Hora 16: Asesorías realistas.
Recomendación musical: "I love you" de Avril Lavigne.
Soplo el vapor que expide mi chocolate caliente que mi mamá preparo, el calor traspasa la tela gruesa de los guantes y entibia mis dedos, es algo muy reconfortante, acerco la taza a mis labios pero el líquido apenas y me toca, aún está muy caliente y quema. Frunzo el ceño y coloco la taza en la mesa de centro y tomo una tartaleta con mermelada de fresa. La temperatura ha bajado tanto que he tenido que ir por un par de cobijas para tratar de disfrutar un poco la película sin necesidad de estar temblando como pequeños gatitos recién nacidos.
Me he puesto el pijama más calientito que tengo, calcetas gruesas, guantes, una bufanda y un gorrito de lana que mi madre tejió ya hace mucho tiempo. La cobija nos rodea a mí y a Levi haciendo que nuestro calor corporal se encierre, lo que es algo reconfortante y a la vez algo demasiado romántico para mi gusto. Mis padres dijeron que irían a comprar unos fármacos porque mi madre tenía dolor de cabeza y parecía que tendría gripe, así que quieren prevenir que toda la familia se enferme por su culpa. Por supuesto antes de irse mi madre me ha susurrado que no van a tardar y que tenga cuidado en querer hacer cosas indebidas. Con eso... claro, se refiere a lo de la última vez, encontrarnos a mí y a Levi en situaciones muy comprometedoras. Trato de que eso no me afecte demasiado.
— Presiento que tu madre está empezando a odiarme. — comenta Levi mientras toma una galleta del platito que esta frente a nosotros.
— Le hiciste perder una apuesta, es obvio que va a odiarte. Para la próxima trata de mantenerte al tanto de sus apuestas.
Él bufa divertido.
Me acurruco a su lado y trato de seguir la trama de la película, él pasa un brazo por mi cintura y me abraza, me sonrojo pero hace que el frio en mi cuerpo se detenga, lo que agradezco bastante.
— Tal vez... la próxima apuesta sea cuando nos casemos. — susurra fingiendo estar distraído. Alzo la mirada, me ha tomado desprevenido.
— ¿Casarnos? Debes estar bromeando.
— ¿Debería?
Él me devuelve la mirada un tanto ofendido.
— Es un suceso muy grande como para tomarlo a la ligera.
— ¿Quién dijo que lo estoy tomando a la ligera?
Ahora suena algo molesto. Suspiro, no quiero discutir por esto.
— Tienes en cuenta que edad tenemos ¿Cierto? —digo tratando de sonar tranquilo.
—Somos mayores de edad.
— Ese no es el punto.
— ¿Entonces cuál?
— Solo llevamos, ¿Qué? ¿Un mes? ¿Dos? Saliendo, para llegar a un matrimonio se necesitan tres años, ¿Quién dice que no terminaremos antes? — la voz me tiembla, parece como si el frio se hubiera colado por mis venas — ¿O que te enamores de alguien más? Tal vez te cases con una mujer guapa y elegante, así podrías tener hijos...
Desesperado, toma mi barbilla y me besa con algo de violencia, silenciando mis palabras a la fuerza.
— Si queremos hijos, adoptaremos, entonces. — susurra sobre mis labios.
— No estas entendiendo mi punto. — digo exasperado.
— No, tú eres quien no lo entiende. — ruedo los ojos. — ¿Por qué no me crees?
— Porque entonces... — mi barbilla tiembla y bajo la mirada. — No sabes lo que va a pasar en el futuro, algo te hará cambiar de opinión y todo esto simplemente...
— ¿Cómo lo sabes?
— Porque así es... esto no es una novela romántica en donde todo es felicidad.
— ¿Cómo lo sabes? — repite.
Aquí es donde yo me derrumbo, entierro mi rostro en su pecho y lo rodeo con mis brazos.
— Si estuviera en mis manos, desearía que todo fuera como hasta ahora, pero... hay que ser realistas, la vida suele ser cruel. — susurro.
— Piensas demasiado en eso.
— No podemos darnos el lujo de cegarnos ante la realidad.
Tal vez... Quizás... Tengo miedo de que en realidad vaya a abandonarme, tengo pavor de que un día me diga que ha dejado de quererme. Soy consciente de lo mucho que puedo encariñarme con algo o alguien, entrego mucho de mí, he llegado incluso a ser empalagoso y muy apegado y cuando llega el momento de decir radios, soy el primero en llorar, en romperme en pedazos. No quiero que suceda lo mismo en esta ocasión. Estoy en un punto en donde me balanceo en la delgada línea de controlar mis sentimientos o romper la barrera que los detiene, quiero ser capaz de llegar al final de esto y seguir caminando en esa línea, sin haber entregado tanto y al final él se aleje de mí.
Sé que es cruel, negativo o extremista y egoísta pensar en eso pero realmente quiero salir lo menos dañado posible, quiero que el golpe sea amortiguado lo más que se pueda. Soy cobarde. Lo sé.
