«¿Lo ves? ¡Te dije que te gustaría!» escribió Adrien en su celular. Sonriendo de oreja a oreja, presionó el botón de enviar.

Sentado sobre las escalinatas de su escuela mientras esperaba a Nino, levantó la vista. El cielo mañanero estaba completamente despejado, esa misma tarde volvería a juntarse con sus amigos para terminar el proyecto de arte y, en ese preciso momento, se estaba intercambiando canciones con Marinette: él le recomendaba una de música disco y ella de alguna banda de rock o indie poco conocida. Se sentía, en otras palabras, dichoso.

Bajó la vista cuando su celular vibró en su mano y leyó un «¿Qué otra canción me recomiendas de esta cantante?». Adrien pensó unos segundos, tratando de hacer memoria. «Gloria Gaynor tiene grandes éxitos, pero ahora no se me viene ninguno a la mente. Seguro que en Spotify los encuentras».

—Adrien, ¡ey!

—Buenos días, Nino.

Se puso de pie y su amigo lo rodeó por los hombros para llevarlo dentro del establecimiento.

—Soy yo, ¿u hoy estás de particular buen humor? —preguntó Nino.

—¿Cómo no estarlo si hoy me junto con ustedes?

—Dices que "te juntas" con nosotros como si fuéramos la chusma.

Adrien rió de muy buena gana, haciendo que su estado de ánimo mejorara, si es que acaso era posible. Él y su mejor amigo se dirigieron al aula a esperar que la primera clase iniciara. Eran los primeros en llegar.

—Hay algo que quiero preguntarte hace un tiempo, ¿puedo? —comenzó Nino.

—Ni siquiera tienes que preguntar.

—¿Cómo sigue tu, eh…, "plan" de acercarte Marinette? —Ante la mirada confundida de Adrien, Nino continuó—: Ya sabes, eso de que ella es tímida contigo y tus ganas de romper esa barrera.

—¡Oh! —Adrien casi se había olvidado de esa posibilidad desde que prácticamente sólo interactuaba con ella como Chat Noir—. Bueno, como todavía no resolví el tema de cómo no ser avasallante…

—Entiendo, entiendo —asintió Nino—. Pero, ¿y si te dijera que Alya y yo tenemos una idea que podría ayudarte? —Adrien sólo levantó una ceja en señal de desconfiada curiosidad—. Verás: según Alya, cuando Marinette se pone manos a la obra y se concentra en un proyecto de moda o arte, es casi como si se convirtiera en otra persona.

—¿«En otra persona»? ¿Y eso me ayudaría cómo…?

—¡Ahí viene la mejor parte! —Le regaló una sonrisa triunfante—. Estoy seguro que si ustedes dos se ocupan de la parte plástica y dejas que Marinette tome el mando, sus inhibiciones se irán, eh, deshaciendo poco a poco. En parte porque tiene que hablar contigo para que puedan trabajar juntos y en parte porque estará tan concentrada, que dudo que de a momentos se acuerde que está hablando contigo. Hasta me animaría a decir que pasarías a un segundo plano —rió.

—Momento, ¿a qué te refieres con «la parte plástica»?

—Oh, claro, casi lo olvidaba. Alya y yo pensamos que podríamos hacer la presentación con una parte plástica, ¿recuerdas lo que habíamos planeado hacer con papel maché?, y con una parte musical. Se me había ocurrido remixar alguna canción de la época o algo y reproducirla de fondo mientras ustedes hablan sobre el arte y blablabla. Pero claro que eso es algo que tenemos que terminar de discutir con Marinette y contigo.

Adrien ponderó la idea unos segundos. No era invasiva, no era avasallante; simplemente tendrían que trabajar juntos para un fin común, y eso implicaba comunicarse. Quizás hasta sería mejor que Marinette "tome el mando" como decía Nino, ya que eso significaría que ella sería la que le daría las indicaciones o él tendría un rol más de ayudante. Tenía la impresión de que su amiga se negaría al principio, pero Adrien confiaba también en sus capacidades para convencerla.

—Me parece bien —asintió finalmente—. Lo hablamos con las chicas no bien lleguen, ¿sí?

—Si es que llegan antes de que toque la campana —señaló Nino con una risita.

