Hora 11: Asesorías declaratorias.

— ¿Qué crees que haces? —susurro dejando que el calor, provocado por mi sangre acumulándose en mi rostro, me derrita poco a poco.

Mi corazón golpea mis costillas con demasiada felicidad, mis piernas ahora están hechas de botones de algodón y hay un millar de hormigas recorriendo la superficie de mi piel, ansiosas de esparcir descargas infinitas de un placer, totalmente desconocido para mí, por cada nervio que compone mi cuerpo. De nuevo... una vez más me ha besado. De nuevo... ha durado tan poco.

¿Por qué nunca me da tiempo de disfrutarlo aunque sea solo un poco? ¿Por qué termina tan rápido? Es demasiado injusto. Me toma, dejándome con ganas de más. Quiero más. ¿Es malo pedir un poco más? Por desgracia no soy lo suficientemente valiente como para adueñarme de sus labios como él lo ha estado haciendo, hacer lo que yo quiera y dejarle con deseos de más, mientras yo he satisfecho los míos propios. Quizá me falta algo de egoísmo. Algo de coraje y demasiada valentía. Es uno de los momento que más lamento el ser demasiado cobarde.

—Besarte... ¿Qué no es obvio? —se separa de mí y toca con suavidad el vendaje de mi nariz. —Lamento esto, no pensé que fueras lo suficientemente idiota como para impedir el golpe que planeaba descargar contra el imbécil de Jean.

—Solo quería evitar que te metieras en problemas pero veo que el dolor no valió la pena.

Él me mira con el ceño fruncido, dejando ver que está sorprendido por lo que acabo de decir.

— ¿Te atravesaste para que no me reprendieran?

— ¿Que otra cosa sino? Mis impulsos me valen más en algunas ocasiones.

—Gracias, entonces.

Tuerzo los labios y finjo acomodar mi mochila para alejarme un poco de él.

—Sí, lo que digas. Anda, vamos a casa.

Empiezo a caminar, totalmente avergonzado por todo esto, ¿¡Dios, no podría ser peor!?

Levi tarda unos segundos en darme alcance, choca contra mi hombro y enreda sus dedos contra los míos. El acto hace que me sonroje de manera violenta.

§

— ¿¡Se puede saber que rayos hacemos en mi casa?!

—Bueno... básicamente si voy a mi casa, Dennis va a matarme, y lo digo de forma literal, va a querer comerme vivo, se supone que prometí no volver a meterla en apuros por mis problemas de conducta.

— ¿Y viniendo a mi casa, todo se soluciona?

—Es un buen escondite, ¿No te parece? Ella no vendría a hacer una escenita a tu casa, le cae muy bien tu familia como para dar una muy mala imagen de ella misma.

—Largo de mi casa.

— ¿Dónde tienes las llaves? Olvídalo, ya di con ellas. — Levi cruza el patio principal y abre la puerta de mi casa, cuando está en la entrada se gira. —Piensas quedarte todo el día allí, anda no seas tímido, es tu casa después de todo.

Que poca vergüenza tiene. Le odio. Mucho.

Suspiro, relajo los hombros y me adentro al patio de mi casa.

—Eren.

Me detengo casi a mitad del camino y volteo a la derecha de donde viene esa vocecilla que conozco tan bien.

—Krista.

—Hola, ¿Cómo has estado? —ella cruza con delicadeza la pequeña barda de arbustos que dividen su casa de la mía. —Dios... ¿Qué te paso en la nariz? ¿Eso es sangre?

—Ehhh... Nada grave, me atravesé cuando abrían la puerta de un salón. —esa excusa me ha estado sirviendo bien. —No te preocupes. ¿Cuándo regresaste?

— Hace solo un par de horas, ya te extrañaba.

Me sonríe con dulzura y se para de puntillas para darme un beso en la mejilla.

—Yo igual, desde hace tres años que no nos vemos, ¿Qué tal te ha ido?

—Pues... te diré. —se encoje de hombros y tuerce los labios. —Francia es muy bonito, hay cosas extraordinarias y mucha gente agradable pero, ya sabes, nada como volver a casa.

—Eso sí. —digo y ella ríe, su risa es contagiosa, así que termino imitándola.

Krista Rens, es una de las poquísimas personas que conozco desde hace años. Cuando recién me mude aquí yo tenía unos cinco o seis años, casi al mismo tiempo ella también se mudó, rápidamente hicimos amistad al igual que nuestros padres. Es una chica muy alegre, amable, sonriente y muy amigable. Tiene largo cabello rubio y grandes ojos azules, es muy pequeña, al parecer no ha crecido demasiado desde la última vez que nos vimos, es delgada y muy bonita. Nos llevamos muy bien. Congeniamos demasiado. Ella ama tanto los libros como yo y también las películas con buenos efectos especiales.

— ¿Estas solo? ¿Y tus padres? ¿E Isabel?

—Mis papás siguen en el hospital, al parecer no han llegado, Isabel ha de estar en la universidad, ya sabes.

