Disclaimer: ningún personaje me pertenece, todas las situaciones descritas son ficticias y ajenas a la serie.
Nota de la autora: He escrito y reescrito esto tantas veces, pero nunca estaba del todo satisfecha con el resultado. En una versión, Luka y Kagami tenían que hacer un trabajo en grupo y volvían a hablar sin tocar el tema, en otra versión Luka invitaba a Kagami a salir para hablar y todo salía mal, y finalmente me quedé con esto. Quería que ellos reflexionen en como se sentían respecto al otro y creo que lo logre.
.o.
Lo que no se dijo
Habla con ella.
Tan pronto escucho la voz de Adrien abrió los ojos y se sentó en su cama apartando las sabanas de su torso en el proceso. Llevaba una semana así, dando vueltas con la misma idea en la cabeza hasta que el cansancio lo vencía. Sin embargo esa noche la ansiedad de un asunto pendiente iba combinada con medio litro de azúcar procesada que se mandó durante la merienda, de modo que cerrar los ojos y obligarse a dormir era inútil.
Habla con ella.
Esta vez era su conciencia la que le hablaba. Eso o la falta de sueño haciendo efecto. Cualquiera de las dos, tenía razón, tenía que ser más directo. Ya llevaba días queriendo hablarle, pero con lo buena que era ella alejando a la gente, difícilmente lograba atrapar su mirada. Más que frustrante, era agotador preocuparse por alguien que claramente no deseaba hablarle.
Aún así, no podía dejar de pensar en ello. ¿Por qué es así? Un día todo parece estar bien, luego pasa una semana entera fingiendo que no existo. ¿Qué pretende?
Últimamente no podía verla sin sentirse mal y lo peor era que no podía ponerle un nombre a eso. Pena, culpa, ninguna palabra describía del todo lo que sentía, salvo cansancio. Estaba cansado de esforzarse, estaba cansado de justificar la actitud de Kagami y estaba cansado de reducir sus emociones a nada, ¿pero qué otra opción tenía?
Mejor espero.
.o.
Kagami llego al colegio a las 7:00 de la mañana, hizo su camino habitual hasta el curso sin voltear a ver a nadie y tomo asiento. Como todos los días el adolescente paso a su lado, tomó asiento atrás de ella, dejo su maleta en el piso y cuando se sentó, hundió la cabeza entre sus brazos y cerró los ojos. Nada había cambiado, excepto su actitud hacia ella.
Tardo un rato en notarlo, pero a lo largo de la semana se dio cuenta que el trabajo de evadirlo se había vuelto más fácil, pues él ya no se cruzaba en su camino. No la buscaba con la mirada, no trataba de hablarle en los cambios de hora, ni apoyaba su cabeza en su respaldar al tomar siestas, ni le pedía sus notas cuando se perdía por andar durmiendo. Nada, ya no hacia ni el mínimo esfuerzo para recordarle que estaba atrás de ella y por alguna razón no se sentía aliviada. La única persona en el curso con la que había entablado un tipo de amistad, se había vuelto un fantasma en su vida.
Es culpa mía.
Ella sabía que podía pasar meses sin hablarle, más por miedo que por falta de ganas, pero no pensó que para él iba a ser tan fácil hacer lo mismo, hasta la última hora del viernes cuando madame Bustier mandó exposiciones en pareja y él decidió trabajar con Aurora. Por supuesto que se molestó, desde que se conocieron Luka se había vuelto su compañero en casi todas las exposiciones y aunque sabía que en un principio lo hacía por costumbre y por no cambiarse de asiento, no podía evitar sentirse un poco triste. Él llevaba diez años conociendo a todo el curso y ella solo lo conocía él.
Por supuesto que se cansó de mí.
La profesora notó esto y aún así se atrevió a preguntar —¿No tienes con quien trabajar, Kagami? — cómo si no fuera ya bastante vergonzoso estar sola en un cuarto con 15 personas más.
—Prefiero trabajar sola — mintió la esgrimista en ese tono de falsa cordialidad que usaba con las amistades de su madre.
La mujer le dio una sonrisa amable y dijo —Los capítulos son algo extensos, pero si estás cómoda así.
No. No lo estaba, pero era muy mal momento para sentir lastima por si misma.
Clavo la mirada en su libro y comenzó a subrayar el texto de manera pasiva. Conceptos en amarillo, citas en celeste, autores en rosado. Apenas procesaba lo que leía, pero eso fue suficiente para mantener toda emoción al margen hasta que finalmente sonó el timbre de salida y sus demás compañeros abandonaron el salón desesperados, dejándola a ella sola. Kagami termino de recoger sus cosas en silencio y salió cabizbaja hacia la escalera.
Y ahí estaba él, sentado en el último escalón viendo a su celular, seguramente esperando a su hermana para irse a casa.
Habla con él.
Se detuvo, aunque en ese punto no podía darse la vuelta y tampoco quería hacerlo. Era ridículo todo lo que hacía, y todo lo que hizo para evitarse una pequeña charla incomoda, pero estaba demasiado cansada para seguir ignorándolo.
Inhalo profundamente, dijo —Hola — y se detuvo frente a él.
Luka dio un salto y quedo de pie frente a ella. Cuando paso el sobresalto, contesto en voz baja —Hola.
¿Y ahora que? Ya tenía su atención, pero no tenía nada más que decirle. Los dos se vieron en un incómodo y largo silencio. Como siempre, no pensaste bien esto. Era la primera vez en dos semanas que se dirigían la palabra y a pesar de que sabía que eventualmente tendría que volver a hacerlo, no podía formular nada inteligente. Era como si su cerebro la hubiera abandonado a su suerte y hubiera dejado a Marinette a cargo.
Ay no.