Adrien tomó su celular para ver la hora. Si no se apresuraban, Alya y Marinette llegarían tarde, seguramente por culpa de la segunda. Aprovechando que todavía tenía unos minutos antes de que la clase comenzara, Adrien volvió a escribirle a su amiga «Estás llegando tarde, princesa». La respuesta de Marinette no tardó en llegar:

«Oh, vamos, chaton, no tú también!»

«Espera un mom»

«Ento»

«Cómo sabes que estoy llegando tarde?»

«Chat»

«Me estás espiando?»

El corazón de Adrien dio un vuelco. Rayos, rayos, rayos, acababa de delatarse. Bueno, no, no del todo. Pero Marinette había reparado en el detalle de que él sabía algo que se suponía que Chat Noir no, un descuido que a Adrien podría costarle su nueva amistad.

—Hermano, ¿estás bien? Acabas de ponerte blanco como papel —le preguntó la voz preocupada de Nino.

—Sí, sí —respondió sin levantar la vista, su cabeza estaba funcionando a miles de kilómetros por hora para encontrar una respuesta creíble—. Por un momento leí mal mi calendario y pensé que hoy tenía una sesión de fotos. Pero no, tengo toda la tarde libre para ustedes.

«Claro que no, princesa!»

Piensa, piensa, piensa, rayos.

«Dijiste que siempre llegabas tarde, y como te estás mensajeando conmigo, asumí que hoy también sería el caso! Es obvio que di en el clavo».

Y le mandó un emoji con lentes de sol y uno de un gato negro. Si aparentaba que todo estaba bien, si actuaba como siempre, y si Marinette se lo creía, habría evitado un problema y un sermón interminable de Plagg que básicamente podría resumirse en «como siempre, yo tengo razón».

El tiempo pareció ralentizarse. Con cada segundo que pasaba, la ansiedad de Adrien aumentaba exponencialmente. Marinette era muy inteligente, estaba seguro de que no había mordido el anzuelo. Era una excusa barata. Por primera vez la resintió por ser tan despierta. Pero no podía echarle la culpa a ella. Claro que no. Él era el que se había metido en este asuntillo de secretos en primer lugar. Oh, Dios, Plagg tenía razón. ¿Cómo había podido ser tan cabeza dura? ¿Tan bobo? Tendría que haber sido sincero con su amiga desde el primer momento, tal y como su kwami se lo había sugerido. Pero ya era tarde. Sentía que todo estaba perdido. No sólo Chat Noir perdería su preciada amistad con Marinette, sino que Adrien también. Porque era obvio que ella ataría los cabos sueltos. ¿Un joven rubio de ojos verdes que parecía conocerla de hacía mucho más que unas tardes de juegos? Se daría cuenta al instante. Quizás tardara un día o dos, pero con la ayuda de Alya, quien tenía un sexto sentido para estas cosas, la verdad saldría a la luz. Oh, no. No, no, no, no. No sólo perdería su amistad con Marinette, sino que su doble identidad de superhéroe quedaría expuesta también. A la fanática más grande de la dupla dinámica de París, ni más ni menos. Ay, todo estaba perdido. No, no todo. Tenía a Nino también. Pero un momento, ¿y si Nino acaba enterándose? ¿Cómo reaccionaría? ¿Entendería que no podía revelarle su secreto? ¿O se enfadaría? Ahí sí todo estaría perdido.

Su celular vibró entonces. Había pasado apenas un minuto.

«Claro, qué tonta! Tienes razón, gatito. Lo siento!»

Adrien dejó escapar un suspiro de alivio.

—¿Seguro que estás bien, hermano?

—Mejor que nunca —le sonrió aliviado.

Sus compañeros empezaron a llenar el aula, trayendo consigo sus típicas conversaciones animadas, risitas y algún que otro comentario despectivo de Chloé, que Adrien supo hacerle callar. Finalmente la campana sonó y sus amigas llegaron casi sin aliento, como si hubieran corrido una maratón. Apenas tuvieron tiempo para intercambiar saludos cuando Madame Bustier entró en el salón.

