Continuamos con el fic lioso xD
Letras sucias
Inevitable
No puedes parar este tren
Ni aunque patalees.
Estaba terminándose la hamburguesa cuando Mitsuki se sentó frente a él en la cafetería. Boruto miró a su alrededor, preguntándose si no se había equivocado de mesa, pero cuando se inclinó más hacia él supo que no.
—Leí tu última actualización —le dijo—. Es fantástica. ¿Cómo se te ha ocurrido marear así la perdiz? No le tienes miedo a nada.
Boruto mordió su comida antes de responder, tomándose su tiempo en masticar.
—¿Por qué debería? Letras son letras.
Mitsuki sonrió significativo.
—Letras sucias parecen —indicó.
Mitsuki no conocía hasta qué punto lo que escribía estaba sucio. Para él, como lector y persona ajena a su situación, debería de tener una mentalidad atrevida.
—Incesto, engaño, misterio. Ese Fanfiction lo tiene todo. Me gusta. ¿Ya tienes un nuevo capítulo en marcha?
—Todavía no —negó.
Y era verdad. Lo había intentado pensar tras pasar la noche escribiendo. Añadir el beso que le había dado a su padre fue cósmico para atraer a sus lectores y sin embargo, ahora estaba en blanco. No sabía qué hacer ni cómo solucionar o continuar la historia. Porque su padre no estaba por la mañana cuando se despertó y aunque dejó una nota informándole de que llegaría tarde esa noche por una reunión, Boruto sabía que era mentira.
Su padre no podía mirarle a la cara. Y era natural. ¿En qué cabeza cabía que un hijo besara de ese modo a su padre? Encima, le había echado en cara la verdad que conocía. Aunque había disfrutado de una forma perversa ver su rostro contraerse en sorpresa y vergüenza, después del momento llegaba la hora de enfrentar las consecuencias.
—Oye. ¿Es cierto que Sasuke Uchiha te ha tomado como aprendiz?
Boruto enrolló el papel de la hamburguesa en una bolita que estrujó entre sus dedos y cabeceó una afirmación. Mitsuki silbó mientras destapaba su ensalada.
—Uff.. la cantidad de gente que quería ese puesto no estará muy feliz —dijo—. Aunque, claro, la gran mayoría desconocen tu verdadero trabajo. Como te dije, pensaba que eras una chica —recalcó cuando le miró sin comprender—. Y eres un chico.
—Tu también lo eres —le recordó encogiéndose de hombros—. ¿Qué importa si eres hombre o mujer? Escribir no es cosa de un sólo género.
—Lo sé —reconoció el muchacho antes de mordisquear un trozo de lechuga como si fuera una serpiente—. Es simplemente habilidad, paciencia y mucha, pero mucha inspiración.
—Eso pensaba yo —reconoció entre dientes.
No supo cuán equivocado estaba hasta que Sasuke Uchiha le besó. Describir un beso masculino fue mucho más natural desde ese momento. Era cierto. La sensación no era la misma que besar a Himawari y aunque adoraba hacerlo, ella era más delicada, más suave. La boca de Sasuke fue dura, suave, sí, pero una suavidad diferente. Y la de su padre… dura, difícil y muy marcada.
Era curioso besar a tres personas y que todas fueran tan distintas.
Todavía no se lo había contado a Himawari. Lo de Sasuke no fue un caos porque no lo efectuó él. Besar a su padre, sí. Necesitaba contárselo y ver qué opinaba. De alguna forma, Himawari era la voz correcta de su conciencia. Sin ella, probablemente estaría en la cuerda floja.
¿Dónde podría encontrar una mujer que le amase con sus rarezas?
—¿Te vas? —preguntó Mitsuki cuando se puso en pie.
—Sí, voy a apuntarme al concurso de fanfic —respondió—. ¿Lo harás también?
—No —negó él—. Ese concurso no me interesa. Es demasiado difícil lo que se pide. Y las bases son… bueno, extrañas.
