Un pedazo de ti – Cap20

Los platos se fueron vaciando con rapidez. Ambos híbridos hicieron honor a su origen saiyajin, devorando con entusiasmo todo el contenido en los recipientes.

-Moría de hambre-. La escuchó decir después de emitir un largo suspiro, muy al estilo de su abuelo paterno al saciar su apetito. Lo que le robó una media sonrisa que no pudo ocultar.

-¿Pasa algo?- Pan murmuró, acariciando su vientre con ternura.

Briefs negó con la cabeza. -Nada- respondió embobado con la estampa de la mujer embarazada, cargando un hijo de él. -Es solo que me recordaste al señor Goku.

La sonrisa de la joven se amplió, mostrando ese cálido gesto que Trunks extrañaba tanto ver. -Bueno… mi abuelito tiene el don de sacarle sonrisas hasta al mismo señor Picoro.

-No puedo debatir en contra de eso. Definitivamente, el señor Goku tiene dones muy singulares- respondió entre risas, las que fueron acompañadas de inmediato por las de Pan. Parecía tan lejana la última vez que llegaron a compartir una comida entre risas y honesta amabilidad.

-Uhh…- repentinamente, Pan se llevó las manos al vientre.

Trunks preguntó alarmado. -¡¿Pasa algo?!

La joven levantó la mirada para encontrarse con los ojos expresivos del empresario, mostrando preocupación.

-Nada- se apuró en aclarar. "¿Por qué tiene que ser tan intenso para todo?" Pensó esbozando una leve sonrisa, preguntándose si algún día se tomaría las cosas de manera más ligera, probablemente no. -Es solo que…- rio brevemente. -Se está moviendo, el bebé se mueve- se levantó para acercarse a él, quedando de pie frente a su rostro. -Tócalo- levantó la blusa rosa de chifón, mostrándole su vientre redondeado.

Dubitativo, Trunks relamió sus labios inconscientemente, levantando una mano sin atreverse a tocarla, meneando inquieto los dedos. Embelesado con la tersa piel que cubría a su segundo hijo.

Tenía poco tiempo desde que los movimientos del bebé comenzaron a intensificarse, a menudo estando sola, razón por la que le pareció el momento oportuno para hacerlo partícipe de la hermosa experiencia.

-Siente- le ayudó tomándole la mano, pegándola sobre su ombligo. Acción que les provocó una descarga eléctrica que lograron ocultar del otro.

-Es mágico… ¿verdad?- dijo Pan con emoción. El gesto en el rostro del guerrero no tenía precio, nunca antes lo había visto tan asombrado, ni siquiera cuando veía a su hijo por el ultrasonido. Comprendió la razón, al reconocer la mirada de niño entusiasmado en sus varoniles facciones, era la primera vez que lograba verlo moverse a través de la piel.

-¿No te duele?- Levantó la vista hacia ella, genuinamente preocupado.

Enternecida, Pan respondió negando con la cabeza. Sonriéndole con la misma emoción.

-Parece que en cualquier momento se va a salir- exageró Trunks, abriendo más los ojos de la impresión con una patadita, en donde pudo ver el vientre moverse por unos segundos. -¿En verdad eso es normal?- insistió, temiendo que su hijo pudiese lastimarla.

-Es normal- respondió con una dulce sonrisa. -Ahora que falta poco para su nacimiento, serán más continuos estos movimientos- sin pensarlo, llevo una mano a la mejilla izquierda del híbrido, dándole una tierna caricia, -pasó igual con Arya- retiró su mano con prisa, recordando la situación de ambos, sintiendo culpa por haberle negado esas irrepetibles experiencias. Tragó saliva, haciendo esfuerzo por retener las lágrimas. -Lo siento- musitó, aliviada por haber controlado las ganas de llorar. -Lo siento tanto, Trunks. Si pudiera regresar el tiempo yo…

No alcanzó a terminar su frase, cuando el hijo del príncipe ya se había puesto de pie, tomándola completamente desprevenida al momento de pegar sus labios con los de ella.

Por un minuto, el tiempo se detuvo para el par de híbridos, se olvidaron de rencores y culpas, se entregaron al improvisado beso, aun a pesar de que el pequeños saiyajin continuaba con su danza dentro de su madre.

Si fuese por Pan, el beso duraría toda la eternidad, lamentablemente todo tenía un fin, y el apasionado beso no fue la excepción. Briefs fue el primero en romper el mágico momento, alejándose solo lo suficiente para hablar.

-No sé qué me pasó…- apretó los ojos un par de segundos, meneando la cabeza hacia los lados en señal de negación. -Mejor dicho, sé bien lo que me pasó- se alejó un paso más, queriendo decir lo que sentía, sin embargo no se atrevió a decirle que lo deseaba desde hacía meses, que cuando se trataba de ella, le costaba trabajo resistirse a la tentación. Parpadeó confundido, ese beso había sido como agua fresca después de atravesar un desierto.

-Descuida… supongo que la emoción del momento nos afectó- respondió Pan, comprendiendo la postura del híbrido. Iba a continuar hablando, pero otra patada del bebé se hizo notar con fuerza, arrancándoles una gran sonrisa a ambos. -Es por él- apuntó a su vientre, -y por Arya que te invité. Quiero aclarar cualquier mal entendido. Quiero que disfruten de su padre y tú de ellos, sin ningún tipo de tensión de por medio.

-Ven- Briefs le estiró la mano, invitándola a sentarse de nuevo, fingiendo que le restaba importancia al beso. -No te lo dije, pero gracias… por el ramen- señaló con el dedo la pila de platos sucios. -En agradecimiento te ayudaré a lavarlos.

-De ninguna manera, eres mi invitado- declino agitando las manos.

-No permitiré que te tomes esa molestia en tu estado- insistió.

-El embarazo no es una enfermedad- respondió sonriendo. A veces le causaba gracia que el empresario lo tomara como algo delicado.

-Si no aceptas tendré que atarte- no se dejaría ganar en esa disputa. Sin darse cuenta, estaba comenzando a utilizar su tono seductor.

-Me pregunto con qué material podrías atarme. Recuerda que ya soy súper saiyajin- dijo con orgullo en las últimas palabras.

