Hora 19: Asesoría de recuerdos infinitos.
Recomendación musical: "Wait" de M83
Las burbujas suben hasta perderse entre los rayos solares, no puedo alcanzar a verlas ya que estos mismos rayos me cegan cuando intento seguir aquellas pompas de agua llenas de oxígeno, los peces mueven sus bellas aletas llenas de colores atrayentes, se deslizan con libertad sobre su ecosistema acuífero, mueven sus labios y liberan aquellas burbujas que me hipnotizan, el día es demasiado bello, no hace demasiado calor, aun necesito al menos una camiseta de manga larga y una chamarra guardada en la mochila por si acaso, el meteorólogo ha dicho que el frío por fin empezara a desaparecer y que para Marzo la primavera florecerá para todos. Lo que me alegra, ya que Marzo es igual a mi cumpleaños y al mismo tiempo eso significa regalos y un día solo para mí. El 30 de Marzo es el día más importante dentro de mi calendario, no me interesa nada más, es el día en el que puedo ser egoísta con todo y todos, es mi día, donde puedo ser Rey por veinticuatro horas seguidas.
Suspiro y lanzo mi mirada hacia un pececillo que nada sin preocupaciones de un lado a otro, no se mueve mucho pero no parece preocupado por su entorno, sonrío, ¿Por qué mi vida no puede ser así de sencilla?
Hay plantas que bailan de un lado a otro, el agua las mece de manera armónica, es como si danzaran con música que los simples mortales, como nosotros, no podemos entender, me parece ver que sonríen y se deleitan con su vida de algas y plantas marinas.
El rayo del sol cruza el agua, hace una línea perfecta dentro y el agua se clarifica, parece que brilla y chispas de ese brillo se mueven en un compás diferente al resto suben sobre el rayo solar y se vuelven a perder, aunque no importa ya que siempre hay más que los pueden sustituir, nunca se acaban hasta que el rayo solar decide desaparecer para siempre y las aguas se vuelven a tintar de un suave y hermoso azul turquesa con leves tinturas de blanco o morado, según al parecer de cualquier persona que le ponga atención a esos mínimos detalles, no cualquiera, por ejemplo, aquel chico que anota rápidamente en su libreta, sus letras se atropellan entre sí, tiene prisa y solo ve con atención aquellas tablas de metal donde vienen escritos los datos importantes de las especies dentro de las piscinas, es una pena ya que no aprecia este bello espectáculo marino y acuático, pero, hay que ser sinceros, cualquiera haría eso para terminar con la tarea lo más rápido que los dedos escriban, la tarea es un lastre para algunos de nosotros, otros la miramos como un reforzamiento, a otros no nos importa siempre y cuando algo de todo eso se pueda pegar en la mente para recordarlo a la hora de hacer una evaluación.
Los humanos somos criaturas muy interesantes en muchos aspectos.
Pasamos a otra de las piscinas abiertas y vemos más especies marinas, peces que nadan de un lado a otro, mostrando los colores excéntricos de sus escamas, lo largas de sus aletas o lo bonitos que son en general, dicen que esos peces son, muchas veces, más agresivos, venenosos o malos para la salud humana, mientras que otros que no suelen ser nada llamativos son incluso más dóciles y tocables, pero siempre nos vamos por lo más bonito a la vista.
El sol hace un recorrido por cada una de las piscinas, iluminando la superficie del agua, le da un aspecto pacifico, los peces rodean el arco solar y dejan un rastro de burbujas antes de desaparecer, nadan y se pierden, otro tipo de pez lo sustituye y entonces eso se vuelve un ciclo sin fin. Me siento demasiado liviano, hay una relajación que me inunda, hace que mis huesos se sientan de espuma en vez de un material mucho más pesado, mi respiración es incluso más lenta que la regular y me gustaría estar en el lugar de los peces, nadar y tratar de que las lentas ondas se lleven todo lo que soy, es ese tipo de sensación que me embarga cuando mi mente se queda en blanco y no siento, veo u oigo. Me consume. Me convierte en alguien más que solo existe en esos momentos donde nada más es real. Segundos tan cortos y absorbentes que podrían provocar mi propia muerte prematura.
