ADVERTENCIAS: Recuerden que este fic contiene parejas como Sasunaru, Boruhima y Sasuhina. Este capítulo hace un pequeño guiñó al SasuhiMa.
Letras sucias
Día de mierda
Recuerdos tormentosos inevitables.
Estaba siendo un día completamente terrible.
Había despertado con el cielo llorando. Boruto se había marchado antes de que pudiera despedirse para ir a la universidad, ya que no había conseguido pegar ojo en toda la noche, quedándose dormido por la madrugada, y el cartero de nuevo le había metido correo que no era suyo en el buzón. Llegó tarde a una reunión que resultó ser más aburrida que beneficiosa y al final, cuando revisó los mensajes de correo de su ordenador, estaba aquel condenado que no había visto y que era de la universidad.
Primero casi había tenido un ataque al corazón al pensar que algo malo le había ocurrido a Boruto, pero cuando le llamó, éste estaba justo saliendo de una de sus clases, así que no comprendía a qué se refería.
—Quizás quedan algunos papeles por firmar —sopesó Boruto.
Aquello había logrado calmar, si no fuera porque el director le había reservado una cita a las tres de la tarde y eran las siete.
Y todo porque su cabeza no cesaba de pensar en las palabras que Sakura había dejado caer. Diablos, hasta podía escuchar su vocecilla repitiéndolas una y otra vez. El mismo nombre que irremediablemente le hacía recordar cosas que, en ese momento, no era bueno.
Algo nervioso, decidió que se disculparía y hasta si el director no estaba, podría encandilar a la secretaria para que le diera otra cita más prudencial. Aunque a veces sus encantos podían fallar.
Sin embargo, la secretaria no sólo lo recibió con una perfecta sonrisa, sino que le abrió la puerta nada más llegar, asegurando que estaban esperándolo.
Y si el comienzo del día le había parecido una tortura, en ese momento, de pie en el centro del despacho, sin poder apartar la mirada de la figura sentada en la butaca. ¿Respiraba? No estaba seguro.
—Naruto Uzumaki.
Dio un respingo, despertando de la ensoñación al escuchar su voz, con un deje arrastrado que años atrás le había cosquilleado en las orejas.
—Sasuke Uchiha —respondió—. Tengo una cita con el director por asuntos con mi hijo. ¿Te han ascendido?
Sasuke se echó hacia atrás y cruzó las piernas masculinamente.
—No. Pero le conozco lo suficiente para dejarme su despacho.
Naruto tuvo que hacer su mejor esfuerzo para no bufar. Mientras que otros tenían que rascarse la suerte para llegar a lo más alto, Sasuke Uchiha parecía haber nacido con el don de tener todo. Cuando eran más jóvenes se había enamorado del chico desgarbado que le costaba caminar por un sendero correcto, cerca de irse al lado oscuro y, sin embargo, tras su separación, ahí estaba, inflamado con poder.
Irónico.
—Veo que te fue muy bien —puntualizó mirando a su alrededor.
—Sí, lo fue.
¿Estaría mal darle un puñetazo? Porque a él no se lo parecía para nada. Es más, hasta podría ser un placer hacerlo.
—Imagino que tendrás algo importante que decir, después de haber suplantado al director en un mensaje de correo electrónico y por el que creía que estaba a punto de perder a mi hijo.
—Tan exagerado como siempre, Naruto.
Dios unos pasos hacia delante, apoyando ambas manos sobre el escritorio con todas sus fuerzas.
—¿Exagerado? ¡Es mi hijo!
Sasuke no se movió. Nunca lograría un respingo de su parte, nunca lograría nada. Sólo había conseguido de él recuerdos cubiertos por una negra nube de dolor.
Retrocedió. No quería volver a envolverse con ello.
Sasuke, sin embargo, se movió. Lentamente se levantó del sillón y caminó hacia los ventanales. Las manos dentro de sus pantalones, tensándose en su trasero. Bien, había cosas buenas en madurar para un hombre, no lo negaba.
—Lo comprendo —dijo tras una pausa incómoda—. Simplemente no creía que realmente fueras tú. No creía en esa casualidad y debía de… asegurarme.
