Actividades extracurriculares. 4ta hora.
K I J de Knock-out.
(Levi)
"Stars and Butterflies" Del soundtrack de Pride and prejudice.
Los cuartos de final del torneo de baloncesto son justo después de los exámenes, lo que es bastante desgastante, física y mentalmente. Lo que me hace pensar que tengo todo el derecho de quejarme, sin embargo, Eren es el de las constantes quejas sobre las asesorías de Química y los apuntes de Cálculo.
"¿Esto en realidad no debería existir?" "¿Quién fue el genio que invento esto?" "No puedo con esto, me rindo" "No voy a pasar, no voy a pasar" "Voy a reprobar" "Estoy frito" "Esto es del demonio" "No puedo…" Y bla, bla, bla… En realidad, no sé qué hago aquí. Escucharlo. Supongo. ¿Qué otra cosa podría hacer de todos modos?
Paso la hoja de una revista científica que encontré mientras buscaba algo con lo que entretenerme, es interesante pero definitivamente no he venido hasta acá para leer sobre teorías neuronales y futuristas. Eren parece muy concentrado en sus libros y escritos, murmura formulas, maldiciones, elementos, maldiciones contra la materia, términos, maldiciones contra los genios de la química, oraciones pero sobre todo maldice constantemente la existencia de la materia que le carcome las neuronas que logran hacerle conexión en el cerebro. Él realmente odia la química. Me recargo sobre su hombro y observo su libro.
—Tu cabeza es pesada. —dice sin despegar la mirada del libro.
Frunzo el ceño y clavo mi barbilla en su hombro, mis labios quedan cerca de su oído.
—Estoy abu-rri-do. —susurro.
Un escalofrío recorre su cuerpo, se estremece y un rubor le cubre la cara, intenta volver a su cuaderno pero he logrado desconcentrarlo. Sonrió. Beso su cuello, su piel tiene un suave aroma a menta, gracias al jabón nuevo para hombres que ha sacado a la venta P&G trato de ser "delicado" para no volver a desconcentrarlo. La sangre de su cuello se calienta y empieza a expedir calor, su respiración se acelera y su barbilla tiembla ligeramente. Viajo por detrás de su oreja hasta su nuca y de regreso, incluso por parte de su hombro.
—Le… por… f…—su respiración se entrecorta y no puede terminar ni una sola frase.
Es muy divertido y un tanto más excitante, alterarlo es tan fácil, sus reacciones aún son muy inocentes y puras. Algo que solo yo tengo el poder y acceso a disfrutar sin fronteras. Exhala, casi puedo escuchar su corazón desbocado, suspira, cierra los ojos y gira la cabeza, dándome todo el espacio que quiera, su piel vibra, tiembla, el calor que recorre cada poro se expande.
—P… para.—susurra, exhala de nuevo y deja salir un débil sonido desde el fondo de su garganta.
Me relamo los labios, sonrió, realmente es excitante verlo de esa forma, débil y a la deriva, por un momento me siento como un monstruo que podría hacer pedacitos la inocencia del pequeño conejo que tiene enfrente.
—¿Debería?—apenas y separo los labios, otro escalofrío lo altera y respinga.
Aprieta los dientes y me aleja, respira rápidamente, aprieta los ojos, no deja de temblar, el rubor me llega incluso a mí.
—Una hora, dame una hora para estudiar, en serio necesito estudiar, después haremos lo que quieras, solo… por favor déjame estudiar.
Voluntad. Él tiene mucho de eso.
—¿Lo que yo quiera?—sonrió de lado.
Titubea un poco, mira a otro lado y termina asintiendo.
—Lo que… quieras, pero déjame estudiar.—ruega.
—Está bien, tienes una hora libre.
Me levanto del sofá y voy a la cocina, me siento demasiado familiarizado con su casa y a él no parece molestarle que me tome algunas confianzas. Veo como suspira, murmura algo que no alcanzo a escuchar pero conociéndolo, sé que está reprendiéndose por ceder tan fácil al deseo carnal al que lo estaba arrastrando. Por un instante me siento culpable, no debería distraerlo, pero por otro lado, también es divertido.
Tomo una manzana y me dedico a mordisquearla mientras sigo hojeado de nuevo la revista. No hemos estado juntos en la mayoría de la semana, él tiene asesorías intensivas con el nerd oxigenado de Petroquímica y yo por los entrenamientos para los cuartos de final, durante toda esta semana descubrí algo bastante interesante, soy algo posesivo, no en extremo pero si lo suficiente para que Mikasa me reprendiera por ello y para que Hanji me pasara a llamar Celoso en vez de otros de sus ofensivos apodos para mí.