-Con mis manos- alzó un brazo, presumiendo sus músculos. -Soy más fuerte.

No pudieron evitar reír ante el tono que estaba adquiriendo la charla. Sin duda, era el momento propicio para abordar cierto tema que requería un ambiente más ameno.

La nieta del salvador del universo se puso de pie. -¿Quieres venir al jardín? No me gustaría platicar entre platos sucios- frunció su pequeña nariz.

El hombre asintió en silencio, caminando detrás de la mujer, pensando en lo bien que se sentía al estar en esas condiciones con ella. Sin tensiones.

A pesar de ser una casa chica, poseía un gran jardín que ocupaba el doble del terreno de la misma casa. La hija de Gohan lo había escogido así, para que su hija tuviera un amplio lugar donde pasar el tiempo. Con juegos infantiles, diversas flores para embellecer el lugar, también tenía planeado construir una casa en un árbol, proyecto que estaba en pausa debido a sus ocupaciones.

-Aquí es perfecto- opinó, deteniéndose al lado de la bella fuente que coronaba el lugar asignado para las flores de diversos colores, las cuales lucían espléndidas a pesar de que el sol casi se ocultaba por el horizonte. Se giró para verlo de frente, encontrándolo demasiado cerca, con la mirada fija en ella, tentándola a besarlo de nuevo, por lo que desvió la vista hacia la fuente para no terminar cayendo en su hechizo y siendo rechazada después.

El gusto exquisito de la mujer se encontraba presente en cada detalle del lugar, lo que le recordó la razón por la que acudió a su ayuda para decorar su casa. Ahora se arrepentía de la estúpida decisión de haber cambiado la decoración, sin duda fue un arranque desmesurado de hombre despechado. Sin duda, en esas semanas tomó pésimas decisiones, de las cuales ahora se arrepentía.

La vio pensativa, mordiéndose el labio inferior. Provocándolo sin proponérselo con cada gesto que hacía, inclusive el más inocente como sonreír escuetamente antes de comenzar a hablar.

-Antes que nada, quiero aclarar el asunto con Elder-. Lo vio arrugar el ceño con tan solo pronunciar el nombre de su amigo, junto con una extraña fluctuación en su ki. -Sé que no te agrada, creo que nunca te agradó.

-Es tu vida- se encogió de hombros, -si te gusta, estas en total libertad de…

-No me gusta- dijo con firmeza. -Nunca me ha gustado- agregó con molestia en sus palabras, cansada de ese mal entendido, que al parecer por el semblante del guerrero, a él también le causaba fastidio.

-Pan… no tiene caso, en verdad, si él y tú…

-¡¿Es que acaso no escuchaste lo que te dije por teléfono?!- Levantó la voz. -¡Él y yo nada! Nada. El hecho de que me guste su compañía no significa nada más. Y no lo compares con aquella vez que por despecho me acosté contigo en la habitación del tiempo…- aseveró levantando el dedo índice de su mano derecha. -A Omaru no lo amé ni la mitad de lo que te amo a ti- respiró profundo. -Hasta ahora no he querido quitarme tu olor ni tu sabor de mi boca- tragó saliva, sintiendo sus ojos humedecer. Sabía que probablemente se rebajaba con esa escena, pero sentía la obligación de disipar cualquier duda. -No creo ser capaz de querer borrarlos en mucho tiempo.

En silencio, Briefs la observó limpiar las delgadas líneas de lágrimas que comenzaron a resbalar por sus mejillas de porcelana. Le parecía hermosa con los ojos llorosos, pero también odiaba verla así.

-Yo los vi besarse frente a mí- musitó recordando aquella ocasión, afuera de la casa. No le quedaban dudas, se habían besado sin importarle su presencia. -La última vez que vine y él te acompañaba.

-¿Besarnos?- Inquirió Pan, levantando las cejas extrañada. Gesto que enfadó al híbrido, quien cruzando los brazos respondió con fastidio.

-Sí, besarse… él se acercó a besarte y tú no lo rechazaste- comenzaba a dudar el por qué se encontraba siguiéndole el juego.

-Aaah…- la joven recordó el bochornoso incidente. -¿fue por eso que volaste de pronto?... creíste que me había besado- supuso acertadamente.

-No creí haberlo visto. ¡Te besó enfrente de mí!- afirmó con seguridad.

-Trunks, no…- negó con la cabeza. -Me besó aquí- señaló su mejilla, cerca de la comisura de los labios, -tal vez muy cerca de los labios, pero fue accidental.

Hastiado de la ridícula situación, Briefs bufó restándole importancia. -No importa Pan, en verdad, si ustedes dos son novios o solo…

-¡Él y yo nada!- Exclamó ofendida. -Si te cité aquí, no fue para discutir- levantó la voz, viendo con tristeza que Trunks dejaba de lado su versión amable y coqueta, por la versión fría y hostil. El ambiente comenzaba a tornarse inhóspito, de continuar así, terminarían justo donde comenzaron. -Quiero dejar todo claro antes del nacimiento de nuestro segundo bebé. No quiero que toda esta mierda ensombrezca tu primera experiencia cuando nazca. No quiero que nuestros hijos perciban toda la mala vibra que nos rodea en este preciso momento…- llevó las manos a su vientre, encorvándose con un gesto de dolor. De inmediato, Trunks la tomó en sus brazos, sentándola en la primera banca que encontró, cerca del árbol que tenía destinado para hacer la casita de juegos para sus hijos.

-¿Qué pasó?- Preguntó preocupado, llevando instintivamente su mano derecha al bulto que envolvía a su pequeño, mientras que con el otro brazo la rodeó de manera protectora. -Pan- angustiado le habló.

Antes de responderle, Pan aspiró una larga bocanada de aire, seguida de una dulce sonrisa maternal. -Ya comprobamos que le gustarán las artes marciales.

-¿No crees que deberíamos ir al hospital?- Cuestionó preocupado, sin dar crédito a la tranquilidad con que lo tomaba la joven.

