Un pedazo de ti – Cap15

La oscuridad de la noche le servía para no ser visto, su vestimenta negra era perfecta para camuflarse, como solía hacerlo años atrás. Debajo de él, en el estacionamiento trasero de un bar de quinta, hicieron aparición sus víctimas; dos hombres con unas copas encima, pero no demasiadas como para perder la noción de la realidad.

Los vio moverse con torpeza, pero no por las bebidas que consumieron minutos antes, sino porque servían de soporte para una mujer en evidente estado de ebriedad, la cual no podía caminar por sí misma. Para cualquier otro ciudadano, aquellos amables caballeros, fungían como buenos samaritanos, al socorrer a su amiga, ayudándole a llegar sana y salva a su casa. Para los ojos del cazador, esos dos hombres planeaban realizar un delito, la mujer era la victima; eso creían ellos, ignorantes de que los papeles se invertirían.

"No me sorprende" Pensó al veros reír y bromear sobre lo que planeaban hacer. "Solo de verlos invitarle bebida tras bebida, era evidente que buscaban embriagarla"

Esperó pacientemente, de pie sobre el techo del bar, del cual había salido media hora atrás, con el propósito de esperar al par de sabandijas salir confiados. Estaba decidido, en ellos desquitaría su furia.

Detuvieron sus pasos frente a un costoso automóvil, uno de los últimos modelos de lujo, creados por la afamada corporación cápsula.

"Niños ricos abusando de los menos afortunados" Pensó molesto.

Era irónico, pues él mismo pertenecía a ese bajo porcentaje de afortunados, no solo en lo económico, también poseía una fuerza superior a la del resto de habitantes en la galaxia, y sin embargo, nunca hizo uso de sus habilidades para someter a otros por diversión; no desde su percepción. Sus pasadas víctimas no contaban, ellos se lo merecieron, no valía la pena siquiera tener una pizca de remordimiento por ellos.

De un salto aterrizó detrás de ellos, estaban tan distraídos acomodando a la joven mujer en el asiento trasero, riendo sin dejar de manosearla en el proceso, que no escucharon los pasos del híbrido pocos metros a la distancia.

-Que amables. ¿La llevarán a su casa, supongo?- Habló en voz alta, con ironía.

Los dos hombres se voltearon de inmediato, mirándolo con desprecio.

-No te importa. ¡Lárgate!- Ladró uno de ellos, cortante, volviendo sus manos debajo de la falda de la joven, importándole nada que estaba siendo observado por el desconocido, pensó que por encontrarse en un barrio popular, se trataba de cualquier pobre diablo, alguien que no valía la pena.

Trunks permaneció de pie, con los brazos cruzados, a una distancia prudente, pero sin dejar de poner toda su atención en los desconocidos.

-¡¿Escuchaste o eres imbécil?!- Cuestionó el otro sujeto, incómodo por la insistente mirada del hombre entrometido. -No es asunto tuyo. Te recomiendo que sigas tu camino, no tienes idea de quienes somos y no te conviene averiguarlo- espetó escupiendo hacia un lado con altanería, dedicándole una mirada cargada de desprecio.

Una ruidosa risa burlona fue la respuesta que recibieron.

-Te equivocas, ustedes no saben quién soy yo- se acercó unos cuantos pasos más, permitiendo que la tenue luz de la lámpara le pegara de lleno. Pasaron unos cuantos segundos para que los desconocidos reconocieran al presidente de la corporación cápsula, ¿y cómo no? Si era casi imposible que no hubieran visto su rostro, su poco común color de cabello, su porte que daba la impresión de pertenecer a la realeza, su natural bronceado, herencia de su padre, sus intensos ojos azules, enmarcados por unas espesas cejas y su eterno ceño arrugado, que le daba ese aspecto de furia que intimidaba a quienes no lo conocían.

-¿Qué hará por estos barrios alguien de su nivel?- Se preguntó en voz alta uno de los sujetos.

-Tal vez quiera divertirse con nosotros- le respondió su amigo al ver que no era cualquier muerto de hambre; era uno de ellos, uno con poder.

El que no tenía sus manos sobre la joven, se dirigió hacia Briefs, hablándole con otro tono de voz, mucho más cordial que hacía unos instantes. -Supongo que está aquí para lo mismo que nosotros- le sonrió de manera cínica, -puede acompañarnos si usted gusta, somos amigos.

-¿Amigos?- Briefs ladeó la cabeza, torciendo su sonrisa, en una clara mueca despectiva.

-Sí, camaradas. Ya que pertenecemos al mismo círculo social- presumió levantando las cejas. -Nuestros padres- apuntó a su compañero y a él, -son los principales accionistas de varias empresas manufactureras.

-Las más exitosas, no cualquiera- agregó el otro hombre, el cual ya había sacado las bragas de la joven, la cual comenzaba a moverse de nuevo, desorientada.

Trunks sonrió con cinismo, lo que hizo creer a los otros hombres, que estaba de acuerdo con ellos. Pero luego frunció profundamente su entrecejo. -Así que sus padres son los importantes- rio con burla, -ustedes no son más que una molesta sombra, que vive como parásito de los logros de otros.

Antes de reaccionar, ambos sujetos fueron levantados de un brazo cada uno y lanzados contra el muro trasero del bar. Apenas comenzaban a incorporarse con dificultad, cuando fueron sostenidos del cuello sin ningún esfuerzo para el empresario.

