Un pedazo de ti – Cap17

-Gracias por venir, los esperaba- dijo al abrir la puerta de su nueva oficina.

La pareja asintió en silencio, con una escueta sonrisa por parte del masculino. En cambio, su acompañante sonrió genuinamente al ver de nuevo al empresario.

-Es muy lamentable, que sea en estas condiciones nuestro encuentro- Escaneó con disimulo el porte del hombre que sostenía la perilla de la puerta, era más atractivo en persona que en las revistas que llegó a coleccionar en el pasado, cuando fantaseaba con él. Luego, las esperanzas de conocerlo se esfumaron, justo en el momento que su amistad con Pan terminó, por lo que dejó pasar su fantasía juvenil, pero siempre mantuvo viva la llama del deseo, cada que veía una nueva publicación en la que aparecía el empresario.

Recordó que la hija de Gohan solía describirlo como un hombre común y corriente, egocéntrico y petulante con extraños, inclusive le llegó a advertir, que de conocerlo se podría llevar una gran decepción.

"Esa mustia, siempre lo quiso todo para ella. De lo contrario no hubiera corrido hacia él, inmediatamente después de terminar con Omaru"

A pesar de su pasada actitud hacia la que fue su mejor amiga, desde su punto de vista; ella era la víctima. Y Pan, aprovechó el resbalón de Omaru, para engatusar a Briefs, con el discurso de la pobre muchacha engañada. Lo que no cuadraba en su teoría, era que Briefs ignoraba ser el padre de la niña, porque sería el pretexto perfecto para amarrarlo, o al menos asegurar el futuro, con la tremenda pensión que le correspondería, aunado al logro de ser reconocida, como la madre del primogénito del dueño de la empresa más famosa del planeta entero.

-Pasen, por favor- lo escuchó decir con voz grave, haciéndose hacia un lado para darles el paso.

Omaru entró enfocando la vista hacia el interior de la nueva oficina del empresario, dentro de la gran cúpula que conformaba las primeras instalaciones de la gran corporación. Mientras era seguido por su novia, pero con la vista perdida en los orbes azules del híbrido.

Definitivamente no era el mismo, a pesar de conocerlo muy poco, podía notar que algo había cambiado en él. No sonreía, pero tampoco mostraba enojo, muy diferente a las pasadas ocasiones que interactuaron con él.

Cerró la puerta después de que entraron y con una mano les ofreció asiento, señalando las sillas frente a una pequeña mesa de juntas, en la que años atrás, su abuelo materno solía comer y trabajar al mismo tiempo, cuando un nuevo proyecto lo entusiasmaba tanto, que no salía hasta terminar los planos.

-Tienes una vista mucho más espectacular desde aquí- habló Omaru, señalando la gran ventana que daba a los jardines en donde el patriarca de la familia, conservaba algunos de los animales que rescataba, el resto terminaban siendo adoptados por quienes se comprometían a darles una vida digna o regresados a la naturaleza, un viejo hábito que aún mantenía.

-Sí, mi abuela se ha esmerado con los jardines- respondió mirando hacia la misma dirección- luego retorno su atención hacia la pareja. -Mucho mejor que los edificios de la ciudad- agregó con una casi imperceptible sonrisa.

-Dime una cosa Briefs, ¿en verdad no lo sabías?- Se mordió los labios al percibir el gesto de indignación en el rostro del mayor. Luego carraspeó incómodo, antes de disculparse. -Perdón Tunks… es solo que todo esto parece un chiste de muy mal gusto- curveó los labios hacia abajo, negando con la cabeza. -Te consta que me ilusionaba tener una hija, de verdad le estaba tomando cariño… mi familia organizó una fiesta, le tenían regalos y hasta acondicionaron una habitación para…- se detuvo en cuanto comenzó a temblarle la voz.

-Omaru- le habló Mirely, -ya lo hablamos. Es mucho mejor así, era una responsabilidad que no necesitas- opinó con desenfado, fastidiada por el mismo cuento. Desde que Arya apareció en la vida de su novio, la relación comenzó a tambalear con más fuerza que antes. Todo giraba en torno a la niña, inclusive los planes de sus futuras vacaciones se veían afectados, porque el joven insistía en incluirla en las actividades. Odiaba esa nueva faceta paternal de su novio, hasta llegar al punto de pensar en terminarlo, pues ya no estaba muy segura de lo que sentía por él, por lo que dudaba si valía la pena el sacrificio. Por fortuna para ella, todo había sido una vil mentira, pero eso no eliminaba la desazón sobre su noviazgo; ya no había magia, inclusive le aburría a veces.

El joven se limitó a bufar como respuesta al comentario de su novia.

-Recuerdo todo lo que planeabas hacer para recuperar el tiempo perdido- habló Briefs, -y te confieso que… me pareció que serías un buen padre para Arya- aspiró largo antes de continuar, -pero ya tendrás tu oportunidad. Son jóvenes, en el momento que deseen…

-¡No!- Interrumpió Mirely, -No, no, no. Yo no quiero embarazarme hoy, ni en veinte años. Omaru lo sabe de sobra- aseveró levantando la voz, ganándose una dura mirada por parte de su novio. No por el hecho de no querer ser madre, sino por mostrar nula empatía por los deseos de él. Ya no le dolía como la primera vez que rechazó sus deseos de formar una familia, pero exponerlo así, en un momento sensible, le pareció ofensivo.

Incómodo por la tensión surgida entre la pareja, Trunks se encogió de hombros, cambiando el tema de conversación. -Bien, ¿te preguntarás a qué se debe mi insistencia en verte?

-Sí, honestamente me sorprendió tu llamada, ya que Gohan aseguró que Pan no tenía ningún contacto contigo.

Trunks cerró los ojos por unos segundos, meneando levemente la cabeza. Le parecía por demás infantil la actitud de la híbrida con Omaru, estaba al tanto de todo gracias a Goten, quien se había encargado de informarle sobre la postura arrogante que adoptó su sobrina, con el que fue su novio de universidad.

-Pan…- involuntariamente, mordió su labio inferior por un segundo. Le costaba hablar sobre su vida privada con personas ajenas a su reducido círculo personal. -esa mujer es un caso- intentó darle humor, pero no le salió como esperaba. Era obvio que las cosas iban mal, entre el empresario y la nieta de Satán.

-Esa mujer está loca- agregó Omaru, manteniendo la calma. -Se ha negado a dirigirme la palabra, a responder una sola de mis llamadas. Si no fuera porque Gohan ha sido muy amable y ha estado en comunicación conmigo, no sabría nada de ella- se quejó visiblemente molesto, -dime una cosa Briefs, ¿es verdad que orquestó toda esa farsa por prejuicios estúpidos?

El híbrido no abrió la boca, se limitó en asentir con la cabeza. La amaba, pero no veía que ella demostrara arrepentimiento, al menos no, desde su punto de vista.

-Imagino que para ti, fue muy duro enterarte- bufó meneando la cabeza. -En un principio me negué a creerlo, hasta llegué a pensar que era una invención de ella, para no firmar el documento que le entregué hace poco más de dos semanas. Pero Gohan me lo corroboró- revolcó su cabello con fastidio, -todo este asunto es tan extraño.

-Pero no se quedará así- opinó la mujer, -esa loca tendrá que enfrentar las consecuencias- sonrió triunfante al terminar.

-Estoy enterado de la demanda- Trunks se puso de pie, para dirigirse hacia el escritorio estilo clásico, que tenía más tiempo que él en la corporación.

-¿Te lo dijo ella?- preguntó el más joven, con una mueca despectiva al pronunciar la palabra ella, lo que no pasó desapercibido por el híbrido, causándole molestia. Pero no estaba en posición de abogar a favor de su ex novia, al menos no en la opinión que otros pudieran tener de la joven.

