Hora 13: Asesorías para el primer amor.

Si pudiera… huiría en este instante, tomaría el primer vuelo a otro país y no volvería hasta… nunca, nunca más volvería de nuevo. Por desgracia no tengo dinero ni pasaporte. Tengo una bicicleta pero no se usarla, soy un poco desastroso para esas cosas. De ser más valiente le pediría que se largara de mi casa. Es grosero, creo. Pero no, ahora estamos, los tres, en la incomodidad de mi sala, no puedo verlos gracias al tratamiento que Christa me puso en la cara pero puedo sentir que están matándose con la mirada, aquí no hay tensión palpable, aquí hay asesinato silencioso aplastante. Sé que se odian, Levi me lo demostró ese día que se conocieron, recordar lo que paso me da escalofríos.

Trato de aclarar mis pensamientos mientras me quedo quieto para no arruinar el experimento de Christa sobre mi cara, estoy nervioso, algo trata de salir de mi estómago y no sé si es por mi vientre o por mi garganta, solo espero que sea por mi vientre, la verdad. Escribí cosas muy vergonzosas por chat, muy horribles, es cobarde, lo sé, tener el valor detrás de la pantalla y no en frente de la persona para decirlo en su cara pero… puedo echarle la culpa al momento, estaba emocionado… ¿Tal vez? No lo sé, me deje llevar y mis dedos escribieron esas palabras, solos.

Solo… estaba mentalizándome para el lunes en la mañana, porque tenía que enfrentarme tarde o temprano a él. Esperaba que más tarde que temprano, no estoy listo…

—Bien, Eren es hora de enjuagarte para hidratarte después. —Christa me toma de las manos pero…

—Yo puedo ayudarle a caminar. —apenas siento los dedos de Christa sobre los míos pero rápidamente otros me aprietan las manos, alejándome de las manos de Christa. Son pequeñas y extrañamente suaves, me guían hasta el baño.

— Tengo que lavarle la cara, las piernas y los brazos…— se queja Christa.

— También puedo hacerlo yo, no hay problema. —Levi suena más amenazante que amable.

—Creo que yo puedo hacerlo solo. —digo con algo de firmeza titubeante.

—No, no puedes, así que cierra el pico y camina. —Levi me jala obligándome a caminar. —Anda, muévete.

Me debato internamente pero al final termino haciendo lo que él dice. Agacho la mirada, creo que posiblemente la crema se derretirá, estoy que ardo por culpa de la sangre que hierve en mi cara, de hecho siento demasiado calor en todo mi cuerpo, podría derretirme en este instante como queso. ¿Cuánto puede subir la temperatura en un cuerpo humano? Esa es una muy buena pregunta.

—Tu amiga no me agrada en lo absoluto. —dice después de haber llegado al baño de la planta baja.

—No todo el mundo tiene que agradarte. —susurro mientras tanteo en las paredes, si se preguntan el porqué carajos no puedo ver, muy fácil, tengo una crema extraña en los parpados y rodajas de pepino en cada ojo, no se quitan si no es agua tibia.

—Pero ella en especial no me agrada. ¿Por qué está aquí en primer lugar? Creí que te había dicho que ella no podía volver a tocarte y lo ha hecho. Obviamente. — declara con voz acusatoria.

—Soy libre de elegir a mis amistadas, no tienes ninguna obligación sobre mí, así que puedes volver a la sala y esperar.

—¿En serio? —susurra en mi oído.

Mi corazón parece un autos de carreras y un escalofrió me recorre cara poro de la piel.

—No… hagas eso de nuevo y si, es en serio, ahora fuera de mi baño, en este instante. —en serio quiero sonar firme pero la voz me falla de forma criminal, lo que es muy cruel por cierto.

—Yo no creo eso, deja de ser terco y déjame ayudarte.

Trago saliva y tiemblo cuando me toma de los brazos para ayudarme a sentar en un banquito que hay aquí. Soy débil, muy débil. Y me odio por eso.

