Vacaciones de navidad 4: En la sala de estar.

Recomendación musical: "It's time" de Imagine Dragons

Con cuidado de no llegar a romper la tensión y ansiedad que me rodea, bajo de nuevo a la sala, trato de concentrarme en el especial de películas navideñas que pasan en el canal 7 pero aún estoy un poco noqueado, es como si me hubieran golpeado muy fuerte en el pecho, tan fuerte que por un largo rato mis sentidos no responden. Entonces llega ese momento determinado en el que rompo a llorar, las lágrimas simplemente llegan de repente y se deslizan por mi rostro, trato por todos los medios pararlas pero después, cuando ya no puedo con ellas, me dejo llevar y sucumbo ante el llanto, me hago un ovillo en el sillón, abrazo uno de los cojines y lloro por un buen rato. Me siento tan deprimido que podría acabar con más de tres botes de helado o hasta que mi cerebro no lo soporte.

Cuando las lágrimas se acaban, me quedo mirando ese punto infinito que se encuentra en cada rincón, pared, puerta, cualquier lugar. Quiero irme a dormir, hacer que el día termine, decirle adiós a todo esto, mi corazón se siente débil, aplastado y mi cuerpo se siente liviano pero es como si mis órganos internos fueran de metal, fríos y pesados. Me reprendo mentalmente. Después de actuar débilmente es tiempo de reponerme, trato de que esos momentos no duren más de lo normal porque pueden dejar secuelas y no deseo eso. Controlo mi respiración y trato de tranquilizarme, suspiro y empujo a un lado la carga pesada llamada tristeza y soledad.

No es fácil. No cuando mis padres tienen trabajo, Isabel está en su propia casa con sus padres y… bajo la mirada, abrazo el cojín con fuerza, pegándolo más a mi pecho y trato de hacerme pequeñito, diminuto e inexistente, trato de desaparecer. Supongo que lo que me ha dolido más fue que Levi me dejara solo en línea. Aprieto los labios y me repito que eso no debería afectarme, no siempre tiene que estar a mi disposición, eso lo tengo claro. Aunque no deja de doler.

Me levanto y voy a la cocina, saco un paquete de galletas de la alacena y caliento un poco de chocolate, me dejo caer en la silla del desayunador y ahogo las galletas en el líquido espumoso, luego sin comer más de un cuarto de la galleta recargo mi cabeza en la superficie fría y me concentro en el ruido de la televisión y en el desesperante tic-tac del reloj. Respiro hondo y saco el aire lentamente. Me termino el chocolate de golpe y guardo el resto de las galletas, apago el televisor y subo a mi habitación. Ahora, mi única opción, es jugar videojuegos, pongo uno de los más complicados en la consola, si tengo mi mente ocupada, todos este rollo de la depresión y soledad se esfumaran igual al humo.

Como todo se canceló a última hora, me doy un largo baño de agua tibia, me pongo un pijama abrigador y me cubro con una de las cobijas para bebés que mi madre aún guarda, abro un poco mi ventana y siento el frio aire del exterior, está nevando mucho este día, uno que otro copo se mete por la ventana y cae en mi cama. Sonrió sin mucho ánimo. Es un lindo espectáculo navideño.

Mis pantuflas son edición especial de "Perry, el ornitorrinco", la navidad pasada mi madre me las compro, cree cierta obsesión por el animal terrestre-acuático, es demasiado tierno en su forma de mascota, incluso tengo un peluche. El pijama es algo más sencillo, tela estampada con Winnie-Pooh, es cálida y algo adorable, a veces me cuestiono sobre mi propia inmadurez, siento que mi niño interno es bastante activo de repente.

Al llegar a la mitad de la ruta 3 veo el reloj, son casi las ocho de la noche, el tiempo pasa más rápido de esta forma, exhalo de forma escandalosa y me dejo caer hacia atrás, mi habitación está a obscuras, anochece más rápido estas épocas. Bostezo y bajo por un vaso de agua, me restriego los ojos y pienso en leer un poco antes de irme a dormir, es temprano pero ya estoy un poco agotado.

Me restriego los ojos de nuevo y el timbre suena de nuevo. Me quedo quieto, la adrenalina sale a borbotes, inundando mi sistema de forma veloz, respiro con tranquilidad y me pregunto quién podría ser a estas horas. No he escuchado el auto de mis padres aunque tal vez mamá se pudo escapar. Espero que así sea. Aunque una voz me dice que no es ella, así que puedo empezar a entrar en pánico, es Navidad, ¿Quién llegaría de improvisto con este clima? ¿Algún vago en busca de refugio?

