Capitulo 4: ¿Donde Rayos estamos?
–Última parada… ciudad *** Woods.
Fue lo único que escucharon los dos hermanos, mientras que despertaban de su pequeñísima siesta en el autobús.
–Despierta Lana, ya llegamos. –El peliblanco tocaba el hombro de su hermanita que seguía durmiendo. Cabe por resaltar que el chico aun tenía un poco de sueño.
–Unos cinco minutos más… zzz –La pequeña mecánica no abría los ojos, solo quería seguir durmiendo.
–Vamos Lana… en la casa podrás dormir todo lo que quieras. No es bueno seguir durmiendo en el autobús o terminaremos en otro lugar.
–Está bien, lo que digas. –Lana abre sus ojos un poco fastidiada, mientras que estiraba sus bracitos.
Ambos se levantaron de sus asientos con un poco de agotamientos y tomaron sus cosas. Luego se dirigieron hacia la salida del autobús.
Fue entonces que notaron algo raro, al salir afuera. El terminal de la ciudad era muy distinto y diferente al que ellos conocían, sobre todo lo más llamativo era que estaba amaneciendo, dejando a los chicos totalmente sorprendidos.
–Vaya el terminal se ve muy diferente.
–Tienes razón Lana… también ¿acaso viajamos después de la media noche?
De pronto los dos hermanos escucharon a un caballero que discutía con el chofer del autobús, el mismo que se subieron los chicos. Los hermanos se voltean discretamente para ver lo que sucedía.
–Porque demonios se tarde más de lo previsto… se supone que solo eran ocho horas de viaje. –Alegaba el caballero, debido que el bus se había atrasado con la hora.
–Lo sentimos, pero anoche el autobús se le reventó un neumático así que llamamos a la compañía, para que nos trajeran uno nuevo… aparte que mi compañero ya había cumplido la hora máxima de conducir, así que tuvimos que parar unos minutos más; para que llegara el otro chofer.
–Como carajo no pueden llevar un repuesto de emergencia… estuve en ese vehículo por casi once horas!
–Que! Viajamos por once horas! –Los dos chicos se quedaron en shock al oír eso. Creían que pasaron de largo.
–Pero como demonios… nos gano el sueño, se suponía que solo iba ser una siesta.
–Pero lo más importante ¿En dónde estamos?
Tanto Lana como Lincoln estaban alterados, ya que no tenían ninguna idea de su ubicación o dirección. Sobre todo el peligro que podía haber en ese lugar, dejando un poco asustado a Lana.
–Tranquila Lana… –El peliblanco trataba de tranquilizarla. –Haremos esto; preguntaremos en donde estamos… luego llamaremos con nuestros celulares a alguien de la casa para que nos vengan a buscar, y listo así de sencillo.
–Okey hermanito. Solo hay usar nuestros… –Lana se queda un poco en shock recordando algo. –Lincoln ¿Es necesario nuestros celulares?
–Pues claro que si… ¿Por qué preguntas?
–Eh… no te enojes, pero creo que se me olvidaron en la custodia de Leche-landia... jijiji –Ella sonríe bobamente.
El peliblanco queda en shock al oír eso, para luego reaccionar diciendo: –Rayos! Acaso esto, no se puede ponerse peor! –Toma un respiro. –Pero que fuiste a buscar en la custodia.
–Busque mi cámara, lo siento. –La pobre niña estaba a punto de llorar. –Estamos perdidos.
–No… no… Lana no llores; no es tu culpa. –Lincoln trataba de evitar que Lana se largara a llorar. Recordando algo, que podía ser su última esperanza. –Tranquila… Soy tu hermano mayor y hare todo lo posible para regresar a casa. Como usar los números de emergencia que nos entrego Lori, lo único que debemos hacer, ahora es averiguar en donde estamos y buscar un teléfono público.
–Está bien hermanito, confió en ti. –Recuperaba a poco la calma.
BRR! BRR!
–Lo siento Lincoln, pero creo que me dio hambre.
–Está bien… en todo caso es importante desayunar, menos mal que aun nos queda dinero. Pero hay que hacerlo rápido, los demás de seguro están muy preocupados por nosotros.
Para su buena suerte el terminal de buses tenía un pequeño local que estaba abierto. Los hermanos se dirigieron hacia allá, hasta llegar adentro del local y buscar una mesa. En unos segundos más tarde llega una joven mesera hacia los chicos.
–Buenos días niños. ¿Qué van a pedir?
–Hola… vamos a pedir. –El chico mira el menú que estaba en la mesa. Buscaba algo barato. –Eh… tráiganos dos vasos de milo y dos emparedados de pollo, por favor.
La mesera se retira. Después de unos cinco minutos, llega a la mesa con el desayuno de los chicos.
–Muchas gracias… antes que se retire le puedo preguntarle algo importante. ¿Cómo se llama esta ciudad?
–Ustedes hablan enserio. –La chica estaba confundida, creía que era una broma. –Como no van a saber en qué ciudad están.
–Es que… –El peliblanco le daba un poco de vergüenza contarlo.
–Bien pues están en Neo Woods. –Ella se retira. –Pero para la próxima no haguen preguntas tontas.
–Chamfle… por razón nos confundimos el nombre es casi igual. –Dijo Lana entre mordisco con su desayuno.
–Aff… tenía que poner más atención antes de subir o dormir. –Lincoln se desanimaba.
–Tranquilo hermano… también es mi culpa de no recoger los celulares.
–No Lana, soy yo el mayor y me hare responsable… –Le suena el estomago. –Claro después de comer, obviamente.
