Un pedazo de ti – Cap09
El clima de ese día, había estado bochornoso en exceso. Al llegar a casa, inmediatamente Pan se despojó de su incómodo pantalón de vestir, desabotonó con prisa cada uno de los pequeños botoncitos de su blusa, hasta quedar totalmente liberada de su sofocante abrazo.
En la mañana y durante el transcurso del día, no tuvo ningún inconveniente con el atuendo que había elegido para ese día, gracias al clima artificial de la oficina. Pero al salir y conducir por un lapso de treinta minutos hacia su casa, entre el tráfico y el abrasador calor del sol dando de lleno sobre la ciudad, sintió que de pronto su atuendo se transformó en un instrumento de tortura. En esos pocos minutos, su espalda se empapó de sudor y el pantalón pareció encogerse dos tallas menos, terminando por adherirse a su piel.
-De nuevo tengo que llevar el auto a que reparen el aire acondicionado- gruñó de mal humor al apagar el motor frente a su casa. Ya se estaban haciendo recurrentes las visitas al mecánico, pero se negaba a cambiar su querido automóvil.
-Mami… ¡Quero quicatudas!- ordenó Arya. Como siempre al entrar a la habitación de su madre.
Pan suspiró fastidiada y resignada. Si por ella fuera, en esos momentos ya estaría bajo un placentero chorro de agua fría en la ducha. Inclusive su ropa interior le incomodaba, deseaba más que nada, romperla y lanzarla muy lejos de ella. Pero ya no podía darse ese lujo frente a su hija, había dejado de desnudase completamente en su compañía, debido a que la pequeña ya comenzaba a hacer comentarios incómodos en público. Así que ahí estaba, con las bragas y el sujetador empapados de sudor, buscando en el televisor algo para entretener a la niña, en lo que se refresca bajo la regadera.
Sonrió ruborizándose a recordar aquella tarde en la guardería. Cargaba a la pequeña en brazos y de pronto, Arya le palpó ambos senos gritando jocosamente "¡Pechos… pechos!", frente a la enfermera. A pesar de ser un acto inocente, a veces se encontraban los padres de otros niños, eso la hubiera abochornado aún más. En otra ocasión, estaba por bañar a la niña, la pequeña apuntó hacia sus genitales y dijo que su abuelita tenía pelos ahí. Pan sabía que a veces su madre se bañaba en la tina con la niña y jugaban con burbujas, como la adulta que era, no le pareció del otro mundo el comentario sobre el vello púbico. Pero ese tipo de comentarios en un lugar público podría ser demasiado embarazoso. Por eso evitaba mostrar su cuerpo completamente desnudo, pues la joven mente de la niña no entendía lo que provocaba vergüenza y pudor en los adultos. Para ser muy pequeña, contaba con un gran repertorio de palabras que dejaba anonadados a quienes la conocían.
Con desgano presionó los botones del control del televisor.
-¡ESE NO ME GUTA!- Chilló pataleando en el tapete. -¡QUITALO QUITALO…!- Gritó exasperada, elevando inconscientemente su ki.
"Genial. Justo ahorita tenía que salir el único programa que no le gusta"
La mujer respiró hondo controlando las enormes ganas de lanzar el control contra el televisor. Exhaló con calma y procedió a cambiar de canal fingiendo una sonrisa afable, hasta que por fin encontró algo del agrado de su berrinchuda hija.
Dejó el control sobre la cama y corrió hacia el baño despojándose de la torturante ropa interior.
-¡Esto es vida!- Exclamó sintiendo alivio bajo el agua.
Se duchó el cuerpo con rapidez, no estaba tranquila cuando la niña se encontraba despierta. Si no saltaba de la cama, causaba algún destrozo, inclusive ya comenzaba a asaltar el refrigerador a hurtadillas.
"Silencio"
Escuchó atenta mientras se ponía crema hidratante en su blanca piel. No escuchaba nada a excepción del televisor, eso no era una buena señal, el que Arya no hiciera ningún ruido significaba una sola cosa… travesuras.
Debido a la prisa tomó la pequeña toalla con la que se había secado, la que no podía colocar alrededor de su cuerpo, debido a que no alcanzaba a darle la vuelta, ya que era una toalla para secar las manos. Pero para una ducha rápida de cuerpo, cumplía la misión de secar la piel de su menudo cuerpo.
Tapó solo su parte frontal y corrió hacia donde se suponía que la niña se encontraba.
-¡ARYA!- la llamó al no verla en la habitación.
No contestó.
-¡ARYA!
Una risa se escuchó, al parecer provenía de la cocina.
Pan se dirigió hacia allá sosteniendo torpemente la pequeña toalla sobre su pecho.
-¡ARYA RESPONDE!
-Esta niña y su mala costumbre de no respon…- Se detuvo de golpe al encontrarse con un par de ojos azules frente a ella.
-¡MAMI! Tío Tuns tajo patel- al fin habló la niña, con la boca llena de pastel y betún.
-Pe… pero… ¿cómo?- balbuceó confundida.
-La puerta estaba medio abierta- Trunks señaló con inocencia hacia la entrada de la casa, divertido con la agradable vista que accidentalmente le regalaba la mujer.
Pan parpadeó recordando el momento en que llegó a su casa. Tenía mucha prisa por llegar al baño, la ropa pegada a ella la agobiaba a tal punto que no tuvo cabeza para otra cosa que no fuera entrar de prisa y lanzar su ropa lejos de ella.
-No puede ser…- pensó en voz alta. -¿Cómo pude ser tan descuidada?