Niego lentamente, no, no puedo pensar tan rápido, busco el bate de Baseball de mi padre dentro de su estudio, lo tomo y me acerco a la puerta cuando el segundo timbrazo suena, me encamino lentamente, como si no sospechara de nada. Rodeo el picaporte con los dedos y lo giro, la puerta hace un ruidito y hago una nota mental de avisarle a mi padre que esto necesita aceite.

Allí, en el umbral de la puerta, con una pose provocativa y una mirada de "Sorpresa" esta Levi. Acto seguido cierro la puerta de golpe. Doy media vuelta y regreso por donde vine.

El timbre vuelve a sonar, pero esta vez de forma repetitiva, bebo otro vaso con agua con tranquilidad y me doy mi tiempo, incluso limpio los restos del agua que se ha quedado en mis labios. Después vuelvo a abrir la puerta y Levi me ve con cara de pocos amigaos, mi mirada tampoco es de "Que bueno es volver a verte"

— ¿Qué haces aquí?—pregunto recargándome en el marco de la puerta.

— ¿Sabes? En las películas románticas, este es el momento en el que te lanzas a mis brazos y dices que me has echado de menos.

— ¿Sabes? A la actriz de ese papel le dan un libreto que debe seguir, a mí no, la próxima vez asegúrate de enviarlo antes de tu llegada para saber qué debo hacer. Además de que le pagan.

— ¿Me dejas entrar? Hace un frio de la fregada de este lado. —dice frunciendo el ceño.

Frunzo los labios y me hago un lado.

— ¿Con esa boca besas a tu madre? — digo cerrando la puerta.

— Con esa te beso a ti, así que cállate. No es la bienvenida que esperaba, debo admitirlo.

Saco una toalla de uno de los muebles del baño de la planta baja.

— Lo siento por carecer del gen romántico. — digo con sarcasmo. — ¿Qué haces aquí de todos modos? — le pongo la toalla en la cabeza, la nieve está bastante agresiva al parecer.

— Gracias, ¿Qué otra cosa? Vengo a hacerte compañía.

— Muy amable de tu parte, pero no era necesario.

— Bueno, ¿Qué te parece esto? Vine porque quise.

Me encojo de hombros.

— Es más creíble, ¿Te has escapado? — seco su cabello mientras él se recupera del viaje.

— No, Dennis sabe que estoy aquí, al igual que Kenny y toda la familia para ser sinceros. Que por cierto te mandan saludos.

— Que amables. Aunque… ¿Cómo es que has venido? Stohess está como a seis horas de aquí, más si es en autobús, aparte, es Navidad y el clima es malo.

Él alza un dedo y se voltea verme.

— ¿Sabías que hay vuelos especiales para los enamorado que se deciden a última hora? Yo no.

Pongo cara de pocos amigos y ruedo los ojos.

— Tome el vuelo de las cuatro y media en el aeropuerto de la capital, en la aerolínea Force, es más rápida, no había tanta nieve y obstrucciones meteorológicas como ahora, así que fue mucho mejor, luego tome un taxi hasta acá.

Suspiro y cuelgo la toalla húmeda en el respaldo de la silla, sonrió sin que él me vea.

— Aun así no debiste venir, deberías estar con tu familia. —trato de sonar un poco ofendido, aunque en realidad su compañía es lo que menos me molesta en este instante.

Me giro y él ya está detrás de mí.

— Por eso no te dije nada por teléfono, empezarías a decirme todo eso y tardaría mucho en hacerte entrar en razón. Matas el momento pasional. —dice con una mueca de disgusto.

Suspiro irritado.

— Y aun así nunca me haces caso.

— ¿Ves? Pierdes tu tiempo. —se encoje de hombros como si fuera realmente una molestia.

— Entonces haz lo que quieras.

Lo hago a un lado y me dirijo a la cocina.

— ¿Quieres algo de comer?

— Si, en el avión solo me dieron cacahuates y pasitas con chocolate.

Meto al horno un poco de la comida que mamá preparo en la mañana, pasta bañada en puré de tomate y chuletas de cerdo bañadas en salsa dulce. Él toma asiento en el desayunador y tambalea los dedos sobre las baldosas de cerámica. Aunque no me atreva a decirlo en voz alta me alegra que este aquí, me hace feliz, es una felicidad egoísta pero es mi felicidad, la sensación de vacío desaparece por completo.