Si era sincero ni siquiera las había leído. Simplemente aceptaba la oportunidad que Sasuke Uchiha le ofrecía y lo que eso significaría para su carrera en el futuro.
Había rellenado el impreso y aunque todavía tenía tiempo para escoger qué fic participaría eso lo angustiaba de cierta manera. Estaba más centrado ahora mismo en el que se basaba en su padre y sus vivencias y no había pensado siquiera en comenzar otro.
—¿Hay alguna regla que impida participar a un fic ya publicado en la plataforma? —cuestionó ante de entregar la hoja de suscripción a la muchacha encargada.
—No, no es necesario. Lo mismo da si está publicado o no. Mientras seas el autor, por supuesto. No olvides registrarlo para mantener tus derechos, por favor.
—Vale, gracias.
Ya se encargaría de eso si pensaba utilizar uno ajeno a la página. Tenía algunos viejos pululando por su perfil pero no tuvieron la misma fama que los anteriores. Incluso recibió algún que otro mensaje preguntándole si realmente era el autor de esos fics, pues les parecía que había madurado con el paso del tiempo en escritura.
Y debía de reconocer que le daba una pereza increíble corregirlos.
Su móvil tembló en su bolsillo. Tras sacarlo, la fotografía que tomara de Himawari en bikini apareció. Alejándose de la gente se llevó el móvil al oído.
—¡Hima! —saludó—. ¿Qué ocurre? ¿No tendrías que estar en clase?
—Sí, estoy, pero la profesora no ha venido hoy y me aburro muchísimo. Pensé que podrías tener un tiempo para hablar.
—Lo tengo —asintió buscando un lugar más cómodo. Vio las gradas a lo lejos y empezó a caminar hacia ellas—. ¿Han empezado tus exámenes?
—Sí y estoy agotada ya. Tu empiezas la universidad y yo ya estoy de exámenes. ¡Es absurdo!
Subió hasta la más resguardada, apoyando la espalda contra la pared.
—Ey, que también tengo presión —añadió—. Acabo de entregar oficialmente mi suscripción al concurso de fics.
—¡Eso es genial, Boruto! —exclamó ella—. ¿Estás nervioso?
—Sí —reconoció—. No sé qué diablos enviar.
Himawari guardó silencio durante un momento.
—¿Por qué no el que estás escribiendo ahora mismo?
Boruto casi dio un respingo.
—¿El que está inspirado en…? —guardó silencio. No era extraño que alguien escuchara sin que se diera cuenta. Desvelar quién era o qué iba a publicar podría ser peligroso en ese momento—. ¿Lo dices en serio, Hima?
—Completamente.
Boruto suspiró, agotado, frotándose el ceño.
—No podría —negó—. No tiene una trama establecida por mi decisión o inspiración. Más bien por sucesos reales. Puede que no lo termine a tiempo o puede que no sea bueno. Hasta existe la posibilidad que tenga que borrarlo.
Himawari tardó en responder.
—¿Te vas a rendir así de fácil? —preguntó al fin—. ¿De verdad? Espera, entonces creo que me he equivocado de novio. Tendré que llamar al que siempre ha tirado hacia delante sin detenerse.
Tal y como lo dijo, le colgó. Boruto se quedó mirando el móvil, incrédulo. Una sonrisa empezó a formarse en su boca. Presionó el botón de llamada.
—¿Qué Boruto eres?
Soltó una carcajada.
—Dios, cada día eres más increíble, Hima.
—Por supuesto. Soy una especie en extinción.
Lo era. Desde luego que sí. Si no la tuviera, estaba seguro de que no sabría qué hacer. Se habría doblegado pensando que era un ser retorcido. Himawari le salvaba de esas lagunas oscuras.
—¿Qué vas a hacer?
—Creer en ti —respondió sin pensar.
Himawari chasqueó la lengua.
—Has de confiar en ti, en tu talento, no en mí.
Esbozó una sonrisa pese a que sabía que no podía verle.
—¿Realmente crees que me falta confianza, Hima?
Ella lo sopesó.
