Hora 12: Asesorías territoriales.
—Así que... ¿Una fiesta para tu padre?
—Sí, Dennis ha, prácticamente, pegado a Kenney a una silla con Kola Loka para que permanezca en la ciudad hasta mañana por la noche.
— ¿En serio?
—Sí.
Sonrío.
—Pensé que tu tía era más... relajada. —digo señalando el collarín.
Él tuerce los labios tocándoselo.
—Todo lo que se, lo aprendí de ella, es complicado superar al maestro... pero lo intento.
—Me alegra saber que alguien puede controlar tus malas acciones.
— ¿Aparte de ti? Lanzo una carcajada sarcástica.
—Sí tú, como no. De haber podido controlarte no tendrías, en primer lugar, puesto ese collarín.
—Sigue intentándolo.
—Gracias por la oferta. —digo encogiéndome de hombros.
Caminamos por la plaza y compro un par de helados de yogurt y descansamos en una de las bancas de metal pintadas de negro. Después del examen de Derecho Levi fue a buscarme al salón solo para confirmar que recibiera la invitación y para verificar que asistiría a la celebración familiar, al final terminamos caminando sin rumbo hasta llegar al parque, tomando helado, disfrutando del final de la tarde.
— ¿Paso por ti mañana? —pregunta.
—Se dónde es que vives, no es necesario pero gracias.
—Insisto, podrían secuestrarte o podrías perderte.
Lo miro con cara de pocos amigos.
—Que gracioso.
—Quiero asegurar que iras. —dice metiéndose la cuchara llena de helado a la boca.
— ¿No te basta mi palabra?
—Tengo confianza en ti, si es lo que temes pero... solo son,... digamos, aseguradores. No te ofendas.
Entrecierro los ojos y dejo colgando la cuchara entre mis labios, trato de pasarle mi desagrado en forma de miradas.
Una de las cosas que me guste de él: Sus ojos.
Tengo algo con los ojos de las personas, no tengo un patrón favorito, un color o una forma, simplemente es lo que pueden transmitirme, el tipo de aura que emiten, dicen que los ojos son la puerta del alma ¿No?, supongo que eso es lo que me atrae.
Los ojos de él tienen un algo que me fascina, la mezcla perfecta de colores neutros, gris claro y azul naval, colores deprimentes a mi parecer, pero que en sus orbes quedan demasiado perfectos, me encanta la forma en que me consumen, me absorben y me hacen traspasar la puerta a una dimensión distinta. La luz del atardecer los hacen aún más bonitos, hermosos, brillan de una forma distinta, gracias a la dirección de los rayos del sol ya difuminado y a la posición en la que él está sentado, sus largas pestañas obscuras y espesas, nunca me había fijado en esa característica, curvas y largas, las mujeres hacen mil cosas con tal de tener unas iguales y, allí, sentado frente a mi esta la persona que tiene pestañas deseables de forma natural, gracias a sus genes. Sus cejas son delgadas pero obscuras, tienen una forma arqueada casi perfecta. Jamás me había percatado de esos pequeños detalles en su construcción facial.
Su rostro es pequeño, alargado, delgado y afilado, nariz respingada y pequeña, ojos pequeños y afilados, de mirada atemorizante, tez blanca y pálida, labios delgados y de un tono rosa claro, húmedos gracias al helado, su cabello cae con gracia sobre su frente, mechones rebeldes, su corte no es largo pero tampoco es corto como el mío, un toque medio. Sus facciones faciales son neutras, sin mucha expresión o transmisión de emociones, a menos, claro, cuando está realmente molesto, lo cual es clara señal de peligro y alerta (Mi nariz es la clara prueba de ello), también cuando está burlándose de ti, lo cual hace muy a menudo conmigo, una costumbre que tomo desde que nos conocimos, supongo que ya me estoy acostumbrando, una rutina bastante... normal, quiero creer, es fácil adaptarse a él, su forma de mostrar cariño es un poco extraña, demasiado, quizás, es alguien que parece no importarle nada en absoluto pero en realidad está al pendiente de todo y más cuando se trata de sus seres queridos.