Hablamos de cosas sin mucho sentido, me cuenta que uno de sus primos y Farlan lo empujaron a un lago semicongelado mientras iban de camino a un lugar para patinar, hace que ría varias veces, me reprende y finge ofenderse pero al final ambos terminamos riendo. Cuando termina de comer abre una pequeña maleta que traía consigo y saca una caja forrada en papel liso color verde con un moño azul, tenemos esa pequeña discusión donde yo digo que no era necesario, al final resulta ser un libro que llevo esperado por mucho tiempo, es de pasta dura, tiene un separador color rojo y no solo eso, esta autografiado por el autor. Al principio no sé qué hacer o decir, luego me niego a recibirlo, con solo verlo sé que le ha costado una fortuna, — La que consiguió prostituyendome con su abuela y otro poco más por un trabajo extra que le hizo a la abuela. — después me entran ganas de llorar, pero termino abrazándolo y besándole. Me prometo cuidarlo con mi vida de ser necesario. Me excuso por no preparar un regalo para él. He ahorrado para algo especial ya que se supone que no nos veríamos hasta después de año nuevo, ahora me ha tomado con la guardia baja.

Lavamos los trastes sucios y subimos a jugar videojuegos, ya es tarde son casi pasadas de las nueve. Casi después de media hora jugando, Levi me besa. Lo malo es que no es un beso igual a los de antes, es más apresurado, más necesitado y más agresivo, no digo que usualmente sea delicado conmigo pero se siente ese pequeño cambio. Aprieto los ojos, siento su peso haciéndome caer hacia el suelo y al final tengo que empujarlo.

— Espera, por favor, espera. — jadeo y trato de controlar mi respiración.

— Lo siento. — él también jadea.

Un escalofrió me recorre la espalda y lo miro con seriedad, niego con la cabeza.

— Yo…

— Lo siento, hay que seguir jugando.

Continuamos pero no es lo mismo, la esa sensación de que algo no está bien me susurra que debo aclarar ese asunto. Cuando ya no lo soporto, pauso el juego.

— Perdón, pero… no me siento preparado. — aprieto los labios. — No estoy seguro. — exhalo.

— No te preocupes, ha sido mi culpa, me precipite. — su tono es serio.

Asiento. Mi corazón late muy fuerte y de repente me siento sofocado, en tres ocasiones hago movimientos que matan a mi avatar en el juego, ahora me he puesto nervioso.

— Iré a ponerme el pijama.

— Está bien. — susurro.

Trato de recuperarme, pero mis pensamientos se han revuelto y hacen que me sienta inútil. Escucho el correr del agua y cuando se lava los dientes, cuando él sale yo hago lo mismo. Me miro al espejo, mi rostro esta rojo por lo que me lavo la cara para ver si así me controlo más, mis manos tiemblan. Abro la puerta lentamente, Levi sigue jugando, de vez en cuando frunce el ceño, me acerco y me dejo caer en el piso.

— Tú… ¿Ya lo has hecho? — pregunto. El juego se pausa y sus ojos ahora me observan un tanto sorprendidos por mi repentina pregunta, luego suspira.

— Si. — reanuda el juego casi al instante.

— Con chicas, supongo. —tanteo lo obvio.

— Así es, eres el primer chico con el que tengo una relación, más o menos formal.

— Ya veo. ¿Puedo preguntar… como fue tu primera vez?

Presiona los botones del control y maldice.

— No lo sé.

Frunzo el ceño confundido.

— ¿No lo sabes?

— No, fue en cuarto año, más o menos, a finales de ciclo, me invitaron a una fiesta unos tipos de sexto, Dennis no me dio permiso de ir a menos que Mikasa fuera pero ella no quería ir porque no le daban confianza y tenía que estudiar para un examen, así que me escape, solo recuerdo la mitad de la fiesta…después solo sé que desperté desnudo en una habitación color rojo. — chasquea la lengua y sigue presionando los botones.

Abro la boca sorprendido, casi parece salido de un libro para ayuda de jóvenes problema.

— Pudieron haberte violado y tú no lo recordarías.

— No creo que me violaran, por el desastre que había sé que lo disfrute mucho. No supe con quién lo hice, la chica no estaba cuando desperté.

— Te drogaron. —exclamo realmente sorprendido y alarmado.

— Tal vez.

Luego lanzo una risa de burla.