—Habría sido mejor que no, ttebayo —replicó incómodo—. Aquel día juramos que…
Sasuke se volvió y clavó su oscura mirada en él. De arriba abajo, estudiando su cambio, el paso del tiempo.
¿Por qué diablos habían llegado a eso? Se había imaginado muchas veces un reencuentro entre ellos, generalmente muy fantasioso durante el tiempo en que vivió enamorado de su recuerdo y después, una imagen muy desastrosa de ello cuando el amor pasó al odio. Era hasta ridículo el hecho de que de la noche a la mañana estuviera delante del que fuera su primer amor, el que le moviera por el mundo del sexo contrario y se sintiera como si fuera un adolescente furioso en vez de un adulto responsable.
—Sé lo que juramos —recordó Sasuke avanzando hasta su altura—. Ya debes de saber que no cumplo mis promesas.
—¡Por supuesto que lo sé! —espetó golpeándose con la palma abierta el pecho—. Así que no encuentro sentido a que hayas planeado todo esto. ¿Acaso no tienes una vida? ¿Acaso no dejaste bien claro que yo no podía formar parte de tu esplendoroso futuro?
Se vio a sí mismo años atrás, a los pies de una escalera en su antigua universidad. Con Sasuke Uchiha en lo alto, mirándole como si fuera un simple perro al que alguien hubiera pateado. Con el corazón partido y la cara húmeda de las lágrimas que por la rabia no lograba controlar.
Sasuke, sin mediar una sola palabra, le dio la espalda y lo dejó atrás para siempre.
—¿Me odias?
—¡Claro que te odio, ttebayo! —afirmó.
Fue él quien rompió las distancias al final para aferrarlo de la camisa. Cerró el puño completamente dispuesto a golpearle. Pero se quedó en el aire, temblando, con los nudillos blancos del esfuerzo.
Sasuke miró su mano y luego a él. Parecía haber estado esperando el golpe.
—¿Estás casado?
Naruto parpadeó. No esperaba esa clase de pregunta, menos cuando estaba deseando golpearle y su cuerpo no reaccionaba.
—¿Qué? —musitó retrocediendo—. No, no estoy casado. ¿Qué importa eso?
Sasuke no respondió hasta acercarse al escritorio y tomar un dossier entre sus dedos.
—Boruto Uzumaki. Un alumno muy dado en lo que quiere ser, aunque algo alocado y demasiado lanzado —dijo—. Es tu hijo. Es idéntico a ti.
—¿Y qué? —masculló tirándose de la corbata para aflojarla. Lo que menos quería era a Sasuke metiendo la nariz en su vida privada o en esa parte de su pasado—. ¿Lo vas a expulsar sólo por ser mi hijo?
—No —negó cerrando el dossier—. Voy a hacerlo mi alumno. Seré su tutor y también su enlace para ser el mejor. Según su ficha quiere ser uno de los mejores escritores de fanfiction, llegar a lo más alto. Le ayudaré.
Naruto entrecerró los ojos.
—¿A cambio de qué? —cuestionó—. Tú no das nada si no obtienes algo a cambio.
Sasuke lo estudió en silencio.
Naruto se preguntó si estaría recordando su primera vez, encerrados en el aula de informática. Por un instante, casi podía sentir el calor de Sasuke en su espalda, mientras, inclinado sobre el escritorio del profesor, le desabrochaba el cinturón.
A cambio de tu virginidad, obtendré placer.
—Sí, cierto —confirmó Uchiha devolviéndole a la realidad—. A ti.
Dio un respingo al escuchar esas palabras.
—¿Qué diablos? —exclamó—. No voy a venderte mi culo a cambio de algo así. Boruto nunca se lo perdonaría de hacerlo.
Sasuke enarcó una de sus oscuras cejas.
—¿Quién ha hablado de que me des tu culo? —ironizó. Dios, ese condenado estaba disfrutando—. Ahora, si es lo que quieres…
Dejó el dossier lentamente sobre la mesa, volviendo su cuerpo hacia él. Lento, con gestos aletargados que tan bien conocía. Naruto retrocedió hasta que la estantería a su espalda se clavó contra sus riñones. Sasuke no se detuvo hasta que la punta de sus pies se tocaron.
Olía increíblemente bien.
Más masculino, más penetrante.
