N/A: Habiendo vuelto triunfante de mi primer examen, he aquí el segundo capítulo. Muchísimas gracias por todos los comentarios, favoritos y follows c:
Resistir a la tentación de visitar a Marinette durante la semana no había sido fácil. No obstante, siempre que el pensamiento volvía a Adrien, recordaba las sabias palabras de Plagg. A continuación reía para sus adentros, puesto que jamás hubiera imaginado que las palabras "sabio" y "Plagg" pudieran ir en una oración sin la presencia de un adverbio de negación en el medio. Además el kwami estaba en lo cierto. Ser un superhéroe significaba actuar con responsabilidad.
Por lo tanto, trató de acercarse a su amiga y compañera siendo él mismo. Le costó hacerlo de una manera no forzada, y afortunadamente Nino y Alya manejaban la situación a la perfección cada vez que Marinette parecía incomodarse. Supuso que lo mejor era empezar con cosas triviales, como saludarla, preguntarle cómo estaba, si la tarea de matemáticas le había resultado tan difícil y aburrida como a él.
El sábado llegó sin incidentes ni akumas de por medio. Los cuatro se juntaron alrededor de las once en el cine, eligieron qué película verían y, luego de decidirse por una de acción, compraron dos combos de palomitas y refrescos.
—Una bebida para cada uno y dos bolsas de palomitas para compartir —contó Adrien, haciendo una observación más que obvia—. Marinette, ¿compartirías una de las bolsas conmigo?
Tal y como se había imaginado, la susodicha se crispó no bien el modelo pronunció su nombre; sin embargo, ella aceptó de buen grado. Nino y Alya, por su parte, se miraron el uno al otro: ella levantó una ceja y él le sonrió.
Unos minutos después entraron en la sala. Nino, Alya, Marinette y Adrien tomaron asiento en ese orden. Colocaron los refrescos en los portavasos correspondientes, se pusieron cómodos y comentaron acerca de las opiniones que habían oído de la película que pronto comenzaría. Marinette parecía cada vez más relajada en la presencia de Adrien, así que éste decidió que ya era hora de llevar a cabo un pequeño plan que tenía en mente.
—Ey, ¿qué les parece si nos sacamos una foto antes de que empiece la película? —preguntó, sacando su teléfono del bolsillo—. ¡No tenemos ninguna de los cuatro!
—Excelente idea, Adrien —coincidió Alya.
—Nino, Alya, arrímense un poco… Marinette, tú quédate donde estás, estás perfecta allí —dijo. Se echó un poco de costado para acercarse a la chica de las coletas, para así poder encuadrar a todos. Luego de pedirles que sonrieran, sacó tres fotos—. Ahora, ¡pongan cara de tontaina! —Y volvió a apretar el botón un par de veces más.
Las luces de la sala empezaron a apagarse, y Adrien prometió que les enviaría las fotos no bien salieran del cine. No hubo mucho que pudiera hacer durante la función para acercarse (esta vez en el sentido figurado de la palabra) a Marinette, aunque sí le preguntó durante los avances si ella prefería que él sostuviese la bolsa de palomitas. Ella le contestó que no tenía problema y Adrien dio por zanjado el tema con una sonrisa.
La película pasó sin pena ni gloria, pero por lo menos cumplió su función de entretenerlos por poco más de hora y media. Cuando las luces volvieron a encenderse mientras los créditos rodaban por la pantalla, se pusieron de pie y se desperezaron.
—Ha estado divertida, ¿o no? —opinó Alya mientras botaba la basura a la salida de la sala.
—Yo le haría algunos cambios, pero la banda sonora me gustó mucho. Ese compositor es muy bueno —dijo Nino.
—El vestuario estuvo bien también —Marinette elevó la vista, haciendo memoria—. Particularmente el de la villana.
—¿Y qué tienen ganas de hacer ahora? —preguntó Adrien.
—¿Oh? Yo creía que ya nos íbamos a casa —dijo Alya—. ¿Qué tenías en mente?
—No lo sé —Puso los brazos detrás de la cabeza, pensante—. ¿Ir por un helado o algo? Además, es sábado y tenemos toda la tarde por delante. Yo digo que aprovechemos el resto del día.
—Um, yo no creo que pueda quedarme mucho tiempo —dijo Marinette. Adrien vio que estaba haciendo un esfuerzo para poder hablar con naturalidad—. Les prometí a mis padres que volvería pronto para poder ayudarlos…
Alya estuvo a punto de protestar, pero Adrien se le adelantó, poniendo una mano sobre el hombro de Marinette. La sintió tensarse cuando él le dio un apretón cariñoso.