—No, no te falta. Pero a veces te caes, como todo el mundo y necesitas que alguien te de una patada para levantarte. Y para eso estoy yo. Las veces que haga falta.
Boruto miró al cielo, enfocando las nubes y sus formas extrañas.
—Hima…
—Te quiero —interrumpió ella—. Y lo sé.
—¡Aaah! —exclamó frustrado—. Ahora quiero verte. Me gustaría dejar todo e ir a por ti.
—No puedes y yo tampoco —descartó ella riendo—. Demasiados exámenes me esperan. Aunque también me muero por verte…
Miró su reloj, sopesando la distancia.
—Podría estar en tu universidad en… media hora y poco más.
Himawari suspiró ansiosa.
—¿Qué hay de tus clases?
—Puedo saltarme una —propuso.
—No —negó ella firme—. Esperaré a esta tarde. Es más, me gustaría comentarte algo.
Boruto no pudo negar que le frustraba que le impidiera verla. Aunque le pudo más la curiosidad.
—Sé que probablemente te enfades, pero… bueno, no puedo controlar a mi madre y los senderos que decida usar en su vida. Sería injusto después de que ella nunca se haya inmiscuido en lo nuestro.
Boruto apretó los labios, tenso. Sospechaba por dónde iban los tiros.
—Ella quiere… bueno, ya que ayer no se pudo, invitar a tu padre a cenar. Conocerse mejor, ya que son nuestros padres.
Se frotó el puente de la nariz, recordando que le había dado carta blanca a su padre para hacer lo que quisiera en referencia su suegra. Por supuesto, Hinata era una persona de costumbres y si sentía que debía de disculparse o poner en orden el conocimiento de los padres, lo haría.
—Está bien. Aunque hoy no he hablado todavía con mi padre. Ayer pasó algo y… bueno, supongo que es difícil para nosotros ahora mismo.
—¿Qué ha pasado? —cuestionó al instante Himawari—. ¿Os peleasteis por lo que ocurrió?
Boruto tardó en responder.
—Algo así… me enfadé porque las cosas pasaran fuera de mi control, pero, lo acepté. Pensé que no estaba en mi derecho de entrometerme entre ellos y aún así… —se frotó el rostro con una mano, agotado—. Hice algo tremendo por… no sé por qué exactamente.
—¿Por qué suena tan horrible? —preguntó—. ¿Le has matado?
—¡Claro que no, ttebassa! —negó asustado—. Yo… joder, Hima. Le besé. Le besé igual que me enseñó Sasuke, le tiré en cara que se acostara con éste también.
El silencio de Himawari le cosquilleó la nuca como si fuera una señal de advertencia. Besó a dos hombres y uno de ellos era su padre. ¿Cuánto de su retorcida vida era capaz ella de aceptar?
—¿Hima? —preguntó acongojado.
—Sigo aquí —respondió—. Es sólo que estoy pensando.
—Estás…
—No estoy enfadada —interrumpió—. No te preocupes. Sólo deja que tome un poco de tiempo en pensar. Te llamaré.
Antes que pudiera decir nada más, le colgó.
Boruto se quedó ahí, sentado mientras miraba las nubes. El mundo continuaba girando a su alrededor y él estaba más perdido que nunca.
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Naruto Uzumaki no tenía la mente en condiciones. No había dado en el clavo en todo el día. Las reuniones eran pesadas, no comprendió nada de lo que se trató y no estaba seguro de haber aceptado unas condiciones óptimas. Llevaba más café en las venas que sangre y no se atrevía a mirar a su hijo a la cara. Y todo porque no comprendía qué había pasado.
Boruto sabía lo de Sasuke. Que era su ex y que se tuvieron sexo en el despacho del director como dos pubertos idiotas.
Y luego, luego…
Se tocó los labios, completamente ido. ¿Era natural que un hijo besase a su padre? ¿De esa forma? No estaba seguro.
La luz roja del teléfono lo devolvió al presente. El mundo no iba a detenerse por más que él tuviera problemas. Presionó el botón y la voz de su secretaria se escuchó a través del altavoz.