-No- se apresuró en aclarar. -Fue Goten quien me puso al tanto de la situación.- Recargó los codos sobre la superficie del escritorio, entrelazando las manos debajo de su barbilla. -Ya no tengo contacto con ella- agregó sin demostrar un ápice de tristeza, no expondría sus sentimientos con ellos.

El gesto desenfadado del híbrido, causó una sonrisa de alegría en los labios rojos de la joven. -¿Acaso no vas a responder como padre?- le preguntó con mirada coqueta, la que pasó desapercibida por su pareja, debido a que estaba más concentrado en sus propios pensamientos.

-Por supuesto que no, Arya es mi hija y no renunciaré a ella- dirigió la vista hacia el joven, quien lo escuchaba con atención, intrigado. -Ahora mejor que nunca, entiendo aquello que debiste haber sentido.

No hicieron falta más palabras para comprender que Briefs no lo pasaba tan bien como aparentaba. A Omaru no le costó trabajo, encontrar en la mirada del empresario, las mismas sensaciones que él experimentó, el mismo coraje al saberse arrancado de los primeros meses de vida de su hija, el vacío que no llenaría con nuevas experiencias al lado de la niña.

No supo qué responder, se limitó a morderse las mejillas internas, mientras que su novia intentaba descifrar en vano, esa especie de lenguaje secreto entre ellos. Para no sentirse que estaba de más, la mujer decidió hablar. -El abogado dice que tenemos todo a nuestro favor.

Trunks levantó ambas cejas. -Lo sé.

-¿No la apoyaras con tus abogados?- inquirió Omaru, preocupado por una respuesta afirmativa, temía que el empresario interviniera. Con todo su poder apoyándola, lo más probable era que, quedara impune la grave falta hecha hacia su persona, en especial hacia su familia.

En silencio, Trunks abrió un cajón y sacó un pequeño papel rectangular, Omaru supo de inmediato lo que era, lo que le causó gran indignación. Para el híbrido, no fue difícil descifrar la mueca hecha por el joven y lo entendía, sabía que no lo hacía por dinero, pero eso no impediría que lo intentase.

-No me lo tomes a mal- tomó un bolígrafo y acercó su mano al papel, comenzando a escribir el nombre del joven. Antes de comenzar a escuchar los reclamos que estaban por ser escupidos, se apresuró a decir. -No ignoro que tu abogado ha estado cobrando por los servicios ofrecidos, has hecho viajes que no tenías contemplados, tu familia hizo gastos que no debieron hacer…

-¡No se trata de dinero!- exclamó dando un débil puñetazo al reposabrazos. -Esa loca debe pagar por la burla- se levantó de su silla para dirigirse hacia el escritorio. Apoyó ambas manos en la superficie con un manotazo, antes de continuar. -Mi madre y mi abuela están muy afectadas, realmente fue una decepción para ellas y…- apretó lo labios con rabia, -y yo… aunque Pan ya no significara nada para mí, una hija significaba tanto.

Mirely observó en silencio, era consciente del deseo de su novio por formar una familia, deseo que ella no estaba dispuesta a cumplir, no, si era joven y le faltaba mucho por vivir, principalmente, cuando deseaba intentar algo, lo que fuera, con tal de hacer realidad su más grande fantasía. Estaba dispuesta a arriesgar los años de relación con su novio, con tal de quitarse las ganas.

-Para mí ha sido un dolor de cabeza lidiar con Pan- continuó Omaru, -no es la misma que fue mi novia, no es la misma con la que tuve maravillosas experiencias, a la que quise mucho, la que creí demasiado buena e inocente para mí.

-Créeme que te entiendo, por eso quiero compensarte- insistió Trunks, manteniendo la serenidad.

El sonido del golpe en el escritorio hizo eco en la oficina, provocando que la mujer se estremeciera, sin embargo Briefs permaneció tranquilo, sin siquiera pestañear ante la imagen del joven golpeando con el puño, la superficie del escritorio.

-¡Me ofendes! ¡No busco dinero! Quiero que pague por difamarme, por jugar conmigo, con mi familia, por burlarse de nosotros- gruñó escupiendo unas pocas gotas sobre la fina madera que recién acababa de golpear.

¿Cómo no sentir empatía? Prácticamente, Trunks se encontraba en las mismas condiciones, pero eso no significaba que permitiría ningún agravio en contra de Pan, a pesar de no querer volver a verla. Mientras él viviera, nadie podría dañarla.

-Omaru- le habló con firmeza. -no pretendo ofenderte.

-Entonces… ¡No intervengas! Quiero que esa loca estúpida…-cerró la boca, tragándose sus palabras al ver que el híbrido se levantó de golpe, dedicándole una dura mirada de desaprobación, como cuando de niño, sus padres lo reprendían en público, con solo una mirada.

-Te entiendo- respiró con calma, -puedo imaginar tu frustración, pero independientemente de que te concedo la razón, no puedo permitir un escándalo de semejante magnitud, alrededor de mí hija, es a ella a quien quiero proteger- arrugó el ceño, mostrando en sus facciones, que hablaba con seriedad y determinación.

-En pocas palabras, ¿lo que hizo esa loca…

-Esa loca… como la llamas, es la madre de mi hija- aseveró levantando la voz. Le irritaba escucharlo hablar mal de la híbrida, lo entendía, pero no dejaba de molestarle que la llamaran loca. Pensó en pedirle que moderara su lenguaje al referirse a ella, pero lo descartó, sería demasiado obvio lo mucho que le afectaba.

Pero Omaru no era tan ingenuo, recordaba a la perfección la ocasión en que el empresario le confesó sus sentimientos hacia Pan. Por muy indignado que estuviera, el amor no se esfumaría de la noche a la mañana.

Contuvo las injurias que tenía atoradas en la garganta, no le convenía soltar el veneno que lo consumía delante de un hombre enamorado, herido y poderoso. Sobre todo, poderoso.

-¿Entonces se quedará así?- Masculló. Odiaba sentirse pequeño ante el poder de Briefs, no solo a nivel adquisitivo, pues tenía claro que no podría ganar contra sus abogados, pero lo que más le indignaba, era saberse débil físicamente, incapaz de infundir el mínimo temor o respeto en el saiyajin. La única alternativa que le quedaba, era la compasión, y sabía gracias a su pasada relación con la híbrida, que los Briefs poseían un buen corazón, camuflado de arrogancia. -Mi abuela tuvo problemas cardiacos- tragó saliva, bajando la mirada hacia sus puños cerrados sobre el escritorio, -ya es muy grande y le afectó la decepción- cerró los ojos apretando los párpados, -tal vez te parezca una exageración, pero no tienes idea de todo lo que estaban planeando.

Ese fue un golpe bajo, Briefs sabía que era verdad, se había asegurado de investigar la situación del muchacho, antes de citarlo. -Puedo imaginarlo- fue todo lo que se atrevió a decir, no podía evitar ponerse en sus zapatos.

-Nos hizo daño Trunks, tiene que haber alguna forma- dijo en lo que pareció una sentida suplica.

El joven tenía razón, Pan merecía pagar, pero no la expondría ante los demás.

-Omaru, te repito que lo entiendo, y créeme que a mí manera la estoy haciendo pagar…- se guardó lo que estuvo a punto de escupir. No ventilaría las llamadas que no contestó, las súplicas por medio de familiares para hablar de nuevo, los recordatorios del amor que le profesaba.

Era consciente de que ella sufría y no precisamente por amor desde su punto de vista, posiblemente porque su circo fue desmantelado. Esa fue la conclusión a la que llegó, después de sentir la energía de ella, en el instante que se transformó en súper saiyajin. No tenía otra explicación; estaba furiosa, haciendo un berrinche, derrotada y con el orgullo magullado. Para él, no existía otra razón por la que Pan consiguió la transformación.

-Puedo asegurarte que pasa por un mal momento- le dijo con voz grave, luego se relamió los labios antes de continuar, -pero también, lamento decirte que no permitiré más que eso- enfatizó con un brillo lleno de determinación en su mirada.

