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Era domingo. Domingo 23 de Julio, para ser exactos, y llovía con una intensidad inusual.

En toda la zona a la que llamaban Little Italy, en Nueva York, se avistaban terrenos cubiertos de una capa de agua gris, barrida por la lluvia. Con el viento parecía que corriera a manera de río. En cada calle había una gran masa de agua que se desplazaba inexorable hacia las casas y comercios. El espectáculo era demasiado tétrico y deprimente para quedarse observándolo. Además, la lluvia caía con fuerza, fría y penetrante. Nadie asomaba siquiera la nariz ni aguzaba el oído para escuchar el desbarajuste que se prolongaba sobre los tejados, arriba, muy arriba en el cielo.

Iron Man luchaba en medio del aire furibundo contra un enjambre de drones en forma de avispas de medio metro. Y estaba perdiendo.

El bastardo que los controlaba, tenía planeado una entrada furtiva a la base militar Fort Drum, y S.H.I. . notificó de inmediato a cualquier oyente que pudiera acudir para detenerlo. En este caso, fue Tony. Nadie más estaba disponible, aparentemente.

Así que, sí, en el aire se encarnizaba una batalla entre el hombre de hierro y cien insectos voladores. Hurra por él.

Su visión estaba limitada, apenas permitida; los sensores de movimiento y calibración de video lo mantenían al tanto de lo que sucedía a su alrededor, pese a que él no podía ver ni un palmo de distancia. Arremetía y se lanzaba contra todo, a diestra y siniestra, haciendo un buen trabajo para volar en mil pedacitos los circuitos malignos de sus oponentes con los repulsores de energía.

Sin embargo, la lluvia era tan densa, que apenas podía distinguirlos y, por tanto, le costaba dar en el blanco.

—JARVIS, dame buenas noticias, amigo.

"Las condiciones atmosféricas no parecen indicar remisión durante las próximas horas. Sus contactos no responden; parece existir cierta interferencia debido a la tormenta."

—No era eso lo que tenía en mente. ¿Qué tal unas margaritas para cuando llegue a casa?

"Si se libra de ésta, señor, haré que Dum-E le prepare tres copas cuando llegue a casa".

—Ese es el espíritu... ¡Aghh! ¡Hijo de puta!

Por el aire cuajado de lluvia, no se percató de que un enjambre intentaba volar lejos de él. Se lanzó hacia ellos como una bala. Tuvo que descender algunos metros de altura, rompiendo el límite de cercanía permitido con la ciudad bajo sus pies. ¿Qué otra alternativa tenía?

Continuó luchando. Gruñendo y lanzando maldiciones. No permitiría que los malditos rozaran los techos de las casas, ni dejaría que se le escaparan a otro lado. Conforme se prolongaba la pelea, también perdió la noción del tiempo. El cielo se oscurecía más y más, como si hubiera llegado la noche en plena mañana. La armadura le impedía calarse, pero el sudor le corría por la frente, haciendo acopio de todas sus fuerzas.

Tony Stark era un hueso duro de roer, y no se quejaría si continuaba en el mismo estado de la noche a la mañana, aunque tenía que admitir que una ayudita no le vendría tan mal en condiciones tempestuosas.

De repente, y tan pronto como pensó aquello, algunos drones empezaron a ser jalados hacia abajo por una fuerza invisible. Uno a uno, caían a una velocidad de vértigo, sin origen aparente.

Tony entrecerró los ojos, forzando al máximo la vista. Le pareció captar un movimiento al nivel del suelo, aunque no estaba seguro. Después, a través de la estela gruesa de lluvia, pudo entrever que tenía el tamaño y la forma de una persona. No obstante, se desplazaba muy rápido. Si tan sólo se detuviera un segundo.

Entonces, la figura se hizo visible en el costado de un edificio. Trepaba ágilmente la pared de ladrillos y arrojaba una red directa a los drones, ocasionando que ambos colisionaran entre sí o que pegaran contra el suelo. De tal forma, Tony pudo reconocerlo: era el vigilante enmascarado que respondía al alias de Spider-man. Tony jamás había estado tan contento de verlo entremezclándose en batallas ajenas.

—JARVIS, ¿el trepamuros tiene algún radio o aparato con el que pueda comunicarme?

"No detecto ninguna frecuencia"

—Genial. Estupendo.

A causa del retumbar de los truenos, Iron Man no se percató de que Spider-man le gritaba algo. Agitaba los brazos para llamar su atención, pero la voz le salía en calidad de un susurro por el volumen de la tormenta.

—¡¿Qué?! —tuvo que rugir Tony con esfuerzo.

Otro grito insonoro.

"Creo que intenta revelarle un plan estratégico, señor"

—Pues tendrá que revelármelo con lenguaje de señas porque no entiendo ni una sílaba.

De cualquier forma, el enmascarado pareció comprender de la inutilidad de su voz, puesto que empezó a señalar una red de telaraña, amplia y colocada entre dos edificios. Tony captó al vuelo el plan.

Apenas pudo despejarse en el cielo, voló en dirección a la red. Las avispas, por supuesto, lo persiguieron.

En el último segundo, Iron Man cambió de dirección, hacia arriba, dejándoles poco tiempo de reacción a los drones para hacer lo mismo.