Si bien ahora se hallaba tranquilo, Adrien no paraba de preguntarse si Marinette le habría contado sobre las visitas de Chat Noir a Alya. Es decir, si la joven reportera se encontraba con ella en el momento que le había mandado ese mensaje descuidado, quizás hubiera deducido que algo andaba mal. Las reacciones y expresiones de Marinette la delataban con total facilidad.

No obstante, ninguna de las dos hizo comentario acerca de ello durante el resto del día. Y rara vez Alya callaba su ferviente amor por Ladybug y Chat Noir. Así que quizá era seguro dar por sentado que su despiste no había pasado a mayores.

Durante el receso Alya y Nino actualizaron a Marinette acerca de su idea para el proyecto de arte, aunque parecieron obviar el detalle de que ella y Adrien trabajarían juntos. El joven modelo lo dedujo de las miradas cómplices de sus amigos. Pero, dentro de todo, a Marinette pareció encantarle la idea de mezclar música y artes plásticas de diferentes períodos, por lo que sería fácil decidirse por dónde empezar a ponerse manos a la obra esa tarde.

Para cuando repararon en ello, el final de la jornada escolar ya había llegado a su fin. Durante el pequeño trayecto de la Collège hasta el hogar Dupain-Cheng, los cuatro amigos se dedicaron a hablar de trivialidades, series y videojuegos. También hubo un pedido de Alya a Marinette para que le ayudara a mejorar sus habilidades con el Ultimate Mecha Strike, aunque Nino le aseguró que no podría derrotarlo jamás. Los padres de Marinette los recibieron con su característica calidez. Tom le sugirió a su hija que eligiera unos emparedados de la panadería para ofrecerle a sus amigos, cosa con la que ella estuvo de acuerdo. Marinette los invitó a ponerse cómodos en su habitación mientras preparaba todo, haciendo oídos sordos a cualquier tipo de ayuda ofrecida de los otros tres.

Una vez en la habitación de Marinette, Adrien cayó en la cuenta de lo cómodo que se sentía en ella. Era como estar en casa. O más bien, era su hogar fuera del hogar. La mansión Agreste siempre había sido admirada como una exquisitez arquitectónica, con su estilo moderno e imponente. Mas sus mármoles blancos y orgullosos con sus negros elegantes carecían de todo valor para Adrien, particularmente ahora que conocía los rosas y naranjas del dormitorio de Marinette. Se había vuelto su nuevo espacio de confort, juegos y amistad. No había lugar en el mundo que pudiera comparársele.

Segundos después de ponerse cómodos, Marinette apareció con una bandeja llena de bocadillos apetitosos y cuatro vasos altos llenos de jugo. Rápidamente Adrien notó que todos eran de naranja. Y la última vez que la había visitado como Chat Noir, Marinette había dejado bien en claro que no le agradaba ese sabor. Decidió hacer un pequeño experimento:

—Propongo un brindis. Por, eh… ¿La amistad y el arte?

—¡Por la amistad y el arte! —repitió Alya.

Nino y Marinette se sumaron al brindis en coro, chocaron los vasos con suavidad para no romperlos ni ensuciar, y finalmente bebieron al mismo tiempo. Adrien miró de soslayo a su amiga diseñadora: ésta traía la expresión de alguien que hace algo por educación y compromiso, pero que claramente no lo estaba disfrutando.

Así que el jugo de naranja había sido un detalle para con Chat Noir. De haberse podido materializarse, la habitación se hubiera inundado de la dicha de Adrien. Dios, su amiga era realmente un ángel. ¿Cómo no adorar a alguien quien te concede hasta el más nimio de los caprichos? ¿Más cuando hace un pequeño sacrificio como beber el jugo que no le gusta?

—Bueno, haremos una parte plástica y una musical, ¿no? —dijo Marinette.

—Así es —asintió Nino—. Alya y yo nos encargaremos de investigar acerca de los distintos períodos artísticos y su música, Adrien y tú pueden ocuparse de la parte plástica.

El cerebro de Marinette pareció necesitar unos segundos para procesar esa última información.

—¿C-con Adrien?

—Si no te molesta, claro —dijo éste con su mejor sonrisa.