-Es normal, con Arya pasé por lo mis…- se detuvo, mordiendo sus labios involuntariamente, de nuevo presa de la culpa. -Perdón, Trunks. Todo esto es nuevo para ti y yo...- se abrazó a él, escondiendo su rostro en el cuello masculino del guerrero, con miedo de ser rechazada, lanzada lejos de él. Sin embargo, no sucedió lo que esperaba, todo lo contrario. Él la abrazó, la dejó respirar de su olor, calmar sus emociones entre su calor, hasta que la escuchó musitar que lo sentía, que lamentaba haberle negado la mágica experiencia de ver crecer a su primer bebé.

Cansado de luchar en contra de sus deseos, la presionó con suavidad, disfrutando como nunca antes de su cercanía, embelesado con el calor de su cuerpo, con el extraño placer que le producía consolarla, ser su protector.

-Pan- hizo una breve pausa antes de continuar con voz suave, -si pudieras regresar el tiempo, ¿qué harías?

Sin pensarlo dos veces, le respondió casi en un susurro. -Te buscaría, te diría que espero un hijo tuyo, que eres bienvenido si gustas conocerlo. Te enviaría todos los detalles del embarazo hasta el fin del mundo, si allí te encontraras en tu misión con la patrulla galáctica. Te haría partícipe de todo- finalizó apretando su abrazo, absorbiendo la mezcla de olores que se formaba al unirse la esencia del perfume que solía utilizar, con su olor natural.

Lo sintió respirar pausadamente, con el ki relajado, sin dejar de corresponderle el abrazo.

-Pan- dijo suspirando. -Quiero creerte- susurró sobre su cabeza, -de verdad lo deseo, es solo que… me cuesta trabajo- suspiró de nuevo, hastiado de tanta negatividad por parte suya. Un hijo más venía en camino, pareciéndole que ya era hora de quedar en paz. Al menos eso. Alejó un poco a la joven, solo para levantarle el rostro por la barbilla, con delicadeza. -Está bien, supongamos que hablas con sinceridad… digamos que… te creo- dijo, dándole el beneficio de la duda, no solo por cortesía. En realidad encontraba honesta la confesión de la híbrida, sin embargo, él se caracterizaba por tener la misma cabeza dura que sus padres.

-Gracias- medio sonrió, limpiando el par de gotas que humedecían sus ojos. -El embarazo me pone algo sensible- se excusó, sintiéndose avergonzada por mostrarse vulnerable, cuando se había propuesto no volver a exponer su fragilidad frente a él. -Aun a pesar de lo que dijiste, sobre que no importa mi supuesta relación con Elder, insisto. Él solo es mi amigo, y nunca le correspondería un beso, no soy del tipo de personas que ilusionan a quien no piensan corresponderle.

-Es un tipo agradable, tengo entendido- Briefs opinó sin mostrar emoción alguna.

-Tal vez- apretó los labios por unos segundos, trazando líneas imaginarias con sus dedos sobre el pecho del empresario. -Pero resulta que me enamoré de ti- se apartó hasta quedar en el otro extremo de la banca de jardín. -Estoy jodida- musitó apenas audible, con una sonrisa nostálgica. -Es el precio por mi egoísmo- se abrazó extrañando el calor y olor de Trunks.

Sintiendo que su pecho se liberaba de una gran carga, Briefs dijo. -Bien… entonces nunca fueron novios.

-Tampoco salimos, únicamente hemos sido buenos amigos- Pan agregó, siendo tajante en su declaración. -Lo digo porque no quiero mal entendidos, no quiero malas vibras ni discusiones sin motivos- una patada más del pequeño se hizo sentir, haciendo que de nuevo llevara sus manos al vientre, acariciándolo con ternura. -No pasa nada bebé- le susurró, como solía hacerlo cuando lo sentía moverse más de lo común.

Verla consolar a su hijo le conmovió, ella estaba desnudando sus sentimientos al decirle que lo amaba, aun a sabiendas de su rechazo. Estaba aclarando un mal entendido para quedar en paz con él, a pesar de lo rudo y grosero de su comportamiento. Tal vez le había mentido en algo de suma importancia, y ahora pagaba las consecuencias de sus actos, como ella misma lo admitía. Pero no solo ella cargaba con ese precio que estaba dispuesta a pagar, involuntariamente, sus hijos terminarían viéndose afectados. No podía permitirlo, además, no podía verla sufrir.

Recordó la plática que tuvo con su madre meses atrás, en la que hablaron sobre su padre, sobre su comportamiento cuando recién comenzó a vivir en la tierra, en sus desdenes y malas decisiones que ocasionaron las muertes de inocentes, incluyendo la de ella a manos de Majin Buu. Errores que ninguna persona en sus cabales perdonaría, sin embargo Bulma no solo perdonó, sino que las dejó atrás, gracias a que él, arrepentido de sus acciones, confesó sus sentimientos por primera vez, con altas probabilidades de ser rechazado. Bulma había traído a colación ese tema, haciendo una comparación entre Pan y Vegeta, recalcando que los errores de Pan, ensombrecían ante los cometidos por el príncipe, quien en realidad nunca tuvo un castigo ejemplar al nivel de sus crímenes, no obstante, eso no evitó que aprendiera, se arrepintiera y evolucionara. ¿Por qué Pan no lo haría? Si sus acciones se debieron a la inmadurez de su edad, no a malicia en su corazón, el cual era puro, para Bulma no había duda de ello.

Aquella charla con su madre le hizo pensar al respecto, pero su orgullo le impidió aceptar que tenía razón. Hasta ahora.

Cerró los ojos, decidido a seguir adelante sin rencores, sin malos entendidos.

-Pan- rompió el silencio, girando la cabeza en dirección hacia ella. -Yo también tengo algo que confesar- la vio retornar su triste mirada hacia él. -Aquel día- se relamió los labios. -Nunca tuve sexo con Mirely. Nunca tendría nada con ella… solo fue un error de hombre despechado que no se concretó- confesó, encontrando más gratificante la honestidad, que una hiriente farsa.

-Pero si olías a ella, olías a… ya sabes- balbuceó desviando la mirada hacia el cielo, en donde ya comenzaban a aparecer las primeras estrellas.

Lo escuchó ponerse de pie, dando pasos lentos sobre el césped, hasta quedar de cuclillas frente a ella, arqueando las cejas hacia arriba, no en un gesto burlón, como aquella noche. Pudo verlo a través de sus ojos, a pesar de la escasa luz solar que reinaba en el exterior.