—Oye, Eren, ¿Piensas quedarte todo el día allá afuera?

Levi sale de la casa y nos observa, pasa su mirada de mí a Krista y de Krista a mí.

—Hola. —Krista es la primera en hablar.

—Mucho gusto, soy Krista Rens, amiga de la infancia de Eren.

—Hola. —Levi mira con precaución a Krista, casi examinándola. —Levi Ackerman.

— ¿Así que ahora tienes nuevos amigos? Me alegro tanto, Eren, siempre estabas solo, me tenías muy preocupada.

—Si... algo así. De hecho es mi asesorado, le doy clases particulares. —sonrió mientras me llevo la mano a la nuca.

Por alguna razón me molesta que nos vean como amigos. Este día han sido dos personas las que nos miran de esa forma.

Krista junta las manos y las dobla hacia la derecha, cierra los ojos y vuelve a dedicarnos esa sonrisa angelical demasiado típica de ella.

—Que bien. Me alegro tanto por ti, era todo lo que esperaba de mi querido Eren. — me toma por la cintura y recarga su cabeza en mi pecho. —No sabes todo lo que te extrañe, me hubiese gustado tanto hablarte a todas horas pero en el internado no nos permiten usar teléfonos celulares y solo en las clases de computo podía ingresar a mi correo electrónico para contactarte, pero eso paso de moda hace mucho, lo de hoy es facebook, pero está prohibido en mi colegio. Las computadoras no nos permiten entrar. Fue tan frustrante, no hablar contigo. —alza la cara y hace un puchero adorable. Le sonrió de regreso. No me gusta esta nueva actitud de ella, no me agrada que me abrace de ese modo ni me hable de ese modo, no cuando Levi está frente a nosotros.

—Krista, querida...Oh, Eren, hola ¿Cómo has estado? —justo a tiempo aparece la madre de Krista, me alivia demasiado.

—Señora Rens, hola. —alzo un brazo para saludarla.

—Mamá. —Krista frunce el ceño pero no me suelta.

—Anda, Krista regresa a casa, vamos a comer, Eren tiene visitas, podrás hablar con él después. Mucho gusto, soy la madre de Krista—la señora Rens cruza el jardín y saluda a Levi, quien se muestra más reacio que antes.

—Está bien, te veo más tarde, Eren. —nuevamente, Krista se para de puntillas para despedirse besando mi mejilla, casi en la comisura de mis labios. Por reflejo me alejo ante el contacto, ella lo toma como algo gracioso, ya que sonríe y como un pajarillo revolotea de nuevo a su casa.

Sin siquiera esperar a Levi entro al interior de mi propia vivienda y dejo mi mochila en el sofá, paso de largo hasta la cocina, me lavo las manos y checo que es lo que hay de comer. Casi después escucho como se cierra la puerta principal y los pasos de Levi hasta la cocina, se detiene a mi lado pero no dice nada.

—Supongo que vas a quedarte a comer. —digo en cuanto prendo la estufa para calentar lo que ha dejado mamá. Mis ánimos se han visto arrastrados hasta el fondo del mismo inframundo.

—Se nota que te llevas bien con la chica rubia.

—La conozco desde los cinco, sus padres le pagaron una escuela/internado particular en Francia, se fue hace tres años, al comenzar la preparatoria. Desde entonces no la había vuelto a ver. Pero si, me llevo bien con ella. Es agradable.

—Ya veo.

Pongo a freír un par de chuletas de cerdo en la sartén después de calentar el aceite, el puré de papa se calienta en una de las parrillas chicas y la sopa de champiñones en otra. Creo que hay limonada en el refrigerador. Antes de que mueva mi humanidad al refrigerador siento sus manos rodear mi cintura y recargar su cabeza en mi espalda, casi imitando la misma acción de Krista de hace un momento. Después siento su respiración en mi cuello. Luego sus labios posar leves y escalofriantes besos sobre mi piel. Las descargas eléctricas son casi instantáneas.

— ¿Q... que haces? —rápidamente, guiado por la intensidad del momento, me volteo para encararlo.

—Marcando lo que es mío.

— ¿Qué? ¿C...como que tuyo?

Sus ojos se encuentran con los míos, perforándome con su mirada gris. Sube su cabeza hasta mis hombros y comienza a bajar mi camiseta para descubrir mi hombro derecho y hacer lo mismo que mi cuello.

—No quiero que ella te vuelva a besar. ¿Ok?

Siento como absorbe una parte de piel de mi cuello, marcando un chupetón en esa parte. Me separo rápidamente tocándome la parte besada, estoy acalorado y nervioso. ¿Qué rayos cree que hace?

— ¿Qué significa eso?

—Yo te vi primero... tengo el derecho de marcarte como mi propiedad. ¿No te parece?

—No... no me trates como si fuera un objeto. ¿Y... que es eso de verme primero? No... yo...

