Actu. Cortita, pero necesaria.


Letras sucias.


Encuentros

Te profanaré como lo hice con él porque sin ella tampoco puedo existir.


Antes lo hacías mejor.

Naruto rompió el sexto lapicero y lo tiró en la papelera. Su secretaria dio un respingo y le miró con los ojos muy abiertos. Levantó una mano para disculparse y rio de forma estúpida, demasiado clara que no estaba donde quería estar.

Porque en esos momentos quería estrangular a alguien. Con todas sus fuerzas.

El muy cerdo, después que había jugado con sus sentimientos, tenía los santos cojones de decirle esas palabras. Por suerte, había logrado entregarle su respuesta y no quedarse con las ganas, pero era frustrante que después del sexo alguien te dijera eso.

Joder, ni siquiera se había subido los pantalones cuando tenía la cara dura de decirle eso. Se había marchado furioso y esperaba por todos los medios no tener que volver a encontrarse con él. ¡No más! Además, estaba desentrenado. Llevaba sin sexo con otra persona desde… no lo recordaba. ¡Y tampoco quería hacerlo por él!

Debía de reconocer que continuaba siendo tan bueno como siempre, que consiguió ponerle más duro de lo que él mismo podía con su mano y que había alcanzado un orgasmo bestial, como nunca en mucho tiempo. Pero le ardía la rabia dentro de que sólo fuera un momento para jactarse para el dichoso Uchiha.

Sólo esperaba que no afectase a Boruto en adelante. Al fin y al cabo, el muy cerdo le había asegurado que iba a tomar a Boruto como su tutor.

¿Qué significaba eso? Entre todas las cosas que podría pasarle a Boruto eso era bueno, lo reconocía. La importancia de Sasuke en el mundo literario era muy grande, le podría abrir muchas puertas. Pero le frustraba el hecho de que fuera a costa de haberle entregado su culo. No quería eso para Boruto, quien claramente se esforzaba por llevar a cabo sus propios esfuerzos y crecimiento.

Se pasó una mano por los cabellos y se levantó. La secretaria dio un respingo.

—Iré a comprar un café —avisó.

—Puedo traerlo de la cafetera de…

—No, iré a comprarlo fuera. Necesito aire interrumpió antes que se levantara.

Necesitaba refrescarse, que cada vez que cerrase los ojos dejaran de aparecer las mismas imágenes. Y que su estúpido cuerpo en tensión dejase de añorar más y recordar esos tiempos. Ya no era un chiquillo, por dios.

—¡Kyah!

Dio un respingo al notar que alguien chocaba contra él y que su camisa y chaqueta quedaban empapadas. Al bajar la vista, una mujer trajeada le miraba con espanto. El café continuaba desperdiciándose contra el suelo de su mano de lo atónita que se encontraba. Su camisa y su chaqueta no se libraban.

—¡Oh, lo siento tanto! —se disculpó repetidas veces, inclinándose y derramando lo poco que quedaba.

Naruto dio un paso atrás y se sacudió la camisa, quitándose la chaqueta.

—No importa —negó—. No miraba por dónde caminaba.

Y era cierto. El accidente fue más a causa de sus propios pensamientos que por i fijándose de por donde caminaba.

—Deberíamos de quitarle la ropa y cambiarle por otra… deje que me encargue de la lavandería y...

Pese a que hablaba rápidamente sus palabras se le complicaba bajo un toque de vergüenza. Se fijó de que era más bajita que él, algo rellenita, con un busto que parecía querer luchar con los botones de su camisa y de cabellos largos. Sus ojos quizás fueran los que resaltan más.

—Aquí venden ropa —sopesó—. Puedo escoger una y, si es tan amable de pagarla para que pueda ponérmela, me cambiaré en el cambiador del centro. La esperaré dentro.

Ella asintió y le siguió por los diferentes puestos. No quería algo caro pero buscó una camisa y un pantalón simplemente. Mandaría el traje a la tintorería y tendría que tirar de otro para ponerse mañana. Ella parecía estar todavía nerviosa, echándose las culpas. Le entregó su tarjeta de crédito y la ropa.

—No pasa nada. Se lava —tranquilizó antes de meterse tras los vestidores.

Ella volvió pasado un rato. Sin ropa más que sus calzoncillos y sus calcetines, abrió la cortina cuando la escuchó preguntar por "el hombre del café".

—Naruto —se presentó—. Mi nombre es Naruto.

Ella parecía haberse quedado estática al verle. Cogió la ropa casi con pinzas al ver que no reaccionaba y cerró la cortina.

Su voz le llegó tímidamente.

—Hinata… mi nombre es Hinata Hyûga.

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Había subido el primer capítulo tras lo que su mente había cavilado. Lo dejaría en intriga porque él mismo se sentía así. Curiosamente, cuando revisó sus mensajes al día siguiente tenía más de cien mensajes pidiendo continuación, más de mil votos y un sinfín de favoritos. Y de muchos países, cosas que ayudaba muchísimo a subir.