-Ustedes dos, gusanos de mierda- gruñó con voz ronca, -no sirven para aliviar mi furia- los estrujó un par de veces, apretando levemente su agarre, cuidando de no causarles la muerte, aún. Los sujetos intentaron zafarse, inclusive acertaron algunos golpes en el rostro del empresario y algunas patadas en su cuerpo, pero para Trunks, eran como patadas de hormigas. -Son unas insignificantes sabandijas- mostró los caninos amenazadoramente, -no será digno de alguien de mi condición. Pero necesito derramar sangre y me conformaré con la de ustedes…

El miedo se apoderó de sus víctimas, una especie de miedo que nunca antes habían experimentado; terror. Comprendieron que por mucho que patearan, no podrían escapar, menos ahora que sus pocas fuerzas se agotaban debido al esfuerzo utilizado para intentar escapar, junto con el dolor en su espalda y cabeza al haber chocado contra la dura pared de ladrillo.

-Pagaré lo que sea…- alcanzó a decir con dificultad uno de ellos, Trunks lo soltó.

Con alivio tosió de cuclillas frente al híbrido, de inmediato comenzó a respirar con normalidad, valorando por primera vez en su vida, esa simple acción. Su vida estaba salvada, al menos eso pensó.

-¿Cuánto puedes pagar que no tenga yo? ¡¿Ehh?!- vociferó con tono amenazador, con los ojos ardiendo, como jamás había sido retratado en alguna revista, o lucido en alguna entrevista. No era aquel hombre que pensaron que sería tal como ellos. -Dinero no me falta, eso lo deben saber de sobra- siseó apretando la mandíbula.

-Nun… nunca está de más tener extra- balbuceó con dificultad, intentando llegar a un acuerdo, mientras tanteaba la manera de salir corriendo, sin importarle el destino de su amigo.

Briefs gruñó molesto. Sin poder contener su ira, apretó más la atormentada garganta del otro sujeto, el cual había dejado de poner resistencia, debido a que casi no le quedaba aire. El crujir de las vértebras se escuchó claramente, seguido por los débiles quejidos ahogados del joven al perder lo que le quedaba de vida. El pánico se apoderó del otro hombre, logrando que se orinara en los pantalones.

A unos cuantos metros, la mujer salía del auto, mareada y confundida, continuaría bajo la influencia del alcohol por algunas horas más, por lo que no prestó atención a lo que sucedía frente a ella, pues el reflejo de vomitar la hizo regresar al asiento del auto, y derramar el interior de su estómago en el fino tapiz del asiento y la alfombra. El hombre en cuclillas deseaba salir corriendo, pero el cuerpo de su amigo fue arrojado al lado de él, ya sin vida, con los ojos abiertos, congelados en una expresión de angustia.

-¡¿Por qué?!- Cuestionó estallando en llanto. -¿Por esa puta?- siseo indignado, señalando a la mujer que vomitaba dentro de su auto. -Ella… ella se acercó a beber con nosotros, ella salió sola de su casa… con esa vulgar ropa, ¿para qué? Era obvio lo que buscaba- tomó aire para escupir su justificación. -¡No la obligamos a nada!- Exclamó con voz temblorosa, llena de indignación.

-No me quieras ver la cara de imbécil- escupió, -tú y ese gusano- señaló al cuerpo inerte del otro hombre, -insistieron en que bebiera con retos estúpidos, mientras compartían secretas miradas burlescas… Además… yo lo único que quiero es sangre, y no la he visto hasta ahora- giró la cabeza, buscando entre las paredes y piso del estacionamiento trasero, alguna mancha rojiza.

-Perdón, perdón no medimos nuestros actos…- aterrado, el joven levantó las manos. -Juro que nadie sabrá lo que acaba de pasar- suplicó con lágrimas corriendo hasta su fino mentón, era la primera vez que suplicaba en su frívola vida, estaba tan aterrado, que sus piernas no respondían, ni siquiera reparó en sentir vergüenza por orinar sus pantalones.

-Me importa una mierda- gruñó Briefs con una sonrisa de lado. -Ya basta de parloteó, yo lo que quiero es ver sangre- sin darle tiempo a réplica, lo levantó por una pierna sin dificultad y lo azotó contra el muro de nuevo, ahora con más fuerza, logrando hacerle algunas fracturas y hemorragias internas.

El hombre intentó gritar, pero el intenso dolor se lo impidió. Era el pago por todas sus fechorías, lo que pensó que jamás llegaría a suceder, por ser el hijo de un acaudalado empresario. Razón por la que se había dedicado a realizar cualquier tipo de fraudes, y recientemente, junto con su difunto mejor amigo, tomaron como hábito, rondar bares de clase media baja, lugares en donde acudían aquellos que tenían menos recursos económicos, en donde podían abordar mujeres jóvenes, las cuales no tenían la posibilidad de realizar una demanda en contra de ellos. El plan era perfecto, les invitaban unos cuantos tragos, a veces le agregaban alguna sustancia narcótica, y luego podían hacerle lo que deseaban mientras estaban casi inconscientes, les hacía sentir poderosos, les hacía sentir los amos de ellas. Nunca sintió remordimiento, inclusive cuando alguna gimió que pararan, las personas de bajos recursos estaban para servirle, siempre había sido así. Nunca pensó que se encontraría con alguien superior a él, su egolatría le impedía reconocer que existían sujetos más poderosos, unos cuantos que se encontraban por encima de su estatus, inclusive, a pesar de la existencia del heredero de la corporación cápsula, no solía pensar en él como algo real, pero estaba ahí, más real que nunca y muy superior a él, en todos los sentidos. Comenzó a escupir sangre, lo supo al sentir el desagradable sabor metálico en su boca, luego la vio caer al suelo mientras intentaba levantarse, intentando huir. Pero no pudo, de nuevo fue tomado por la misma adolorida pierna, y esta vez, cerró los ojos rendido, al menos esperaba que fuera breve.

Dos azotes más contra el muro, uno con más rabia que el otro, solo dos bastaron para acabar con la vida del segundo sujeto, debido a la fuerza descomunal que se utilizó para un ser tan débil. Un par más, solo por capricho de su victimario, hasta que aburrido, decidió lanzarlo sobre el otro cadáver.