Su mano, más amplia y de dedos largos, se movió hasta apretarse contra su garganta. Un gesto suave pero firme y sus uñas, acariciaron su piel.
—Sasuke… no…
Pero Sasuke no se detuvo y él tampoco hizo un gran esfuerzo por retenerle. Cuando su boca presionó contra la suya, apretó sus labios, dispuestos a no ceder y, sin embargo, su cabeza dejó de pensar y su cuerpo despertó a aquello que no había olvidado, aquello a lo que se había aferrado con todas sus fuerzas.
Apretó sus manos sobre sus hombros, con la camisa y la chaqueta arrugándose bajo ellos y suspiró su aliento.
Con los ojos entrecerrados, agachó la cabeza. Sasuke se apartó por un instante, observándole. Su mano descendió hasta el cuello de la camisa, abriéndolo, y después surcó un corto sendero hasta los botones, abriéndolos uno por uno.
¿Por qué le dejó? No estaba seguro. Quizás fuera el recuerdo, quizás fuera el deseo que llevaba tiempo restringiendo y sólo aplacando con su mano en las noches en las que ya no podía más.
Sólo sabía que era Sasuke, que era su primer amor y que estaba revolviendo todo.
.
.
Boruto se había quedado completamente intrigado con la llamada de su padre hasta el punto de nada más salir de clases, ir a investigar qué ocurría. Naruto no había vuelto a llamarle y por alguna extraña razón, su móvil parecía estar en silencio. No respondía las llamadas. Quizás estuviera reunido con el director como le había dicho.
Tras preguntar a varias personas por la dirección y hablar con la secretaria, ésta le confirmó la presencia de su padre en el despacho y tras indicarle el camino, se marchó. Boruto no le prestó mucha atención y continuó hasta la puerta indicada. Estaba encajada.
Levantó el puño para llamar cuando la voz de su padre llegó, ahogada.
Primero dudó y después, un viejo recuerdo de una noche de espionaje acudió a su mente. Una y otra vez, hasta que se percató de que el recuerdo no estaba siendo vívido, sino que estaba sucediendo.
Su padre estaba gimiendo. Al otro lado de la puerta.
No podía imaginarse que fuera tan descarado como para masturbarse en pleno despacho, así que claramente, no estaba solo. Recordaba levemente al director y dudaba que su padre fuera de los que le gustaban los hombres como él.
Entonces. ¿Con quién estaba? ¿Qué estaba sucediendo?
Pegó la cara contra la puerta buscando un ángulo desde el cual poder ver. Había un espejo al otro lado de la pared. Vio las dos figuras, el rostro de su padre incluso más excitado que aquella noche y otra figura, de espaldas, con el cabello oscuro, reteniendo a su padre contra la estantería.
—Basta… —Su padre, pese a negarse, parecía no ser capaz de controlar su cuerpo, porque sus manos se aferraban al sujeto con fuerza.
Boruto se llevó una mano a la boca, sorprendido.
¿Tan poco le importaba que su padre estuviera en ese momento con un hombre? ¿Tan poco le importaba que estuviera teniendo sexo en el despacho de dirección de su propia universidad?
No estaba del todo seguro.
Retrocedió, con el rostro colorado. No era lo mismo que quedarse ocultando observando a su padre, acababa de descubrir otra faceta más de él, una que no esperaba. O simplemente, la había descartado sin descartarla del todo.
Era todo tan confuso que no sabía por dónde cogerlo. Necesitaba esclarecer su mente, encontrar una salida. Y sabía quién era la única persona que podría ayudarle.
—¿Boruto? ¿Te encuentras bien?
Negó con la voz y asintió con la cabeza. Himawari, que había sonreído al verle esperando a los pies de la escalera de su casa, borró la sonrisa y lo invitó a entrar. Su madre salía de la cocina en ese momento, quitándose el delantal.
—Oh, vaya qué sorpresa. No sabía que Boruto fuera a venir esta noche.
—Lo siento —se excusó inclinando la cabeza.
Himawari sonrió a su madre cuando esta dio un paso hacia ellos.
—Tranquila, Mamá. Es sólo que la universidad está siendo más dura de lo que esperaba. Estaremos en mi cuarto. ¿Vale?
