Hora 15: Regreso a la realidad.
Recomendación musical: "Falling fast" de Avril Lavigne.
El sol ilumina el cielo de un suave tono amarillo, por desgracia no calienta lo suficiente para que me quite la bufanda o los guantes. El tren llega de forma veloz, provocando una ventisca fría que hace que las mejillas me ardan, no es mi tren, por supuesto, no hay mucha gente ahora, por lo que tampoco hay mucho movimiento a estas horas, es de mañana y aun son vacaciones. El reloj de la estación marca las nueve y veinte.
En mis oídos retumba "Walk" de Oldcodex, tarareo en mi mente y muevo los labios con forme avanza la canción, tambaleo mi pie izquierdo contra el suelo y miro los zapatos de la persona que se ha detenido a mi lado para esperar el tren que nos lleve a nuestros respectivos destinos. El reloj marca nueve y veintidós y el tren anuncia su llegada a la estación, la ventisca característica me revuelve el cabello gracias a la velocidad con la que corre, así mismo puedo ver mi reflejo en los vidrios de las ventanas y las puertas del tren, es como una película rápida, hace que me sienta en ese tipo de películas policíacas o de terror donde del otro lado del tren, gracias a las ventanas, se puede ver al villano de la historia.
El tren se detiene y un segundo después abre sus puertas dejándonos entrar. Casi no hay gente por lo que hay muchos asientos disponibles, como solo voy a tres estaciones de aquí, prefiero ir de pie. El pitido suena de nuevo y las puertas se cierran, el tren se mueve y avanzamos hasta la siguiente. Pasamos por un tunel, la oscuridad del exterior y la iluminación del interior hacen que pueda ser capaz de ver mi reflejo en los vidrios manchados de las puertas. Llevo una gruesa bufanda color rojo con cuadros grises, un saco corto color gris oscuro con grandes botones negros con líneas doradas, unos pantalones de mezclilla desgastados, unos botines de piel color negro y unos guantes que desafinan con el resto de mi vestimenta, son color aqua y tienen estampado la cara de "Perry" en el dorso. No tengo una gran variedad de guantes, para ser sinceros no tengo más que este par y uno que Isabel me dio hace un tiempo, son rayados de color negro y amarillo, iguales a una abeja. Mi madre me ofrecía los suyos color magenta pero creo que sería aún peor. Llevo colgada una mochila de piel café, es como un tipo maletín, de esos que aparecen en las primeras películas de "Harry Potter". Solo que un poco más moderno.
En poco tiempo llego a mi estación, "Libertad", salgo rápidamente pero alguien me llama.
— Disculpe, joven.
Volteo y veo a una mujer de cabello canoso atado en una trenza, pronto ella me da alcance.
— Se le ha caído esto.
— Ehh, gracias.
Tomo el objeto, el pitido anuncia que volverán a cerrar las puertas y la mujer se apresura a volver. El tren acelera, la velocidad a la que va hace que me revuelva el cabello y me deja ver mi reflejo en los vidrios sucios de sus ventanas y puertas.
El objeto que he tirado por accidente es un separador, está hecho de un papel grueso, de ese que casi es imposible de romper o doblar, en un extremo tiene una perforación donde pasa un montón de listones de colores pastel, es un separador hecho en casa, con bonitos dibujos caricaturescos hechos a mano, está lleno de diminutos corazones de colores y estrellas. En medio, con una muy bonita letra cursiva, se recita:
"El amor es casi tan problemático como las matemáticas, te da dolores de cabeza y te complica la existencia. Hace que te sientas desesperado a la mínima complicación, muchas veces quieres olvidarlo o dejarlo para después pero… también es la solución para la vida porque sin el amor uno no sabría cómo resolver sus tristezas y la soledad" — P.T.
No es un separador muy alucinante o extravagante, se podría decir que incluso odio este separador y no por lo que diga o por su diseño. Lo odio porque fue el regalo de una persona un tanto problemática, ya no siento nada por esa persona, odio o rencor, pero ver el separador me hace recordar lo hermosamente cínica que fue al dármelo aquel lejano catorce de febrero. El primer San Valentín que pase en la preparatoria. En esas fechas yo aún odiaba con toda el alma ese plantel.
Giro por entre mis dedos el separador y termino por meterlo de nuevo a la mochila. Aun lo conservo porque es algo que simplemente no se puede echar a la basura y también porque me quiero demostrar a mí mismo que soy lo suficientemente maduro como para hacer esa infantileria, aunque no es como si no lo hubiera intentado.
