Vacaciones de Navidad 5: Besos bajo la lluvia.
Recomendación musical: "4 O'CLOCK" de RM & V.
Apretamos nuestras manos, con cuidado caminamos a través de toda la habitación hasta llegar a mi cama, nos sentamos, uno al frente del otro, la luz plateada que entra por la ventana le da un toque demasiado pálido al rostro de Levi, no quiero saber cómo es que me veo yo con ese tipo de luz, el pensarlo hace que titubee.
— ¿Qué se supone que tenemos que hacer?— pregunto.
— Yo me haré cargo a partir de ahora. — él me sonríe y yo trato de imitarle pero me siento nervioso.
— ¿Se cuidadoso, por favor?
— ¿Me estas preguntando? — dice en una risita.
— No sé qué se supone que debo decir a partir de ahora. — me encojo de hombros y miro a un lado.
Sus dedos se pasean por los contornos de la piel de mi rostro. Contengo el aire y cierro los ojos, siento su pulgar pasar por mis párpados, se desliza por mis mejillas, la línea de mi nariz y acaricia mis labios, después siento sus propios labios sobre los míos, abriéndose paso poco a poco, con una delicadeza que casi da risa. Sonrió y él se detiene.
— ¿Qué pasa? — pregunta.
— Esto está mejor a lo que intentabas hacer hace rato. — contesto sin abrir los ojos.
— No hables. ¿Quieres?
Y no lo hago.
Nuevamente me besa, pasa sus manos por mi cuello y poco a poco hace que caiga sobre el colchón, por un momento me siento aprisionado, no me aplasta por completo, pero su presencia hace que por un instante me sienta incómodo, mis pulmones contienen todo el oxígeno que pueden, se separa de mí y me observa por un rato, sin decir absolutamente nada, tengo que desviar la mirada y aun así el calor me azota en la cara, él sonríe. Nuevamente cae sobre mí y besa mi cuello, deposita leves contactos contra mi piel hirviente, casi parecen caricias, el aire que contengo sale poco a poco, haciendo que tiemble y todo debajo de cada poro vibre, parpadeo lentamente y vuelvo a tomar aire, él regresa a mis labios sin dejar de acariciar mis mejillas. Sus manos están frías, me tenso al instante que tocan la piel debajo del pijama, apenas y se deslizan por mi vientre pero siento como si me tocara con la superficie de un hielo, aprieto los ojos y trato de no hacer ruido.
— Debo recordar cambiar tu guardarropa de pijamas, escoges algo demasiado infantil mientras hacemos esto, haces que me sienta mucho mayor que tú. Como si estuviera corrompiendo a un niño en vez de aun adulto. — susurra cerca de mi oído.
Su voz no es de reclamo solo es queda y pausada. Suelto una risita y abro los ojos.
— Winnie-Pooh te excita, admítelo.
Él cierra los ojos y frunce los labios.
— No digas esas cosas. Tú te dedicas a matar el momento. En serio.
Nos miramos a los ojos por un instante y sonrió, pasó mis dedos por sus mejillas, me sorprende que su piel este fría a pesar de estar sonrojado, tiene los ojos brillantes y los labios rojos a causa, me imagino, del frio. Me alegra ser yo quien le vea de esta manera, es como si por un instante fuera afortunado, me da permiso de sentirme un poco egoísta.
Toma mi pijama y la quita de en medio. No estoy muy consiente de cuanto puede o no afectar la vestimenta al hacer este tipo de cosas, no lo pregunto y tampoco me quejo al respecto, solo miro a otro lado y trato de mentalizarme en el hecho de que no debería darle demasiada importancia a mi propia desnudez, pero no puedo estar tranquilo, no cuando me observa de manera casi detallada, me besa de nuevo, no abandona ese toque delicado y tranquilo, como si quisiera llevar las cosas de forma pausada. Baja, pasando por mi cuello, mi clavícula y mi pecho, deposita suaves besos, cada pedacito de piel que toca se estremece y vibra, suspiro casi en silencio.