Hinata Hyûga asintió sin poder borrar la preocupación de su rostro. Cuando Boruto había pensado más de una vez que sentía por ella una afiliación casi maternal no había bromeado. Si su padre se hubiera casado con su madre, podría haber esperado que fuera como ella y habría sido maravilloso, pero nunca había sacado a relucir esa parte de ellos.
Más bien, era otro de los secretos que guardaban en una caja. Hoy había salido uno de ellos.
—Así que eso es lo que has visto…
Himawari le entregó una taza de té antes de sentarse a su lado. Se había cambiado de ropa mientras él le contaba lo que había ocurrido, al menos, todo cuanto sabía. No había puesto ningún tipo de gesto decepcionante o algo que marcara una respuesta clara, que le ayudase.
—¿No crees que es extraño? —cuestionó mirándola a los ojos. A veces, se sentía como un cachorro perdido con ella.
—No —negó Himawari tras meditarlo—. Los adultos también tienen deseos. La sexualidad realmente no tiene fecha de caducidad, es la sociedad la que lo impone. O más bien, el tabú. Mira, sé que mi madre tiene encuentros con su novio, eso es completamente obvio. Sería tonto no pensarlo, cuando yo misma los tengo contigo. No es algo que tenga que estar arraigado por fuerza a nuestra edad. No son de piedra. Puedo entender que tu padre haya tenido un momento de necesidad con quien fuera esa persona.
—No le vi la cara —confesó.
Himawari le apretó la mano, sonriéndole.
—Creo que cuando tu padre se sienta cómodo, te lo dirá. O no tiene por qué —recalcó—. Puede que yo tenga mucha confianza con mi madre, pero nunca le hablaría de ciertos temas. Eso es nuestro, de nadie más.
Boruto ladeó la cabeza, confuso.
—Lo que quiero decir, es que… lo que se me ocurre es que tu padre se ha encontrado con alguien con el que ha congeniado y teniendo sexo de la nada. Siempre me cuentas que no sale, que no tiene citas y está mustio en casa. Quizás ya era hora de que algo excitante pasara en su vida y dio la casualidad que fue con esa persona a la que has visto. No tiene nada de malo.
—No creo que sea malo —concedió mirándola asustado—. Ese es el problema. Si me paro a pensar, es como que… quería saber más, dattebassa. Eso es lo que me asusta. No me importaba que mi padre estuviera teniendo sexo con un hombre, o un desconocido. Si no el tema de enterarme de por qué sucedía, quería…
—¿Una trama? —cuestionó ella. ¿Por qué nunca le juzgaba? ¿Por qué siempre continuaba sus decadencias más horribles?
—Sí. ¡Sí, eso! —confirmó dejando la taza a un lado para tomarla de la mano. Le besó los dedos rápidamente—. ¿Por qué estaban ahí? ¿Qué hay detrás? ¿Cómo han podido llegar al sexo? ¡Me intriga!
Himawari soltó una risilla entre dientes y le sostuvo el rostro entre sus manos.
—¡Calma o tendrás un ataque! —recomendó—. Parece que se te ha pasado el bajón.
—Sí… —reconoció sorprendido—. No conseguía poner en orden mis pensamientos o mis inquietudes. Hima, creo que eres maravillosa para este tipo de cosas.
—Bueno, tengo una madre que ha sido muy paciente conmigo, así que he aprendido mucho de ella —explicó retrocediendo—. ¿Quieres que te deje mi ordenador?
Boruto ya había saltado a la silla de escritorio.
—Por favor.
Escribir fue muy fácil. Mucho más de lo que creía. Aunque antes, tuvo que hacer esquemas con las preguntas que más le intrigaba. Averiguar más, esclarecer esas lagunas. No podía ir y preguntarle a su padre directamente, porque todo sería un caos. Naruto no se explicaría, él tampoco y al final, cabía una pequeña posibilidad de que terminaran peleados. Y no era algo que ahora mismo necesitara.
—¿Quién sería él? —preguntó sosteniendo un bolígrafo entre su nariz y labio superior—. No lo he visto nunca entre los amigos de papá. Ni en las fotografías que hay por casa. Así que debe de ser alguien nuevo. Y si estaba en la oficina del director, tendrá que ser alguien importante de la universidad.