— ¿Quieres continuar?
—Preferiría dejarlo aquí ya que... soy muy paranoico y no me gusta que los cristales estén muy cerca de mí, siento que en cualquier momento va a romperse y a venirse en mi contra, no quiero pensar que haya cocodrilos o tiburones por los alrededores.
Me muerdo los labios y bajo la mirada.
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— ¿Te sientes bien?
—Solo...—Aprieto los labios y cierro los ojos, trato de que la mente no me de muchas vueltas. —Estoy mareado y quiero vomitar.
—Iré a comprarte alguna pastilla para el mareo, ¿Necesitas algo?
Abro los ojos y trato de inhalar algo de aire pero la sensación de acidez y agruras sigue presente.
—No te preocupes, estaré bien, no es la primera vez que pasa. Sufro de mareos constantes, algo en mis oídos no está del todo bien.
Levi me observa por un instante.
— ¿Qué tiene que ver el oído con los mareos?
Lanzo una carcajada débil.
—Balance, carezco de eso y de la orientación, el oído y las actividades motrices tienen mucho que ver, están ligadas, por así decirlo, si se daña el oído también el equilibrio por lo que al mismo tiempo se provocan mareo cuando se hace un movimiento brusco. —Me toqueteo el lóbulo derecho. —No soy bueno dando explicaciones, mejor lee un libro de otorrinolaringología.
—Lo siento, no soy bueno con los trabalenguas. —Ruedo los ojos. —Quédate quieto, voy por las pastillas.
—Estoy bien, ya estoy acostumbrado. —Me levanto de la banca pero me balanceo hacia los lados, el suelo se pierde de repente y jadeo.
Trago saliva, me ha tomado por sorpresa y a él también por lo que no le ha dado tiempo de reaccionar hasta que ya estoy en el suelo jadeante.
—Eso es lo contrario a estar bien, olvida las pastillas vamos al médico. —Me toma por la cintura y me ayuda a incorporarme, las piedras del suelo aun danzan ante mi vista, esto no había pasado antes.
—No, solo... me levante muy rápido, hablare con mamá cuando volvamos a casa, tengo hambre, vayamos por comida china. —Me separo de él y empiezo a caminar en dirección contraria.
—Tú odias la comida china.
—Siempre puede haber una primera vez. —Sonrío tratando de ocultar las preocupaciones que me embargan en este momento con referente a mi propia salud.
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Lo único que quizás odio de la comida china es el arroz y espagueti, tengo cierto resentimiento hacia eso, pero de allí en fuera creo que me gusta el resto de lo que ofrecen los locales de este tipo de comida extranjera.
No hay buenas películas esta temporada, aunque ya hay anuncios sobre el estreno de "The avengers: Age of Ultron", no es que sea 100% fanático de los comics pero me agrada ese embrollo de los superhéroes.
—¿Te parece si venimos al estreno de media noche?—Pregunto después de no convencernos de entrar al cine.
—¿Qué diferencia hay entre una función normal y una de media noche?
—Qué eres uno de los primeros en verla.
—Sigo sin verle el chiste a dormir más tarde por ver una película que puedes ver al día siguiente.
—Ok, ya entendí, tomare eso como un no.
—Es que en verdad no le veo el chiste.
Dejo de discutir por eso y compro helado, el dolor de cabeza me pica detrás de los oídos.
Como los acuarios no son lo mío ya me dan vértigo optamos por ir al observatorio que está a dos horas en transporte público, tampoco soy un amante de la astronomía pero no quiero sonar como alguien melindroso y chocoso con las salidas, pero, vamos, soy alguien que no sale demasiado de casa, se la pasa leyendo comics, manga, libros, jugando videojuegos, viendo series de televisión, anime, caricaturas de hace diez años, las salidas no me atraen en lo más mínimo, mis padres suelen llevarnos a Isabel y a mí a las plazas comerciales, compramos ropa, chocolates caros, piezas de mecánica para papá, entramos a librerías especializadas en la medicina o vamos a tomar picnic a algún parque especial para mis padres, de vez en cuando vamos a museos de historia natural o de arte, pero son salidas familiares, donde todos conocemos lo que le gusta a todos, aquí...
