N/A: Wiiiii, ¡oficialmente de vacaciones por dos semanas! Dudo mucho, muchísimo que llegue a terminar con el fic antes de que arranque el ciclo académico, pero sí espero poder avanzar bastante.

También no quería dejar de darle las gracias a mi beta, quien es una persona increíblemente creativa y me ha ayudado muchísimo con el fic. ¡Yinu, ilu!


—¡París! ¡París, la ciudad del amor! Uno creería que ya nada podría perfeccionar su belleza inalcanzable, pero tú, Mari, ¡pruebas todo lo contrario con tu simple presencia! ¡Ah, benditos los ojos mortales que se posan sobre tu delicada figura! —recitó Chat Noir luego de aterrizar sobre la barandilla del balcón de la chica unos días después.

Marinette, sentada sobre el piso de madera con su cuaderno de bocetos sobre el regazo, dejó escapar una risotada.

—¿De dónde ha salido todo eso, Chat?

—Desde el fondo de mi corazón, por supuesto —Dio un salto y se sentó a su lado—. ¿Cómo estás, Marinette?

—Bien, gatito —le sonrió—. ¿Qué te trae por aquí?

—Estaba patrullando —mintió—, pero parece que el día de hoy va a ser uno libre de akumas. Así que decidí pasar a ver si estabas de ánimos como para jugar con este callejero. Aunque al parecer estás ocupada —dijo señalando el cuaderno.

—Nah, simplemente estoy dibujando un poco antes de ponerme a hacer la tarea. La haría el fin de semana, pero como es para mañana…

—¡Marinette! No estarás procrastinando, ¿no? —canturreó inquisitivo.

—Oh, ¡vamos, Chat! ¿Acaso eres mi madre?

—No, no, esto no puede ser —dijo con exageración y se llevó el dorso de la mano a la frente—. ¡No puedo jugar contigo a menos que termines tus deberes primero!

—¿Y qué vas a hacer al respecto entonces, gatito? —Lo miró entre divertida y desafiante.

—Da la casualidad de que no soy puramente músculos y una cara bonita, Marinette —Ladeó una sonrisa seductora—. Te puedo asegurar que con mi ayuda, terminarás con toda tu tarea en un santiamén —Y chasqueó los dedos.

Entre risas Marinette terminó aceptando la propuesta. La realidad era que Chat Noir tenía todo fríamente calculado: durante los últimos minutos de clases, había oído a Marinette quejarse y decir que hacer la tarea de física e historia le llevaría toda la tarde, puesto que eran dos de las asignaturas que le resultaban más difíciles. El joven héroe había tomado eso como una señal del destino para que Chat Noir fuera al rescate.

—¡Oh, pero qué haría yo sin ti, Chat! —comentó Marinette mientras bajaban a su habitación, como anunciando su llegada. Pero él no vio a nadie allí.

—No me cabe duda de que te las arreglarías sin problemas sin mí —rió el héroe. Estuvo a punto de agregar que de cualquier manera siempre él estaría para ayudarla, pero Marinette lo interrumpió antes:

—Ey, no digas eso —Y le dio un puñetazo juguetón en el hombro.

Chat Noir no pudo evitar preguntarse a qué venía tanto aprecio hacia él. Es decir, no habían pasado tanto tiempo juntos como para que le tuviese tanto cariño, salvando aquella tarde de videojuegos y la vez en la que la había salvado de un akuma. Marinette había entrado en confianza un poco demasiado rápido de lo que había esperado. Era agradable, sin embargo. Siempre es grato sentirse así de bienvenido y querido.

Marinette buscó sus libros, sus útiles y su tablet y los puso sobre el piso.

—Antes de empezar, ¿jugo de manzana o de naranja? —preguntó.

—Oh, si tienes de naranja, prefiero de naranja. Es mi favorito.

