Hora libre 6: Aseo.

—No te creería—respondo casi al instante.

— ¿Por qué? —pregunta él ocultando algo de ansiedad.

— ¿Por qué? Hay bastantes razones para eso.

— ¿Por qué eres un chico no podrías gustarme?

—Mmmm, supongo que esa no sería la razón principal, es decir, a mí también me han gustado varios chicos a lo largo de la vida, pero no me malinterpretes, me refiero a gustar como decir, "Oh, esa pintura me gusta porque tiene mis colores favoritos" o "Mira esa estatua me gusta por X razones" Así, de ese modo, por lo que… no hay una razón para que yo pueda gustarte.

Mi corazón late demasiado rápido.

—¿Cómo sabes que no las hay? —su voz ha bajado una octava.

—Porque no las hay—mi tono es serio—No puede haberlas, es decir, ¿Qué puedo tener de interesante? Leo demasiado, una cantidad exagerada de libros, escribo mundos que no existen más que en mi cabeza, no soy atlético, ni listo, soy normal, común y corriente, no tengo sentido de la moda, es más, la odio, no cuido mi físico, por mi podría atiborrarme mi botes de helado en una sola sentada.

Estoy agitado

— Podría comer chocolates a diario sin importarme el acné, amo los champiñones cuando todo el mundo los odia, me gusta la cebolla como condimento en algunas comidas a pesar de que muchos la odian, uso lentes, tengo retenedores, soy torpe, despistado, mi sentido del humor es de hace milenios, soy exageradamente celoso… no tengo gracia—estoy alterado—No sé bailar, tampoco cantar, tengo muy mala memoria para algunas cosas, amo la música clásica pero no se tocar ningún instrumento que me guste, no se cocinar, soy un asco para eso, soy muy dependiente—mi respiración es irregular—Soy muy infantil e inmaduro.

—Te descalificas a ti mismo—dice en tono serio y algo molesto.

—No, soy realista, se quién soy, sé que soy y para que puedo ser bueno—¿Por qué hablamos de eso? —Sé que tantos defectos puedo tener.

— ¿No crees que esos defectos te hagan especial?

— ¿Cómo podría eso ser verdad? Los defectos son los que hacen que la gente te odie… o te degrade—no me gusta el rumbo que la plática toma.

—Y si…

—No—interrumpo—Es mejor que nos vayamos a dormir, mañana nos despertaran temprano y hay una probabilidad de que nos regañen por estar en un salón diferente al que nos dieron. —sin más me volteo, dando por cerrada esta conversación.

¿Por qué llegamos a este punto? Fue muy irresponsable de mi parte dejarme llevar por mis emociones, debo recordar mantener la calma, no puedo alterarme de forma tan rápida, es muy inmaduro.

Que idiota.

Pude haber dicho mil tonterías sino zanjo esta conversación, pude… hacer una estupidez de tamaño colosal. Respiro varias veces hasta controlar mis nervios, mi corazón y mis ideas. Mi propia filosofía me obliga a seguir a mi cerebro en vez del corazón, hay que pensar mil veces antes de actual. Dejarse llevar es un error muy grande. No puedo volver a hacerlo. Que idiota. Idiota.

Aprieto el peluche tratando de descargar mi enojo hacia mí mismo, hacia la persona a mi lado y hacia todo el mundo. Me quedo quieto durante un rato, respiro con tranquilidad, fingiendo que estoy dormido, cuando creo que ya ha pasado un buen rato, me giro con cuidado, Levi está dándome la espalda, respira con calma, creo que ya está dormido. Sin hacer mucho ruido me incorporo, me pongo las pantuflas y una chamarra, abrazo al conejo y de puntillas salgo del aula.

La temperatura ha bajado considerablemente, la tela del pijama es delgada y aunque llevo puesta la chamarra, las corrientes frías me calan bajo la ropa recorriendo mi piel y provocando escalofríos molestos. Me encojo de hombros, temblando pero salgo por completo al pasillo y camino hasta las escaleras donde las paredes me cubren del frío.

