Un pedazo de ti – Cap18

El día nublado ensombrecía la capital del oeste, ocasionando mal humor en algunos de sus habitantes, a lo que Mati le atribuyó, el terrible temperamento que su jefe se cargaba ese día, muy contrario a lo que solía ser la mayoría del tiempo.

Agregó una cucharada más de azúcar a la taza de café, la tercera que el empresario pedía esa mañana, cuando regularmente pedía solo una, en muy escasas ocasiones dos.

Se apuró en llevar la bebida caliente hacia la oficina del antiguo fundador de la corporación, aun sin encontrarle sentido, al escueto pretexto que el híbrido puso al mudar su oficina a ese lugar. Aunque ella tenía una teoría; su jefe y la señorita Son, terminaron la linda relación que tenían. No había otra explicación para justificar el cambio de edificio. Estaba casi segura de que no se quería encontrar con la bella joven de cabello negro.

Mientras caminaba hacia la oficina, pensaba en lo triste de la situación, ambos se veían realmente enamorados, siempre sonrientes y con la mirada juguetona. No como ahora, con la luz de sus expresivos orbes apagada. Suspiró acongojada, le dolía ver a su jefe en esas condiciones en las que llegó, ojeroso por primera vez en su vida, desganado y malacariento, casi como su temido padre.

Tocó la puerta con discreción y de inmediato lo escucho decir que podía pasar. Estaba pensativo frente al monitor de la computadora, fingía leer algo, pero era evidente que no. Pensaba en algo, podía apostar a que pensaba en la señorita Pan.

Trunks agradeció escuetamente a su secretaria por el favor, la vio colocar la taza en el escritorio y salir en silencio. Probablemente la intimidó con su actitud cortante, sintió culpa, pero su cabeza era un lío, no tenía ganas de disculparse por el momento.

Pasó la noche en vela pensando. Después de que Pan se marchara la noche anterior, simplemente se congeló por varios minutos, antes de tomar la hoja que reposaba sobre la mesa. La observó detenidamente, nunca antes había visto un ultrasonido, tardó en encontrarle sentido a la imagen y una vez que lo detectó, se perdió en la diminuta forma de su segundo hijo. Porque sentía que esta ocasión, ella no mentía. Aun así, con todo el dolor de su alma, estaba decidido a comprobarlo en cuanto se pudiera.

Toda la noche pensó en las decisiones que tendría que tomar, las que menos afectasen a su hija, y al nuevo bebé, en caso de comprobarse su paternidad. Tenía muy claro que debía permanecer lo más lejos de ella, pero a la vez, quería participar en todo el proceso del embarazo. Todo aquello, que se perdió de su hija.

Razón por la que se debatió entre lo que deseaba y lo que debía hacer. Le dolía la cabeza, sentía el equivalente a una resaca, aunque no recordaba haber tenido una resaca real, de hecho, nunca se había embriagado, gracias a la resistencia de su cuerpo.

Hubo una ocasión en la que sí llegó a marearse y sentir algunos malestares al día siguiente. La fatídica noche que descubrió haber sido usado por una vieja con un falso cuerpo de muchacha de su edad, su decepción fue tal, que se encerró en su cuarto a llorar y beber, de una botella que encontró en la barra de su abuelo. Tomó el licor con mayor porcentaje de alcohol, una gran botella, bebiendo directamente de ella, mientras borraba de su computadora personal, todas las fotografías que atesoraba de esa falsa mujer, la que ahora no podía asegurar conocer ni la mitad.

Esa noche se dedicó a sacar todo su dolor, mientras escuchaba una y otra vez, una triste canción que terminó aprendió de memoria. Se sintió el hombre más estúpido del universo, las señales estuvieron siempre ahí y las ignoró. Estaba renuente a volver a tolerar más mentiras. Al día siguiente, su cuerpo le pidió reposo, dedicándose a dormir con un leve dolor de cabeza, acompañado de un molesto mareo.

Pero ahora era un hombre responsable, con una hija, probablemente dos. Ya no podía darse el lujo de quedarse en su casa a dormir todo el día, cuando tenía varios pendientes qué atender.

Intentó poner atención al documento que revisaba en su computadora, leyéndolo por cuarta vez, con la visión borrosa. Talló sus ojos y bebió un gran sorbo de café, necesitaba despertar sus sentidos, por lo que decidió ir al baño y mojar su cara con agua fría. Mientras secaba su rostro, notó en el espejo sus grandes ojeras y la corta barba, que era más que notable al tener dos días sin afeitarse. Era un desastre y tenía una junta en una hora, estaba seguro que se quedaría dormido o terminaría diciendo estupideces frente a dos importantes socios.

No supo cuánto tiempo duró observando su reflejo frente al espejo, cuando su madre entró sin avisar, entonces salió a saludarla.

-Hola Trunks… ¡¿Pero qué te pasó?! ¡¿Te fuiste de parranda anoche?!- Chilló acercándose, al verlo con la cara demacrada y el flequillo mojado.

Trunks se tapó las orejas, ante la reacción del escandaloso saludo de su madre.

-Dime que no saliste a beber, o a…- le recriminó, trayendo a colación los malos hábitos que adquirió cuando terminó con aquella mujer mucho mayor que él.

-¿Cómo crees madre?- respondió indignado, sobándose la sien.

-¿Entonces? Porque no soy ninguna tonta-. Espetó colocando las manos en las caderas, como cuando solía regañarlo, siendo un crío.

El híbrido suspiró con resignación, su madre no era de las personas que se conformaban con una escueta explicación, mucho menos si le respondía de manera cortante, por lo que solo tenía una salida. Decir la verdad.

Sacó un papel del bolsillo interno de su saco, el mismo que le entregó Pan la noche anterior.

-Anoche Pan fue a mi casa, me llevó esto- le entregó la hoja. Observó a su madre analizarla por unos segundos, con el semblante confuso. -Es un ultrasonido.

-Sé lo que es. ¿Olvidas que soy madre de dos hijos?- Desvió por un segundo la mirada para verlo a los ojos, luego retornó su atención hacia el papel impreso en blanco y negro.

-Entenderás que no pude conciliar el sueño- se dejó caer en un pequeño sofá, -ni siquiera tuve estómago para poder tragar mi desayuno. Apenas he tomado café, casi tres tazas- señaló con la mirada a la taza que reposaba sobre el escritorio.

-No me digas que…- Bulma abrió la boca. Antes de pronunciar cualquier palabra, su hijo se adelantó.

-Ni siquiera lo pienses. Es por eso mismo que no pude dormir- talló su cabellera con frenesí. -Se supone que no quería volver a verla… por lo menos hasta… hasta que deje de sentir esto-. Finalizó apretando su camisa con la mano derecha, a la altura del corazón.

Conmovida, Bulma se agachó para acunar en sus manos, el rostro del hombre adulto que alguna vez cargó en sus brazos, mientras lo arrullaba para dormir.