—Subiere a tu habitación para ver televisión.—digo antes de subir.
Él asiente, cambia una puntilla del lapicero, luego vuelve a su libro, al parecer ha vuelto a la concentración absoluta. Le observo por un rato. Tiene la piel pálida, el cabello castaño igual de desordenado que siempre, sus ojos tienen un ligero brillo grisáceo en los tonos originalmente verdes, separa los labios y repite lo que ha escrito, tiene pestañas de un dorado obscuro, son un poco largas y sus cejas arqueadas son castañas, su rostro es alargado, su piel esta un tanto reseca, al igual que sus labios. ¿Qué tiene de extraordinario? ¿Qué lo hace especial? ¿Por qué se ha vuelto importante para mí? Realmente yo no creo en el amor a primera vista pero quizá, él pueda ser una interesante excepción. Sé que esto no puede ser tan eterno como me gustaría, hay cosas que no podemos manejar pero creo que mientras sea capaz de fantasear un futuro juntos, lo demás simplemente debe esperar hasta que llegue su turno.
Termino de subir hasta su habitación y prendo el aparato televisivo, hay una serie policiaca muy entretenida, tiene acción y comedia negra. Después del primer episodio estoy picado con los casos criminales, es interesante, se podría decir que entiendo porque la afición de Eren por la Criminalística.
— ¿Levi?
—¿Sí?
La criminóloga parece estar cerca de conseguir la pista que podría atrapar al criminal, voto por el tipo de traje negro y cara de "soy inocente", siempre son los que parecen buenos.
—Ahh… yo… venía a ver qué hacías, estabas demasiado callado.
Me giro hacia la puerta, él parece acalorado, un tanto contrariado, veo mi reloj de mano. Una hora y media. Vaya.
Se toca la nuca y baja la mirada. Sonrío, después de todo o soy el único con ciertos deseos. El pensamiento me divierte.
—Voy a seguir estudiando, quédate viendo la TV un rato, después pediré pizza.— me sonríe tímidamente y da media vuelta dispuesto a irse.
Apago la televisión y me lanzo hasta la puerta.
—¿A dónde crees que vas? Llevas media hora de retraso, creo que tendré que cobrarte réditos.—lo tomo por la cintura y lo arrastro hasta la habitación.
—¿Estaba estudiando?—me sorprende que use el modo interrogante.
Cierro la puerta detrás de mí, él camina en reversa y al tropezar con algo cae al piso, hace una mueca de dolor. Disminuyo el espacio que hay entre nosotros y me dejo caer al piso, él retrocede en forma de cangrejo ya que no puede incorporarse, un momento después choca contra la cama y me ve como un conejillo asustadizo, tomo su mejilla y le beso, enredo mis dedos en su cabello y pego su cuerpo al mío, invado su cavidad bucal, recorro cada rincón, hay una acumulación de saliva gracias a los impedimentos de su respirar, trata de llevar el mismo ritmo que yo pero es torpe y termina siendo dominado.
—Ngh.
Me separo de sus labios y recorro su cuello, esta vez con más violencia que cuando estábamos en la sala, él aprieta su agarre en mi camiseta, como si en verdad lo necesitara. Hay un montón de molestias dentro de mi vientre, escalofríos que recorren las venas que hacen el viaje con la sangre hirviente que navega por mi torrente sanguíneo, siento deseo y una incontrolable sed de tomarle, de marcarle como propiedad mía. Muerdo la piel de su cuello y gruñe, aunque no se queja, desabotono los primeros botones de su camisa y me doy el lujo de recorrer su pecho, veo su rostro, sonrojado y con lágrimas apenas perceptibles estancadas en sus ojos.
—No voy a ser tan suave como la primera vez.—susurro cerca de su oído y vuelve a estremecerse. Abre los ojos, jadea y los labios tiemblan.
—Lo sé. —sus labios casi no se mueven.
—¿Aun así quieres que continúe?
Endereza su espalda y se acerca hasta mis labios, es su turno de usar los susurros provocativos.
—Somos dos, ¿Recuerdas?