A pesar de ser un poco más bajo de estatura que yo emite un aura y presencia peligrosa y de miedo, es alguien de vista intimidante, lo sé por la forma de mirar que suele tener, como si quisiera alejar al mundo de sí mismo. Es una persona muy agradable, algo sarcástica, curiosa, mal hablado, burlón. Es como el mejor amigo que se reirá de ti por caerte durante todo un mes entero, o hasta que hagas otra cosa que sustituya esa caída, en vez de ayudarte y preguntarte si estás bien. Es un desgraciado. Pero al mismo tiempo... es la persona de la cual estoy enamorado, hundido hasta el cuello en ese pozo sin fondo, solo espero no ahogarme por no tener salvavidas.
—Entonces... un cocodrilo entro a la mitad del examen y se comió mi evaluación, también toda una manada de leones que se comieron las tripas del profesor, todos terminamos empapados de sangre y... bailamos la macarena hasta que la hora termino. ¿Qué te parece?
—Interesante. —respondo mientras continuo comiendo el helado.
La fuente que está a la mitad del lugar es activada y empieza un chipoteo de agua danzarina, la noche se está acercando, solo quedan tintes naranjas convirtiéndose en lilas, los faroles se encienden listos para iluminar a la ciudad con su luz amarillenta, la gente pasea de un lado a otro, acompañados por sus parejas, sus familias, amigos, ríen, corren, hablan de cosas que creen importantes, intercambian intereses, compran golosinas y, al igual que nosotros, se sientan a disfrutarlas. Los niños corren a algunos de los juegos metálicos que hay en el lugar, sus carcajadas se confunden con la música que hay en el ambiente.
El aire es fresco, es noviembre, mitades de mes, la temperatura ya empieza a descender, no lo suficiente como para que todos traigan chamarras o bufandas, solo lo suficiente para que los shorts sean guardados y las playeras de manga larga y los suéteres ligeros sean sacados del closet.
El grupo de música transmite un aire de paz con la melodía que toca, combinación perfecta de instrumentos de cuerda y flautín. Para mí, las fechas perfectas siendo observadas y admiradas desde el punto perfecto.
— ¿Eren?
Me siento feliz, alegre, de una forma muy ligera, no entiendo muy bien el porqué, el ambiente debe tener la culpa.
—Eren.
Me gustaría tomar esta escena, congelarla y vivir en ella para siempre.
—Rata de biblioteca.
—No vuelvas a llamarme así, por favor.
—Ahora si escuchas, que conveniente.
— ¿Qué es lo que quieres?
—Tenemos que irnos, Dennis va a matarme si llego tarde a casa, tengo toque de queda hasta nuevo aviso.
—Eso te ganas por causar problemas.
Levi bufa.
—Anda, vámonos.
Me toma por el brazo obligándome a incorporarme. La luz de finales de la tarde le beneficia bastante. Sonrió. Tal vez él es parte de mi pequeña felicidad momentánea. Está bien enamorarse y seguir adelante... ¿Cierto?
§
—No era necesario que me trajeras a casa. —digo irritado.
También es un completo idiota.
—Quiero llegar justo al toque de queda. Estar antes en casa me irrita.
Suelto un suspiro.
—Eres un poco desesperante, ¿Lo sabías?
—Lo que digas, paso por ti mañana, ¿Cierto?
—Aunque diga que no, harás lo que quieras.
Abro la mochila para buscar las llaves de mi casa.
—Tomare eso como un: "Por supuesto, deseo que ya sea mañana para volver a verte"
Tomo las llaves pero estas resbalan y mi cara arde en rubor.
— ¿Por qué iría algo tan ridículo como eso?
—No lo sé, dímelo tú.
Esta vez lo dice en un susurro demasiado cerca de mi cara, lo que altera mis nervios, trato de mantener un perfil serio. Lo cual es algo imposible en mis condiciones. Solo niego con la cabeza y tomo de nuevo las llaves.
—Vete a casa, tu tía debe estar ansiosa por volver a hacerte una llave de lucha olímpica.
