Un pedazo de ti – Cap04
Un gran estruendo sacudió el terreno de la corporación cápsula, dentro del domo padre e hijo se enfrascaban en una pelea amistosa, la delantera como siempre, la llevaba el príncipe.
Briefs recibió un ataque de energía de lleno en el rostro y en consecuencia salió disparado hasta chocar con una montaña.
-¡ANDAS MUY DISTRAIDO TRUNKS!- Gritó Vegeta con tono de regaño.
El saiyajin menor salió de entre los escombros, se sacudió el polvo y sobó su nariz.
-¡Rayos!- maldijo al ver las condiciones de su atuendo deportivo.
-Si hubieras usado tu traje no estarías quejándote por estupideces- Vegeta cruzó los brazos y endureció sus facciones, -sabías que vendríamos a entrenar, debiste prepararte. Ya no eres un chiquillo Trunks.
El híbrido se acercó a su progenitor con cara de vergüenza. -Anoche me desvelé terminando de escribir el informe que expuse en la mañana y después ya no tuve tiempo de tener una siesta. Honestamente muero de sueño.
-¿Entonces por qué rayos viniste?- inquirió con el ceño más fruncido de lo común.
-Ya te había fallado la vez pasada, no quise fallarte hoy- respondió apenado agachando la cabeza.
El príncipe se lo quedó viendo con el semblante serio, su hijo tenía esa misma manía que él, la de tomarse muy en serio cualquiera de sus propósitos y no descansar hasta alcanzarlos. Pero a diferencia del príncipe, el híbrido había adquirido más obligaciones que su padre, pues no solo estaba el factor de ser cada vez más fuerte físicamente, también estaba el título de presidente de la corporación cápsula y miembro de la patrulla galáctica.
Relajó sus facciones después de razonarlo y valorar el sacrificio que su primogénito hacía para entrenar con él.
-En esas condiciones no puedes tener un entrenamiento adecuado, no rindes como es debido. Mejor lo posponemos para cuando te encuentres descansado.
-Gracias padre- agradeció sintiendo alivio, temía que su padre se aferrara a entrenar como desquiciado. Y tenía mucha razón, su rendimiento era una vergüenza ese día.
Restregó sus ojos y aspiró profundo, disfrutando del aire puro de las montañas.
-Mañana es fin de semana, ¿por eso te presionaste tanto estos últimos tres días?
Trunks asintió con la cabeza. -Invité a Pan a tomar un café, pero pienso llevarla a tomar un par de tragos- sonrió como cuando de niño planeaba una travesura.
El saiyajin de raza pura levantó las cejas sorprendido. -¿Con la cría?- cuestionó, -no creo que acepte.
-Tengo un plan para eso y mi madre es cómplice.
-Me impresiona tu habilidad de convencimiento. En dos años ni Bra, ni Bulma lograron una sola salida con esa testaruda mocosa.
Briefs rio socarronamente. -Es que a diferencia de ellas, yo no le doy otra opción- presumió.
-Sígueme- ordenó Vegeta con su típico aire autoritario y Trunks lo obedeció sin dudar. A pesar de ser un adulto, mantenía intacto el respeto y admiración hacia su padre y en escasas ocasiones le desobedecía.
Ambos bajaron de la cima de la montaña y se quedaron de pie frente a una cascada escondida en un bosque, muy lejos de casa.
-Esa mujer- habló Vegeta, -me prometió entrenar a la cría y no ha cumplido con su palabra- se quejó. Más que molesto se veía preocupado, como cuando regañaba a sus propios hijos por su bien, esa misma mueca en su rostro, esa misma mirada paternal que tanto conocía.
-¿Por qué te prometió eso?- preguntó extrañado.
-Fue mi condición para que ella tomara el nombre de Arya.
Trunks abrió la boca sorprendido. -Entonces sí sacó el nombre de tu bisabuela- su ceño se frunció y arrugó los labios, ese acto le recordó a Vegeta cuando su hijo solía hacer berrinches de niño. -No es justo, ese nombre me hubiera gustado para una hija mía- protestó con un tono parecido a un puchero.
-Al paso que vas…- entrecerró los ojos, -¿ya tienes en mente alguna mujer?
El empresario negó con la cabeza, haciendo que sus lacios cabellos se mecieran graciosamente.
