No, de hecho no, pero si para mantener una buena conversación contigo necesito leer entonces lo hare.
Trago saliva y dejo que el rubor se adueñe de mi cara.
—Robert Bloch... aparte de Allan Poe, Bloch es mi autor favorito en cuentos de terror.
— ¿Cuál es tu cuento favorito?
—No lo sé... por ahora me gusta: El vampiro estelar o Atentamente suyo: Jack el destripador.
—Suenan interesantes.
—No entiendo porque lo dices, pero si, lo son... suspenso más que nada.
— ¿Quieres oír un cuento?
Volteo el rostro con cuidado.
— ¿Te dedicas a contar cuentos?
—No... exactamente pero puedo hacer una excepción.
Trago saliva de nuevo.
—Está bien.
Levi se aclara la garganta.
—Aquí va. ¿Cómo debería empezar? ¿Con un: Había una vez o un: Erase una vez?
—Es tu cuento, empiézalo como quieras.
—Está bien... "Esta historia trata de una prostituta y un chico. (1)
»La prostituta tenia largo cabello rojo que cepillaba todo el tiempo, pero solo la mitad de su cabeza tenia cabello, la otra mitad era calva, así como la mitad de su cara estaba quemada mientras que la otra mitad permanecía bella. Un día llego un chico a su casa, diciendo: "Vengo a suicidarme, pero no quiero hacerlo solo, quiero que tu pases conmigo los últimos cinco días que tengo de vida, como todo buen cliente te pagare" Obviamente la mujer acepto, aunque se preguntaba porque el chico quería suicidarse si era joven.
La cara de la mujer había sido quemada por su padre con leche hirviendo, luego su padre murió y la adopto su tía, la mujer quiso ser monja pero su tía murió y para poder sobrevivir se tuvo que prostituir, para cuando quiso volver al convento ya era demasiado tarde. Un hombre la violo poniéndole una bolsa de papel en la cabeza porque no deseaba ver su horrible rostro, también mientras lo hacía le decía "Fea"
La prostituta y el chico hablaban todo el tiempo, cambiando las historias que leían. Como la historia del loco que se suicidaba. Un día, el loco recobraba la cordura pero de todos modos se suicidaba, al día siguiente el loco era cuerdo pero esta vez prefería vivir. Trataban de mantener un final feliz para esas historias. Durante el tercer día la mujer le propuso al chico tener relaciones. El chico no acepto pero la mujer le dijo que era un regalo antes de su suicidio, a regañadientes el chico acepto. Después de eso, el chico escucho el corazón de la mujer y le pregunto: "¿Por qué tu corazón late tan rápido?" Y ella contesto: "Te equivocas, yo no tengo corazón", él volvió a cuestionar eso con un: "¿Y lo que escucho que es? Ella suspiro y respondió: "Una cuna de cuervos"
Ambos se drogaban y continuaban cambiando el final de las historias tristes, de las historias que ellos mismos se inventaban. "Cuéntame cómo te sacaron el corazón y lo sustituyeron por una cuna de cuervos" Pidió el chico al cuarto día. "Mi padre y mi tía me lo quitaron, me pusieron una bolsa en la cabeza y me llevaron ante la iglesia, me arrancaron el corazón y pusieron en su lugar la cuna con huevos de cuervos, luego me dejaron a pesar de que mi herida aún estaba abierta, ahora se expanden por mi sangre, el día que muera mi piel se tornara negra y los cuervos saldrán por mis ojos" Ella también pidió al chico que le contara su historia, pero el chico decía que no tenía ninguna historia que contar. "Entonces inventa una para mi" Pidió ella. Él entonces le relato la historia del chico sin sentimientos, alguien que no le importaba vivir o morir, le daba igual la vida, pero había decidido suicidarse para mantener un equilibrio en la tierra, un día encontró una mujer con la cara quemada y decidió que ella era perfecta ya que mantenía la vida y la muerte en ella, al igual que él, así que deseaba pasar sus últimos días con ella. "¿Por qué no cambias el final del chico? ¿Por qué no mejor el chico desea vivir?" Pregunto ella. "Porque no, esta historia no puede tener un final alternativo" Explico él.
La prostituta era especial, según el chico, porque ella podía ver la muerte reflejada en el espejo, en vez de su propio reflejo, eso la hacía especial, pero para ella era una maldición. La muerte se burlaba de ella y no la dejaba morir. El quinto día, el día en el que el chico se suicidaría, le pidió a la prostituta que se fuera mientras el moría, pero ella dijo que deseaba pasar con él cada segundo que quedaba de su vida. Ella se drogo. El colgó una soga, puso una silla sobre la cama. Ella tenía una sonrisa grotesca en el rostro mientras lloraba y le pedía al chico que no muriera, que viviera con ella. El chico le explicaba que no podía, que ese era el final de su historia. "Estoy triste" Exclamaba ella mientras sonreía. "No mueras" Pedía en un susurro. Él chico se subió en la silla se tambaleo y cuando le iba a decir algo a la prostituta, la silla perdió el equilibrio y el chico murió de manera trágica. La mujer lloro. Ella se había enamorado del chico porque la había visto perfecta cuando todo el mundo la veía fea y la odiaba. Ella imagino otro final para su historia. Ella era guapa, era feliz, su padre la quería y no le quemaba el rostro con leche hirviendo. Se había casado y tenía hijos. Él era un chico feliz, que amaba la vida. Sus caminos solo se encontraron una vez, ella regresaba a su casa y él jugaba con sus amigos. "Ella es bonita, debe ser feliz" Pensó él. "Él debe ser feliz, se nota feliz" Pensó ella. Después de eso ellos jamás se volvieron a ver. Pero ese no era su final, esa no era su historia. La piel de la prostituta se tornó negra y los cuervos salieron de sus ojos. Ella murió junto al cuerpo del chico cantando una canción nueva. Fin"
— ¿Dónde escuchaste eso? Es demasiado trágico—digo después de un corto lapso de silencio.
—Era mi propio cuento para dormir, mi madre nos lo contaba a Mikasa y a mí cuando teníamos dos años.
—Eso debió ser demasiado traumático para unos niños de dos años, escuchar esas palabras, Prostituta, muerte, suicidio, drogas... no creo que sea demasiado correcto.
—Tal vez... pero es mi cuento favorito... el recuerdo que tengo de mi madre.
Estoy a punto de preguntar por ella, pero algo me dice que es mejor que me calle, que no es correcto indagar en la vida de otros.
— ¿Crees que en verdad la prostituta se haya enamorado del chico? —pregunta.
—No lo sé... solo se conocieron por cinco días—me encojo de hombros mientras abrazo al peluche, de alguna forma me está dando estabilidad.
— ¿No crees en el amor rápido?
—Por supuesto que no... es un poco ridículo.
— ¿Por qué?
—No lo sé, tal vez porque... —las palabras mueren en mis labios.
— ¿Nunca te has enamorado?
—No.
Nuestras voces se convierten en susurros.
— ¿Por qué?
—No lo sé.
—Si te dijera que me gustas... ¿Qué dirías?
NOTAS FINALES:
(1): El cuento que Levi relata en verdad es una novela gráfica llamada "Cuna de cuervos." Me encanto esa novela, es demasiado revoltosa pero es muy hermosa, se las recomiendo, le leí en la prepa.
Pero todo eso ya deben saberlo x'DDD En fin, recordatorio.
Gracias por leer.
Parlev.