—Bien, está decidido —anunció Alya antes de que Marinette pudiera agregar comentario alguno—. Hoy empezaremos a bocetar las ideas, ¿les parece? Nino y yo buscaremos una lista de artistas de varias épocas para ver qué podemos remixar y ustedes pueden… pueden…

—Si Marinette está de acuerdo conmigo —dijo mirando en su dirección—, creo que es una buena idea empezar haciendo unos croquis. Una idea nos llevará a otra hasta dar con la que nos parezca mejor.

—Genial, me parece que ya estamos bien encaminados —dijo Nino—. Manos a la obra.

—Espera, espera, ¿no vamos a ponerle nombre a los equipos esta vez? —preguntó Adrien divertido.

—Oh, es verdad, compañero Alfa —rió Alya, chocó palmas con el modelo y se dirigió a su novio—. ¿Qué te parece… DJWiFi?

—Por favor, dime que no te pusiste «WiFi» por tu akuma —se quejó Marinette, ya siendo la de siempre.

—¿Por qué no? Oye, ¡no vas a decirme que no fui una gran villana! —volvió a reír—. Bueno, ya que ustedes nunca fueron «akumatizados»… ¿Qué les parece «Adrianette»?

—Ese —dijo Marinette con tono seco— tiene que ser el nombre menos trabajado del mundo.

Adrien no pudo evitar reír ante el comentario de su amiga. Ésta le dirigió una sonrisita tímida y se rascó la nuca apenada.

—Bien, ahora que los nombres han sido decididos, ¡a trabajar! —dijo Nino.

Éste y Alya se hicieron a un lado para empezar una lista de posibles canciones que podrían usar para la presentación. Adrien vio a Marinette tomar su cuadernito de bocetos, y ésta, haciendo un notable esfuerzo para mantener la compostura, se sentó a su lado con su lápiz en mano.

—¿La idea era hacer una estatua de papel maché, no? —preguntó Adrien.

—Sí. Nino y yo habíamos pensado en hacer o una Venus de Capua o una Luperca, pero pintada en un estilo de otro movimiento artístico —dijo con un dejo de timidez—. ¿Se te ocurre algo?

—No sé mucho de lobos, pero creo que con la Venus podemos hacer algo… Eh, bueno, quizá sea la influencia de vivir con mi padre —rió—, pero podríamos vestirla como alguna mujer de algún retrato famoso.

—Es un buen comienzo —asintió Marinette, elevando la vista y pensando—. ¿Algún cuadro que se te venga a la mente ahora?

—¿La Gioconda?

—Mmm… ¿Algo que destaque más? Viste ropa muy oscura y no sé si será fácil reconocerla al instante.

—¿Ofelia? No, espera, es un poco demasiado trágico.

Mientras empezaba a bocetear una figura femenina copiando la imagen de la Venus de su celular, Marinette le dio la razón dejando escapar una risita. Adrien la notó algo más relajada.

—¿Cómo se llama el cuadro de los granjeros?

—No lo recuerdo, pero sus ropas tampoco me parecen tan reconocibles a primera vista.

—No me la estás poniendo nada fácil, Marinette —bromeó.

Ella por fin levantó la vista del papel con expresión compungida.

—Oh, cuánto lo siento, Adrien —dijo entre apenada y nerviosa—. No es que lo esté haciendo a propósito, es decir, no quise- no es que tus ideas no me parezcan buenas-

—No, no, Marinette, ¡No lo dije en serio! —Levantó las manos e hizo un gesto para calmarla. A espaldas de Marinette, Nino y Alya lo miraban atentos por si tendrían que intervenir o si Adrien se las arreglaría solito—. Al contrario, ¡tus argumentos están más que perfectos! Es verdad que tendríamos que hacer algo más llamativo…

—Sí, algo con colores brillantes e icónicos…

De la nada, Adrien recordó aquel retrato de su madre que su padre tenía en su estudio. Le parecía recordar que Gabriel lo había encargado en el estilo de un pintor famoso, pero no se acordaba de cual.

—Marinette, ¿cómo se llama aquel tipo que pintaba con mucho dorado?

—¿Klimt?

—¡Ese!

Con otro «Mmm» Marinette buscó en Google el nombre del pintor. Rápidamente la pantalla de su celular se llenó de imágenes donde el oro reinaba.

