Actividades extracurriculares. 3ra hora. H i j de Hilarante. (Levi)
He despertado, mínimo, diez veces a lo largo de toda la noche, debo admitir que es la primera vez que me alegra saber que son las cinco de la mañana en un sábado, lo que claramente significa que puedo comenzar mi día, es raro, por supuesto, no suelo levantarme tan temprano y mucho menos en fin de semana, lo más que he llegado a madrugar son las siete de la mañana y eso por culpa de "Cup Cake", el maldito chihuahua de Mikasa, esa cosa llena de pulgas tiene algo en mi contra y de todas mis sabanas, juro que algún día hare estofado o guiso al horno con él y obligare a todos para que lo coman. Odio los animales a excepción de los reptiles, que no sueltan pelo, y las aves, que hacen más por la ecología que los humanos y cualquier otra especie, además de que su canto es más relajante y alegra las mañanas. Incluso ahora que está empezando a amanecer se escuchan los pajaritos, parece como si discutieran entre ellos, aunque son pocos, ya muchos o la mayoría están buscando donde pasar la temporada invernal.
Tengo flojera, pero sé que no voy a volver a conciliar el sueño y estár en la cama es un poco chocante, no soy alguien hiperactivo pero tampoco soy un holgazán que no hace absolutamente nada diferente a respirar y ocupar espacio, por lo que, después de volver a ver el reloj, decido salir a correr un rato. Tiendo y cana y busco algo de ropa deportiva, un conjunto térmico muy bueno para estas fechas donde las mañanas son muy frescas. Mi celular no tiene mucha batería por lo que no vale la pena llevarlo conmigo para escuchar música, pero tengo un Ipod, que sirve para lo mismo. Una cháchara que hace mucho no ocupo. Quiero creer que aun sirve.
Antes de irme dejo una nota sobre la mesa de centro en la sala, por si Dennis despierta antes de que llegue. Aún no está muy iluminado, las farolas de luz amarillenta aún están en función pero con la luz alumbrando de forma muy tenue, el sol no va a tardar en salir pero la calle ya tiene mucho movimiento, los hombres que salen de los garajes con sus autos listos para ir a trabajar, mujeres que salen a regar sus plantas y a barrer los patios y otras personas que salen a ejercitarse o a simplemente dar una caminata mañanera.
Hace mucho tiempo amaba levantarme casi a estas mismas horas, apreciar el amanecer lento, el cambio de colores matutinos, de obscuros a claros, poco a poco hasta llegar a un pacífico azul traslucido para así mismo ir llenándose de rayones brillantes de color blanco como pinceladas muy mal hechas, de alguna forma me hacía sentirme vivo, porque incluso el aire es más fresco y puro, a lo largo del día se contamina y ese efecto desaparece. Mi parte favorita del día era esta, el bello amanecer, suena un poco cursi pero es un espectáculo lento y armonioso digno de ver y admirare aunque ahora cuesta una infinidad levantarse todos los días a las cinco y media de la mañana y observarlo. Admito que extraño esas épocas tan lejanas y olvidadas. Es melancólico pensar en el pasado, ver en lo que te has convertido, saber que has crecido, que no hay vuelta atrás y que posiblemente te arrepientes de no haber disfrutado más ese tiempo, esa inocencia, esa ternura, cuando las preocupaciones se limitaban a elegir una u otra figura de acción, las alegrías eran simples, el hecho de recibir una caja de cartón y usarla de mil maneras diferentes, saborear dulces hasta reventar sin ningún tipo de preocupación , aquellas épocas donde solo nos dedicábamos a soñar con el futuro.
Suelto una risa de fastidio, salir a correr demasiado temprano te hace pensar en cosas tristes o muy complejas, el futuro, el pasado, la gente, lo que has y no has hecho, lo inútil que eres… creo que nos dificultamos mucho la existencia, pensar en el mañana está bien pero creo que también hay que preocuparnos por salir vivos hoy, posiblemente pienses en las mil deudas que tienes que pagar mañana pero a algún genio se le ocurre pasarte su auto encima, entonces no habrá valido la pena esos pensamientos atormentantes.
—Joven Ackerman, buenos días, hace mucho que no lo veía durante las mañana. —me sobre salto al escuchar la voz tan cerca de mí. Me quito los auriculares y volteo.
—Buenos días, señor Norris, supongo que la escuela me consume demasiado tiempo. —trato de no sonar tan asustado por su repentina aparición.