Las manchas rojizas decorando la superficie antes grisácea, no lograron calmar a la bestia en el interior del saiyajin, el ozaru reprimido por la falta de cola para emerger y destruir todo a su paso, como lo hicieron alguna vez sus antepasados. La sangre derramada, no lograba apaciguar a su lastimado corazón.

Escuchó toser a la joven, continuaba en el interior del automóvil, ajena a la masacre llevada a cabo a unos cuantos metros de distancia. Se acercó y vio la ropa interior femenina a un lado de la llanta, con un rayo de ki la pulverizó, no dejaría rastro de ella para que no la incriminaran por el asesinato de sus agresores, la sacó por la cintura, de espaldas a él para evitar ser visto, se alejó y lanzó otro atraque al auto, para borrar cualquier huella de la muchacha.

Él solo quería aliviar la rabia que lo embargaba, no había tenido pensado salvar a nadie esa noche, cuando decidió acudir al bar para beber unos tragos. Pero no pudo evitar desear eliminar a esos hombres, al notar la manera tan insistente en que la convencieron de beber copa tras copa, notó de inmediato las miradas lascivas hacia la muchacha y complicidad entre ellos, lo que le recordó aquella vez que se dejó secuestrar, la vez que decidió hacer una versión oscura del gran saiyaman, una versión en donde no deja vivos a los delincuentes, una en donde les hacía pagar el daño infringido a sus víctimas, a la vez que podía justificar para sí mismo sus sangrientos actos, cuando él mismo sabía, que la verdadera razón detrás de su comportamiento, era su sangre guerrera, pidiendo violencia.

Voló unas pocas cuadras con la mujer sostenida tal y como la sacó del auto, aterrizó detrás de una patrulla policiaca sin ser detectado, tocó un par de veces la cajuela trasera y se esfumó, dejando sola a la mujer. A la distancia, desde las alturas, pudo ver a un par de policías saliendo de la unidad, socorriendo a la joven en estado de ebriedad, que confundida, no entendía nada de lo sucedido.

Decidió regresar a su casa, pues de continuar rondando las calles, correría más sangre, y temía regresar a sus antiguos hábitos, de dar caza a los desafortunados delincuentes que se cruzaban en su camino.

Bulma dormía con tranquilidad, posiblemente teniendo un dulce sueño. Su rostro lucía sereno, sus labios juntos se movían de vez en cuando en una mueca, apenas perceptibles. Pero el príncipe no lograba conciliar el sueño, la irreconocible energía de su vástago había sufrido unas fluctuaciones que él conocía a la perfección, parecidas a cuando entrenaban, cuando se emocionaba en una batalla. Pero no estaba entrenando, eso lo sabía él mejor que nadie, pues fueron breves y al parecer, estaba reprimiéndose. Conocía bien a su hijo, lo suficiente como para sentir su rabia amordazada dentro de él. Pero, ¿qué había sucedido, como para volver a cazar?

No podía quedarse con las dudas, no, después de sentir a dos insignificantes energías apagarse, mientras la del híbrido se tornaba peculiarmente violenta por unos segundos. No le sorprendía que ninguno de los demás guerreros lo detectase, el muchacho sabía esconderlo de los demás, pero no de su padre.

Decidió averiguar, se levantó y vistió con premura, sin hacer ruido para no despertar a su mujer. Una vez listo, salió con sigilo de la corporación, volando rumbo a la casa del híbrido. Aterrizó en el patio y entró a la casa sin ningún problema, solo la puerta de la entrada frontal tenía seguro, en el patio no lo necesitaba, los altos muros y bordes electrificados impedían que cualquier terrícola normal entrara a la propiedad.

Todo se veía en calma, hasta que visualizó unos cuadros de pinturas rotos en el pasillo, continuó caminando y fue cuando su preocupación creció.

La costosa barra de mármol estaba hecha añicos, junto con varios adornos, e inclusive los azulejos del piso se encontraban dañados, lo que era contrario a la personalidad del joven, el cual tenía la manía de mantener todo en estricto orden, le desquiciaba ver algo fuera de lugar, motivo por el que tuvo varias discusiones en el pasado con su madre, la que tenía una costumbre bastante contraria a la de su hijo, en su laboratorio y oficina cuando la llegó a ocupar. En la habitación era diferente, ya que la compartía con el príncipe y para evitar discusiones sin sentido, procuraba guardar sus cosas en los cajones, los que siempre se encontraban revueltos.

Subió las escaleras encontrando más destrozos a su paso, hasta que llegó a la habitación de su vástago, a la que entró si avisar, algo que no era propio de él, pero la ocasión lo ameritaba.

"Esperaré aquí" Tomó asiento en un pequeño sillón frente al ventanal, con vista al bello jardín trasero, que inclusive, de noche lucía espectacular, gracias a la iluminación recomendada por Pan.

Pasaron unos pocos minutos antes de que el medio saiyajin saliera de su baño personal, enfundado solo en ropa interior, agitando sus lacios cabellos húmedos por la reciente ducha. Estaba tan distraído en sus propios pensamientos, que ignoró la presencia del príncipe, aun a pesar, de que el guerrero no se encontraba ocultando su energía.

Se quedó frente a la cama, con la vista perdida en nada, cuando escuchó un carraspeo a sus espaldas.

-¡Padre!

-¿Se puede saber qué demonios te pasa?- soltó de golpe, sin moverse del sillón, recargado, con los brazos cruzados y su eterno semblante serio.

-Ahh…- quedó mudo, ¿cómo pudo ignorar el ki de su padre? ¿Cómo pudo nublar sus sentidos por ella? Le estaba afectando más de lo que imaginó.