-Te creo. Gracias por confesarlo- medio sonrió encogiéndose de hombros. -De cualquier manera eres un hombre libre, si ella te gusta estas en todo tu derecho.

-Ella no me gusta- levantó las manos, posándolas sobre el vientre redondeado frente a él. -Ya te dije que fue un error, es más… me desagrada. Es tan falsa como sus senos- una risa se le escapó con las últimas palabras, contagiando a Pan, quien no tardó en secundarlo.

-¿Te lo confesó?- inquirió negando con la cabeza, sin poder evitar reír ante la ocurrencia del guerrero.

-Mujer…- le dijo con espontaneidad, -los hombres siempre notamos esos detalles.

-Siempre le gustaste, eras su fantasía desde la primera vez que vio una fotografía tuya.

-Pues seguiré siéndolo, ni loco vuelvo a tomar una invitación suya- suspiró de alivió, libre del cargo de conciencia que le invadía por haberle mentido. Sonrió de nuevo al ser testigo de otra patadita por parte del futuro guerrero.

El ambiente antes tenso entre la pareja se disolvió, quedando paz entre ellos. Creyendo que con eso bastaría para seguir adelante, unidos solamente por el amor a sus hijos. Ya no volvieron a hablar de sus sentimientos, no deseaban abrir más las heridas, temiendo retroceder en lo que consideraron un gran avance. Quedar como amigos, sin rencores ni mentiras.

La naturaleza de sus genes saiyajines no dejaban de sorprenderle, se maravillaba de cada nuevo avance que tenía después de los entrenamientos. Le enorgullecía enormemente portar los genes de esa poderosa raza.

-¿De verdad no quieres acompañarnos al planeta del señor Bills?- Preguntó Goku, sobando su hombro derecho.

-Mi hijo está por nacer, quiero estar presente- respondió Trunks con el brillo de la ilusión plasmado en sus expresivos ojos.

-Pero para eso faltan casi dos meses, nosotros estaremos de regreso en mes y medio- insistió Goku.

Trunks meneó la cabeza sonriendo tontamente. -Lo sé, pero podría adelantarse- no podía ocultar la emoción que lo embargaba con el futuro acontecimiento.

El saiyajin de corazón puro iba a insistir de nuevo, sin embargo decidió respetar su decisión. -Ustedes son muy raros- se limitó a decir.

-El único raro aquí, eres tú, Kakaroto- el príncipe se unió a la plática, botando sus guantes recién atrofiados por el reciente encuentro. -¿Cuándo piensas llevarla a vivir contigo?- preguntó dirigiéndose hacia su hijo. -¿O acaso no te has aburrido de ese absurdo juego que se traen?

Trunks y Goku lo observaron sentarse con desenfado frente a ellos, ambos sin entender del todo lo dicho por el orgulloso saiyajin.

-¿Cuál juego?- inquirió el guerrero de cabellos lilas.

El príncipe chistó negando con una sonrisa burlona en sus duras facciones. -Ese ridículo juego de amigos, ¿a quién creen que engañan con toda esa propiedad al tratarse? Hasta Kakaroto puede darse cuenta de que arden en deseos el uno por el otro- soltó con descarada honestidad para su vástago.

Goku se limitó a guardar silencio, atento a cada gesto del guerrero menor. A pesar de ser de corazón noble, no era tan iluso como todos creían. Si no decía nada hasta el momento, se debía a que esperaba el momento indicado, ya que temía arruinarlo con su intervención, pues no era un tema que dominaba.

-¿Cuánto crees que pueda durar el teatro?- Volvió a preguntar Vegeta.

-No es ningún teatro, estaremos ligados el resto de nuestras vidas por nuestros hijos, es natural que llevemos la fiesta en paz- espetó con fastidio, levantándose con intenciones de huir de aquella incómoda plática, esperando tal vez algún reproche por parte de su padre, el cual nunca llegó, solo una penetrable mirada de desaprobación, increíblemente le pareció verla de igual manera en el otro guerrero de peinado alborotado. Dudó por unos pocos segundos antes de regresarse de nuevo hacia donde había estado sentado. Bufó rendido, dispuesto a escuchar a los mayores. -Lo acepto, esta situación me tiene cansado- mordió su labio inferior antes de continuar, -la quiero, la he perdonado, pero no me siento listo para volver a confiar- confesó cabizbajo, como niño que ha recibido una reprimenda.

Goku rascó su cabeza, sin comprender del todo el sentir del híbrido. -Yo he visto que se llevan bien, ya no discuten por todo.

-¿Por qué no puedes confiar en ella? Dudo mucho que vuelva a mentirte- cuestionó Vegeta, encontrando exagerada la desconfianza de su hijo.

-Ustedes dos son muy complicados- dijo Goku. -Sigo sin entender por qué Pan no te dijo que eras el padre de Arya, pero si me he dado cuenta de la manera en que le brillan los ojos cuando te menciona. Nunca antes había visto esa mirada en ella.

Trunks medio sonrió. -Es un tema que no quiero abordar- frotó sus ojos con su mano izquierda, cansado del entrenamiento recién terminado. -Me refiero a mis motivos para desconfiar, honestamente me da flojera pensar en algo que pasó hace mucho tiempo- dijo con la vista perdida en un agujero de su pantalón deportivo, dañado durante la contienda contra los dos guerreros más experimentados.

-¿Tiene algo que ver con Pan?- preguntó un curioso Vegeta.

-No papá- respondió meneando la cabeza en señal de negación, decidido a escapar hacia su casa. Comenzaba a incomodarle el rumbo que tomaba la charla, ya no le parecía tan buena la idea de escucharlos, si para eso tendría que exponerse, confesando la burla de la que fue objeto hace años por parte de su primera novia. -Me voy a dormir- se puso de pie, pensativo. Tenía sentimientos trabados, dudas, miedos y falta de valor para expresarlos. O más bien, su orgullo le prohibía aceptar que en efecto, estaba exagerando respecto a Pan.

-Trunks…- escuchó al bisabuelo de sus hijos hablar. Se giró para escucharlo, creyendo que solo se despediría. -El cumpleaños de Pan es en una semana- le dijo con su característica sonrisa bonachona.

-Lo sé, Mister Satán insiste en hacerle una llamativa fiesta- respondió Trunks.