Un suspiró se escapó del saiyajin mayor. -Esa cría es agresiva, todos dicen que es traviesa pero tiene el carácter de una saiyajin, a pesar del bajo porcentaje de sangre de nuestra raza que corre por sus venas.
-Si me he dado cuenta que para Pan es un reto- comentó Trunks como hechizado por la belleza de la cascada.
Vegeta miró curioso hacia donde tenía la vista perdida su vástago. -Si la entrenara como es debido canalizaría toda esa energía y podría controlar mejor a la cría- agregó uniéndose al hechizo que le provocaba la naturaleza de ese planeta que alguna vez deseó destruir.
-Es muy pequeña para entrenar- tomó una gran bocanada de aire. -Recuerdo que mi entrenamiento comenzó como a la edad de seis años- opinó Trunks.
El murmullo arrullador del agua los envolvía en un aura de paz, esa que el príncipe solo sentía en presencia de su mujer e hijos. Pero para llegar hasta ese estado, tuvo que luchar contra el enemigo más persistente que jamás había conocido, su orgullo. Tardó años en aceptar que su hijo era su viva imagen, que poseía un enorme potencial, que era su orgullo. Es por esa razón que en un principio se negó a entrenarlo y relegó toda responsabilidad paternal a la mujer, porque en ese tiempo no quería aceptar que Bulma era su mujer, se engañaba a sí mismo llamándola simplemente, mujer.
Luego llegó el momento en que se dio cuenta de que la energía del pequeño saiyajin sobrepasaba las fuerzas de la mujer, e inclusive su paciencia, haciendo que toda esa frustración reprimida terminara estallando contra él, gritándole y negándose a tener intimidad, ya que siempre se encontraba agotada y de mal humor.
Solo entonces aceptó entrenarlo a la edad de seis años, al principio de mala gana, pero conforme fue viendo el progreso del mocoso se convenció que ese era el método correcto para controlar toda esa energía heredada por él. El progreso en Trunks lo enorgulleció y a vez mejoró el humor en su mujer, porque para ese entonces ya la consideraba suya y él su hombre.
-¿Recuerdas lo que te conté hace tiempo? Sobre las crías de mi raza- desvió la vista de la cascada hacia su hijo. -En cuanto tenían la edad apropiada eran entrenados.
Sintió la mirada del príncipe clavada en su perfil. -Pero eso era hasta que cumplían la edad de tres años- respondió volteando el rostro hacia su padre.
-Las crías en sus primeros años requieren de muchos cuidados- llenó de aire puro sus pulmones, -solían causar destrozos en sus casas o salían a perderse y terminar muertos. Las hembras no tenían el tiempo ni las ganas de permanecer tras el mocoso.
Una risa divertida salió de la boca del menor. -Ya es muy tarde para meterla en una de esas máquinas que usaban como incubadoras.
-En pocas palabras, Pan debe comenzar a entrenarla. Tengo entendido que una niñera de la guardería resultó con un ojo morado en una ocasión- levantó una ceja.
Los ojos azules del híbrido se abrieron a todo lo que sus párpados se lo permitían. Sabía por su madre que la pequeña era algo inquieta en la guardería, pero como le había tomado cariño a una niñera en particular, con ella se controlaba mejor, pero eso era durante el transcurso de la mañana, en donde dedicaba de dos a tres horas de siesta, el problema era en la tarde, cuando Pan la recogía ya descansada y fastidiada de la rutina, entonces se reflejaba su lado saiyajin.
Trunks meditó por un minuto lo que había visto y lo dicho por sus padres, no tardó mucho en llegar a la conclusión de que su progenitor tenía razón. Esas dos semanas que tenía tratando a Pan en la oficina, le confirmaban que la joven madre se encontraba al límite de sus energías, en la empresa siempre ponía su mayor esfuerzo y daba todo de sí, pero su mirada solía tener otro semblante del que recordaba. A través de esos bellos ojos negros, Trunks lograba percibir ansiedad y la ausencia de aquella chispa que la caracterizaba antes de irse por tres años.
-¿Sabes qué padre?- sonrió de lado como siempre que se proponía algo, cuando solía poner su cara fanfarrona de poderlo hacer todo. -Me voy a encargar de entrenar a Arya… y a la holgazana de Pan también. Nada como el entrenamiento para relajarse y ella lo necesita.
Una leve sonrisa dudosa apareció en el rostro del guerrero de sangre pura.
