Notas:
¡Jelou! Soy yo, actualizando... ¡qué milagro! Pero es que me toma mucho tiempo escribir y más revisar capítulos porque este fic no esta beteado. Así que si hay algún error no duden en decirme UwU
Estoy nerviosa por este fic más que los otros dos que planeo, porque temo que no sea buen recibido debido a no soy muy buena manejando a los altos, pero lo intentaré. Asjkajs, y no creo haya nuevo en este fic. Sólo para aclarar, pronto se sabrá porque Pur está asi, para que no piensen que es OoC, o si lo es está justificado, lo juro XD
¡Oh! Una curiosidad de este capítulo es que se suponía sería más largo, pero al final decidí dejarlo así, también espero poder ser capaz de combinar seriedad con humor. La verdad quiero agregar humor pero no soy muy buena en ello, haha.
En fin, gracias por leer y cualquier comentario constructivo o sugerencia es bien recibida UwU
De alguna manera, entre toda esa tranquilidad, el tiempo había pasado a segundo plano, tanto que se había vuelto un compañero más en la nave. En ese momento, se encontraban viajando por la galaxia a una velocidad baja, con el timón en automático y sin rumbo exacto. Para ese punto Rojo se preguntaba cómo es que no se habían estrellado con algún cuerpo celeste, asteroide o planeta, ya que la nave en la que se transportaban era una versión desactualizada, hasta se atrevía a decir que era obsoleta comparado con la gran nave en la que alguna vez viajó. Con más exactitud, hace casi un día.
Aunque honestamente se cuestionaba si habían pasado días completos o meses, incluso podrían haber sido ser años, pues su única fuente de información era el viejo sistema de navegación, el cual mostraba la hora y el día en Irk, o eso se suponía, ya que ni siquiera parecía leer los puntos de desfases en el tiempo que había a través de la galaxia. Pero lo que sí había hecho revisar el tiempo desde que comenzaron y continuamente revisarlo para calcular el paso del tiempo desde el primer momento en el que zarparon. Ante eso último no pudo evitar soltar una risa irónica ya que no habían 'zarpado' sino los habían echado de la inmensa, permitiéndoles únicamente tomar un crucero Voot viejo, algunas provisiones y un mapa para viajar a una galaxia lo más lejos del territorio irken.
Esa era su realidad. Y aunque era difícil de aceptar del todo, sobretodo tomando en cuenta que había sido considerado el más importante de todo un imperio, sin contar a los cerebros control, claro. Pero el hecho de que lo echaran sin más que decir que habían traicionado a Zim era completamente increíble.
Un movimiento en el asiento del copiloto desvió sus pensamientos hacía su compañero, quien finalmente despertaba. Ciertamente estaba intrigado de si estaría bien, pues no había consumido azúcar en las últimas horas, probablemente estaría debilitado, como solía ocurrir en su raza cuando eran privados demasiado tiempo de alguna golosina o botana.
—¿Dónde…? ¿Qué…? —murmuró Púrpura recuperando la conciencia, aunque viéndose incapaz de terminar de formular una cuestión completa y parpadeó un par de veces mientras se incorporaba, adaptándose al inesperado ambiente.
—Al fin despiertas, debes comer algo—dijo Rojo y le lanzó un paquete de donas, el cual cayó en el regazo del contrario, a lo que Púrpura reaccionó de inmediato alarmado, pero no fue por la repentina golosina que había caído en sus piernas.
—¡¿Dónde estamos?! ¡¿Y qué hacemos en una nave tan diminuta?!—comenzó su compañero mirando por todo el lugar intentando encontrar un sentido a lo ocurrido, mientras su mente recuperaba los recuerdos difusos de lo que ocurrió.
—¿En serio lo has olvidado? —preguntó cauteloso Rojo, tentando el terreno y manteniendo la calma para no alterar más al otro, pero al mismo tiempo preocupado porque Púrpura de verdad pudiera haber dañado la memoria en su PAK. No podía permitirse eso, mucho menos ahora que estaban completamente solos, por lo que tener alguna falla se volvía algo de vida o muerte.