-Bueno hijo- dijo cariñosamente, como cuando lo consolaba de niño. -Ya eres un adulto, sabes que hay consecuencias- levantó ambas cejas, sorprendida por la doble torpeza de su hijo, -¿acaso no te cuidaste a propósito? Al menos en ésta ocasión.

-No sé qué decir- abrazó a su madre para comenzar a sollozar en su hombro izquierdo. -En ese momento no pensé, no sabía que terminaríamos, yo simplemente… me comporté como un adolescente idiota- dijo con voz entrecortada.

Estuvieron así unos pocos minutos, en silencio, mientras Bulma le daba suaves palmaditas en la ancha espalda, del que alguna vez fue su bebé. Hasta que decidió que debía continuar con la charla.

-¿Qué piensas hacer?- preguntó sin separarse de él.

-No he podido poner en orden mis ideas- se separó de la mujer que le dio la vida, solo lo necesario para verla a los ojos, -lo que sí es seguro y perdóname por lo que diré, pero en cuanto se pueda, le haré una prueba de paternidad-. Vio a su madre con intenciones de querer hablar, pero se le adelantó. -No esperes que confíe en ella de la noche a la mañana… a pesar de que me consta que podría ser mío.

-Trunks, hijo- levantó su mano derecha para acomodarle los cabellos rebeldes, -si me permites darte mi opinión, creo que exageras. Aunque te cueste admitirlo, hasta yo puedo ver que te ama, al menos ahora, y dudo mucho que te engañara con otro-. Comenzaba a preocuparle la amargura que tomaba el carácter alegre de su retoño. Ya en el pasado, tuvo problemas por la intensidad con la que tomaba sus problemas personales, en aquel tiempo lo atribuyó a la edad, pero ya no era un jovencito, no podía seguir engañándose, el híbrido tenía la misma terquedad de sus padres. Su cabeza dura no le permitía ver los grises, en su mundo de blanco y negro.

-Por favor madre, no intercedas por ella- rogó tocando su frente, haciendo una mueca de dolor.

-Necesitas dormir- se levantó, intentando levantarlo jalándolo de un brazo, pero sin éxito.

-Tengo la junta en una hora… o… ya no recuerdo a qué hora- pestañeó fastidiado.

-No permitiré que te presentes en esas condiciones, solo harás el ridículo- colocó las manos en las caderas, arrugando su entrecejo. -¡Te ordeno que te retires a la que fue tu habitación! Y no salgas hasta que hayas dormido como se debe.

Con un bufido de resignación, Trunks asintió sin poner resistencia. Odiaba tener que admitirlo, su madre tenía razón, solo haría el ridículo en la junta. Necesitaba poner en orden sus ideas.

La junta transcurrió sin ningún contratiempo. La ausencia del empresario no afectó en absoluto a que se lograra un acuerdo con los inversionistas, sobre el nuevo proyecto en el que Bulma se encontraba inmersa. Gracias a la colaboración de su mano derecha, pudo sortear con éxito, el mar de dudas que surgieron por parte de los férreos empresarios.

-Ya solo falta que la comunidad médica lo apruebe- opinó Pan, guardando su tableta personal, en un femenino maletín ejecutivo de color vino.

Bulma sonrió en silencio, recordando a la niña con corte de cabello masculino, que correteaba por todo el campo cuando tenía cinco años de edad. Instantáneamente, se transportó a una agradable tarde en la montaña Paoz, en donde todos se juntaron para realizarle una fiesta sorpresa a Gohan, organizada por Videl y Milk. Inclusive Picoro ayudó, alejando a su discípulo el tiempo suficiente, para así poder tener todo listo.

Durante el festejo, la pequeña híbrida se dedicó a jugar, realizando demostraciones de lo mucho que dominaba las artes marciales. Dejando a la científica sin habla, por todo lo que era capaz de hacer a su corta edad.

Ahora le parecía, que el tiempo pasaba en un pestañear. Aquella niña revoltosa, se había convertido en una bella mujer, que a pesar de fingir estabilidad emocional, no podía ocultar la tristeza que cargaba consigo.

-Has crecido mucho- dijo Bulma, con tono alegre.

Pan se limitó a responder con una amable sonrisa. Sin comprender del todo el significado de las palabras de la abuela de su hija,

-¿Sabes?- Bulma continuó hablando. -El embarazo te sienta bien.

Los movimientos de Pan se congelaron. Tragó saliva sin tener una respuesta, intuyendo que Trunks era el que le informó a su madre, sobre el nuevo bebé que venía en camino. Además, hasta el momento, nadie más tenía conocimiento de ello.

Era de esperarse, pues cuando Bulma le llamó en la mañana, para pedir de su ayuda en la junta, le aseguró que su primogénito no acudiría, debido a que se encontraba indispuesto. Renovando los celos en la híbrida, pues ella lo interpretó a su manera, atribuyendo el malestar del guerrero de ojos azules, a la parranda que se dio la noche anterior, con esa zorra vulgar que fue su amiga.

-Debería reclamarte- señaló Bulma, cambiando su alegre semblante, a uno severo. -Me hubiera gustado que tuvieras la confianza de decírmelo-. Fingió un mohín infantil. En realidad no se encontraba molesta, todo lo contrario.

-Ehh…- la joven parpadeó, -le pido me disculpe, pero creí más correcto, enterar primero a Trunks. Inclusive, ni siquiera lo sabe aún mi familia.

-¡Ven aquí!- Le respondió la científica, acercándose con los brazos abiertos para estrecharla. -Hiciste lo correcto- le susurró en la oreja, una vez que la abrazó. -Por tu culpa no pudo dormir mi hijo, en la mañana estaba hecho un desastre- agregó sonriendo, con mirada de complicidad.

Con una tímida sonrisa, la joven suspiró correspondiendo el abrazo.

-Lamento arruinar sus planes de nuevo- se animó a decir, -él ya estaba continuando con su vida. Supongo que ahora me odiará más- no pudo evitar hablar con la voz entrecortada. Lejos de encontrarse con reproches, la sintió dándole leves palmadas en la espalda, de manera maternal, antes de escucharla hablar con ternura.

-Mi hijo sufre tanto como tú, ¿por qué crees que pasó una pésima noche?- Rompió el abrazo para verla directo a los ojos.

Pan no contesto, no quiso decir en voz alta lo que pensaba. No quería involucrar a la científica en sus celos, los que consideraba, bien infundados.

"No me concierne a mí. Si Trunks tiene una nueva relación con Mirely, no soy yo quien debe dar la noticia. No sería correcto de mi parte"

Se mordió los labios, guardándose el dolor. Después de todo, desde su punto de vista, lo merecía.

La mujer de cabellos azules, le agitó por los hombros para levantarle el ánimo. -No quiero verte triste, le hace mal a mi nieto.