-Espero que logres hacerlo, después de todo es hija de Gohan y ya sabes que a él no le importan mucho las artes marciales.
-Pero también es nieta del señor Goku. Y además- levantó sus cejas lavanda de manera altanera, -soy el gran Trunks Briefs, nunca acepto un no por respuesta.
Vegeta no contestó a eso, su hijo poseía la misma arrogancia de él y su mujer.
…
El lujoso automóvil color gris oscuro y con vidrios polarizados, avanzaba a gran velocidad por las amplias calles la exclusiva zona residencial en la capital de oeste.
-¿No me dirás a dónde me llevas?- preguntó con curiosidad, maravillada por los jardines y la espesa vegetación a su alrededor.
Briefs no respondió, giró en una pequeña calle hacia el lado derecho, llegó al amplio espacio del exterior de una casa con forma de cabaña rústica, pero a leguas se notaba que era solo fachada, pues en ese sector abundaba la tecnología avanzada y el lujo.
-Llegamos- al fin habló el híbrido, apagó el carro y salió impaciente, Pan lo imitó, sin darle la oportunidad de abrirle la puerta.
-¿Quién vive aquí?- ladeó la cabeza admirando la arquitectura.
-¿Ye gusta?- inquirió divertido.
-Es como sacada de una postal.
-Quiero comprarla para vivir aquí- se encogió de hombros, como si fuera la cosa más común del mundo, comprar propiedades costosas.
Pan se quedó viendo a la cara de su amigo por un breve instante, luego una sonrisa de burla no se hizo esperar.
-Sigues siendo un snob Trunks Briefs.
-Claro que no- se defendió en vano. -Ven- la encaminó poniendo su mano en la espalda baja de la muchacha, el calor de la mano del híbrido la tomó por sorpresa, causándole un estremecimiento que pasó desapercibido por el hombre.
Recorrieron la propiedad mientras Trunks le platicaba entusiasmado dónde pondría los muebles y cómo quedaría todo ya terminado, el brillo en los masculinos orbes azules al platicarle sus planes la contagiaron de toda esa esperanza positiva. De inmediato se conectó con esa energía absorbente que poseía el híbrido y se encontró opinando sobre la decoración, dando consejos que él escuchaba con atención y asentía como niño obediente a sus sugerencias.
Era curioso como ese hombre que solía imponer su voluntad en la empresa con éxito, se mostraba hasta cierto modo dócil cuando ella opinaba que sus ideas se encontraban erróneas. Le causó gracia el hecho que cuando ella le comentó que pintar la pared de la sala principal en color verde oliva era una aberración, él se limitó a poner las manos en los bolsillos de su saco y le pidió que ella escogiera el color, la obedecería confiando en su buen gusto.
El empresario que se mostraba duro y estoico en las conferencias, al igual que su padre en público, con ella se mostraba expresivo y atento.
-Gracias por tus consejos, de verdad los aprecio- la tomó de la mano sin previo aviso, -ven- la guio hasta la cocina. Abrió una puertecita, sacó una botella de vino tinto y otros implementos que depositó sobre una barra de granito.
-Para agradecer tu ayuda te prepararé una bebida refrescante.
La joven levantó una ceja a modo burlón. -Vino tinto… snob.
-Shhh, calla mujer- respondió juguetón mientras mezclaba los ingredientes con destreza en sus respectivos vasos de cristal. Al terminar, orgulloso le entregó su bebida a Pan.
La joven vio con duda el vaso frente a ella. -No suelo beber alcohol- notó la mueca de desaprobación en el rostro del híbrido, -pero no te haré una grosería, menos después de tomar en cuenta mis consejos-. Tomó un tragó sorprendiéndose de disfrutarlo. -Me alaga que el señor Briefs recurra a una humilde asistente para aconsejarlo.
-No eres una asistente, eres mi amiga.
"De ahora en adelante quiero ser tu amigo"
Recuerdos llegaron a la mente de la joven madre, recuerdos que con mucha más frecuencia de lo que ella hubiera querido insistían en no ser olvidados. Sin nada que decir se limitó a sonreír con sutileza.
"De nuevo ese gesto evasivo" Trunks creyó tener la respuesta a esa duda que le había surgido desde su regreso, no quería continuar suponiendo cosas, quería saber y la mejor forma para aplacar su curiosidad era hablar.