—Nah... más le vale que no. —lo último lo dice con algo de duda.
—Entonces hasta mañana. —susurro, insertando la llave en el pomo de la puerta.
—Hasta mañana. —susurra del mismo modo avergonzado que el mío.
Lenta, dolorosa y suavemente besa mi mejilla antes salir de los terrenos de mi vivienda. La puerta se abre, dejo mis cosas en uno de los sillones de la sala, me quito el suéter desabotonándolo lentamente, me desplomo en el sillón y cierro los ojos. Desearía que esta sensación durara toda la vida, pero por desgracia no todo es para siempre. Vivo de los libros, vivo en ellos y soy parte de ellos, cualquiera pensaría que mi mundo se basa en pensamientos de fantasía pero soy demasiado realista en verdad, sé que fuera del bello mundo de la literatura está el horrible mundo real donde nada de la fantasía es real, solo hay crueldad y miseria. Así es esto y no estoy siendo pesimista ni mucho menos solo trato de aferrarme a la realidad en la que vivo. Sueños que no pueden volverse realidad, cosas que con solo desearlas no pasaran. Es deprimente pensar en todo eso mientras dentro de mí hay un revoltijo de ideas, emociones, pensamientos y sentimientos, cosas que jamás me ocurrían ahora se adueñan de mi como un terrible virus enfermizo, recorriendo cada célula y contaminándola.
Abro un bolso de la mochila, tomo el celular para escuchar un poco de música dentro de mi cabeza gracias a los auriculares. Con eso me quedo dormido.
—Cariño... Eren... Despierta.
Abro los ojos, un poco somnoliento, la cabeza y los oídos me duelen, la vista me arde, para haber tenido un sueño bastante tranquilo despierto hecho un asco, me quejo y termino enfocando el rostro de mi madre.
—Hola. —saludo.
—Hola, tesoro, ¿Ya has comido? —pregunta ella con una sonrisa.
—No, nada más de llegar me tire en el sillón a dormir.
—Eres un flojo, ¿Qué tal la escuela?
Ella se aleja para ir a la cocina.
Por cómo esta vestida acaba de llegar del hospital.
—Bien, hoy fueron los últimos exámenes. —me estiro provocando que mis huesos se quejen de forma armónica.
— ¿Difíciles?
—No mucho, me la pase estudiando demasiado la semana pasada, no puedo reprobar.
—Eso espero.
Me incorporo y avanzo hasta donde esta mi madre quien prende la estufa y comienza a cocinar.
— ¿Qué tal el hospital? ¿Mañana trabajaras?
—Hubo algunas complicaciones, pero creo que todo ya está bajo control, no, mañana tengo día libre. ¿Quieres ir a algún lado en especial?
Tuerzo los labios y me rasco la nuca.
—Bueno... Mikasa me ha invitado a la fiesta de su padre.
Ella voltea a verme sorprendida. El trabajo está cobrando factura en mi madre, tiene el rostro marchito, hay arrugas que no deberían estar aún allí, tiene ojeras increíbles, a pesar de aparentar estar feliz luce muy cansada.
—Ellos...
—No es necesario que vayamos. —interrumpo rápidamente, el verla me hace sentir culpable.
—Podemos quedarnos en casa a ver películas o ir a visitar a la tía Alice.
Ella sonríe.
—No, cariño, deberías ir.
—Podemos ir los dos. Acompáñame.
Vuelve su atención a la comida.
—Claro, me gustaría conocer a la familia de tus... amigos. —el tono de su voz me da mala espina, tal vez no debí mencionar esa fiesta. ¿Verdad?
Mamá y yo comemos mientras vemos una serie policiaca, papá llega casi cuando está por terminar, después de que él termine de cenar, de intercambiar un par de chistes y de contar como es que nos ha ido en el día, nos vamos a dormir.
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La solución correcta a este problema era no decirle nada a mi madre, hablarle a Levi y decirle que no podía ir, pasar el resto del día en casa comiendo helado y viendo TV. Así me estaría ahorrando todo esto.
—Mamá... solo es una fiesta... no necesitas...