La luz plateada de la luna que entra, atravesando la tela de mis cortinas, hace que de repente todo se vuelva hermoso, siento sus labios en mi vientre, sus dedos acariciando mis caderas, la sangre pasa quemando cada vena por la que hace su recorrido, mi corazón late demasiado rápido, tan veloz que podría salir disparado en cualquier momento, sin pedir permiso o perdón; el pecho me duele y siento que quizás no puedo llegar a controlar el ritmo cardiaco que me asalta, mi barbilla tiembla.
Levi hace el recorrido de regreso, casi besando los mismos lugares con una sorprendente exactitud, llega a mis labios y esta vez hace que la delicadeza vaya quedando de lado, pone sus manos a un lado de mi cara, nuestras narices chocan, mis manos tiemblan pero al final puedo llegar a tocarlo igual, sostengo su rostro pegado al mío, absorbiendo cada parte de su esencia, haciendo que se mezcle con la mía propia. Sus rodillas chocan contra los costados de mi vientre, siento miles de hormigas recorrer mis piernas, hacen que pique y tenga algún tipo de tic nervioso en los músculos, trato de mantenerme quieto, no quiero llegar a ser torpe o hacer algún movimiento en falso o incorrecto, de alguna forma quiero que esto sea casi perfecto.
Sin soltar mi rostro besa mis mejillas. Posiblemente esta noche, mis costillas no queden intactas. Sin soportar mucho el hormigueo de mis piernas, doblo la rodilla derecha y la muevo a un lado, es un poco desesperante, siento como si necesitara salir a correr en este instante para solucionar este pequeño problema. Nuestros labios se encuentran una vez más pero su atención no está en eso, siento su mano deslizándose sobre el resorte de los pantalones de mi pijama, hace que pierda la concentración y respingue antes de tiempo ya que sus dedos fríos al contacto con la piel caliente debajo de la tela es algo desconcertante. Aun así sonríe, abro de nuevo los ojos y frunzo el ceño. Su peso cae entre mi vientre y mis caderas, quita con mucho cuidado los pantalones, casi acariciando mis piernas con la tela cálida, hace que sienta cosquillas y las hormigas que recorren debajo de mi piel se alteren, es como si me diera un ataque de nervios, como si en lugar de arterias tuviera todo un manojo de nervios muy delicados, que al simple contacto se alteran, exhalo y trato de aguantar hasta que la tela se despida de mi cuerpo por completo, la respiración se altera una vez más volviéndose irregular, mis pulmones reciben una muy injusta cantidad de oxígeno a comparación del que soy capaz de exhalar a cada segundo. Una vez fuera me atrevo a abrir los ojos, Levi también se despoja de la camiseta de su propio pijama, nuevamente la luz plateada hace que su piel luzca pálida, su mirada se clava en la mía, su rostro esta serio, ya no hay ese toque de burla o diversión, solo hay seriedad y tranquilidad dentro de su semblante, estira su brazo y dibuja líneas en mi rostro, me giro hacia donde está su mano, dándole a entender que puede proseguir. Coloca su cabeza en mi hombro, siento su nariz rozando mi cuello, sus dedos juguetean con mi cabello.
— Dime… ¿Por qué tú de entre toda la gente que hay en este mundo?
Entreabro los labios para contestar pero él me lo impide.
— ¿Por qué tú? Haces que dude de mí mismo, mueves mi mundo de una forma demasiado ridícula, me haces querer verte a cada segundo, no lo entiendo. —dice como si estuviera sufriendo.
Mi respirar titubea, mi corazón late a un ritmo diferente y un par de lágrimas se deslizan por mi rostro hasta caer en mi clavícula.
— No lo sé. — susurro débilmente, toco su espalda, como si tratara de regalarle un abrazo tímido.