La dueña de casa asintió y salió de su habitación. En el mientras tanto, Chat Noir examinó la tarea de Marinette, aunque realmente no lo necesitaba: era exactamente igual a la que él mismo había hecho antes de venir. Por supuesto que había venido preparado, ¿qué clase de héroe sería sino? La tarea de física consistía solamente en resolver una serie de fórmulas (así que era más un ejercicio de matemáticas que otra cosa), y para la de historia debían escribir un pequeño reporte. Con tal de que el reporte fuera lo suficientemente distinto al que había realizado Adrien, no levantaría sospechas.

Ansioso por que Marinette volviese pronto, inspeccionó a su alrededor para ocupar su mente. Siempre le daba curiosidad saber si ella había comenzado un nuevo proyecto de diseño o algo por el estilo. Chat Noir estaba seguro de que ella tendría un futuro brillante en el rubro. Pensó en hablar con su padre para que Marinette hiciera una pasantía en su compañía una vez terminado el secundario o algo; Chat Noir sabía muy bien que al mundo de la moda no le vendría nada mal un corazón tan gentil como el de su amiga.

Se sintió ligeramente decepcionado al no encontrar nada nuevo a la vista. Salvo por dos o tres cosas que habían cambiado de lugar, el dormitorio parecía no haber cambiado en lo más mínimo. Hasta que volteó a ver la tabla de corcho donde colgaban las fotografías: allí, en el medio de todas, estaba la selfie que se habían sacado aquella vez en el cine. No pudo evitar llenarse de dicha.

—¿Qué travesura estás tramando como para que estés sonriendo de esa manera? —preguntó Marinette, llegando con las bebidas y unos pancitos sobre una bandeja.

—¡Veo que seguiste mi consejo y le pediste a Adrien que se sacara una foto contigo! —improvisó. Se estaba volviendo realmente bueno en ello.

—En realidad fue idea suya —Se sentó frente al héroe y dejó la bandeja entre los dos—. Así que el mérito no me corresponde.

—Bueno, ahora sabes con seguridad que si se lo pides, no se negará. Es más, ¿por qué no se lo pides la próxima vez que lo veas? Con ello seguramente superarás la vergüenza que dijiste que sentías, ¿verdad?

—¿Cuál es tu obsesión con Adrien, Chat? —preguntó entre curiosa y divertida.

—No estoy obsesionado con él, Mari.

—¿Entonces?

—No lo sé. Parece buen tipo. Y es bien parecido, ¿no crees? —Tomó uno de los vasos y dio un sorbo.

—Oh, sí. Adrien es objetivamente el chico más atractivo que conozco.

Chat Noir se sintió un personaje de una caricatura: no bien Marinette había terminado de ser brutalmente franca, él había estado a punto de escupir el jugo de naranja. No obstante, al evitar que eso ocurriera, el líquido siguió el curso contrario y lo hizo atragantarse. Rápidamente su amiga estuvo a su lado para darle golpecitos en la espalda mientras reía.

—Ay, chaton. ¡No me digas que estás celoso!

—No es eso, Mari —dijo todavía tosiendo—. Fue tu sinceridad absoluta y la seguridad con la que hablaste lo que me sorprendió —ella volvió a reír y Chat Noir esperó a que el ataque de tos se le pasara para volver a hablar—: ¿Te parece bien empezar con tu tarea?

—Si eso significa que no te volverás a atragantar con mis comentarios, con mucho gusto.

El superhéroe se lo agradeció y se pusieron manos a la obra. Comenzaron con los ejercicios de física, y para ello Chat Noir empezó explicándole la teoría a Marinette. Una vez hubo terminado, dejó que ella resolviera las ecuaciones por sí sola. No tenía sentido hacer la tarea por ella, ¿o sí? Cuando ella tenía una duda o un ejercicio no le daba bien, él le hacía pensar las cosas desde otra perspectiva. Pronto la primera parte de la tarea fue finalizada con total éxito, así que prosiguieron con el reporte de historia. Marinette consultaba sus libros para buscar la información necesaria y Chat Noir buscaba datos adicionales en internet. Juntos hicieron un diagrama de cómo se desarrollaría el reporte y, poco menos de una hora después, ya habían acabado con todo.

—¡Bien hecho, Mari!