A pesar de que le mintió durante todo ese tiempo, en el que convivieron casi diario, desde el día en que la contrató, no podía sentir resentimiento hacia ella. No la justificaba, pero entendía que la juventud y falta de experiencia en la vida, jugaban un factor muy importante, a la hora de cometer errores. Además, la joven se había ganado su cariño, hasta el punto de considerarla una hija más.

-¿De verdad lo quiere?- inquirió acariciando su vientre plano.

-Debería golpearte por dudarlo- le reclamó, jalándole un negro mechón de cabello, que caía con gracia de su melena recogida en un chongo. -Es mi nieto… o nieta, me ofendes al dudarlo.

Apenada, Pan relamió sus labios. No quería tocar ese tema, pero la duda le carcomía. -Siento mucho ofenderla… es solo que…- no tuvo el valor para continuar, le apenaba o más bien, le aterraba confirmarlo.

-Si tienes algo que decir, solo dilo. Recuerda que prometiste no volver a guardarme secretos- le cerró un ojo.

Pan negó con la cabeza, Bulma era una segunda madre para ella, razón por la que le incomodaba mentirle, a pesar de que sus acciones contradecían sus deseos. -No recuerdo haber prometido, no guardar secretos- respondió sin poder evitar sonreír, -recuerdo que prometí, no volver a mentirle.

-¿Acaso me estás diciendo entrometida?- Reclamó con su clásica pose de manos en las caderas, con una sonrisa en los labios, haciendo notar que solo jugueteaba. No era tonta, sabía que algo perturbaba a Pan, podía percibirlo a través de esos bellos y expresivos ojos negros, que la híbrida poseía. Al no obtener respuesta, decidió hablar con seriedad. -Dime Pan. ¿Mi hijo te dijo algo anoche? ¿Algo negativo respecto al nuevo bebé?

De nuevo negó con la cabeza. Mordió sus mejillas internas antes de pronunciar cualquier palabra, recordando la mirada burlona del heredero, cuando ella descubrió que olía a esa mujer, la misma que le hizo daño en el pasado. Estaba convencida, de que el nuevo embarazo no fue una agradable noticia para Trunks, tenía grabada la mueca dura, en sus rasgos varoniles, al momento de recibir la noticia. -No hacen falta palabras para comprender que le molestó, somos un estorbo en su nueva vida- musitó.

-¿Qué fue lo que te dijo?

-Nada- se encogió de hombros. -No quise darle tiempo de hablar, con ver su cara tuve. Salí de inmediato de su casa, no quise voltear hacia atrás.

-Si no dijo nada, no pongas palabras en su boca- respondió mostrando indignación. Conocía de sobra a su hijo. Le constaba que sufría, así como también le constaba, que el híbrido amaba a su hija, y a cualquier otro que llegase a tener, principalmente, si la madre era Pan.

Como niña regañada, la joven madre se disponía a agachar la cabeza, pero recordó las palabras del príncipe, cuando le exigió no volver a hacerlo. Recobró el valor y el orgullo, con la convicción de no desmoronarse de nuevo, tenía dos importantes motivos para reinventarse, el tiempo de lamer sus heridas, debía culminar.

"Debo dar vuelta a la página"

Asintió mordiendo su labio inferior. Entendía a Bulma, probablemente ignoraba la reciente aventura de su hijo, ella no sería quien se lo diría, no le concernía. Además, no tenía idea del tipo de compromiso que su ahora ex novio, tenía con la que fue su mejor amiga.

-Disculpe Bulma. Es solo que no lo planeamos y, debido a nuestra situación… es complicado.

-Lo es, pero puedo asegurarte que será un bebé muy amado por todos.

Pan sonrió genuinamente, de eso estaba completamente segura.

Cerró la llave de la ducha y se quedó un par de minutos escuchando el goteo cesar. Desde que se mudó, no se había vuelto a bañar ahí, su antiguo baño, en su antigua habitación. Era como regresar el tiempo, tantos recuerdos en ese gran espacio que le asignó su madre cuando era un niño.

Caminó hacia la cama mientras secaba su cabello con una toalla. Volvió a colocarse los calzoncillos, que reposaban junto con el resto de la ropa sobre la colcha. Se encontraba pensativo, recordando escenas del pasado, recuerdos que le sacaron una nostálgica sonrisa.

Se vio a sí mismo, de casi quince años, despojándose de la playera frente a su primera novia, sonriendo triunfante al reconocer, el deseo en los ojos rasgados, de la que creía una joven al igual que él. El recuerdo continuaba intacto a pesar de los años, ¿cómo no?, si fue su primera vez, ese tipo de experiencias no se olvidan nunca. Tampoco olvidaba los sentimientos, la manera en que su corazón se rompió al escuchar aquella plática, en donde confirmó lo que Goten comentó con inocencia en una ocasión; el motivo por el que ella aceptó ser su novia, cuando él era tan solo un niño. Aquella mujer le siguió el juego por una simple razón; porque de esa manera dispondría de comida abundante y un techo donde dormir, para ella y sus amigos. El precio a pagar, fingir ser una niña atraída hacia él. Qué ingenuo fue, ¿cómo se iba a sentir atraída?, hacia un chiquillo al que le gustaba jugar como cualquiera de su edad, al que le gustaba recoger lombrices, para hacerle pesadas bromas a su padre, un inmaduro que eructaba ruidosamente junto con su mejor amigo, mientras ella se alejaba, con muecas de asco en su juvenil rostro. Muecas que cambiaron cuando él creció, cuando se desarrolló y su masa muscular creció, junto con todo lo demás. Fue entonces, que ya no huía más de él, al contrario, inclusive se volvió atrevida cuando comenzaron a besarse.

De nuevo llegó a su mente, el recuerdo de esa primera vez. Ambos desnudos sobre la cama, él sobre ella, muriéndose por embestirla con frenesí, pero conteniendo sus deseos para no dañarla, creyendo ingenuamente, que la joven carecía de experiencia previa. Él se empeñó en ser caballeroso, al creer que también era la primera vez de ella, no podía estar más equivocado.

Tal vez por eso dejó atrás el exceso de gentileza a la hora del sexo, se limitaba a saciarse, a menos que le pidieran detenerse. Pero no había ternura en sus toques, no había dulzura en sus besos, solo lujuria desbordada, lo que muchas amaban, pero era todo lo que podía entregarles. No volvió a ser condescendiente, no valía la pena si fingían una inocencia que carecían.

Su mala experiencia le hizo temer, creándole inseguridades que nunca antes tuvo. Al igual que su padre, después de su primera derrota en la tierra.

Con el tiempo, su inseguridad camuflada de narcicismo se volvió costumbre, hasta el día en que se topó con Pan. Después de tratarla, de añorar su sonrisa, olerla, escucharla, amarla. Fue que el viejo Trunks regresó, ese jovencito que creía en el amor, el que tenía sus sueños intactos, el que suspiraba y se sonrojaba, el que confiaba en su físico y se quitaba la camisa a propósito, seduciendo con ese simple acto. Con Pan volvió a ser dulce y cariñoso, inclusive más que con esa vieja mujer embustera, que lo embaucó en el pasado.