-No creo que acepte. A Pan no le llama la atención ese tipo de cosas- opinó el abuelo de la joven. -A ella le gustan cosas como ver las estrellas- agregó, recordando que en una ocasión, su nieta le comentó que le gustaba ver el cielo estrellado por las noches, porque le recordaba a Trunks. Nunca le preguntó por qué, pero al parecer compartían un grato recuerdo observando las estrellas, lo intuía gracias al gesto de ensoñación en los rasgos de su nieta cuando le hizo dicho comentario. Y lo confirmó al ver el efímero destello en los ojos azules del híbrido. -Me encontraré en el planeta del señor Bills para su cumpleaños. Me harías un gran favor si le regalas algo lindo de mi parte- le sonrió, confiando en haber movido algo dentro del híbrido.

De ser otra la situación, Vegeta le hubiese reclamado que si quería comprar un regalo, lo hiciera él mismo. Sin embargo guardó silencio, pareciéndole que la petición del guerrero de clase baja, tenía la intención de propiciar el pretexto perfecto, para un acercamiento entre los híbridos.

-Sí, descuide. Veré si encuentro algo- fue lo único que se le ocurrió a Trunks, restándole importancia al asunto, solo en apariencia. Dentro de él, no podía dejar de relacionar la última noche que pasó en los brazos de la mujer, con su afición a mirar las estrellas, algo en lo que últimamente él tenía la costumbre de hacer en las noches de soledad.

Tenía años sin probar el sabor amargo de bebida barata fermentada, probablemente adulterada, lo más probable al encontrarse en uno de los bares de mala reputación en la ciudad. Pero contrario a sus refinados gustos, se encontraba cómodo en esos lugares cuando deseaba estar solo, sin la lambisconería de aquellos que lo reconocían en el mundo donde solía moverse. Sin embargo, en ese tugurio de mala muerte, era uno más, invisible, gracias en gran parte, al atuendo sencillo que vestía, y la pañoleta cubriendo su distintivo color de cabello.

Tomó aire y bebió el resto del contenido de un solo trago, haciendo antes, un breve ademán de brindis hacia su reflejo en el espejo del otro lado de la barra.

-Feliz cumpleaños- musitó, sintiendo de pronto la urgente necesidad de aire fresco.

Podrían pasar los años por la capital del oeste, pero la vida nocturna mantenía su característica algarabía, luces de colores, autos con música, uno que otro conflicto menor a la luz de las lámparas, y otros mucho más graves en la oscuridad. Él los conocía bien, tenía conocimiento de primera mano, del alcance de maldad que podía llegar a tener la raza terrícola, con acciones que harían sonrojar a su difunto abuelo paterno, gobernante de una de las razas más sanguinarias del universo.

Caminó alrededor de seis cuadras, pensando en la petición del saiyajin de corazón puro. Faltaba poco más de una hora para que diera la media noche, el cumpleaños de Pan estaba por terminar, tenía remordimiento por no haber ido a la comida que su familia le organizó, apenas se había tomado la molestia de llamarla para darle una escueta felicitación. Sentía que todo lo avanzado en las semanas pasadas, daba un revés con su actitud en las últimas horas. Y todo por celos.

Supo por su hermana, que el chef amigo de Pan, estaba invitado al festejo. Y a pesar de saber que entre ellos no existía otra relación que no fuese solo amistad, continuaba irritándole la presencia de él, que por cierto era más joven, casi cuatro años mayor que ella, encontrando que tal vez tendría más en común con la joven, y que sería cuestión de tiempo para que terminara conquistándola.

"Un regalo…"

Las palabras del abuelo de la joven retumbaban en su cabeza, creándole un sentimiento de culpa por no haber cumplido a su petición. Pudo haberlo hecho, comprar algo bonito y de hecho llegó a pensar en hacerlo, sin encontrar algo que le hiciera falta a la joven y que a su vez, no pareciera que le nacía del corazón. Esa fue la principal razón por la que se abstuvo de comprarle algo, cada objeto que le gustó para ella, parecía tener implícita la palabra amor. Desde el día en que limaron asperezas, intentó verla y tratarla como amiga, esperando que los demás no lograran ver sus verdaderos sentimientos. Sin embargó fracasó, ya que hasta el señor Goku lo llegó a notar.

Estaba por dar la vuelta en una esquina, cuando gracias a su refinado sentido del oído, escuchó dolorosos lamentos de un hombre. Sin pensarlo dos veces, corrió hacia donde provenían dichos sonidos que le parecieron de agonía, justo al dar la vuelta en un oscuro callejón, alcanzó a percibir a un hombre joven, golpeando con el puño en el rostro a otro de avanzada edad, quien juraba entre jadeos no tener más dinero con él.

Lo vio levantar de nuevo el puño, pero ya no le dio oportunidad de terminar con su tortura, deteniéndole el brazo en alto.

-Así que muy valiente con alguien que no se puede defender- espetó, apretando la muñeca del ladrón hasta hacerla crujir, provocándole una dolorosa fractura. Lo escuchó lanzar alaridos mientras intentaba zafarse, lastimándose más con los violentos jaloneos y débiles patadas. Lo ignoró para dirigirse hacia el hombre mayor, quien aterrado se recargaba contra una pila de bolsas de basura. -¿Se encuentra bien?- Le preguntó con tono amable.

El anciano se limitó a asentir con la cabeza tímidamente, tapándose la cara con sus temblorosas manos. Temeroso y confundido por los golpes recién recibidos.

-¡Devuélvele lo que le robaste!- Le exigió al ladrón, causándole más dolor al agitarlo con ligereza. Entre lloriqueos, el sujeto sacó de la bolsa trasera de su pantalón, un puñado de billetes y un anillo de matrimonio que recién le había arrebatado al indefenso anciano.

-¡Suélteme ya…!- suplicó el ladrón, convencido de que forcejear no lo llevaría a nada, lanzándole sus pertenencias al anciano.

Iracundo por el gesto grosero del ladrón, Trunks lo tomó por el cinturón que sostenía su pantalón, elevándose con él hasta las alturas, dejando solo al anciano, confiando en que regresaría sano y salvo a su casa.

Voló hacia el techo de una construcción, en donde lanzó con cierta delicadeza a su presa.