-Por fortuna fui yo quien entró y no algún desconocido- ladeó su cabeza pensativo, -aunque dudo mucho que cualquier humano normal pueda tocarte siquiera un cabello, pero Arya aún es muy vulnerable.
-Que tonta. Es la primera vez que me sucede, no aguantaba el calor y…
Briefs levantó una ceja. La redondez de los senos se lograba apreciar claramente por los lados de la toalla, la vista de las blancas piernas torneadas no estaba siendo interrumpida por ninguna tela, ya que la toalla apenas alcanzaba a cubrir la intimidad femenina, pero las caderas lograban sobresalir por los lados, trayéndole gratos recuerdos al híbrido.
No tuvo ningún reparo en recorrerla con la vista, aunque quisiera evitarlo no podía, no había forma. Se encontraba embelesado por esa nívea piel que llegó a probar en una ocasión.
La mirada del hombre prácticamente le acariciaba la piel, pudo verlo tragar saliva con sus ojos clavados en la curva de su cintura.
-Voy… voy a vestirme- quiso girarse pero la ridícula toalla solo le cubría el frente.
Trunks reconoció el sonrojo en las mejillas de la mujer, se levantó hacia ella con prisa sacándose el saco.
-¡¿Ehh?!- la mujer no pudo articular palabra ante el gesto del híbrido al rodearla con su saco, colocándoselo sobre los hombros.
-No seas tímida- se acercó a su mejilla izquierda a depositarle un casto beso. -No hay nada que no conozca de tu hermoso cuerpo- susurró para no ser escuchado por la pequeña, quien se encontraba entretenida con la rebanada de pastel que el híbrido le había servido.
-Gracias Trunks- se giró con prisa para no mostrar el ardor que consumía sus mejillas, aunque él ya lo había notado.
A pesar de que el saco cubría a la perfección su desnudez, eso no impidió que sobresalieran sus largas piernas mientras corría, regalándole al dueño de la prenda, la visión más sugestiva que había visto en mucho tiempo.
-Tío Tuns- la voz de la pequeña lo sacó del trance en que se encontraba.
Briefs giró hacia Arya con una enorme sonrisa en los labios. Sin duda, esa visión le había hecho el día.
-Come patel- ordenó levantando la manita embarrada de betún de chocolate.
-¿Te gustó?- preguntó acercándose a la niña.
Arya asintió con la cabeza mientras masticaba feliz.
Tenía la boca llena y sus redondos chapetitos inflados.
"No vaya a ser que se atragante" La alarma protectora del híbrido se encendió automáticamente.
Fue con prisa al refrigerador y sacó un bote de leche. Hurgó en las puertecillas de la alacena buscando los vasos, hasta que al tercer intento dio con ellos, tomó uno de los vasos infantiles que vio y lo llenó de leche.
-Toma- le ofreció el vaso de plástico que tenía un popote adherido.
Arya lo tomó con gusto haciendo que chorreara líquido sobre la mesa, debido al movimiento brusco de sus manitas.
-Con cuidado… no vayas a…
"Creo que no debí llenarlo"
Ajena a las instrucciones del saiyajin, la pequeña se empinó el vaso, importándole nada que tuviera un pequeño popote adherido a uno de sus bordes. Logrando que un cuarto del contenido se desparramara por la barbilla y el pecho.
-Ups… shhhh- chistó con su dedito en la boca. -No digas a mamá- dejó el vaso en la mesa y sacudió sus manitas, casi suplicando al adulto por su silencio.
Briefs buscó con la vista las servilletas, localizándolas de inmediato.
-Levanta la barbilla- dijo en voz baja a la niña, -no le diré a mamá, lo juro. Pero hay que limpiarte para que no se dé cuenta- le cerró un ojo de manera cómplice. Arya cooperó para limpiarse los rastros de leche, mientras emitía pequeñas risitas divertidas. El tío Trunks se ganaba su confianza con rapidez.
En pocos minutos estaba de regreso la joven madre. El rubor de sus mejillas no se había esfumado completamente.
-Toma- estiró la mano con el saco que le había prestado hace unos instantes. -¿Cómo es posible que lo trajeras puesto? Yo no aguantaba el calor… por eso llegué directo a la ducha- agregó apenada la última frase.
Trunks tomó el saco y lo colgó en la silla donde estaba sentado.
-El aire de mi auto es muy frío… y el de la oficina también- respondió mientras cortaba una rebanada de pastel para la mujer. -Mi madre me dijo que el chocolate te gusta mucho- colocó el plato frente a ella.
-Me guta el tocolate- Arya opinó con una enorme sonrisa en su carita. -Toma tío Tuns- le ofreció una cuchara con un gran pedazo de betún.
Trunks se acercó para comer de la cuchara que le ofreció la niña. En cuanto tragó su bocadillo llevó la mirada hacia Pan, quien no había probado ni un solo bocado. Estaba sentada, viéndolos con una mirada de ensoñación, pero a la vez, había atisbos de pesadumbre en su rostro.
-Perdona por no avisar… quise sorprenderte- torció los labios levemente. Pan estaba por responder, pero vio que su hija estiraba una manita embadurnada hacia el brazo de su jefe. -¡NO ARYA!
-Oto…- la niña detuvo sus movimientos, pero demasiado tarde. Ya había embarrado de betún la manga de la camisa color blanco que vestía el híbrido.
Pan se levantó de prisa tomando una servilleta.
-Discúlpala Trunks, ella…
El híbrido posó su mano sobre la de Pan, deteniéndola de lo que hacía. -No te preocupes, no es nada- habló con tranquilidad, dedicándole su más cálida sonrisa.
-Pero tu camisa…
Trunks observó la mancha en la manga y se encogió de hombros restándole importancia. -Se quita en la lavadora… además tengo muchas- levantó una ceja presumiendo.