Oigo la caída del agua sobre un traste, se llena poco a poco y después se corta la corriente, siento su presencia tan cerca que me corta la respiración. ¿Por qué me pone tan nervioso que este aquí? Siempre estamos juntos. Bueno, tal vez no siempre, pero hemos convivido bastante tiempo, hemos estado solos bastantes veces, no sé porque me altera su presencia ahora. Tal vez porque sé que si está demasiado cerca no poder controlarme y puedo caer de nuevo, es como una droga incontrolable de la que no hay cura.

Pone una esponja mojada en mi cara, limpiando la crema de mi rostro, siento su respiración en mi piel, yo contengo la mía, creo que bien podría explotar si no logro volver a llenar mis pulmones de oxígeno.

—Estás nervioso. —susurra.

—Tengo mis razones para estarlo. —contesto de la misma forma.

—No deberías. Me molesta.

Eso es peor. Pasa la esponja por mis labios y siento que ese algo dentro de mi vientre saldrá corriendo y que mi corazón sufrirá un paro repentino por tantos latidos acelerados de forma descontrolada.

—Por favor, no hagas eso. —mi voz apenas y es un murmullo en el aire.

—¿Hacer qué?

Entonces a propósito lo hace, acaricia cada línea de mi rostro con la esponja, dejando que el agua tibia me recorra los contornos, cayendo gota a gota sobre mi camiseta, me quita las rodajas de los ojos y dibuja la línea de mis párpados, limpiando los restos de la crema, absorbo aire en un vano intento de no quedarme vacío del todo, tiemblo, es como si estuviera padeciendo un terremoto a gran escala, un terremoto que no solo dura un par de minutos, yo lo siento eterno, azotando cada nervio existente en mi ser, aplastando cada emoción, explotando cada sentimiento.

Es tan… excitante.

Me besa.

Una y otra vez. Por todo mi rostro. Absorbiendo cada gota de agua en los poros de mi piel con sus labios. No soy consciente de ser un ser vivo que necesite el oxígeno para vivir, no sé qué es respirar, no sé qué es inhalar y que exhalar. El tiempo se detiene. Suspiro, dejo que me absorba a mí también.

—Tenemos que terminar de limpiarte. —susurra de nuevo provocando una vez más esos escalofríos que solo su voz puede provocar dentro de mí.

Si entre con la cara hirviendo, salgo con ella al rojo vivo. Antes de llegar a la sala Christa me da alcance y me obliga a tomar asiento de nuevo en el sofá. No decimos nada, ella solo se dedica a ponerme cremas para hidratar mi piel, Levi vuelve a tomar su lugar en el sofá, de vez en cuando intercambiamos miradas, es extraño, ahora siento una leve calidez en el pecho, cuando hasta hace un rato estaba que me moría de un paro cardiaco. Aprieto los labios y tengo tantas ganas de llorar.

Me siento… muy feliz. Como si estuviera en una nube demasiado suave y hermosa, deseo que este viaje no termine nunca, deseo estar siempre en esta nube rosa donde todo es amor y calor.

—Bien, mañana vendré a ver como amaneció tu piel. Si queda suave y tersa entonces tengo un diez en la materia. —sonríe con ternura.

—¿Y si no? ¿Qué pasa si se reseca como una pasa? —pregunta Levi con cara de pocos amigos.

—No lo hará, yo cree estas cremas. Y si… sucede un accidente. —susurra indecisa. — Te pagare el tratamiento de cutis más caro de Francia. Lo prometo.

— Confió en ti, Christa. —digo riéndome, no me agrada la idea de tener la cara reseca como una pasa.

Después de eso, ella se despide y aunque no está muy contenta de irse, lo hace. Debería morir de los nervios pero estoy extrañamente tranquilo.

Solo se una cosa… realmente estoy terriblemente enamorado de él.

—¿Quieres algo de comer? Lo último que comí fue helado. —digo en un buen intento de no dejar que se provoque un molesto e incómodo silencio tortuoso.

—Sí, porque no.

—No pensé que fueras a venir a mi casa tan rápido. Creía que nos veríamos hasta el lunes. —tomo una sartén y la miro con algo de indecisión.