Se dejó caer en la cama, sentado con los hombros encorvados hacia adelante, no estaba preparado para hablar, pero necesitaba hacerlo. Cansado mentalmente se frotó la cara, no quería parecer débil frente al guerrero mayor, no quería reproches por su manera tan absurda de caer en la redes de una mujer, que ahora consideraba una farsante, tanto o más que su ex novia Mai.

No pudo retenerlo, sus ojos de cielo se enrojecieron, y por más que parpadeó para evitarlo, las lágrimas brotaron sin su autorización. Avergonzado se tapó la cara con las manos, tomó aire para tranquilizarse, ya no era un niño, ya había olvidado la última vez que su padre lo vio llorar, probablemente por alguna bobería propia de un crío.

El saiyajin de raza pura se levantó y tomó asiento a un lado de su hijo. Dio un largo suspiro antes de tomar la iniciativa. -Déjame decirte que tu casa es un desastre- dijo tratando de romper la tensión. Él no era bueno expresando sentimientos, ni mostrándose amable o comunicativo, pero su hijo le preocupaba, por él haría un gran esfuerzo.

Estuvieron así, en un largo silencio por algunos minutos, hasta que el híbrido decidió moverse. Se levantó por unas hojas que se encontraban esparcidas en el suelo, a las que Vegeta no prestó atención en un principio, no después de ver la destrucción en el primer piso de la casa. Las ordenó minuciosamente, después de revisar que se encontraban en orden, y estiró la mano ofreciéndolas al príncipe.

-Es la repuesta a tus dudas.

Extrañado, Vegeta las tomó y comenzó a leer sin ánimo, le hubiera gustado que su vástago simplemente lo soltara todo, pero al parecer, esos papeles eran importantes, así que leyó sin preguntar nada. Al principio no le entendió del todo, pero no tardó en comprender que eran resultados del laboratorio médico de la corporación, inclusive creyó por un breve instante, que su hijo poseía alguna grave condición clínica, algún tipo de cáncer o problema de índole grave. Pero no, después de pasar a la segunda hoja de un total de tres, logró entender que se trataba de una prueba de parentesco.

Al terminar la lectura frunció el ceño confundido, en los papeles no se mencionaban nombres, continuaba con las mismas dudas, no, ahora tenía más que antes.

-Soy… soy el padre biológico de Arya- habló Trunks, entendiendo que su padre no adivinaría con esos datos.

-¡¿Qué?!

-Arya es mi hija, tu nieta… lo supe esta mañana al recoger los resultados del laboratorio- respondió entre dientes.

El príncipe entrecerró la mirada. -Por tu actitud, imagino que no te pasaba por la cabeza la posibilidad- intuyó acertadamente. No esperó ninguna respuesta de su hijo antes de continuar hablando. -Eso quiere decir que tú y Pan ya tenían algo antes de tu partida… ¡Qué escondido se lo tenían!- Sonrió de medio lado con sutileza.

El más joven volvió a sentarse al lado de su padre, no le vendrían mal unos consejos antes de actuar.

Tragó saliva antes de responder. -No teníamos nada. La invité a entrenar conmigo un par de días en la habitación del tiempo… y… estábamos solos…- agachó la cabeza abochornado. -No significó nada, en ese tiempo, lo único que buscábamos era…

-Placer-. Vegeta terminó la oración. -¿Dende lo sabe?- levantó una ceja con curiosidad.

Su vástago respondió con una escueta sonrisa, negando con la cabeza.

-Me parece extraño que alguien con tu inteligencia lo pasara por alto. No entiendo cómo es que lo ignorabas- lanzó las hojas sobre la cama, detrás de ellos.

-No es difícil de entender, ella me lo ocultó- dijo con voz lúgubre. Su rostro se había desencajado, le temblaban los labios y mantenía los puños apretados sobre sus rodillas desnudas.

"¿Por qué le afecta?"

Posó la mano izquierda sobre uno de los tensos hombros de su hijo, pudo sentirlo estremecerse al tacto. No recordaba haberlo estrechado, a excepción de aquel lejano día que se sacrificó para intentar eliminar a Majin Buu, le era particularmente difícil poder expresar empatía, y realmente no entendía del todo la reacción del muchacho. ¿Acaso rechazaba a su propia hija?

Porque ahora tenía claro de que lo era, ahora entendía la verdadera razón por la que Arya desprendía esa energía, desde que estaba en el vientre de su madre. ¿Cómo fue posible que no lo hubiera pensado en ese momento? Era la misma marca de energía que su hijo presentó desde que era un feto, pero lo atribuyó al hecho de que portaba sangre saiyajin, la sangre de Kakaroto, pero no, era su sangre, la sangre de guerrero de elite, que corría por las venas de la chiquilla.

Ahora entendía la mirada evasiva de Pan en aquella ocasión, o al menos creía entenderla, pero no se quedaría con la duda, esa mocosa le debía una explicación, en el momento oportuno se la pediría, estaba decidido.

-¿Acaso te molesta que la cría lleve tu sangre? Porque no encuentro otro motivo para eliminar a dos sujetos si no estás en misión, no creo que olvidaras las clausulas en el contrato de la patrulla galáctica.

-No las he olvidado padre. Y no, no me molesta que Arya sea mi hija, al contrario- mordió los labios sin poder ocultar su emoción, -de hecho, es algo que deseaba, pero no creía que fuera posible.

-¿Entonces?- Dio una leve palmada en el hombro del muchacho. -¿A qué se debe el destrozo en tu casa y las dos vidas que acabas de tomar?

Un largo suspiro salió de la boca del híbrido, no sabía por dónde comenzar, y debido a que la charla sería larga y aun no lograba calmarse del todo, se levantó para ir por una botella de vino que reposaba a medias sobre un mueble, ni siquiera se molestó en buscar una copa, no tenía ganas de formalidades en ese momento.