-El abogado de Omaru dijo que Pan tiene mucho en contra, en cuanto salga al mundo lo que hizo, hasta su abuelo Satán saldrá perjudicado- soltó Mirely, levantando la voz para hacerse oír en la plática de los hombres.

-Es precisamente lo que quiero evitar- las ventanas vibraron con el retumbar de la potente voz del hijo del príncipe. -Ni Satán, ni mi familia somos culpables. Además, no olviden que mi hija está de por medio y no estoy dispuesto a negociar- dijo con el mismo tono, intimidando a la pareja.

Omaru chistó de frustración, se alejó del escritorio sobando su sien. Afectar a Pan, significaba enlodar a la niña, que aunque no portaba su sangre, no dejaba de causarle ternura, le había tomado cariño en el poco tiempo que convivió con ella y, despertado con fuerza el instinto paternal. Entendía a Briefs, definitivamente no podía ganarle a eso.

-Mi dignidad no está en venta- murmuró entre dientes.

Briefs suspiró, preguntándose cómo hubiera actuado en su lugar, pero no pudo llegar a ninguna conclusión.

-No pretendo comprar tu dignidad. Quiero compensar lo que has gastado y con intereses- se dirigió hacia el joven, utilizando el tono más calmado que encontró, necesitaba escucharse empático. -Estoy enterado que la empresa de tu padre pasó por una mala racha hace algunos meses, que aún no logra recuperarse del todo. Inclusive que tuvo que verse en la penosa necesidad de reducir su personal e hipotecó la propiedad que tu abuelo les heredó- lo observó congelarse, probablemente pensando. -Quiero ayudarte a recuperar lo que tanto esfuerzo le costó a tu abuelo forjar, a que paguen sus deudas y puedan vivir sin esa preocupación, sería un alivio para ellos.

-Pan debería pagar por eso- opinó Mirely, -a ella le sobra…

-No. Si para eso tienen que exponerla ante los medios- respondió Trunks. -De verdad lo siento- meneo la cabeza hacia los lados. -Acéptalo por favor y acabemos con esto de una vez…- insistió con cansancio. Estaba hastiado de tener que lidiar con esa situación, de la cual, decidió inmiscuirse después de meditarlo por un día entero. -Solo dime la cantidad, a eso le sumaré las deudas de tu familia y no tendrás que pasar por papeleos ni trámites jurídicos, tampoco tener que lidiar con mis abogados, porque comprenderás que no permitiré que mi hija se vea envuelta en un pleito judicial, ni que sea presa fresca para los medios.

Con Briefs inmiscuyéndose, seguro tenía todas las de perder, era algo con lo que no contaba, pues Gohan le aseguró que ya no tenían ninguna relación. Le parecía injusto, había sido señalado y juzgado por algo que no cometió, en cambio ella; todo apuntaba a que era intocable.

Con desgano asintió hacia el empresario. Su espalda encorvada y la mirada perdida, comunicaban desilusión, no era lo que esperaba cuando entró por la puerta, de hecho, esperaba una alianza con el heredero, una alianza para limpiar su honor.

-Bien- tomó el bolígrafo de inmediato y comenzó a escribir los datos faltantes en el cheque, a excepción de la cantidad. -¿Cuál cantidad?- inquirió.

Recibió un suspiro de frustración como respuesta, el joven ni siquiera lo observaba, tenía puesta su atención en un viejo cenicero que reposaba impecablemente limpio sobre el librero, un vestigio de que esa oficina, en algún tiempo perteneció al inventor de las famosas cápsulas hoipoi.

A Trunks le pareció desanimado y entendió el porqué, no le causaba ninguna gracia recibir dinero en esas condiciones. Lo consideraba indigno.

-Omaru…- le habló su novia al verlo distraído. Le hizo una seña con la mirada, recordándole el propósito principal de su visita; aliarse.

El joven sacudió la cabeza, dudando. No quería flaquear, pero no tendría oportunidad con Briefs en su contra. Giró el rostro hacia su novia, quien observaba atenta hacia el escritorio, la vio morder su labio inferior por un breve lapso, tal vez por ansiedad, aunque la inseguridad que sentía en ese momento, le advirtió, que no era ansiedad; le atraía el empresario. Qué ironía, si el hombre de cabellos lilas se lo proponía, podría bajarle a la novia, ser reemplazado de la misma manera que reemplazó a Pan.

Retornó la vista hacia el escritorio, topándose con el par de océanos que expectantes aguardaban a que reaccionara. Lo observaba a él, no a Mirely, lo que significaba que no coqueteaban, al menos él no parecía mostrar ningún interés en la mujer.

-¿No lo recuerdas?- inquirió Trunks.

Omaru negó con la cabeza, sintiéndose estúpido, pequeño y vulnerable ante el hombre de origen saiyajin.

-Omaru… recuerda…- insistió su novia, logrando captar su atención.

Con el semblante serio, como nunca antes lo había visto, casi fúnebre, lo vio acercarse al híbrido, el cual ya se encontraba escribiendo una cantidad.

-¿Con esto es suficiente?- le mostró el cheque.

-Creo que… es más- opinó Omaru. Ya se había decidido a recibir el dinero, de lo contrario, se quedaría sin recuperar lo invertido y probablemente con problemas mayores, al menos ayudaría a sus padres a recuperar lo que estaban por perder, también en el fondo, no le deseaba mal a Pan, mucho menos a Arya.

Para él fue un cubetazo de agua fría enterarse de la verdad definitiva, había probado las mieles de la paternidad y lo amaba. Y de pronto, le era arrebatado el título de padre.

"Arya no tiene la culpa, no quiero hacerle daño" Le dijo a su novia, pero la mujer insistió para interponer una demanda, lo presionó para decidirse por el camino de la venganza. Era un timorato que se dejaba manipular por una mujer que no tenía el mínimo interés en formar una familia con él. Su juventud se esfumaría en una relación que no le daría frutos, no tenía caso continuar, si sus sueños eran tan diferentes. Ya no recordaba por qué cambió a Pan por ella.

"Ahh… sí, por caliente" Le susurró su memoria. Pan era linda y amorosa, mientras que Mirely era osada en la intimidad, pero a la vez, era más débil que él, y eso lo excitaba, contrario a la fuerza que Pan disimulaba sin éxito, intimidándolo. Entonces entendió los motivos por los que Pan terminó en una relación con el híbrido; ambos se complementaban.

Titubeó con timidez, pero tomó valor para continuar hablando, -es mucho más de lo que gastamos… de todo.

Trunks se encogió de hombros. -Perfecto- festejó con desenfado, acercándole un par de hojas. -Solo necesito que firmes esto- lo vio levantar las cejas con desconfianza, por lo que se adelantó para aclarar. -Necesito que te comprometas a dejarlo así… eso incluye la entrevista que tendrían en unos días, para esa popular revista de chismes.

La pareja abrió la boca, sorprendidos de que el híbrido estuviera enterado de que, efectivamente, tenían cita con una reportera para contar su historia, la cual ocuparía la portada y páginas centrales, lo que significaría un escándalo enorme para la familia de Pan, e inclusive para los Briefs.

-Tu firma es para asegurar que el gasto que acabo de hacer, no será en vano.

Los golpes retumbaron entre las nubes, creando curiosos patrones de vapor en el cielo. Jadeando, el saiyajin de corazón puro se dejó caer de rodillas en el césped, sobando su costado izquierdo, con una gran sonrisa en su apacible rostro.

-Estoy impresionado Pan…- tomó aire un par de veces, regulando su respiración agitada, -ese golpe me dolió mucho- dijo emocionado, sin reprimir los gestos de dolor en su semblante. Hacía mucho que no sentía ese sentimiento cálido en el pecho; orgullo.