Los comentarios preguntaban acerca de quién era el misterioso hombre con el que el protagonista —quien había recalcado que era el mismo del fic "El soldado nocturno"—, cosa que atrajo aún más a los lectores, pues muchos querían saber cómo continúan sus andanzas nocturnas. Y que ahora estuviera tirándose a un desconocido en una habitación cualquiera, llamaba más la atención. Había pasado de satisfacerse a tener sexo salvaje en un momento. Le había puesto como título al fic "el hombre secreto".

Fue directamente a la universidad, así que no había visto a su padre durante ese tiempo. No sabía exactamente qué cara tendría. ¿Estaría satisfecho con el sexo? ¿Habría sido por amor o presa del momento? Dudaba que su padre estuviera tan desesperado como para acostarse con alguien insignificante. De ser así, lo habría hecho antes en vez de satisfacerse a sí mismo.

Claro que no podía preguntarle y la duda estaba matándolo de intriga. ¿Quién era el sujeto capaz de hacer que su padre gimiera de esa forma? Como si estuviera derritiéndose.

Himawari alguna que otra vez le había dicho que él lo hacía y que le gustaba que lo hiciera. Pero tendían a tener sexo silencioso a causa de que Hinata solía rondar algunas veces por allí. Y caundo llegaban los momentos de masturbarse por necesidad, no solía fijarse demasiado si gemía o no. Cosa que le llevó a preguntarse si su padre sabría que él también tenía esas necesidades incluso teniendo novia.

No comprendía por qué todo lo que tuviera que ver con el sexo y su padre le llamaba tanto la atención. No era normal, de eso estaba seguro.

—Os presento a vuestro nuevo profesor, Sasuke Uchiha.

Apartó la mirada del ordenador al atril.

Conocía a ese hombre como muchos de esa clase, interesados claramente y no sólo por su aspecto y paso seguro. Era un hombre grande de cabellos negros y mirada fría y oscura. Su voz llenó por completo la clase mientras se presentaba, aunque realmente no necesitaba.

Era uno de los más importantes pilares del mundo lingüístico, así que todos querían un pedazo de él.

Les dio una corta charla de lo que sería su asignatura, pero cuando les dio la espalda para escribir en la pizarra, Boruto no pudo evitar ponerse en pie. La silla crujió y todas las miradas se pusieron sobre él. Incluso la del profesor.

—Uzumaki Boruto.

No lo preguntó. Sabía quién era. Igual que él le había reconocido.

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Sasuke se pasó los dedos por los labios mientras leía las letras en la pantalla. Reconocía su estilo. Debía de pulirlo más. Revisar algunas fallas ortográficas. Pero se notaba que era algo suyo. Todo lo que leía de él tenía su esencia. Una esencia bastante interesante, teniendo en cuenta que él conocía quiénes eran los protagonistas.

Especialmente, del último fic.

Le había sorprendido la cantidad de interés que despertó con sólo un one-shot y un único capítulo. Tenía talento y también carisma. Como su padre. Pero Sasuke era capaz de reconocer esos talentos por sí mismo sin necesidad de conocer la línea sanguínea. Le había investigado cuando tuvo oportunidad y hacerle su alumno no era una broma que dijera porque sí.

Como persona conocedora de ese mundo sabía que muchos autores usaban la realidad para inspirarse. Amigos, hermanos, padres, primos, vecinos incluso. Cualquier historia fomentaba la imaginación y podías hacerla tuya jugando y variando la trama.

No podía ocultar que sentía interés en que fuera Naruto quien fomentase esa imaginación. Lo reconocía. Ese hombre era capaz de crear mil cosas en las personas, especialmente en él. Debería de haber extinguido ese pasado. Alejarse de ese oscuro sentimiento de posesión que sentía por él.

Y sin embargo, desde que lo había vuelto a probar no podía dejar de pensar en él. En el sabor de su piel, la forma en que su trasero lo recibía, en que su miembro se tensaba contra su vientre. En sus gemidos, su boca dura y tosca como siempre, difícil de besar que tanto le gustaba.

Debería de estar sintiéndolo por Hinata, pero no podía. Porque con ella le ocurría lo mismo. La misma sensación. La misma mierda.

—Esto… ¿Profesor?

Parpadeó para volver al presente.

Boruto estaba sentado justo frente a él al otro lado del escritorio del director. Le había pedido que se reuniera con él tras que las clases terminaron. En el mismo lugar del acto. Había disfrutado con la incomodidad que se instaló en él.

Era como una copia de Naruto cuando era más joven. Aunque sus ojos fueran más claros y sus cabellos parecieran una seta extraña, tan rubios y tan semejantes.

—Siento haber interrumpido su clase, dattebasa —dijo.

Sí, por supuesto, tenía que tener una muletilla también.

—No te he dicho que vinieras para perder el tiempo, Boruto Uzumaki —comenzó poniéndose en pie. Rodeó la mesa y caminó hasta quedar frente a frente a la estantería. Esa misma estantería. Uno de los cuadros estaba caído todavía—. Si no por algo que hago todos los años en que soy profesor. En esta o en otra universidad.