Tragó saliva preparándose para escupir la pregunta, pero no pudo, las palabras se le atoraron en la garganta, algo le decía que la joven evitaba tocar cierto tema. Pan, a diferencia de él, siempre se caracterizó por tener un carácter hasta cierto punto introvertido, no solía ventilar su vida ni la de otros, era discreta y educada, tímida cuando no se encontraba en confianza, pero aun así mantenía un carácter agresivo cuando se le provocaba, lo había visto cuando Goten la molestaba, vio la pasión y furia en su mirada cuando le confesó el engaño del que fue objeto. Esa mujer era un alma apasionada dentro de un cascarón de timidez que mostraba a los demás, a los que tal vez consideraba ajenos. De pronto sintió envidia por aquellos con los que podía ser ella, a los que les mostraba esa faceta extrovertida y vivaz.
Tenía que escuchar esa respuesta, pero debía ser cauteloso para no provocar el efecto contrario. Entonces se le ocurrió utilizar la indirecta, el tema del entrenamiento servía a la perfección para guiar la conversación hacia la dirección deseada.
-Me enteré por mi padre que él te regaló el nombre para tu hija- dijo para después beber de su vaso sin quitarle sus ojos de encima.
-Sí, se lo agradezco mucho.
-No lo parece- levantó una ceja inquisitivo. -Prometiste entrenar a Arya y hasta donde yo sé no lo has hecho.
La joven se mordió el labio inferior apenada, era verdad que había hecho una promesa que mantenía guardada esperando cumplirse. Y no era por falta de ganas, era por falta de tiempo, el trabajo absorbía gran parte de su energía, y en las tardes su hija chupaba el resto hasta dejarla exhausta. Su instinto de pelea se encontraba prácticamente apagado, en el rincón más alejado de su lista de prioridades, guardado y olvidado desde hacía años. A pesar de tener la firme intención de heredar el orgullo por su origen saiyajin a su hija, ella no practicaba con el ejemplo, inclusive había olvidado cuando fue la última vez que voló por ella misma, ya que con su hija siempre viajaba en auto o nave.
Relamió sus rosáceos labios antes de justificarse. -No he tenido tiempo Trunks.
El híbrido entrecerró la mirada. -Yo podría ayudarte en las tardes, ahora que estoy aquí, me consta que tienes menos carga de trabajo- le cerró un ojo, -ya no tendrás pretexto.
-Tsk… pretexto, Arya absorbe todo mi tiempo libre.
Los labios del empresario se curvearon en una sonrisa. -¿Sabes por qué Arya es tan difícil de controlar?
Pan negó con la cabeza, sabía que su hija tenía un comportamiento más agresivo que otros niños, pero se cegaba viéndolo como algo normal.
-Es la edad, está en los terribles dos- se engañó con una risa forzada.
Su amigo dio un sorbo al contenido de su vaso, tragó con calma disfrutando del sabor, analizando lo dicho por la joven.
-No Pan, no conozco de niños, pero aun así tengo la certeza de que Arya no tiene un comportamiento de terrícola normal.
Pan abrió la boca indignada, podía soportar cualquier ofensa para su persona, pero cuando su hija era la ofendida no podía dejarlo pasar por alto. Iba a hablar cuando Trunks se le adelantó leyendo su sentir en esa mirada encendida que en raras ocasiones mostraba.
-Tu hija tiene el comportamiento de una saiyajin, parece que te has olvidado de su origen. Deja de tratarla como una terrícola, ella es tan híbrida como tú y yo- puntualizó con la misma mirada severa del príncipe, con el ceño fruncido. Inmediatamente después, relajó su postura al notar el gesto de niña regañada que se dibujó en las facciones de la joven. -Tu hija necesita entrenamiento- le sonrió con amabilidad, -ya verás que notarás la diferencia en su comportamiento, yo te ayudaré.
-No sé cómo entrenarla, es muy pequeña. ¿Y si se lastima?- dudó temerosa.
-No le pasará nada. ¿Qué no has sentido su ki? Esa mocosa es más fuerte de lo que aparenta.
-Esa mocosa como la llamas es… es…- mordió su lengua antes de continuar.
-Es tu hija Pan, no te enojes, no lo dije a modo de ofensa- levantó las manos en señal de rendición.