—La señora Hyûga Hinata está aquí y solicita una reunión con usted.
Se puso en pie nada más escuchar el nombre y él mismo abrió la puerta, sorprendiendo a ambas mujeres. Hinata Hyûga dio un brinco, llevándose las manos a los labios y enrojeciendo.
—¡Santo cielo! —exclamó.
—¿Cómo es que... ? No —se detuvo al ver que su secretaria les miraba con suma atención—. Por favor, pasa —invitó extendiendo el brazo para invitarla al despacho.
Ella lo hizo tras una educada reverencia. Se sentó en uno de los sillones para invitados y él hizo lo propio en el de enfrente tras cerrar.
—No esperaba que vinieras —confesó.
—Sí, lo siento. Igual debí de llamar antes —murmuró ella—. Pero pensé que sería bueno hablar sin que los niños estuvieran por medio. Ellos llevan juntos ya tiempo y pensaba que, aprovechando la incómoda situación, podríamos hablar más y… bueno, todavía le debo una cena de disculpa.
—Oh, sí, sí —aceptó—. Boruto no quería que nos conociéramos todavía —explicó cruzándose de brazos—. No sé bien por qué. Aunque sospecho que es porque se avergüenza de mí. De alguna forma. Le dije muchas veces que era bueno que nos conocieramos, ya que bueno, tu hija viene algunas veces a casa y querrías saber con quién podría estar. Si me pasa lo mismo con mi hijo, claro. Es normal en padres, supongo.
Hinata parpadeó, sorprendida.
—No, no. Boruto no se avergüenza de usted para nada. Si lo hiciera, nunca hablaría de usted de la forma que lo hace cuando está con nosotras. Él… creo que es muy celoso de ustedes —dedujo—. Le quiere mucho pero es torpe expresando sus sentimientos. Quizás tuviera miedo de que al conocerlos le perdiera de algún modo. Himawari siempre dice que Boruto es una sombra dorada en estos momentos de su vida y que se aferra a las cosas que ama como nunca. Que cuando algo cambia se siente horrible por tener sentimientos que considera inadecuados. Creo que los celos son una parte suya.
Naruto se sintió… ¿feliz? De algún modo eso le hacía pensar que su hijo era adorable de muchas formas. Estaba seguro de que, si hubiera escuchado esas palabras, estaría sonrojado y enfadado por igual. Pero que a él no le importaría y querría abrazarlo de igual forma.
Hinata se echó hacia delante y por encima de la pequeña mesa de té le tomó las manos.
—Sé cuán de duro ha debido de ser criar solo a Boruto. He de decir que las chicas son más sencillas, pero un chico, seguro que te dio la suficiente guerra. Tuviste que hacer muchas cosas. Oh, sé esto porque Hima me contó que Boruto no tenía madre —recalcó. Él miraba sus manos enlazadas, frunciendo el ceño a medida que avanzaba la conversación—. Le comprendo.
Hinata asintió con la cabeza y el moño ejecutivo que llevaba en su cabeza tembló. Naruto, avergonzado, se preguntó de qué forma se vería sin él y extendido de cualquier forma sobre una superficie blanca. Una almohada estaría bien. No, sería perfecta.
Retrocedió, sorprendido, parpadeando. Se levantó incómodo, tirándose de la corbata y carraspeando.
—Ehm, sí, fue difícil, pero era algo que yo quería —balbuceó.
—Y no lo hizo mal —garantizó ella siguiéndole con la mirada—. Tiene a mi hija en sus brazos.
Naruto no pudo evitar sonreír.
—Bueno, es que Himawari es una muchacha muy capaz que, disculpa la grosería, lo tiene cogido por donde más le duele a un hombre.
Hinata parpadeó con cierta inocencia que se le antojó encantadora.
—¿Por el corazón?
—Oh, eh… sí, digamos que sí —accedió algo más educado. Ella sonrió.
—Entonces, sí. Su hijo es encantador. De… de haber tenido un hijo me habría encantado que fuera justo como él, la verdad.