Al enamorarse de nuevo, tuvo la osadía de lanzarse al abismo con ojos cerrados, terminando por estrellarse de nuevo. Esa sería la última vez, no estaba dispuesto a volver a ser la burla de nadie.

Bufó lanzándose boca abajo sobre la cama, sin importarle que arrugaría su ropa, sobre la que estaba recostado. La siesta de casi ocho horas y el refrescante baño lograron despertarlo, pero aún mantenía cierto letargo que le pedía más cama. Se hacía tarde y no estaba dispuesto a seguir perdiendo el tiempo, el descansó le ayudó a llegar a una conclusión, debía buscarla.

Suspiró decidido a levantarse, cuando la puerta se abrió sin aviso.

-No cambias Bra- habló con la cara apoyada en su antebrazo, en dirección hacia el colchón.

-Tu hermana y yo no tenemos el mismo ki.

Escuchó la voz áspera de su padre, reaccionando de inmediato, girando la cabeza para verlo, de pie, en el umbral de la puerta, sonriendo burlesco.

-Pero veo que tienen los mismos hábitos- se reincorporó, quedando sentado. Con la vista apuntó hacia un sitio en la cama, invitando a su padre a tomar asiento.

Vegeta cerró la puerta y aceptó la invitación, sentándose con confianza, subiendo los pies que solo calzaban unas calcetas en azul oscuro, recargando su espalda en la cabecera.

-Felicidades- dijo entrecerrando la mirada. La noticia le había puesto de buen humor, presentía que su linaje sería basto y poderoso, eso le hinchaba de orgullo. Su familia crecía, esa parte emotiva que reposaba oculta para los demás, también se inflaba de una sensación tan fuerte como el orgullo, pero que a pesar de los años, no lograba descifrar, de cualquier manera, ya estaba familiarizado con ese cálido sentimiento, le gustaba disfrutarlo.

-Tsk…- el joven se encogió de hombros con resignación. -Supongo que al parecer no podré huir de ella-. Se giró para verlo de frente, apoyándose sobre su brazo derecho. -¿Mi madre te lo dijo?

-¿Quién más?- respondió divertido. -Pan no se lo ha dicho a nadie más, ni siquiera lo sabe su familia.

-¿Eso cómo lo sabes tú?

- Hace algunas horas, Pan acompañó a Bulma en una junta- apoyó sus manos detrás de la cabeza, acomodándose como cuando solía tener breves charlas con su hijo adolescente, charlas en las que a veces, solían ingerir algunas bebidas alcohólicas, a pesar de que Bulma se escandalizaba por la corta edad del muchacho, pero terminaba cediendo, al ver que ninguno de los dos tomaba demasiado y nunca se embriagaban, gracias a su fuerte sistema digestivo saiyajin.

Ambos tenían una buena relación, respetaban su naturaleza, admiraban su fortaleza y se entendían con todas las diferencias que pudieran tener.

-Estoy jodido- meneó su cabeza en señal de negación, haciendo que unas pocas gotas de agua, resbalasen desde sus lacios cabellos, hacia sus hombros desnudos.

-¿Jodido? ¿Por qué?- Fingió inocencia. -La nieta de Kakaroto te calienta la cabeza… y las hormonas- sonrió de lado.

Lo directo de las palabras de su padre, le llegaron a incomodar en el pasado, pero ya no era un jovencito. De cualquier manera, cualquier cosa que estuviera relacionada con la híbrida, le provocaba que sus intestinos se tensaran automáticamente.

-No te hagas el inocente- respondió, con ánimos de incomodarlo a él también. -¿Cuándo me dirás que fue eso que Bra vio cuando entró a tu habitación? No es justo que solo yo lo ignore, también soy parte de la familia- dijo haciendo un mohín infantil mal actuado.

Sonrió triunfante al ver los músculos de su padre tensarse, no estaba tan errado, al pensar que algo importante vio su hermana. Se preguntó si algún día lo sabría, porque estaba seguro de que no lo sería ese día.

-No me quieras cambiar el tema- bufó Vegeta, cruzando la pierna derecha sobre la izquierda. -Tu madre me dijo que pasaste mala noche, que estabas hecho un guiñapo en la mañana- escuchó un gruñido proveniente del estómago de su vástago, -y que no probaste bocado alguno, a excepción de café. Supongo que la noticia te cayó mal- le clavó la mirada fijamente, entrecerrando los ojos, queriendo leer lo que pensaba, a través del par de océanos azules que poseía.

Lo vio bajar la cabeza por unos cinco segundos, como si pensara cuidadosamente sus palabras, luego, al retornar sus ojos hacia él, pudo leer duda, miedo.

-¿A qué le temes Trunks?

El joven no respondió, apretó el ceño, temeroso de exponer sus sentimientos. Al igual que su padre, le incomodaba expresarlos.

-No quieres tropezar, ¿no es así? Caer y resultar más herido- afirmó, acertando en sus palabras.

Briefs asintió levemente con la cabeza.

-Te aseguro que en esta ocasión no sucederá…Pan no es como esa mujer.

Los ojos azules del híbrido se abrieron expresivos. -No sé de qué hablas- intentó escucharse esquivo, le avergonzaba su pasado tropiezo, ya tenía suficiente con el hecho de que supieran que fue engañado en el pasado, pero nunca se atrevió a confesar en qué sentido.

-Trunks- la voz de Vegeta se escuchó tranquila, pero firme, como cuando le daba algún consejo siendo más joven, cuando buscaba acercarse y mostrarse paternal, muy a su estilo. -¿Qué fue exactamente lo que sucedió con Mai? Porque temo que no se trató de un engaño de infidelidad- bajó sus brazos para cruzarlos sobre su pecho. -Nunca te lo dije porque respeto tu silencio, pero al parecer te afectó más de lo que imaginé. Quiero saberlo.

Con nerviosismo, Trunks se relamió los labios, sintiéndose expuesto y vulnerable. Tragó saliva pesadamente, mientras apretaba la colcha con la mano en la que se apoyaba.

"Creo que ya es hora de sacarlo, al menos ahora siento la necesidad de escupirlo"

Pensó, cansado de esa enorme loza que lo presionaba contra el piso. El tiempo de silencio se acercaba a su fin, al menos con su padre, por fin estaba preparado para revelarle aquello que lo marcó de manera tan profunda y dolorosa.

Se levantó de un brinco, caminando en círculos en un par de ocasiones, palmeando su cabeza con ambas manos, importándole una mierda que solo vestía sus calzoncillos ajustados, después de todo, ambos tenían lo mismo.

Los ojos curiosos del mayor lo siguieron, expectante a lo que el híbrido hacía. Era evidente que estaba por exponer algo importante, algo que escondió por alguna razón. Sintió más curiosidad.

Lo escuchó bufar ruidosamente, antes de detenerse frente a él.