—¿Qué te parece ese? —señaló Adrien.

—«Retrato de Adele Bloch-Bauer I» —leyó Marinette luego de agrandar la imagen—. Me gusta.

—¿Y si vestimos a nuestra venus con algo similar a lo que lleva esta mujer?

Entonces algo ocurrió. Un brillo que nunca había visto antes en los ojos de su amiga resplandeció. Su rostro también pareció iluminarse. Como Chat Noir, Adrien había visto la magia en acción antes. Pero el origen de la magia siempre había venido o de los akumas o de sus Miraculous; esta era la primera vez que había observado la magia en algo que estaba tanto dentro como fuera de este mundo. Fue una experiencia sublime.

—¡Sí! —exclamó Marinette con la energía de un tornado y comenzando a dibujar con la velocidad de uno—. Si la vamos a reproducir en papel maché, podemos usar papel dorado metalizado para darle un mejor efecto. En otras partes podemos poner pegamento y purpurina. Aunque —Se llevó el lápiz a la barbilla y volvió a elevar la vista mientras pensaba. Adrien no pudo evitar pensar en que se veía adorable— si hacemos una estatua a escala, deberíamos hacerla más pequeña de lo que habíamos planeado, no sólo por el tiempo que nos llevará, sino por su peso también. O sino, también queda la opción de reproducirla como un cuadro. Todavía estamos a tiempo de cambiar de idea. ¿Tú qué opinas? —Y lo miró de lleno a los ojos como nunca antes lo había hecho.

—Eh, ¿reproducirla como estatua? —preguntó todavía anonadado ante el torrente de creatividad de su amiga. Le pareció oír risitas de fondo—. Digo, porque estaríamos fusionando el estilo de un cuadro en una escultura, ¿no?

—Sí, sí, es verdad… —Marinette volvió a concentrarse en su cuadernito—. Lo que puede complicarse son los detalles, ya que ahora los tenemos que hacer más pequeños…

—¿Y si lo hacemos medio cubista? Así no tenemos que preocuparnos en poner las cosas exactamente en su lugar… También podríamos hacerla en dos dimensiones. O sea, no en cuadro, pero hacer una silueta de algún material, no sé, ¿alguna madera liviana?, con la pose de la Venus, pintarle el rostro y el cuerpo en un estilo cubista y vestirla de dorado.

—Pero creo que, si vamos a mezclar tres movimientos, es mejor presentarla en forma de cuadro.

—En resumen: buscamos una foto de la Venus, la dibujamos como lo haría Picasso y la pintamos como Klimt. ¿Te parece?

—Excelente idea, Adrien —dijo fugazmente levantando la vista sin el menor atisbo de su típico retraimiento—. Ahora bien, ¿no crees que si mezclamos tantas cosas al fin y al cabo no se terminará pareciendo a nada?

—Bueno, eso lo podemos decir en la presentación. Si explicamos el proceso de cómo llegamos a ello, creo que quedadará bien claro.

—Siempre se puede mostrar fotos de los originales, de dónde sacamos la idea.

—Genial.

Marinette de pronto calló y se dedicó a dibujar. Adrien pensó que, con la velocidad que movía el lápiz, en cualquier momento vería chispas. Había sido tal y como Nino y Alya lo habían predicho: el brainstorming artístico había hecho que la creatividad pasara a un primer plano, lo cual había permitido a su amiga hablar con él sin dificultad alguna. Adrien estaba extasiado. Esperó que, después de esta experiencia, Marinette comprendiera que no tenía por qué ponerse nerviosa o tímida en su presencia. Era todo lo que el modelo deseaba en ese momento.

No parecía que hubiera nada más que pudiera aportar hasta que Marinette terminara los bocetos iniciales, así que se arrimó a sus otros dos amigos para ver cómo venía su parte del trabajo. No habían avanzado mucho, a decir verdad. Con un guiño de Nino y una sonrisita pícara de Alya, comprendió que habían estado más atentos a Marinette y a él que a su lista de música. Pero la joven parejita podía continuar su labor en cualquier otro momento.

—Creo que lo tengo —anunció Marinette.

El trío restante se acercó a ver.