La última vez, durante el entrenamiento con su primer hijo en la habitación del tiempo, antes del torneo de Cell. Aunque con Goten también entrenó y le enorgullecía, no fue la gran revelación, pues siempre supo el potencial de su hijo menor, el cual no mostraba mucho interés en las batallas, al menos no tanto como su amigo Trunks, tal vez se debía a que Milk no apoyaba los entrenamientos y, a que ellos eran de corazón más tranquilo. Por eso, cuando Pan dejó de entrenar y se enfocó en su vida de terrícola, al igual que su padre, no le tomó por sorpresa, además Milk insistía en que las mujeres eran más tranquilas, que al llegar a cierta edad dejaban las artes marciales, al igual que sucedió con ella misma y con Videl.

Pero verla ahora, convertida en súper saiyajin, con el amor por las artes marciales de regreso y con más fuerza, le revivió sensaciones que le inflaron el pecho.

La joven aterrizó al lado de su abuelo, iba a decirle que lo sentía, por haberlo lastimado, pero un ki aproximándose llamó su atención. Ambos se quedaron en silencio esperando, y en cuestión de unos cuantos minutos, el príncipe de la raza guerra apareció de entre las montañas, comenzando a descender su velocidad hasta aterrizar frente a ellos.

-¡Hola Vegeta!- Se levantó Goku, sacudiendo los restos de tierra de su ropa. -¿Vienes a entrenar?

Antes de responder, observó brevemente a la joven, ya no estaba transformada, pero su semblante no era el mismo, ahora cargaba la furia de una saiyajin. Sonrió para sí mismo, su hijo había sido blando en su primera elección de novia, pero en ésta ocasión, hizo la elección correcta. Después de todo, en la primera ocasión era solo un chiquillo, y el del futuro, probablemente ignoró siempre la verdad que se escondía detrás de esa falsa mirada juvenil, su falta de cariño lo hacía vulnerable, fácil de caer en los brazos de quien fuera. Pero su hijo del presente no, él no se conformaba, él no caía con una linda sonrisa, al menos no desde que descubrió, que le ofrecían gato por liebre, que el acercamiento inicial de aquella mujer, fue por interés. Esa experiencia lo volvió desconfiado e inseguro, al menos con las mujeres.

"Debería verla así" Pensó, seguramente su hijo consideraría perdonarla. La energía que ahora emanaba, combinada con su belleza natural, le brindaba un aspecto fiero que nunca antes había visto en ella. Era la mujer que su hijo necesitaba para envejecer juntos, probablemente ella también heredaría la longevidad propia de su raza, ya que su padre, Gohan, mostraba que lo poseía, pues apenas aparentaba ser un hombre maduro y los genes saiyajines eran poderosos, dominaban a nivel celular. La joven poseía la energía y carácter para lidiar con el temperamento del híbrido.

Recordó que al igual que su hijo, hubo un tiempo en que su orgullo, casi lo aleja de la única mujer que nació para él, Bulma. En ese entonces, por primera vez en su vida, dejó a ese sentimiento que lo caracterizaba, siguiendo los consejos de uno nuevo que surgía dentro de él. Y nunca se arrepintió de ello.

Ahora era el turno de su primogénito, pero intentar convencerlo no era una opción viable, quería hablar primero con ella, tenía una corazonada y raras veces se equivocaba cuando de su familia se trataba.

-Vengo a hablar con tu nieta- respondió, con la mirada puesta en la joven, -¿tienes unos minutos?- le preguntó a Pan.

Al verla asentir con la cabeza, Goku entendió que estaba de sobra en esa charla, por lo que se despidió alegremente, como siempre, con el pretexto de que ya era hora de comer, diciendo antes de elevarse, que le guardaría comida a su nieta, para cuando fuera a la casa.

En silencio, lo vieron perderse entre las montañas. Pan tragó saliva, supuso que la visita del príncipe, era para echarle en cara su desprecio por haberle mentido a su familia. Se equivocó, las razones eran otras, totalmente contrarias.

-El día que fuiste a pedirme un nombre para tu hija- comenzó a decirle, con voz firme, pero no áspera ni agresiva, -al tocar tu vientre tuve una regresión… experimenté de nuevo las sensaciones que me causaba tocar el vientre de Bulma, cuando Bra estaba en su interior. Lo más extraño, fue que el ki de tu cría me recordó a Trunks-. Caminó hasta quedar frente a ella, pudiendo percibir que su menudo cuerpo se estremecía al escuchar el nombre del híbrido. -En ese momento lo atribuí al hecho de que la cría poseía sangre de guerrera, por parte de Kakaroto. Pero ahora entiendo a qué se debió, era el ki de mi nieta.

-Siento mucho haberle mentido- agachó la cabeza, perdiéndose en las hojas dispersas del césped. -Nunca tuve intención de…

-¡Levanta la cabeza Pan!- exclamó con severidad. -Eres una saiyajin, la madre de mi nieta. No cualquier mujerzuela… nunca agaches la cabeza- finalizó bajando el tono de su voz.

Con gran impresión obedeció al príncipe, confundida, pareciéndole paternal el consejo del guerrero con fama de gruñón. Le sostuvo la mirada, temerosa en un principio, pues el hombre siempre intimidaba, pero después de unos segundos, no encontró hostilidad en los orbes azabaches que la observaban con insistencia.

-Dime una cosa- habló Vegeta. -¿Tu visita aquel día, tiene algo que ver con el hecho de que Trunks sea el padre de Arya?

La joven se relamió los labios, asintiendo con la cabeza, sin despegar su mirada de los profundos ojos negros del príncipe.

Vegeta sonrió levemente, lo sabía, siempre supo que había algo más que solo querer hacer honor a su origen saiyajin.

-Sentí la obligación de hacerlo, pues lleva sangre saiyajin por ambos padres, es más saiyajin que yo- respondió con cierta timidez.

-Es más saiyajin que ambos, tiene el carácter de guerrera- meneó la cabeza hacia los lados, en señal de negación, -aquel día me diste tu palabra de entrenarla.

En un reflejo, por su sentimiento de culpa, Pan quiso bajar la mirada de nuevo, pero resistió. -He tenido mucho trabajo, entre ser madre y trabajar…

-Porque tú así lo decidiste- la interrumpió, -no tienes necesidad de trabajar, no tienes por qué ser madre soltera. Si no tuviste tiempo, es porque tú misma lo quisiste.

La joven mordió ambas mejillas internas, el príncipe tenía razón, ella nunca tuvo la necesidad de trabajar, bien pudo haber vivido de la herencia de su abuelo Satán, pero ella no era así. La principal razón, por la que tuvo el tiempo limitado, fue por terca, por orgullosa.

-Trunks me dijo las estúpidas razones, por las que montaste todo ese teatro- sonrió de lado, mostrando una mueca socarrona, -típico de alguien que lleva sangre de Kakaroto.

-¡Oiga, no permitiré que ofenda a mi familia!- Exclamó ofendida, antes de lanzarse contra el guerrero, con un puño en alto, el cual fue interceptado al ser demasiado predecible, pero lo que el príncipe no sabía, era que la joven lo intuyó. Así que mientras el guerrero ponía toda su atención en el golpe dirigido hacia su cara, otro golpe dirigido a su abdomen se acercaba sigilosamente, logrando dar en el blanco, con la rodilla izquierda de la mujer.

Desde el pequeño cráter creado por su caída, el guerrero se impulsó hacia la joven, lanzándole diversos ataques de ki. Así estuvieron por algunos minutos, ambos en súper saiyajin, ella lanzando en cada golpe, toda la furia reprimida, él, esquivando y provocando que los ataques suban de intensidad, orillándola a dar todo de sí. Ayudándole a liberarse.

La vio jadear de cansancio, era notorio que arrastraba el agotamiento del entrenamiento previo. -¿Mejor?- Le preguntó, frenando sus ataques.

Fue entonces que la joven lo entendió, el príncipe no tuvo intenciones de ofenderla, solo la provocó para hacerla pelear de verdad, para que la tensión que reinaba en sus músculos la abandonara, logrando su objetivo. Se sintió relajada y con optimismo, cosa que no logró al combatir con su abuelo, pues el carácter amigable del saiyajin, no le provocaba enojo, ganas de lastimar o de causar dolor.