—¿No has conocido ya a todos tus profesores? —se interesó Himawari—. Quizás sea uno de ellos. ¿O de otra rama?
—Bueno, faltan algunos por aparecer —sopesó—. Y por el color de cabello… —dio un brinco sobre la silla—. ¡No puede ser Sai!
—¿Sai?
—Sí, es el profesor que nos hizo el tour por la universidad. Es amigo de mi padre. Los sentí demasiado… confiados el uno con el otro —explicó.
Aunque sus alturas no cuadraban demasiado, la postura que había visto no era muy adecuada para medir correctamente a Sai y su padre.
—Aunque es profesor de arte.
—¿Qué problema hay con ello? —indagó Himawari—. ¿No podría serlo?
—No es el área de arte y ese profesor es bastante extraño. Si lo pienso bien, mi padre estaba algo tenso, como si esperara que soltara algo incorrecto o a saber qué. Pero, oye, podría ser. No lo descartaré.
Himawari se movió hasta enredar sus dedos en sus cabellos, besándole la cabeza y luego, los labios.
—¿Qué tienes planeada para esa historia?
—No lo sé, necesito más datos, especialmente de lo que siente mi padre. Puedo ponerlo en tantos escenarios que ahora mismo estoy repleto de ideas y ninguna termina de gustarme.
—Bueno, has de pensar que quizás tu padre tiene una historia por ahí detrás que desconoces y que tampoco quiere que sepas.
—¿Lo dices por ser gay? —cuestionó pensativo. Su mano rodó por su cintura hasta atraparla entre sus brazos, apoyando su mejilla contra su vientre—. Eso me da igual. Al fin y al cabo, escribo porno homosexual. Y mi padre es libre de meterla donde quiera.
Himawari puso los ojos en blanco.
—Guau, tienes una aceptación increíble.
Boruto negó y levantó los ojos hacia ella.
—No. En realidad, ambos sabemos que soy un niño mimado.
Ella sonrió, una de esas sonrisas que a veces le recordaban a alguien sin comprender exactamente a quien. Como si encendieras una bombilla repentinamente con una idea y esta desapareciera en la nada.
Quizás era por su madre.
—Ahora que pienso, tu madre se quedó preocupada —recordó.
Himawari asintió.
—Sí, creo que ella te aprecia mucho, como si fueras el hijo que no tuvo.
Boruto la sentó sobre sus piernas, echando algunos de sus rebeldes mechones tras su oreja.
—¿A qué te refieres?
Himawari encogió los delicados hombros.
—Creo que a mi madre le habría gustado tener un chico. Dicen que son más fáciles de críar. Y bueno, las madres casi siempre quieren una pareja, pero vine yo. Quizás tengo algún hermano por parte de mi padre, quien vete tu a saber dónde está.
Boruto la escuchó y sonrió cuando terminó con un gran suspiro.
—No, creo que tu madre está orgullosa de tenerte, sólo que creo que al ser ella sola se le complica más las cosas y no sabe siempre cómo enfrentar todo. A mí me mima porque me porto bien contigo y somos responsables —dedujo rascándose la nuca—. Aunque supongo que no sabe las cosas que hacemos y por eso puede ser feliz. Además, seré su yerno en el futuro, así que mejor que me quiera a no que me odie.
Himawari estalló en carcajadas, tirándole de las mejillas antes de besarle.
—Creo que de separarnos le romperías más el corazón a mamá que a mí.
—¿Segura, ttebassa?
—Mhn… no del todo, pero ella llorará. Luego querrá castrarte seguramente —bromeó.
—Cuánta violencia.
Ella le devolvió una sonrisa y miró hacia la pantalla.
—¿Irás hoy a casa?
—No, no puedo. No sé si mi padre irá con esa persona o… —Se pasó una mano por los cabellos—, no sé, es complicado. Creo que de verlo ahora, todo se mal entendería más, así que mejor no. ¿Puedo quedarme?
—Claro —aceptó.
Aquel era su refugio. Un lugar sagrado, si lo pensaba de un modo metafórico y más hermoso. Y le gustaba.