—¿Esa es… la Venus que habíamos mencionado la otra vez? —preguntó Nino haciéndose el tonto.

—Con los estilos modernista y cubista encima, sí —respondió Adrien.

—Sabía que dejarles la parte plástica a ustedes dos era una excelente idea —dijo Alya con orgullo.

—¿Y cómo viene la lista? —preguntó Marinette.

Alya y Nino se miraron un poquito nerviosos.

—Pues… está un poco corta todavía. Encontrar canciones antiguas para remixar no está nada fácil.

—Entonces quizá lo mejor sea buscar de la época modernista y cubista, ¿no? —sugirió Marinette todavía surfeando la metafórica oleada de inspiración—. ¿Necesitan ayuda?

—-Nah, es simplemente investigar un poco en internet. Buscaremos canciones contemporáneas a las épocas de esos movimientos y listo —dijo Nino chasqueando los dedos.

—Si ustedes ya terminaron, ¿por qué no juegan a algo mientras nosotros seguimos? Todavía tenemos toda la tarde por delante.

—¿Nos echamos unas rondas de Ultimate Mecha Strike? —preguntó Adrien, sonriéndole a Marinette.

Ésta parpadeó un par de veces.

—Eh, ¡ah! ¡Claro! Primero bajaré por refrescos y los controles, ¿sí?

—Por supuesto, Marinette.

Abatido porque su amiga volvía a ser la de siempre, Adrien la vio bajar al primer piso. Suspiró y se dirigió a los otros dos.

—No dije nada malo, ¿o sí?

—Al contrario, creo que manejaste la situación como un campeón, hermano —lo felicitó Nino.

—Hay cosas que simplemente se escapan de tu control, Adrien —agregó Alya, encogiéndose de hombros—. Y aparentemente, del de ella también.

«Bueno,» pensó Adrien «lo que sí puedo controlar es una magia milenaria y transformarme en Chat Noir para venir a visitarla».

Pasaron el rato entre videojuegos, bocadillos que parecían haber sido preparados por los mismísimos dioses y alguna que otra consulta para pedir opiniones acerca de música. Si bien no tenía todo lo que necesitaba consigo para poder trabajar como era debido, Nino pudo usar su celular para hacer varios intentos de remix. Todos estuvieron de acuerdo en que la música electrónica no se correspondía con ninguno de los movimientos que presentarían en el producto final; mas, como señaló Alya, sí era una manera de mostrar el arte contemporáneo. Unas horas más tarde, ya los cuatro se hallaban jugando frente al monitor.

—Se está haciendo tarde —señaló Adrien al ver que ya estaba oscureciendo y se dirigió a Nino y Alya—. ¿Los alcanzo hasta casa?

Luego de un breve intercambio entre la joven pareja, ambos accedieron a la invitación. Adrien llamó a su conductor, y los cuatro jugaron una última ronda antes de partir. Cuando el Gorila le informó que ya estaba cerca, Marinette los acompañó para despedirlos.

Si bien por un lado Adrien disfrutaba cada segundo que pasaba con su amiga, por el otro lado agradeció no tener que repetir aquella conversación incómoda de la última vez. Otra vez deseó con todas sus fuerzas que eso cambiara pronto.

—Bueno, tengo que admitirlo —dijo una vez sentados en la limusina—. Tenían razón acerca de Marinette.

—¿Te refieres a cómo se comporta cuando se pone en modo creativo? —preguntó Alya con una sonrisa ancha.

—¡Sí! Mari de verdad hasta parece otra persona.

—¿«Mari»? —repitió Alya sin dejar de sonreír, aunque ahora más pícaramente—. ¿Desde cuándo le decimos «Mari»?

—A veces la llama así —se le adelantó Nino.

—Eh, ah, es que me parece un apodo bonito, ¿no? —improvisó Adrien—. Pero no la he llamado así porque, bueno, todavía parece que la incomodo. ¿Alguna idea de por qué?

—Ni idea —contestó Alya encogiéndose de hombros.