Regresó al lado de su padre, tomó un largo trago y le ofreció la botella al mayor. Vegeta aceptó el trago y bebió al igual que su hijo, era evidente que el híbrido pasaba por un mal momento, en medio de una buena noticia, contradictorio.

Trunks llenó sus pulmones de aire, para después soltarlo ruidosamente. Comenzó a relatar su versión, desde el día en que encontró a Pan entrenando sola, sacando su enojo reprimido, debido al engaño de su ex novio y amiga.

Le contó a su padre los puntos más importantes de la historia, cuando regresó de su viaje, de las veces que convivió con Pan y la niña, ocasiones en las que ahora comprendía, ella tuvo un comportamiento extraño, al que él, inocentemente lo atribuyó a la timidez de la chica. Pero ahora estaba seguro de que no era timidez, era burla, se burlaba de él con esa bella cara llena de inocencia que poseía.

Le dolía profundamente porque la amaba, mucho más intenso de lo que antes amó o creyó amar a Mai.

-No entiendo Trunks. Realmente no entiendo las razones que tuvo para ocultar algo de tal importancia- meneó la cabeza, escudriñando en sus recuerdos, aquel día en que ella se presentó en la corporación para buscarlo. Ella lo sabía, ella no tenía dudas sobre quién era el padre de la cría, presentía que ella siempre lo supo, aunque quisiera tener un argumento a favor de la muchacha, lamentablemente no lo encontraba. Pero faltaba escuchar su versión, sentía que faltaba algo.

-¿Y si en verdad no lo sabía?- se preguntó en voz alta. Podría ser posible, tal vez se estaban anticipando, tal vez su presentimiento estaba errado. -Podría ser sugestión nuestra, que nuestra mente automáticamente busca…

-Créeme que ya lo pensé, demasiado- lo interrumpió, seguido de un trago a la botella, a la cual le salieron solo unas cuantas gotas, pues durante el relato, ambos estuvieron bebiendo hasta terminar el total del contenido. Con fastidio la lanzó, sin importarle que se quebrara al chocar contra la pared. -Tengo todo el maldito día meditando sobre ello- soltó un bufido. -Tengo mucha impotencia, papá- dijo con la voz comenzando a quebrarse, quiero que me explique… quiero escuchar sus razones y entenderla…

-¿Y por qué no has hablado con ella?- inquirió intuyendo acertadamente la respuesta.

El híbrido medio sonrió amargamente antes de responder. -Ya sabes como soy de impulsivo. Tenía… tengo mucha rabia aquí- señaló su corazón, -no quiero hacer algo de lo que me arrepienta.

-Por eso saliste a cazar- afirmó el príncipe, girando la cabeza para toparse con los ojos azules de su hijo. El muchacho era un libro abierto para él, comprendía su sentir, ambos poseían la misma naturaleza, ¿cómo juzgarlo?

-Si no eran ellos… temo que sería ella. Lo necesitaba papá- musitó a modo de disculpa. -Si la patrulla galáctica descubre que he violado el código, asumiré mi responsabilidad.

-Ellos no se enterarán, a menos que esas dos sabandijas que eliminaste, fueran conocidos en el resto de la galaxia- la voz firme del guerrero resonó con seguridad.

-Pero hice un juramento, y por ella lo he tirado a la mierda- frotó de nuevo su rostro con ambas manos, ya no quería pensar más en el asunto, quería borrarlo de su mente por unas horas, tranquilizarse.

Vegeta respiró hondo y sonrió de lado. -Conociéndote, lo más probable es que esos insectos se lo merecían.

Briefs se mordió los labios, no respondió. El sentimiento de culpa comenzaba a aflorar en su interior, no tenía la certeza si merecían la muerte que tuvieron, no tenía ninguna prueba de que esa mujer era la única, o una más de una larga lista de víctimas. En realidad no sabía si esos imbéciles podían llegar más lejos, como para merecer la muerte. Pero ya no podía hacer nada al respecto, y lo peor, la sangre derramada no logró del todo su cometido, tranquilizarlo.

-¿Cuándo piensas hablar con Pan?

Las palabras de su padre interrumpieron el tren de pensamientos culposos del híbrido.

-Mañana, sin falta- respondió con la vista perdida en los pedazos de la botella quebrada, quebrada al igual que la barra que ella eligió cuando decoró su casa, quebrada al igual que los cuadros, azulejos y demás adornos que ella misma escogió; quebrada en pedazos como su enamorado corazón.

-¿Qué piensas hacer?- inquirió con notable preocupación en su tono de voz. -Puedo acompañarte si lo necesitas- agregó intentando no parecer muy paternal.

-No hace falta, quiero ir solo- apretó los labios pensando por unos segundos. -Antes de ir con ella, tengo que hablar con mi abogado.

El príncipe entrecerró la mirada, quiso preguntar, pero notó que su hijo se encontraba por demás de cansado, era claro que necesitaba dormir, aunque dudaba que pudiera conciliar el sueño. Estaba impresionado de la manera en que lo había tomado, destruyendo y matando, tal cual un saiyajin frustrado; sonrió para sí mismo, aunque sonara siniestro, esa era su naturaleza, por eso lo entendía, pero no dejaba de sorprenderle, la intensidad con la que amaba a la híbrida. Después de todo, no quedaban más mujeres saiyajines, a excepción de su hermana, era normal que tuviera ese apego hacia una hembra de su misma especie, más que con cualquier otra; de nuevo, era parte de su naturaleza.