—Pasas a la Universidad. ¿Cierto?
—Sí, eso planeo. —ambos soltamos una risa por mi pequeño chiste. —En Abril termina el ciclo escolar.
— ¿A qué carrera piensas aplicar?
—Ciencias políticas.
El hombre suspira con tristeza pero sonríe.
—Igual a tu madre. Es sorprendente cómo pasa el tiempo, aún recuerdo cuando tú y tu hermana eran unos chiquillos, Kushel los llevaba de un lado a otro para mantenerlos ocupados, creo que fue a ti a quien expulsaron del club de arte. Realmente eras muy inquieto.
Sonrió de solo recordar porque me corrieron de ese club, básicamente desquicie a la profesora.
El señor Norris fue profesor de mi madre durante la secundaria y la regularizo para su examen de ingreso a la preparatoria, también nos enseñó a nosotros, matemáticas, química, física, biología, lógica… entre otras materias. Es un amigo de la familia, por así decirlo, mi madre lo apreciaba mucho, un profesor muy estricto, pero buena persona, todos los días sale a correr con su Golden Retriever, Grekka.
—Ha pasado tanto tiempo… y ustedes siguen creciendo tan rápido. Kushel estaría orgullosa de ustedes, son buenos chicos. —vuelvo a sonreír, aunque esta vez sin muchas ganas.
Yo no pienso lo mismo. Como familia nos hemos separado mucho, cada quien está en su propio mundo ahora, por mucho que Dennis intente unirnos de nuevo, sus esfuerzos por volver a ser como antes, para mí, son en vano, no somos los mismos. Está mal, pero es la verdad. Yo solo me he dedicado a causar problemas estos dos últimos años, Mikasa siempre está molesta conmigo, el único salvable, quizá, es Farlan, aún es un niño, quiero creerlo, Kenney está fuera de casa todo el tiempo, tanto que ya hemos olvidado como es tener un "padre", para nosotros se ha vuelto un completo extraño. Dennis, a pesar de los años, solo es un integrante más de la familia, no nuestra madre. Somos un desastre, no sé si tengamos remedio.
—Sabes… a pesar del tiempo. —su semblante se vuelve serio. —Aun le tengo mucho rencor a tu padre, tal vez pienses que no me incumba pero conocí mucho a Kushel, como para considerarla una hija para mí, era una excelente chica, inteligente pero muy ingenua e inocente. Para mí… él fue quien la mato.
No lo discuto, ni pienso que es un intruso en nuestras vidas o que su rencor contra nuestro padre es incorrecto, sé que nos aprecia y que quiso mucho a mi madre y que odia con todo su ser a ese hombre.
Kushel Ackerman, era de familia adinerada y la amabilidad en persona, bonita, alegre, cariñosa y como madre muy estricta y recta. De cabello largo, negro y ojos azul claro, como Farlan. Tenía mil posibles caminos a un futuro brillante pero por desgracia eligió el camino del amor primerizo. Lo demás solo se reduce a un embarazo en el cuarto semestre de la carrera, un matrimonio apresurado, la destitución de la familia Ackerman y una vida de ama de casa normal. Después de cinco años la abuela murió y el dinero de la familia paso completamente a manos de Kenny, la abuela odiaba tanto a mamá por arruinar su futuro que la dejo sin nada. Nunca nos faltó nada, nuestro padre fue lo suficiente responsable, ahora tenemos lo que tenemos gracias al trabajo de ambos. Cuando mi madre se embarazo por segunda vez contrajo algún tipo de enfermedad rara que amenazaba con la vida de ambos, el bebé y ella, eligió correr el riesgo de seguir con el embarazo y cuatro años después ella murió. El resto… es historia. Un padre desaparecido y una nueva familia.
—Ella lo quería mucho y no creo que le haga muy feliz que piense eso. —digo en tono neutro.
Él solo se limita a suspirar.
—Sé que tienes razón, de los tres eres quien más se parece a ella, me la recuerdas todo el tiempo. Levi. —su voz se vuelve demasiado paternal y me siento pequeño.
—Gracias. — "Supongo"
Mi nombre y el de los otros dos fueron sacados de un libro, mi madre tenía unos gustos un poco peculiares, por no decir, extravagantes y extraños. Hay que ver que termino por casarse con un completo extraño que la enamoro con canciones mal escritas. Recuerdo que siempre discutían por cosas sin demasiada importancia, como la vez que ninguno se desidia en que color pintar la habitación de huéspedes. Ella decía que rosa y él que verde. A decir verdad… a nadie le importaba. Ahora esa habitación está pintada de café y se usa para guardar lo que nadie utiliza.
