Hora 20: Asesorías passio corporis.
Recomendación musical: "What you wanted" de One Republic.
Un día te sientas y piensas en todas las cosas que no has hecho y que posiblemente jamás harás en la vida. Muchas veces me pongo a pensar en lo que sería el mundo si el dinero no existiera o si no fuera necesario u obligatorio estudiar, aunque no me lo tomen a mal, simplemente quiero decir que, ¿Qué pasaría con el mundo si cada quien hiciese lo que quisiera, lo que amara, para poder vivir felizmente? Digo, ¿Por qué no hacer lo que nos apasiona? Escribir historias que se pueden hacer realidad, dibujar un mundo que los demás puedan visitar, crear enormes máquinas para teletrasportarse a la imaginación, componer melodías fuera de este mundo, construir edificios que nacen en la mente, crear leyes de la naturaleza para explicar algo que no comprendemos, etc, etc... ¿Acaso no sería mejor que hiciéramos lo que nos hace felices? Para todas esas preguntas hay una respuesta y la sé, por desgracia no puedo evitar preguntármelo muchas veces, hay cosas que por desgracia por mucho que se pelee por ellas, simplemente no pueden llegar a uno porque está del otro lado de lo posible, cruzando los áridos desiertos de los imposible.
Si me dijeran que voy a morir en unos días, definitivamente dejaría los estudios, tomaría una pequeña maleta, le pediría dinero a mamá, uno que no podré pagarle nunca, y entonces saldría de la jaula de mi vida, escribiría, mataría, moriría, nacería una y mil veces durante las pocas horas de vida, disfrutaría y trataría de vivir por treinta o cuarenta años. Dice aquella voz en mi cabeza que esos pensamientos hacen que mi vida vaya de picada todo el tiempo, trato de ser valiente y responderle que no me importa, me convertiré en un vago y entonces seré quien soy, no siempre se puede, la vida es complicada y muchas veces hay que seguir esos estándares de la sociedad para tratar de salir adelante, aunque sea, solo un poco.
Pero... Al carajo, a nadie le importa, ¿Cierto? Hay que seguir, avanzar y luchar, pelear y alzar el rostro, sacar el pecho y estar preparado para el siguiente golpe, hay que tratar de ver de dónde viene e intentar esquivarlo y no ir directamente a abrazarlo, hay que salir adelante, solos o acompañados, y cuando el camino termine, tratar de no arrepentirnos de nuestras decisiones, sonreír y recibir al eterno descanso como una vieja amiga para volver a ser capaces de renacer.
Siendo sinceros... Esto no es un buen tema de pensamiento... no cuando tengo que estudiar, Cálculo y química, también un poco de física si se llega a dar el tiempo.
—Eren, por favor, pon atención.
—Lo estoy haciendo, solo que me duele un poco la cabeza.—digo enredando los dedos en el desastre de mi cabello.
Erwin suspira y cierra el libro.
—Entonces ve a la enfermería.
Hago una mueca.
—Ya pasará, créeme, mejor sigamos, tengo hambre.
La verdad preferiría ir por algún sándwich o chocolate pero debo estudiar, es una cadena demasiado apretada alrededor de mi cuello, me ahorca y no me suelta hasta que me trata de dejar sin aire y así hasta el fin de los tiempos.
Aunque no lo crea termino aprendiendo un par de cosas, formulas nuevas, o casi nuevas, una manera más sencilla de contar equivalencias, un camino fácil para las integrales y ese tipo de cosas, como si de repente las materia se hubieran vuelto prostitutas, es divertido pensar de esa manera cuando uno está desesperado y dando el último aliento con ellas. Supongo que solo estarán en mi mente por unos días después huirán cual cobardes, siempre pasa.
—Te ves pálido, ¿Estás enfermo?—pregunta Erwin mientras meto el libro de química en la mochila.
—Cansado, tal vez, me he estado desvelando estos días.
—Supongo que estudiando no.—él arquea una ceja de forma divertida.
—Definitivamente no, haciendo... bastantes cosas. —sonrió un poco con exageración.
—Trata de dormir más, si no, no podrás rendir en las clases, recuerda que ya estás en la recta final.
Tuerzo los labios. "Recta final" Como si fuera a morir en vez de pasar a la universidad.
Me encojo de hombros y termino de guardar mis cosas.
—Lo haré, aparte de que tengo que terminar varios proyectos y tareas, los profesores de repente se pusieron demasiado trabajadores.—suelto una risita.
—Siempre es así. ¿Quieres ir por un helado? Aún falta una hora para que inicie tu primera clase.
Miro mi reloj, al parecer hemos terminado antes de lo esperado.
—Por supuesto, no me caería mal algo frío.
