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Abrió la puerta y volvió a cerrarla empujándola con todo el cuerpo. Durante un minuto se quedó apoyado contra ella.
El simple baño era poco más grande que todo su apartamento. Aunque había que admitir que él vivía en un barrio decadente, con la renta por los suelos y espacios reducidos. De todas formas, estaba seguro de que nada se compararía en magnificencia con aquel baño de lujo y moderno.
Temblando, se quitó el traje. Cada centímetro empapado de él. Excepto la máscara. No creía que Stark colgara cámaras de vigilancia en sus propios baños, pero más vale prevenir que joderse, decidió.
Cuando logró desprender la licra del cuerpo y entrar un poco en calor, dio un largo suspiro. Es posible que llevara una temporada sin salir con nadie, pero aún se acordaba de cómo se flirteaba. Y estaba seguro de que con Tony Stark había que tener cuidado. Peter no era inmune a la seducción, aunque se había restringido de ella por razones obvias de seguridad.
Sin embargo, aquellos rasgos faciales, muy marcados, la boca arrogantemente curvada, la barba perfectamente delineada, y las cejas expresivas se combinaban para formar una cara destinada a sabotear el sentido común de cualquier hombre o mujer. Peter ignoraba si se trataba de un don o de un talento cultivado, pero en cualquier caso tendría que andarse con cuidado. No le importaba repetírselo todo el tiempo, hasta el cansancio.
Un poco más objetivo respecto a su situación, y más confortado por el aire caliente que lo embargaba, cambió a la ropa que le prestó Stark. Los pantalones vaqueros le quedaron un poco ajustados, pero la camisa negra con el álbum de Pink Floyd entró a la perfección. Agradeció la sudadera del mismo color.
Muy pronto volvió a sentirse cómodo en su piel, aunque expuesto como un nervio sin el resto de su traje. Salió del baño pisando unos tenis blancos de excelente calidad que acariciaban el suelo y las plantas de sus pies. Al tiempo que caminaba, enrolló el traje en un compacto nudo, y lo metió en sus pantalones. Luego, escondió en los bolsillos de la sudadera lo único de piel que no pudo cubrir con ropa: las manos.
Antes de llegar, levantó la capucha para protegerse del súbito arranque de nervios que lo recorrió cuando vio a Stark, esperándolo.
Tony no podía creer lo apetecible que lo encontraba aún estando en ropas casuales, incluso con la máscara puesta. Había algo inocente, casi infantil, en la forma en que caminaba con las manos ocultas en los bolsillos, los hombros encogidos, la capucha alzada, como queriendo pasar inadvertido. Pero lo hacía con tantas ganas que era como si estuviera agitando una gran bandera roja. Y aunque era un gesto francamente adorable, no había nada que recordara a un niño en el joven adulto que se aproximaba a él en esos momentos. La licra fue bonita para mirar, pero aquel intento conservador de informalidad y misterio hacía estremecer a Tony hasta los cimientos. Que la lluvia se demore todo lo que quiera, pensó vehemente. A éste me lo quedo por un rato.
Las cejas de Peter, junto con su tensión, subieron un poco al ver la rápida inspección a la que fue sometido.
—Hum…
—¡Oh, ahí estás! —exclamó Tony alegremente, levantándose del sillón y sacudiendo de su cabeza el afán de barrerlo con los ojos—. Pensé que habías trepado por la ventana y bajado por la escalera de incendios.
—En el baño no había ventana —explicó Peter. La voz sonaba amortiguada detrás de la máscara—, pero hay un ducto de ventilación. Pensé que por eso me había enviado allí. Y en todo caso, no necesito escaleras para bajar.
—Ya veo… —mientras caminaba hacia él, Peter sintió el vello erizándose, como si debiera ponerse en guardia. Una sabia reacción de su cuerpo—. Admito que no caí en cuenta de ese detalle, y luego empecé a temer la posibilidad de que fueras a contemplar la poca elegancia de escapar por la ventana.
—No me iría sin mi nuevo súper traje con ultra tecnología Stark —lo dijo a modo de broma, pero albergaba grandes deseos por ver al mejor inventor del mundo con su traje de Spider-man.
Tony sonrió.
—Hagamos el tour, entonces —con una mano señaló la estancia.
—¿Tour? —A Peter le parecía muy grande el taller, pero no sabía que era necesaria tanta celeridad como para hacer un recorrido.
—En mi laboratorio —aclaró—. Esta es la base central de Disneylandia, pero hay todo un mundo subterráneo en donde sucede la magia. Ahí es donde empezaremos las remodelaciones de tu traje.