Subo las escaleras a trote ligero, haciendo que la mochila me golpee las caderas, al llegar hasta los torniquetes, hago una mueca, a pesar de que ya paso más de una semana y media aún tengo ligeros dolores en la espalda baja, claro, esto no se compara en nada al dolor real que sufrí. Solo estoy sintiendo leves molestias cuando llego a sobresforzarme de más.
Admito que no pensaba lo mucho que me dolerían las caderas después de mi primera vez, fue demasiado incómodo y doloroso, parecía Bambi después de haber nacido, no podía mantenerme de pie por mucho tiempo, lo que más me preocupaba en ese instante fue la llegada de mis padres esa mañana, estuve demasiado nervioso porque mi madre nos viera en esa situación, mi padre en realidad no me preocupaba ni un poco, al fin y al cabo él fue el de la explicación sobre cómo es que dos hombres lo hacen, solo de recordar eso me dan escalofríos, pero mi madre sabía que iba a quererme muerto por eso. Lo peor fue que ella abrió la puerta de mi habitación cuando Levi trataba de ayudarme a ponerme los pantalones, hay que recordar que no podía moverme con la libertad que quería, así que ella lo mal interpreto… pero eso no se quedó allí, el vuelo de regreso a Stohess se canceló debido a problemas meteorológicos y su casa estaba cerrada con llave, el muy inteligente no trajo llaves de su propia casa porque solo tenía pensado venir y volver, así que el momento embarazoso se tuvo que alargar durante veinticuatro horas más. Por supuesto, él paso esa noche en la habitación de Isabel y yo en la mía, bajo llave por si acaso, ni siquiera pude ir por un vaso de agua a mitad de la noche porque mi madre nos encerró. No me regaño ni nada por el estilo, simplemente dejo de hablarme. Cuando supe el porque tuve que cuestionarme quien debería estar ofendido con quien. Al igual que la vez que Isabel y ella apostaron el momento en el que Levi y yo formalizaríamos nuestra relación, ellas dos volvieron a apostar mi virginidad. No es muy complicado saber que fue Isabel la que gano esta vez, apostándola a las fechas importantes de Navidad y Año Nuevo, tal vez Epifanía, mientras que mi madre esperaba que fuera hasta mucho después de terminar la preparatoria y de iniciar la Universidad.
Salgo de la estación y voy a la primera calle que hay a la derecha, después hago un par de desviaciones antes de llegar a mi destino. Una tienda de artículos de dibujo.
Isabel me llamo ayer y me pidió de favor que le comprara los materiales que va a usar este nuevo semestre, por supuesto que le dije que lo haría. La tienda es una de las más grandes y mayoristas que hay en la ciudad; las puertas de un cristal impecable se abren, todo está decorado al estilo navideño, hay guirlandas y series coloridas por todos lados, al igual que las pancartas de ofertas y rebajas. Saco la hoja de mi bolsillo trasero y veo la lista de útiles.
Primero voy al pasillo se acuarelas y pinceles. También vengo por algunas cosas para mi propio uso personal, no es que yo sea un dibujante nato, pero sé que si algo me llama la atención voy a comprarlo y que mejor forma de gastar el dinero ganado en un trabajo de promotor en tiendas departamentales que en cosas de dibujo que tardare en volver a usar después de que los abra. Si, esa es una de las razones por las cuales mi madre prefiere que le de mi dinero para que ella misma me compre las cosas que me hacen falta. Como ropa, por ejemplo.
Veo la marca de pinceles que Isabel suele comprar y me estiro para tomarlos, cuando alguien choca contra mí.
— Lo siento, lo siento. — la voz la reconozco y no necesito mirarlo para saber quién es.
El desayuno se revuelve en mis entrañas.
— No hay problema, Armin.
— Oh, Eren, pero que sorpresa encontrarte de este lado. Hace un buen rato que deje de verte.
El chico me sonríe de forma amistosamente hipócrita, es de ese tipo de sonrisa que tanto desprecio, no me esfuerzo en devolvérsela, tomo los pinceles y los meto a la canastilla.
— No me digas que tú dibujas. ¿En serio? Por lo que recuerdo tú eres pésimo con las artes plásticas y las artes en general.
— No son para mí. — digo un tanto cortante mientras busco la marca de acuarelas que Isabel necesita.
— ¿Entonces para quién?
Lo miro por un instante, él finge poner atención a un par de pinceles que venden sueltos.
— Isabel. — respondo al final.
— Oh, ella… — se pone un dedo en los labios y mira una lámpara. — Si no mal recuerdo la última vez que te vi fue en el festival de Halloween, ibas acompañado del menor de los hermanos Ackerman.