Al parecer, Púrpura no tardó mucho en darse cuenta de todo lo ocurrido porque exclamó: —. ¡La decisión! ¡Los cerebros control han cometido un error, Rojo! ¡Esto no puede ser posible! ¡Es completamente inaceptable! ¡Rápido, da la vuelta, debemos volver y tomar el control del Imperio! —exclamó agitado, probablemente presa del pánico como siempre pasaba cuando las cosas estaban fuera de su control. Y Rojo suspiró, expectante de algo como eso—. ¡Nosotros-!
—No podemos volver, Pur—declaró firme, alzando la voz girándose para mirar al frente y concentrarse mejor en navegar ahora que sabía que su compañero estaba bien.
—¡No pueden hacernos esto! Nosotros… nosotros somos los líderes del imperio Irken y la máxima autoridad en la Inmensa. ¡Nosotros somos los más altos!
—¡Ya no más!
Eso pareció llegar al fondo de los temores más profundos de Púrpura, probablemente forzándolo a aceptar la verdad de su status actual porque se calló de inmediato. Esa era la realidad, ellos eran exiliados y no había nada que pudieran hacer en ese momento para cambiarlo. La expresión de Púrpura se suavizó conforme procesaba la situación y probablemente recuperaba las memorias lo que pasó antes de caer inconsciente. Su expresión reflejó un gesto herido, y Rojo dedujo que fue porque recordó su decisión, para luego cambiar a un gesto inconforme con el ceño fruncido, antes de girarse hacia un lado para evitar alguna conversación futura.
—Pur…
Rojo sabía que no obtendría respuesta, pero estando los dos juntos en un mismo espacio le hacía querer al menos intentar mantener las cosas calmadas entre ellos, mas sus intentos no obtuvieron la respuesta deseada. Entonces, acudió a la resignación que venía cuando el otro se ponía en ese estado de ignorar todo su alrededor.
—Haz lo que quieras. Es mejor si no haces nada por ahora, a que estés agitado—terminó por decir. Por dentro, estaba igual de furioso con el exilio además de frustrado, más que nada por la terquedad de su compañero—. Al menos debes comer algo—. Aunque Rojo deseo poder usar un tono más indiferente para hacer énfasis en que no le importaba, ciertamente su voz delató que estaba preocupado por Púrpura. Y sin desviar la vista del vacío del espacio, su compañero estiró su mano, tanteó algún paquete de comida agarrando el primero que pudo y comenzó a comer.
Mientras las horas pasaban, el silencio, al igual que el tiempo, se volvió un pasajero más. Uno insoportable, pero que el orgullo de ambos impedía que lo echaran por la escotilla, como esos desafortunados que osaban a ir en contra de sus órdenes. Ni siquiera los más leales estaban a salvo, pues si estaban aburridos, recurrían a su entretenimiento favorito: burlarse de un irken enano que luchaba por sobrevivir en el vacío. Pero esos días habían quedado en la Inmensa y se juró así mismo que a cualquier costo, encontraría la forma de recuperar lo perdido.
Sus pensamientos regresaron a su situación. Aún recordaba con claridad cómo fueron rodeados por sus propios guardias y, a diferencia del resto de la población irken y debido a sus privilegios anteriores, se les dio la opción de arriesgarse a pedir un juicio de existencia a pesar de la sentencia o ser desterrados, por lo cual Rojo decidió sobrevivir y ser libre aún si no fuera en su imperio. Por supuesto que esa idea no fue aceptada por Púrpura quien de inmediato protestó contra los demás y se rehusó a marcharse diciendo que no se iba a ir sólo porque "un grupo de bajitos" se lo ordenaba, pero antes de que pudiera decir algo contra los Cerebros Control, Rojo cubrió su boca y aceptó el castigo por ambos. Después de todo eso, lo demás pasó tan rápido. Entre todo el caos, tuvieron que sedar a su compañero, pues estaba luchando demasiado contra la decisión, incluso sabía que el otro había entrado en pánico y que fue lo mejor en su momento para evitar que Púrpura se metiera en más problemas.
En el fondo, Rojo sabía que eso tenía que ser un error, pero ir en contra de la decisión de los Cerebros Control podría traer consecuencias graves, por lo que su estrategia era retirarse y volver con un mejor plan.