—Cállate... debes verte bien, ay amor, eres demasiado vago, tendremos que ir pronto de compras para remodelar tu guardarropa, no tienes nada decente.
—Mamá. —replico.
—Guarda silencio.
Ella desaparece de nuevo en el interior del closet, unos segundos después sale con una camiseta de cuadros pequeños color blanco y azul y unos pantalones de mezclilla entubados (¿Yo tenía eso?)
—Ponte esto.
—Mamá... estos pantalones...—tomo la prenda con cara de asco repulsivo, ya recuerdo porque los perdí en el interior del mueble. —Son demasiado pegados.
—Lo sé, resaltara tu trasero, amor.
Alzo la vista de los pantalones y la miro, ella me sonríe con inocencia.
—No voy a ponerme esto.
La mirada de mi madre se endúrese.
—Obedece. —dice con voz autoritaria. —Iré a cambiarme, apúrate que tenemos que comprar un regalo. —su voz se convierte en algo dulce.
Miro de nuevo el pantalón. No pienso ponerme esto. Ni muerto.
Por supuesto diez minutos después ya estoy enfundado en ellos, gracias a la fuerza sobrenatural de mi madre... ella da miedo si está molesta.
—Mami, me siento incómodo.
—Te ves bien, cariño. Estaré lista en un par de minutos. Por cierto, piensa que algo que podamos comprar para el señor Ackerman.
Estoy por replicar de nuevo cuando el celular sueña anunciando una llamada entrante.
— ¿Diga? —contesto sin ver la pantalla.
—Dime que estás listo, llegare a tu casa en un par de minutos.
Me separo del celular para ver quien llama, un poco sorprendido.
—Yo... bueno... ¿Está bien que mi madre vaya conmigo? —pregunto indeciso.
—No hay problema.
—Mi madre quiere comprarle un regalo a tu papá, ¿Qué podríamos comprar?
—No es necesario, él no merece regalos, mejor podrías llevarle cáscaras de huevo.
—Hablo en serio.
—Yo también. La basura le sentaría a la perfección. Créeme.
Suspiro irritado.
—Dime su color favorito o su talla de camisetas, creo que eso bastara.
Él imita mi suspiro.
—No sé. ¿Negro? ¿Mediano?
— ¿Es tu padre y no conoces sus gustos?
—Viene una vez al mes a la casa. —replica molesto. —Y no es mi padre como tal... Si quieres comprar, compra eso, es lo más cercano que tengo de saber sus gustos y no me molestes más con ese tema. De hecho ya estoy llegando a tu casa.
Antes de decir más cuelgo.
—Mamá, Levi va a pasar por nosotros en...—a modo de telequinesis fingida pongo cara de atención hasta el justo momento en el que el timbre suena. —Ahora. — tuerzo los labios y me encojo de hombros.
—Que atento...—ella suelta una risita adorable. — ¿Le preguntaste por el regalo?
—Dice que una camiseta negra está bien.
Mi madre trota hasta la puerta y le da la bienvenida al chico. Entro a la cocina y me sirvo un vaso con agua, los escucho dedicarse elogios sobre su vestimenta, lo bonita que luce mi madre y lo apuesto y elegante que él es.
Salgo de la habitación hasta la sala para saludar pero me quedo a mitad de camino. Luce... igual a una estrella de cine. Apuesto y elegante le quedan demasiado chicas para describir cómo es que luce.
No lleva el flequillo que suele caerle por la frente como en los días ordinarios sino que se lo ha llevado hacia atrás dejando su rostro despejado, lleva pantalones de mezclilla, zapatos negros un tanto informales aunque bien podrían parecer formales, lleva un saco gris abierto, el color hace que sus ojos resalten en el tono grisáceo que poseen y una camiseta blanca en el interior. Una vestimenta muy sencilla que le hace lucir muy bien. Y ya no lleva puesto el collarín. Pensando en lo que yo llevo puesto me hace sentir muy avergonzado, demonios, odio esto.
—Hola. —logro decir.
—Hola. —responde él, sosteniéndome la mirada.