No pudo ignorar la tristeza en la connotación de su voz. Naruto se sentó de nuevo, a su lado.
—¿Ocurre algo?
—Yo…
El timbre de su teléfono la interrumpió. Disculpándose lo sacó y su mirada se iluminó.
—Dime, Hima —saludó mirándole significativamente. Naruto hizo un gesto de asentimiento y también sonrió—. ¿Has hablado con Boruto? ¿Qué ha dicho?
Naruto sintió que se tensaba. Su hijo era lo más importante para él y sus palabras casi siempre creaban alguna fisura de más en su vida. Y justo en ese momento, estaba en caos.
—¿Que sí? ¡Genial! Gracias, Hima. Nos vemos luego. Te quiero.
Nada más colgar, Hinata se puso en pie, sonriéndole y disipando la oscuridad de la anterior conversación.
—Entonces, cuento con usted esta noche —indicó.
Naruto la imitó y tras abrirle la puerta y asentir, la detuvo.
—Naruto. Ya le dije que me llamase Naruto.
Ella sonrió.
—Hinata.
Sonrió como un idiota. Después de mucho tiempo.
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Hinata no podía dejar de sonreír. A tal punto que ya le dolían las comisuras. Incluso cuando Himawari chocó sus caderas contra ella y se echó a reír, la imitó.
—Estás resplandeciente, mamá. No pensé que te gustaba tanto el padre de mi novio —bromeó.
Hinata se sonrojó.
—Oye, no es eso —regañó más para ella que para Himawari—. Es que me hace muy feliz poder cocinar para tantos. Estoy acostumbrada a Boruto, pero seguimos siendo sólo nosotras dos y uno más. Ahora, tenemos otra persona para alimentar y…
—Y has cocinado para un regimiento —puntualizó Himawari abarcando la comida con su brazo—. Vamos a tener comida para un mes.
Hinata la miró dudosa.
—¿No me dijiste que Naruto comía mucho?
—¿Naruto? ¿Nada de señor Uzumaki? —picó. Hinata le pellizcó la mejilla—. Vaaale. Sí, come bastante. Boruto también come mucho, claro. Pero creo que menos. ¿Igualmente, esperamos a alguien más?
Hinata negó con la cabeza y asintió con la mente.
Era algo que Himawari no sabía. Menos Boruto. Enrojecería de reconocer la culpa y la maldad que había detrás de toda esa cena.
—¿Todo bien, mamá?
—Sí, sí —confirmó volviendo en sí—. ¿Está la mesa ya preparada?
—Sí, aunque no sé por qué hay un… oh. ¿Sasuke también va a venir?
Se mordió el labio inferior y asintió.
—Claro, no puedo… dar una cena con otro hombre y no esperarle a él.
Esperaba que esa frase diera algo de dignidad a la verdad. Himawari simplemente le sonrió.
—Oye, mamá —comenzó repentinamente, apretando las manos de forma semejante a ella—. ¿Crees que soy extraña?
Hinata dejó el trapo de la cocina sobre la encimera para mirarla. Frunció el entrecejo.
—¿Por qué crees que eres extraña? —preguntó—. No lo eres.
—Es que… bueno, creo que soy extraña.
Hinata la abrazó, acariciándole los brazos.
—¿Por qué?
—Es que… ¿Cuando uno ama de verdad perdona cosas raras?
Hianta dudó.
—¿Qué cosas raras? ¿Boruto te ha pedido hacer algo inadecuado o que no quieres?
—No, no —negó rápidamente—. Es más bien que acepto todo el de él y me da miedo. Claro que no creo que aceptara que me pegara o cualquier otra cosa. Eso jamás. Pero… no sé, sus gustos, su…
—Oscuridad —terminó por ella. Himawari la miró dudosa pero asintió. La tomó de las manos y se las besó—. Mira, puede que para el resto del mundo no sea normal, pero todos, cada una de las personas ahí fuera y aquí dentro llevamos un pasado o algo que nos marcó. Puede esclarecer o bien convertirse en un lastre oscuro. Navegamos por este mundo esperando encontrar a alguien que nos ame con ello y tú, corazón, eres una de esas personas capaces de amar esa parte de una persona, en este caso, Boruto. Eso sí, tienes que aprender a que esa oscuridad no te atrape para mal.