—Fue todo gracias a ti, Chat Noir —Le sonrió ella, apagando su tablet—. Podría haber estado toda la noche con esto sin no me hubieras ayudado.

—Ni lo menciones. Pero, ¿sabes qué?, estaba pensando… ¿Por qué no crear un grupo de estudio con tus amigos?

—¿Y quedarme sin tus lecciones privadas?

—Si necesitas mi ayuda, vendré corriendo —Le guiñó un ojo—. Pero lo digo porque, ya sabes, a veces puede que haya un akuma u otra cosa que me mantenga alejado de ti.

—Bueno, lo sugeriré —Y se encogió de hombros.

Chat Noir de verdad así lo deseó. Era consciente de que su vida consistía básicamente de una agenda apretada que le dejaba pocos días para él mismo (de los cuales, algunos empezaría a invertir en las tardes con Marinette), pero realmente le gustaba la idea de poder compartir tardes con Nino, Alya y la chica en cuestión; por más de que hubiera tarea de la Collège de por medio.

No insistió en el tema, sin embargo. Marinette ya había notado que Chat Noir traía a colación su otra identidad de una manera quizá no tan natural, y no quería levantar sospechas. No podía imaginarse qué ocurriría si ella se enterara de que él era el chico «objetivamente más atractivo que conocía». No podía ni quería.

—¿Gatito?

—Perdona, ¿decías algo? —preguntó, volviendo al planeta Tierra.

—Te preguntaba qué querías hacer ahora. Si mi memoria no me falla, dijiste que no jugarías conmigo a menos que terminara mi tarea antes, ¿o no?

—Es verdad, es verdad. Pues… ¿videojuegos?

—Nah, sería muy cruel de mi parte humillarte de nuevo. Abuso animal, incluso.

—¿Entonces qué otra actividad tienes en mente? —rió.

Marinette se tocó los labios con la punta del índice, pensante. Movió la cabeza de un lado al otro, haciendo memoria de sus posesiones a medida que recorría su dormitorio con la mirada. De repente una sonrisita se instaló en su rostro, dio unos pasitos rápidos hacia unas cajas que se hallaban bajo su escritorio: corrió unas, quitó otras del medio y finalmente sacó una rectangular.

Rápidamente guardó todo lo relacionado a la tarea, se sentó frente a Chat Noir, volcó los contenidos de la caja y pronto una torrecita de madera se alzó entre los dos.

—Así que… ¿es verdad que puedes ronronear? —preguntó Marinette con voz suave al cabo de unos minutos. Un movimiento en falso y el jenga se vendría abajo. Ya había perdido dos veces.

—Hay muchas especulaciones en internet sobre mi dama y yo, Mari —respondió mientras examinaba la torre y elegía uno de los bloquecitos de madera—. Y puedo garantizarte que la gran mayoría son mentira. Algunas se acercan a la verdad, pero no tanto.

—¿Tampoco caes siempre de pie? —E hizo su movimiento.

—¿Sabes lo conveniente que sería? ¿La cantidad de porrazos que me hubiera evitado? —Decidió remover uno de los laterales de la base, era hora de que las cosas se pusieran interesantes—. Tristemente, no es así.

Ambos contuvieron el aliento hasta que Chat Noir terminó su turno. Lo dejaron escapar recién cuando vieron que el jenga seguía de pie.

—¿Y ver en la oscuridad? —Marinette redobló la apuesta: quitó otro de la base y entonces la torre se mantuvo solamente sobre el del medio.

—Eso sí. Pero es algo que me confiere el traje, no es un superpoder mío —Quitó uno de los bloquecitos del medio y, con suma delicadeza, lo colocó arriba del todo.

—¿Oh? ¿Entonces nunca te mordió un gato radiactivo y así te convertiste en Chat Noir? —Y jugó su turno.

—Sin el traje soy un tipo totalmente normal —La torre se movió apenas cuando terminó de colocar su bloque. No obstante, no se cayó.

—Lo dudo mucho —dijo burlona y jugó. Lamentablemente para ella, el jenga cayó antes de que pudiera terminar su turno. Marinette dejó escapar un gruñido de frustración y Chat Noir una risita de victoria.