-Te dejo descansar- se puso de pie, no sin antes, darle a su hijo una leve palmada en la espalda. -Quiero que me mantengas informado. Y Trunks…- titubeó, no era del tipo de personas que abogaba por alguien más, pero tenía la corazonada de que la nieta de su rival, no era del tipo de mujeres maliciosas y embusteras, como la pasada ex novia de su hijo. Tenía la seguridad de que la muchacha había heredado la inocencia de su abuelo y padre, y también, posiblemente la estupidez, lo cual justificaba que tomase decisiones erróneas, aunado a su falta de experiencia en la vida, debido a su juventud. Lo que le trajo recuerdos de cuando su propio hijo, cometió errores siendo un jovencito altanero y petulante.

-Escúchala antes- le recomendó sin poder evitar sonar preocupado, justo antes de salir volando por la gran ventana abierta.

La mañana transcurrió con tranquilidad para la joven madre. El día anterior no vio a su novio en todo el día, recibió un mensaje de la secretaria para avisarle que estaría ocupado en un nuevo asunto, relacionado con los nuevos laboratorios, que por favor no lo llamara, pues estaría muy ocupado con algunos accionistas.

Al principio le pareció extraño, pues ella sabía cada junta y cada paso que el empresario daba en la empresa, ya que era parte de su trabajo. Pero decidió acatar las órdenes de su jefe, recordando que él mismo, pocos días atrás, se quejó del poco tiempo que ella dedicaba al esparcimiento personal, inclusive había insistido en que le daría menos carga de trabajo. Así que asumió que era una orden para que dedicara ese tiempo a ser madre y entrenar un poco.

Decidió vestir una falda que mostraba sus curvas, con una abertura larga del lado derecho, sabía que eso enloquecía al empresario y últimamente había tomado en hábito de ser más provocativa y coqueta con él. Disfrutaba y ansiaba cada juego de seducción que se suscitaba en la oficina, bajo puerta cerrada y con llave para evitar rumores mal intencionados, pero eso no la exentaba de recibir miradas sugestivas de Trunks afuera de las oficinas principales, algunos manoseos breves cuando otras personas se encontraban distraídas, algunos besos intensos en el elevador y palabras atrevidas entre mensajes de texto durante alguna conferencia.

Con rosa pálido coloreó sus labios, en esta ocasión, la atención del maquillaje era dirigido a sus bellos y expresivos ojos negros.

Salió en su auto rumbo a la oficina, iba feliz, le hacía ilusión volver a ver a su novio, después de un día entero sin él. Miró por el espejo a su hija sentada en su silla para infantes, tarareaba una canción infantil que la maestra de guardería le había enseñado recientemente. El sol brillaba en todo su esplendor y el clima era favorecedor, ¿qué podría salir mal?

El celular sonó avisando que tenía un mensaje nuevo, Pan lo revisó mientras hacía un alto, al leerlo, su alegre semblante cambió.

-Estúpido Omaru. No se cansa de fastidiar- masculló torciendo los labios en una mueca llena de desagrado.

"No permitiré que su insistencia arruine mi día"

Pronto llegó al gran edificio de las oficinas administrativas que pertenecía a la familia de su novio. Dejó a la pequeña en la guardería como acostumbraba y se dirigió hacia la planta alta, el corazón le latía desbocado, un día sin ver esos ojos azules le pareció una eternidad. Sonrió como una tonta al sentirse diez años más joven, cuando era una adolescente soñadora, enamorada e ilusionada por primera vez. Solo Trunks podía revivir esos sentimientos en ella.

Al entrar al área que conectaba a las oficinas principales, vio a dos hombres que conocía perfectamente, los abogados de la empresa. La saludaron de manera cordial, pero pudo notar una mirada fugaz entre ellos, y cierto nerviosismo en el mayor, pero no quiso tomarle importancia, probablemente estaban ahí por el asunto pendiente con Omaru, después de todo, ese era el día en que le entregaría el estúpido documento firmado a su ex novio.

-Los atiendo en un momento, voy a…

-Es…- la interrumpió el más joven, -es el señor Briefs, con quien venimos.

-Nos ha citado- respondió el otro abogado, con una sonrisa extraña, pues nunca antes la había visto.

-Ohh- levantó ambas cejas negras. -Bien- sonrió radiante, con una de esas sonrisas espontáneas que iluminaban el día de quien las mirase, -que tengan un lindo día- se despidió con la amabilidad que la caracterizaba, dirigiéndose hacia su oficina, no quiso permanecer un segundo más con ellos, no quería que surgiera el tema de los documentos que reposaban en su escritorio y que debía firmar.

El dolor de cabeza comenzaba a disminuir, hicieron falta dos analgésicos de los más potentes, para aminorar el palpitar que atormentó su sien durante la madrugada, en la que experimentó una especie de resaca mental, pues no había bebido demasiado, más que en otras ocasiones, pero no lo suficiente como para culpar al alcohol de su mal estado.

Lo primero que hizo en cuanto salió el sol, fue comunicarse con su abogado personal, el cual le respondió la llamada somnoliento. Le ordenó estar en su oficina a primera hora con ciertos papeles de suma importancia, no sin antes exigirle completa discreción, en caso de toparse con la nieta de Satán.

Sobó sus párpados buscando en vano encontrar alivio al leve ardor que le molestaba, rastro de la mala noche que pasó, dando vueltas en su cama, calentándose la cabeza con teorías que justificaban a la madre de su hija, y en otras ocasiones, imaginándola burlándose de él, de su ingenuidad mientras le profesaba su amor.

Se había tardado un poco más de lo habitual en salir de casa, aunque estaba ansioso por encararla, una parte de él se resistía, tenía miedo, le aterraba caer a sus pies, pisoteando su dignidad, cegado por el amor. Pero eso no borraría todo lo que perdió por culpa del egoísmo de esa hermosa mujer, su orgullo debía prevalecer.