Se incorpora y se sienta sobre el borde de la cama, toma los cintos de mi pantalón y me atrae hasta él, me rodea la cintura y recarga su frente en mi vientre. Bajo hasta sus labios y lo empujo hasta caer sobre el colchón, subo las piernas, las flexiono y las coloco a un lado de su torso, con una mano desabrocho el botón de su pantalón y con la misma lo bajo lo suficiente para que él pueda deshacerse de él, sonríe y agita las piernas hasta que la prenda sale volando, mete sus manos debajo de mi camiseta, recorre los contornos de mi espalda, deja marcas invisibles e imaginarias de sus toques, hace que vibre. Termino de desabotonar su camiseta hasta dejar su pecho totalmente descubierto, hago un recorrido por la piel de esa parte de su cuerpo, entierra sus dedos y aguanta la respiración, estoy tan cerca de su corazón, así soy capaz de escuchar los latidos irregulares y un tanto alterados, igual a la primera vez, es un ritmo antinatural, me recuerda lo vivos que estamos y me alegro por ello.
Me detengo en los pequeños y rosados botones que resaltan erectos en su pecho, paso la lengua por el lugar, he leído que es una parte sensible, me doy el lujo de descubrir el dato por mí mismo. La reacción es inmediata, su cuerpo se estremece contra el mío, sus uñas se clavan en mi piel, hago una mueca pero me aseguro de no dejar escapar algún sonido, las vibraciones dentro de mi organismo aumentan su velocidad e intensidad, mi propia sangre sube de temperatura y se confunde con la de él, es como si poco a poco nos fundiéramos en uno mismo.
Sigo con mi trabajo, sus piernas se mueven intranquilas, parece tener un problema a la hora de estarse quieto. Siento su erección creciendo contra una de mis piernas, sonrío, alguien parece desesperado. Me separo completamente de él, cayendo en su vientre, abre los ojos y se recarga sobre sus brazos, me mira interrogante. Beso su frente y después su nariz, paso por sus mejillas, alejo el flequillo molesto de su frente y siento su sonrisa.
—¿Qué haces?—susurra divertido.
—Demostrándote mi amor, ya que con palabras no eres capaz de creerme.—digo mientras delineo las comisuras de su labios.
Sus ojos cambian de visión, se desvían, su semblante se vuelve neutro, entierra su cabeza en mi hombro y me rodea en un cálido abrazo, siento su nariz en mi cuello, su cálido respirar chocando contra mi piel, las sensaciones del clásico revoloteo de mariposas se detiene y en su lugar lo sustituye una sensación de sencillez y ternura, tomo su cabeza y acaricio su cabello.
—Lo siento.—susurra y hace que me sienta culpable.
Tal vez estoy forzándolo a decir algo que en realidad no desea decir, tal vez estoy siendo muy inmaduro. No es correcto. Lo estoy haciendo sentir mal por eso y no me gusta.
—No importa.—trato de sonar sincero. Aunque en realidad me duele un poco. Es como no ser correspondido más que por una farsa.
—Eres muy importante para mí pero… no quiero ser tan torpe como para arruinar lo que siento por ti con simples palabras, soy muy torpe para eso, tal vez te escribiría una carta pero… creo que eso ya paso de moda.
Ríe bajito y suspira, su abrazo se debilita pero no pierde la sensación de calidez que me transmite. Por mi parte sonrió sin que él lo note, son esos pequeñísimos detalles lo que lo hacen especial para mí, único en su extraña existencia y hace que me sienta realmente importante ya que soy afortunado de tenerlo a mi lado. Todo esto es demasiado rosa incluso para una persona como yo, pero, seamos sinceros, hay ciertos momentos en la vida en que las personas cambian su personalidad impenetrable y de acero, hay ciertas personas que logran que uno vaya cambiando, quizá no tan radicalmente de la noche a la mañana, lo hacen poco a poco que uno ni siquiera es consciente de ello hasta que, por desgracia o beneficio, ya es tan tarde como para dar retorno de hoja.
—No me importaría leerla. —digo.
—Te burlarías de mí… más de lo que ya lo haces, por cierto.
—Entonces… ¿Qué importa?