Una manita traviesa jaló del brazo de Pan. -Mami, mami… toma…- le ofreció una cucharada que ella misma había servido.
-No es su culpa. Es muy pequeña- habló Briefs adelantándose, pues vio en los gestos de su amiga, toda la intención de regañar a la niña. -No la regañes… harás que me sienta mal por haber venido. Yo quería que tuvieran una tarde agradable- agregó con un puchero en los labios.
Pan titubeó por unos segundos, pero la mirada intensa del híbrido casi rogando por su propia hija la conmovió. Giró hacia su hija y aceptó el bocado que le ofrecía.
"Podría ser un buen padre" Pensó mientras tragaba.
El híbrido se levantó para servirle un vaso de leche a Pan. -¿Te gustó?
-Gracias- tomó un trago, se relamió los labios y le sonrió al guerrero. -No te hubieras molestado, yo… no tengo nada que ofrecerte.
Trunks tomó asiento frente a ella. -La visión de ti corriendo con una diminuta toalla lo compensa todo… incluyendo la mancha en mi manga- sonrió de lado, entrecerrando los ojos mientras la miraba divertido.
-¿Acaso también quieres que embarre betún en tu costosa corbata?
Briefs negó con las manos, sabía que si provocaba a la mujer podía salir perdiendo o ganando. Aunque, con el gesto juguetón que lo dijo, lo más probable sería que terminaría ganando. Se imaginó la escena, embadurnados de pies a cabeza, devorándose sobre esa mesa, luego observó a Arya terminando su porción y desechó sus fantasías con la madre de ella.
-Anda Pan- le acercó su plato.
-¡FIETA DE TÉ!- Gritó Arya, logrando que su progenitora hiciera a un lado el bochorno que le provocó el guerrero con su atrevido comentario.
En un ambiente relajado y familiar, disfrutaron de jugar con la niña a la fiesta del té. El vaso de Trunks fue cambiado por una pequeña taza de plástico, morada con círculos azules. Pan no perdió la oportunidad de fotografiar en su mente dicho momento, él no lo sabía, pero su conquista estaba poniéndolo a prueba, ella quería comprobar, si él estaba listo para la noticia de su vida.
Ya había pasado alrededor de una hora desde la sorpresiva visita del híbrido, Arya comenzó a cabecear sentada en el sillón con su tío Trunks, viendo su caricatura favorita.
-Se supone que debería estar con toda la energía al máximo después de comer tanta azúcar- comentó el híbrido.
-En la guardería tuvieron una actividad y no tomó su siesta diaria por jugar- respondió Pan recostando a su hija. -¿Quieres entrenar?- inquirió demostrando flojera en sus palabras. El sol continuaba brillando en todo su esplendor, derritiendo todo a su paso.
-Por supuesto… perezosa, ni pareces saiyajin-. Levantó una ceja dedicándole una sugerente mirada. -Dime tu secreto Pan.
La mujer se relamió los labios con nerviosismo.
"Lo más probable es que se refiera a cualquier cosa sin importancia"
Su conciencia le recordaba a cada rato que debía que sincerarse con él. Cualquier mueca o signo de molestia en el híbrido, le recordaba que él podría enterarse de cualquier manera.
"No… eso es imposible, solo dos personas lo sabemos en todo el universo"
-¿Cómo le haces para tener ese cuerpo si no te ejercitas?- la pregunta del híbrido la sacó de sus pensamientos.
-¿Ehh?...
Una mueca divertida se dibujó en el rostro del híbrido.
-¿Me vas a decir? Porque déjame decirte que tienes una figura…
-Ohh… ya vas a empezar… jefe seductor- sonrió con las mejillas incendiadas en un encantador rojo sangre.
Briefs ahogó su carcajada tapando su atrevida boca con ambas manos. La niña recién había cerrado los ojos y no pretendía interrumpir su siesta. Se levantó y le ofreció caballerosamente la mano a la mujer. Pan entendió que quería que continuaran con su charla en otro lugar, donde no molestaran a la pequeña, así que apagó el televisor y siguió al guerrero hacia la cocina.
-¿Me vas a decir tu secreto?- insistió ignorando que incomodaba a su conquista con su inocente pregunta.
-Después…- respondió deseando cortar con ese tema. A pesar de que el híbrido no se refería al secreto que ella tenía en mente.
Llegaron a la cocina de nuevo.
-Te ayudo a recoger el tiradero- se ofreció al ver los platos y vasos sucios sobre la mesa, migajas adornaban la silla en donde estuvo comiendo Arya, inclusive el piso no se habían salvado.
-No Trunks, no hace falta que te tomes la molestia.
-Si me dices tu secreto, para mí no será ninguna moles…
Las pequeñas manos de la joven lo jalaron por la corbata, silenciándolo de golpe con un ardiente beso en los labios.
Trunks dejó de hablar con gusto, rodeando con sus brazos el cuerpo de la mujer. Se sonrió ante la iniciativa de la joven, eran tan pocas las ocasiones en las que ella iniciaba algo, y esas escasas veces las disfrutaba al máximo.
Sus bocas se enfrascaron en una batalla por robar el aliento del otro. Separaban por segundos sus rostros solo para tomar aire y de nuevo sucumbían hambrientos al reclamo de sus febriles labios.
Embriagado por la emoción, Briefs se dejó llevar. La elevó para sentarla sobre la mesa y se posicionó entre sus piernas, por un instante pensó que tal vez estaba yendo muy rápido, pero entre más tiempo pasaba más la deseaba, y sabía que en algún momento sucumbiría ante ese deseo que ya comenzaba a carcomerlo por dentro.