—Genial —poniéndose de acuerdo en silencio, echaron a andar juntos hacia la puerta y luego por el pasillo—. Eso compensará el hecho de que nunca fui a Disneylandia cuando era chico.
—Aun estás a tiempo. ¿No tienes doce años? —su voz juvenil, aunque levemente endurecida, seguía preocupándolo.
—Si fuera así, estarías en muchos problemas.
Hizo el comentario sin ninguna malicia, sin reparar en lo que decía, pero Tony se detuvo a observar las dos rendijas blancas que tenía por ojos. Un instante después, Peter deseó poder tragarse físicamente las palabras.
—¿Por qué estaría en muchos problemas, chico? —Había suficiente insinuación perlada en su tono como para hacer que Peter se sonrojara. Gracias a dios la máscara era del color que era, porque nada podría opacar el rubor incendiario que iba desde el cuello hasta las mejillas.
Antes de responder, Peter tragó saliva.
—¿No se vería afectada tu reputación si se supiera que un chico de doce años te salvó la vida? Quiero decir…eres Iron Man. Y yo, un simple aficionado de las ligas menores.
A Tony le hubiera gustado ver las expresiones del chico mientras daba aquel perfectamente razonable argumento.
En ese momento, juró que, por todos los medios y recursos, haría que Spider-man se quitara la máscara. Voluntariamente. Y en respuesta, él lo besaría.
Pero primero lo primero: tenía que averiguar si el chico también estaba interesado.
Observó a su conquista de ese instante con ojos de experto. No le importaba si tardaba minutos u horas en conseguir lo que quería, con tal de conseguirlo. Para Tony, el proceso, la expectación, los gestos en sí mismos eran casi tan satisfactorios como el resultado. Como una danza, pensaba siempre. Como una canción.
Eso le recordó que pondría música de fondo mientras él ponía en práctica sus artes de seducción.
Y gracias a dios que el elevador estaba hecho de cristal, pensó Peter. El panorama fue una buena distracción para el silencio repentino. Afuera, seguía lloviendo con violencia.
Llegaron a una intersección de tres pasillos. Aquella torre parecía un laberinto, reconoció el muchacho. Diferentes recovecos, puertas y sitios interesantes. Una verdadera lástima que no pudiera quedarse mucho tiempo. Tomaron el corredor de la izquierda, y entraron a una amplia habitación con vidrios de cristal como paredes. Tony sonrió al oír el silbido.
—Disneylandia, sin lugar a dudas —concedió Peter, embargado de admiración.
—Te lo dije —alardeó—. J, dame lo mejor que tengas.
Confiaba en los metódicos cálculos de JARVIS para que hiciera sonar la canción perfecta para ese momento, en aquel contexto.
No le decepcionó. Las bocinas retumbaron sobre las paredes, al ritmo de la música.
—¿Te gusta el rock, chico?
—¿Bromeas? ¡Me encanta! —exclamó—. En especial ese grupo.
La sonrisa de Tony, algo encariñada, le subió el pulso.
—Me gusta satisfacer a mis invitados —dijo con un guiño—. No puedes decirle que no a Mick. Haha. ¿Entendiste?
—¿Qué?
—La canción. Mick.
Se miraron fijamente. Tony no podía comprobarlo, pero las pestañas de Peter subían y bajaban por el desconcierto.
—¿No eres fan de Los Rolling Stones?
—¿No son esos Los Beatles?
Tony lo miró otro minuto más, antes de cerrar los ojos fuertemente y sacudir la cabeza con gravedad.
—No, no en realidad, no. Son Los Rolling Stones. Pero quedaste bastante cerca. Te felicito.
—Lamento no haber nacido en los sesenta.
—Disculpa aceptada. Vete a Disneylandia.
—Pensé que esto era —repuso, mirando a todos lados.
—Oh, sí. El tour. Sígueme.
Su taller y el laboratorio eran para Tony, al igual que el dormitorio, una estancia consagrada al placer. No por casualidad era uno de los mecánicos e inventores más respetados y admirados de todo el mundo, y uno de los amantes más seductores.
No contaba con que Spider-man fuera a pensar lo mismo… Sobre lo primero, no sobre lo segundo. Aún. Y si Tony guardaba dudas sobre si el chico merecía la inversión a su traje, las siguientes dos horas disiparon cualquier duda, pasada y futura.
El chico saltaba de estación de trabajo a estación de trabajo, vibrando con energía y rebosante de preguntas. Eran el tipo de preguntas que Tony esperaba de una multitud científica en MIT, no de un joven héroe enmascarado. También se mostró adecuadamente impresionado por los esfuerzos de Tony para conducir un auto sin conductor, y por un holograma en una pequeña y brillante forma de orbe que explayaba toda la ciudad de Nueva York.