Después que los dos hermanos terminaron su desayuno, salieron del local. Empezaron a buscar algún teléfono público para llamar a su familia y regresar a casa. Con algo de suerte lograron encontrar uno de esos en el terminal, así que se dirigen hacia allá.
Al peliblanco solo le quedaban tres centavos y cuatro dólares. Cabe por resaltar que el teléfono solo aceptaba centavos.
–Bien solo hay que usarlo y esperar que la suerte… –El chico se queda pensando un poco, al parecer no superaba bien esa semana, como la vez que Lucy le hizo una predicción en su paseo.
–Tranquilo hermano… todo saldrá bien. –La pequeña mecánica le sonreía.
El peliblanco asiente. Como siguiente acción inserta un centavo en el teléfono y luego busca en el papel que le entrego Lori, el contacto de la casa. El chico marca ese número, esperando alguna respuesta, pero no contestaban.
Fue un poco raro así que volvió a intentarlo, teniendo el mismo resultado y otro centavo menos.
Los hermanos estaban preocupados ya que las dos veces, nadie le respondió la llamada. Quizás aun estaban durmiendo por vacaciones o planearon un paseo familiar a la playa en la madrugada.
Solo le quedaba un centavo, pero en esta vez en vez de llamar a la casa decidió llamar al abuelo Albert. Ellos esperaban que con el abuelo tuvieran un mejor resultado, pero desgraciadamente llegaron al mismo restados como en los anteriores.
Acaso el abuelo también estaba de vacaciones.
–Rayos porque nadie contesta. Maldición. –El chico estaba enojado y alterado, debido que muchas veces lo regañaban por no responder las llamadas.
–Creo que ninguno iba a contestar después de todo.
–¿Por qué lo dices?
Lana había encontrado un papel que tenia pegado al lado derecho del teléfono público. Así que se lo indica diciendo: –porque ese papel dice; fuera de servicio.
–Como… ratos no me di cuenta de eso! –El chico estaba enojado. Hasta el punto que le dio un pequeño ataque de ira, estaba arto que las cosas siempre le salieran mal. –Maldito pedazo de chatarra. –Agarra el teléfono y lo empieza golpear a la caja de este, mientras que lo pateaba. Por otro Lana intentaba de tranquilizarlo.
El chico le llama la atención a un oficial de policía que se encontraba en el terminal, tomando un vaso de café muy caliente. Estaba tranquilo hasta que vio la actitud del muchacho, así que se dirige hacia él.
–Porque todo me sale mal… Porque nada me puede salir bien. –Continuaba pateando.
–Lincoln… por favor para. Todo saldrá bien lo prometo. –La niña lo abrazaba esperando que su hermano reaccionara.
El chico se tranquiliza, y ve que su hermana estaba un poco asustada. –Perdón Lana no quería asustarte… es que me siento como un verdadero idiota por mal gastar tres centavos en un teléfono que no funciona.
–No te preocupes esas cosas pasan. –Ella saca un destornillador. –veré si puedo recuperar los centavos y conseguir algunos extra. Me subes por favor. –El chico asiente y toma en brazo a su hermana, para que ella fuera sacando los tornillos en la parte en donde se echan los centavos.
Hasta que llega el oficial de policía, que no estaba para nada contento.
–Que está pasando aquí!
–Eh nada, solo estábamos… –El chico es interrumpido.
–Estaban haciendo destrozo público.
–No solo…
–Están robando!
–No oficial es un mal entendido, solo queríamos usar el teléfono, pero este esta fue…
Lana pone su mano sobre el teléfono. El aparato al recibir fuertes golpes por parte del chico quedo muy frágil, haciendo que cuando Lana asomara su mano hizo que este se cayera justo sobre el pie derecho del policía, provocándole un gran dolor.
Tras de sufrir ese fuerte golpe el oficial suelta su café accidentalmente, cayendo justo en su pierna izquierda, provocándole una pequeña quemadura. Ahora le dolía el pie derecho y la pierna izquierda.
–Ya valimos…
–AH! Mi pie. –Tomaba su pie lastimado. –Auch… está caliente. –Ahora con su mano sacudía su pierna quemada. Parecía como si estuviera bailando.
Lana no pudo contenerse de la risa y de grabar al pobre oficial, obviamente este lo noto.
–Suficiente… trataron de robar a los teléfonos, me atacaron y ahora se burlan de mi… ustedes dos vendrán ahora mismo a la comisaría policial conmigo, están en graves problemas.
Los hermanos al oír eso y el tono amenazador huyen del policía, dejándolo atrás ya que este le dolía mucho el pie, sin mencionar que su otra pierna le irritaba mucho la quemadura, pero de igual modo los empieza a seguir o por al menos lo intenta.
Los hermanos no se dieron cuenta que el papel con los números telefónicos, se había quedado sobre el teléfono público antes que se cayera.
Los dos chicos seguían huyendo del policía, hasta que se dieron cuenta que un bus estaba a punto de salir. Así que subieron rápidamente, sin importar a donde iba. El bus sale.
El oficial de policía que estaba un poco lastimado empieza a mirar a sus alrededores para localizar a los muchachos, pero no obtiene buenos resultados los había perdido de vista.
–Rayos. –Llama por su comunicador. –alerta, alerta hay dos pequeños fugitivos que están haciendo destrozos y me atacaron con un café. Necesito que estén atento son un chico de playera naranja, cabello blanco como un anciano y un niña de overol azul de cabello rubio que lleva puesto una gorra roja sucia. Cambio.