En esos momentos, era cuando el recuerdo de aquella experiencia en la habitación del tiempo, se repetía en su mente. Podía inclusive sentir la pesadez del aire, sensación que se experimentaba en dicho lugar.
"¿Ella lo deseará tanto como yo?"
Un gemido reprimido logró escapar de la garganta de la mujer, dándole una respuesta positiva al cuestionamiento del híbrido.
Tentó su suerte digiriendo sus labios hacia el blanquecino cuello femenino, dejando un rastro de dulces besos húmedos en el camino. Lamió sobre ese tentador lunar que podía alcanzar a apreciar cuando ella recogía su cabello. Mordisqueó levemente como si de un suculento postre se tratase, advirtiendo cómo su cuerpo reaccionaba ante las sensaciones que ella le provocaba. La parte favorita de su anatomía se irguió por completo, lista para invadir las entrañas de la mujer que osaba despertarlo con insistencia
Abrió más las piernas de la híbrida para restregar su entrepierna contra la cálida intimidad de ella. Aprovechó la ocasión para acariciar esas piernas con las que fantaseaba últimamente, su sentido del tacto gozaba al contacto con la nívea piel. Apretó con sus manos los blanquecinos muslos mientras comenzaba a menear las caderas con insistencia contra la pelvis de su compañera.
Maldijo en su mente el short que vestía la mujer, si vistiera una falda, bastaría con rasgar las estorbosas bragas para aliviar su necesidad de poseerla, tal y como se abre un esperado regalo.
Los brazos de la joven rodearon la amplia espalda del guerrero, luchaba por no dejar escapar gemidos, soltando uno que otro suspiro sobre los labios de su amigo. Podía sentir la dura erección frotándose contra ella con insistencia, casi podía palpar la urgencia del deseo que el híbrido estaba experimentando en esos momentos. El exitoso empresario que lideraba la empresa más influyente en el planeta entero la deseaba, entonces, un sentimiento de vanidad la embargó, ¿por qué no jactarse de eso? Al menos para sí misma. No solo tenía una hija de él, producto de un momento de debilidad para ambos.
Ahora sabía que no era solo debilidad del momento, él la deseaba, le había dicho que pensó en ella durante su largo viaje, le coqueteaba cada que podía, la miraba diferente, lo había notado desde hacía poco, la invitaba a salir, a ella, a una mujer que no era completamente libre. Pues su condición de madre soltera la colocaba en un lugar poco atractivo para los hombres, eso lo sabía, ya lo tenía asumido y estaba acostumbrada a eso.
Ya había olvidado lo que era sentirse deseada, lo que era sentirse estimulada cuerpo a cuerpo. Estaba tan acostumbrada a calmar sus deseos naturales con ese vibrador que compró con timidez cuando su hija tenía un año de edad. Ese instrumento color rosa pastel que aliviaba su doloroso libido cuando surgía, vibrando incesantemente sobre su sensible botón rosáceo. Recordó el día que pasó por aquella tienda de juguetes sexuales, ya había pasado en varias ocasiones y siempre pasaba de largo, pero ese día tomó valor, entró y se maravilló con la gran cantidad de diversos artículos que vendían. Después de pensarlo mucho se decidió por ese masajeador externo, pero en realidad deseaba llevarse un falo de plástico que tenía la misma textura que uno de verdad, inclusive el tamaño le recordaba al del padre de su hija, tuvo que voltear para otro lado evitando que la amable señora que la atendía no notara su sonrojo, algo a lo que definitivamente ya debería estar acostumbrada. Se sorprendió al desear dicho juguete, para recrear con él lo vivido en la habitación del tiempo, pero su timidez pudo más y decidió llevarse solo el masajeador eléctrico.
Un gemido ahogado se le escapó al recordar ese objeto fálico que la invitaba a comprarlo, mimarlo y disfrutar de su erguida forma. El sugestivo sonido de la mujer abrió el candado que sostenía la puerta de la cordura del guerrero.
Sintió las fuertes manos de Trunks apoderarse con fervor de sus senos, masajeándolos al momento que reclama de nuevo sus labios.
"Es muy pronto… ¿qué va a pensar se mí?" Pasó por la cabeza de Pan.
"Debería esperar… ¿qué va a pensar de mí?" Pasó por la cabeza de Trunks.
A estas alturas, sus cuerpos se encontraban envueltos en un fuego interior, su razonamiento les gritaba que fueran más lento, pero sus cuerpos ordenaban todo lo contrario y estaban ganando la disputa.
Briefs bajó las manos dispuesto a desgarrar la molesta prenda que celosamente escudaba la intimidad de la muchacha, se sonrió internamente al imaginarse lo que vendría. Él bajando con desesperación sus pantalones, para poseer sobre esa mesa a la mujer que se había convertido en la protagonista de sus fantasías.
Justo en eso estaba, a un par de segundos de tirar de la estorbosa tela, posicionando sus dedos en los bordes del elástico y entonces. De pronto sonó el timbre de la puerta con insistencia, arrancándolos de golpe de su delicioso trance.
Cortaron el beso y se quedaron viéndose a los ojos, congelados, regulando la respiración por unos segundos.
Pan se relamió los labios y rompió el silencio que reinaba.
-Debo abrir- advirtió con voz suave. Agradeció a quien quiera que fuese por haber llamado a la puerta. A pesar de desear a su amigo, no creía estar lista para acostarse con él, a pesar de que ya lo había hecho en el pasado. Pero ahora no era lo mismo, ahora ella era madre y él… el padre de su hija.