"Escúchala antes"

Las palabras de su padre se repitieron en su mente, logrando calmar su ansiedad. El príncipe tenía razón, no perdía nada con darle el beneficio de la duda, aunque no quería albergar falsas esperanzas.

Respiró hondo y avanzó con paso firme en cuanto se abrió el elevador. No pudo evitar respirar el perfume de ella, tenía poco de haber estado ahí, no lo había notado al entrar debido a la maraña de pensamientos que lo invadían. Recompuesto, de inmediato continuó su trayecto, con el mismo semblante serio que lo acompañó desde que salió de su casa.

-Buen día señor Briefs- lo saludaron al unísono ambos abogados, levantándose de su asiento.

-¿Lo traen?- Preguntó sin responder el saludo, procurando mantener una postura neutral, no estaba dispuesto a exteriorizar sus sentimientos con personas ajenas a su círculo personal, el cual era estrechamente cerrado.

-Por supuesto- afirmó el mayor, ofreciéndole al empresario un folder.

Briefs prácticamente se lo arrebató, les hizo señas con una mano para que lo siguieran y en silencio se dirigieron hacia la oficina principal. Debido a que Pan se encontraba en su oficina, era probable que sintiera su energía y quisiera ir a saludarlo, por lo que pidió a su secretaria no ser interrumpidos por absolutamente nadie, petición que hizo con su mirada más amenazadora, no había nadie en toda la empresa que lo desobedeciera cuando la utilizaba.

El café se enfriaba en su escritorio, el monitor de la computadora dormía desde hacía un par de minutos, mientras que Pan soñaba despierta, con sus codos reposando en el escritorio y su barbilla apoyada en sus manos entrelazadas.

Suspiró sonriendo, no podía dejar de recordar el último encuentro con el híbrido de ojos azules.

"¿Has hecho el amor bajo las estrellas?"

No, nunca lo había hecho hasta esa noche, y fue maravilloso.

**FLASHBACK**

El cofre del auto fue el lugar destinado para entregarse esa noche despejada, siendo observados por las estrellas brillando a lo alto.

Ante la seguridad de que no se percibía ningún ki humano al rededor, se desnudaron por completo, se olvidaron de todo, solo eran ellos dos, y las estrellas, las cuales no tardaron en tocar fundidos, el uno con el otro. De nuevo omitieron tomar precauciones, lo sabían, y no les importó, solo querían amarse sin reservas y lo hicieron.

Briefs respiraba agitado, pegado al blanquecino cuello de la mujer, con uno que otro escalofrío recorriéndole, producto del intenso orgasmo reciente.

-¿Pan?...- depositó un dulce beso en el hombro izquierdo de la joven, -¿tomas píldoras?- preguntó idiotizado por el olor que despedía su mujer, porque ya la consideraba suya.

Las tentadoras piernas de la híbrida liberaron la cintura de Briefs, lo que hizo que el hombre gruñera bajo ante la falta de su calor en las caderas, antes de que ella lograra romper la íntima fusión de sus cuerpos, la atrajo desde la cintura con posesividad, empujando su pelvis hacia enfrente, para evitar que su miembro saliera del cálido interior femenino.

Rendida y divertida por el arranque de posesividad de su novio, lo imitó enroscando de nuevo sus manos alrededor del cuello masculino, pero dejó sus piernas cansadas reposar sobre el cofre. -No estoy tomando nada- mordió su labio inferior, - tal vez sería buena idea si mañana tomo precauciones- musitó. Surgiéndole el deseo por primera vez, de tener otro accidente, pero ahora sería bajo otros términos muy diferentes.

-¿Tomabas algo cuando estabas con Omaru?- Escupió sin pensarlo.

-Sí, los dos últimos años- respondió automáticamente.

"Mierda, soy una idiota"

Al darse cuenta de su error, buscó la manera de arreglarlo. -Pero ya vez que no es muy confiable- musitó maldiciéndose por haber inventado otra mentira.

-Conociendo lo distraída que eres, probablemente olvidaste tomarlas en algunas ocasiones- opinó con humor, el sexo con ella siempre lograba ponerlo juguetón y bromista.

-No puedo negarlo- respondió, -pero… ¡oye! No soy tan distraída- le jaló con delicadeza una oreja, quejándose con un infantil puchero.

-Acabas de afirmar que se te olvidaba tomar tus píldoras- se defendió sujetando la mano traviesa que jaloneaba su oreja con sumo cuidado, colocándola arriba de la cabeza de la joven, contra el cofre. -¿Supongo que debías tomar otro tipo de precauciones?

-No lo creí necesario.

-¿Y él?- No supo por qué soltó esa pregunta, si Omaru ya le había dado esa información.

-A veces…- giró el rostro con pena, no le gustaba hablar de su vida sexual antes de él, le costaba abordar el tema con la misma naturalidad que el guerrero. También, porque no le gustaba continuar mintiendo. Por supuesto que se cuidó con su ex novio, religiosamente tomaba sus píldoras cada día, no solo ella, Omaru también tomaba sus precauciones la mayoría del tiempo. Inclusive, se encontraba sorprendida de que no le exigiera una prueba de paternidad, probablemente recordaba el par de accidentes que tuvo, pero ella nunca dejó las píldoras, hasta el día en que descubrió su infidelidad.

-¿Y la píldora que se toma después?- Se irguió aun sin separar sus intimidades, -no estoy cuestionándote- negó agitando ambas manos, -es solo curiosidad… estoy comenzando a dudar en la efectividad de dicho método anticonceptivo.

Pan entrecerró la mirada, ¿acaso le importaba tanto el no haberse cuidado las dos veces que intimaron ese día? No le pasó por la cabeza que dudara de ella, al menos no parecía desconfiado.