—Bueno, ¿Nos vamos? Tenemos que ir de compras primero. —mamá da un pequeño aplauso con la punta de sus dedos.
—Claro. —como buen caballero que finge ser deja salir primero a mi madre, después salgo yo y caminamos hacia el carro del chico.
Mamá se siente alagada cuando Levi le abre la puerta y le ofrece su mano para entrar al interior del vehículo, observo la escena y me encantaría decir que es demasiado bueno actuando como todo un príncipe.
Después me indica que entre, entrecierro los ojos y estoy a punto de soltar algún chiste malo, pero él se adelanta con un:
—Te ves demasiado sexy con esos jeans ¿No crees? —susurra en mi oído justo antes de que entre por completo, intento replicar con las mejillas ardiendo pero el cierra la puerta.
Mamá tarda un poco más de veinte minutos en elegir una camiseta color negro que le guste, por mi todas podrían ser iguales y al parecer para Levi es lo mismo, solo es una camiseta, que tan difícil es elegir. A pesar de que no queda satisfecha con lo que eligió nos vamos, Levi trata de convencerla que su elección es la correcta pero si ella no está feliz no va a estarlo jamás. Mi madre a veces es demasiado perfeccionista.
Al llegar a la casa Ackerman noto el toque festivo un poco más muerto que el día de la fiesta de los gemelos. Pero la tía Dennis nos recibe demasiado contenta, saluda a mi madre con un abrazo y a mí con un largo y empalagoso beso en la mejilla. Todos los Ackerman me reconocen al instante, unos me reciben con golpes amistosos en la espalda, otros me preguntan qué es lo que estado haciendo estos días, cómo va la escuela y ese tipo de cosas que suelen preguntar los adultos. Después les presento a mi madre y rápidamente se une a ellos, debo admitir que esta familia es demasiado cálida, aceptarnos de forma muy rápida. Aún tengo una pequeña duda, ¿No conocen a las demás amistades de ellos? O ¿Soy lo más aceptable que consideran como amistad?
—Eeeeeereeeennnn. —antes incluso de que pueda voltear para verlo, se lanza a mi cuello y me derriba.
—Hola, Farlan. —digo un poco adolorido por la caída.
Él restriega su mejilla contra la mía.
—Te he extrañado tanto, ¿Cómo has estado sin mí?
Sonrió.
—Nos vemos todos los días en la escuela.
—No habíamos hablado...
—Quítate de encima, enano molesto. —Levi se para a un lado de nosotros y patea en las costillas a su hermano.
Ambos nos levantamos pero al instante de estar incorporados, Farlan se cuelga de mi cuello, creo que ya extrañaba ese peso extra en mi cuerpo.
—Vamos, vamos, tenemos que ir adentro. —el chico me jala al interior de la casa.
La celebración sigue de lo más normal pero no hay señas del "festejado" me pregunto si estará en algún lugar de la casa pegado a una silla como Levi había dicho.
Mi madre ha creado una buena relación con la tía Dennis y otro de los tíos Ackerman por lo que no me preocupa dejarla sola cuando Farlan me invita a jugar con ellos un agradable juego de mesa.
—Eren. —Mikasa me ofrece una limonada después de perder mi turno por tercera vez. — ¿Te estás divirtiendo?
—Sí, el juego es entretenido, aunque... ¿Por qué no estamos con los demás? ¿Dónde está tu padre?
— ¿Quieres conocer a Kenney? —dice ella con un poco de sorpresa en su rostro.
—Mmmm si... ¿Por qué no?
Ella abre la boca y sus mejillas se tiñen de un tono rosa claro, después desvía la mirada.
—¡Hey! Rata de biblioteca deja de parlotear y págame. —Levi me lanza una de las cajitas de platico del juego atinándome a la cabeza.
—Oye... no era necesario eso.
Después de unos minutos, cuando Farlan es llamado por su abuela para ayudarle y Levi por la tía Dennis, Mikasa y yo nos quedamos solos, hablamos sobre los exámenes hasta que ya no tenemos frituras y bebidas, entonces yo me ofrezco a ir por más a la cocina. Me siento demasiado familiarizado con el lugar así que no me pierdo y doy rápidamente, abro la alacena y saco otra bolsa de frituras de queso para vaciarla en el tazón, luego sirvo más limonada.