Suspiro y me dejo caer. Mis pesares y todo me aplastan, no se los impido. Adelante y háganme trizas mientras la depresión adolescente me consume de manera dramática. Que pesado es esto. Acabo de cometer un error. El peor de todos. La más grande metida de pata. Y… al ser como soy, posiblemente no deje de castigarme por esto el resto de vida que tengo por delante, me torturare durante años y no dejare de arrepentirme por ello, quizá, durante la siguiente eternidad. Tick, tock. Para mí el tiempo es oro. Preciado tesoro.

Me siento en las escaleras y recargo mi cuerpo contra la pared, rogando porque también sostenga mi pesadez. Me abrazo a mí mismo, dejo que la brisa fría congele mis mejillas. ¿Qué me está pasando? ¿Así es como esto funciona? Pues me molesta. Mucho. En cantidades exorbitantes. Es… hostigante. Era feliz, vamos, tenía todo lo que quería y necesitaba, mis libros eran más que suficientes, mi odio, amor y demás sentimientos solo eran dirigidos a personajes ficticios, no me herían y yo a ellos tampoco, solo bastaba con que tomara otro libro y yo, comenzaba de cero. Mis sentimientos y emociones se basaban solo en eso, nada complejo, sencillo y sin demasiadas complicaciones. Así era mi vida amorosa y sentimental. Ahora… ¿Qué demonios es esto? Es complejo, te mata las neuronas… jamás en la vida mi mente se había quedado en blanco, bueno, si omitimos los exámenes parciales, ese es un caso especial, pero en cuestión mi mente siempre es un bello hervidero de ideas, creo, imagino, a eso me dedico, mis mejores momentos son dentro de mi cabeza y ahora… ¡Maldito seas!

Escondo mi cara entre mis rodillas, avergonzado por mi propia actitud. ¿Esto es a lo que llaman estar enamorado? Qué horror. Que miedo. Supongo que es cierto eso que dicen sobre, que en el amor no se manda… sino, obviamente jamás habría elegido a alguien como él. No es mi tipo, bueno, no sé si tengo un tipo, pero definitivamente no sería él, ni de lejos. Es muy diferente a mí. ¿Qué pude haberle visto?

Aún hay música resonando en el edificio de al lado, escucho gritos, saltos, alboroto en sí, se divierten. Los envidio. Me pregunto ¿Por qué no soy capaz de ir e integrarme a su grupo? Despejarme, reír, bailar y no estar aquí lamentándome sobre el hecho de que mi inexperto corazón haya elegido a la persona menos apta para fijarse. Tal vez solo estoy confundido, es decir, solo no conocemos de un par de semanas. ¿No?

Entonces, como si fuera un recordatorio, sus débiles y casi imperceptibles caricias sobre mis labios y barbilla aparecen, el leve roce de nuestros labios, algo que no se puede llamar beso ya que apenas y nos tocamos, allí, tatuadas a hierro caliente, hirviendo y provocando un hervidero de emociones como si la acción volviera a repetirse de nuevo, justo ahora. Cierro los ojos. Respiro quedo. Trato de imaginar que es lo que hubiera pasado de no ser por la interrupción de los fuegos artificiales. ¿Realmente me habría besado? ¿Realmente le habría entregado mi primer beso?

Ay. Por alguna razón me duele. Por alguna razón me molesta. También, por alguna razón me hubiera gustado experimentar con él, lo que, quizá, hubiese sido mi primer beso en los labios, se la teoría, he leído la descripción de un beso… me gustaría hacer la práctica.

Suspiro. Tal vez no esté mal. Intentarlo solo un poco. Conocer ese terreno inexplorado, recorrer tierras desconocidas. Sonrió.

Oculto mi cara, temiendo que las paredes y el frío se burlen de lo patético que seguramente luzco ahora. Él dijo que le gustaba. ¿Cierto? Aunque… ¿De qué forma? ¿Puedo aferrarme a esa pequeña e insignificante frase para mi propia satisfacción? ¿Mi propia y egoísta felicidad? ¿Puedo permitirme cometer ese error aunque sea por primera vez? Puedo. ¿Cierto?

2do Periodo (Levi)

Estrellarse la cabeza contra el pizarrón… ¿Qué posibilidad hay de que tenga una muerte rápida? Posiblemente ninguna. Quizá, solo me deje medio idiota. O más idiota de lo que ya soy. Malditos fuegos artificiales. Maldito festival. Maldita escuela. Maldita rata de biblioteca. Y si… ¿Por qué no? Maldito conejo de peluche malditamente sexy.