-Padre…- apretó los labios antes de escupirlo. -Mai es más de cuarenta años mayor que yo- dijo sin pausas, tomando aire al terminar.

El príncipe entrecerró la mirada dudando. -¿Es una broma?- Inquirió entre risas bajas. -Es imposi…

Detuvo su oración al ver el rostro del joven de cabellos lilas. -Mierda, ¿es verdad? ¿Pero cómo?- Pensó en voz alta, aun dudando.

Trunks tomó asiento de nuevo, en la esquina más próxima a los pies de su padre, luego suspiró profundamente, antes de comenzar su relato.

-Ella y sus dos amigos lograron juntar las esferas del dragón, al parecer robaron un radar de mi madre- meneó la cabeza mientras torcía los labios en una mueca de fastidio. -Gracias a Shen Long, volvieron a ser jóvenes… demasiado jóvenes, para la verdadera edad que poseían.

Con la boca abierta, el saiyajin de raza pura, procesó la información por unos segundos.

-¿Quieres decir que esas sabandijas nos vieron la cara por años?- Se irguió indignado, encontrando la respuesta en la mirada de su hijo. -¿Por qué no me lo dijiste antes?

Le dolió haber sido dejado de lado, cuando su primogénito pasaba por un trago muy amargo. Estaba más que claro, que ese evento le afectó más de lo que aparentaba. Ahora entendía las razones por las que el joven explotó en su momento. Siempre le pareció demasiado extraño, que sus primitivos instintos violentos, se despertasen solo con una infidelidad.

Lo comparó con Gohan en el pasado, cuando en el torneo de Cell, estalló en ira y disfrutó de torturar al androide, disfrutó de su dolor, su humillación. Era su esencia saiyajin, liberándose y cegándolo, tal como lo haría un ozaru. Luego de salir de ese trance, ya no volvió a experimentarlo, debido a su corazón excesivamente tranquilo. Igualmente Goten, hasta ahora no tenía motivos para estallar, probablemente jamás los tendría, pues al parecer, su vida era mucho más tranquila que la de Gohan, con menos presión de cualquier tipo.

Cerró los puños. Estuvo cegado todo ese tiempo, su hijo sufrió más de lo que aparentó, despertó sus demonios internos, encontrando en ellos, alivio a su dolor y humillación.

-No tuve el valor- confesó el híbrido. -Me sentí humillado… usado- desvió la mirada, era algo que aún le avergonzaba.

-Entiendo- dijo el príncipe, con voz profunda. -El engaño al que siempre te referiste, no fue una infidelidad.

-Que yo sepa no, al menos de eso no me consta. Aunque no lo descarto- agachó la cabeza, perdiéndose en las puntas de los dedos de sus pies. -Yo tenía catorce…- tragó saliva pesadamente, -la primera vez que… que me acosté con ella en esta misma cama- apretó la colcha antes de murmurar, -la besé infinidad de veces, quería casarme con ella, me sentía afortunado de haber encontrado a mi alma gemela a tan temprana edad… no pude estar más equivocado- suspiró levantando la vista, mostrando su sentir por primera vez a su padre. -¿Te das cuenta papá? Yo construí una relación perfecta en mi mente, una relación basada en una mentita, una relación falsa que se desmoronó, cuando supe que la persona a quien le entregué momentos tan personales, no era quien yo creí, ni siquiera sabía a quién le había abierto las puertas de mi casa, de mi alma-. Hizo una pausa para respirar calmadamente. -Tal vez te parezca exagerado, debido a que soy hombre. Pero el sentimiento de abuso se apoderó de mí, me sentí avergonzado por haber sido usado, porque ella me siguió el juego en un principio, gracias a que aquí conseguía buena comida y un techo con lujos; en fin, una vida cómoda, que no logró tener por cuenta propia, en sus décadas de existencia.

-¿Te lo dijo ella?- Inquirió desde su posición, donde lo escuchaba atento.

Briefs asintió levemente con la cabeza. -Cuando la encaré, la hice confesar. El enano azul la convenció de seguirme el juego de ser mi novia, aunque realmente le aceptó la sugerencia, después de saber cómo sería yo de adulto, gracias a que conoció a mi yo del futuro. Entonces fue que le agradó la idea de ser mi novia. Después, al crecer, realmente sintió atracción hacia mí, pero al no encontrar la personalidad de mi yo del futuro, decidió esperar a que madurara, para dejar de comportarme como un niño, y ser el hombre que ella esperaba. Razón por la que fingió inocencia, para seducirme y moldearme a su manera, en la cama, donde sabía que mi falta de experiencia, era un factor importante para caer rendido y ser manejado a su antojo, mientras ella disfrutaba de robar mi inocencia. Porque fue un robo, al yo creer que ella era otra persona-. Tomó aire antes de continuar, agradeciendo que su padre escuchara en silencio. -De niña, solía sonrojarse, e inclusive llegó a lanzarme uno que otro manotazo cuando le tomaba la mano, yo creí que era por pudor, pero no, era porque no le gustaban los niños, ella era una mujer y sentía repugnancia al ser tocada de manera romántica por un niño. Pero cuando crecí de golpe, cambió mi voz y mis músculos se desarrollaron, entonces fue ella quien comenzó a buscar mi mano, a lanzarme indirectas, a seducirme como una prostituta que busca asegurar su futuro-. Finalizó siseando indignado.

A fin lo había sacado, lo que tanto ocultó a sus padres, su vergüenza. La razón de su inseguridad sobre su persona todos estos años, por la que siempre decía, que las mujeres lo buscaban solo por ser el heredero de una inmensa fortuna, la razón por la que derramó sangre, al no poder controlar el coraje que sentía hacia sí mismo, hacía la gentileza que tuvo en su infancia. Por eso se volvió arrogante y cretino por algún tiempo, estaba creando un muro entre él y los demás, para no volver a ser utilizado. Hasta que llegó Pan y derribó ese muro.

-No solo te usó a ti- fue el turno de hablar del príncipe. -Bulma y yo también fuimos timados, y no olvidemos a tu homónimo del futuro… aunque sus circunstancias fueron diferentes. No puedo asegurar que me desagrade por completo la Mai de esa época, de algo sirvió para ayudarlo. Pero la mocosa embustera de esta época- meneó la cabeza de lado a lado, acercándose a su hijo, dándole un par de palmadas en el hombro izquierdo. -La de esta época, más le vale no volver a pararse por aquí.

-No lo ha hecho y no lo hará, le quedó muy claro que mi yo del futuro y yo, no tenemos por qué cargar con el mismo destino. Si él se quedó con ella en su época, en caso de que así fuera, es su problema. Lo que es injusto, pues tengo entendido que él sufrió mucho- estiró el brazo derecho para abrazar a su padre por el hombro, esbozando una escueta sonrisa, sintiéndose más ligero y aliviado. -Pero yo no he pasado lo mismo que él, no estoy dispuesto a conformarme con la primera que se cruce en mi camino, al menos ya no.