—Así que tú eres el mocoso del que tanto hablan esos mocosos.
La voz me sorprende y hace que me sobresalte demasiado provocando que chorree un poco de limonada en la mesa, alzo la vista y me topo con quien, supongo, debe ser Kenney Ackerman, el padre de Levi, Mikasa y Farlan. Ahora sé dé donde sacaron esas facciones tan temibles los gemelos. El hombre frente a mí, es un poco más alto que yo, de cabello negro e intensos, profundos e intimidantes ojos grises, tiene un poco de barba y bigote obscuro, viste una camiseta negra y unos gruesos pantalones de mezclilla obscura, lleva un cigarrillo entre los labios y me mira de forma examinadora.
—No eres la gran cosa... un chiquillo sin chiste.
Podría ofenderme por eso, pero el tener a semejante persona tan intimidante hace que prefiera tragarme mis palabras. Pasa de largo ante mí y abre la alacena de donde saque las bolitas de queso, sin quitarme la mirada de encima toma otra bolsa de frituras y sirve refresco en un vaso de vidrio.
El hombre deja el vaso sobre el desayunador y se acerca hasta donde estoy, acorralándome entre la mesa y su propio cuerpo, trago saliva temiendo que posiblemente intente matarme ahora mismo. En serio aun amo mi vida.
—Pareces un curioso perro chihuahua.
Él estira un dedo para apuntarme, siento escalofríos, su mirada es realmente intensa.
"Piensa matarme" "Va a matarme" "Voy a morir aquí, en esta pulcra y blanca cocina"
Siento sus fríos ojos grises aplastarme, me siento pequeñito, insignificante, me intimida, mientras más se acerca, mientras menos espacio personal me deja (Los Ackerman tienen algo que les impide respetar el espacio ajeno), más miedo tengo yo, espero algún movimiento agresivo de su parte, no sé, algún golpe, un grito, alguna grosería, pero nada, solo me observa.
—Eren, ¿Necesi...?—Mikasa llega a la puerta de la cocina y al instante frunce el ceño.
—Kenney. — dice casi con veneno. La posición en la que estamos es un poco comprometedora.
—No es esa la forma de llamar a tu querido tío, princesa. — el señor Ackerman se separa de mí y se acerca a su hija.
—No soy "Princesa", ¿Y qué estás haciendo? Deberías estar con la tía Dennis.
—Vamos, cariño, no deberías ser tan cruel, hace poco que llegue.
—Bien por ti... vámonos Eren. —Mikasa me toma de la muñeca y me saca del lugar. —No creo que debas ser tan grosera con tu padre. — digo subiendo las escaleras tras ella. Pero Mikasa no contesta.
—No es nuestro padre y la tía Dennis me mando por unos CD, están en mi habitación. —cambia ella de tema. No insisto, después de todo son sus propios problemas familiares.
— ¿Qué discos? —digo yo entrando a su habitación.
—Están en aquel estante. — dice ella quedándose a un lado de la puerta.
Un escalofrió me recorre la espalda y demasiado tarde escucho el clic de la puerta cerrándose y después el segundo clic indicando que le ha puesto seguro.
— ¿Mikasa? ¿Estos discos? —finjo demencia y tomo un par de CD.
Ella se acerca con la mirada perdida mientras se afloja el cinto de su vestido, trago saliva, después desliza los tirantes por sus hombros haciendo que el vestido se suelte más. Trato de hacerme a un lado pero rápidamente me veo acorralado por ella.
— ¿Te ha dicho algo malo? —susurra ella.
—N-no. ¿Debería?
Me recorro lo más atrás que puedo hasta dar con el borde de su escritorio, rayos. Ella me toma por los hombros y besa mi cuello, siento escalofríos.
—Me gustas. Mucho. ¿Lo sabías?
Tiemblo ante su tacto.
—G-gracias, pero...