—¡Ja! ¿Quién está humillando a quién ahora? —festejó.

—No lo sé, Chat, ¿cómo sé que no es tu traje el que te está confiriendo una súper destreza que te permite ganar con facilidad al jenga? —se quejó.

—¡Marinette! ¡No seas mala perdedora!

La susodicha rió de buena gana y juntos volvieron a armar la torrecita en un acuerdo tácito. ¿Y cómo no hacerlo si se la estaban pasando bomba?

—En definitiva, Mari —Esta vez le tocaba a Chat Noir el primer turno—. No creas todo lo que lees sobre mí o sobre Ladybug a menos que tenga una fuente confiable o no venga de una entrevista que ella o yo hayamos dado.

—Tienes razón, gatito. Aunque, a decir verdad —dijo mientras pensaba su movimiento—, eso me deja tranquila. Siempre me imaginé que los «besos de gato» no podían ser ciertos.

—Espera —El tono del héroe hizo que Marinette parara en seco cuando había estado a punto de coger su bloque—. ¿qué cosa?

—Oh, lo leí en el Ladyblog. Alguien juraba haberte visto besando a Ladybug como un gato. Ya sabes: un lengüetazo.

—Alya realmente tiene que empezar a poner mejores moderadores para el foro. Esto ya es ridículo —Una idea fugaz cruzó su mente—. No obstante…

—¿No obstante, qué? —preguntó. El tono de Chat Noir le había dado mala espina.

No recibió respuesta, sin embargo. El rostro del héroe se transformó en la seriedad absoluta y, con toda la lentitud del mundo, asomó la punta de la lengua. Marinette le disparó una mirada azul repleta de desconfianza y de desconcierto. Chat Noir alzó y bajó las cejas un par de veces. La nueva mirada que Marinette le dirigió podría haberse traducido a «¿Qué estás tramando?». Esta vez inclinando la cabeza y sonriendo apenas, Chat Noir volvió a mover las cejas. Una tercera mirada de parte de Marinette, una advertencia: «Ni se te ocurra». Moviéndose como un depredador, Chat Noir fue poniéndose de pie. Marinette lo imitó.

—Chat —Lo señaló con un dedo acusador—. No.

—¿Zeguda que no quiedez un bezito, pdinzeza?

—Segurísima, Chat, gracias por la tentadora oferta.

—Mida que la pdimeda vez ez gdatiz…

La persecución empezó con una sincronización que no lo fue, pero sólo por milésimas de segundos. Chat Noir pateó accidentalmente el jenga y los bloquecitos volaron por el aire. La risa casi histérica de Marinette llenó la habitación. Se persiguieron en círculos, mientras ella le advertía que, si se caía, él se mordería la lengua. Chat Noir hizo oídos sordos. Fue entre la cuarta y la quinta vuelta que Marinette se avivó y agarró un almohadón de su diván; entonces dio un giro de ciento ochenta grados y, con cuidado de no lastimar al héroe, le tapó el rostro.

—¡Oh, no! ¡Almohadones! ¡Mi mayor debilidad! —se oyó tras las capas de algodón y tela.

Marinette rió y Chat Noir no pudo evitar contagiarse. Se sentaron en el piso —casi tumbándose— para tratar de recobrar el aliento. De pronto el ambiente risueño fue interrumpido por una voz lejana y femenina:

—¿Marinette? ¿Está todo bien?

Chat Noir automáticamente reconoció la voz de Sabine Cheng. Activó su escucha aumentada: oía golpes rítmicos sobre madera, por lo que dedujo que la mujer se hallaba subiendo las escaleras. Sin previo aviso, Marinette lo tomó de la mano y lo llevó al lado de la trampilla que conectaba el dormitorio con la sala de estar. Chat Noir no sabía qué estaba pensando, pero decidió confiar en ella. Marinette lo hizo pararse del lado de la bisagra y susurró un «Agáchate». Él así lo hizo y ella abrió la trampilla, de modo que él quedaba oculto tras ésta.