—Oh, ¡vamos, Mari! Te prometo que no tardaremos demasiado.
—Ya sé —intervino Alya antes de que su amiga empezara a balbucear incoherencias—, mientras Marinette me acompaña al baño, llamaremos a sus padres para preguntarles, ¿sí?
En cuestión de segundos, tomó a su amiga por los hombros y la arrastró con ella en dirección a los baños. Al voltearse, Alya le dirigió una mirada intensa a su novio y éste asintió. Adrien no supo interpretarla del todo, pero sabía muy bien que tenía que ver con él y lo que se había propuesto.
—¿Se puede saber qué estás haciendo? —preguntó Nino cuando las chicas se habían alejado lo suficiente.
—¿Qué parece? ¡Acercándome a ella! —Reconsideró por unos segundos—. Bueno, por lo menos lo estoy intentando.
—Hermano, ¡si sigues así vas a terminar ahuyentándola!
—¿Eh? ¿Qué quieres decir con eso?
—Sé que tienes buenas intenciones, Adrien —lo rodeó por los hombros y lo atrajo en un fraternal abrazo—, pero tienes que saber medirte. Si Marinette es tímida contigo, acercarte demasiado y muy rápido a ella puede resultarle… ¿Avasallante?
—Ya… Ya veo —dijo arrepentido. No era su intención incomodar a Marinette, no obstante, realmente quería probarle a ella que él podía ser un amigo como todos los demás.
Al ver el rostro serio de su amigo, Nino probó hacer un chiste para tranquilizarlo.
—¡Y mírame! ¡Has hecho que use palabras cultas y todo!
El joven DJ logró su cometido y Adrien rió.
—Tienes razón. Entonces, ¿mejor dejamos el helado para otro día?
—Nah, ahora me tentaste. En estos momentos mataría por uno de chocolate… Ah, y, ¿puedo hacerte una última pregunta?
—Dispara, hermano.
—¿Desde cuándo le dices «Mari»? —preguntó sonriente y levantando una ceja—. Ni siquiera Alya la llama de esa manera.
Oh, rayos. ¿De verdad se le había escapado el apodo que Chat Noir tenía para Marinette? Esperó que Nino hubiera sido el único que había reparado en ello. Por lo menos no le había dicho "princesa", lo que casi indudablemente lo hubiera delatado. Y con eso verdaderamente tendría que despedirse de toda oportunidad de acercarse a Marinette.
Las chicas volvieron a los poco minutos con la buena noticia de que, en efecto, los padres de Marinette le habían dado permiso para volver un poco más tarde en casa. Luego de un pequeño festejo, Nino recomendó el próximo destino del grupo, una heladería que quedaba a unas estaciones de metro.
Adrien procuró seguir el consejo de su mejor amigo en el trayecto. Le dio espacio a Marinette: le dirigía la palabra únicamente si ella o Alya le hacían una pregunta o algo por el estilo, sino, volvía a su propia conversación con Nino. Supuso que estaba manejando la situación de manera correcta, puesto que ni Alya ni Nino le habían hecho un llamado de atención. Exactamente lo mismo hizo durante el resto de la tarde que compartió con sus amigos.
Más o menos una hora más tarde y ya con los caprichos de helado saciados, cada uno se fue a casa. Adrien eligió el camino largo para volver a la gran mansión Agreste. Era un hábito que había adquirido desde que había saboreado la libertad de ser Chat Noir, lo cual se traducía a que la mayoría de las veces no llamaba a su guardaespaldas para que lo fuera a recoger. Así que Adrien caminaba por las calles de París evitando las más transitadas, si posible, para no ser reconocido por algún fan o paparazzi. Se colocaba los auriculares, ponía música en su teléfono y se dedicaba a pasear un poco. Si se cansaba o si ocurría un contratiempo, siempre podía hacer una simple llamada y una limusina estaría allí en cuestión de segundos para llevarlo.
El destino, no obstante, tenía otros planes en mente. Una notificación en el celular interrumpió la música para avisarle que el Ladyblog traía novedades: no se trataba ni más ni menos que del ataque de un akuma. Pensando en que por lo menos esta vez Le Papillon había tenido la consideración de atacar después de la salida al cine, Adrien buscó un lugar para esconderse y transformarse. Dio con un lugar más o menos seguro en un callejón, y unos segundos más tarde, Chat Noir volvió a estar presente en la enorme capital del amor.