—Yo igual. Pero no vengo a hablar de eso… o, bueno, si tiene que ver con eso pero no del todo. —bufa y se acerca al desayunador. —Supongo que sí quiero tener una bonita relación amorosa contigo primero debe estar la sinceridad ante todo. ¿No?

Frunzo el ceño y abro la botella de aceite, los dedos me quedan brillantes gracias a los residuos.

—Sí, supongo. Pero no entiendo que tiene que ver esto con nada. O todo.

—Los mensajes. Ese es el tema al que he venido a hablar. —veo por el reflejo de la cuchara que toma una manzana y la observa con falso interés.

—Ajá. ¿Qué tienen? —espero un rato a que el aceite se caliente y hago que las tortitas de carne se remojen en el aceite para que frían.

—¿Qué piensas de ellos? —su voz se vuelve monótona.

—¿Qué pienso? Nada en especial, un poco cursis, quizá. —una gotita de aceite me salta al dorso de la mano y gruño bajito. Maldito aceite.

—Cursis… sí, creo que esa palabra los definiría. ¿Yo te parezco cursi?

—¿Qué tipo de pregunta es esa? —me giro y lo apunto con la espátula con una media sonrisa.

Él se encoje de hombros.

—Una pregunta.

—Pues… no, no lo pareces. Cualquiera diría que eres un matón vende drogas por la cara que siempre traes. No es nada amistosa. Aun me cuesta entender porque todas las chicas de la prepa te clasifican como muy atractivo, tal vez es ese perfil que ha creado la literatura de hoy en día, no mata el ser realistas de vez en cuando. — volteo las tortitas.

—¿Vender drogas? Si lo hiciera ni siquiera estaríamos en este país. —pone los ojos en blanco y se deja caer sobre la silla, aun jugando con la manzana entre sus dedos. ¿Cómo le hace para lucir demasiado fresco con esa cara de "La vida vale cheetto"?

—Lo dices en manada.

—Te voy a decir algo y espero que no me corras de tu casa a patadas como suele ser tu costumbre.

Eso me molesta. Me volteo y esta vez lo amenazo con la espátula manchada de aceite hirviendo.

—No seas hablador, jamás te he corrido de mi casa a patadas. Pero un día de estos vas a conseguirlo, y no va a ser a patadas, será con un bate de baseball. —saco las primeras tortitas de la sartén y las pongo sobre un plato con una servilleta absorbente.

—No tienes un bate. —suspira con dramatismo. —Hoy… me desperté a las cinco y media de la mañana y salí a correr un rato, luego me encontré con un viejo conocido y pase toda la mañana con él, desayune en su casa, así termine llegando a mi casa casi a la una de la tarde, de hecho fue más tarde, Dennis me regaño por eso y mi abuela vendrá para navidad, lo que prácticamente significa desastre mundial.

Parpadeo un par de veces y volteo de nuevo a mirarlo.

—Hay una parte, diminuta, que no entendí. ¿Estuviste fuera de tu casa toda la mañana?

—Sip. —al final se decide y le da un gran mordisco a la manzana. —Y deje mi celular en mi cama porque estaba descargado. O casi descargado.

—Ok… —poco a poco las palabras se procesan en mi mente y doy en el blanco. — Tú… esos mensajes…

Él asiente como dándome impulsos a que siga juntando los cabos de todo eso.

—Es lo que piensas. Creo que eso es lo que piensas. —mira la manzana y vuelve a darle otro mordisco. —Apaga el fuego o comeremos tortitas carbonizadas.

Me muerdo el labio inferior y continúo cocinando, creo que hay ensalada en alguna parte del refrigerador, tal vez hoy tomemos agua natural o té de limón.

—Entonces… ¿Con quién se supone que estuve mensajeando? ¿Farlan? —suelto una risita como si fuera un chiste.

—Mira que listo eres. ¿Qué comes que adivinas? De hecho, con él. El muy gracioso se estuvo divirtiendo con mi celular toda la mañana hasta que te desconectaste. — me sorprende la rapidez con la que acaba con la manzana.

—Ya veo.