-Tsk…- escupió molesto. -Un simple ladrón. Apenas un insecto repulsivo- espetó, observando con asco la manera en que el asustado sujeto revisaba su mano fracturada, intentando ocultar el terror al saberse a solas con ese extraño personaje, poseedor de habilidades sobrenaturales.

-Yo, el hijo del príncipe- dijo levantando los brazos hacia los lados, -rebajándome a eliminar un sucio ladronzuelo insignificante- siseó torciendo los labios.

El ladrón retrocedió, buscando disimuladamente hacia dónde huir, sin tener conocimiento alguno de las habilidades que poseía su victimario, sin posibilidades de escapar a ningún lado, ni siquiera de ver sus movimientos cuando se aproximó detrás de él, susurrándole muy cerca del oído, tomándolo por el cuello como un cazador hambriento.

-¿Qué se siente ser la presa?

-Lo… lo siento… lo siento… no lo volveré a hacer…- rogó sintiendo la presión en su cuello, mientras escuchaba una risa burlona detrás de él.

-¿Cuántos te rogaron a ti?- Inquirió gruñendo. -Insecto.

-Aaah…- sus latidos se aceleraron, debía salir de esa situación, la vida de la persona que más amaba dependía de su supervivencia. Deseó agitar sus manos, pelear, sin embargo advirtió que era inútil, la fractura, el cansancio y el hambre le restaban mucha energía. -Mi hija…- balbuceó entre lágrimas. -se muere…

El oxígeno le regresó a los pulmones, gracias a que el agarre en su cuello cedió, dejándole inclinarse hacia enfrente, apoyado de la mano sana que le quedaba. Aspiró con libertad, tal vez tenía una segunda oportunidad, si hablaba con sinceridad.

Las luces del interior de la gran casa de Gohan se apagaron, los habitantes descansaban en sus respectivas habitaciones, inclusive la única hija del matrimonio, esa noche dormiría en la casa que creció, en su antigua habitación, con su hija al lado.

Se tapó con la colcha hasta los hombros, maldiciéndose por no haber cargado calcetas entre la ropa que llevó para pasar la noche, a veces olvidaba que en las montañas bajaba la temperatura más que en la ciudad. Abrazó a Arya para sentir su calor, al menos ella si vestía una pijama que le cubría los pies.

Cerró los ojos con una sonrisa dibujada en los labios, su familia le había organizado una deliciosa y sencilla comida, solo entre unos pocos amigos. Un festejo íntimo, justo como a ella le gustaba.

No le extrañó que Trunks no hiciera presencia en todo el día, después de todo, en ningún momento le confirmó que asistiría, algo que acostumbraba cuando lo invitaban a lo que fuese. No obstante, le hubiese gustado verlo, tener el pretexto de su cumpleaños para ser abrazada una vez más por él.

No le sorprendía su comportamiento después de aquel día en que lo invitó a comer ramen, nunca esperó a que le correspondiera sus sentimientos. Siempre supo que se mantendría al margen, tal vez más frío, algo hiriente, tal vez comprendiéndola. Pero de eso a regresar con ella, sentía que había un abismo de por medio.

Al menos podían estar en el mismo lugar sin reñir. Jugar con la pequeña, disfrutar de las visitas al ginecólogo, e inclusive visitar tiendas para escoger los muebles para la habitación del nuevo bebé.

Antes de quedarse dormida se concentró en la energía del empresario, sintiéndolo lejos, en la capital del oeste.

-Es lo mejor- susurró antes de quedarse dormida.

El basto follaje del jardín trasero de la casa le impedía ver a través de la ventana. Como un vulgar voyerista, Trunks se movió entre las ramas de un árbol, moviéndolas para tener una mejor vista del interior de esa casa a la que tenía más de tres años sin visitar, algunas semanas antes de su viaje al espacio.

La percibía dentro de la propiedad, aun no olvidaba la débil marca de su ki, sabía que la joven aún se encontraba viviendo en casa de sus padres, los cuales, también se encontraban ahí, más otra energía que desconocía.

Las molestas cortinas le impedían ver hacia el interior, por lo que estaba considerando la opción de entrar como un vil ladrón. La ventana de la habitación de la muchacha se encontraba medio abierta, no le sería difícil, solo que no deseaba llegar a ese extremo y ser irrespetuoso con la privacidad de la joven, aun a pesar de que la percibía en la planta baja.

-Al diablo, entraré…- Susurró moviéndose con sigilo, deteniéndose al escuchar una puerta abrirse y risas bajas.

-Eimy…- musitó sin ser escuchado, mientras que una pareja de jóvenes se besaban y bromeaban, avanzando por un pasillo iluminado que daba hacia la cochera.

En total silencio los siguió con la vista, siendo testigo de los arrumacos y frases cursis que se profesaban al despedirse. Vio al joven, un muchacho de la misma edad que la chica, subirse a una motocicleta, colocarse el casco y lanzar un beso a la joven, quien le imitó haciéndose hacia un lado, apretando el botón de un control para abrirle el portón.

La joven suspiró antes de girar sobre sus talones para dirigirse hacia el interior de la casa, pero la presencia de un tercero la hizo dar un brinco.

-¡Cielos Trunks! Me asustaste- exclamó llevando las manos al pecho.

-Perdona que llegue sin avisar a esta hora. Solo quería saber si estabas bien- dijo el empresario con el semblante serio.

-Sí…- carraspeó avergonzada, con las mejillas enrojecidas, resaltando sobre su pálida tez y su larga cabellera rubia.

-No quería importunar.

-Dejas de visitarme por más de tres años, ¿no esperabas que estuviera esperándote?- le reclamó en voz baja, no deseaba alarmar a sus padres, su amistad con el empresario siempre se manejó en secreto.

Trunks levantó los brazos disculpándose. -Tuve que hacer un viaje largo.

-Puedes volar, no eres como el resto en este planeta- espetó.

-Fue un viaje hacia otra galaxia, sé que suena imposible pero…

-Después de saber todas esas cosas que puedes hacer y el tipo de tecnología que manejan en tu empresa, la verdad no me suena tan descabellado- dijo ya más tranquila, creyéndole.