Me cuelgo la mochila al hombro y salimos del pasillo de los LACE, hablamos de cosas un poco comunes, como la carrera que escogeré, lo que me gustaría hacer, cosas que están muy de moda entre estudiantes universitarios, supongo. Reímos en varias ocasiones por chistes que accidentalmente hago, es frustrante que los chistes salgan bien sin planearlos pero cuando los planeas sean una total vergüenza, igual a todo, dicen que lo mejor es lo que sale de improvisto. Debería de dejar de planear las cosas y hacerlas a lo tonto, eso me ahorraría muchos problemas.
Al llegar a la plaza comercial, mi tutor recibe un mensaje de uno de sus profesores y se excusa, dejándome solo en la heladería, al final que más daba, pido un helado flotante con dos bolitas de helado y un montón de hielos para congelarme el cerebro; como no hay nada que hacer vuelvo al plantel.
Por lo que se, Levi tiene entrenamiento del equipo pero, creo que esta un tanto molesto conmigo, este inicio de semana nos hemos mantenido distantes, no muy cortantes pero parece como si tratáramos de evitar el contacto físico y psíquico con el otro. Siento que eso me hiere pero no sé qué hacer o que decir para alivianar la tensión, sé que si ninguno de los dos da el "afamado" primer paso, las cosas no se van a solucionar pero, ¿Cuál es el paso que debo dar? ¿Pedir perdón? Ya lo hice, ¿Pedir una explicación? Eso sonaría muy ignorante del problema por mi parte, ¿Fingir que no ha pasado nada? ¿Entonces dónde está la comunicación y chachara y media de pareja?
Algunas ocasiones extraño mi tranquila vida de vagabundo soltero. Definitivamente no estoy hecho para esto.
—¿Eren?
Sorbo del refresco y me giro, una de las cintas se resbala por mi hombro y el peso me desequilibra.
—Farlan. ¿No es demasiado temprano para que estés en la escuela?
El chico se acerca hasta donde estoy y sonríe abiertamente, luego se encoge de hombros.
—Tengo que venir porque estoy a punto de reprobar lógica, ¿Sabes lo malvada que es esa materia? La aborrezco.
—La odio, supongo que por eso mi vida es denigrante, no está rígida por la lógica.
Farlan se ríe de mi chiste sin sentido y me golpea un hombro.
—Sí, te entiendo, le pedí a Mikasa que me ayudara pero sus clases son como el mismo infierno, jamás la contrates como profesora, es temible, definitivamente ella no sirve para ser educadora, cree que el método de los golpes con la regla sigue vigente.
—Ya veo.
—Por cierto, Levi dice que eres un cabeza hueca, ¿Paso algo? ¿Algo que tenga que arreglar con golpes y pegamento?
Miro al chico, habla en serio pero con un leve toque de burla.
—¿Te dijo algo?
—No exactamente, de repente tiene monólogos internos demasiado externos, él cree que no lo escucho mientras se baña.
Abro la boca para decir algo pero esas palabras han sonado... demasiado extrañas.
—No dejan de sorprenderme.—susurro algo contrariado.
—Pero... dime, ¿Qué fue lo que paso?
—Nada, solo un accidente de mi parte, supongo que él no sé lo tomó muy bien que digamos.
Farlan suspira con exageración y se pone las manos en la cintura.
—No sé qué decir, ustedes dos son una sarta de problemas monumentales, en serio. Deberían aprender a llevarse mejor.
—No es fácil.
—Nada lo es, esa es mi filosofía privada. Ahora ve allá y arregla todo este asunto.
Estiro los labios y sorbo del refresco.
—Eres peor que Isabel y mi madre.
—Sí, sí, lo que digas, ahora ve a encontrarte con él para arreglar todo ese problema suyo, un día de estos van a lograr que me dé un dolor de cabeza.—mira su reloj y bufa.—Mueve el trasero, el entrenamiento termina en cinco minutos.
—Lo que digas.
Ruedo los ojos y me encamino al lugar señalado, de repente tengo ese momento de valentía que solo sale a la luz cada mucho tiempo.
El gimnasio es un lugar rectangular bastante grande, tiene dos pisos, planta baja para lucha olímpica y artes marciales y planta alta para los deportes de cancha, hay un gran estante de vidrio lleno de los premios que la escuela ha ganado en las diferentes áreas deportivas, hay incluso las fotografías de los miembros de cada equipo y artículos periodísticos donde han salido. Obviamente ese estante no tiene el placer de tener mi cara allí.
Subo las escaleras a paso lento, estoy nervioso pero al mismo tiempo tengo ese síndrome de mandar todo al otro lado del mundo, como si no me importara nada, una buena mascara de mentiras que... bueno me alivia un poco.
La reja amarilla con barrotes está abierta y de ella cuelga la cadena con un candado, ambos a punto de empezar a oxidarse. Como Farlan dijo, el entrenamiento ya está llegando a su fin, o bueno, posiblemente ya termino pero el entrenador los está reprendiendo, por algún fallo entre ellos, supongo.