-Sí- respondió, sonriendo con amabilidad, -gracias-. Se dejó caer de rodillas, realmente cansada del encuentro, de inmediato, el príncipe le estaba haciendo compañía, sentándose a un metro de distancia.

-Creí que venía a reclamarme- se animó a decir lo que pensó al verlo llegar.

-Debería, pero me di cuenta que la culpa que consume, y no quiero que le transmitas a mi nieta toda esa vibra negativa- respondió apoyando sus brazos sobre sus rodillas, encorvándose con desenfado, tal y como lo hacía siempre que se encontraba cómodo con alguien de su familia.

-¿Cómo puede saberlo?- inquirió con timidez.

-Eres como Kakaroto- la vio parpadear confundida, entonces se adelantó para aclarar. -Tienden a mostrar demasiado sus emociones- se relamió los labios y aspiró profundo. -Aquel día que fuiste a buscarme, supe de inmediato que algo te perturbaba, que algo ocultabas, pero no logré interpretar tu mirada. Supuse que tenías problemas con el padre de la cría, o de otra índole, pero nunca imaginé que ocultabas algo que tuviese que ver con mi hijo. Pero ahora que lo sé, eres como un libro abierto para mí.

Pan lo observó atenta en cada palabra. El padre del hombre que amaba, siempre le pareció un distante misterio, casi como sacado de un cuento de ficción. Ni siquiera su abuelo, quien provenía del mismo planeta, le resultaba tan enigmático.

-De verdad lo siento- murmuró amurrando los labios, como una niña cuando recibe un regaño.

-¿Amas a Trunks?- No supo por qué soltó esa pregunta, pues para él, era evidente que sí. Tal vez porque cabía la mínima posibilidad de que la joven solo tuviera atracción hacia su vástago. Pero sus dudas se disiparon cuando ella afirmó meneando la cabeza, con una triste sonrisa cargada de melancolía.

-Dale tiempo- le aconsejó, -en este momento es muy susceptible, tiene sus razones para desconfiar- dijo mientras observaba los colores cálidos que brillaban sobre la montaña en donde comenzaba a esconderse el sol. Luego, retorno su vista hacia la joven, que no dejaba de observarle con atención. -Tú no eres la primera en mentirle.

-Él me contó lo de Mai- dijo, con los ojos comenzando a enrojecer, -nunca me va a perdonar…- apenas alcanzó a pronunciar, debido a que su voz se cortó en la última palabra.

-Entonces lo entiendes- lo escuchó responder, de nuevo con un tono de voz paternal, algo completamente contrario a lo que supuso sería la vez que lo volviera a ver. Sintió que podía desahogarse sin recibir ofensas y malos tratos.

-Lo perdí… lo perdí para siempre- llevó las manos a su cara, cubriéndose mientras sollozaba.

La joven se estremecía, al parecer intentaba contener el llanto, al menos controlarlo.

-Llora si te hace bien, pero después levántate más fuerte.

Las palabras del guerrero le hicieron reaccionar. Era sumamente extraño estar así con él, hablando de problemas personales, como si fuese un familiar, escuchando sus consejos, atento a lo que ella estuviera dispuesta a hablar, y no a reprocharle, a escupirle en la cara. Después de todo, era el esposo de Bulma, la maravillosa mujer que la escuchó sin presionarla unos días antes, la que aceptó sus disculpas y la perdonó sin más, cobijándola en sus maternales brazos, pidiéndole que no abandonara su puesto en la empresa, haciendo hincapié en lo mucho que la necesitaba y quería.

-Cuídelo mucho- musitó, -Trunks tiene un hábito que temo lo pueda meter en problemas- se animó a decir, lo que no se atrevió con Bulma.

Las cejas del príncipe se arquearon hacia arriba, sorprendido por la revelación.

-¿Acaso te confesó?...- no terminó la frase, cuando ya estaba leyendo el los bellos orbes azabaches la respuesta. Como una reacción instantánea, abrió la boca sorprendido. -No imaginé que lo supieras.

Otra leve sonrisa melancólica apareció en el rostro de la mujer, pasando a otra de preocupación. -Cuídelo por favor, temo que vuelva a…

-¿Por qué no lo cuidas tú?

-Porque no quiere verme- se encogió de hombros apretando los labios, resignada. -Llevo toda una semana intentando hablar con él, pero no regresa ninguna de mis llamadas- bufó burlándose de su propia mala suerte, -inclusive movió su oficina. Me quiere lejos de él y no me queda otra opción, que hacerme a un lado.

-Como dije… dale tiempo. Estoy seguro de que no todo está acabado entre ustedes.

Pan no pudo evitar sentir su pecho llenarse de esperanza. El príncipe de los saiyajines le estaba dando esperanzas, lo que jamás visualizó en ningún sueño.

Si el padre del híbrido le decía eso con tanta seguridad, debía ser por algo. De pronto, el panorama ya no le parecía tan sombrío, mientras albergara esperanzas, cabía la posibilidad de recuperar al hombre que amaba. Lo intentaría, estaba dispuesta a luchar por tener su perdón, por tener otra oportunidad para demostrarle que lo amaba, para refugiarse en sus fuertes brazos y aspirar su olor varonil que tanto le gustaba.

Sonrió al príncipe, pero esta vez, con un brillo renovado en sus ojos.

Un mes se puede ir volando, cuando se es feliz. Pero para el híbrido, los días que transcurrieron resultaron ser pesados y agonizantes, a excepción de los momentos que compartió con su amada hija. Mes y medio sin ver a Pan, sin olerla ni besarla, sin dejar de pensar en ella.

Tal vez por eso se encontraba ahí, acudiendo puntual como solía hacerlo. Caminó inseguro de continuar, la puerta se encontraba a un par de metros frente a él, pero su conciencia le gritaba que se regresara y no volviera jamás, que no debería estar ahí.

"No tengo por qué tener dudas, no vengo con otras intenciones que no sea despejar la mente con una charla"

Pensó, pero eso no eliminó la sensación de pesadez en su estómago, sentía que traicionaba sus propios sentimientos. Tenía la sensación de que su corazón jalaba con fuerza las correas de su sentido común, pero él era igual o más terco que su padre, no permitiría que los sentimientos lo manipulasen. Después de todo, era el hijo del príncipe de la raza guerrera, para la cual, el orgullo estaba antes que los deseos.

Respiró hondo, dando los últimos tres pasos de la escalinata del pórtico, antes de tocar el timbre sin titubear. Aun no estaba seguro del porqué acudía a esa la cita, sentía curiosidad, pero ese no era motivo suficiente, sospechaba que la mujer planeaba seducirlo, no sería la primera en hacerlo y, tenía motivos para creerlo. Por eso mismo no entendía, el por qué decidió seguirle el juego, tal vez solo buscaba un motivo para despejar su mente, pensar en otra cosa que no sea ella.

La puerta se abrió, revelando la imagen de la mujer, alegre por la visita del empresario.

-Pasa- se hizo a un lado, sin poder ocultar la emoción de tenerlo en su casa, después de años de soñar con él.

-No tengo los lujos a los que debes estar acostumbrado, pero preparé unos bocadillos de lujo- dijo intentando en vano, ocultar su nerviosismo.

-Gracias, pero no te hubieras molestado- la siguió por el pasillo hasta llegar a la sala, en donde ya estaba la mesita de centro, dispuesta con una charola llena de canapés de carnes frías con queso. El jamón se veía y olía a que era de buena calidad, señal de que la mujer se había esforzado para agasajarlo, ¿cómo no? Después de intentar en más de tres ocasiones que aceptara la invitación.

-¿Gustas?- le mostró una botella de vino.