—¿Qué cosa, mamá?

—¿Estás bien, nena? —Chat Noir la oyó detenerse a mitad de camino—. Escuché un estruendo y pensé que te habías caído, Marinette.

—Estoy bien, mamá. Simplemente vi un insecto, me asusté y tiré todo cuando me sobresalté. Ya sabes, así de torpe soy.

—Mientras no te hayas lastimado…

—Estoy bien, mamá, en serio —Le sonrió.

—Me quedo tranquila entonces —dijo satisfecha—. Marinette, ¿podrías bajar a darnos una mano?

—Por supuesto, dame un segundo para calzarme.

Sabine no agregó nada más y bajó. Marinette cerró la puertita, miró a su invitado y ambos dejaron escapar un suspiro.

—¿Me esperarías unos minutos? —susurró.

—Claro.

Marinette se puso sus zapatitos y pronto bajó a ayudar a sus padres. Para sentirse útil en el mientras tanto, Chat Noir recogió todos los bloquecitos del jenga y los guardó diligentemente en su caja. También devolvió el almohadón que Marinette había usado para protegerse de sus «besos de gato» a su lugar sobre el diván y se sentó sobre éste. Sabine Cheng parecía confiar plenamente en su hija, pero aun así el héroe no podía evitar sentirse responsable por lo que casi había ocurrido. Nunca había barajado la idea de que los padres de Marinette descubrieran sus visitas, y tampoco sabía cómo reaccionarían. Por lo poco que los conocía, estaba seguro que le darían a Marinette el beneficio de la duda; pero, si bien Chat Noir era uno de los dos grandes héroes de la ciudad, no dejaba de ser un adolescente que pasaba tiempo a solas con su hija. En su dormitorio y en secreto.

Pasaron unos diez minutos para cuando Marinette había vuelto.

—Lo siento, gatito. Voy a tardar más de lo que pensaba —dijo con un tono mustio.

—Ey, no te preocupes, Mari —le sonrió para que no se apenara—. En cualquier caso, te debo una disculpa por causar tanto alboroto.

—No pasa nada, Chat. Mi mamá subió porque necesitaba ayuda en la caja, no porque hubiera escuchado algo raro.

—Mejor me marcho ya entonces, no quisiera entretenerte más.

Juntos subieron las escaleras y luego al balconcito. Al sol le estaban quedando unos pocos minutos antes de ponerse, lo cual pintaba París de unos bellos tonos cálidos. El paisaje parecía sacado de una obra de arte. Chat Noir preparó su bastón mientras apreciaba la vista que su ciudad le regalaba.

—Gracias por todo, minou. Me divertí mucho hoy también.

—Gracias a ti por recibirme, Mari. Si te soy sincero, me encantaría volver a pasar la tarde contigo, pero no quisiera importunarte. Si no hubieras actuado con la rapidez que actuaste hoy…

Marinette permaneció pensativa unos segundos. Su rostro se iluminó apenas, parecía que se le había ocurrido una idea.

—Bueno… Mis padres salen de vez en cuando los fines de semana y tengo toda la casa para mí. El problema —Hizo una mueca de desazón y cruzó los brazos— es que nunca tienen un día fijo. A veces son los sábados, a veces los domingos, a veces se quedan en casa.

—Y no tenemos forma de comunicarnos… —Pero entonces Chat Noir lo vio: en su mano, tenía lo que quizá podría ser, de nuevo, la solución a sus problemas—. Mari, esto quizá suene medio raro o incómodo, pero… ¿Podrías darme tu número de teléfono?

—¿Eh? —Marinette elevó las cejas, sorprendida ante el pedido—. Pero gatito, ¿y si te roban tu celular o algo? No quisiera comprometer tu identidad. Ya sabes, alguien podría vincularte a mí y entonces…

—No te preocupes, princesa. Tengo una gran idea —Le guiñó un ojo—. Claro que, si no estás cómoda con ella, no voy a presionarte ni a enojarme.