Tomo sus mejillas, paso los pulgares por la piel, se siente reseca pero aun un poco suave y tersa, miro a través de ellos mi propio reflejo, me inclino sobre ellos, recargo mi frente con la suya. Se separa un poco de mí, es su turno de besarme, duda un poco al hacerlo, es tan inexperto y bobo que me da risa. ¿Cómo no burlarme de él y su inocencia? Lo empujo y de nuevo caemos sobre las sábanas, hago el mismo recorrido de antes, desde sus labios hasta su vientre, escucho varias exhalaciones y suspiros callados. Me deshago de mis propias prendas y me coloco entre sus piernas, pongo mis manos a cada lado de su rostro, ha cerrado los ojos, parece estar tranquilo, como si durmiera, sus labios se extienden en una sonrisa, sus pestañas tiemblan.
—¿Crees que mañana duela igual que la primera vez?—pregunta sin abrir los parpados.
—No tengo idea, pero pronto lo descubriremos.
Como la primera vez introduzco un dedo en su pequeñísima entrada, respinga pero no dice nada, aprieta los labios cuando se acostumbra a la sensación, abro los labios, siento mis propias reacciones biológicas en mí, la sensación de incomodidad en la espalda, algo así como reacciones estáticas, introduzco el segundo dedo, separo y junto los dedos en una secuencia, me remuevo un tanto inquieto, me gustaría acelerar un poco las cosas pero tampoco quiero ser agresivo, creo que ambos necesitamos un poco más de practica y acostumbrarnos a esto para llegar a hacer otras cosas más… "atrevidas y divertidas"
—Creo que ya,… me siento…un poco… extraño. —susurra Eren un tanto jadeante.
Tiene la frente perlada de sudor y está completamente rojo, jadea y se retuerce entre las cobijas. A pesar de lo que dice, introduzco el tercer dedo, él se estremece y las sensaciones de incomodidad y excitación en mi propio organismo y sexualidad empiezan a ser una completa molestia. Saco los dedos, están húmedos y llenos de sus fluidos transparentes, me agacho hasta su rostro, solo deposito un beso más en su frente, como seña de que es hora de la parte dolorosa pero más placentera del momento.
Sus piernas se enredan en mi cintura, el movimiento me toma por sorpresa pero es como si, en silencio, me exigiera que haga mi parte del trato, me coloco en su entrada y con cuidado de no ser muy agresivo entro poco a poco, aprieto los dientes al principio, aún es demasiado estrecho y al parecer tiene la costumbre de apretar de más cuando estoy iniciando, pero con todo y eso logro entrar por completo, él gime bajito cuando termino, jadea y tiembla. La sensación de éxtasis me recorre la espalda, se deposita en mis caderas y hace un recorrido por todo mi cuerpo, empiezo una delicada danza de entrar y salir, la temperatura aumenta con cada movimiento, gruño y aumento el ritmo, Eren parece haber tomado el mismo tren que yo, grita y gime, en innumerables veces dice mi nombre, eso aumenta mi estado, jadeo, sus piernas me encierran sobre su cuerpo, aprieto la tela de las almohadas a un lado de su cabeza, mi cuerpo se llena de sudor, la electricidad me azota y me estremezco, después siento el calor subir por mis caderas, lento y dudando, aumento la velocidad de las estocadas de forma casi egoísta, ese calor sube conforme el ritmo, si me detengo la sensación de placer desaparece, poco a poco llega a mi pecho, acelera mi ritmo cardiaco y cuando ya no puedo más hace explosión, noqueando mis ideas y desprendiendo todo.
Siento la respiración agitada demuestra que al parecer él también ha llegado al punto máximo, las piernas me tiemblan, pero pongo toda mi fuerza por no caer de repente sobre el cuerpo cansado de Eren, bueno, al menos ahora siente una porción de dolor que yo he sentido durante la semana, entre estudio y entrenamiento. Sus piernas me dejan libre y su respiración se calma poco a poco y con pereza se mueve, abre los ojos y me sonríe, después vuelve a cerrarlos y antes de darme cuenta emite un débil ronquido, se ha quedado dormido. Al parecer tiene una resistencia mínima, debí imaginarlo, tal vez no fue buena idea hacerlo en temporada de estudio. Me preocupa, aunque la voz egoísta de mi conciencia me diga que no es cierto si termine convenciéndolo de hacerlo.
Me incorporo, él se ha hecho con toda la extensión de la cama, es mejor que lo deje descansar, me pongo de nuevo la ropa, preferiría recostarme a su lado, pero es mejor así, lo cubro con una sábana que, extrañamente, ha terminado en el suelo. Me sobo la nuca y doblo el cuello, hace un crack y me trueno también los brazos, estoy algo rígido al parecer. Observo la habitación, si me voy a casa, voy a sentirme como un prostituto, no sé porque me da esa sensación, así que la recorro un rato, tal vez despierte un poco antes y pueda despedirme de él.