Notó que no respondía, con la vista fija en el espejo y cuando le devolvió la mirada, enrojeció, desviando la suya.

No tenía más dudas. Sí. Los vio.

—Siempre escojo un alumno propio para guiarlo por el lado correcto y mejorar sus aptitudes. Tiene que ser alguien bueno. Y tú cumples esas actitudes. Pero estás en tu derecho de negarte, por supuesto.

Boruto se levantó enérgicamente.

—¡No, quiero!

Sus ojos brillaban emocionado.

—Entonces, participarás en esto.

Le mostró un folleto del concurso.

—Dentro de un año. Tienes un año para escribirlo. Presentar el que consideres tu mejor trabajo. Mientras, estarás bajo mi cuidado.

Boruto aceptó el panfleto con el ceño fruncido.

—No creo que…

—He leído lo que escribes —interrumpió. Sus ojos le miraron con cierto miedo—. Y eres bueno. Puliremos las partes que te cuestan. Y luego, veremos qué ocurre. Pero te aviso, si te digo que participes es para que ganes el primer premio, no el último ni un segundo.

Boruto asintió. Sasuke se acercó hasta su altura.

—Y otra cosa más, Boruto —continuó—. Escribir de cosas que desconoces fomentan tu imaginación, buscando adjetivos y descripciones que mejoren lo que crees que se siente, también entregando esa falsa sensación a un lector novato. Así que la próxima vez, asegúrate de comprenderlo mejor. Por ejemplo.

Se inclinó, tomándolo de la barbilla.

Boruto era alto ya de por sí. No era un niño. Tenía ya dieciocho años y era tan desgarbado como su padre por entonces.

Y sí, también poseía ese tipo de boca que te atraía era difícil de besar.

Abrió muchos ojos mientras le invadía, mientras sacaba un suspiro inesperado de él que le hizo sonrojarse y una de sus manos se aferró a su espalda, arqueando su cuerpo contra él. Cuando sus ojos se cerraron y su lengua comenzó a responder, le soltó, lamiéndose los labios y después, el pulgar.

—Ahora ya sabes cómo es el beso de otro hombre. Revisa tus escritos y pregúntate qué hacías mal.

Luego le dio la espalda y salió.

Se maldijo por dentro mientras caminaba con aspecto sereno.

Aquellos condenados Uzumakis eran igual.

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Himawari tenía un terrible dolor de cabeza desde la mañana. Que anunciaran exámenes ya tan pronto iba a agotar su tiempo totalmente y llevaba un buen rato llamando a Boruto para desahogarse y no le cogía el teléfono. Se preguntaba si al final tendría un novio típico absorbido por la universidad hasta el punto de que trágicamente se separaban porque la engañaba con otra.

Tan pronto como lo pensó no pudo evitar echarse a reír. Boruto era demasiado complicado como para que otra mujer lo comprendiera. Sólo ella podía hacerlo y aceptarlo de esa forma tan retorcida suya.

Se imaginaba que estaría en clases o trabajando en ese proyecto último que lo tenía loco.

—¿Ya estás en casa?

Apartó la mirada del móvil para clavarla en su madre. Sacó la llave de la cerradura y tras dejarla en el lugar de siempre, asintió, sin poder evitar sentir curiosidad.

—¿Y ese traje?

Su madre estaba guardando dentro de un plástico un traje de hombre. Ella le sonrió con culpabilidad.

—Le tiré café a alguien encima sin querer cuando salía del trabajo —confesó acercándose a ella para darle un beso en la frente que ella correspondió en su mejilla después—. Así que me ofrecí a lavarle el traje. Me costó, pero lo logré.

—Vaya, eso parece sacado de un cliché —bromeó.

Su madre sonrió.

—Pasas mucho tiempo con Boruto.

Escuchó la cadena del baño y enarcó una ceja. Su madre le guiñó un ojo.

—También lo invité a cenar como pago por mancharle el café.

Himawari estaba muy sorprendida. Se inclinó hacia su madre para susurrarle.

—¿Estás jugando a dos bandas? ¿No tienes a Sasuke?

Su madre enrojeció y le dio una cachetada amigable en el trasero justo cuando la puerta se abrió. Himawari esperó a que la figura del hombre se mostrase. Quizás su madre no tenía mal gusto, aunque debía de admitir que Sasuke era uno de esos tíos que bien podrías apodar "cañón".

Sin embargo, su boca abrió mucho cuando vio al hombre. Y este también se mostró altamente sorprendido.

—¿Hima-chan?

—¡El papá de Boruto! —exclamó.

Su madre los miró a uno y otro.

—¿Eh?

Continuará…

¡Y pum!

Muchos me habíais preguntado cómo era que se encontraban Hinata y Naruto y bueno, no vamos a abandonar las viejas costumbres y tiré del cliché típico y perfecto del café caliente encima xD.

Sasuke ya se morreó al Burrito... ¡Ups! Es divertido pensar que mientras Sasuke se come al hijo, el padre se come a la novia (?