Briefs asintió sin mucho ánimo, sentándose en el sofá que se encontraba frente a donde la mujer se había sentado a servir las copas. Pero para su pesar, al terminar de verter el líquido en las copas, se levantó para sentaste junto a él, ofreciéndole una, más llena de lo que las normas de etiqueta lo marcaban. De hecho, era muy notorio que la mujer se esforzaba en parecer de un estatus más alto del que pertenecía, algo a lo que estaba acostumbrado a ver al conocer nuevas personas. No entendía ese énfasis de aparentar, como si tuviera algo de malo tener menos poder adquisitivo.

De pronto, la imagen de Pan vino a su memoria; siempre tenía que surgir algo que se la recordase. Pan, una mujer que contrario a los demás, hacía uso nulo del gran capital que su abuelo Satán había dispuesto para ella, inclusive trabaja sin tener la necesidad de hacerlo y vivía en una pequeña casa que solo poseía tres habitaciones, la extra para cuando la visitaran sus padres. Ni siquiera poseía una piscina y estaba muy lejos de representar el estatus que poseía. Pero Pan era así, genuinamente sencilla, única en su tipo.

Sacudió la cabeza, como si en ese movimiento le dispersaran sus pensamientos sobre la madre de su hija.

-¿Y bien?- saboreó un pequeño sorbo, encontrándolo agradable, no era su favorito, pero no estaba mal. -Aquí estoy, ¿qué es eso de suma importancia que no podías decir por teléfono?

La vio beber, para luego cerrar los ojos pensativa, parecía que disfrutaba del sabor de la bebida fermentada, pero en realidad, por dentro era un manojo de nervios, se preparaba para tomar valor, para soltar aquello que había decidido confesarle. Levantó una ceja de modo coqueto y lo escupió.

-Me gustas Trunks, me gustas desde que era una jovencita- logró mantener la pose de mujer segura, cuando por dentro temblaba. Nunca se sintió tan insegura, inclusive antes de arreglar lo que le molestaba de su anatomía, pero el empresario no era cualquier muchacho común y corriente, lo más probable era que ya había probado con todo tipo de bellas mujeres y no estaba tan errada. Respiró hondo tranquilizándose, tenerlo a solas con ella ya era un gran avance, si pudo fijarse en Pan, que según Omaru, era demasiado pasiva en la cama, bien podría impresionarlo con sus dotes amatorias, al igual que lo hizo con su ex novio, el que prefirió su fogosidad, que la ternura de la nieta de Satán.

Lo observó meditar, entrecerrar la mirada, como si estuviera analizando sus opciones, inclusive dejó de prestarle atención al contenido en su copa. Tenía algo en su mirada que le fascinaba desde siempre; fuego, ese hombre destilaba pasión por donde lo viera, definitivamente era un hombre a la medida de ella, no de Pan. Trunks Briefs necesitaba a una mujer apasionada, con sangre caliente en las venas y a ella le hervía con solo verlo.

Bajó levemente la vista, salivando al observar los bien definidos músculos debajo de la playera en color gris oscuro, mucho mejor que cuando vestía traje y eso que inclusive con saco, le sacaba suspiros a cualquiera. Desde la primera vez que vio su imagen plasmada en una revista, en donde anunciaban el nombramiento del nuevo director de la corporación cápsula, algunos años atrás, cuando ella era una jovencita despertando a su sexualidad tempranamente, justo en ese momento, el heredero se convirtió en su fantasía, con el que imaginaba tener un encuentro en las primeras ocasiones que exploró su cuerpo, como lo hacían otras jovencitas, pero con algún cantante juvenil de moda.

No era la primera vez que el empresario escuchaba una declaración de esa índole, era algo de lo que ya estaba acostumbrado. Lo realmente extraordinario, fue que él se le declarara a Pan.

"De nuevo ella"

Bufó inconscientemente, de nuevo otra situación que se la recordaba, ya comenzaba a dudar sobre su salud mental. Ninguna mujer con las que llegó a tener intimidad, ocupó demasiado tiempo su mente, inclusive Mai, pensó en ella cuando no estaban juntos y después de terminar su extraño noviazgo, pero con Pan, todo tenía que ser al extremo; besar sus labios lo hizo sentirse un adolescente ilusionado, tomar su cuerpo menudo, pero a la vez mucho más resistente que todas las mujeres que se tiró juntas, le brindó un placer que empobrecía todo lo vivido anteriormente. Amaba eso de ella, que no fuera una más que lo adulara por ser el heredero, que intentara a toda costa impresionarlo, ya sea fingiendo ser interesante o con una sesión de sexo, en donde ellas terminaban agotadas y satisfechas, en cambio él, con la sensación de que faltaba algo, algo que nunca faltó con la híbrida, ¿y cómo no? Si poseían la misma naturaleza. Estaba jodido, lo sabía, pero no claudicaría, bajo ninguna excusa, no existía motivo alguno para volver a verla, en cuanto a su hija, ya tenía todo planeado para evitar cruzar palabra alguna con la joven.

"Tengo que sacarla de mi cabeza"

Pudo distinguir la ansiedad en el rostro de la mujer frente a él, todo su lenguaje corporal delataba que moría por estar debajo de sus fuertes brazos. Bebió un sorbo más, analizando sus posibilidades, llegando a la conclusión de que no tenía nada que perder, al contrario, le urgía despejar su mente y una revolcada le ayudaría a coleccionar nuevas experiencias, para opacar las recientes, lo cual sabía que era imposible.

-¿Cómo es eso posible?- preguntó entrecerrando la mirada. -No me conocías hasta hace unas pocas semanas- decidió seguirle el juego, con un tono seductor.

-Todo el mundo te conoce- le sonrió con más confianza. -Pero debo decirte, que eres más guapo en persona- involuntariamente se mordió el labio inferior.

-¿Tú crees?- fingió demencia, resultándole divertido el coqueteo.

-¿Cómo es posible que lo dudes?- se levantó para sentarse a un lado del empresario, acercando su copa, haciendo un ademan de brindis. -Es un placer tenerte aquí, agradezco mucho que atendieras mi llamada- le cerró un ojo.

Briefs frunció ligeramente el ceño, recordando un detalle que estaba pasando por alto. -¿Y Omaru?- decidió preguntar, al percibir que el ambiente se tornaba más atrevido.

-No lo sé. Recuerda lo que te dije por teléfono… él quiere una vida monótona, y yo no estoy dispuesta a sacrificar mi belleza por un sueño ajeno.

-Entonces, ¿es verdad que terminaron definitivamente?- inquirió dudando.

-Sí- titubeó al responder, no porque mentía, más bien temía que le preguntara más sobre su rompimiento, no quería ensombrecer el momento, hablando del que fue su pareja por poco más de tres años.

Pero en vez de encontrarse con incomodidad, lo vio relajarse, recargándose en el sofá, apoyando el brazo derecho en los almohadones detrás de ella, como si quisiera abrazarla. Entonces comprendió que él tampoco quería abordar ese tema, le creía y era lo que necesitaba para dar el siguiente paso.

Transcurrió una hora, en la que la charla se volvió amena, hablaron un poco de la empresa, de la experiencia al ser figura pública, de lugares a los que solían ir a divertirse y de cualquier otra trivialidad. Los bocadillos se fueron consumiendo durante el transcurso de ese tiempo, hasta quedar solo unos cuantos dispersos en la bandeja, la botella de vino se encontraba en iguales condiciones, a punto de terminar.

El alcohol comenzaba a manifestarse en la mujer, brindándole la valentía que le faltaba para avanzar en su plan. Total que no tenía nada que perder y mucho que ganar.

Se arrojó hacia los labios del guerrero, sin importar que su copa cayera al piso, quedando hecha pedazos. Tenía razones de sobra para intuir que sería recibida con ardor, no se equivocó. Lo dedujo, después de perder la cuenta de todas las veces en que le cerró un ojo o sonrió coquetamente y él, en cada una de esas ocasiones le sonrió de una manera diferente a las anteriores, inclusive lo descubrió rozando con sutileza, la piel desnuda de su hombro derecho, felicitándose mentalmente por haber escogido ese vestido sin tirantes.