-Solo quería saber que estabas bien, no pensaba… ¿quién es ese sujeto?- inquirió arrugando el entrecejo. -¿Tu novio?- La vio sonreír divertida, con sus ojos azules llenos de luz. Estaba enamorada.

-Se llama Marlo, es un amor- se llevó las manos a las mejillas sin ocultar su emoción.

-¿Lo amas?- Inquirió serio, pero su semblante cambió al verla asentir mordiéndose los labios con timidez.

-Tenías razón, Trunks. Siempre la tuviste cuando decías que algún día conocería a alguien que me hiciera tener ilusiones de nuevo- se lanzó hacia el hombre de cabellos lilas, abrazándolo como solía hacerlo en el pasado, cuando le confiaba sus miedos, sus emociones, cuando se refugiaba en sus brazos sintiéndose segura, como una niña en los brazos de su padre. En los brazos del hombre que la salvó de los monstruos que la tenían secuestrada, que la usaron como objeto para darse placer cuando ella solo tenía dieciséis años, la misma edad que la hermana del empresario en ese entonces.

Fue por eso que desde aquel día, después de acabar con la vida de los bastardos que se atrevieron a dañarla, se convirtió en su confidente, en el hermano mayor que ella nunca tuvo, en el único hombre en quien confiaba después de su padre.

Se abrazaron por algunos minutos, ella llorando un poco, él conmovido por los sentimientos que le provocaba la jovencita que había adoptado en secreto como hermana.

-Perdóname por haber estado ausente. He querido cerrar este ciclo, pero por alguna razón u otra terminaba regresando- confesó Trunks, acariciando con cariño la rubia cabellera de la joven. -Pero al fin estoy listo.

-¿Vienes a despedirte?- preguntó Eimy con tristeza.

-Algún día tenía que suceder- respondió Trunks en un suspiro. -Solo quería asegurarme de que ya no me necesitas más.

Recibió un débil golpe en el pecho como respuesta. -Vienes a decírmelo después de tu larga ausencia- le reclamó con un puchero.

-Ahora soy padre y viene otro hijo en camino.

La rubia abrió los ojos sorprendida. -¿Entonces, es verdad lo que decían en las revistas?

Briefs le sonrió con orgullo. -En parte.

-Es muy bonita- opinó retirando un rubio mechón de su frente. -Tengo el presentimiento de que la nieta de Mister Satán es más linda en persona que en las revistas. Imagino que también es fuerte como su abuelo.

-Mucho más de lo que te imaginas.- Respondió escuetamente, lo que no pasó desapercibido por la joven.

-¿No me digas que se enojaron?- Preguntó, viendo con tristeza cómo agachaba la cabeza con un largo suspiro, sin decir nada. -No deberías ser tan rencoroso, esa siempre ha sido tu debilidad.

-Niña, hay cosas que simplemente no se pueden dejar pasar- respondió, no queriendo hablar más del tema.

-Una de las enseñanzas de las terapias, fue aprender a perdonar. Si yo pude, ¿porque tú no podrás?- Buscó sus ojos para enfrentarlo, transmitirle la armonía que ahora reinaba en su interior. -Dudo mucho que esa linda muchacha te hiciera el daño que me hicieron a mí- insistió, dando sin querer en el clavo.

Briefs agitó brevemente la cabeza, recordando de nuevo las palabras de su madre, el relato de las cosas terribles que le hizo su padre en el pasado, entre ellas; dejarla ser atacada por el horrible androide y no hacer nada para salvarlos, casi matarla en el torneo de las artes marciales, en donde sí asesinó a otras personas inocentes. Sin embargo, cuando él regresó arrepentido, ella lo recibió con todo el amor que tenía para ofrecerle. Y desde entonces no le volvió a fallar.

Últimamente recordaba con frecuencia las palabras de la científica, derribando poco a poco su enojo contra la híbrida, Y ahora con las palabras de la rubia, sencillamente no tenía argumentos en contra de su acertado consejo, menos cuando él era testigo de lo que había sufrido su joven amiga en el pasado.

-No estoy aquí para hablar de la madre de mis hijos. Eimy…- le tomó de las manos, dando por terminado el tema de Pan. -Acabo de dar el primer paso para dar vuelta a la hoja… y lejos de sentir que fallé a la promesa que te hice hace años, me siento bien, realmente bien- confesó levantando las cejas, en un genuino gesto de regocijo reflejado en sus ojos azules. Uno mucho más puro que el reflejado cuando solía visitarla después de cazar, realmente entusiasmado por creer que hacía de ese podrido mundo, un lugar mejor.

El rostro se le iluminó a la joven. -También lo descubriste- se paró en las puntas de sus pies, para depositarle un casto beso en la mejilla. -Me alegra por ti- sonrió enseñando su blanca dentadura. -Te confieso que llegué a creer que me habías olvidado.

Trunks negó, sintiéndose culpable por haberse mantenido tan distante. -Te confieso que después de haberle prometido a mi madre que cesaría mi comportamiento asesino, no me sentí digno de mirarte a los ojos, sentí que estaba fallando a la promesa que te hice.

Conmovida, levantó una mano para acariciarle la frente. Era tan extraño como podía estar así de próxima a uno de los hombres más atractivos de la tierra, según la prensa de chismes. Podía abrazarlo, besarle las mejillas, hablarle de cosas íntimas, y al mismo tiempo no tener ningún tipo de atracción sexual hacia él. Y podía asegurar que al empresario le pasaba igual, pero a los ojos de los demás sería extraño, razón por la que mantuvieron en secreto su amistad.

-Shhh… no digas nada, gracias a las terapias, mis padres, los años y ahora Marlo- sonrió al nombrar a su novio. - Aprendí que soltar el sentimiento de venganza es más reconfortante. Estoy mucho mejor así.

-¿Él lo sabe?

La joven dio un largo suspiro, parpadeando como adolescente enamorada. -Sí, sabe del secuestro… de lo demás.

Briefs levantó las cejas, un poco alarmado por lo que la rubia pudiese haber revelado en su confesión.

-No te asustes, tu secreto jamás será revelado por mi boca. Eres un débil y aburrido terrícola más en este planeta- agregó con una pequeña risa.

-¿Me necesitas?- Inquirió Trunks, preocupado por la seguridad de la joven, a la cual no dejaba de ver como una niña.