Nuevamente Marinette permaneció dubitativa. Acto seguido una sonrisita se formó en sus labios y asintió. Sin decir nada, bajó a su habitación y volvió unos instantes después con un papelito azul que le entregó a Chat Noir. Él lo guardó en uno de sus bolsillos.

—Si no te conociera, minou —dijo divertida—, pensaría que acabas de engañar para obtener mi número.

—Lo sé, Mari, pero no puedo conmigo, ¡ser un galán está en mi sangre! —Extendió su bastón e hizo una reverencia—. Muchas gracias por dejarme acompañarte esta tarde, princesa.

—El placer a sido todo mío, Señor Noir —dijo con una solemnidad juguetona.

A la vuelta, Chat Noir hizo lo de siempre: buscó un lugar apartado no muy lejos de su hogar para deshacer su transformación y así poder entrar por la puerta principal. Tenía la fortuna de haber generado la suficiente confianza con Nathalie como para que ésta no lo abordara a preguntas cuando salía en su tiempo libre (¿A dónde vas? ¿Con quién? ¿A qué hora? ¿Cuándo volverás?). Le había bastado con saber que Adrien iba a visitar a sus amigos. Y él estaba muy agradecido al respecto.

Pasó por la cocina para recoger camembert para Plagg. Si bien no había usado Cataclysm en ningún momento, su kwami se lo merecía. Aunque no aprobara sus «travesuras».

—Te das cuenta de que, si le escribes o si la llamas desde tu celular, ella sabrá quién eres, ¿no?

—Oh, Plagg, pero todavía no has escuchado mi plan maestro —contestó mientras se sentaba a su escritorio. Encendió su computadora y abrió el navegador para entrar en un sitio de compras en línea. El kwami se sentó con su camembert entre su amo y el teclado.

—¿Y ese plan consiste en…?

—Hay teléfonos celulares, los de SIM dual, que permiten tener dos líneas al mismo tiempo —dijo mientras se detenía a ver las especificaciones de uno. No, no le servía—. O sea, puedo tener una para Adrien y otra para Chat Noir en el mismo aparato. Así que, si le escribo a Marinette desde la línea de Chat Noir, ella no sabrá que soy yo. Bastante inteligente, ¿no crees?

—Es un plan precavido, sí —admitió—. Pero de cualquier manera, ¿no te parece que estás metiéndote en un embrollo cada vez más complicado? Es decir, todo esto empezó porque querías averiguar por qué ella se pone nerviosa cuando estás cerca. Ahora no sólo no te estás ateniendo a tu propio plan, sino que además estás teniendo un… un… juego doble con ella. O lo que sea que sea.

Echándose para atrás sobre su silla, Adrien internalizó las palabras de su kwami. Cuando se lo proponía, Plagg realmente parecía el guardián mágico y sabio de una joya poderosísima. Hablaba la verdad.

—Es sólo que… Es tan fácil llevarse bien con ella, ¿sabes? Es tan gentil y divertida. El tiempo que paso con ella vuela y… —Puso una expresión triste y empezó a jugar con su anillo—. Siento que no puedo tener eso siendo Adrien. En cambio, siendo Chat Noir…

—Podrías juntarte a hablar con ella en privado, ¿sabías? Como Adrien, digo.

—Primero ella tendría que acceder a tener una conversación conmigo.

—¡Accedió a darle su número de teléfono a un tipo que apenas conoce! ¡De seguro se sentaría a hablar contigo si se lo pidieras! ¡Eres su amigo!

—Incluso si accediera —dijo Adrien con firmeza—, no sé si ella podría hilvanar tres palabras juntas estando sola conmigo. Y me incomodaría mucho tener que pedirle a Alya o a Nino que nos hicieran de intérpretes.

—¿Acaso no le tienes fe a la pobre muchacha?

—¡Claro que le tengo fe!

—¿Entonces?

Adrien calló. No era la primera vez que Plagg lo ponía en jaque, y la peor parte era que tenía razón.

—Sólo medítalo, ¿sí? No descartes la opción que te dije.

—Lo pensaré.


Gracias por leer :D