Y ahora estaba ahí, a miles de millones de kilómetros del imperio irken, en un lugar desconocido, dentro de una nave obsoleta, con pocas raciones de bocadillos y un acompañante que se rehusaba cooperar.
Púrpura se había negado hablar, pues lo único que hacía era comer algún bocadillo cada cinco horas, un tiempo de espera demasiado largo comparado a cuando eran líderes y consumían alimento al menos una vez cada hora, y luego se giraba hacia el otro lado, evitando ver a su ex co-gobernante. Aunque de vez en cuando le lanzaba miradas recriminatorias a éste.
Rojo suspiró por enésima vez desde que habían comenzado su travesía, tanto por que las provisiones se estaban acabando más rápido y no había rastro de civilización cerca como por el hecho de que sabía que Púrpura se encontraba demasiado afectado por la situación.
Muchas veces había intentado tener una conversación con el contrario, cuando pensó que ya se había calmado lo suficiente, sólo para terminar siendo ignorado por completo. Sabía que no era porque estuviera enojado del todo con él, o al menos lo estaba parcialmente. Estaba seguro que no le había agrado el hecho de que decidiera por ambos ni que se resignara a huir sin luchar por quedarse en la Inmensa, por lo que era seguro que Púrpura se había tomado eso como una traición personal.
Sin embargo, la situación entera era demasiado injusta, y lo comprendía, no lo podía culpar por sentirse de esa forma. Él estaba igual de furioso, pero sabía que en su posición no había nada que se pudiera hacer por el momento.
Además, su orgullo era algo que los diferenciaba de otros seres, por lo que no le sorprendía que Púrpura estuviera de mal humor durante todo ese tiempo, pero eso no quería decir que iba a soportar esa actitud por más tiempo.
—Oye, Pur. Si ves alguna estación de provisiones o un planeta, avísame, necesitaremos parar en algún lugar pronto para reabastecernos. Tal vez duramos una semana completa si distribuimos los bocadillos equitativamente y disminuimos el consumo a la mitad, pero es una emergencia y debemos…— Rojo guardó silencio cuando Púrpura dejó de mirar a la nada y se giró hacia el frente, ¿sería que al fin obtendría una respuesta? Toda esperanza se perdió cuando observó lo siguiente, pues en lugar de mirarlo directamente y responderle, el irken estiró su mano y tomó una bolsa de frituras que estaba cerca, la abrió y comenzó a comer en silencio. La expresión de Rojo se mantuvo igual, mas su sonrisa se tensó ante la vista cambiando a una llena de enojo—. ¡¿Acaso estás escuchándome?! ¡Deja de comerte las provisiones! —exclamó forcejeando para detener al otro, quien reaccionó por primera vez durante el viaje.
—¡Devuélveme eso! ¡Es mi ración, no la tuya!
—¡No! Si sigues así estaremos en más problemas de los que crees. No es como si fuéramos a recibir otro cargamento pronto, podríamos llegar a tardar días enteros antes de encontrar algún lugar para reabastecernos. Ni siquiera sabemos qué tan hostil es ésta área de la galaxia.
Púrpura no dijo más, pero la mirada obstinada reflejaba que no se daría por vencido fácilmente. Conocía lo suficiente a su compañero como para adivinar lo que vendría después y probablemente no sería muy diferente a lo que había estado soportando durante ese tiempo, pues por lo general Púrpura tenía dos formas de reaccionar: quejarse en voz alta como había hecho al principio o se encerraba en su propia burbuja del silencio, a veces pasaban ambas, una después de la otra. Mirándole enojado hasta que obtuviera lo que quería o se calmara, lo que pasara primero. Cuando estaban en la Inmensa esas tácticas funcionaban a la perfección con la tripulación de la nave para obtener lo que quería, incluso Rojo cedió ante los caprichos de su compañero un par de veces. Pero no estaban en la Inmensa y no podía el lujo de cumplir lo que el otro quería, debía mantenerse firme y guardar todo bocadillo que pudiera.
Sin embargo, ésta vez sucedió algo diferente pues su compañero cambio a una forma más espeluznante, esa era una expresión nueva y nunca había visto antes, llena de soberbia y estrés. Ni siquiera cuando entrenaron juntos en la academia militar había mostrado una faceta como esa. Ser testigo de aquello por le hizo sentirse incierto y alarmado.