Acomodo las verduras en los platos y dejo que las papas se frían, luego lleno los vasos con agua y los pongo sobre la mesa. Después de procesar un poco la información y dejar que el silencio se adueñara del momento, me empiezo a reír, primero quedo y después con gracia. Porque caigo en la cuenta de lo muy ridículo y gracioso que se ha vuelto todo este asunto, lo es. Es tan malditamente ridículo que sería un buen programa barato de comedia.

—No le veo la gracia. —dice él mirándome fijamente.

—Qué pena. Yo sí, y no sabes cuanta. —suspiro como si me diera pena que él no comprendiera el mensaje, regreso a la cocina y termino de acomodar los platos con la comida.

—Explícame el chiste entonces.

Sonrió y aprieto los labios.

—Es algo muy simple. Ahora estoy saliendo con tu hermano. —casi tengo que aguantar de nuevo las ganas de reír.

—¿Qué? —frunce el ceño y me interrumpe el paso de vuelta al comedor. —No te entiendo. ¿A qué te refieres?

—Por favor, aléjate de mí. —Sobreactuó mi tono de voz, todo esto es demasiado chusco y gracioso, ver su cara de incomprensión es como un premio gordo. —Es incorrecto que te refieras así a mi cuando estoy saliendo con tu hermano. Debes ser más respetuoso. Soy una persona bastante fiel a su pareja.

—¿Qué?

Me giro para encararlo con la mejor cara de seriedad que tengo.

—Dices que hoy estuve platicando por Whatsapp con Farlan. ¿No?

—Así es.

—Pues entonces él fue el que me pidió que saliéramos y yo le dije que sí. Así que ahora soy novio de tu hermano menor. ¿Sabes? Jamás me llegue a imaginar eso. Es extraño pero… ya que. —me encojo de hombros para no darle nada de importancia al asunto, cuando a él lo consume todo esto.

—No… él lo dijo en mi nombre. —nuevamente me interrumpe el paso.

—¿Es tu mandadero o algo por el estilo?

—No, ni siquiera fue con mi consentimiento.

—Eso es peor, porque eso que me dijo fue con todos sus sentimiento, ¿Sabes lo romántico que es eso?

Sacudo la cabeza como si sintiera lastima por él. Esto es tan divertido.

—Pues estoy en contra de eso.

—Me toma por la cintura y me pega a su propio cuerpo.

Le está dando vuelta a las cartas y eso no me gusta.

—Porque yo fui el primero en fijarse en ti. Por lo tanto me perteneces a mí. — sus ojos dicen que han entendido mi pequeña broma y que no le ha gustado nada. También que me voy a arrepentir de eso.

—¿Quién te crees? Dime. No soy un objeto. Y si le perteneciera a alguien definitivamente no serias tú. —trato de soltarme pero su agarre es demasiado firme y los nervios me dicen que volverán de nuevo al ataque. Siento su sonrisa sobre mi mejilla.

—Te equivocas. No he estado siendo paciente todo este tiempo de a gratis. He aguantado cada una de tus excusas y dadas de tiempo. Creo que es hora de que cobre factura. ¿No te parece?

Eso definitivamente me da miedo. Demasiado que puedo empezar a temblar en cualquier instante. Jadeo cuando siento sus labios en mi cuello, no son cálidos ni mucho menos adorables y dadores de amor, son exigentes. Jadeo cuando succiona parte de mi piel. De nuevo me atacan los seres imaginarios dentro de mi estómago, esta vez recorren cada centímetro de mi organismo, mordiendo cada partecita que encuentran pero atinándole de lleno a los nervios, siento cosquillas en cada centímetro de piel que tengo. Me llevo una mano a la boca por reflejo de inercia, para evitar cualquier sonido involuntario salido de mi garganta, cierro los ojos y trato de no moverme, sus manos se cuelan por debajo de mi camiseta, hace que gire mi rostro, hace a un lado mis manos y atrapa mis labios entre los de él mismo, no hay caridad ni amabilidad en sus besos, lo que me preocupa y hace que todo lo malo dentro de mi salga a flote y pida más. Nuevamente… soy muy débil. Y me odio por ello todo el tiempo.