— Farlan. —respondo un poco cortante.
— Oh, jom, ¿Así se llama? Por lo que se es mucho más problemático que sus hermanos, él ni una vez ha aparecido en el cuadro de honor a comparación de los gemelos.
Salgo del pasillo de pinceles y acuarelas y camino hasta donde están los cuadernillos y los lápices.
— Tú no eres de los que va a ese tipo de festejos, eres demasiado… solitario. ¿Ahora son tus amigos? Me refiero a los Ackerman.
Tomo el cuadernillo de Isabel y busco uno más sencillo para mí.
— Si. —una vez más me limito a las respuestas cortas.
— ¿En serio? Vaya ¿Quién te viera? Juntándote con lo peor de la preparatoria, tú, Eren Jaeger, el niño ejemplo, todos los maestros hablaban maravillas de ti en la secundaria, aun lo hacen, al parecer, dejas marca en cualquier profesor por tu maravilloso buen comportamiento.
Aspiro aire y trato de controlar mi lengua para no empezar a soltar un montón de improperios y malas palabras.
— ¿Lo peor de la preparatoria? — trato de mantener mi perfil serio, preguntando como si no lo supiera.
— Oh, sí. ¿No lo sabias? La menor de los gemelos tuvo un serio problema por meterse con Jean Kirstein, al parecer no la bajaba de golfa y zorra, y al mismo tiempo supe que Levi, la celebridad por la que todas la chicas mueren, se metió en una gruesa pelea con Jean, estuvo a punto de ser expulsado.
Examino a Arlert, estudio cada uno de sus gestos de inocencia fingida, él hace lo mismo conmigo, esperando alguna reacción agresiva de mi parte.
— ¿Viniste a comprar algo para ti? — desvió el tema de repente.
— Si, vine a comprar un regalo de Navidad para Annie, estuvo fuera todas las vacaciones y vuelve mañana, así que la recibiré con algo de material para dibujo. Es un poco tedioso estar pensando en algún regalo para tu pareja, te envidio, tú no tienes que pasar por esto.
— Si, yo no paso por eso, mi pareja no me molesta al respecto, le obsequie algo disfruto bastante y no creo que olvide nunca. — finjo leer la parte trasera de un bote de pintura, espero por su reacción.
— ¿Pareja? ¿Tú? ¿No hablaras en serio? — se ríe con estrépito, al ver mi cara seria se detiene. — Hablas en serio. ¿Quién es la afortunada?
— Levi Ackerman. — suelto sin debatírmelo demasiado. — Lo peor de la preparatoria.
El bote de pintura cuesta treinta Sinas, los pinceles noventa y su cara no tiene precio. Internamente sonrió con suficiencia.
—No lo dices en serio.
Casi como si todo esto hubiera sido ensayado, el susodicho aparece en el pasillo, esta distraído y al principio no se percata de nuestra presencia, revisa una caja de pinturas Vinci, luego se distrae con un montón de hojas decoradas.
— Si, lo digo en serio, ve y pregúntaselo tú mismo si quieres. — digo señalándolo.
Armin se voltea y lo ve.
— Vaya, no sabía que tú… tenías esos gustos. — me dedica una sonrisa forzada. — Aunque, no debería estar tan sorprendido, después de todo te fijaste en Annie y ella tiene un carácter igual de rudo. Alguien debe ser rudo en una relación contigo.
Suspira casi con dramatismo y vuelve a su sonrisa amistosa.
—Aun así, felicidades, me alegro mucho por ti. —casi siento que puedo creerle.
Arqueo una ceja y le devuelvo la misma sonrisa forzada, nos detenemos la mirada por un par de segundos hasta que Levi se percata de que estoy en el mismo pasillo que él.
— ¿Eren? ¿Por qué no me dijiste que también vendrías? — después se percata de Armin.
— Oh, Hola.
— Hola, bueno… yo tengo que ir por… allá… Adiós. Eren. Levi. — nos hecha una última mirada y desaparece.
Mantengo mi mirada fija por donde ha aparecido, controlo todas las palabras que no le dije por el simplemente hecho de no darle esa satisfacción de verme salir de mis casillas, me tengo que felicitar por el increíble autocontrol que tengo, de haber sido esta situación hace unos cuatro o cinco años, quizás, si me lanzo sobre él a golpes. Respiro profundamente y dejo escapar todos mis malos pensamientos a la hora de exhalar.
— ¿Me perdí de algo? —pregunta Levi, parece algo confundido.
— Nada importante. — respondo aun con la mirada envenenada.