Se adueña de mis labios, pasa su lengua por cada rincón de mi cavidad bucal, no suelta los mechones de mi cabello, descansa su frente contra la mía, su respirar me golpea el rostro. Una de sus manos acaricia mi muslo izquierdo, trago saliva y muerdo el interior de mi mejilla, no sabía que tan delicado puede ser esa parte de mi cuerpo, me tenso, el cosquilleo en mis piernas aumenta pero esta vez empieza a caminar, pasando por mi cadera, recorriendo mi vientre hasta llegar a mi garganta, tengo que cerrar los ojos con mucha fuerza y apretar los labios para no hacer ruidos innecesarios, siento que si digo o dejo salir cualquier sonido quebrantare el bello momento.
El tiempo se detiene, se hace eterno, se congela en este instante, haciendo que de repente todos los problemas que pudiera tener se pierdan en la línea de la vida, hace que me sienta liviano, que pueda llegar a ser tan ligero como una pluma.
Sus labios tocan el mismo lugar que han tocado sus dedos antes, el tacto hace que mi corazón de un vuelco violento contra mis costillas, haciendo que parezca que van a romperse, dejo salir un largo suspiro, cierro mis dedos alrededor de las sábanas que están debajo de mí. Mi mente se vuelve un revoltijo de ideas y pensamientos, es como un torbellino de palabras y sonidos, de escenarios y visiones, de todo, se revuelven y me dejan confundido, mis hombros chocan contra mi barbilla, sus dedos entran intrusos por debajo de mi ropa interior, tocando todo a su paso, el calor recorre todo mi ser, desde la punta de mis dedos hasta mi cabeza, sube y baja, es demasiado vergonzoso. Me tapo la boca con una de mis manos y muerdo mi lengua. Con cuidado hace que abra mis piernas, al principio quiero negarme, ya de por si todo esto está enloqueciéndome y solo han sido caricias y besos delicados, ni siquiera hemos hecho gran cosa.
El elástico de los bóxer deja de apretar la piel de mis caderas y de repente desaparece, no es tan mortificante como el toque de la tela del pijama, de hecho pierdo la noción de cuándo es que han desaparecido de mi cuerpo, cuando soy consciente de que estoy desnudo por completo mi primer instinto es cubrirme, hacerme invisible ante sus ojos, la vergüenza inunda mi mente por un momento. Él, por supuesto, lo impide, me toma de la barbilla y me besa, es más rápido, luego susurra.
— Esta es la parte dolorosa de hacerlo entre chicos.
Exhalo de nuevo, como si eso provocara que el dolor me abandonara para hacerme inmune ante él, pero sé que solo es un pequeño juego privado. Asiento lentamente y dejo descansar mi mejilla contra la suavidad de una de mis almohadas, cierro los ojos, esta vez no aprieto los párpados, regulo mi respiración y trato de poner mi mente en blanco, aunque en estos momentos es casi como un milagro que logre todo eso.
Separa mis piernas, solo lo suficiente, sin llegar a sobrepasar mi propia elasticidad, escucho el rasgar de un pequeño paquete y no puedo evitar sonreír, me gustaría reclamar al respecto, ha venido con ese simple propósito; acaricia el pequeño y diminuto orificio con la yema de su dedo, me estremezco al sentir una sustancia fría, me pide que me calme y deposita un beso en mi frente y luego en los labios, con la promesa de que todo irá bien, trato de alejar los pensamientos que empiezan a atormentarme en este instante, como en lo sucio que puede llegar a ser esa parte de mi cuerpo, siento como entra con cuidado, me tenso y respigo, todo mi cuerpo actúa al sentir a un intruso entrando, mis hombros se encojen y la respiración que trato de controlar se descontrola al igual que mi ritmo cardiaco, se detiene por un instante, para ver que tanto me ha dolido, pero solo sé que se siente extraño, es algo que no pertenece en ese lugar.
Una vez dentro su dedo al completo empieza a moverse, es un poco doloroso, aunque no tanto, tal vez la palabra correcta sería impertinente, pero una vez que mi cuerpo y mi propia consciencia se acostumbran la sensación pasa a ser un poco más soportable y de allí un tanto más sensible. Las plantas de mis pies se arquean junto con mis dedos, apretando la tela de las sábanas, mis piernas tiemblan, admito que no sabía lo sensible que es ese lugar, arde un poco y se siente increíblemente extraño, es algo que no debería ir allí pero también se siente… bien, no sabría definir ese bien, en forma de placer o en forma de gusto.