— Sí que eres una caja de sorpresas. Apuesto a que te metiste en muchos problemas por eso.

— Dennis me obligo a que me hiciera el examen del VIH, me dio dinero para pagar el laboratorio, uno público porque estaba tan enojada que quería que me diera vergüenza pedir un permiso para exámenes de VIH en medio de tanta gente. Fue caótico más bien.

Lanzo otra carcajada.

— Me hubiera gustado ver eso. ¿Y después?

— Nada, el examen salió bien, estoy sano si eso te preocupa, no contraje ningún tipo de infección.

— Debió haber sido suerte.

— Quizás, Dennis me castigo y desde entonces no acepto bebidas de origen desconocido y no voy a fiestas sin permiso. Como todo buen niño. Casi como tú.

Sigo riendo por unos cuantos segundos más.

— ¿Y has vuelto a hacerlo? — pregunto un poco más serio.

— Dos veces más, solo tengo dieciocho no es como si me acostara con cualquiera en cualquier momento, ambas fueron con mi anterior novia durante quinto año, corte con ella antes, poco antes, de que la expulsaran por meter alcohol al plantel, desde entonces estaba soltero. Paso… creo que en noviembre, casi principios de diciembre.

— ¿Usas drogas? —digo con precaución y él estalla en carcajadas.

— Eso solo lo hace la gente estúpida.

Suspiro, miro la pantalla donde el juego sigue su curso.

— No preguntare sobre tu intimidad, sé que eres un novato. —dice luego de varios minutos.

— Así es, no sé nada sobre relaciones sexuales más que lo teórico. Sé cómo es que se hace un bebé. —ahora es su turno de burlarse.

— Al menos has sentido un orgasmo. ¿No? Digo… de propia mano.

Niego lentamente con la cabeza.

— ¿En serio? — cuestiona sorprendido, arquea una ceja y me mira como si fuera el espécimen más raro de todos.

— ¿Nunca te has…?

— ¿Masturbado? — digo por él. — No, nunca lo he hecho, se me hace asqueroso.

Él pausa el juego y me mira aún más sorprendido.

— Es normal que lo hagamos, digo…

— Si te refieres a la acumulación de esperma, eso solo es un mito, no es cierto, el cuerpo sigue funcionando igual, lo haga o no lo haga. Mis padres son médicos, ellos me lo explicaron cuando se los pregunte… como a los diez años.

— Sí que eres raro. —la mueca que hace provoca que me ría.

Me encojo de hombros.

— ¿Por qué te da asco?

— No lo sé, se me hace sucio y repugnante. Es como si estuvieran tan necesitados de amor pero solo te tienes a ti.

— Eso acaba de herir el orgullo de muchos hombres. Incluyendo el mío. —vuelvo a reírme de manera estridente.

Sonrió.

— Es extraño que hablemos de esto. ¿No te parece?

— Un poco. — contesto encogiéndome de hombros. — ¿Crees que… bueno… sea difícil hacerlo entre chicos?

— Solo se la teoría. — dice imitando mi tono de voz cuando dije lo de la creación de los bebés.

Un nudo de nervios se acrecenté en mi vientre, agacho mi mirada y suspiro.

— ¿Crees que duela?

— Por lo que he leído, sí, al menos la primera vez, pero incluso a las mujeres les duele, es parte del proceso. Después, dependiendo con quien, solo se puede limitar a placer.

Dejo salir aire y tuerzo los labios. Nos quedamos en silencio por un buen rato, tratando de saber que más hacer. Entonces, aquí, es cuando me toca llevar la iniciativa. Apago la consola de videojuegos, acomodo el disco en su caja y los controles en su lugar, apago las luces, dejando que la luz exterior traspase la tela de mis cortinas, una luz suave color plata, me quedo un momento mirando el interruptor, pensando en que tan bien o mal esta lo que estoy a punto de hacer.

Mi corazón martillea contra mis costillas, nervioso y al mismo tiempo curioso y ansioso, mi estómago esta hecho un nudo, mis músculos se han puesto rígidos y me siento tenso. Siento la sangre hirviente navegando por mis venas, quemándome la piel. Siento sus dedos entrelazarse con los míos.

— ¿Seguro? —susurra mirándome fijamente.

Agacho mi cabeza y asiento lentamente. Acaricio el picaporte de mi puerta, lo empujo poco a poco hasta que esta nos encierra en la intimidad de mi habitación.

Gracias por leer.

Parlev.