Paso los dedos por mi cabello, desordenándolo, en un intento vano por calmar mis ideas y lo alterado y algo molesto que me siento. Ese… mocoso. Maldita sea. Maldita sea. Casi nada. Era casi nada, solo un pequeño, pequeñísimo empujón y podría haberlo besado, casi nada. Por Dios.

Pateo una mesa con todas mis fuerzas. Es demasiado frustrante y a eso hay que agregarle el hecho de que es demasiado pequeño, es tan… simple y tan tonto, porque no deja de rebajarse a sí mismo, ahhhh, pedazo de idiota. Pude simplemente haberlo obligado. Empujarle mis sentimientos a la fuerza. Que los aceptara. La fuerza bruta es de mucha ayuda, más incluso que la inteligencia en muchos casos, como este, por ejemplo. Pero en este caso no ayudaría a mi imagen con él.

No pude evitarlo ¿Ok? Verlo sonrojado, avergonzado hasta las orejas por haber descubierto su pequeño y dulce secreto vergonzoso, es decir, en estos tiempos, ¿Dónde encuentras a alguien tan adorable, sonrosado, sosteniendo un conejo de peluche de manera inocente? En ningún lado, son contados, supongo. Pero yo tengo la suerte de conocer a uno, un adolescente con cara infantil, a quien puedes avergonzarle con facilidad, solo hace falta un par de palabras, alguien tan inocente… tan …. ¿Puro? Así fue como la cuatro ojos lo llamo. Ahora entiendo a qué se refería. Y yo… yo iba a ser el primero en besarle. Quiero hacerlo.

Besarle. Acariciarle. Tocarle.

Lo quiero para mí. Que yo solo pueda hacerle sonrojar de esa manera. Quiero ser yo quien se adueñe de ese arraigado y necio corazón. Veo el reloj, lleva casi una hora allá afuera, ¿Qué está haciendo? Espero que no haya estado demasiado molesto como para irse a meter a una de esas fiestas que hay en los salones del A, profanarían a mi pedacito de ángel terrenal… Ok… eso… sonó demasiado ridículo. Está bien que este enamorado pero… esto es demasiado.

Antes de salir del aula golpeo mis mejillas un par de veces, no quiero andar escupiendo cursilerías a estas altas horas de la noche, de por sí, estoy afectado por lo de hace un par de horas. Camino por el pasillo, hace frio, quizá debí haber traído una chamarra o mínimo una bufanda, me restriego los brazos en busca de algo de calor.

Bingo.

Allí esta, justo en las escaleras, abrazando sus rodillas, respira quedamente, me acerco poco a poco, el ruido del aire impide que me escuche.

—Levi—suelta al terminar un suspiro.

Ha susurrado mi nombre. Suspiro mi nombre. Es demasiado infantil de mi parte pero no puedo evitar emocionarme por eso. Tal vez no lo arruine todo el día de hoy.

— ¿Qué quieres? —pregunto tratando de parecer neutro.

Él se sobresalta. Como pensaba. No me había escuchado llegar, no voltea al instante, sino poco a poco, con cara de "Mierda, me han descubierto" esta sonrojado, parte del frío y parte de saber que le he escuchado suspirar mi nombre. Me emociona saber que estaba pensando en mí.

— ¿Qué no estabas dormido? —pregunta con tono de burla y enojo fingido.

—Despierto varias veces en las noches—miento, es obvio que nunca estuve dormido.

—Ya veo, también tienes problemas para dormir.

—Algo así—respondo vagamente mientras tomo asiento a su lado.

—¿Son divertidas esas fiestas? —pregunta distraído.

—No exactamente, bailas, gritas, bebes…

—¿Meten bebidas alcohólicas a la escuela? —interrumpe sorprendido.

—Claro, no solo ahora, también en días regulares.

—Eso está mal, se podrían ganar una expulsión —podría jurar que parece ofendido.

Me encojo de hombros.

—Muchos no están en la preparatoria exactamente para estudiar.

Frunce el ceño, claramente en contra de eso.

El aire mece con suavidad su cabello castaño haciendo que se despeine aún más, su nariz y mejillas poseen un intenso y brillante color rojo, en sus manos juguetea con el conejo de peluche, los parpados le tiemblan a causa del cansancio, después de todo ha sido un largo día para ambos.