Alzo la vista y en un momento de total desesperación le beso, tomo su rostro entre mis manos, la cobija resbala por mis hombros y mis rodillas están en el sillón, quiero hacerle saber cuánto le quiero, porque mis labios son incapaces de decirlo en estos instantes. No me evita, desliza sus manos por mi espalda hasta tomarme por la cintura y empujarme sobre el sofá, pasa su mano izquierda por mi muslo hasta hacer que mi pierna rodee su cintura, el aire se me corta pero si respiro tendré que separarme, aunque él es el primero en separarse, baja por mi cuello, llegando a mordisquearlo, me quejo, de repente es como si no estuviéramos lo suficientemente juntos, extraño, teniendo en cuenta que está encima de mí, aplastándome, prácticamente.
— Ngh. — gimo cuando muerde un punto clave en mi cuello, arqueo mi espalda pegando aún más nuestros cuerpos y dándole todo el espacio que necesita en la curva de mi cuello.
Mi mente esta nublada, con un solo pensamiento en sintonía... pronto ese pensamiento se rompe cuando...
— Eren. — grita mi madre. Abro los ojos de golpe, recordando donde es que me encuentro.
— Madre. — digo entrando en pánico. ¿Cómo carajos me deje llevar?
— Te dije que debíamos ir a cenar aquel restaurante, Karla. — dice mi padre con una sorprendente tranquilidad.
Veo a Levi, está pálido pero se nota algo divertido con la situación, frunzo el ceño, esto es su culpa, maldito pervertido. Mamá me mira y luego suspira.
— Al menos debiste subir a tu habitación, hacerlo en la sala no es correcto.
— Mamá. — grito avergonzado.
— Levi. — llama mi padre, cambiando un poco el semblante. — Es mejor que llames a tu casa, la nieve bloqueo algunas calles y el frío no es mejor, a nosotros se nos quedó atorado el carro a mitad de camino, ya llame a una grúa para que lo traigan.
— ¿Un accidente? — pregunto saliendo de la vergüenza. Mi padre niega con la cabeza.
—Solo estancamiento, se congelo el motor, el frío cala los huesos, bueno... tú ya no lo sientes acabas de calentarte.
Abro la boca ofendido. El sonrojo me golpea el rostro.
— Papá— gruño, aunque él no se ve realmente afectado, se encoje de hombros y va a la cocina.
Caigo en el sofá y tengo inmensas ganas de que me aplaste una avalancha de nieve.
:::::::::::::::::::::::::::::::::
A pesar de haber estado en una situación muy comprometedora frente a mis padres, cenamos relativamente normal, Levi llamo a su casa para avistar que se quedaría a dormir aquí, mi madre incluso hablo con la señora Dennis y le informo sobre los estancamientos de nieve. Después de eso mi padre se centra en una amena platica con Levi sobre su futuro, me sorprende lo seguro que esta de sí mismo y las grandes expectativas que tiene, mi madre le felicita repetidas veces y otras me compara con él, luego todo se vuelve en una discusión sobre mí y mis absurdos planes futuristas.
Cuando le dije a mi madre que quería ser escritor me amenazó con dejar de solventar mis gastos si llegaba a tomar esa carrera, peleamos mucho al respecto, fueron discusiones sin fin, después quise entrar a Cinematografía pero... es una carrera muy costosa, exige el cien por ciento de mis habilidades mentales, físicas, psicológicas, académicas y económicas, mamá dijo que eso debía esperar, así que tuve que empezar a buscar algo que satisficiera a mi madre y al mismo tiempo a mí mismo.
Ella quiere que sea médico, abogado o político, la medicina me atrae pero no estoy muy seguro de servir para ella, Derecho me da dolores de cabeza y la Política simplemente no la tolero, después de mucho di con Ciencias Forenses, contiene de todo, medicina, derecho y filosofía, mi madre no repelaría al respecto... eso fue lo que yo pensé, cuando llego el momento de comunicárselo, pues me mando muy lejos ya que me hizo ver que en realidad no podría servir para esa carrera ya que soy un cobarde de primera y quizás me desmayara en mi primer caso. Pero... al fin de cuentas es lo que quiero, llama mi atención y estoy ligeramente obsesionado con esa carrera así que... no tengo ni la más mínima idea de cómo me vaya a ir en un futuro. Al final, mi madre me dejara tomar esa carrera e incluso llegue a convencerla de elegir Letras como segunda carrera. Claro, todo eso, no lo sabía Levi, ahora lo sabe. Lo que de cierta forma es algo vergonzoso, su historia solo se limita a llevarle la contraria a su padre, así fue como termino escogiendo Ciencias Políticas en vez de Comercio.
Levi y yo nos quedamos más tiempo en la sala, rentamos películas y antes de volver a la escuela quiero desvelarme viéndolas. Cuando el reloj da las tres de la madrugada, mis parpados están casi cerrándose, así que subimos a dormir. Levi se dirige a la habitación de Isabel pero se lo evito y entramos a la mía.
— No creo que tu madre se ponga muy contenta si me encuentra aquí en la mañana. — dice pero no parece muy preocupado al respecto. En respuesta solo me encojo de hombros.
— Quiero dormir contigo, no haremos nada malo.