Había algo en su mirada que a Adrien le decía exactamente lo contrario. Ya había hecho la prueba antes con Nino, pero él también le había dicho que no conocía la causa del comportamiento nervioso de Marinette. No obstante, no insistió en el tema durante el resto del viaje. Se estaba muriendo de curiosidad, mas seguramente los otros dos tenían alguna buena razón para ocultarle la verdad; quizás se trataba de alguna intimidad de Marinette. Y no iba a meter las narices donde no le correspondía.

Y también había algo más que admitir: de haber sabido qué le pasaba a su amiga, las tardes de Marinette y Chat Noir nunca habrían existido en un primer lugar. Era una sensación extraña. Sólo había visitado tres veces a la jovencita, mas había algo en el trato de Marinette que le daba la sensación de que su amistad ya había echado raíces hacía tiempo. Había una confianza que sólo se genera en las relaciones longevas. Quizás era la forma en la que ella lo trataba, como si conociese sus gustos y mañas y ya hubiera lidiado con ellas.

Lástima que no podía callar la vocecita en su cabeza (y ocasionalmente la de Plagg) que constantemente le recordaba que la estaba engañando.

Unos minutos más tarde y luego de dejar a Alya y a Nino en sus respectivos hogares, Adrien ya se hallaba en su enorme dormitorio. Dejó su mochila en el piso y se tiró sobre su cama. No había reparado en lo agotado que estaba. Estar constantemente pendiente de una persona parecía producir ese efecto. Sumado al hecho de que se había atiborrado de bocadillos y jugo de naranja.

—Déjame adivinar —Oyó la voz de Plagg mientras éste salía de su escondite—: hoy cometiste un error cuando intercambiabas mensajes con tu amiguita, ¿no?

—¿Cómo lo supiste? —preguntó con una mezcla de sorpresa y tedio, apenas levantando la cara de la almohada.

—Soy un ser mágico que se oculta bajo tu camisa todo el tiempo, muchacho —dijo como si se tratara de una obviedad—. En un momento tu corazón se aceleró casi tanto como aquella vez en que a Ladybug se la tragó un akuma transformado en dinosaurio. Estabas aterrado.

—No exageres, Plagg. Fue un pequeño error que pude arreglar al instante, nada del otro mundo.

—Por un momento pareció que este mundo se te venía abajo, Adrien.

El joven modelo sólo hizo una mueca de fastidio. Ya había aprendido que, en materia a su relación con Marinette, su kwami no daría el brazo a torcer. Sin embargo, Plagg continuó:

—Con que sigas mintiéndole a Marinette, sólo te vas a meter en problemas. ¿Acaso no ves que sí puedes tener una amistad con ella? ¿No fue hoy prueba suficiente?

—Perdona, ¿acaso estuviste en la misma habitación que yo? —Adrien ya estaba empezando a perder la paciencia—. Sí, pudimos planear una parte del trabajos juntos, pero, en el momento en el que terminamos, ¡volvió a ser la misma chica tímida de antes! —Suspiró—. Sé que no es verdad, pero a veces sí siento que no le agrado.

—Supongamos que no le agradas o que nunca descubrirás qué le ocurre —dijo Plagg con un tono más suave—. ¿No sería mejor, entonces, dejar de forzar la relación? Quizás simplemente tienes una expectativa de amistad inalcanzable.

—Pero Marinette y Chat Noir son amigos. Y Chat Noir y yo somos la misma persona. Es decir, sí, a veces se me sube la magia a la cabeza y puedo ser un poco arrogante y más caradura —admitió—, pero sigo siendo yo. Por lo tanto, el problema de Mari es con Adrien Agreste. ¿Qué tiene Chat Noir que no tiene Adrien Agreste para que le caiga bien? ¿O qué tiene Adrien Agreste que no tiene Chat Noir para que la incomode?

Se pasó las manos por los cabellos, tratando de pensar. Había muchas similitudes y diferencias entre sus dos identidades, pero ninguna se destacaba tanto como para decir «¡Oh! ¡Era eso

—¿Sabes? —dijo Plagg—. Creo que esto va más allá de una simple amistad.

—¿Qué quieres decir?

Su kwami no le contestó, pero Adrien vio algo en su mirada, un secreto que permanecería en silencio. Le recordó a las miradas de Alya y Nino, por alguna razón.


N/A: Como siempre, ¡gracias por leer!