Hay un librero de madera casi a un lado de la cama, allí es donde tome el álbum de fotografías hace ya unos meses, tiene una gran variedad de libros, desde los de pasta dura hasta antiguos, estiro mi brazo y saco uno de ellos, lo hojeo, la velocidad a la que van las paginas hacen que un leve roce me corte el dedo, respigo y dejo caer el artículo, maldigo por lo bajo, me agacho y tomo el libro devuelta, cuando lo levanto algo se sale y se queda en el piso, de hecho son dos cosas, un cuadrado de papel y un circulo, al tomarlos siento el papel fotográfico, giro las hojas o fotografías en este caso. Me sorprendo al ver que se trata de una fotografía de Eren en la secundaria, esta con otros dos chicos, uno de cabello negro y ojos castaños, al otro lado… está el dueño de la cara recortada, tomo el ovalo del piso, es la cara de Armin.
Alzo la vista de nuevo al librero, hay una libreta vieja que destaca demasiado, la tomo y de ella sobresalen un montón de fotografías, todas con el mismo patrón que la anterior, tienen a Armin degollado, las caritas se expanden por la libreta, hay también rayones en cada fotografía, como si quisiera desaparecer esos recuerdos, es un poco triste, teniendo en cuenta que en cada retrato sonríe de manera muy feliz, como si de verdad disfrutara del momento de ese suceso en su vida.
Dentro de las hojas de la libreta hay dedicatorias, empiezan con el nombre de alguno de sus compañeros y después un par de palabras lindas sobre lo mucho que se extrañaran, el típico "Debemos reunirnos después" y cosas por el estilo, al llegar a la dedicatoria de Armin me sorprendo al ver los rayones hechos con plumón negro, tan agresivos y violentos que ha roto la página y no se entienden más que un par de palabras y letras.
Regreso la libreta a su sitio e indago más allá. Hay una caja de madera, está llena de papeles y cartas, muchas son de sus antiguos compañeros, cosas bastante amistosas y llenas de cariño, todas tienen fechas, también hay de Armin, pero tienen lo mismo que las fotos y la dedicatoria, rayones con plumón negro. Al fondo de la caja hay un montón de papeles doblados, al sacarlos noto que no son cartas, es un escrito, está lleno de letras chuecas y apenas entendibles pero soy capaz de leer los papeles.
Es un cuento con el título de: "The Tragedy Love Story"
El cuento trata de cosas muy curiosas y al mismo tiempo aterradoras, demasiado aterradoras que a la mitad del cuento tengo escalofríos y una sensación de incomodidad terrorífica, hay tres asesinatos descritos de manera sorprendente, sangre, odio, él ha escrito todos sus sentimientos negativos aquí, realmente tiene un talento para transmitir lo que siente mediante las letras, por eso ha mencionado lo de la carta antes. Lo que alcanzo a comprender del cuento, es que él es el protagonista que termina en un manicomio por asesinar a dos personas, una de ellas es Armin, de eso estoy casi seguro, la otra no puedo identificarla. Al final el asesino se suicida y se comete el tercero. Aun así el cuento no termina, al final de las hojas, con letras de colores escribe: "Goethe(1) una vez sufrió lo mismo que yo y pensó lo mismo que yo. Eso lo dijo la profesora Hanji, así que para aliviar su dolor escribió un libro, en donde era libre de matar a esas personas sin ser llevado a la cárcel, eso mismo he hecho yo, matar sin ser un asesino, porque en este mundo el arte de matar mediante la literatura, la pintura, la escultura… es considerado arte y no un crimen, así nadie dudaría de mi" —EJ.
Matar.
Guardo las hojas dentro de la caja y vuelvo a colocarla en su lugar. Él ha querido matar pero sin hacerlo realmente, sublime y lento. Como los artistas. Miro una foto que se ha quedado en el piso, no me sorprende verla llena de plumón negro, rayando la cara de Armin por completo. Me pregunto qué fue lo que paso en realidad entre ellos. He conocido una parte de Eren que jamás creí que conocería o que siquiera existía.
En cada foto, cada carta y la dedicatoria que ha escrito Armin Arlert destaca una sola palabra: Traidor.
Notas finales: Goethe es un escritor alemán.
Gracias por leer.
Parlev.