Trunks se alejó un paso liberándola de la prisión entre sus musculosos brazos. Se mordió el labio inferior al verla con la respiración agitada, los labios rojos y las mejillas teñidas de sangre. Sus pechos subían y bajaban debajo de la blusa que regalaba una ligera vista de la redondez de esos montes que masajeó un minuto antes.
-Ve…- dijo después de tragar saliva pesadamente. Esa mujer lo seducía solo con mirarlo. Hacía mucho que no se obsesionaba de esa manera con alguna fémina, de hecho no recordaba ninguna ocasión en que alguna ocupara tanto sus pensamientos, a excepción de Mai. Pero ella fue su primer amor, en una etapa de su vida en donde las emociones se magnifican debido a los cambios hormonales, pero ahora ya era un hombre maduro y experimentado. No debería entusiasmarse con esa intensidad, ¿o sí?
Pan se bajó de la mesa, sacudió su ropa y caminó hacia la puerta mientras revisaba que su atuendo no se encontrara fuera de lugar.
Briefs aspiró y exhaló en silencio. Cerró los ojos pensando que era lo mejor, de haber continuado, probablemente arruinaría lo que comenzaba entre ellos.
"No es el momento"
La deseaba. Eso sin dudas, lo mejor de todo era que ya sabía lo que le esperaba al estar entre ese par de piernas que lo volvían loco, ya la había probado y en ese entonces la encontró deliciosa. Quería más, mucho más. Tenía la certeza de que no se saciaría con una vez, ni con dos. Lo peor era, que estaba seguro de desear más que solo su cuerpo.
De haberla tomado en ese momento, probablemente ella pensaría que él solo quiere eso, su cuerpo. No, él quería más, pero ni él mismo tenía en claro qué era lo que quería en realidad de ella. Por eso la había invitado a salir, para tratarla más, para salir y platicar con ella en un terreno más íntimo, de mayor confianza y no necesariamente sexual, sino en el plano personal.
Quería averiguar qué era lo que en realidad le atraía de ella. Porque estaba seguro que no eran solo sus largas y torneadas piernas, su pequeña cintura, sus ojos grandes y expresivos, sus labios carnosos, su sugestiva dulce voz, su olor, su hermosa sonrisa. Sí, ella le parecía hermosa, toda ella, inclusive con esa cicatriz que él había visto en la intimidad, aquella que se hizo de niña durante un entrenamiento con su abuelo Goku, esa cicatriz que a ella le parecía horrible, pero que a Trunks le pareció indudablemente sexy, un bello accesorio en la espalda baja de la joven, una línea de casi diez centímetros en su costado derecho que le recordó al híbrido, que estaba con una saiyajin, con una de las dos únicas que existían en el universo, y eso le infló el pecho de orgullo.
Su padre le había platicado lo poco que sabía de esas hembras, nunca añoró nada de ellas, pues nunca las conoció. Ni siquiera había reparado en que Pan y Bra eran las únicas con sangre saiyajin que existían. Le era tan natural ser un híbrido que a las jóvenes las veía como tal, pero eran mucho más que solo híbridos. Eran lo que quedaba de una raza casi extinta, eran el renacer de la misma.
Entonces cayó en cuenta de que Pan era una rara joya en el universo, era diferente a las demás mujeres con las que había salido, era saiyajin.
De haber continuado en lo que estaban por hacer, probablemente hubiera arruinado la relación que comenzaban a florecer entre ellos. Porque de una cosa estaba seguro, Pan ya no era la misma joven con el corazón roto que se entregó a él por despecho. Ahora era una mujer en todo el sentido de la palabra, una que le movía el piso y le hacía sentir inseguridades. Y por muy extraño que pudiera sonar, le gustaba.
Suspiró sonriendo.
"Estuve a punto de cagarla"
Escuchó la puerta abrirse, seguido de una desconocida voz femenina saludando a la dueña de la casa con efusividad.
Lo que siguió fueron risas y ameno parloteo. Aspiró hondo resignado a que ese día no habría más de ella. Tenía sentimientos encontrados, su cuerpo sentía frustración, por el contrario, su razonamiento sentía alivio.
Al notar que su erección había bajado, decidió hacer acto de presencia en el recibidor. Al igual que su amiga, sacudió su ropa y revisó que todo se encontrara en orden, ajustó su corbata y recordó la mancha de chocolate en su manga. Sonrió al recordar el incidente, se encogió de hombros y se dirigió hacia donde escuchaba la algarabía femenina.
-¡Qué falta de respeto la tuya!- se hizo notar con su voz grave, captando la atención de las mujeres.
Pan avanzó hacia él y le tomó una mano acercándolo hacia ellas. -Disculpa Trunks.
Una corriente eléctrica lo recorrió desde el brazo ante el simple toque inocente de la mujer.
-Te presento a Evelyn... es mi amiga y casi vecina.
La mujer recién llegada no daba crédito a lo que veía. Había escuchado hablar sobre el empresario, tanto en los medios de comunicación, como por medio de su amiga Pan.
Evelyn observó a su amiga con detenimiento, la conocía, podía notar su nerviosismo. Se preguntó si había interrumpido algo íntimo, o si él ya lo sabía.
Esa mujer era la única persona en el universo a quién Pan le había contado su más íntimo secreto. A su vez, Evelyn le había expresado a la híbrida en diversas ocasiones, la importancia de sincerarse con él, de hacer a un lado la cobardía y actuar de manera correcta, principalmente por el bien de Arya.
-Es un gusto- le ofreció una mano al híbrido, -¿entonces es real?- agregó clavando su mirada marrón en los orbes azules del hombre. Suponía que Pan continuaba divagando, pero no podía cometer una indiscreción, no quería perjudicar a su amiga, aunque tenía la certeza de que ella misma se perjudicaba en su negación de hablar.