De repente, su acompañante comenzó a mover los controles de la cabina y cambiar los ajustes de navegación, desactivando la conducción automática.
—Eh, Pur… ¿qué haces? ¡Espera, no presiones ese bo-!
—¡¿Querías tu civilización, Rojo?! ¡Pues busquemos una! ¡Hay infinidad de ellas en el universo.
Antes de que Rojo pudiera terminar de hablar el otro había activado la secuencia de avanzar en el espacio rápidamente mientras reía sádicamente, disfrutando del sufrimiento del otro. Como esas veces que decidían atormentar a algún irken bajito, pero ésta vez no había un irken de baja estatura, sino que era propio Rojo quien era la víctima de tal acto.
Repentinamente, Rojo se vio obligado a sujetarse fuertemente de la consola mientras la nave se movía a gran velocidad, mas al mismo tiempo intentaba estirar una de sus manos para desactivarlo. A su alrededor las estrellas y el paisaje en general se estiraba por la híper-velocidad, esquivando por poco varios obstáculos en su camino. Por suerte, Púrpura había estado demasiado emocionado viendo el efecto de su acto que no se dio cuenta cuando Rojo logró apagar el sistema de saltos en el espacio momentos después.
—¡¿Pero qué rayos te sucede, Pur?! ¡Eso pudo haber hecho que llegáramos a un agujero negro o alguna supernova que desactive los sistemas! ¡Incluso pudimos chocar! No sólo eso, sino que se nos ha acabado el combustible de los siguientes meses—regañó y regresó atención al ver el tablero de controles y la pantalla de información, analizando las gráficas que describían el estado de la nave, para luego suspirar y encarar a su compañero—. Tenemos suerte si llegamos a un planeta cercano en ese lapso de tiempo. ¡¿Que no entiendes que ya no estamos en la Inmensa?!
Púrpura se quedó en la misma posición en todo momento, observando a la nada con una expresión impasible en su rostro, sus ojos yacían vacíos, lejanos en algún otro lugar que Rojo no podía comprender con exactitud. Los segundos pasaron y lo único que se escuchaba era el motor de la nave y la respiración agitada de Rojo, debido los efectos restantes de tan peligrosa situación. Sin duda, pudieron haber muerto.
Eso era inusual. Púrpura se había quedado completamente estático en su sitio y el hecho de que no respondiera de inmediato no era una buena señal. Rojo abrió la boca para tomar de nuevo la palabra, pero su compañero se adelantó.
—¿Y qué importa eso? —soltó una risa carente de emoción, parecía más un resoplo—. No hay imperio. No tenemos nada. Nada—respondió Púrpura con una calma inusual, a lo que su compañero lanzó una mirada extrañado por ese comportamiento.
—Porque necesitamos estar con vida si es que queremos recuperar el Imperio, así que sería bueno que cooperaras—. Decir aquello le hizo ganarse la atención del contrario, pues este se giró a verlo y Rojo pudo contemplar mejor esos orbes purpuras que reflejaban desesperanza y algo más que no lograba identificar—. Pero debes tranquilizarte y pensar que haremos seriamente…
—No vamos a lograrlo—murmuró Púrpura, su voz temblando y sus ojos amenazaban con llorar. En todos sus años, lo que podría ser casi toda su vida, su compañero había llorado pocas veces, y mucho menos ocasiones desde que se volvió líder del imperio irken, y por lo general, las razones de esas lágrimas eran cosas triviales, que podían resolverse rápido. Sin embargo, ésta vez era por algo serio.
No sabía exactamente porqué, pero Rojo sabía que Púrpura de verdad estaba demasiado afectado por todo lo que ocurría de una forma que estaba más allá de lo que podía controlar. Tomó aire y se preparó para razonar con su compañero de viaje.
—Escucha, Pur, nosotros vamos a… ¿qué es eso?
El sonido de un pitido proveniente de la consola lo distrajo y desvió su atención a revisar que estaba ocurriendo, pero en cuanto se dio cuenta de lo que se trataba, maldijo su suerte mientras tomaba el mando de los controles de la nave.