A Tony le costó contener la risa al ver la emoción que se le notaba en la voz, cada vez que le explicaba un experimento o hallazgo. Lo cierto es que parecía un niño que consigue mantenerse por primera vez solo en la bicicleta de dos ruedas.
—¿Y qué es eso? —preguntó por enésima vez.
—Eso, mi joven arácnido, es Dum-E —explicó Stark—. Mi mayor orgullo.
—¿Por qué tiene un gorro de fiesta?
—Es su cumpleaños.
Dum-E les devolvió el, se podría decir, tímido rostro, a un lado de la máquina expendedora de café.
—¿Habla como JARVIS?
—No.
Peter ladeó la cabeza, intentando verle utilidad, además de la garra.
—¿Qué puede hacer?
—Pasarme cosas. Y en el proceso, tirarlas —el chico, por primera vez se quedó callado, así que Tony se dispuso a llenar el silencio—. Pero positivamente piensa que, en cuanto la situación se pone un poquito difícil, debe arrojarte una cantidad insalubre de gas extintor hasta dejarte tieso. Oh, y sabe contar hasta tres. También es excelente para no captar órdenes a la primera.
—¿Por qué sería entonces tu mayor…?
—Y por aquí tenemos el lugar donde Ultron cobró vida.
Arrastró al chico por el brazo hasta el centro del laboratorio. En el camino se tomó la libertad de medirle el pulso: acelerado. Pero bueno, eso podría deberse a muchas variables. Tony le estaba enseñando su templo privado, su fortaleza de la soledad, donde pasaba días y noches experimentando, creando los inventos para hacer del mundo un lugar mejor… Cualquiera estaría emocionado, ¿verdad?
Peter se había prometido, entre la docena de cosas prometidas después de convertirse en Spider-man, que no se dejaría tocar por nadie, y más específicamente en el ahora, por su anfitrión. Ni el más leve contacto. Y apenas habían transcurrido un par de horas, cuando Tony le tomó tan descuidadamente el brazo y Peter no tuvo la habilidad para reaccionar antes. Stark no era una amenaza, después de todo. Pero Peter lo era. Decidió que no volvería a pasar.
—¿Ultron nació aquí? —inquirió, deshaciéndose casualmente del agarre, y luchando por encontrar el suelo muy interesante.
Tony dejó escapar un suspiro.
—"Nacer" es una palabra muy ambigua. ¿Por qué no pruebas con: adquirió conciencia y se dispuso a hacer volar un país entero? En el sentido literal, figurativo, y todavía más literal.
—Tú lo detuviste —señaló Peter. Había escuchado las historias, reproducido los videos, experimentado el miedo.
—Se necesitan más de uno para derrocar un malvado robot.
—Sí, siete en total. Ni más ni menos.
Algo en su tono hizo que Tony se volviera y mirara la máscara.
—¿Qué fue eso?
Peter levantó y bajó los hombros, inocentemente.
—¿Qué?
—El sarcasmo.
—Mira quién habla.
—Touché, pero en serio —rebobinó—: ¿Qué fue eso? Sonaste…amargado.
—Ah, ¿sí? —Hazte el tonto, pensó con convicción. Nadie necesita saber. Actúa como si nada—. No tengo idea de qué hablas. Mi tono siempre es así. Neutro.
—Al igual que tus mentiras, apestas para disimular indiferencia. ¿Tienes algún problema con nuestro número actual de Vengadores?
—Nope. Todo bien.
La pausa que siguió fue larga. Tony había deseado verle el rostro para tomarlo entre sus manos y besarlo: ahora quería verlo para saber lo que pensaba. Siempre le dijeron que tenía una gran capacidad para leer expresiones y darles el significado correcto; Tony lo traducía al grandioso poder de leer mentes.
Incómodo, Peter giró la cabeza a ambos lados del laboratorio.
—Supongo que haremos la microfabricación textil en esa…uh, máquina.
—Supones bien —Tony respondió con vaguedad, aún tratando de descifrarlo.
—Entonces… ¿nos avocamos a ello? —sugirió Peter. No le gustaba que lo vieran así, como intentando ver más allá de la máscara. De hecho, simplemente no le gustaba que lo vieran así, máscara o no puesta. Punto.
—Seguro —Aunque tenía los ojos ligeramente entrecerrados, parpadeó una vez para despejarse—. Déjame ir por las pinzas.
—¿Pinzas? —Peter se esforzó por encontrar una conexión—. ¿Vas a tender ropa?