Trunks apretó con sumo cuidado la mano de la mujer. -Mucho gusto- le sonrió con cortesía. -Y sí… soy real. ¿Por qué lo dice?- dirigió su vista hacia su amiga entrecerrando los ojos con picardía. -¿Acaso Pan habla mucho de mí?- sonrió de medio lado.
-¡Obvio que NO!- refutó con las venas de su cien saltando, cruzó los brazos en su pecho haciendo que se notase más las curvatura de sus montes a través del escote. -Por si no lo sabias, señor vanidad. Tu cara petulante sale en muchas revistas y publicaciones de periódicos.
La amiga de la saiyajin miraba divertida la forma en que los híbridos se trataban. Pan le había contado que conocía al heredero mayor de los Briefs desde toda la vida, pero que el trato entre ellos siempre fue formal y nunca se tuvieron demasiada confianza debido a la diferencia de edad, que el único día en el que rompieron el hielo fue la vez que concibieron a Arya. Y la ocasión en que le llevó la revista con la fotografía que les tomaron los reporteros cuando fueron al parque de atracciones, la hija de Gohan no habló mucho sobre su relación con el guerrero, pues no había ninguna relación. En realidad, se había abstenido de comentarle a su amiga cualquier detalle de su nueva amistad con el guerrero y mucho menos sobre sus salidas, ya que siempre terminaba regañada por mentir, por lo que decidió omitir cualquier comentario en donde el empresario estuviera inmiscuido.
"Mi querida amiga me oculta algo" Sintió una punzada en el pecho. La mujer le tenía mucho aprecio a la híbrida, a pesar de ser seis años mayor que Pan, había entablado una sincera amistad con la joven. Tal vez por eso la solía regañar como si fuese la hermana mayor, pero siempre lo hacía por su bienestar.
El hecho de que Pan no le contara algo personal le dolió, era como si no confiara en ella.
Briefs no pasó por alto el sonrojo en el rostro de su amiga, era tan evidente que si hablaba de él, pero no insistiría con eso, no le convenía hacer enfurecer a la muchacha, no ahora que ya comenzaba a dar muestras de su carácter natural, ahora que estaba dejando de ser tímida y evasiva.
Ese descubrimiento lo puso del mejor humor del que se ya de por sí se encontraba.
"Ella habla de mí. ¿En qué términos?" Sonrió mostrando sus dientes, no podía esconder su dicha. Algo le decía que los términos en los que hablaba de él, era que le gustaba. Si antes tuvo dudas, era debido a que no sabía si aceptaría sus galanteos, pero ahora, que eran casi novios, podía asegurar que él le gustaba, al menos casi tanto como ella a él.
-Sí… mi trabajo implica estar en el ojo de los medios de comunicación, aunque yo no lo desee- dijo con modestia genuina. A pesar de que disfrutaba de los beneficios que gozaba por ser el presidente de la empresa familiar, lo que odiaba de eso, era la obsesión de los medios por su vida privada, no por los logros de la empresa, sino por su vida personal. No le molestaba salir en publicaciones referentes al mundo empresarial, pero sí le irritaba que le tomaran fotografías con alguna mujer o simplemente caminando tranquilamente por la calle. Situación que, con el pasar de los años comenzó a ignorar, pues era el pago por tener el nivel de vida que tenía y ya lo tomaba con mejor humor.
-Usted es prácticamente una celebridad. Debería darme un autógrafo… y… alguien tan importante como usted, ¿qué hace por aquí?- fingió tranquilidad. La personalidad del empresario comenzaba a hacer mella en el carácter extrovertido de la mujer.
-Antes que nada, háblame de tú, no soy tan mayor- desvió la mirada hacia la mujer de cabello negro que los observaba apretando los labios, como si de pronto hubiese regresado la tímida muchacha de hace semanas, -¿o sí?
Pan negó con la cabeza, mientras su amiga escudriñaba en su mirada la posibilidad de que el empresario ya supiera la verdad.
-¿Entonces es tuyo ese despampanante auto frente a la casa? Creí que Pan se había animado a comprar uno nuevo, para por fin botar esa chatarra a la que le falla el aire acondicionado a cada rato.
-¡Oye! Ese fue un regalo de mi abuelito Satán- chilló la híbrida.
-¿Hace cuántos años ya?- cuestionó Evelyn. -En serio, ¿seguirás sometiendo a Arya a ese sauna solo por nostalgia?
-¿Esa es la razón por la que llegaste tan acalorada?- Inquirió Trunks frunciendo su ceño. -Ni siquiera cerraste la puerta por llegar corriendo hacia la ducha. ¿Sabías que la niña se puede deshidratar en minutos?- dijo a modo de regaño.
-¡Pero no pasó nada!- colocó las manos sobre las caderas a modo defensivo. -Además. La semana pasada estaba funcionando bien, el día de hoy falló- alegó levantando la voz.
-Eso pasa cada vez más seguido… acéptalo Pan- dijo Evelyn meneando la cabeza a modo de negación. Su amiga podía llegar a ser insoportablemente terca. Y más cuando se cuestionaba su capacidad como madre soltera.
Briefs llevó una mano al bolsillo derecho de su pantalón de vestir, sacó una llave y extendió la mano ofreciéndosela a la joven.
-No permitiré que sometas a la pequeña Arya a semejante horno. Usa mi auto.
Evelyn levantó ambas cejas impresionada. Le pareció genuinamente paternal el modo en que se preocupaba por la niña.