Me sorprendí cuando Levi me pidió una cita "formal", o lo que algunos llaman formal y/o normal, llevamos solo unos meses saliendo pero jamás habíamos tenido una "cita" o lo más parecido, siempre vamos a mi casa a comer, ver películas, devorar helado, pedir pizza si mis papás no están, jugar videojuegos o que él se pase las horas escuchando mis quejas y críticas en cuanto a una adaptación cinematográfica de algún libro, teorías de alguna saga que no está concluida o algún manga en publicación, por la cara de interés absoluto que pone sé que no entiende absolutamente nada de lo que digo pero aun así se detiene a escuchar toda la bola de tonterías que digo, incluso ha llegado a opinar, eso me hace feliz. Pero el que me pidiera salir, bueno, tuve que pensármelo un poco, no tengo demasiado dinero y como la experiencia habla, yo iba a tener que pagar la mayoría de las cosas ya que a él pues... le decomisan el dinero cada dos por tres, aun así, pasamos alrededor de una semana haciendo un itinerario para este día, cada vez que yo estaba a punto de decir que no me apetecía ese lugar y que prefería la feria del libro que estaba cerca, tenía que morderme la lengua y sonreír para disimular, después de todo era mi turno de disfrutar y conocer los gustos sociales que tiene. El horario que ajustamos casi me saca un bufido de aburrición total, pero solo me limite a alzar el puño y decir que esperaba con ansias este día. Sé que suena hipócrita pero no quería que se molestara conmigo por ser alguien poco socialmente andante. A fin de cuentas la mayoría de las cosas han estado saliendo bien, quitando de lado el vértigo que me azoto en el acuario, creo que deberíamos hacer esto más seguido.
El observatorio está lleno de gente y para ser sinceros, Levi no es de las personas que ama esperar en la fila hasta que es su turno, tengo que buscar algún tema para conversar y entretenerlo en lo que la fila se acorta y llega nuestro turno, pero cuando pienso que he logrado mi cometido, el tipo de la taquilla dice que tiene un problema con el sistema y que se ha trabado, debemos esperar al menos una hora hasta que se reinicie el sistema.
—Deberíamos ir a buscar otro lugar para pasar el resto de la tarde. —Dice él pasándose los dedos por el cabello. Está molesto.
—Me parece bien.—Sonrío y tomo su mano.—Vi un parque cerca de aquí, el día esta bonito como para pasarlo dentro, ¿No crees?
Bufa y roda los ojos.
—Supongo que sí.
Caminamos por las calles tomados de las manos, el sol brilla otro poco, aunque no quema ni acalora, el aire frío lo evita de alguna forma, hay nubes esponjosas en el cielo, son increíblemente blancas y grandes, jugueteamos un rato haciendo figuras con ellas, al llegar al parque lo primero que hacemos es tirarnos en la primer área verde que vemos vacía, hay un árbol que hace sombra y nos deja ver el espectáculo de nubes, creo una historia perfecta de amor dentro de mi cabeza con esas nubes fantásticas, reímos y tonteamos, su risa es hermosa, dejando el sarcasmo de lado, creo que nunca la había escuchado, me hace sentir bien provocar esa risa con tonterías esponjosas.
—Yo no creo que eso sea un dragón. —Dice.
—Claro que sí, mira... de ese lado empieza una ala, ¿Ves?, luego un poco más allá esta la cabeza e incluso se ven colmillos y allá esta la cola.
—¿En serio?
—Por supues...
El sol se obscurece y en lugar del lienzo azul con algodón veo las tinturas perfectas entre gris y pinceladas de azul naval de sus ojos brillantes, el marfil blanco con rayones rosados de su piel y las hebras azabache de su cabello.
El color me ilumina la cara, sé que no voy a acostumbrarme a tenerlo tan cerca de mí, el corazón da botes agresivos contra mis costillas y la sangre se bombea rápidamente acalorándome, la ligera camiseta que traigo empieza a agobiarme.