Como siempre, Himawari la observó con detenimiento mientras tomaba nota de sus palabras.
—¿Es así cómo puedes perdonarle a Sasuke besar a mi novio?
Hinata bajó la cabeza para asentir.
—Entiendo… —murmuró pensativa.
—Hima. ¿Acaso Boruto te ha engañado?
—No, no —repitió con el mismo tono contundente—. No es eso. Porque sino, sería como si Sasuke te hubiera engañado a ti. ¿No? Al fin y al cabo, fue él quien le besó.
Por supuesto, Sasuke la había engañado dos veces. Aunque uno pudiera ser considerado un acto impulsivo por viejos recuerdos, el otro era peor, pues sí llegó hasta el final. Y después, le había dado alas a ella misma para comerse a Naruto.
No quería poner en una balanza su relación con Sasuke y la de su hija y Boruto, pero le parecía que quizás la suya era mucho más complicada y extraña que la de ellos dos. Al fin y al cabo, continuaban siendo unos niños.
Abrió los labios para decirlo justo cuando el timbre sonó. Himawari le sonrió y a saltitos, salió de la cocina. La voz de Naruto no tardó en llenar la entrada.
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Cuando la puerta se abrió fue Boruto Uzumaki quien le recibió. Su boca se abrió para pronunciar su nombre y luego se tensó. Por un instante, la idea de probarla de nuevo le sacudió, hasta que vio la otra figura sentada a medio levantarse, con la boca apretada y una mano cerrándose alrededor de la servilleta.
Fue Hinata quien se levantó rápidamente.
—¡Ah, Sasuke! —saludó con voz trémulo—. Bienvenido. Espero que no le importe la intromisión, Naruto. Invité también a mi pareja a la cena.
Naruto tensó los hombros, dejándose caer sobre la silla mientras él avanzaba para besarla. Himawari carraspeó cuando duró demasiado. Al mirarle, Naruto estaba rojo y sus ojos brillaban de rabia. Tan hermoso e imposible como siempre.
—Nos conocemos —dijo al fin sentándose junto a Hinata—. Y también conozco a Boruto. Es mi estudiante. Y mi mejor opción de la universidad.
—¿Tu protegido? —preguntó Himawari guiñando un ojo al rubio más joven.
—Así es —confirmó.
Naruto extendió la boca en una sonrisa forzada.
—Qué casualidad —soltó irritado.
—No lo es —negó sirviéndose algo de comida—. Su talento es bueno, solo necesita algo de práctica.
Naruto entrecerró los ojos.
—Práctica —repitió en un siseo—. Cómo no. A ti todo lo que sea práctica se te da bien.
Sasuke no podía perder la oportunidad de pincharle.
—Así es, sí —confirmó.
—Así te ganas ciertos golpes. Como el de tu cara, por ejemplo —siseó Uzumaki.
—O simplemente por ser sincero.
Naruto golpeó la mesa con el puño, demasiado incontrolable, como siempre. Se puso en pie y aunque todos le miraban, lo aferró del codo para incitarlo a levantarse.
—Tenemos que hablar —gruñó. Él masticó un trozo de tomate para mirar a Hinata y luego a él—. Ahora.
Hinata asintió y se levantó para guiarlos al dormitorio. Sasuke la siguió y Naruto también. Después, él mismo cerró la puerta. Justo antes de que sus hombros golpeasen contra la madera. Escuchó el grito de Hinata pero no intentó abrir.
—¿Has planeado esta mierda, Sasuke? —preguntó sin rodeos.
—¿Por qué presupones eso? Mi novia me ha invitado a cenar.
—¿Novia? —masculló—. Creía que las mujeres te daban urticaria. O al menos, eso dijiste siempre. Y por eso te iban más los hombres. Eres un mentiroso hasta decir basta, Sasuke Uchiha —acusó.