La rubia se mantuvo en silencio por unos segundos. Deseó convencerlo de que aún le hacían falta sus consejos, le dolía la idea de no volver a charlar con él, a pesar de que sus últimas visitas fueron cada vez más distantes, pero siempre regresaba.

-No Trunks, ya no soy la niña asustada del pasado, he crecido- cerró los ojos, convencida de que estaba haciendo lo mejor para ambos, dar vuelta a la hoja, cortar el vínculo y dejarlo ser libre. Cortar con la violencia iniciada por venganza.

-Ya veo- le besó la frente. -Nunca te olvidaré- apretó los labios antes de continuar, -eres mucho más fuerte de lo que crees.

Se alejó para elevarse un par de metros, sonriéndole, resignado a que sería la última vez que la vería. Le dolía, pues la veía como una hermana más, pero desafortunadamente representaba lo último que aún lo ligaba a ese oscuro pasado que deseaba sacudir lejos de él, debía decir adiós, por el bien de ambos.

-Gracias por todo. Sé muy feliz con ella- fue lo último que le escuchó decir mientras agitaba sus brazos en señal de despedida.

Con un gran peso menos en su alma, voló hacia su casa. Ya pasaba de la media noche, pero no le importó, aun así deseaba cumplir con la promesa hecha al guerrero de corazón puro. No necesitaba comprar nada, el regalo perfecto estaba en su casa, guardado en una fina caja de color negro carbón, obtenida en uno de sus viajes en el espacio.

-¡Perfecto!- Exclamó con emoción al tenerlo en sus manos, corriendo hacia el gran ventanal de su habitación, de donde dio un gran salto, elevándose hasta perderse entre las nubes.

Apuró su vuelo sosteniendo la pequeña caja entre sus manos, con una tonta sonrisa de jovencito en sus labios.

"Mi hija se muere"

Recordó las palabras del ladronzuelo, sintiendo su pecho encogerse, de solo pensar que estuvo a punto de acabar con su desdichada vida. Ahora le brindaba otra, llena de esperanzas.

Confiaba en que hombre había sido honesto al decirle que por carecer de estudios no conseguía un buen trabajo, que su mujer lo había abandonado, que tenía tres días sin comer, y que su única hija, tenía dos días tomando solo jugo barato y unas cuantas galletas que encontró en buen estado entre la basura. La desesperación y mala fortuna lo volvieron agresivo, egoísta y envidioso de todo aquel que poseía algo, mientras que lo único que amaba peligraba en tener un negro futuro o morir, en el mejor de los casos.

Era la primera vez que Trunks dejaba uno vivo desde que comenzó a cazar, no solo eso, se había atrevido en ayudarle, aconsejándole ir a las oficinas de recursos humanos de la corporación, alegando que conocía a quien contrataba personal, que no perdía nada con seguir su consejo. También le dio unos billetes, lo suficiente para comer bien por unos días.

Solo esperaba no haberse equivocado, de lo contrario temía arrepentirse de confiar en un delincuente, un desgraciado con el que se sintió identificado; otro hombre que desquitaba su decepción contra la sociedad por medio de la violencia. Otro hombre con un pequeño, pero gran motivo para ser mejor de lo que representaba.

No cabía duda que la paternidad lo volvía más empático, más humano. Y eso le agradaba, le reconfortaba a niveles que ni toda la sangre de criminales derramada, alguna vez le llegó a reconfortar. La epifanía experimentada esa noche lo tenía eufórico, de una manera tan diferente a cuando solía cazar, cuando creía que disfrutaba del sufrimiento de hombres que según su juicio, merecían todo el dolor que les provocaba torturarlos. Ahora entendía por qué solo a él se le manifestó esa sed de violencia, al igual que cuando su padre era joven, la inestabilidad emocional le jugó una mala broma, transformando sus inseguridades y malas experiencias en energía mal canalizada, algo propio de la raza de su padre, pero con una solución muy simple, que desafortunadamente el enorme orgullo que poseían, les prohibía siquiera considerarlo; ser empáticos y compasivos.

Esa simple acción le dio el valor para cerrar un ciclo del que no se enorgullecía, es más, le avergonzaba y no se imaginaba mirando a los ojos de sus hijos sabiéndose un carnicero.

Lo que más le dolía, era dejar atrás su linda amistad con Eimy, pero ella ya no lo necesitaba, ya lo tenía superado, ya tenía una ilusión en su vida. Sabía que la extrañaría, sin embargo, lo mejor para ambos era decir adiós, cortando con ese vínculo que indudablemente los remontaba a una situación dolorosa para ella. Sabía que al plantarse frente a ella, sin querer le traía a la memoria dolorosas experiencias que le costaba olvidar. Deseaba lo mejor para ella y por primera vez desde que la conocía, tenía la certeza de que estaba lista para volar con sus propias alas. Sin su ayuda, sin sus consejos, sin su compañía, la que por cierto le negó en los últimos años, avergonzado por haber desistido de cazar criminales, avergonzado de que todas esas vidas que prometió acabar, comenzaban a pesarle.

A lo lejos pudo distinguir luces solitarias en la montaña, las luces exteriores iluminando la casa de Gohan. Y arriba, en el cielo, las brillantes estrellas dándole la bienvenida. La íntima conexión entre él y Pan.


Fin del capítulo.

Por fin lo puedo publicar. Tuve muchos inconvenientes este mes, mil cosas por hacer y cada vez menos tiempo, casi como tener el agua al cuello y no poder respirar. Me disculpo por el retraso, pero en verdad se me duplicaron las obligaciones.

Como ven, estamos a un paso del final, espero les agradara el personaje de Eimy, la tenía considerada desde el principio para ser parte de la trama, pero su historia iba a alargar más el fanfic y decidí no desviar la atención de los protagonistas hacia otros personajes. De hecho, pan iba a sentir celos de la extraña que visitaba Trunks, sin embargo no quise manchar el honor de un personaje que fue víctima y terminara siendo considerada una mala persona, porque es todo lo contrario. Ya la había mencionado en el relato de Trunks sobre el día que se dejó secuestrar.

Los dejo entonces que tengo un oneshot que terminar esta semana.

Cuídense y no olviden dejar sus comentarios.