La acción de la mujer, no lo tomó desprevenido, no le fue difícil intuir la verdadera razón por la que fue citado, inclusive desde que lo llamó, invitándolo con el argumento de que necesitaba agradecerle por abrirle los ojos, por lograr que tomara valor para dejar una relación que ya la estaba asfixiando.

El beso se fue intensificando, llevando señales placenteras hacia su cerebro, queriendo probar más. De inmediato colocó su copa sobre la mesa, para en un hábil movimiento, subir a la mujer a horcajadas sobre sus piernas, lo que fue bien recibido por ella, abrazándose a su ancha espalda, enterrando débilmente las uñas y abriendo más las piernas, hasta lograr que sus intimidades, solo quedaran separadas por las diminutas bragas de ella y el pantalón de él.

La pasión no tardó en subir y con ella la osadía. Mirely comenzó a menearse como si estuviera montándolo con suavidad, terminando de despertar el aprisionado miembro del híbrido, lo que no pasó desapercibido para la joven, brindándole una deliciosa caricia en su intimidad, la cual se humedecía con rapidez.

Si así era con solo rozarse, ¿cómo sería tenerlo desnudo?

Decidió avanzar, bajando la parte frontal de su vestido, regalándole a los ojos masculinos, la vista de sus pechos desnudos, los que le causaban orgullo, pues había invertido sus primeros ahorros en dejarlos redondos y llenos, tal y como le gustaba a los hombres.

-¿Te puedo quitar la playera?- se mordió el labio inferior, -quiero conocerte desnudo.

Sin palabras asintió, levantando los brazos, dejándola deslizar la tela por su piel caliente.

Las fotografías de las revistas no le hacían justicia al híbrido, cada rincón de su anatomía era perfección pura, parecía que alguna deidad caprichosa, lo había tallado a mano con el fin de despertar la libido en quien pusiera sus ojos en él. Se moría por ver el resto, principalmente la zona más íntima del hombre.

Reanudaron los besos por unos pocos minutos, mientras ella delineaba cada músculo con sus dedos, disfrutando de cada segundo, después de todo, era su sueño y se estaba haciendo realidad. Qué miserable era la vida, Pan tuvo el privilegio de gozarlo desde mucho antes, inclusive de quedar embarazada de él y de engatusarlo con sus artimañas, cuando en el pasado, solía insistir en que era un hombre más en el mundo, engreído y sin gracia. Terminó por convencerse de que su ex amiga se encargó de que nunca coincidieran, porque temía que el empresario pusiera sus ojos en ella, así como Omaru los puso en su momento.

Decidida, bajó su mano derecha, desabrochando el botón, sorprendiéndose de que Briefs interrumpiera el beso para ayudarla a liberar su hombría, bajando solo lo necesario su pantalón y calzoncillos, dejando libre esa sensible extensión de su cuerpo, irguiéndose firme con orgullo. Mirely relamió sus labios, lo tenía excitado, tenía realmente excitado al director general de la corporación cápsula, lo que elevó su ego a niveles estratosféricos.

-Tócalo- le ordenó con voz grave, que lejos de escucharse agresiva, le pareció demasiado sugerente.

No tardó ni un segundo en rodearlo con su mano derecha, comenzando a masajearlo con destreza, aliviando en algo, la necesidad dolorosa de sexo. Ahora fue el turno de Trunks, de arrojarse a los labios femeninos, masajeando con ambas manos, los senos que se le ofrecían, hasta que Mirely habló.

-Yo puedo hacer que la olvides- gimió masturbándolo, -tengo experiencia haciendo que ella quede en el pasado.

Como un destello, la imagen de la híbrida llorando en la habitación del tiempo, le pegó con fuerza a Trunks, despertando una alarma en su cerebro.

-¡¿Qué?!- detuvo sus manos y sus labios.

Por el contrario, la mujer continuaba en el delicioso trance sensual, ajena a los pensamientos del confuso hombre que tenía debajo.

-Ya la olvidarás… es desabrida y boba- le dio un leve mordisco al mentón masculino, comenzando a bajar hacia su palpitante objetivo, mientras Trunks cerraba los ojos, viendo de nuevo a la híbrida frente a él, transportándose al momento en que ella le decía lo doloroso que fue recibir dos estocadas, la más dolorosa, por medio de la que consideraba una hermana.

-Ella te quería como una hermana- escupió sin pensar.

Unos besos más y se detuvo en el pezón izquierdo del híbrido, lamiéndolo brevemente, pero no causó ninguna reacción placentera en él, no lo notó.

-Eso fue cuando era niña, cuando la amistad es más importante- le sonrió con cinismo, -llegando a cierta edad, hay que luchar para alcanzar los objetivos, ¿no crees?

El semblante relajado del empresario se ensombreció, ¿qué estaba a punto de hacer? Una punzada en el pecho le advirtió que no debía hacerlo, al menos no con ella. Sintió asco de sí mismo, solo por el hecho de haberlo deseado.

Sin decir palabra alguna se levantó, lanzando sin gentileza a la mujer hacia el sillón. Guardó su miembro que ya comenzaba a bajar y tomó su playera, mientras era observado por la confundida mujer, que por un instante creyó que jugaba, pero no.

-No debí venir- clavó su intensa mirada en los orbes femeninos, causándole un cosquilleo entre las piernas, intensificando la lujuria por él. Debía ser claro, si quería que no lo buscara más. -No eres del tipo de mujeres que me gusta, fue un error haber venido… me disculpo- intentó sonar cortés, no dejaba de ser una dama, tendenciosa y manipuladora, pero una dama al fin.

Se colocó la playera de nuevo y caminó hacia la puerta principal, siendo detenido por ambas manos de Mirely, sujetándolo por un brazo, pero eso no impidió que continuara caminando sin problema alguno, con ella a rastras.

-¿Qué pasa Trunks? ¿Es una broma?- se engañó con la esperanza de que así fuera. Pero el empresario abrió la puerta y sacudió su brazo, logrando liberarse de ella.

Antes de emprender el vuelo la observó, aun con el vestido bajado, sin importar su desnudez parcial.

-Me repugnan las mujeres venenosas como tú. Pan me engañó, pero aun así es muy superior y no me rebajaré a borrar su esencia con una de tercera clase.

-Pero… pero solo jugaba- fingió una sonrisa que se borró de inmediato al verlo fruncir el ceño.

-Por cierto, Pan no está operada como tú, su belleza es natural- escupió con sorna antes de elevarse y perderse entre los edificios.

Mirely subió el vestido con discreción, no había tomado en cuenta que se encontraba semi desnuda al salir de su casa, por fortuna para ella, ninguno de sus vecinos se encontraba a la vista, tal vez por la hora, recién se ponía el sol en ciudad Satán, la mayoría de las personas descansaban en sus casas, después de una ardua jornada laboral.

Pasaron quince minutos aproximadamente y nada, el empresario no regresó, por lo que la mujer entró a su casa para llamarle en al menos seis ocasiones, en ninguna le contestó la llamada. Finalmente, se dejó caer al sillón derrotada, con la vista perdida en la copa casi vacía, de la que estuvo bebiendo el híbrido.

-Soy una idiota- bufó con frustración. Pero eso no se quedaría así, debía probar a ese ejemplar masculino, de solo imaginarlo sobre ella, regresó el intenso cosquilleo en su intimidad. Mordió su labio inferior recordando el breve momento en que lo tuvo domado, cuando descubrió que en persona, superaba por mucho a las fotografías de las que solía admirarlo.

Podía vislumbrar las luces nocturnas de la capital del oeste, se encontraba fastidiado y ya quería llegar a su casa, tomar un baño y dormir. Después del fiasco que resultó la cita, estuvo volando sin rumbo fijo a velocidad baja, evitando llamar la atención con su ki, no tenía los ánimos para lidiar con su padre o cualquier otro guerrero que quisiera llegar a ver qué le sucedía. Solo quería pensar.