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Hinata sonrió al escuchar las risas provenir del dormitorio de Himawari. Estaba preocupada. Nada más ver a Boruto entrar con aquella cara algo dentro de ella se había encendido y por un instante, se había sentido como si fuera su propio hijo. Por supuesto, no podía negar que había adquirido mucho aprecio hacia él y que cuidara tan bien de Himawari era parte de lo que la había encandilado.
Si lo pensaba, le habría gustado tener un hijo como él.
Intentando no hundirse en viejos recuerdos, se acercó al móvil que vibraba sobre la mesa. Era su tarde libre y había dejado un mensaje a Sasuke con la idea de encontrarse. Sabía que era un hombre ocupado y que quizás, aquello sería imposible, pero no pudo evitar sonreír cuando vio la respuesta y emocionarse como una colegiala ante la expectativa de reunirse.
Tras despedirse de los chicos, se dirigió a la cafetería en la que muchas veces solían quedar. Para su sorpresa, él todavía no había llegado.
—¿Vienes sola, Hinata?
Kiba Inuzuka le sonrió desde el otro lado de la barra nada más verla. Comenzó a servirle un té caliente sin necesidad de mediar palabra. Habían sido compañeros en el instituto y habían mantenido una correcta amistad desde entonces.
—No, he quedado aquí con Sasuke. ¿No ha venido?
—Todavía no —negó él—. ¿La misma mesa de siempre?
—Por favor —aceptó.
Kiba la guió entre las demás mesas ocupadas y apartó la cortina de macarrón para dejarla pasar. Era un estancia acogedora, con sillones y reservada generalmente para eventos privados. Hinata y Sasuke solían aprovecharse un poco de su vieja amistad para tener esos grados de intimidad. Aunque sospechaba que la generosa propina que Sasuke siempre dejaba era lo que más incentivaba esa preferencia.
Kiba le dejó el té y algunas pastas para finalmente dejarla a solas. Si la cafetería no hubiera estado tan llena, estaba segura de que se habría sentado con ella en busca de algún tema candente de moda, como si ella fuera una revista andante de información repleta de cotilleos.
Sasuke no tardó en aparecer y nada más hacerlo, se llevó las manos a la boca para reprimir un grito.
—¡Santa madre! ¿Qué te ha pasado? —exclamó poniéndose en pie.
Sasuke levantó una mano para impedirle que se acercara y se sentó a su lado.
—Un puñetazo y mi cara en distintas trayectorias que se terminaron encontrando —ironizó—. Fue mi culpa.
Hinata se movió rápidamente para apartarle el oscuro cabello del rostro.
—¿Por qué ha sido? ¡Es ridículo! ¿Qué hiciste? ¿Darle una mala crítica?
El hombre se encogió de hombros.
—Algo así. Hinata.
Ella se sentó derecha, apartando la mano por temer haberle hecho daño.
—Encontré al padre del chico que me hablaste.
La confesión la sorprendió.
—¿Era… él?
—Sí —respondió—. Era él.
Mostró una leve sonrisa maliciosa, de esas que sólo le había puesto poner cuando se salía con la suya o pensaba algo drástico para su beneficio.
—¿Qué ha pasado?
Sasuke tardó en contestar.
—Le puse una trampa. No le gustó.
Sasuke inclinó la cabeza cuando Kiba apareció con su café con hielo. Los dejó a solas. Hinata sacó algo del hielo de la copa y lo acercó a su ojo.
—Eres como un niño muchas veces. No sabes manejar a las personas y menos expresarte.
Él hizo una mueca al sentir el hielo contra su piel y la miró.
—Soy más de actos físicos. Lo sabes.
Hinata se ruborizó.
—No, también tienes un corazón bondadoso, sólo que no lo sabes.
—Ya te dije que había mucha oscuridad en mí. Soy una persona tóxica. Conmigo vas a sufrir.
Esa vez, sonrió. Ella, de forma irónica, casi para enmarcarla.
—Todos tenemos algo de oscuridad. Todos somos tóxicos sin quererlo. A veces sin darnos cuenta. No puedes…
Sasuke se enderezó.
—He tenido sexo con él. Esto me lo he ganado después.