—Las chicas con las que nos relacionábamos antes sí me daban urticaria —confirmó—. Hinata es distinta. Tú mismo lo has visto. ¿No es así? ¿Qué tan retorcido eres para querer ligarte a la madre de tu nuera?
Naruto abrió mucho los ojos, retrocediendo. Sasuke aprovechó el momento para recolocarse la ropa.
—Creí que también te gustaban más los hombres.
—Sólo tú, teme —corrigió áspero—. Y fue una mierda.
—Hn.
Dio un paso contra él, aferrándolo de los hombros y colocándolo en el lugar donde momentos antes estuvo él, presionando su cuerpo contra él. Su musculatura marcándose contra la suya propia.
—Si realmente lo fue, por qué este reacciona.
Bajó la mano hasta su sexo, atrapándolo. Empezaba a endurecerse en su palma. Naruto maldijo entre dientes, queriendo liberarse de él. Sasuke no se lo permitió.
—Naruto —nombró ronco. Pegó su boca contra su cuello, lamiendo hasta su barbilla, mordiendo su piel—. Te lo dije una vez. Estaba yendo a una oscuridad a la que no podías seguirme. Sigo ahí. Si sigues acercándote a mí, te engullirá conmigo.
—¿Y Hinata, qué? —preguntó sofocado—. Ella no…
—Ella es una pobre alma pura que encontré y decidí llevarme conmigo. ¿Quieres salvarla? Hazlo. Atrévete por una vez en tu vida.
Se echó hacia atrás finalmente y él jadeó, limpiándose el mentón. Apretó el puño y por un momento, parecía muy tentado a soltarle un golpe más fuerte incluso que el de la última vez. No lo hizo. En su lugar, abrió la puerta y salió, gritando el nombre de Boruto, disculpándose con Hinata y marchándose poco después.
Hinata entró en la habitación, confusa y preocupada. Cuando vio su estado cerró la puerta con pestillo.
No necesitó decirle qué necesitaba antes de que lo hiciera. La miró, ahí, con su pene en su boca y comprendió que sí, que realmente la había engullido a ella en la oscuridad. Pero si se fijaba más, si dejaba que su mente volase un poco más, necesitaba otra boca junto a ella. Una rubia cabeza y una azulada mirada mientras sus lenguas se encontraban sobre su miembro.
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Boruto no podía hundirse más en el asiento del copiloto mientras su padre soltaba un gran repertorio de palabrotas por la boca, echaba humo por las orejas y apretaba con tanta fuerza el volante que estaba seguro que terminaría por romperlo.
Estaba sonrojado y, por supuesto, no se le había pasado por alto que estaba excitado también.
Himawari y él habían intercambiado una mirada antes de que su padre lo arrastrara y aunque Hinata estaba allí también, tras soltar un simple gracias y una disculpa, no hizo intención de obedecer su petición para que esperase.
Suspiró, agotado. Frotándose las sienes.
—Por eso no quería que os conocierais. Sabía que algo sucedería.
Su padre frenó ante un semáforo que aprovechó para mirarle.
—No, si me la hubieras presentado antes esto podría no haber pasado, Boruto —recalcó—. Igualmente, esto no se trata de conocer a tu suegra o no. Trata de que ese imbécil de Uchiha es lo peor de lo peor. Un rastrero, un…
Apretó los labios. Su padre estaba demasiado furioso como para coordinar correctamente sus palabras.
—Sasuke Uchiha es alguien a quien admirar, papá —corrigió—. Que sea tu ex y terminaseis en malos términos no quiere decir que…
—Te beso —interrumpió aferrándolo del hombro—. Tú dijiste que lo hizo cuando me… Bueno, lo hizo, ttebayo. Y encima, te toma como su aprendiz o su tutor para tu futuro después de que…
—Tuvierais un encuentro sexual, sí. Parece que estoy ahí gracias a ello —reconoció. Aunque realmente no lo sentía así del todo—. Creo que Sasuke realmente ve mi talento, ajeno a quién sea mi padre. Si realmente quisiera herirte conmigo, estaría puteándome, no ayudándome.