【IZ】
De una cosa estaba seguro, no debió haber permitido que unidad SIR lo ayudara con las cajas.
—¡Gir! ¡¿Cuántas veces debemos hablar de que no rompas las cosas del Dib-humano?!
—Perdón, amooo—dijo con voz cantarina, a lo cual el irken le respondió con una mueca e intentó esconder los pedazos rotos de la lámpara con forma de nave espacial en una bolsa para luego ordenarle a su computadora que limpiara el resto de la evidencia.
La mudanza había sido más rápida de lo pensó, sobre todo cuando fue él quien tuvo que traer casi todas las cosas de la residencia Membrana a la base. Al menos era bueno que el humano había empacado todo con antelación, por lo que solo tenía que transportarlo en el crucero Voot durante la madrugada. Para su desgracia tenía que desempacar él solo porque Dib tenía clases matutinas. Primeramente, habían hablado decidido hacerlo juntos el fin de semana, pero inesperadamente el cuarto de Dib había sido rápidamente rentado, siendo su hermana la causa de ello, por lo que se vio forzado a dejar su casa antes de tiempo.
No es como si le molestara, pues era algo que era un hecho, ya que Dib se la pasaba tanto tiempo en su base que habían optado por mover el resto de sus objetos personales para que viviera con él. Al principio tuvo sus dudas habituales, nada más que un sentido de la prudencia como efecto secundario de todos esos años luchando, pero que era rápidamente ignorado cuando pensaba en la lealtad del Dib.
—Esa era la última caja, GIR. Dib-cosa se encargará del resto.
—¡Iré a bañar al pollo! —exclamó chillante GIR antes de irse. Zim lo observó curioso, pero estaba acostumbrado los comentarios aleatorios de su unidad SIR, por lo que no le tomo mucha importancia.
De todos modos, aún tenía preparaciones que hacer, pues debido a los cambios en sus planes, Dib había decidido que después de organizar sus pertenencias, ellos dos podrían hacer un viaje al bosque para investigar una criatura desconocida de la que había leído rumores en un sitio de internet. Y a pesar que Zim no estaba muy emocionado de pasar un par de días en un sucio bosque, se había encontrado aceptando para proteger al humano en caso de que esa criatura fuese peligrosa.
—Alerta, los sensores indican una presencia desconocida en la troposfera terrestre. ¿Inició los protocolos de defensa, amo? —habló la computadora con un tono monótono y Zim entrecerró un ojo en un gesto sospechoso. Usualmente no había alarma así, la última vez que ocurrió eso fue cuando un satélite humano se salió de su órbita activando las alarmas de su base. Sinceramente, estaba tan cansado por todos los lo ocurrido recientemente y tenía tanto por hacer, que decidió ignorarlo y así no perder su tiempo.
—No, probablemente sea algo relacionado con esos experimentos que los humanos hacen para salir de ese miserable planeta—dijo con desprecio haciendo un ademán desdeñoso con su mano—. Inmundos terrícolas que no entienden que su tecnología terroide jamás alcanzaría la grandeza irken de la tecnología irken. Es divertido ver cómo intentan avanzar tecnológicamente con sus máquinas obsoletas. Zim no tiene tiempo que perder en eso—comentó soberbio y se dirigió a la habitación que compartía con Dib.
La computadora suspiró, o al menos eso parecía, pero no hizo ningún comentario de más, dispuesto a cumplir la orden—. Como ordene, amo.
Se preguntó entonces qué debería llevar a un bosque, pues nunca había ido a una excursión, quizá debería esperar al Dib, pero éste le había pedido que tuviera todo listo… Bueno, sólo quedaba investigar. Sin embargo, antes de que pudiera bajar a su laboratorio un estruendo acompañado de un repentino movimiento en el suelo, lo detuvo en el sitio. Era conocedor de que la Tierra estaba dividida en grandes porciones de Tierra estas solían chocar entre sí y causar que el suelo temblara, pero había algo en ese ruido que le decía que no era un temblor.
Alarmado, salió de casa y lo que encontró lo congeló en el momento que posó sus ojos sobre la nave. Eso no podía ser posible, tenía que ser una ilusión, porque no había ninguna razón para que una nave irken estuviera a metros de su casa.