El hielo resbaló de sus dedos hasta la mesa. Soltando un taco, Sasuke retrocedió cuando este resbaló hasta sus pantalones, justo a su entrepierna. Hinata sólo observó el hielo resbalarse finalmente hasta el suelo, comenzando a ser un simple pegote de agua deshecha.
Sasuke levantó los ojos hacia ella. Hinata le devolvió la mirada y algo en ella pareció asustarle por un momento, porque tragó, nervioso.
—Di algo.
—Todos tenemos oscuridad.
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Antes lo hacías mejor.
Él también se relacionaba mejor con las personas antes, cuando era sólo un niño inocente y desconocía la adversidad de la vida. El dolor, el sufrimiento y, especialmente, el poder. No era lo mismo mirar desde arriba que desde abajo. No era lo mismo hacer llorar a otra persona que llorar tú.
No era lo mismo ver a otra persona retorcerse que tú.
La sociedad le había convertido en la mierda oscura que era ahora. Antes se había aferrado a aquella luz dorada antes de caer en el fondo y tuvo que romper aquel leve hilo de felicidad antes de arrastrarlo con él.
Recuperarlo repentinamente había sido demasiado para su control. No se había podido retener para enviar el mensaje, no podía haber esperado con más impaciencia su llegada. Pero jamás creyó que iba a caer de nuevo en sus brazos y que sus únicas palabras como respuesta iban a ser tan dañinas para él como para sí mismo.
Y, por si eso no era suficiente, con el paso del tiempo había conocido a otra persona en la que poder hundirse, en ser un poco más él mismo y recalcar repetidas veces que no era lo correcto. Ambos se habían aferrado el uno al otro, abrazándose en medio de esa oscuridad.
No conocía qué clase de oscuridad era la que arrastraba Hinata. ¿Qué pecado había cometido como para ignorar lo que acababa de confesarle? No es que estuvieran afianzados del todo, al fin y al cabo, continuaban escondiéndose del mundo entre cuatro paredes para simplemente satisfacerse sexualmetne y contarse sus batallas. Pasaban ratos como dos amigos y poco más. Ella quería estabilidad y él quería dársela hasta que su pasado apareció nuevamente.
Y, sin embargo, ahí estaba, de pie en su cocina mirando la espalda de su hija que buscaba algo de agua en la nevera.
Si le preguntaban cómo había llegado a eso, probablemente la gente se llevaría las manos a la cabeza y se preguntarían por qué se complicaba más las cosas. Como si su vida no tuviera suficientes problemas.
Hinata le había invitado a cenar con la idea de presentarle a su hija.
¿Hola? ¿Te acabo de decir que me he acostado con mi ex y me invitas a tu casa a presentarme a tu hija? Sí, el mundo era así de mierda y complejo.
Pero había ido, la había conocido.
Se llamaba Himawari. La niña no había cenado con ellos, ocupándose más de su novio, quien casualmente era el hijo del hombre con el que había estado teniendo sexo esa tarde. Hinata habló maravillas de él que le recordaban tanto a Naruto que estuvo muy tentado de ir a revisar que no fuera él realmente.
Y después, había ocupado su cama con total tranquilidad, para finalmente, vencido por la sed, levantarse y encontrarla.
Ella levantó los ojos de la nevera hacia él. Iba en un pijama de tirantes y pantalones cortos. Tenía el tono de piel de su madre y olía a lavanda. Al parecer, ambas usaban el mismo champú. Por un instante, fue como ver una versión más joven de Hinata.
Se inclinó, tocándole la barbilla.
—¿Agua? —preguntó ella extendiéndole la botella fría—. Hay vasos limpios en ese mueble. Sírvete. ¿Sasuke?
—Sí —confirmó retirándose.
—Cuida de mamá. Le haces bien.
No estaba seguro del todo. Aquel día estaba siendo una completa mierda. No había hecho nada bien y estaba seguro de que en otras camas, más personas estarían sin poder conciliar el sueño y todo por su culpa.
Había esa clase de oscuridad en él, esa toxina que no podía remediar y arrasaba con todo.
Había movido ficha. ¿Para mal o para bien?
Los demás también tenían secretos que les herían y que podrían herirle probablemente.
Continuar...
Creo que le puse mal el título al fic y debería tener otro título como: pozo de oscuridad, porque todos acá tienen oscuridad xDD