Su progenitor pareció sopesarlo. Demasiado tiempo, porque cuando respondió estaban aparcando.
—Vale, eso podría ser cierto. Sasuke siempre fue muy directo y fiel a sus trabajos y demás… quizás generalice con eso —reconoció mirándole—. Pero eso no quita que se pasara contigo.
Boruto bajó en silencio, subieron al ascensor y ambos entraron en su casa. Cuando la puerta se cerró, suspiró, volviéndose hacia él.
—Si lo pones así, yo también te besé.
Su padre se detuvo mientras colocaba sus cosas en la entrada. Boruto se volvió para estar cara a cara a él. Debían de hablarlo. Necesitaban hacerlo.
—Sí. Sí, lo hiciste —recordó pasándose una mano por los rubios cabellos. Luego caminó hacia él para ponerle las manos en los hombros—. Eso fue una confusión por tu parte. Es normal que estuvieras confuso después de lo que pasó. Lo de Sasuke, que yo conociera a Hinata y que pensaras que iba a tener algo con ella. Quizás todo explotó. También porque no fui sincero contigo.
Boruto negó con la cabeza.
—También puede que sea por celos —añadió dejándolo boquiabierto—. ¿Qué? No me mires así. Estoy seguro de que pensaste que te iba a cambiar por Hinata o que dejaría de prestarte atención y por eso actuaste de esa forma tan infantil.
—¿Infantil? —exclamó sorprendido—. ¿Ese beso te pareció infantil?
Demonios, estaba deseando partirle la cara a su padre y de muchas maneras. Todo estaba demasiado confuso, demasiado loco. Era una situación increíblemente insana. ¿Cómo podía sentirse ofendido por ser tratado como un niño?
¿Celoso? No, no se sentía así. Se sentía confuso. Confuso por pensar en su padre de esa forma, por pensar que habría querido mirar qué estaban haciendo en esa habitación él y Sasuke mientras cenaban. Preocupado por ser aceptado por Himawari de esa forma tan única suya.
Levantó las manos para aferrarle la camisa. El muy condenado se había vestido bien, duchado y hasta olía a perfume para Hinata.
—¡Deja de tratarme como a un crío!
—¡Boru…!
Lo acalló.
De nuevo. Con sus labios.
Cayendo en la decadencia.
Empujó a su padre contra el mueble de la entrada, lo encajó con su cuerpo y rebuscó placer en su boca. Se separó lo justo, se tragó sus advertencias y lo sintió temblar entre sus brazos.
—¿Qué es lo que hace Sasuke contigo? —preguntó ronco—. ¿Dónde te toca? ¿Cómo te toca?
—Basta… Boruto —suplicó tembloroso.
—Dime. ¿Cómo y dónde? —repitió.
Bajó su mano hasta el pantalón, tanteando por encima.
—Has salido duro de esa habitación —indicó apretando su sexo entre los dedos—. Te gusta que te rete, que te altere…
Mordió su mentón, subiendo hasta sus labios de nuevo.
—Boruto… basta… Eres mi hijo.
Retrocedió, jadeante y observó lo que estaba sucediendo como si estuviera fuera de su propio cuerpo. Su padre, aquel hombre que lo había cuidado con un amor increible, estaba con la camisa abierta, el torso desnudo y brillante de sudor. Los pantalones revueltos y tensos en las ingles. Su rostro colorado y sus ojos…
Se llevó las manos al rostro, avergonzado y asustado.
¿Qué había mal con él? ¿Qué?
—Boruto…
—¡No! —gritó.
Esa vez volvió a cerrar la puerta. Pero no de su dormitorio.
Ni siquiera el frescor de la calle lo tranquilizó.
Caminó sin rumbo, ido.
Hasta el punto que cuando él se detuvo con el coche a su lado, tocando el claxon para llamar su atención, no se lo pensó dos veces antes de subir.
Porque no podía pensar en nada.
Continuará…
¡No puedo ser buena con estos!