Al instante siguiente de poner un pie dentro Levi se gira y nuestras miradas se cruzan, sonrió a forma de saludo aunque no recibo uno de vuelta, no sé si porque mis teorías son ciertas y está molesto conmigo o porque el entrenador ha alzado la voz, la parte paranoica opina lo primero y mi parte sumisa piensa lo segundo. Me adentro completamente, las chicas de voleibol están calentando, algunas cuchichean entre ellas y otras discuten amistosamente.
— ¿Qué haces aquí? ¿No tienes asesorías?—pregunta una vez que el entrenamiento se da por terminado.
—Termine antes. Y hola para ti también.
— Ya veo.
Está molesto. Aprieto los labios y trato de fingir indiferencia.
— Me encontré con tu hermano en la entrada de la escuela, supe que tiene problemas con lógica.
—Sí, está a punto de reprobar la materia si no pasa este parcial.
Guardo silencio mientras termina de beber agua, toma su maleta y se aleja hacia los vestidores. En realidad... ¿Por qué me torturo yo solo? No es como si ahora me odiara, ¿No?, digo... si así fuera supongo que todo este cuento terminaría para siempre y entonces podría darme el lujo de llorar y destruirme dentro del armario comiendo helado en cantidades exageradas, ver películas y sumergirme en libros como siempre lo he hecho, eso haría, pero no está pasando nada de otro mundo, solo ha sido una leve discusión sobre algo en lo que no estamos de acuerdo, no todo puede ser miel sobre hojuelas, ¿Verdad? Todos pelean o discuten, supongo que ahora es nuestro turno, hacer esto por una pequeñez.
Hecho mi cabeza hacia atrás, arriba están las gradas, no vengo a los partidos entre planteles cuando la sede es esta escuela, ni durante los concursos de baile para quintos años, solo he subido allí un par de veces.
Hay una ventada en un extremo del lugar, entra una tenue luz amarillenta, diluida por el vidrio, por ese rayo se ven motas de polvo danzantes e hipnotizastes. Las paredes hacen que el ruido rebote y se convierta en eco sonoro.
— Vamos.
—Estás molesto.
—¿Debería?
—Supongo, has estado raro en todo lo que va de la semana.
Salimos del gimnasio, una ráfaga de viento hace que el cabello me pique la cara, me quejo y rio para mí mismo.
—Me la he pasado pensando en muchas cosas últimamente.—comenta.
—¿En qué? Por ejemplo.
— Cosas. Infinidad de ellas.
—Es raro escucharte decir eso, usualmente soy yo el de los problemas existenciales.
Al cabo de rodear el gimnasio terminamos en los pastizales más alejados de la escuela, casi junto a la cancha de voleibol al aire libre.
—Cambie de opinión, voy a entrar a medicina.
Abro los ojos sorprendido después de dejar caer mi mochila en el césped.
—¿Medicina? Pero si quieres ciencias políticas. Según. ¿Qué te hizo cambiar de opinión?
Me dejo caer pero no dejo de mirarlo hasta que está a mi lado.
—Dices que ningún médico te ha sabido decir que es lo que tienes ¿No?
—Así es, muchos dicen que es psicológico, pero... ¿Exactamente es eso por lo que quieres cambiar de carrera? Es una tontería.
Él frunce el ceño no muy contento por lo que he dicho.
—¿No te da curiosidad? Es decir, ¿Qué está pasando en tu cerebro ahora?
—Solo a veces.
—Quiero especializarme en neurología y averiguar qué es lo que te pasa.
—Mi padre es neurólogo y no lo sabe. —digo obviando esa parte de mi vida.
—Pero yo lo hare.
Suspiro.
—Gracias.
No puedo evitar sonreír, es un acto tan diminuto que no puede pasar por desapercibido. Separo los labios y enredo su cuello con mis brazos, lo atraigo hacia mí en un abrazo.
—No hagas ese tipo de cosas solo por algo que en realidad a mí no me preocupa.— susurro enterrando mi cara en su cuello.
—Alguien debe hacerlo.
Me toca las mejillas y golpea mi frente con su dedo índice. Nos quedamos un rato en silencio, recargo mi cabeza en su hombro y observo el cielo lleno de nubes blancas dispersas, no puedo evitar seguir sonriendo, mi corazón está muy feliz, los latidos de emoción me lo dicen, es como sentirse en un sueño irreal, una nube esponjosa y suave que viaja de paraíso en paraíso sin detenerse. Me siento como un completo idiota, sacando conclusiones falsas cuando en realidad solo ha estado pensando en mí. ¿Tengo razones para seguir dudando de su cariño hacia mí? ¿En realidad tenía dudas? Es un bello cuento que no quiero que termine, es mi propia historia de amor perfecta.
Gracias por leer.
Parlev.