El teléfono de Levi me interrumpe, él lo ignora mientras me sigue observando como si fuera un objeto valioso. Mi corazón no deja de lanzar descargas agresivas de adrenalina por cada conducto de mi ser. Es muy confuso. Todo estaba bien. Todo. Hasta este maldito momento.

—Contesta el maldito teléfono. —grito después de la quinta llamada entrante. El chasquea la lengua con molestia y justo un segundo después de que entra la sexta llamada contesta con voz molesta.

— ¿Qué?

¿Te atreves a contestarme de esa forma, mocoso malcriado? ¿Después de haber salvado tu trasero de ser suspendido de la preparatoria?

—Dennis.

Mueve tu trasero de vuelta a la casa, si no quieres que te saque a patadas de la casa de Eren.

—Pero...

No tienes derecho a replicar, absolutamente ninguno. Muévete o iré por ti en diez minutos.

Levi separa los labios para replicar de nuevo pero la llamada se corta y mira el celular con lástima, exasperación, pone los ojos en blanco y lo guarda de nuevo en el bolsillo de sus pantalones.

—Tu tía está molesta.

—Encabronada, te dije que me mataría. —suspira. —Hablamos después, tengo que irme.

Toma sus cosas y sale por la puerta sin agregar nada más.

§

La semana de los exámenes pasa de lo más pesada, los exámenes se componen de lo más importante en cada materia, muchos necesitan más de tres hojas para abarcar todo lo que hemos visto, otros a pesar de ser cortos te queman el cerebro de solo verlos.

En esa semana no veo a Levi por ningún lado. Por su culpa tuve que usar bufanda, al día siguiente de la casi expulsión, la marca que hizo en mi cuello se veía demasiado, era como una mancha color lila y rojo, era demasiado vergonzoso, mi madre me pregunto sobre mi repentino cambio de aspecto, tuve que evadirla antes de que me cuestionara más. Isabel fue otro caso, ella no se cansó hasta dar con lo que quiso, ella si vio la molesta marca, es demasiado pesada que no me la quite de encima en toda la semana, haciéndome bromas de todo tipo y también preguntas, le dije todas las veces que preguntaba que había sido un bicho el que me había picado. Obvio no me creyó.

Por otro lado, tampoco hable con Krista. Lo que de cierta forma fue un alivio. Es mi amiga pero que se comportara de esa forma aquel día me desconcertó demasiado. Tal vez es porque ya no me atraen las chicas. Dios es tan vergonzoso admitirlo.

Acabo de salir del examen de Cálculo, es viernes y solo falta presentar el examen de Derecho, después seré libre. Bendito fin de semana.

—Oye, Eren, ¿Sabes cuál era la respuesta de la pregunta tres?

—Creo que era raíz de veinticuatro.

—Enserio. A mí me salió treinta y dos medios.

Bufo. Genial.

Comparto respuestas de ese tipo junto con Thomas, hasta que mejor preferimos esperar a los resultados ya que de las cincuenta preguntas solo coincidimos en tres. Me recargo en la barda, observo por un rato el edificio de enfrente, el D... vaya ese edificio sí que tiene una buena historia mía, justo cuando estoy por irme a la biblioteca a leer un poco, lo veo. Por primera vez en toda la semana. Sale del aula D-103 junto a otros de sus compañeros y amigos, la chica, Petra, se cuelga de su brazo y no para de hacerle cariñitos. Me irrita. También noto algo bastante curioso. Trae puesto un collarín.

—Eren. —volteo hacia la derecha para toparme con Mikasa.

—Hola, Mikasa.

— ¿Qué tal los exámenes?

—Bien... supongo. ¿Y a ti?

—Bien. ¿Cómo has estado? ¿Qué tal sigue tu nariz?

—Mejor.

Mi madre pego un grito al cielo cuando vio mi vendaje, me hizo mil preguntas y respondí con el mismo "Fue un golpe de puerta", después me dio flojera pensar en una excusa mejor. Gracias a los cuidados de mamá me ha ido bien. Se ha curado más rápido y ya casi ni siento dolor.

—Me alegra, ese golpe realmente fue demasiado fuerte.

—Si...Por cierto... ¿Qué le paso a tu hermano? Lo acabo de ver salir del salón de Ingles con un collarín.

Ella sonríe con pesar y se restriega la nuca con su mano derecha, mira al piso y suspira.

—Digamos que... la tía Dennis fue medalla de oro en secundaria, preparatoria y la universidad en Karate, Yudo y Lucha olímpica.

—Auch.

—Si... no fue muy agradable.

—Ya veo.

—Bueno, tengo examen de química, solo venía a darte esto. —me tiende un sobre. —Te lo envía tía Dennis. Luego te veo.

Sale corriendo hacia el edificio A con la bolsa golpeándole las caderas.

—Ok. —veo el sobre y casi puedo imaginarme de que se trata. Una invitación. Esta vez, para el cumpleaños del señor Keney Ackerman.

Gracias por leer.

Parlev.