Sin dejarme terminar me derriba y termino medio tirado en su cama, mi cabeza golpea contra algo. Intento incorporarme y veo cómo se deshace del vestido quedando en ropa interior. Admito que es bonita, tiene un cuerpo lindo, esbelto y... mucho más formado que yo. Es decepcionante y deprimente. Pero por el momento no puedo verla de una forma sexual, no puedo por mucho que lo intente.
—Espera, Mikasa... no crees que...
Nuevamente no me deja terminar y me acorrala entre las colchas y su cuerpo, su rostro esta cerca del mío. Tiene facciones similares a las de Levi, un rostro pequeño y afilado, el mismo tono de ojos solo que en los suyos sobresale más el gris, cabello negro... la versión femenina de él... tal vez me convenga más ¿No? No tendría problemas... ¿Pero que estoy pensando? La situación me está alterando de más. Siento su respiración demasiado cerca, esparce ligeros besos a lo largo de mi cuello y mi cara.
—Me encantas. —ronronea.
—Mikasa... no está bien, por favor suéltame.
Me silencia besándome en los labios con demasiada urgencia. Trato de zafarme, aprieto los ojos y me retuerzo, pero... ella es muy fuerte, mucho más que yo. Y el hombre aquí soy yo. Soy patético.
El siguiente sonido no sé si es mi salvación o mi perdición. Ambos alzamos la mirada para ver la puerta derribada y a un Levi observándonos de manera tranquila y examinadora, lo que no es una muy buena señal.
—Largo. —gruñe Mikasa sin soltarme. Me pregunto por qué no se siente cohibida de que la vea su hermano en ropa interior.
Sin hablar, Levi entra y con movimientos rápidos, demasiado preciso me saca del agarre de Mikasa quien se queja por lo brusco. Solo hay un pensamiento en mi mente. Estoy muerto. Hay que tener en cuenta que casi mata a Jean por molestar a su hermana, a mí me va a hacer pudin por lo comprometedora escena en la que nos encontró, estoy muerto, muy muerto, es lo único que puedo pensar. Hoy no salgo vivo de esta casa.
Caminamos solo un poco hasta llegar a su propia habitación donde me empuja al interior de esta, tropiezo pero logro detenerme con el borde del escritorio, sin titubeos cierra la puerta, su aura es más amenazante de lo normal.
—D-déjame explicarte... no es lo que parece. —tengo miedo, se acerca a mí y me acorrala contra la pared. —No es... eso... yo... había CD y... ella. —cierro los ojos esperando el golpe. —Por favor no me hagas daño. —susurro.
—No quedó claro la última vez. ¿Verdad? —su voz es amenazante. Me hago pequeñito, diminuto, a la espera del golpe final. Solo espero que no me duela demasiado. —No quiero que nadie, a parte de mí, te toque. —susurra contra mi cuello. Una serie de descargas se expanden y siento escalofríos. —Nadie, puede tocarte...
Roza mi cuello con sus labios y yo respingo.
—Nadie.
Trato de alejarlo, empujarlo pero al instante en el que mis manos tocan su pecho él las arrebata y las coloca sobre mi cabeza en un agarre demasiado fuerte.
— ¿Qué haces? —susurro con temor.
—Enseñándote una lección.
Besa mi cuello, cada sección de él, absorbiendo la piel y mordiéndola, provocando descargas eléctricas que se desplazan por cada poro de la misma, me retuerzo, la sensación es demasiado nueva en mi cuerpo, no sé si es bueno o malo.
—D-detente... por favor.
—Esta vez no lo creo.
Mete una de sus piernas entre las mías y me derriba contra el suelo, respingo ante el golpe, rápidamente él se deshace del saco quedándose solo con la camiseta, al igual que Mikasa me acorrala entre el piso y su pesado cuerpo.
—Este tipo de pantalones te favorecen demasiado, debes usarlos más seguido. — ronronea contra mi oído.