—Anda, vamos a dormir, es bastante tarde.

Mira su reloj con sorpresa.

—Vaya, son casi la una de la madrugada—susurra y casi al instante bosteza.

Se restriega los ojos como un niño pequeño y nos incorporamos.

Controlo mis ganas de pasar un brazo por su cintura y pegarlo a mí. Creo que han sido demasiadas emociones por un solo día. Una vez que se acuesta, prácticamente, al segundo siguiente de tocar la almohada se queda profundamente dormido, emite leves ronquidos y murmura cosas que no alcanzo a escuchar por mucho que lo intente. Después de un rato, yo también, me quedo dormido.

Fin del 2do Periodo.

La alarma tipo militar interrumpe mis sueños de forma salvaje. Como si tuviera un resorte en la espalda salgo impulsado hacia adelante, totalmente asustado. Busco la fuente del escándalo, por todos lados. Estoy tan desorientado y la cabeza me da vueltas.

— ¿Qué rayos? —a mi lado, Levi se levanta con el ceño fruncido y con una cara de los mil demonios.

—¿Qué pasa? —pregunto restregándome los ojos.

—Así que ahora esa es la alarma —susurra mientras mira el reloj de su celular— Son las siete de la mañana ni en mi casa me levanto a esa hora— refunfuña y se deja caer de nuevo sobre las almohadas. Sonrió.

—Anda, tenemos que levantarnos, podrían venir a checar las aulas—doy un bostezo, me estiro y con algo más que pereza me levanto.

—Solo un rato más.

Mi corazón da un vuelto, prácticamente con esto me ha espantado el sueño por completo. Los nervios y las ansias vuelven en el instante en el que rodea mi cintura con sus brazos y recarga su cabeza sobre mi espalda.

—Cinco minutos más—susurra casi en mi oído enviando descargas a todo mi cuerpo.

Todo dentro de mi grita. Igual a anoche, mi respiración se vuelve irregular y mis latidos me descontrolan todas las funciones básicas de mi cuerpo. Dos de sus dedos se cuelan por debajo de mi camiseta tocando mi vientre, están helados… es como si activaran una bomba de hidrogeno en todo mi sistema nervioso.

—Ahhh, es tarde, tenemos que limpiar y… y…—y no se me ocurre nada más, me he puesto muy nervioso.

Él me mira aun con sueño, bosteza y se encoje de hombros.

—Está bien, acomodemos todo.

Como no hemos hecho mucho desastre terminamos en poco tiempo, reacomodamos las mesas y sillas, guardamos nuestras cosas para dormir y en silencio buscamos nuestra muda extra de ropa.

Sin decir nada salgo directo al baño para cambiarme, lo hago con demasiada rapidez, no quiero un encuentro fortuito como el de anoche al ponernos el pijama. Cuando salgo del baño suenan nuevamente la alarma, en algún salón cercano alguien lanza una maldición al encargado de despertarnos. Sonrió.

Llego al aula y abro la puerta sin tocar antes, sorprendiendo a Levi sustituir los pantalones del pijama por unos de mezclilla.

—Lo siento—como acto de reflejo cierro la puerta rápidamente.

Me recargo en la pared apretando la ropa contra mi pecho a la espera de que él termine.

—Listo—la puerta se abre.

Asiento y voy derechito a mi maleta para guardar el pijama. Nos llaman a desayunar casi a las nueve de la mañana, la mayoría de nuestros compañeros se notan desvelados, muy cansados y no paran de quejarse. Ah pero anoche todo el mundo sonaba muy alegre, supongo que es lo bueno de ser un completo antisocial. Ja.

Nos ordenan por grupos dividirnos las áreas a limpiar. El resto del programa se divide más que nada en actividades acuáticas bastante divertidas, la mayoría en grupos, divididos entre años, turnos y sexo.

Cuando el reloj da las dos de la tarde, todos nos vamos a casa. Mi madre es la que va por mí personalmente.

— ¿Qué tal te ha ido? Cariño.

Suspiro, me encojo de hombros y respondo.

—Sera… un campamento que jamás olvidare, mamá.

Gracias por leer.

Parlev.