—Creo que… la mocosa rubia hace un excelente trabajo, tu piel está más suave que antes. —susurra sin separarse del todo de mí.

Me empuja y temo tropezar contra algún arreglo de mi madre, si se llega a romper al que van a reprender va a ser a mí, pero ningún objeto se interpone en mi camino de reversa, en lugar de eso, choco contra la pared, quedando aún más sin defensas contra él. Vuelve a su labor de besarme y dejarme sin oxígeno, siento su lengua dentro mío, jadeo y hago sonidos muy… poco normales en mí, es como si estuviera violando mi cavidad oral, siento mis ojos húmedos y mis mejillas ardientes, quiero pedirle que pare, porque aún tengo algo de sentido común y sé que esto es demasiado peligroso. En muchos niveles diferentes. Pero si no soy capaz de respirar mucho menos de hablar. Así que lo único que me queda es aferrarme a su camiseta y evitar que me suelte. Él me aprieta la cintura como si temiera que fuera a desaparecer pero sigue recorriendo sobre las líneas de mi torso como si no hubiera mañana, en cambio yo recorro su espalda por encima de la ropa hasta llegar a su cabello y poder enredar mis dedos en los mechones obscuros, son suaves de una manera normal.

—Ngh.

Siento mis piernas desfallecer, agradezco que su agarre sobre mi cuerpo sea firme porque quizá ya habría colapsado contra el piso frio y limpio de mi cocina.

—P-pa-ra… por… favor. —entre jadeos logro articular esa pequeña frase. Se separa de mis labios pero no de mí, comenzando su recorrido sobre mi cuello, aprieto los ojos y me tapo la boca de nuevo, absorbe todo mi ser. ¿Cómo es capaz de todo esto? ¿Cómo es posible que él haga que todo dentro de mí se derrumbe? Es la primera vez que mi corazón late tanto, que se altera tanto por este tipo de cosas tan pequeñas.

—¿En serio deseas que pare?

Besa mi clavícula y sube por mis mejillas. Sus manos han dejado de ser frías y tantean sobre mi pecho. Trato de volver a ser capaz de respirar pero no sé si puedo ser capaz.

—Eres cruel. — entreabro los ojos y lo miro con acusación.

Él por su parte sonríe triunfante. Esta vez vuelve a separarse completamente de mí y se encamina a la mesa.

—Tenemos que comer o esto va a enfriarse.

Cierro los ojos y vuelvo a ser capaz de inhalar y exhalar, mi corazón vuelve a latir a su ritmo normal y creo que vuelvo a ser él mismo de hace un rato.

La comida pasa sin contratiempos, extraños, de una manera rara y para nada normal, conversamos de diferentes cosas, entre ellas la incómoda conversación que realmente había sostenido con Farlan, creo que es un poco inmaduro por su parte haber hecho eso, aunque también es una buena broma. Me decepciona pero al mismo tiempo me tranquiliza saber eso, al menos descubrí cosas nuevas sobre Levi, ya que me aclara que si, en efecto él es alérgico a las flores y que siente un gran fanatismo por los muertos vivientes y las cosas sobrenaturales, así como odia los animales con pelo y que adora a los reptiles, más que nada a las serpientes. Me da escalofríos escuchar todo eso, ya que soy un gran adorador de los perros, los gatos y los conejos, odio a los zombies gracias a las horribles pesadillas que me provocan y también aborrezco a las serpientes por un trauma de la niñez. Nada gracioso y muy cruel. Pero… de alguna manera dicen que los polos opuestos se atraen y creo que esa ley puede aplicarse aquí sin ningún problema.

Al finalizar la comida ambos lavamos los trastes, por mucho que le insisto en que puedo hacerlo solo, él se aferra en ayudarme, pero más que lavar trastes terminamos jugando como niños pequeños y rompemos un plato y una taza.

Antes de las seis de la tarde ambos estamos mojados, llenos de jabón y yo con una ligera cortada en el dedo meñique gracias a los trastes rotos. Sé que mi madre me regañara por ellos y tendré que pagarlos, pero qué más da, me he divertido.