Entre abro los labios para respirar pero antes de terminar de respirar me besa, introduce su lengua y la enreda con la mía haciendo que me entorpezca y empiece a salivar de más, me toma de las caderas y yo me ajusto a su espalda para que mi mente no abandone mi cuerpo.
Tengo los ojos cerrados pero el lugar empieza a girar, como si estuviera en un juego mecánico de altas velocidades, antes de que el mareo aumente lo empujo y me quedo sentado en el suelo apretando los ojos mientras la realidad vuelve a mí, jadeo y de repente mi corazón ya no late por la emoción, siento escalofríos y el estómago se me revuelve.
—¿Eren?
—Estoy bien.—Digo cuando el mareo ha disminuido.
—No estás bien, deja de ser terco, vamos al médico.
—No, te digo que esto ya lo sufrí antes, cuando tenía trece empecé con esto, es normal en mí, yo sé cómo solucionar esto.
Él parece un poco dolido, pero en realidad no quiero que se preocupe de más, no soy alguien perfecto, estoy lleno de fallas y esta es una de esas, son fallas que solo yo se controlar.
—Entiendo. ¿Volvemos?
—Sí.
El resto de camino de regreso lo hacemos en silencio, me siento culpable y no paro de regañarme a mí mismo, ¿Por qué tenía que pasar ahora?
La tarde se hace presente pronto y aquella pequeña felicidad me abandona, es sustituida por una leve tristeza que nace por el arrepentimiento, la culpa y el dolor, no me gusta que estemos en esta forma tan... distante, todo por mí.
—Lo siento.
—¿Por qué te disculpas?
—Creo que fui brusco.
—¿Lo crees?—Arquea una ceja y suspira.—No quiero agobiarte pero cada que estamos por avanzar en esta relación siempre aparece un punto tuyo que lo impide, eres mucho más misterioso de lo que creía, la rata de biblioteca que creía conocer realmente solo es una fachada, dentro hay un adolescente lleno de... cosas extrañas.
—Ya extrañaba ese apodo.—Susurro.—No son cosas extrañas, solo son coas sin mucha importancia.
—¿Dices que tienes una enfermedad extraña que tienes desde los trece es algo sin mucha importancia?—Dice con tono ofendido.
—Lo creo, las enfermedades no son algo que me preocupe.
—Pues deberían. ¿Qué es lo que tienes?
Encojo los hombros.
—No lo sé, los médicos dicen desde que es algo psicológico hasta que es una infección auricular, no tenemos idea de que es.
—¿Y no han investigado más? Es irresponsable.
—Levi.—Me paso la lengua por los labios.—No espero que lo entiendas, han pasado muchas cosas para que yo sufra esto, o eso quiero creer, desde una infección en el oído derecho de los tres a los cinco años hasta un hueso mal colocado en mi nariz, es algo con lo que estoy viviendo y estoy bien con eso, no es un virus mutante que avance por mi sangre, ni una enfermedad crónica que va a matarme lentamente.
—No lo sabes. —Ahora está gritándome.
—Tal vez, pero... tengo mi propia filosofía sobre la vida y la muerte, como dije una enfermedad no es algo que me preocupe, tal vez porque jamás he vivido una aunque se cómo es una, mis padres han visto de todo y también yo, desde enfermedades horribles hasta accidentes escalofriantes. Le puedo temer a los zombies o a los dinosaurios, puedo ser un cobarde ante la obscuridad pero no a eso.
—Sabía que eras un idiota, pero ahora haz roto el record de las personas más estúpidas e idiotas del mundo, Eren. ¿Qué clase de pensamiento es ese?
El grito es como un golpe para mí, trago saliva y trato de no temblar o ponerme a gritar yo también. Bajo la mirada y muerdo mi labio inferior, trato de pensar con la mente en frío.
—Lo siento.
—No debes de disculparte por ese tipo de cosas, mejor empieza a preocuparte por esto.