Se arrepintió de caer, de haber sucumbido ante las garras de esa bruja. Su conciencia lo hacía sentir sucio, a pesar de no haberlo consumido, al mismo tiempo que su ira le justificaba, le decía que estaba bien sentir deseo por otra mujer, que diera vuelta a la página.

De cualquier manera, no lo haría con Mirely, no con la causante del pasado sufrimiento de la madre de su hija. Sí, era por eso que no podía revolcarse con esa mujer, por respeto a su hija, ese fue el pobre pretexto que encontró para no reconocer que le dolía herir a Pan, aunque ella no se llegara a enterar, no era lo correcto.

Apuró el vuelo hasta llegar a su casa, entrando como siempre cuando volaba, por el ventanal de su terraza personal, el que siempre mantenía sin seguro, después de todo, las bardas contaban con tecnología de su empresa, que evitaba la intromisión de cualquier ladrón.

La boca seca lo hizo caminar hacia la cocina, necesitaba beber agua de la nevera, antes de tomar un baño. Se debatía entre relajarse en la tina con burbujas, o ducharse con rapidez y ver algo en el televisor para pensar en otra cosa que no fuera ella, estaba por decidirse por la ducha, cuando se congeló frente a la imagen de la joven, en medio del camino que conectaba las escaleras con las cocina.

-Hola Trunks, espero no importunar- lo saludó casual, como si todo fuera como antes.

De manera instantánea, su corazón latió desbordado, dándole la sensación de que le saldría por la garganta. Como un reflejo defensivo, tensó su mandíbula y arrugó más su ceño, adoptando una postura hostil, al igual que lo haría un animalito arrinconado y lastimado.

-Veo que cambiaste la decoración- la aterciopelada voz femenina se hizo escuchar de nuevo, pero ahora con un tono melancólico.

-Se ve mejor así, ¿no crees?- la sequedad en su boca se intensificó, hasta el grado de no poder tragar saliva. Relamió sus labios y continuó su camino, pasando lo más alejado de la mujer, casi como si le quemara su cercanía.

No se detuvo a preguntarle el motivo de su visita, simplemente caminó hasta la cocina, consciente de que era seguido por ella, la causante de su tormento. Luego de beber casi un vaso completo de agua, volvió a relamer sus labios con intención de preguntar, pero ella le ganó.

-Imagino que quieres saber el motivo de mi visita- lo vio asentir en silencio, se veía molesto. Tal vez fue demasiado atrevimiento entrar sin su autorización, pero prefirió esperarlo en su casa, pues el hombre tenía su teléfono móvil apagado y no tenía la certeza de que le contestaría en caso contrario. Iba a continuar hablando, pero a pesar del metro y medio de distancia entre ellos, el olor a excitación del hombre, el cual conocía a la perfección, le pegó de lleno en la nariz.

Olfateó con discreción una vez más y de nuevo lo detectó, pero esta vez, mezclado con otro, un olor que le resultaba familiar, que le recordó su época de niñez y adolescencia. Malditos sentidos despiertos gracias a su transformación.

-¿Estuviste con Mirely?- lo vomitó sin pensar, mostrando indignación en cada palabra.

No deseaba lastimarla, era la razón principal por la que detuvo sus avances con su anfitriona en esa mal lograda cita. Deseaba lanzarse hacia ella, abrazarla y pedir su perdón por haber tenido la osadía de besar a otra.

"¿Cómo se atreve a reclamar?"

La voz de su versión oscura hizo eco en su cabeza, tomando el control total de su cuerpo.

-No besa nada mal- dijo con una sonrisa socarrona, pero por dentro, se maldijo.

La tierra se abrió a los pies de Pan, tragándola y escupiéndola de regreso, hecha jirones. No podía estar mintiendo, su olfato se lo corroboró de nuevo.

"Me lo merezco"

-Me alegra que te encuentres bien- respondió mostrando tranquilidad, a pesar de que tenía deseos de gritar.

-Ni te imaginas- extendió su sonrisa, mostrando los caninos con arrogancia. -Entenderás que quiero descansar, dejé mis energías en el sillón de tu amiga.

-Ohh… no sabía que acostumbrabas acostarte con la novia de otro.

La decepción en las perlas negras de la joven, casi lo hacen flaquear, odiaba ese sentimiento, odiaba ser el malo, pero más odiaba ser un estúpido enamorado.

-Terminaron. Eso festejábamos hace rato- no permitiría quedar como el patán que se come la carne de otro, cuando años atrás, criticó esa misma acción para consolarla en la habitación del tiempo. Podría ser muchas cosas, pero no, eso que suele criticar.

Pan entrecerró la mirada, percibiendo el olor a alcohol que había pasado por alto. Se los imaginó bebiendo, besándose, acariciándose desnudos, olvidándola en los brazos de otra, que ya en pasado se burló de ella. Por segunda vez la reemplazaban por la misma mujer, parecía una burla del destino, el karma por su engaño.

No tenía cara para reclamar, pero la indignación le nubló la mente.

-Lamento llegar así de improvisto…

-Temo que tendré que cerrar con llave de ahora en adelante- la interrumpió con la misma pose arrogante.

-Apagaste tu móvil- se adelantó en hablar, antes de escucharlo escupir más veneno.

"Lo había olvidado" Recordó que lo apagó porque lo estaban desquiciando las llamadas de Mirely. Entonces la cordura le regresó.

-¡¿Le pasó algo a mi hija?!

La preocupación dibujada en las facciones del guerrero la conmovieron, no cabía duda de que sería un excelente padre. Faltaba ver cómo reaccionaría al saber el motivo que la orilló a buscarlo. Tragó saliva con dificultad, temía llevarse otra decepción, no estaba en condiciones para eso.

-Arya está bien. Evelyn cuida de ella en este momento.

-¿Cómo es posible que la dejes con tus amigas para salir de noche?- no fue su intención sonar tan severo, pero ella no pensó lo mismo.

-Al menos salí para hablar contigo, no como tú, que vienes de revolcarte con una zorra- dio media vuelta con la intención de salir, dejando al híbrido con la boca entre abierta. Pero se detuvo después de unos cuantos pasos, regresándose hasta quedar frente a él.

-Vine a dejarte esto- sacó una hoja pequeña de la bolsa interna de su chamarra deportiva, le ofreció la hoja que el guerrero no rechazó, al contrario, sentía curiosidad.

No entendió la imagen impresa, era en su mayoría color negro, con unas manchas blancas y abajo estaba escrito lo que parecían ser datos numéricos, lo único que entendió, fue el nombre de la joven en la esquina inferior derecha.

-Es la primera fotografía del hermanito de Arya.

Briefs abrió la boca para hablar, pero no salió sonido alguno de sus labios, no terminaba de procesar la información. Pan se dio cuenta y agregó. -¿Recuerdas la última vez que me llevaste al mirador?

El híbrido le respondió asintiendo con la cabeza.

-Bien Trunks… esa noche tuvo consecuencias.


Más de 10,000 palabras, sí que me pasé en esta ocasión. No se acostumbren mucho, pues entre más largos sean, más tardo en actualizar.

Espero que les agradara este capítulo, la situación está tensa por el momento, tan solo han pasado casi dos meses desde que Trunks supo la verdad.

Una disculpa por la tardanza, con eso de que mi hija tiene clases virtuales y yo sigo teniendo trabajo en la oficina, se me duplicaron las obligaciones, la tarde de hoy ni siquiera jugué con ella para poder subir el capítulo. No desesperen, pues a veces sacrifico tiempo con ella para escribir y luego me siento mal.

Espero no tener muchas faltas de ortografía o frases raras, es muy largo y me da pereza revisar de nuevo, aun debo subir las tareas de mi pequeña.

Nos vemos, no olviden comentar.