-La usé muy joven, cuando iniciábamos nuestro noviazgo y éramos más impulsivos. Y…

"Y tomé otra después de nuestro primer encuentro, pero demasiado tarde. Y no me arrepiento"

Briefs levantó ambas cejas esperando el resto de la oración, la cual no llegó, tampoco quiso preguntar más, era evidente que a ella no le agradaba hablar de su pasado íntimo, lo que le pareció en cierto modo tierno, pues él era el menos indicado para criticarla, ya que podía apostar su poder a que él tenía mucha más experiencia, inclusive, intuía que la joven aun no había experimentado situaciones que para él, eran completamente normales en un encuentro sexual.

Pan tragó saliva antes de hablar. -Si quieres, mañana mismo a primera hora la tomo- musitó con un nudo en la garganta, no tenía planes para embarazarse de nuevo, ni siquiera lo había considerado. Razón por la que se desconoció, al sentir su corazón encogerse ante la idea de que Trunks le pidiera evitar un "accidente".

Briefs, por su parte, se mordió el labio inferior mientras su ceño se hacía más pronunciado, su mente y su corazón reñían en cuanto a qué responder. Para su razonamiento lógico, tenían muy poco tiempo de noviazgo, no era el momento, y recientemente había deseado la posibilidad de tomarla como esposa, en un futuro no muy lejano, pero tampoco muy próximo. Su corazón le gritaba que así lo dejara, si el milagro ocurría, sería el pretexto perfecto para aprisionarla entre sus brazos por el resto de su vida, si no, simplemente continuarían con su noviazgo y el tiempo le daría la razón, de que ella era la indicada.

Se quedó mudo, con los brazos apoyados en el cofre, ni siquiera notó que su miembro, antes rígido, comenzaba a salir de la cavidad femenina. Hechizado por los negros ojos de la híbrida, dejó que su corazón hablara por él.

Carraspeó levemente antes de hablar bajo, como en un sutil ronroneo. -Como gustes amor- fue todo lo que dijo antes de dirigir sus labios a los de la mujer, para transmitirle en un apasionado beso, todo el deseo que de nuevo se encendía, dominándolo por completo.

Pan quiso responder que lo haría al día siguiente, que no era el momento para lanzar una moneda al aire, pero la audaz boca del guerrero la devoraba con tal devoción que, decidió no pensar más en el asunto por el momento, lo dejaría para mañana, y a pesar de que faltaban pocos días para su periodo, no quería dejarlo a la suerte, al menos no mientras tuviera pendiente resolver sus conflictos internos, podría ser contraproducente.

Ajeno a los pensamientos de la joven, Trunks volvió a recargar su cuerpo contra las suaves curvas femeninas, sintiendo de nuevo, su hombría despertar, mientras que la semilla de la duda se instalaba en su cerebro, en un rincón difícil de ignorar, de donde lo atormentaría a partir de esa misma noche al llegar a casa.

**FINAL DEL FLASHBACK**

Suspiró con la mirada soñadora, sentada sobre la silla que resistió su cabalgata sobre el híbrido días antes, lo que le produjo un intenso sonrojo al recordarlo, pero sus divertidos pensamientos se interrumpieron al observar sobre su escritorio una carpeta con los documentos que debía firmar, y el mensaje recibido durante el trayecto a la oficina, era un claro recordatorio de que no podía continuar aplazándolo.

Bufó molesta, ¿qué hacer? Trunks fue muy claro al decir que él lucharía por la custodia completa de estar en lugar de Omaru. Lo amaba, pero amaba más a su hija.

Tomó las hojas y sin pensarlo más, imprimió su firma con letra clara, no le tembló el pulso hasta haber terminado.

"No es lo que quiero, no es lo correcto, pero ya no encuentro otra salida"

Abrió sus labios acongojada, sabía que estaba siendo estúpida y cobarde, sentía que no tenía elección, pero confiaba que con el tiempo podría pensar claramente y solucionarlo sin grandes consecuencias, aún tenía la esperanza de arreglarlo, solo debía actuar un poco más. En cuanto a Omaru, no sentía remordimiento por él, no después de todas las lágrimas que le dedicó en el pasado.

La puerta de la oficina se abrió sin previo aviso, Pan sonrió al ver al dueño de su corazón entrar y cerrar con llave, siempre lo hacía cuando tenía intenciones traviesas. Pero esta vez, le faltaba picardía al brillo de sus ojos, no sonreía radiante, al contrario, lucía sombrío, hasta le pareció que lucía molesto.


Fin del capítulo.

Una disculpa por dejarlo así, tal vez quieran saber qué planea Trunks, pero si continúo en este capítulo, se extenderá mucho y no podré subirlo hasta algunas semanas después y tengo el otro fanfic pendiente.

Creo que fue el momento perfecto para cerrar el capítulo y ya en el otro abordaré la confrontación entre los personajes.

¿Qué opinan de lo que hizo Trunks? ¿Correcto o incorrecto? Respecto a los sujetos que mató, ¿lo merecían?

No puedo evitar recordar a una de mis series favoritas, Dexter, el asesino serial que mataba criminales. De igual manera, Trunks elimina a quienes cree lo merecen, para de alguna manera, justificar su propia necesidad de sangre, herencia de un instinto primitivo saiyajin, que se manifiesta en él cuanto tiene ansiedad, en el pasado surgió después de su rompimiento con Mai, pero fue controlado gracias a la intervención de Vegeta y Bulma, ahora lo ha vuelto a hacer, pero ya es más adulto y tiene obligaciones al ser miembro de la patrulla galáctica.

¿Qué creen que sucederá en el próximo capítulo?

No sé bien cuántos capítulos faltan, pero ya estamos en los últimos, tal ve más.

Cuídese mucho y no leemos en unas semanas.

.