Pan agachó la cabeza perdiendo su vista en los hielos que se derretían en su vaso, tal vez Trunks tenía razón, lo había considerado antes pero no encontraba por dónde empezar. Tal vez buscando en sus recuerdos, ella misma había sido entrenada a esa edad, recordaba como un sueño lejano entrenando con su abuelo Goku, volando libremente en la montaña Paoz, aprendiendo a controlar su energía. ¿En qué momento olvidó aquello? ¿Cómo fue que pasó por alto el detalle del instinto saiyajin en su hija? Después de todo era más saiyajin que ella misma.
-Tienes razón Trunks- afirmó con timidez para luego dar un trago a esa bebida que comenzaba a ser una de sus favoritas.
Ahí fue que el híbrido encontró el momento para soltar el cebo, debía saber si ella estaba dispuesta a abordar ese tema, debía saber la respuesta.
-Deberíamos entrenar en la habitación del tiempo- sugirió Briefs aparentando inocencia.
Pan escupió su bebida en un reflejo involuntario al escuchar la sugerencia de su amigo. Trunks por su parte, se tragó la risa para no abochornar más a la joven, ya había tenido suficiente de eso.
-Supongo que sigues sin poder transformarte en súper saiyajin- agregó disfrutando del sonrojo en la cara entera de la joven.
-No sé si pueda- respondió sin enfrentarle la mirada.
En silencio, Briefs terminó su trago y se preparó otro. Era obvio que el tema de la habitación del tiempo la descontrolaba, podía sentir las fluctuaciones en el ki de la mujer, había dado en el clavo, ese era un tema que ella evitaba. De pronto una sensación de molestia se instaló en su pecho, no quería admitirlo pero estaba la posibilidad de que ella ya no pensara de la misma manera que entonces, ¿será por vergüenza o arrepentimiento? Eso lo tenía que saber.
-Podrás transformarte, la vez que entrenamos me impresioné al ver la capacidad de aprendizaje que muestras en el combate. Tienes un gran potencial, solo te hace falta explotarlo- la alagó con honestidad. Levantó su vaso en señal de brindis, escudriñando en la evasiva mirada algún atisbo de esa furia que deseaba volver a ver. -Yo te ayudaré…- sonrió de lado esperando no arruinarlo con la palabra que estaba a punto de soltar, -hermosa.
Pan tragó saliva, sabía que en cualquier momento pasaría, lo había querido evitar pero fue inevitable. Trunks no lo olvidaba y desde que llegó se empeñaba en recordarlo en frases aparentemente inocentes. La culpa y vergüenza la acompañaban diariamente, pero había aprendido a lidiar con eso y salir triunfante. Cerró los ojos evitando la insistente mirada del híbrido, de pronto sintió una mano sobre la suya que reposaba sobre la mesa, la giró y jaló con suavidad, al abrir los ojos lo vio frente a ella, como queriendo leer en sus ojos algo, los labios entreabiertos del híbrido parecían querer pronunciar algo pero se quedaban en un intento, al parecer él tampoco sabía cómo continuar.
-Pensé mucho en ti durante mi viaje- finalmente lo sacó. -Te debo una disculpa, debí comunicarme, sabía que pasabas por un mal momento y lo dejé pasar.
Pan gachó la cabeza, pero la mano derecha del híbrido la tomó por la barbilla y la obligó a mirarlo a los ojos. -Falté a mi palabra y la distancia no me justifica. Bien pude haberme comunicado así como lo hacía con mi madre.
-Está bien Trunks, tenías muchas cosas qué hacer, después de todo ya tenías tus planes antes de irte- sonrió con melancolía, -yo no iba a interferir con tus planes…- dudó en continuar, -después de todo solo te tropezaste conmigo por accidente- pensó en voz alta, apenas en un hilo de voz, perfectamente audible para el híbrido.
-Pan, yo nuca he…
-Shhh- le tapó la boca con su mano. -No quiero hablar de eso- frunció el ceño, -eres mi amigo y creo que comprendes.
Trunks asintió con la cabeza, al parecer tendría que esperar para obtener la respuesta a su duda, pero indudablemente no desistiría.
-A partir de mañana iré a tu casa para comenzar con el entrenamiento de las dos- sentenció cambiando de tema. -Y no acepto un no por respuesta- agregó perdido en los labios entreabiertos de su amiga.
"¿Tropiezo? ¿Cómo puede siquiera pensarlo?" Suspiró regresando a la realidad.