— Ah. — aprieto los dientes en cuanto la sensación de extrañeza desaparece y empieza a sentirse realmente bien.
A pesar de no tener los ojos abiertos, siento la mirada de Levi sobre mí, atento a mis reacciones, me recuerdo a mí mismo que debo mantener la calma. Entonces un segundo dedo se hace presente, haciéndole compañía al primero.
—Ahh. — me quejo demasiado bajito y respiro con demasiada rapidez. — Para.
Él obedece, aunque no saca los dedos de mi entrada, se queda quieto mientras trato de controlar las reacciones de mi cuerpo, la molestia regresa, vuelve a ser algo que no pertenece allí, un poco de dolor y ardor. Sin esperar a que termine del todo, acaricia las paredes del lugar, solo siento las yemas de sus dedos, como si se movieran con cuidado y midiendo cada acción, poco a poco se abren entre ellos, expandiendo la zona, tratando de que se dilate con más rapidez. Todo mi cuerpo sube de temperatura a una increíble rapidez. El tercero llega antes incluso de que mi cuerpo se haya acostumbrado a los dos anteriores, el cuerpo de Levi se tensa encima de mí, siento sus labios tocando mis hombros, enviando escalofríos y señales de que debo relajarme. Trato de hacerlo, pero es un poco complicado si tomamos en cuenta que tengo mil pensamientos en la mente y ninguno está en orden, mi cerebro envía mil señales y ninguna sabe muy bien adonde ir.
Jadeo en cuanto siento como abandonan mi cuerpo, ahora es como si me sintiera incluso más desnudo de lo que ha estoy, todo mi yo tiembla, siento que mi estómago es apretado en un nudo latente.
— ¿Estás bien? —pregunta pegando los labios a la piel de mi hombro izquierdo.
Siento que no tengo las fuerzas suficientes para responderle, así que me limito a solo asentir lentamente.
Besa mi frente y luego mi nariz, abro los ojos con cuidado, me hundo en la luz gris de los suyos, recuerdo la primera vez que los vi tan cerca, aquel lejano día de nuestros primeros encuentros, aquel color tan extraño, un gris no tan deprimente, decorado con suavidad de un azul naval muy bello, tal vez desde ese entonces yo había empezado a enamorarme de él. ¿Quién iba a pensarlo?
Le sonrió y alzo mi cabeza para besarlo, solo llego a tocar sus labios, rodeo su cuello, toco su espalda. Unos diminutos copos de nieve entran a mi habitación por la pequeña abertura de la ventana que deje abierta en la tarde, los observo mientras caen danzarinamente sobre la colcha. Absorbo aire y cierro los ojos, no suelto su cuello, me aferro a él como si mi vida dependiera de ello. Que bien puede ser así.
— P-puedes… hacerlo. — susurro tan bajito que creo que no me ha oído.
— ¿Seguro? —pregunta sin dejar
Asiento de nuevo. Hace que me separe de él, me recuesto de nuevo sobre las sábanas, desliza sus dedos sobre mis caderas, trazando formas que desconozco, besa de nuevo mi nariz y se acomoda entre mis piernas. Me tenso en cuanto lo siento entrar, es mucho más diferente la sensación a comparación de sus dedos, no puedo contener un pequeño grito de sorpresa, empuja más contra mí y entonces grito.
— Lo… siento…
— D-duele…— me quejo.
Grito de nuevo cuando intenta moverse. Un par de lágrimas se deslizan por mi rostro, es una sensación de lo más incómoda y dolorosa, como si fuera a quebrarme en dos o por dentro, muevo mis piernas, mi cuerpo reacciona por si solo ya que desea hacer que el dolor desaparezca antes de que pueda seguir haciéndome más daño.
— Duele, no te muevas. — pido.
— Espera… nece… no aprietes tanto, también me duele. Voy a salir, solo espera… — abro los ojos, su rostro esta sonrojado y perlado. — Siento hacerte daño.