-No la estoy sometiendo a ningún tormento. Además tú no tienes derecho a…
-¡PAN! POR TODOS LOS CIELOS- Exclamó Evelyn. -él se está comportando como un caballero- la fulminó con la mirada. Después de todo, él tenía todo el derecho para regañarla e inclusive de velar por la seguridad de su hija.
Pan torció los labios indignada, dudó un par de segundos pero terminó recapacitando. No le convenía que en el calor de la discusión, a su amiga se le escapase su gran secreto. No era el momento.
-Tsk…- tomó la llave frunciendo sus finas cejas. -Te lo devolveré en cuanto arregle el mío.
Trunks tomó aire sonriendo levemente. -Eres un caso perdido mujer. Dame la llave del tuyo. Mi madre personalmente lo dejará como nuevo… en vista que tiene valor sentimental para ti.
-Trunks… no te molestes- dirigió la vista hacia su amiga primero y luego hacia el híbrido. Ambos con el semblante serio y decidido. De pronto se sintió como una niña pequeña a la que regañaban por hacer alguna travesura.
-Ni para mí, ni para mi madre es una molestia- aseveró mostrando un semblante serio, casi autoritario que le recordó los momentos en los que imponía su autoridad en las juntas de la empresa. -¿Aceptarías mi auto de regalo?- inquirió sabiendo de antemano la respuesta, pero aun así preguntó.
-De ninguna manera- respondió de inmediato.
Trunks bufó ruidosamente y Everyn rodó los ojos. -Al menos considéralo. De lo contrario lo tomaré como una grosería de tu parte.
-Pero es tuyo.
Trunks colocó las manos en los bolsillos de su pantalón relajadamente para soltar con naturalidad. -Uno de muchos, de los cuales hay varios que solo he utilizado en una ocasión. Así que piénsalo. Al menos tú le darás más uso que yo.
La joven recibió un par de palmaditas en su espalda. -Ya deja de ser tan insoportable- dijo su amiga.
-Imagino que desean hablar de cosas de mujeres. Así que las dejo- hizo una mueca de puchero. -Pensaba invitarlas a entrenar, pero Arya ya se durmió y tú quieres holgazanear.
-¿Entrenar?
-Ahh… Trunks me está ayudando a retomar las artes marciales- sonrió forzadamente, debido a que evitaba hablarle a terceros sobre su origen saiyajin, solo su familia y ex novios lo sabían.
-Voy por la llave del auto- corrió hacia su habitación antes de que siquiera parpadearan el híbrido y su amiga.
En cuestión de segundos estaba de regreso con la llave en mano.
-Gracias por el pastel Trunks. Te debo una comida- dijo sonriéndole, un poco agitada por la prisa al correr de regreso.
-Si entrenaras más seguido no te agitarías así- le recriminó regresándole la sonrisa.
-Ya pareces a mi abuelito Satán- le entregó la llave al híbrido en la mano. Trunks la sostuvo antes de alejarse y en un rápido movimiento le besó una mejilla, deteniéndose un par de segundos al contacto con su piel, para guardar en su memoria el olor que emana de sus poros. Odió estar en compañía de una tercera persona.
"Si fuera mi novia podría besarla libremente" El deseo de tener algo formal con ella le pegó de golpe, confundiéndolo más de lo que ya se encontraba.
Se separó de ella como si le quemase. No lograba entenderse a sí mismo, giró la cabeza hacia donde reposaba la pequeña Arya profundamente dormida. Esbozó una tonta sonrisa al recordar la carita de la niña al verlo entrar a la casa con el pastel en mano.
-No pretendía interrumpir…- habló Evelyn levantando las manos a la altura de su pecho.
-¡No interrumpes nada!- mintió Pan mordiendo su labio inferior. Una pequeña risa se le escapó al hijo del príncipe, evitó mirarlo a los ojos debido a que sabía la razón de su risa. Claro que había interrumpido algo, y esperaba que el ardor que sentía en sus mejillas no la delataran.
-Me retiro Pan, el día de hoy entrenaré con mi padre… En cuanto esté listo te lo entrego- le mostró la llave del automóvil.
Una vez que se despidieron del empresario, la mujer mayor encaró a la hija de Gohan.
-Dime la verdad Pan… ¿Hay algo entre ustedes?- clavó su mirada marrón en los orbes azabaches de la joven.
Pan se mordió el labio con nerviosismo. Tenía que contráeselo a alguien, como aquella vez que descubrió que estaba embarazada. Al igual que en aquella ocasión, ahora recurría de nuevo a su amiga y confidente.
-E… estamos saliendo- habló apretando los labios, esperando que no llegara la pregunta que indudablemente llegó.
-¿Ya sabe que es el padre de Arya?
Pan negó con la cabeza, enfrentando la dura mirada recriminatoria de su amiga. Quien desde el principio siempre le aconsejó hablar con la verdad. Temía que mentira tras mentira terminaran dañando a su testadura amiga, embarrando también a la pequeña.
-¿Qué esperas entonces?- comenzaba a tener un mal presentimiento, realmente le preocupaba Pan. Había aprendido a quererla como a una hermana, a pesar de su nula disposición para salir o juntarse para charlar, excusándose siempre detrás del trabajo o su responsabilidad de madre. -Es mejor que se lo digas pronto. Podría enterarse por otro lado.
-Solo tú y yo lo sabemos, no hay manera de que se entere por otro lado- se encogió de hombros caminando hacia la cocina, fingiendo tranquilidad.
-Pan… no tiene cara de tonto. De enterarse por otro lado, ¿cómo reaccionaría?- inquirió siguiéndola de cerca.