—Sí, es un día perfecto para tender la ropa.
Las pinzas resultaron ser las pinzas para bureta, que Tony usó para retener un par de tubos de ensayo, y calentarlos arriba de una flama. Peter conocía todo sobre su uso, pero aquel día le era complicado conectar una neurona con la otra, probablemente resultado del golpe que se dio antes. Sí, del golpe.
Acto seguido, Tony encendió la máquina que él mismo bautizó Incubadora de Armadura Stark. Y se puso a trabajar. Peter pensó que podría respirarle cerca del cuello, sino fuera porque le era indispensable marcar distancia con un hombre propenso a flirtear con todo aquello que se mueva cerca.
Sus manos, se dio cuenta, eran tan hábiles y precisas como las de un cirujano. Su lengua, tan suelta como la de un político. Mientras lo veía esbozar, diseñar y, finalmente, programar, Peter se descubrió tan enfrascado y entretenido como si estuviera viendo una película excelente.
Juntos decidieron el aspecto, los colores, y respetaron la insignia de Peter, consagrada años atrás.
Cuando terminaron con la parte técnica, Tony se volvió a los tubos de ensayo para bajar la flema, y en seguida, hacia Peter, entrando en su espacio personal un centímetro más cerca de lo recomendable. Alargó los dos brazos a la altura de su pecho.
—Dame tus manos.
Peter parpadeó, el pánico se acumuló en remolinos concéntricos alrededor de su cuello.
—¿Co-cómo?
—No creas que no he notado esos dispositivos lanza-telarañas que tienes en las muñecas —dijo Tony—. Quiero ver el mecanismo de primera mano. Haha. ¿Entendiste?
—Hum…
—¿Te digo lo que sí está bueno? —añadió—. Tus redes. La resistencia a la tracción es incomparable. ¿Quién las fabricó…? Oh, espera, no me digas, sé la respuesta…
—Yo las hice —dijo Peter, una torpe sonrisa le importunó en la cara.
—Sí, justo como pensé —también sonrió—. Tus manos, chico.
Reacio a esperar respuesta, jaló las manos entre las suyas. Su tacto, caliente y firme, no era precisamente rival para Peter, pero limaba en lo autoritario. Él podría desprenderse fácilmente, evitar que los dedos de Tony le subieran la manga de la sudadera, y que sus pieles desnudas, en un acto completamente inofensivo y al mismo tiempo íntimo, se tocaran. Peter sabía todo eso, pero por alguna razón, se mantuvo en su lugar y dejó que Tony inspeccionara sus webshooters.
—Nanotubos de carbón —musitó Stark. Si no fuera por la máscara, estaría respirando su aliento—. Dispara hebras de seda como si fueran proyectiles. Dime qué material usaste.
Peter dejó de morderse los labios para hablar.
—Ácido salicílico, tolueno, metanol, y mi ingrediente secreto.
—¿Amor?
—Si te lo digo deja de ser secreto.
Sus labios, que dibujaron una curva locamente encantadora, se ensancharon en una sonrisa maliciosa. Peter bajó la mirada, como hipnotizado, a sus manos todavía sujetadas. No conseguía zafarse.
—Eres listo.
Peter levantó la mirada y se encogió de hombros
—Tengo mis momentos.
—No. Eres listo todo el tiempo —sentenció. Sus ojos eran serios—. He podido darme cuenta en estas dos o tres últimas horas. Tienes más cerebro que varios de mis empleados en Stark Industries.
—Guau. ¿Estoy recibiendo un cumplido de Tony Stark?
—No te emociones demasiado. También muerdo.
El escalofrío de excitación que lo recorrió lo puso en alerta. Su corazón, ya bastante inestable, dio un vuelco. Sus palmas empezaron a sudar y a ponerse pegajosas. Esperó, con todas sus fuerzas, y vaya que eran muchas, que Stark no se diera cuenta.
Mentalmente, Tony se preparó. Sí, la atracción era mutua.
Sin soltarlo, acercó la cara hacia su máscara. Antes de que Peter diera un brinco, o en el mejor de los casos, un paso hacia atrás, exclamó:
—¡Buen dios! ¿Puedes ver con esas cosas?
No había reparado en lo densos que eran aquellos orificios por donde lo miraba el chico.
—Uhhh…sí… —se está acercando mucho, se está acercando demasiado, estoy dejando que se me acerque—…me, me ayudan a…a enfocarme.
—¿Enfocarte en qué? —Tony resopló, observado un marcado deslustre en los cristales con que se protegía los ojos y la extraña tela blanca que los recubría—. ¿En la mejor manera de estrellarte?