Estuvieron en silencio por algunos minutos, Vegeta quería abordar el otro tema. Ya que estaba claro el pasado, era hora de ver hacia el futuro.

Carraspeó sin tener idea de cómo tocar el tema, después de una confesión tan profunda, su hijo debía estar más susceptible, de lo que estaba cuando entró a la habitación.

-Suéltalo ya papá-. Habló Trunks, conocía lo suficiente al príncipe, como para vaticinar el verdadero motivo de su visita.

En vista de que el joven estaba dispuesto a continuar hablando de un tema, del cual aún sangraba la herida, no dejaría escapar la oportunidad de preguntarle y de ser posible, de aconsejarle.

-Supongo que ya tienes claro lo que harás, respecto a tu nuevo hijo y a Pan, ¿no es así?- Regresó a donde se había sentado al llegar, con los brazos cruzados sobre su pecho, sin dejar de observar al hombre, en el que se había convertido aquel bebé, que usaba un gorrito con orejas.

De nuevo, las puntas de los dedos de los pies de Trunks, fueron la cosa más interesante por ver. Tenía claro lo que debía hacer, solo que no estaba seguro de que fuera lo mejor para su salud mental. Suspiró largo, para luego retornar su mirada hacia el saiyajin de cabellos negros.

El sol tenía aproximadamente una hora de haberse ocultado por el horizonte, en casa de Pan, madre e hija cantaban desenfadadas una canción infantil, mientras terminaba la hora del baño. El agua estaba por irse completamente por el drenaje, cuando la híbrida de ojos negros, decidió que ya era hora de salir de la tina. Estiró un brazo afuera de la cortina, para alcanzar una toalla que reposaba colgada en la pared, pero la toalla no estaba en su lugar, supuso que se encontraba tirada en el piso.

Con fastidio abrió las cortinas, sin otra opción que salir escurriendo agua por el piso, al no poder secarse en la tina.

-¿Necesitas esto?

Trunks se encontraba frente a la tina, ofreciéndole la toalla. Haciendo un esfuerzo sobrehumano, para no recorrer su piel desnuda con los ojos.

Antes de poder articular palabra, Arya exclamó con furor.

-¡PAPI! ¡Ven papi, ven!- Lo invitó a entrar a la tina, agitando ambas manitas a lo alto de su cabeza.

La efusiva reacción de la pequeña, logró arrancarle una gran sonrisa al semblante serio del empresario, quien divertido le contestó. -Acabo de tomar un baño hace rato, pero- le cerró un ojo a su hija, -no sería mala idea-. Soltó la toalla sobre el borde de la tina para comenzar a desabotonar su camisa, fingiendo que pretendía entrar a jugar. Pero la joven madre intervino, levantándose mientras cubría su desnudez, con la tela de algodón. Para la suerte del guerrero, pues verla sin nada encima, solo entorpecía sus planes.

-¡Ya terminó la hora del baño!- Pan salió con prisa, derrapando en el escalón. De no ser por los fuetes brazos del saiyajin, hubiese terminado aterrizando de nalgas en el piso.

-Cuidado Pan, puede ser peligroso- dijo Briefs, sujetándola de manera sobreprotectora. Al darse cuenta de la situación, la soltó con cuidado de no dejarla caer, deseando haberla estrechado por más tiempo. Se mordió los labios en silencio, observándola tomar una toalla rosa con coronitas amarillas impresas, uno de los regalos de su abuela Bulma, cuando la pequeña cumplió dos años.

-Ven cariño- dijo la joven a su hija, quien se dejó envolver en la suave tela de fino algodón, resignada a que ya no habría más hora del baño, también porque ya no quedaba más agua para continuar jugando, solo un cuantas gotas que resbalaban hacia el drenaje.

Con la niña en brazos, se dirigió hacia la habitación, no sin antes, lanzarle una mirada cargada de recriminación al híbrido, haciendo que borrara la tonta sonrisa que sostenía, al ver a su hija bostezar cansada, mientras se acurrucaba en el hombro de su madre.

En silencio las siguió, pero en vez de permanecer con ellas, caminó hacia el umbral de la puerta. -Esperaré en la sala de estar- no terminó de salir, cuando Arya le habló.

-No papi… ven- volvió a estirar sus manitas hacia su padre.

El corazón se le derretía al hijo del príncipe, cada vez que escuchaba a su hija llamarle de esa forma tan cariñosa. Simplemente no podía salir corriendo en dirección contraria, que era lo que su mente le dictaba en ese preciso momento, huir de Pan semidesnuda. No deseaba tener 'esa' plática, con ella en esas condiciones, en las que él se encontraba en clara desventaja.

Lo pensó por unos segundos, grabándose en su memoria, la imagen de Pan meneando la cabeza en señal de negación. Estaba más que claro, que esa no era el tipo de interacción que debía tener con ellas, no eran una familia feliz, eran una pareja separada, la cual ni siquiera había estado realmente unida.

La tensión podía olerse, se necesitaría ser muy inocente como para no percibirlo, como era el caso de Arya.

-¡Ven papi!- Se soltó de los brazos de Pan y saltó hacia la cama, lanzando la toalla que la envolvía, comenzando a dar alegres saltos sobre el colchón.

-No amor- su madre le dijo, intentando tomarla de un brazo para comenzar a vestirla. Pero la pequeña, como la ágil híbrida que era, logró escabullirse dando manotazos mientras reía a todo pulmón, haciendo que con esa acción, se soltara la toalla de su madre, sacándole un breve grito al tiempo que lograba detenerla, antes de revelar más de su piel. -¡No hagas eso!- Le reprendió sujetando la toalla sobre su pecho, antes de dirigir la mirada hacia Briefs, quien embelesado, presenciaba la escena en silencio.

De inmediato captó el mensaje, asintió con la cabeza y siguió su camino, maldiciendo lo obvio de su descuido.

"Idiota" Apuró sus pasos, profiriendo maldiciones en contra de sí mismo.

"No me puedo dar el lujo de volver a caer, no debo permitirle burlarse de mí… otra vez"

Unos pocos minutos pasaron, antes de ver a la pequeña correr hacia él, vestida con una graciosa pijama de gatitos.

-¡PAPI!- Gritó, lanzándose a los brazos abiertos del híbrido, balbuceando una frase que Trunks no logró descifrar.

-Quiere que tú le cuentes un cuento antes de dormir- habló Pan, al ver la mueca de confusión en el rostro del hombre.

-Bien- dijo Trunks, poniéndose de pie con Arya en brazos. -Si es lo que mi princesa quiere- la elevó tan alto como sus brazos podían, regresándola después a su regazo, -que así sea-. Dirigió la vista hacia Pan para preguntar. -¿Puedo pasar a su habitación?

-Como si me hubieses pedido permiso, para entrar a mi casa y a mi baño- respondió con un tono cargado de reproche.