Corro el riesgo de llorar, acumulo toda la fuerza que me queda y me alzo para abrazarlo, recargo mi cabeza sobre su hombro y trato de que las lágrimas no me traiciones.
— Mientras sea este tipo de daño no importa. — susurro.
— Eren…
Jadeo y las lágrimas siguen su curso hasta llegar a mojar la espalda de Levi.
Creo que… mientras no llegue a romper mi corazón, este tipo de dolor no importa en lo más mínimo, mañana podré recuperarme.
De nuevo me obliga a separarme de él, me quejo y trato de no hacer tan notorio el dolor que siento en este momento, abro más las piernas como si eso evitara que me haga más daño. Sus manos se ponen a mis lados, me besa tratando de distraerme y empieza a moverse, es cuidadoso y trata de no ser tan agresivo, más lágrimas salen de mis ojos y descansan sobre la sábana, sus dedos buscan los míos y se entrelazan, ligeramente me aprieta la mano, indicándome que puedo sostenerme de él mientras el dolor pasa.
El ardor se empieza a convertir en algo menos doloroso, conforme pasan los segundos, mi cuerpo se adapta a sus movimientos y en menos tiempo pasa a ser algo parecido al placer, hay gritos e incluso gemidos que jamás creí que podrían llegar a salir de mis labios, es algo tan vergonzoso que pienso que podría morir en esa situación. En diferentes ocasiones Levi llega a susurrar mi nombre, una y otra vez, en otras yo hago lo mismo.
En un momento dado hay un leve segundo en donde toca un manojo de nervios en lo más profundo de mí, me toma por sorpresa y jadeo más de lo necesario, es como una explosión de sensaciones distintas que recorren por encima de la piel, no sé qué ha hecho pero se ha sentido bien, incluso algo más que eso.
Siento las piernas un poco tensas, también algo pesadas, no puedo moverlas, pero no es algo que me preocupe, de repente mi mente se queda en blanco, solo soy capaz de sentir, a veces dolor, a veces molestia o irritabilidad, pero otras también soy capaz de sentir algo parecido al placer, me hace sudar y sentirme cansado.
Lo escucho gruñir en diferentes ocasiones aunque no presto mucha atención, no siento como es que esta mi alrededor, me pierdo en un punto profundo de mi mente, lo único vivo de mi es la parte baja de mi cuerpo, la tensión que se forma y que parece que quiere ser liberada lo más rápido posible, se mueve un poco más rápido y eso vuelve a traer la sensación de molestia le susurro que vaya un poco más despacio, aunque no sé si soy escuchado, la tensión se acumula en mis caderas y me siento mareado.
Siento sus dedos rodear mi miembro y acariciar lentamente, eso despierta otro tipo de sensaciones diferentes, no reacciono por mi propia cuenta, es como si vaciaran mi mente de todo, mis músculos se contraen y tengo una pequeña necesidad de que vaya un poco más rápido.
La sangre hirviente pasa por mi torrente de forma demasiado rápido que me sorprende, hace que mi corazón se altere, se siente igual a miles de estrellas explotando y navegando por mi cuerpo, como chispas iguales a las de los fuegos artificiales, suben al cielo y estallan expandiendo sus colores iluminándolo todo. Es como si de repente me dejaran libre ¿Así que eso es un orgasmo? Sonrió un poco ido por el pensamiento.
Siento la respiración agitada de Levi sobre mi pecho, me tomo la libertad de enterrar mis dedos en su cabello, mis ojos se van cerrando poco a poco.
— Te amo. — dice en un susurro sobre mi piel.
Aún tengo las fuerzas suficientes para que mi corazón de un último latido violento contra mi débil pecho.
— No digas cosas como esas. — susurro.
Por la abertura de mi ventana se cuelan unos copos de nieve, blancos y hermosos, vuelan por la habitación y caen sobre las cobijas, después desaparecen, derritiéndose. Poco a poco la somnolencia me arrastra hasta el mundo de los sueños. ¿Quién iba a decir que… la felicidad es momentánea, igual a esos copos de nieve?
Gracias por leer.
Parlev.