Pan detuvo su paso frente a la mesa, la misma donde estuvo a punto de entregarse al híbrido de nuevo. Se giró hacia la castaña, suspiró hondo y respondió con voz a punto de quebrarse. -No tengo idea… tengo miedo Evelyn yo…- aspiró hondo, -yo… le estoy tomando mucho cariño… mucho- dijo antes de abrazarla, exteriorizando sus temores.
…
La puerta metálica se abrió ante el insistente llamado.
-Padre. ¿Puedo entrenar contigo?
Vegeta advirtió inquietud en la voz y mirada de su vástago.
-Pasa Trunks- se hizo a un lado para dejar pasar al híbrido.
Había cambiado su fino traje de ejecutivo por una réplica del traje de su padre, idéntico en cada aspecto. Los labios del príncipe se curvearon de orgullo en una sutil mueca de aprobación. Ese mocoso sí que sabía portar el traje de guerrero con el propio temple de un príncipe, y como no, si era su hijo, su sangre, su linaje.
Se posicionó en medio de la cámara de gravedad, adquiriendo inmediatamente la pose de pelea heredada por su padre.
-¡Estoy listo!- exclamó encendiendo su ki en la característica aura dorada del súper saiyajin.
-Tal parece que traes energía de sobra- dijo el príncipe, cerrando la puerta con seguro. -Prepárate para gravedad aumentada a 800 veces- avisó con voz grave, antes de teclear los números en una pantalla empotrada en la pared.
La iluminación del espacio abovedado cambió a color rojo. En cuestión de segundos, padre e hijo se repartieron certeros golpes hasta quedar exhaustos y conformes con el entrenamiento. Al terminar, salieron a tumbarse en el césped del jardín trasero, como solían hacerlo cuando surgían las ganas de charlar.
-Ya suéltalo- la voz áspera del guerrero de sangre pura rompió el silencio.
El menor gruño en respuesta, necesitaba hablar, pero ni siquiera él mismo sabía lo que realmente quería.
-¿Tan malo es?- levantó una ceja divertido con la mueca de fastidio que se dibujó en el rostro de su hijo.
-Estoy confundido padre. Muy confundido-. Confesó mirando al cielo.
-¿Una mujer?- Adivinó sin dificultad. Conocía a su hijo, el híbrido era transparente para él.
Trunks Bufó ruidosamente, necesitaba con urgencia un consejo, aunque odiaba desnudar sus sentimientos. Pero su padre no se mofaría, al menos no de él.
-Me gusta Pan
Vegeta dirigió la vista hacia su hijo. Eso no lo vio venir en ningún momento.
-¿Y cuál es el problema con eso?- inquirió con semblante neutral, sin mostrar su sorpresa.
- No estoy seguro de lo que quiero con ella…- agachó la cabeza apenado, clavando la mirada en sus botas, como si les buscara algo en particular. -Al principio creí que era solo capricho nacido del deseo. Pero hoy, hoy tuve un fuerte deseo de saberla mi novia, no solo una amiga a la que beso de vez en cuando, a la que deseo…- interrumpió sus palabras torciendo sus labios en una sonrisa de medio lado. -Ya sabes.
Vegeta negó con la cabeza, intentó en vano contener la risa, pero esta se le escapó como vómito y no pudo hacer nada para detenerla.
Trunks resopló frustrado. -Sí… búrlate de tu hijo.
Después de carcajearse a costa de su vástago por un par de minutos, aspiró hondo y lo palmeó por la espalda.
-¿Así que le traes ganas a la nieta de Kakaroto?- suspiró divertido. -Me sorprende que no hayas intentado algo- se aclaró la garganta para continuar hablando, su hijo era de las pocas personas con las que solía formular más de una oración, inclusive, disfrutaba hablar con él. -¿Te rechazó?
Briefs cerró los ojos rememorando lo vivido en la cocina de la mujer, la manera en que lo abrazó, la manera en que enredó su lengua con la de él, la urgencia de su beso, la misma urgencia que él. Su disposición al permitirle posicionarse entre sus piernas, sus gemidos ahogados cuando restregó su pelvis contra la de ella.
-No- pensó en voz alta. -No me ha rechazado. Pero siento que no es suficiente, quiero más. Pero no sé qué- al fin se animó a mirar hacia los negros ojos del príncipe, no hicieron falta más palabras. Vegeta conocía esos ojos, los mismos de su mujer y su hija. Podía jactase de nadar a través de ese océano azul y descubrir los secretos que guardaba, inclusive, lo que su propio portador ignoraba.
-Se está colando aquí- apuntó al pecho de su hijo, dándole un leve empujón con su dedo índice.
Trunks negó levantando las manos. -Es muy pronto para eso. Tal vez solo… solo…
-Niégalo las veces que quieras. Yo lo puedo ver… ya caíste.
Al fin he terminado el capítulo.
Ufff, tuve una semana caótica en muchos aspectos. Una disculpa por la tardanza, pero a veces se me complica mucho poder escribir.
Bueno, nuestros protagonistas al fin se refugian en alguien de confianza para confesarse.
Agradezco mucho sus comentarios y su apoyo.
En cuanto al intro que subí del próximo fanfic; Esperanza. Es una loca fantasía mía, creo que un Trupan en la línea temporal del futuro sí podría darse bajo ciertas circunstancias. Habrá también Trumai, ya que esa pareja ya está establecida con el Trunks que peleó contra Zamasu, pero el otro que no luchó contra él, pues es otra historia y en él nos enfocaremos. Será divertido describir a dos Trunks, casi de la misma edad conviviendo y teniendo una mujer diferente cada uno. Pero extrañaré a Vegeta, ya que está más que muerto en esa línea temporal.