— ¿Seguro? Tienes un aura de miedo. Y mira que lo estoy diciendo yo.
— Seguro. ¿Quieres ir por un helado después de esto? Yo invito. — digo, dando media vuelta para salir del pasillo.
Termino las compras en un tiempo record, realmente estoy de mal humor ahora, no puedo creer que aún me afecte de esa manera, me irrita y hace que no deje de generar veneno propio, intento controlarme pero las palabras terminan por quemarme la garganta.
Levi solo ha venido por la caja de pinturas y un poco de papel de colores, después salimos de la tienda. Como aún hace algo de frío, Levi piensa que es mejor vayamos por un café, le digo que la cafeína no es muy mi amiga pero al final terminamos dentro de uno de los famosos cafés de "Starbucks", jamás he entrado a un lugar de estos, abarrotado de gente hasta decir basta, como no estoy muy de humor para soportar más que un par de empujones, le digo que vaya por ellos, saco dinero de mi cartera pero me dice que él paga por ahora.
Me quedo en el pequeño parque recreativo al otro lado de la acera, tomo asiento en una de esas bancas de color verde y veo como cruza la calle y entra al establecimiento.
Me quito los guantes y me pongo las manos tibias en la frente, como si con eso bajara el mal humor que de repente me embarga, me acaricio las sienes y el puente de la nariz, exhalo e inhalo lentamente, pienso en algo rápido para desaparecer la sensación de malestar, aunque no logro mucho con ello.
Recargo mi cabeza sobre el respaldo, me quedo mirando el cielo, aún hay algunas nubes que brillan gracias al sol tímido que no se decide en salir del todo, las ramas de los árboles se mecen lentamente con las corrientes de aire fresco que corren y me queman las mejillas.
Los recuerdos me llegan de golpe a la cabeza y por mucho que trato de hacerlos a un lado, estos se empeñan más en quedarse dentro de mi mente, como recalcándome porque estoy sintiéndome así, para recordarme porque mi amistad con Armin desapareció de golpe. Las sensaciones que sentí, todo, vuelve a hacerse presente, aprieto los puños y tengo esas mismas ganas de golpear algo.
Esto no es sano.
No entiendo porque una plática con Armin me ha desestabilizado demasiado, juro que es la primera vez que pierdo el control conmigo mismo de esa forma.
Se supone que ya no significa nada para mí.
¿Por qué duele entonces?
— Compre un frappé para ti, ¿Chocolate está bien?
El cielo se está aclarando con demasiada rapidez, está decorado de un muy bonito azul cielo, casi demasiado brillante o demasiado blanco, suspiro y dejo caer mi cabeza en su hombro en el momento en el que él toma asiento a mi lado.
— Si, no importa. —digo tomando mi vaso. — Gracias y lo siento por eso.
— Paso algo.
— Esta vez lo afirma.
— Recuerdos. Hace no mucho supe que soy alguien rencoroso, suelo recordar las cosas dolorosas que pase o que me hicieron pasar. A pesar de que han dejado de importarme allí siguen, vivas en mi memoria.
— ¿Tienen que ver con Arlert? —pregunta luego de darle un largo sorbo al café.
— Es una historia que prefiero no sepas, es de lo más ridícula y muy infantil, no tendría sentido contarla.
— Pero te lastima.
— No, no de la forma en que lo piensas. Es… complicado y preferiría no hablar de eso. Mejor dime, ¿Qué haces en la ciudad? Se supone que ustedes llegaban el domingo. —doy un sorbo yo igual y cambio el tema.
— Sobre eso. Farlan recordó que tenía tarea de Física, Lengua, Lógica y Matemáticas, así que… todo se reduce a que Dennis esta vuelta loca apurándolo y ayudándole con los deberes. Adivina quien no va a dormir todo este último fin de semana.
Rió.
— Deberías ayudarle, eso haría un buen hermano mayor.
— Mikasa ya está batallando con eso. —se encoje de hombros como si no fuera su problema.
Hablamos de otro tipo de cosas, como la celebración del año nuevo o lo fastidiante que es recordar que debemos volver a la escuela, cosas de ese estilo.
Como él no tiene muchas ganas de ir a su casa, vamos a la mía, mis padres tienen estos últimos días libres así que no estará de in fraganti. Antes de llegar me toma por la cintura y me besa, rodeo su cuello con mis brazos y luego sonrió, pero él no, me mira serio y susurra.
— Por muy ridículo que sea, estoy dispuesto a escucharte. —mi sonrisa desaparece de igual manera y me separo, suspiro. —Solo quería que lo supieras.
Gracias por leer.
Parlev.