Comprobó dónde estaba el akuma y emprendió su viaje en dirección a su enemigo. A un tercio de camino, la vio: así como él mismo, Ladybug saltaba de edificio en edificio con la gracia y la belleza que la caracterizaban. Chat Noir no pudo evitar llenarse de dicha al verla.
La heroína se percató de su presencia también y le hizo una señal a lo lejos. Ambos siguieron avanzando en diagonal hasta que tuvieron apenas unos centímentros entre los dos.
—Buenas tardes, my lady. ¡Qué placer poder encontrarla durante este fantástico atardecer parisino!
—Buenas tardes, mon chaton —lo saludó ella con la misma formalidad exagerada—. Nada como pelear contra un akuma un hermoso sábado a la tarde, ¿verdad?
Luego de los saludos y un par de risitas, se detuvieron sobre un tejado para observar y estudiar al nuevo enemigo. Una estrategia que podían permitirse, ya que los habitantes de la zona ya habían huido, al parecer. A decir verdad, era un poco triste que los parisinos se supieran el plan de evacuación contra los akumas de memoria. Pero Ladybug y Chat Noir no podían hacer más que pelear contra los esporádicos monstruos hasta que Le Papillon se presentara ante ellos o que obtuvieran una pista para encontrar su escondite.
—Túnicas de colores, sombrero puntiagudo y una barba larga… —observó Ladybug—. ¿Un hechicero?
—Tiene toda la pinta de serlo, sí. ¿Qué te apuesto a que el akuma está en su varita mágica? —dijo Chat Noir luego de ver cómo el enemigo hechizaba una serie de objetos para que estos cobraran vida.
—Entonces, ¿tú lo distraes y yo le quito la varita?
—Eso suena a "tú lo sostienes y yo lo golpeo" —bromeó.
—Sabes tan bien como yo que ganas no me faltan, gatito —rió.
Dieron un salto en casi perfecta sincronización y se pusieron manos a la obra: Chat Noir se dedicó a burlarse de su enemigo para sacarlo de sus casillas (algo que se le daba especialmente bien) mientras que Ladybug esperó impacientemente a que el hechicero se descuidara. El momento elegido fue cuando Chat Noir usó Cataclysm para destruir una de las creaciones del akuma, lo que hizo que éste, encolerizado, empezara a dispararle chispas y rayos de luz desde su arma; mientras que la heroína utilizaba su Lucky Charm. Un espejo moteado salió de éste, el cual utilizó para reflejar la luz y así cegar temporalmente a su enemigo. Chat Noir le arrebató la varita al akuma y se la lanzó a su compañera, quien la partió a la mitad y para liberar a la mariposa de Le Papillon.
En pocos minutos los héroes habían sabido controlar la situación y salvar el día. Ella se encargó de purificar a la pequeña mariposita y él de preguntarle a la víctima si se encontraba bien. Los civiles empezaron a aparecer como en olas para agradecerles y felicitarlos. Sin embargo, a diferencia de la mayoría de las veces donde complacían a sus fanáticos respondiendo una pregunta o dos, Ladybug se arrimó a su compañero y le dijo:
—Minou, podrías acompañarme, ¿por favor?
—Con mucho gusto, Bugaboo.
Mientras Chat Noir se hacía ilusiones de que ese fuera el día en el que por fin ella aceptara tener una cita con él o de confesar sus eterno y fogoso amor, la chica de rojo buscó un lugar apartado para poder tener una conversación privada. Tuvo que elegir rápido, no obstante, porque los Miraculous de ambos ya estaban avisando que la magia de sus transformaciones pronto se desharía. A Ladybug pareció gustarle un edificio de unos diez pisos para conversar.
—Verás, Chat, hay algo que quería preguntarte… —dijo poniendo los brazos tras la espalda.
—¿Qué puedo hacer por ti, my lady?
—¿Cómo es eso —Inclinó la cabeza hacia un lado— de que yo te pedí que cuidaras de Marinette?
Chat Noir ahogó un grito y dio un paso atrás. ¿Cómo se había enterado? ¿Marinette se lo habría contado? ¿Acaso eran amigas? ¿Había arruinado sus chances con Ladybug? No reparó en que había tomado su rabo, como siempre hacía cuando se ponía nervioso.
—¿Hablaste… con ella? —preguntó con un hilo de voz.
—No exactamente —Le sonrió pícara y le guiñó un ojo—. Tú mismo dijiste que trabajo de maneras misteriosas, ¿recuerdas?