Más descargas se desatan por cada célula existente. Me retuerzo incómodo. Vuelve su atención a mi cuello, esta vez incluso utiliza su lengua para recorrer cada parte, continúa mordiendo todo a su paso, lo sorprendente es que en lugar de sentir dolor, empiezo a sentir gusto, aprieto los labios para evitar transmitir eso, sería vergonzoso. Después besa mis labios, con demasiada urgencia, no son los besos de antes, suaves y delicados, son un poco más bruscos y salvajes, me impide respirar y por lo tanto salivo demasiado, introduce su lengua en mi cavidad, jadeo, emito sonidos en contra de mi voluntad, cuando el aire también le es insuficiente a él, se separa dejando un hilillo de la saliva producida entre los dos, abro los ojos de nuevo y los siento húmedos, siento el cambio de temperatura en mi cuerpo y cara, esta vez es general, jadeo en busca de aire.
No deja de mirarme, devorarme con sus ojos que tanto me fascinan, tienen un brillo diferente, un deseo que emiten y que me absorben de una forma totalmente nueva. Me siento tan a la deriva y desprotegido, pero no es incómodo o desesperante, todo lo contrario, es demasiado placentero.
Su mano hace a un lado el cabello que protege mi frente, besa cada lado de mi cara, borrando los besos de su hermana, marcando su propio camino y territorio, cierro de nuevo los ojos y lo dejo estar, no me muevo y empiezo a disfrutarlo, no me interesa, quiero que siga, que me bese y me susurre de nuevo esas palabras. Nadie puede tocarte.
Cuando vuelve a mis labios esta vez no me resisto y coopero, siento como lo toma desprevenido esa acción pero no se detiene, me besa aunque controlando más sus movimientos, acaricia la piel debajo de la tela de mi camiseta, jadeo de nuevo, respiro con rapidez, se siente bien, sus caricias me gustan, no deseo que pare y no lo hace, desabotona mi camiseta hasta que se queda a la vista la camiseta interior, sus labios se pasean por mi cuello, clavícula y poco a poco descienden, me cubro los labios evitando hacer algún sonido, me pellizca y muerde, me besa, me marca con su propia saliva. Es un mundo nuevo de emociones explosivas y eléctricas, un montón de cosas uniéndose y haciendo coalición dentro de ti. Estrellas explotando, fuegos artificiales provocando una serie de mil colores...
—Levi.
De nuevo no sé cómo sentirme al respecto. Esta vez creo que es incluso aun peor. Mucho peor. Levi alza el rostro y mira hacia la puerta con el ceño fruncido.
—Largo, estoy ocupado.
—Tu tía necesita ayuda allá abajo. —dice el padre de Levi con tranquilidad.
—Tengo cosas que hacer, lárgate.
—Obedece, no quieres que sea ella la que venga por ti, ¿O sí?
—Lárgate. —esta vez Levi se incorpora y se enfrenta a su padre, bufa y abandona la habitación.
¿QUÉ?
—Si necesitas ayuda usa el baño. —el señor Ackerman señala el baño con el pulgar y lentamente cierra la puerta hasta desaparecer.
Y yo solo me quedo en el suelo, procesando que es lo que acaba de ocurrir. Me siento, doblo mis rodillas y me aprieto la cabeza con las manos. Esto no puede estar pasándome a mí, como fui a caer así. ¿En que estaba pensando? ¿Qué es lo que pasaba por mi cabeza? Idiota, idiota, idiota.
Me incorporo y entro al baño, me lavo la cara con agua fría, esperando que las ideas se aclaren, me recargo en el lavabo y respiro profundamente, inhalo y exhalo, uno, dos, uno, dos, uno, dos.
¿Qué pasa conmigo? Me abotono de nuevo la camiseta con dedos temblorosos. ¿Qué pudo haber pasado? ¿En serio hubiéramos llegado tan lejos de no haber sido por su padre? Espero que no.
Mi rostro esta rojo. Entorno los ojos, mirando mi reflejo, en el cuello ya se están haciendo notar las nuevas marcas. Maldito. La última ya estaba por desaparecer. Lo bueno es que ya se acercan las temporadas de frío y poder usar bufanda.
Gracias por leer.
Parlev.