Briefs sonrió con cinismo, mostrando sus impecables dientes. -Ya estamos a mano.

Pan lo vio dirigirse hacia la habitación de su hija, meciéndola, sonriendo genuinamente, como respuesta a los alegres gestos de la pequeña. Estaba claro que sería un excelente padre, pero, faltaba ver si también lo sería para el que venía en camino, ¿también para él o ella tendría el corazón abierto? Probablemente sí, pero las circunstancias actuales le sembraban dudas mal infundadas.

Suspiró recargándose en el sofá, llevando instintivamente, ambas manos hacia su vientre. Podía sentir el diminuto ki dentro de ella, igual que sucedió con su hija, probablemente tendría las mismas energías. ¿Y cómo no?, si poseía la sangre de dos poderosos guerreros saiyajines, el príncipe Vegeta y el amable Goku.

Cerró los ojos esperando, con el corazón desbordado. Todo el día no supo más de él, más allá de lo que Bulma le contó, ni una pista de lo que pensaba, ni siquiera su madre lo sabía. No lo quería demostrar, pero la ansiedad comenzaba a apoderarse de ella. Finalmente, después de una agonizante espera, lo escuchó acercarse, con pasos firmes, demasiado para su gusto. Tragó saliva disimulando, con intenciones de hablar, pero él se adelantó.

-Se ha dormido- se acomodó en un sillón individual frente a ella, el más lejano que encontró. -Ahora podemos hablar.

La nieta de Goku se irguió en su lugar, tenía que dejar un asunto saldado, antes de tocar el tema principal. Sentía que ya no había más por rescatar, después de creer que el guerrero se revolcaba con la zorra que antes fue su amiga. No se mostraría vulnerable ni le volvería a rogar.

-Antes que nada, te voy a pedir que me devuelvas las llaves que te confié hace meses. Ya no somos nada, no tienes derecho a entrar como si fuera tu casa- espetó mostrando hostilidad. Lo vio tomar aire, antes de escucharlo responder lo que suponía, se le adelantó. -Sé que yo hice lo mismo ayer, pero fue por razones de suma importancia. Te negabas a verme y no respondías mis llamadas, debía hablarte con urgencia… será la última vez que lo haga. La próxima, aunque sea una emergencia, no lo haré, mucho menos, si tienes compañía- desvió la mirada por un breve instante, no deseaba mostrarse celosa. -Ahora eres un hombre soltero y me queda claro que sería impropio de mi parte.

En un movimiento fugaz, Trunks sacó un par de llaves del bolsillo derecho de su pantalón de vestir, para luego depositarlas sobre la mesita de centro.

-Aquí tienes, de cualquier forma pensaba regresarlas- respondió a modo de reproche. Guardando en su memoria, la imagen de ella desnuda en la bañera, resignado a que sería la última postal de la geografía de su bello cuerpo. Encontrándola igualmente hermosa, con la pantalonera y playera sueltas, que eligió para hablar con él en ese momento, preguntándose si era el embarazo, o a qué se debía que su piel se viera más lozana y sus ojos más brillantes.

"Estoy jodido. Quiero alejarme, pero ahora debo estar más cerca que antes"

-Supongo que vienes a hablar sobre mi bebé…

-Nuestro- la interrumpió, tomándola por sorpresa. -A menos que no lleve mi sangre- entrecerró la mirada, poniendo toda su atención a los gestos de la mujer, esperando alguna señal de alarma. Pero lo que encontró, fue un ceño severo después de escucharlo, al parecer le indignaba su fría respuesta. Se encogió de hombros justificándose. -¿Quién sabe?, me podrías volver a mentir.

Molesta, tragó saliva antes de hablar con el mismo tono irónico que utilizó el guerrero. -Te consta que no estoy interesada en tu papel paternal.

-Me consta- se recargó, queriendo parecer desenfadado. No le gustaba la tensión que se comenzaba a fraguar en torno a ellos, pero no daría su brazo a torcer. Después de todo, el ofendido era él. -Pero también me consta que sueles refugiarte en los brazos de alguien más, después de un rompimiento- sonrió de medio lado, mostrándose arrogante.

No le agradaba dar golpes bajos a Pan, lo disfrutaba cuando se trataba de ganarle una discusión a cualquier otra persona, pero no a ella. Lastimarla, era como lastimarse a sí mismo.

-No eres la persona más indicada para reprochármelo, y menos, cuando fuiste quien salió beneficiado...- cruzó los brazos sobre su pecho. -Sin olvidar que ayer regresabas de revolcarte con… esa mujer-. Giró la cabeza hacia su hombro derecho por un par de segundos, antes de continuar enfrentando su gélida mirada, tan distinta a como estaba, cuando la sorprendió en la bañera. -Si viniste a faltarme el respeto, es mejor que te retires- tomó aire levantando un puño, -porque en la próxima ofensa, juro que soy capaz de volarte los dientes.

El antes ki tranquilo de la joven se tornó inestable, lo que podría despertar a la pequeña. No era el momento para una discusión, menos, cuando recién alcanzaba a percibir una tercera energía, proveniente del interior de Pan. A pesar de que la actitud furiosa de la joven le pareció en extremo estimulante, era preciso cortar con la hostilidad.

-Está bien- levantó ambas manos en son de paz. -El motivo de mi visita, es para hablar sobre tu embarazo.

Pan asintió en silencio, comenzando a regular su ki. -Si te busqué, no fue para exigirte nada. Solo quise hacer lo correcto, lo que debí haber hecho cuando supe de Arya-. Llevó la vista hacia un florero con flores artificiales, que curiosamente, algunas tenían el azul de los ojos que intentaba evitar.

-Pan.

Lo escucho nombrarla con otro tono, uno que le pareció conciliador.

-Quiero vivir todo eso que me perdí de Arya- suspiró, lamentándose al no controlar su emoción y escucharse casi como un ruego, desde su perspectiva. Desde la perspectiva de Pan, era casi como una orden.

-Entiendo- respondió sin ánimos. -Pero habías dejado claro que no querías verme y… cada mes hay revisión con el ginecólogo y…

-Quiero que me avises en cada cita que hagas- carraspeó, observando también las mismas flores que la joven miraba con insistencia. -Cualquier detalle, cualquier cosa… quiero vivirlo.

Al igual que ella, no se atrevió a levantar la cabeza, sentía que a través de sus ojos, se podía palpar cada sensación que lo invadía. Pretendía mantener su postura, inclusive, no se había tomado la molestia de desmentir el malentendido de la noche anterior, lo mejor era, que ella pensara que se acostó con otra.

El silencio se instaló por casi un minuto, el minuto más largo en la vida de ambos. Hasta que Pan tomó la iniciativa de hablar.

-No te preocupes, yo me encargaré de tenerte enterado a través de Bulma.

-No- se apuró en aclarar. -No tiene caso ya, eso de evitarte- se levantó para acercarse a ella, estirándole la mano derecha. -Ven- dijo, invitándola a ponerse de pie.