—Tengo que irme… he estado demasiado tiempo fuera de casa hoy y Dennis aún me tiene condicionado. —dice después de secarse.

—Supongo que sí, te lo mereces, niño problema. —sonrió de forma reconfortante.

Pero antes de dar un paso toma mi barbilla y me besa, un ligero y simple beso en los labios.

—Entonces… te veo hasta el lunes. ¿No?

Trago saliva y trato de que mi voz no se quiebre. Me encojo de hombros para quitarme el peso de mis nervios.

—No puedo faltar a clases y a las asesorías.

Nos sostenemos la mirada durante unos segundos y ambos sonreímos. Sin aviso o algún tipo de llamada anticipada, esta vez soy yo el que rodea su cuello y uno nuestros labios. Lo toma por sorpresa pero me corresponde tomándome por la cintura.

—Somos pareja ahora sí. ¿Cierto? —pregunta y yo pongo los ojos en blanco.

—Supongo que tendré que romperle el corazón a tu hermano por eso. —él bufa pero sonríe divertido.

Me sonríe, una cálida sonrisa y se me queda mirando un buen rato, parpadea lentamente y no deja de sonreír. Es… como si viera a la cosa más valiosa de todas, hace que me cohíba y termine de desviar la mirada a otro lado.

Al final niega lentamente, se despide una última vez y termina por abandonar mi casa.

No estoy a favor del romanticismo moderno dentro de la literatura, es algo realmente aborrecible para lo que realmente representa el verdadero romanticismo, pero esta vez, puedo darme el lujo de sonreír como si la vida no me diera para más, reírme y suspirar como nunca lo he hecho en mi vida.

¿Acaso alguien puede ser más feliz que yo ahora?

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El domingo, mi padre me lleva a pescar con él muy en la mañana, mi madre hace una gran comida de mariscos y moluscos e Isabel y mis tíos son invitados para disfrutarla con nosotros. Por alguna extraña razón Isabel adivina la causa aparente de no dejar de sonreír durante toda la tarde y me reprende por ello, no para de golpearme con una caja de cartón.

—Eres un pésimo hermano y primo. Malo y cruel. —dice y al principio no logro comprenderlo. Eso me asusta un poco.

—Isabel, cariño, ¿Qué es lo que sucede? —pregunta mi madre, quien por cierto tiene un tono muy grande de triunfo.

—Karla… tú lo sabías. ¿No? Por eso me hiciste perder todos mis ahorros. —grita Isabel con demasiada molestia.

—Claro que no, cariño, una apuesta es una apuesta. —mi madre sonríe y estira su mano.

— ¿De qué hablan ustedes dos? Me asustan.

Ambas me miran, Isabel con acusación y mi madre con una radiante sonrisa blanca y perfecta.

—Del momento en el que salieras del closet, hermano malvado. Según mis cálculos seria hasta después de la salida de vacaciones y Karla dijo que antes. Tú pequeño demonio lo hiciste antes. ¿No pudiste esperar? ¿Tanta prisa tenías? Tenía pensado comprar una consola nueva de videojuegos con lo que Karla me pagara.

—¿Mamá? —pregunto un tanto ofendido.

—Lo siento amor. —dice ella abrazándome. —Pero era demasiado obvio, soy tu madre y te conozco a la perfección, yo te di a luz después de todo, aun así gracias, ahora poder comprar un nuevo kit de cosméticos.

Dicho eso se rie e Isabel vuelve a golpearme, mi padre por su parte solo pone los ojos en blanco y sigue con lo suyo, casi diciendo que no entiende bien este asunto y que tampoco le importa.

La mañana del lunes, antes incluso de que entre a mis asesorías, Farlan y Hanji caen encima de mí, lanzando mil y un preguntas sobre mi relación con Levi. Al parecer todos estaban demasiado enterados de este asunto, mucho más que yo mismo. No sé qué tan malo o bueno pueda ser esto.

Gracias por leer.

Parlev.