Continuamos corriendo, caminando y platicando de recuerdos, me cuenta anécdotas sobre mi madre en sus tiempos de colegiala. Al dar las diez de la mañana me invita a desayunar a su casa, no me niego, es un hombre un tanto interesante. Hablamos de todo, desde su vida como profesor, sus días contados para jubilarse, hasta mi propia vida como estudiante.
—Por cierto… ¿Tienes novia?
Un poco más de distracción y hubiera escupido el café, me atraganto un poco y sonrió. ¿Cuándo la plática giro a mi vida amorosa?
—No, no tengo.
— ¿En serio? Me sorprendes, aunque está bien, tienes que tener más prioridad por los estudios.
—Sí, los estudios son primero. —miento, aunque no tanto.
Si supiera que prácticamente estoy en una relación nada formal y en planes futuros de conquista.
Cuando tengo la magnífica idea de mirar la hora descubro que ya es más de medio día. Dennis va a matarme. Suspiro. Ni siquiera había sentido el paso del tiempo, estuve demasiado metido en la plática que me perdí. Después de un rato me despido.
—Ha sido muy agradable hablar contigo, espero volvamos a hacerlo. —dice el señor Norris.
—Pienso lo mismo, muchas gracias. Me he divertido.
Al final llego a casa muy tarde, un poco pasada de la una de la tarde.
— ¿Dónde estabas? —grita Dennis con el cabello lleno de espuma. — ¿Por qué no avisaste? ¿Crees que una hoja de doble uso con letras es suficiente?
— ¿Querías que usara cartón? ¿U hojas de colores?
—No me respondas, estaba preocupada, me levante a las seis y vi esto, son más de la una de la tarde, nadie sale a correr tanto tiempo. Pudo haberte pasado algo y yo no sabría tu paradero. —ahora está ansiosa.
—Solo fui a correr, en el camino me encontré al señor Norris y me invito a desayunar, por eso tarde tanto. Créeme nadie va a secuestrarme. —trato de sonar tranquilizador pero ese no es mi campo.
—Nadie va a secuestrarte, créeme, te regresarían a los dos minutos, pero pudieron asaltarte o… no sé… estaba preocupada. Ni siquiera te llevaste el celular.
—No tenía batería, iba a salir lo mismo. —explico. Después ella suspira.
—Está bien, sube a bañarte y baja para que almuerces. Mikasa y yo estamos lavando las cortinas de la casa. —claro, eso explica la espuma.
— ¿Tendremos visitas? —pregunto saliendo dirigiéndome a las escaleras.
—No es necesario que vengan visitas para lavar las cortinas, pero si, la abuela vendrá para pasar las fiestas decembrinas. Y… llamo Arthur, quiere que pasemos la navidad y año nuevo con ellos. Aunque… no lo sé, recuerda que la abuela no soporta a Gery y si va, solo estarán discutiendo. No voy a soportar otra reunión con ellas dos gritándose improperios.
Rio. Gery es la esposa de Arthur, y como es popular, suegra y cuñada no se pueden ver ni en pintura, se odian bastante.
Subo hasta mi habitación y me encuentro a Farlan echado sobre mi cama y jugando alegremente con mi celular, no se da cuenta de que he llegado porque lanza una gran carcajada.
— ¿Por qué no estás ayudando a Dennis y a Mikasa? —pregunto desvistiéndome. Vaya que sude.
—La tía Dennis me dijo que me quedara encerrado en algún lugar antes de que pudiera ensuciar sus relucientes pisos o romper algo. Ya sabes que no me deja hacer nada cuando están limpiando. ¿Ya supiste? Vendrá la abuela. Apuesto a que le encantara que Eren vuelva a visitarnos.
Pongo los ojos en blanco.
— ¿Qué se supone que haces?
—Nada. —dice rápidamente mientras teclea.
Entro en la ducha, no tardo más de unos minutos en volver a salir, pero en esos pocos minutos Farlan ha lanzado grandes carcajadas. Lo que me hace pensar que nada bueno hace con mi celular.
—No me da confianza cuando estás muy feliz con mis cosas. —murmuro volviéndome a vestir.
—No estoy haciendo nada malo, solo me divierto un rato. Hay tantas cosas que no sabía y que me dan mucho material para molestar a cierta persona.