El nerviosismo de Chat Noir pronto pasó a bordear el miedo. Realmente, ¿cómo podía saber todo eso? ¿Cuánto le había contado Marinette, si es que habían hablado? Ante las expresiones que estaba poniendo su compañero, ella rió adorablemente.
—Perdona, Chat, no es mi intención torturarte. Pero para dejar una cosa en claro: lo que le dijiste a Marinette no es cierto, ¿o me equivoco?
—No te equivocas —dijo apenado.
—Está bien, está bien —Levantó las palmas en señal de paz—. Sólo quería corroborar que no te hubieras encontrado con un akuma que se hiciera pasar por mí. Eso era lo que me preocupaba. Aunque, ahora que me dices eso… —Empezó a caminar alrededor de Chat Noir, cosa que a él le recordó a un tiburón—. ¿Por qué fuiste a visitarla en un primer lugar?
Acorralado.
—Pues, verás… —Se mordió el labio—. No puedo decírtelo.
Ladybug alzó ambas cejas en señal de sorpresa y su sonrisa desapareció de sus labios. Chat Noir supuso que ella había dado por sentado que él le confesaría todo. Sólo esperó que su dama no se sintiera traicionada por ello.
—Si me dices, ¿comprometeré tu identidad? —Él asintió—. Ya veo. Bueno, entonces no me entrometeré más en tus asuntos.
—¿No estás enojada, Bugaboo? —preguntó extrañado. No esperaba que ella diera el tema por zanjado tan rápido.
—Para nada, chaton —Le regaló una sonrisita tan adorable como tranquilizadora—. No sé qué es lo que te propones, pero, conociéndote, estoy segura de que sólo tienes buenas intenciones. Sólo prométeme dos cosas: que te tendré a mi lado si te vuelvo a necesitar y —agregó burlona— que no le romperás el corazón a esa dulce e inocente chica.
—Sabes tan bien como yo que sólo tengo ojos para ti, my lady —dijo volviendo a tener su control de sí mismo—. Y no te preocupes, jamás te dejaría pelear sola. Somos un equipo, después de todo.
—Nos vemos la próxima, entonces —Le sonrió una última vez—. Pórtate bien, ¿sí?
Chat Noir se despidió de ella también y emprendió el camino a casa por segunda vez en el día. El paseo por las calles de París pasó a ser sobre sus techos; pero eso no era realmente un problema. Estaba de buen humor, estaba feliz. Su mayor miedo había sido que Ladybug le echara bronca por el asunto de Marinette; pero ahora tenía, aunque no de forma completamente explícita, su aprobación para seguir visitando a su amiga.
Buscó un lugarcito apartado para que su transformación se deshiciera y caminó lo que le quedaba del trayecto. Levantaría sospechas si su padre o Nathalie lo hallaran en su habitación sin haberlo visto pasar por la entrada principal previamente. Entró a su hogar y antes de dirigirse a su dormitorio, pasó por la cocina para recoger camembert para su kwami. Plagg salió de su escondite bajo su ropa y Adrien le entregó el queso.
—No te creas —dijo el kwami con la boca llena— que porque Ladybug te ha dado el visto bueno para seguir con tus travesuras yo lo voy a hacer también.
—Pero Ladybug tiene razón —Adrien se quitó los zapatos y se sentó sobre su cama con las piernas cruzadas—. Si visitar a Marinette no se interpone en mi deber como superhéroe, ¿qué daño podría causar que la vea de vez en cuando?
—Ya hablamos de esto, Adrien. ¿Qué te asegura que no te distraerás de tus deberes?
—Esto —respondió, señalando su teléfono celular.
—Eso —lo señaló también— desaparece cuando te transformas.
—No me refiero a este aparato en particular, Plagg. Mi bastón también funciona como GPS y celular, ¿o ya lo olvidaste? Mientras tu magia milagrosa siga conectada a internet y yo esté atento a las notificaciones del Ladyblog, no hay forma de que pueda perderme una batalla. ¿Cómo no me di cuenta antes? ¡Es la solución a todos mis problemas!
Plagg no le quitó la mirada de encima mientras terminaba de comer su camembert.
—Sigo pensando que es una idea terrible.
—Y yo sigo pensando que no podrías estar más equivocado.
Como siempre, ¡gracias por leer! El lunes tengo el último examen, así que mándenme buenas vibras para poder aprobar y así actualizar más rápido, ¡ja, ja!