— Oh vaya, que decepción, yo que tenía tantas cosas en mente. — dice con algo de decepción fingida.
Hemos dormido juntos otras veces, pero... quiero abrazarme a él, saber que esto es real, que esta pequeña felicidad es tangible y acariciable. Saber que este sueño bello y perfecto, está pasándome a mí. Despertar a lado de la persona que quiero... que amo.
Como no trae consigo pijama le presto una, aunque refunfuña, diciendo: — Demasiado infantil para mí.
Después de una ardua discusión sobre su madurez y mi clara inmadurez termina accediendo. A comparación de mi pijama, el que le he prestado a él es más sencillo y un poco más adulto. De tela lisa y una tierna estampa de un pato en la camiseta.
— ¿No iras al baño? — digo cuando veo que planea desnudarse frente a mí.
— ¿Tendría? — pregunta arqueando una ceja y despojándose por completo de su camiseta.
— Para cambiarte, ¿No? Sus labios se estiran en una sonrisa perversa y yo estoy entre sonrojarme o palidecer porque esa expresión no trae nada bueno.
— ¿En serio te avergüenza verme desnudo?
— Ah... bueno. — desvió la mirada.
— ¿En serio? ¿Después de lo que hicimos? Exactamente en esa cama. — susurra demasiado cerca de mí haciendo que mis débiles nervios se alteren.
— Yo... por favor, ponte el pijama. — digo cerrando los ojos.
Y no los abro hasta que estoy seguro de que se ha vestido, pero en cuanto los abro él me recibe con un beso, primero me toma desprevenido pero logro adaptarme y rodeo su cuello con mis brazos. De todos, quizá, sea mi beso favorito. Delicado, sin prisa, ni agresividad, sin deseo, con dulzura, pero sin llegar a empalagar, suave como una pluma, tierno y lleno de cariño. Después entierro mi rostro en la curva de su cuello, absorbiendo el aroma de su piel, me gustaría que esto fuera eterno. Esa parte cobarde teme el día en que todo vaya a terminar.
— Te amo. — susurra.
No es igual al de la primera vez, no es jadeante ni lleno de pasión combinado con algo del deseo que queda después. Es diferente. Más... sincero. Hace que esos escarabajos en mi vientre se alteren y pinchen todo a su paso, la sangre me hierve a fuego lento, suspiro... deseando congelar este instante.
— No digas eso. — susurro.
Le quiero, le amo pero aun no estoy listo para decirlo en voz alta, se necesita mucho para hacerlo, para mí, son palabras con un significado muy grande. Palabras que no se pueden decir a la ligera.
— ¿Por qué eres así conmigo? Eres desesperante.
Sonrió con debilidad.
"Si supieras que en realidad te has convertido en alguien tan importante para mí que de ser posible te pondría en una caja de vidrio para que nadie más te tocara, para que nadie te separara de mí, en realidad eres la persona que más amo en este mundo."
— Vamos a dormir.
:::::::::::::::::::::::::::::::::::
Me levanto un poco mareado, parpadeo un par de veces y bostezo, intento pararme pero mis pies se enredan en las cobijas y caigo de bruces. Es una muy buena forma de despertarse.
— ¿Qué haces? — Levi se incorpora y se restriega los ojos.
Sonrió. Esta despeinado, con el pijama torcido y tiene un aspecto de lo más inocente. Cosa que no es, en lo más mínimo.
— Lo siento, me caí. — me disculpo. Hace una mueca y bosteza.
— ¿Sabes? Si llego a casarme contigo cada quien tendrá su propia cama, Dios, duermes horrible, no me había dado cuenta de eso, babeas, hablas dormido, te mueves igual a una verdolaga, pateas y usaste mi brazo como almohada ahora tengo calambre, incluso me babeaste a mí.
Levi solo se queda a desayunar, después recibe la llamada de su tía exigiéndole que regrese a su casa y que deje de estar dando molestias, mi madre dice que no es ninguna molestia que se quede pero... al fin y al cabo tampoco es como si pudiera quedarse todo el día.
El noticiario anuncia que el frio apenas está comenzando y que vendrán nevadas peores durante todo el mes de Enero y parte de Febrero por lo que se recomienda estar preparados, y mañana empiezan las clases. Eso es lo peor.
Durante toda la tarde mi padre y yo nos pasamos limpiando el ático, donde encontramos tantos recuerdos, cosas que creíamos olvidadas y basura, de eso hay mucho, hay momentos en los que realmente me dan ganas de llorar, lindos tiempos que al ser recordados me da un sentimiento demasiado nostálgico, momentos que disfrute demasiado, donde reí y me divertí. Encuentro fotos de otros años escolares, donde estoy con compañeros a los que alguna vez les dije amigos, me noto feliz, sonriente, en algunas fotos aparece gente con la que prometí un futuro juntos, gente con la cual pacte una promesa de amistad infinita y que ahora no somos más que personas que coincidieron en sus caminos durante el tren llamado vida.
El corazón se hace un nudo y me pregunto si no será el mismo caso para Levi y para mí. Somos personas que simplemente han coincidido y que, más adelante, cada quien encontrara su propia desviación.
Gracias por leer.
Parlev.