-Bebamos uno más para festejar que pronto lograrás transformarte.
-No pienso recoger a mi hija ebria, ¿qué va a pensar la señora Bulma?
-Te a va a felicitar por pensar en ti por una vez en la vida. Además si dejé a Arya con mi madre fue para que pudiéramos hacer cosas de adultos- dijo mientras le preparaba otro trago, pero eso no evitó que notara la reacción incómoda en la muchacha, se relamió los labios y agregó. -Con decir cosas de adulto no me refería a lo que estás pensando- dijo burlesco.
-Eres un idiota- respondió entre risas tímidas al no encontrar qué responderle. A pesar de su incomodidad, no le desagradaba su atrevida forma de hablar, siempre y cuando no tocara cierto tema.
…
La joven madre caminaba apurada hacia la sala para revisar que su hija se encontrara bien, se había descuidado un par de minutos para ir al baño y mientras orinaba le extrañó el silencio sepulcral que reinó en ese momento, la alarma en su cabeza se encendió de inmediato, sabía que cuando ese silencio reinaba, era porque la pequeña se encontraba creando caos.
Con prisa salió disparada hacia la sala, lugar donde la había dejado entretenida con sus piezas de lego. Al llegar al lugar se encontró con nueva decoración en sus impecables sillones de color hueso, ahora coloreados con su maquillaje, al igual que su traviesa hija, quien la recibió con una enorme sonrisa.
Pan cerró los ojos tratando de calmarse, seguido la sacaba de quicio pero lograba tranquilizarse y actuar serena, aunque en algunas ocasiones la frustración la hacía gritar e inclusive maldecir. Los primeros meses después del nacimiento de Arya, Pan solía llorar cuando nadie la veía, en ese tiempo sintió que su vida se veía reducida a ser una esclava de esa pequeña que exigía leche y atención a todas horas, se maldecía por haber decidido seguir adelante con el embarazo e inclusive llegó a maldecir al padre de su hija. Lloraba al sentir que su vida se había acabado, por su propia culpa más que nadie se encontraba en esa situación, con veinticuatro años siendo madre soltera, todo por olvidadiza, todo por estúpida.
Conforme pasaron los meses fue aceptando su realidad, la pequeña demandante se convirtió en su motivación para salir adelante, y de pronto ya no sintió arrepentimiento por haber continuado con su embarazo ni depresión, con el tiempo interpretó esos sentimientos negativos como depresión post parto.
Estaba por dar una reprimenda a su hija cuando llamaron a la puerta.
-Hola Pan…- la mujer rubia entró y saludó de beso en la mejilla a la híbrida. -Disculpa mi tardanza, el tráfico estaba terrible por culpa de un choque- se excusó.
-Creí que ya no vendrías Evelyn y no te llamé porque no quería importunar si estabas aun en la oficina.
La mejor amiga de Pan sacó de su bolsa una revista y se la entregó levantando ambas cejas.
-Tengo que reclamarte… Me entero por una revista de chismes que sales con el heredero de una de las mayores fortunas del planeta. Eres pésima amiga- se cruzó de brazos haciendo un puchero.
Pan observó la portada y vio la foto de ella, Arya y Trunks entrando al parque de diversiones.
-No es lo que piensas- musitó sin dejar de poner atención a las grandes letras en mayúscula de la portada que decían.
"LOS RUMORES SON CIERTOS, LA NIETA DE MISTER SATÁN TIENE UNA HIJA Y NADA MENOS QUE CON EL MAGNATE TRUNKS BRIEFS"
-Así que ya…
-¡Ni lo digas!- la interrumpió, -solo salimos a pasear como amigos, nada más.
-Me tendrás que contar con detalles, supongo que...
-Supones mal- la interrumpió de nuevo. -Toma asiento y te contaré- negó con la cabeza, -de lo contrario no me dejarás en paz.
…
La hija de Gohan cayó de sentón contra el pasto, aturdida alcanzó a incorporarse solo para ser lanzada de nuevo al suelo. Trunks se colocó a horcajadas sobre ella y dirigió un puño hacia la cara de su amiga, el cual logró frenar gracias a que sus reflejos de saiyajin comenzaban a despertar. De pronto detuvo sus ataques y giró la cabeza hacia donde la niña los veía entretenida.
-Debería enojarse porque me diste una paliza- opinó indignada sobando su trasero.