—Cada cabeza es un mundo y este es el mío, como dije, no espero que lo entiendas.—Digo mientras camino por la calle iluminada.
—Eren.—Me llama.
Es mi culpa, tal vez no debí quejarme o hacer notar el malestar, eso no está bien, debo ser más cuidadoso y evitar que los demás vean que estoy mal.
—Eren, ok, lo siento, no debí gritarte.—Él me cierra el camino y me detiene.—Pero...
—No importa, pero... olvídalo, ¿Si? Esto va a pasar, tengo pastillas que van a contrarrestar esto, las tomare y ya, no habrá más mareos, dolores de cabeza ni nada.—Finjo sonreír.
— ¿Seguro que estás bien?
—Sí, no hay nada de qué preocuparse, solo necesito tomar las pastillas que tengo en mi habitación y todo listo, si tengo molestias iré al hospital con mis padres, no te preocupes por mí.
—Si no te preocupas por ti mismo entonces tengo que hacerlo yo, para eso estoy aquí.
—De hecho estás solo para mis propias molestias personales. —Digo con tono de burla pero él no parece estar de ánimo para burlas. —Estaré bien, lamento arruinar la cita.
—De verdad eres idiota. —Me aprieta la cabeza y después me enreda la cabeza. —Citas puede haber muchas, después de todo todavía faltan cuatro años de la universidad y el después de la universidad.
Golpeo su muñeca para que deje mi cabeza y bufo.
—Eres una molestia. —Lo tomo por las solapas de la chaqueta y lo besó, no siempre tomo yo la iniciativa por lo que lo tomo desprevenido pero con una sonrisa me corresponde y al final el que termina siendo dominado soy yo. Como siempre.
Me repite una y otra vez que le comente a mi madre sobre los mareos y las ganas de vomitar durante quince minutos más hasta que tengo que echarlo de mi casa, incluso cuando ni siquiera han pasado un par de minutos de perderlo de vista por mi calle, habla por teléfono y lo sigue repitiendo.
Mi madre está en su habitación, hay poca luz, por lo que creo que ya está dormida; toco la puerta pero su voz me dice lo contrario, abro provocando el menor silencio posible, esta encorvada sobre su escritorio, muerde nerviosamente un bolígrafo y lee rápidamente unas hojas que están sobre la superficie de madera.
— ¿Qué pasa cariño?—Pregunta sin despegar la vista de los papeles.
— ¿Cuánto tiempo llevas trabajando? Mamá.
—Toda la tarde y supongo que tendré que desvelarme esta noche, tengo un grave caso que atender, recuerdas aquel niño del mes de marzo del año pasado. —Asiento.—Creí que ya estaba estable, pero está peor, necesito encontrar que es lo que pasa con él.
Alza la vista y me enfoca, tiene ojeras enormes, la piel la tiene amarillenta y marchita, los labios resecos, los dedos le tiemblan demasiado y parece muy alterada, cansada, ocupada, presionada... no es bueno que le ponga otro mundo encima al decirle que quizá tengo una recaída con los mareos y dolores de cabeza.
—Vengo a ver si quieres algo de comer, por lo que veo no lo has hecho, ¿Quieres que preparé café? ¿Galletas?
Ella sonríe.
—No te agobies, en un momento bajare yo, no tengo mucha hambre. —Su estómago hace un ruido extraño y ambos reímos.
—Creo que... alguien te ha desmentido, iré a ver que cocino, no te preocupes, en un momento subo.
Estira su mano y yo entro por completo en la habitación y respondo a su llamado, esta fría y al parecer ha estado perdiendo peso.
— ¿Qué haría yo sin ti, mi vida?—Hace que me agache y me besa la frente.—Te quiero.
La lámpara sobre el escritorio baila ante mi visión, la luz que emite el foco de repente es demasiado brillante y las sienes empiezan a vibrar con fuerza dentro de mi cráneo, cierro los ojos y trato de regular mi respiración, "Ya pasara, ya pasara, siempre pasa" Hace mucho que aquel frasco de pastillas desapareció.
—Yo también te quiero, mamá.
Gracias por leer.
Parlev.