Quedaron atrapados en la red cuales moscas.

O la mayoría.

Tres de ellos lograron escabullirse.

E iban en dirección a Spider-man.

—¡A tu izquierda, chico! —lo había llamado "chico", porque tenía la certeza de que eso era. No le conocía lo bastante para calcular su edad precisa, pero no podía rebasar los 25. De las pocas veces que lo había escuchado hablar, notó que su voz no era la octava más grave en la escala musical, aunque su cuerpo tampoco denotaba infantilismo. Tenía que ser joven.

No supo si había escuchado su advertencia o, si bien, alcanzó a vislumbrar el peligro en su periferia, pero con una rapidez inigualable, el muchacho dio una voltereta, esquivando por un pelo las avispas.

—¡Buena esa!

No obstante, Spider-man le gritó otra cosa, algo que el viento, la lluvia y los torrentes de agua se llevaron como si fuera un mero trozo de papel. Nunca habría sido capaz de esquivarlo, no con la misma rapidez. Tony iba a ser derribado.

O al menos eso es lo que hubiese pasado, de no ser porque Spider-man se lanzó hacia el cuerpo desprevenido de Tony, y se interpuso entre la armadura y las avispas, actuando casi como una barrera humana. Recibió el golpe en todo su cuerpo y salió despedido a una calle solitaria, ocasionando un espantoso ruido seco sobre el asfalto.

—¡Mierda, joder, mierda, joder! —exclamó Tony, disparando sus repulsores para eliminar las avispas en fuga—. ¿JARVIS? Signos vitales, si eres tan amable.

"Alterados, pero, a expensas de una presión baja, no encuentro demasiadas anomalías"

—¿Cuántos huesos rotos?

"Ninguno, señor"

A Tony le desconcertó eso.

—¿Fracturas, contusiones, chichones en la frente? Al menos dime que le dolerá la espalda mañana.

"Parece que quiere oír malas noticias, señor"

—Cayó de una altura de 100 metros, a una velocidad de flecha. La gente normal se rompe el cuello.

Al llegar por fin hasta el arácnido, notó que el suelo estaba convertido en arroyo. Sólo se veían unos campos movedizos de agua helada, y el cuerpo de Spider-man, que se sacudía por los caudales y remolinos. Se inclinó hacia él para echarle un buen vistazo y ver ante qué clase de metahumano se enfrentaba.

La primera vez que Tony supo de su existencia, seis años atrás, portaba un ridículo pijama de tela suave y delgada. Casi le entraron ganas de averiguar dónde vivía y dar de golpes en la puerta para ofrecerle un traje apropiado. Ahora que lo miraba de cerca, en medio de una torrencial de lluvia y bots asesinos atrapados en su red, se dio cuenta de que había evolucionado a un traje más estético, aunque igual de vulnerable. Sí, el spandex no es la mejor solución en ninguno de los casos y la máscara seguía siendo extraña en el área de los ojos.

Pero tenía que darle crédito. ¡Si no fuera por el enmascarado, ahora sería puré de hojalata!

Cuando lo tomó en brazos, determinó que lo llevaría a la Torre Stark. Al menos ya no estarían expuestos a aquella lluvia brutal. De los drones se encargaría el departamento de Damage Control, pues era su trabajo limpiar los vestigios de las batallas y ocultarlas debajo de una coladera.

En menos de cinco minutos ya habían llegado. Sobre el techo nació una abertura de entrada, y Tony se deshizo de la armadura mientras caminaba. A Spider-man lo depositó en un sillón de su taller sin saber muy bien qué hacer a continuación. Si no estaba malherido…

—JARVIS, llena mis archivos privados con todo lo que tengas sobre Spider-man. Videos, artículos, anuncios, reportajes. Lo que haya en la red.

"¿Debería activar el protocolo alerta de acosador?"

Tony puso los ojos en blanco.

—Un día de estos ajustaré tu vocabulario —suspiró—. Me intriga, es todo. ¿Puedes vivir con eso?

JARVIS permaneció callado esta vez, y Tony lo apreció un poco más por ello.

Volvió a verter la mirada en el trepamuros. ¿Debería quitarle el traje? Estaba empapado, después de todo. La licra no es a prueba de chubascos. A lo mejor lo salvaba de un buen catarro.

Empezó por la máscara. Con la punta de sus dedos encontró la línea de costura sobre el cuello y la deslizó. Su piel era suave e impoluta. Como de porcelana. Definitivamente un jovencito. Iba por encima de la barbilla. Recorriendo la extensión del mentón. A punto de…

"Yo no haría eso si fuera usted, señor"

—¿Eres mi conciencia? —Pero Tony se había detenido.

"Si eso fuese cierto, me vería forzado a admitir que he realizado un pésimo trabajo en los últimos 20 años." —también tendría que actualizar el sarcasmo, pensó Tony— "Me parece que la doble identidad de Spider-man es un secreto bastante valorado por esta persona, y que las repercusiones psicológicas al ser descubierto conllevarían un trauma de carácter emocional y existencial."

Bien. No lo vería. Ni siquiera llegó a la mitad de la cara, en realidad. Aunque sí pudo avistar unos labios delgados, rojitos y entreabiertos, quizá con el sabor de una cereza en almíbar. Tony decidió que le gustaría probarlos algún día.