Me acerco hasta mi cama y me dejo caer.
— ¿Con quién conversas? —sin dejarlo reaccionar le quito el aparato.
—No creo que te guste mucho ver esa conversación. —dice sin mucha preocupación. —Debo decir que es algo privado.
Deslizo los dedos por la pantalla, leyendo cada uno de los mensajes en Whatsapp, tanto enviados como recibidos. Una conversación "mía" con Eren. Cada vergonzosa palabra "escrita" por mí. Porque eso es lo que él piensa en este momento, que he hablado con él durante toda la mañana, cuando yo ni siquiera estaba en mi casa. Decidí dejarlo en paz durante un par de semanas, dejar que pensara y se tomara las cosas con calma, porque eso es lo que él quería, no planeaba presionarle. Después de todo, no es demasiado común que alguien de tu mismo sexo se te declare. Es confuso, aún lo es, por desgracia.
— ¿Por qué lo hiciste? —susurro.
— ¿Cómo ayuda? Ustedes dos solo me dan dolores de cabeza, solo apresure un poco las cosas.
—Posiblemente ahora me odie, lo sabes. ¿No?
—No te odia, solo hemos platicado de cosas triviales, preguntas y respuestas. Nada raro.
—Has escrito cosas vergonzosas en mi nombre, cosas que en la vida diría, ni por error.
Él se encoje de hombros.
—Ahora lo haces.
—Eres un pequeño dolor de trasero.
:::::::::::::::::::::::::::::::::::
El único pensamiento que paso por mi mente, es que tenía que arreglarlo, como diera lugar. No podía dejarlo así porque sí. Toco el timbre y espero. Son un poco más de las cinco de la tarde, después de regañar a Farlan por sus idioteces, Eren mando un mensaje de que se desconectaría porque iba a hacer otras cosas, Dennis me puso a ayudarles con la limpieza de la casa y solo al terminar fui libre para venir.
—Voy, espere. —escucho su voz un poco ajetreada.
Me cruzo de brazos y espero, hay alguien más adentro, una chica… esa risita la conozco. Me irrita. Mucho. ¿Qué hace aquí?
La puerta se abre y aparece la persona que no debería estar aquí, la chiquilla rubia del otro día, Christa, creo, lleva el cabello atado en una coleta alta y en ella están ensartados un montón de pinceles, la cara manchada de blanco, verde y rosa, al igual que su playera rosa chillón y en las manos lleva un tipo de esponja pequeña, se sorprende al verme.
—Hola…emmm
— ¿Esta Eren? Necesito hablar con él. — sueno demasiado mordaz.
—Está adentro… pero…
No espero más explicaciones, entro.
Trato de contener una carcajada al verle. Tiene la cara llena de algún tipo de plasta color verde, una cinta en el cabello color rosa, rodajas de pepino en los ojos, otra plasta blanca en los labios y viste una camiseta holgada color rosa chillón llena de manchas de pintura, sus manos descansan en algún tipo de artefacto para manicure e igualmente en los pies.
— ¿Christa? ¿Quién es?
—Emmm…
—No sabía que tuvieras tu propio spa en casa. —digo aun con la carcajada en la garganta.
Veo como traga saliva pero no se mueve, de hecho parece que se petrifica. La mocosa rubia se acerca a él y le pide que no se mueva, después me voltea a ver y su mirada azul manda un montón de odio y deseos de que desaparezca.
— ¿Va a tardar mucho su sesión embellecedora? —pregunto dejándome caer en uno de los sillones y declarando que no voy a moverme hasta que no pueda hablar con él.
—Unos minutos. —dice con molestia la niña.
— ¿Puedo saber qué haces aquí? —susurra temblorosamente Eren.
—Por una mascarilla de aguacate… de seguro.
—Son cremas especiales para el cutis. —interrumpe la chica.
Me aseguro de que vea como me interesa eso, al poner los ojos en blanco. ¿Por qué carajo se encuentra ella aquí? Debería estar en otro país.
—Solo son para un experimento. —explica el chico mascarilla. —Christa me pidió ayuda para ellos.
—Ahora eres un conejillo de indias, mira que pasar de rata de biblioteca a conejillo. ¿Cuál será tu siguiente evolución? —digo con sorna.
Me molesta la presencia de la mocosa rubia. Quiero que se vaya.
—Solo la ayudo, deja de molestar, por favor. O puedes volver cuando termine.
—Soy paciente, esperare.
Gracias por leer.
Parlev.