Extrañada por la acción del híbrido, aceptó tomando su mano, sintiendo un conocido escalofrío recorrerle, al sentir de nuevo su calor.

Briefs le estrechó la mano, esbozando una escueta sonrisa. -Quiero paz entre nosotros Pan, por el bien de nuestra hija y del que viene en camino. Quiero que nunca nos vean discutir, quiero que dejemos atrás nuestras diferencias, que podamos llevar la fiesta en paz.

Tenerlo así de cerca y a la vez tan lejano, era tortuoso. Su corazón le exigía abrazarlo, pero su razón le recordaba, el olor de otra mujer en la piel del guerrero la noche anterior. Además, él no estaba ahí para intentar regresar, su presencia se debía exclusivamente a sus hijos, no a ella.

Se mordió el labio inferior, logrando contener cualquier lágrima que osase aparecer.

-Entonces así se hará, yo personalmente me encargaré de avisarte-. Logró regresarle una cordial sonrisa, la cual solo pudo sostener por unos pocos segundos, para luego morder sus labios.

Transcurrió un mes, en el cual, tanto Pan como Trunks, cumplieron su promesa de llevar la fiesta en paz. El empresario continuó huyendo de la nieta de Satán lo más que podía, salvo exentas ocasiones, en las que le entregaba la niña al atardecer, después de un día en casa de la abuela Bulma.

La primera visita al ginecólogo, en compañía del padre de su hijo, fue una experiencia extraña para ambos híbridos. Llegaron por separado, Trunks quince minutos antes, debido a su impaciencia de padre primerizo. Durante la consulta actuaron como una pareja normal, interesados en cada detalle respecto al desarrollo del feto. Finalmente, al salir del consultorio, Briefs le acompañó al auto con Arya en brazos, la colocó en su asiento especial, le besó la frente y salió del auto despidiéndose con su mano, dedicándole su más amplia sonrisa a su hija, no sin antes recordarle a Pan, que debía conducir con cuidado, recibiendo como respuesta, una mueca irreverente, blanqueando los ojos.

La relación entre los híbridos se resumía a cordialidad, podían permanecer en el mismo lugar y fingir que eran amigos frente a terceros. Situaciones que fueron muy escasas en ese mes.

La parte exterior de la corporación se fue a llenando de automóviles. Uno a uno comenzaron a llegar los invitados del banquete que se llevaría a cabo, para celebrar un cumpleaños más de la científica. En una mesa, Trunks, Vegeta y Jaco, discutían sobre su versión de los resultados, de la misión en la que el híbrido participó, ganándose con su esfuerzo, el honor de solo ser requerido, cuando realmente se necesiten sus fuerzas. Ya que no estaba dispuesto a sacrificar su vida de terrícola, pero sí deseaba ayudar y tener batallas.

Entre los invitados que llegaban, Trunks alcanzó a ver a la familia de Goku arribar al festejo, se levantó al no ver a la joven y a su hija, buscándola sin éxito con la vista.

-Pan no viene- escuchó a su madre hablar detrás de él, tensando automáticamente los hombros.

-No la espero a ella- mintió, -espero a Arya- actuó como si buscara a la niña entre los brazos de los recién llegados. Sintiéndose más que estúpido por exponer su orgullo en público. Su inseguridad lo hacía creer que todos estaban pendientes de sus movimientos y que cualquier error, sería señalado y expuesto para humillarlo.

Únicamente sus padres pudieron percibir que mentía, pero ellos jamás lo expondrían, tal vez le darían un empujón, pero sería por su bien. Y esa noche, era la ocasión perfecta.

-Tampoco viene Arya.

El híbrido de ojos azules giró la cabeza hacia su madre, sin entender los motivos por los cuales no asistirían, ya que entre ellos, reinaba la cordialidad.

-Su amigo el chef las invitó a pasar la tarde en el parque- le comunicó. Disfrutando de comprobar su sospechas, al ver la reacción en la cara del empresario de cabellos lilas.

-Pero es tu cumpleaños. ¿Cómo puede ser tan irresponsable?

-Me llamó para disculparse y felicitarme. Le dije que no había problema, yo las veo seguido- meneó una mano restándole importancia, tomando una copa de la mesa, mientras le guiñaba un ojo al príncipe, quien sonrió con discreción, entendiendo las intenciones de su mujer.

-Aun así madre, está embarazada, no puede…- sacó su móvil con la intención de llamarle.

-Ni se te ocurra molestarla y hacerle alguna escena de celos- le advirtió. -Déjala divertirse como la mujer soltera que es.

Negando con la cabeza, intentó buscar cualquier pretexto para llamarle y exigirle romper la dichosa cita.

-No son celos y entiendo tu punto, pero mi hija no tiene cabida en su… cita.

Bulma se encogió de hombros. -Arya está mejor con ellos en este momento. Vino la hija de su amigo y tendrán una divertida tarde en el parque. Aquí solo hay adultos, sería aburrido para una niña.

Jaco y Vegeta observaron en silencio al híbrido tomar asiento, pensativo, con la mirada ensombrecida. Deseando volar hacia el mentado parque, obligarla a terminar su amistad con ese molesto sujeto. Pero su madre tenía razón, ella era una mujer libre, y el hecho de llevar en su vientre un hijo suyo, no la hacía su propiedad. Además, ¿con qué cara le reclamaría?, si él estuvo a punto de acostarse con Mirely y hasta ahorita, no había tenido la delicadeza de aclarar lo sucedido.

Sin ninguna opción por el momento, debía esperar, mientras le hervía la sangre, al imaginarla siendo besada por otro.


Fin del capítulo.

No olviden dejar su valioso comentario.

A veces me doy cuenta de que se me pasa abordar correctamente ciertos temas y quedan muchas dudas. Como el caso de Trunks y su instinto asesino, espero haberlo explicado como lo concibe mi mente.

Respecto al capítulo pasado, alguien comentó que estuvo mal el hecho de que Trunks tuviese deseos hacia otra mujer, osea, que tuviera una erección mientras amaba a Pan. Pero eso es algo normal, tendemos a romantizar demasiado las relaciones, pero en la realidad somos más viscerales, y el tener deseo no necesariamente va conectado al amor, inclusive se puede amar a una persona y desear a otra. Son sentimientos muy complejos y varía dependiendo de nuestro estado de ánimo. Y les confesaré algo, hace años tuve una decepción amorosa, y por despecho me fui a "consolar" a los brazos de otro chico que no me interesaba, solo fue un escape, es algo de lo que me avergüenzo, porque no fue tanto por deseo, fue por inseguridades y tonterías que uno hace siendo muy joven. Pero una cosa sí me queda muy claro, los errores son para crecer y madurar. Sin duda Trunks y Pan tienen que lidiar con eso y mejorar.

Les deseo mucha salud a todos y cuídense mucho. Nos leeremos prontito.