-Pero al parecer el tío Trunks le agrada- presumió avanzando hacia la niña que de inmediato levantó los brazos hacia él. Briefs la levantó y lanzó hacia arriba para después aterrizar de nuevo en los fornidos bazos del amigo de su madre. Arya reía a todo pulmón mientras era lanzada cada vez más alto.
De soslayo Trunks notó que Pan los observaba con lo que parecía cara de preocupación y decidió que ya había sido suficiente de juegos y dejó de lanzarla.
-No te preocupes Pan, tu hija se encuentra bien- la bajó al piso a pesar de la negativa de la pequeña.
-Es hora de tu entrenamiento- le dijo Trunks agitando sus negros cabellos.
El siguiente par de horas los dedicaron a enseñar a la pequeña las bases de las artes marciales, adentrarla a la disciplina que tanta falta le hacía, para la grata sorpresa de los adultos, la niña tomó de muy buena gana la lección.
A pesar de su corta edad, poseía un carácter competitivo, a menudo peleaba con su madre por ganar en los caprichos que se le venían en gana, más con ella que con cualquier otra persona, a veces daba de manotazos y patadas a sus abuelos y tío, pero con las abuelas era cariñosa aunque berrinchuda.
Con Trunks también solía ser ruda, pero a la vez estableció una conexión inmediata con el híbrido, se le lanzaba con los bracitos estirados exigiendo ser cargada, e inclusive se recargaba en su pecho y cerraba los ojos para dormir en la calidez que desprendía su nuevo amigo.
La pequeña bostezó somnolienta en los brazos de su madre, el primer día de entrenamiento había resultado un éxito, Pan al fin se convencía de que era lo que su hija necesitaba.
-Siento que soy una mala madre- besó la frente de la niña. -¿Cómo es posible que no descubriera por mí misma lo que mi hija necesitaba?
-No seas tan severa contigo misma- le abrió la puerta caballerosamente, recién anochecía y se había ofrecido para acompañarlas de regreso a casa. -Eres madre primeriza- la justificó.
-Voy a dejarla en su cama, espérame un momento.
Trunks asintió con la cabeza, al poco rato Pan estaba de vuelta, sacó la revista del cajón de un mueble y se la entregó al híbrido en las manos.
-Me da mucha pena que andes en chismes por mi culpa- musitó avergonzada.
Trunks miró la revista y una sonrisa se dibujó en su rostro.
-Ya lo había visto, no te preocupes. Así son los medios- lanzó la revista al sillón restándole importancia.
-No es justo que…
Fue interrumpida por un repentino beso en la mejilla, muy cerca de la comisura de los labios. Briefs había sido muy rápido en su movimiento, tanto que ella no lo vio venir.
En silencio se limitó a perderse en esos océanos azules que le escudriñaban la mirada para luego clavarse en sus labios. Ella supo lo que el híbrido buscaba y no pudo, o más bien no quiso romper el encanto, lo vio acercarse a su mejilla de nuevo, sintió el cálido aliento en su piel y lo disfrutó.
-Pan…- susurró apenas perceptible. -Pensé mucho en ti durante mi viaje.
La joven abrió los ojos ante esa revelación, ella siempre pensó que él se portó amable en aquella ocasión tal vez por lástima y que posiblemente la consideraba una débil llorona, a la que consoló por ser hija de un amigo suyo, solo eso.
-Yo también- susurró más como un pensamiento en voz alta.
Entonces sin decir más, la besó. Pan cerró los ojos dejándose llevar, Trunks la abrazó con fuerza por la cintura, pegándola por completo a él, inclusive la levantó un poco para tenerla más cerca de su boca. Sus labios se acariciaron sedientos de ese placer que se experimenta cuando se tiene mucho tiempo sin besar, aunque el híbrido tenía seis meses sin probar unos labios, pero los delgados y pequeños de su compañera de misión no se comparaban con los dulces carnosos de la joven de la misma raza que él. El sabor de ambos mezclándose, el sonido de las respiraciones suaves y el nerviosismo palpable crearon una sensación mágicamente placentera.
Desde la cita pasada le había nacido la urgencia de besarla, pero debido a los sonrojos e incomodidad que la joven mostró en ese momento fue que no se atrevió, pero éste día era diferente, ambos se encontraron más relajados, Pan lo trató con más confianza y sonrió con menos timidez. Bromearon y se trataron como dos viejos amigos a pesar de tener relativamente poco tratándose con confianza.