—Es una historia larga —Peter tragó saliva copiosamente—. Pero no percibo el mundo como la mayoría —Y tampoco lo experimento como la mayoría, añadió en silencio.
Tony, finalmente, le soltó las manos y se apartó…sólo un poco.
—Ya veo —Peter notó con lujo de detalle cómo se pasaba la lengua por los labios—. Tienes una extrema necesidad de aplicarte mejoras —dictaminó—. Sistémicas, de cabo a rabo, una restauración del cien por ciento.
—Pensé que íbamos a limitarnos al traje con calefacción —alegó Peter, temiendo por dónde iba la cosa.
—Eso es historia antigua —Tony meneó la mano—. Vamos a hacer algo mejor, algo que en verdad te funcione.
Oh, dios, no.
—Señor Stark, digo, Tony, realmente aprecio todo lo que…
—Genial, de nada. Entonces está decidido.
—Pero yo…
—Me salvaste la vida.
Aquello silenció a Peter de golpe por un momento.
—Con esa armadura, lo dudo —dijo con palabras lentas—. Quizá sólo evité que te saliera un rasguño.
—Puede que tengas razón. O puede que no. Te diré esto: no estaba precisamente con la ventaja de mi lado. El cansancio, la lluvia, y el hecho de que nadie más pudo responder al llamado hacían un buen trabajo desmoralizándome. Si no hubieras llegado a tiempo, o si no hubieras aparecido en absoluto, quizás yo no estaría aquí, haciéndote sentir incómodo.
—¿In-in-incómodo?
Otra sonrisa, mucho más engatusadora que las anteriores (porque mostró cada uno de sus perfectos dientes), le paralizó el corazón. Peter decidió que había que tener extremo cuidado con esa sonrisa también.
Sintiéndose en su elemento, Stark paseó por el laboratorio, hacia las mesas de trabajo. Apoyó las dos manos en la más cercana.
—Primero la tela presurizada con fibras más fuertes que el acero, calentador incorporado; después tus gadgets, al estilo Batman; y por último esa máscara que positivamente creo que no te deja ver más allá de un palmo de distancia.
Ciertamente, sonaba atractivo. La propuesta. La propuesta.
—Hum, hum, ¿exactamente cuánto tiempo va a tomar este nuevo traje?
—Eso depende. ¿Quieres algo increíble o algo sensacional?
—¡Ambos! —soltó la respuesta sin darse cuenta del error hasta un segundo más tarde. El error de hacer sonreír a Tony Stark otra vez.
—Entonces, yo diría que un puñado de horas.
—Pero…pero ¿cuántas exactamente? —preguntó a la desesperada.
Tony olfateó nerviosismo, y si pudiera verle la cara, vería la cara de alguien atenazado por irse.
—¿Algún compromiso urgente y totalmente falso que necesites cumplir?
—Montones.
—¿Cómo cuál? —apoyó el codo sobre la mesa y recargó la barbilla en el puño.
—Tengo que ir a…
—Mmm, ajá.
—No puedo faltar.
—Ya lo creo. Muchacho, si sigues esforzándote por librarte de mí, acabarás por traumatizarme.
—Lo… ¿siento?
—No lo sientas. No todavía. Quédate a cenar.
Reaccionó como si el doctor Hannibal Lecter lo hubiera invitado.
—Uh, no. No es, no es una, digo, gracias, pero no es, no creo que…
—¿Vas a terminar esa oración alguna vez?
—No es una buena idea.
—Te lo simplificaré —irguió su cuerpo para hablar—: Es difícil decirle que no a Mick. Es igual de difícil decirle que no a Tony Stark.
—Apuesto a que sí. Pero…
—Sin peros. Espero que te guste el pato asado.
A ese hombre, Peter reflexionó, quizá no era posible negarle algo. Tal vez debería reconsiderar la estrategia de salir por la ventana…
Con ayuda de su finísimo oído, escuchó la música de rock n roll pulsante, el diluvio de afuera sin detenerse, y el rayo dividiendo en dos el cielo sobre la torre.
Podía esperar un par de horas…
Si alguien no entendió tampoco el chiste de Tony respecto a la música, les explico: Mick Jagger es el vocalista de los Rolling Stones. La canción que pone al principio era Satisfaction, de los Rolling Stones y la letra dice "No puedo conseguir el no, sólo obtengo satisfacción" Haha, ¿entendieron? Hahahahahahahahahahaha. Ok no, voy a morir sola con mis referencias musicales…
Espero les haya gustado este capítulo. Gracias por leer 3