Briefs rompió el beso, dejó de abrazarla y acunó el fino rostro de la joven entre sus manos. -Hermosa- pronunció en un susurro ronco.
Pan tragó saliva, de todo lo que fuera a suceder, eso era lo que menos esperaba. Aunque para qué engañarse, en el momento que lo tuvo de frente el día anterior, en el momento en que vio esos labios masculinos entreabiertos, esos labios tentadores, le dieron enormes ganas de besarlos y morderlos, pero luego se regañó mentalmente por esos pensamientos de chiquilla inmadura, ella ya no era una adolescente, era una mujer, una madre.
-¿Te molesta?- inquirió escudriñando la respuesta en los ojos de la joven.
-Ya no soy la de antes Trunks- respondió fingiendo serenidad, pero por dentro era un manojo de confusiones, él era su amigo y ese beso lo había disfrutado tanto o más que los recibidos por alguno de sus ex novios, Trunks solía tener ese efecto, se preguntó si pasaba lo mismo con todas las que besaba.
-Lo sé, ya no lloras de tristeza y me alegra mucho verte repuesta- respondió suspirando sin separarse de ella, haciendo cosquillas en la mejilla de la joven.
-Tengo un motivo muy poderoso para no hacerlo- respondió sonriendo levemente.
-¿Aun lo amas?- inquirió con preocupación, aun temía que su amiga continuara con el corazón roto.
Pan negó con la cabeza. -Hace tiempo que dejé de hacerlo.
-Me alegra- pegó su frente a la de ella, -no las merece.
Pan posó sus manos sobre las de Trunks, que continuaban sosteniendo sus mejillas.
-Tus consejos fueron de gran ayuda-. Le enfrentó la mirada y volvió a ver aquel Trunks que la consoló años atrás. Una punzada en su pecho la estremeció recordándole que el contexto ya no era el mismo. Con vergüenza retiró sus manos, comenzaba a sentir agradable el contacto con su piel y eso la confundía.
En cambio Trunks no la soltó, al contrario, afianzó su agarre. -Quiero pedirte disculpas por mi atrevimiento. ¿Te preguntarás por qué lo hice? ¿Por qué te besé?- Antes de obtener alguna respuesta por parte de la joven comenzó a hablar. -El día de ayer se me antojó como no tienes una idea besarte, y… perdona pero tal vez soy un idiota.
-No te disculpes, sé que no lo hiciste con mala intención- suspiró para tomar aire, -eso no te quita lo atrevido- le dio un ligero golpe en el pecho y frunció el ceño en un burdo intento por parecer ofendida, pero su leve sonrisa la delataba, no estaba molesta.
Trunks se relamió los labios ansioso, ese era el momento y no debía dejarlo pasar.
-Pan- carraspeó ruidosamente, -de regresar el tiempo…- involuntariamente mordió su labio inferior, -¿lo harías de nuevo?
"Ya está, lo solté" Pensó quitándose un gran peso de encima.
La mirada examinadora del híbrido parecía penetrar por los negros orbes de la joven, intentando encontrar la respuesta por sí mismo, como si con eso pudiera leer sus pensamientos. Así lo sintió Pan, le dio la impresión de que él podía tener acceso a su mente con solo mirarla hacia los ojos, los cerró en un intento por proteger sus pensamientos bajo llave, muy dentro de sí.
Pan asintió con la cabeza, con una leve sonrisa coronando sus dulces labios. Trunks besó su frente y suspiró aliviado, no sabía por qué le importaba tanto lo que ella pensara, tal vez por orgullo, tal vez por vanidad, después de todo seguía conservando rastros de arrogancia.
-Definitivamente sí Trunks- respondió en un suave susurro.
Gracias por leer éste capítulo y también por sus comentarios.
Como ven, la atracción se da desde los primeros capítulos, en realidad parece que desde antes, pero no todo será miel sobre hojuelas.
Por si no lo había mencionado, Pan tiene 26 años y Trunks 36.
Espero que no se me escaparan faltas de ortografía, ya me duelen los ojos y no puedo dar otra revisada, y no confío del todo en dos revisadas debido a mi dislexia.
Nos leeremos pronto. Por cierto, me pueden encontrar en facebbok .