Preguntó —¿Esperas a alguien? — tratando de sonar natural y fracasando en el proceso.
Eso sonó tan natural como Siri. Maldijo internamente. Solo haz lo que hiciste con Marinette.
Siguiendo lo que había leído en Wikihow, Kagami abrió su boca en la sonrisa falsa más espeluznante que Luka haya visto. Su barbilla estaba tensa, sus labios formaban un rectángulo y sus dientes estaban tan apretados que estaba seguro de que si se acercaba los escuchaba rechinar.
—Ahm — dijo el adolescente extrañado —A Jules, pero me dijo que se va a almorzar con Rose.
—Oh — contesto la esgrimista volviendo a sonreír de forma macabra —Que bien — y añadió tres pestañeos rápidos.
Luka no estaba respondiendo bien a ello. El pobre chico trago en seco y agarro el barandal con una mano como si estuviera preparándose para treparse a él si ella se le acercaba un poco más. ¿Por qué tenía que pasarle eso? ¿Cómo era posible que ella, primogénita de una de las ultimas familias más importantes de Japón, una atleta de alto rendimiento y una alumna sobresaliente, tenga cero aptitudes sociales?
Diablos, esto es estúpido. Ríndete, busca un psicólogo e intenta hacer amigos en la universidad. No era un combate, retirarse de una charla incomoda era normal, pero que mal se sentía.
Kagami dijo desanimada —Bueno, te veo luego — lista para retirarse y enterrar ese horrible intento de conversación en el lugar más distante de su memoria.
Está triste. Aunque verla sola toco su conciencia, y la mirada consternada de Madame Bustier lo dejo más preocupado, no tuvo el valor suficiente para acercarse a ella en clases. Creía que estaba haciendo lo correcto al ignorarla, que superaría ese enamoramiento y volverían a ser "amigos", pero no podía ser algo bueno si la hacía sentir igual de mal que él. La culpa no le permitió trabajar tranquilo, el miedo de que vuelva a ser akumatizada estuvo ahí todo el tiempo.
—Kagami, espera — la joven se detuvo y él agarrando su maleta del piso, sugirió —si no tienes como irte, yo puedo acompañarte — haciendo énfasis en el condicional —ahm, si quieres.
Contesto —Bueno.
Y esta vez, Kagami sonrió de verdad. El cambio fue sutil, sus labios formaron una pequeña curvatura, un rubor color durazno subió a sus mejillas y sus ojos almendrados cobraron una nueva calidez. La había visto sonreír en distintas ocasiones, pero la sensación que esta le dejo fue tan distinta y a la vez tan familiar. Su corazón hizo un silencio. ¿Deja vu?
La última vez que sonrió así, se encerró en su casa y no volvió a hablarme.
Luka camino hacia la salida con ella siguiéndolo. Caminaron unas dos cuadras sin hablar, dejando que el ruido de los autos y los transeúntes llenen ese silencio. Después de un rato, los dos preguntaron al mismo tiempo.
—¿Cómo has estado? — se detuvieron y compartieron una mirada y una risa corta.
Kagami respondió —Bien — y preguntó —¿Y tú?
El guitarrista la siguió con la mirada en el piso —Bien — y aprovechando que habían llegado a un semáforo en verde, continuo —No hemos hablado desde… hace un tiempo la verdad — y dirigiendo la mirada de nuevo a ella, dijo —y quería pedirte perdón.
Para sorpresa suya, la esgrimista volteo a verlo confundida. No se suponía que las cosas iban a ser así —Yo te iba a decir eso. — la falta fue suya, ella lo hizo sentir mal y aun así, Luka sentía que debía pedir perdón —no estuvo bien como me porté contigo.
Los carros se detuvieron, las personas a su lado siguieron y él, sonriendo tranquilo como si no hubiera pasado una semana entera aplicándole la ley del hielo, dijo —Tú no hiciste nada — y piso la calle.
Pero Kagami no lo dejo seguir. En un acto reflejo, su mano salió volando a su antebrazo antes de que pudiera avanzar y él se detuvo. Sin soltarse, volvió a poner su pie en la acera y la encaro, igual de sorprendido que ella. ¿Por qué hiciste eso? Avergonzada, soltó su antebrazo y agarro su bolso en un intento torpe de disimular lo que había ocurrido.
Explico —Yo entiendo, estabas molesta conmigo. — con un semblante relajado, pero cada palabra pesaba con arrepentimiento. La sonrisa amable pronto desapareció —Fue un accidente, me congele y bueno— su voz apenas se escuchaba — no me aleje cuando debía. Lamento si te hice sentir incómoda.
Hasta que no tuvo nada más que decir. La pregunta "¿y ahora qué?" pesaba en el aire, pero ninguno sabía cómo retomar la conversación después de eso. Después de unos segundos, recordaron donde estaban y cruzaron a la otra calle.
—Luka — Kagami confesó —no estaba molesta contigo. — y el adolescente la vio confundido —Yo sé que tú no hubieras hecho nada que yo no quisiera. Solo temía que si hablábamos de eso, las cosas iban a cambiar.
Cuando imagino ese momento, pensó que sería un poco más dramático. Él hacia la pregunta que tanto temía, ella tenía que admitir que quizás sí le atraía un poco y nunca más volvían a hablar.
Por suerte no paso así. El guitarrista evadió su mirada y contesto en tono comprensivo — Supongo que lo de Adrien era justo la clase de cosa que querías evitar.
—No era solo eso — admitió soltando un suspiro cansado —no quería que las cosas se volvieran incómodas.
Él preguntó —¿Incómodas cómo? — y resoplo algo que asemejaba una risa —¿qué era lo peor que podía pasar?
Respondió monótona —Que ya no quieras volver a hablarme — y tal como esperaba, Luka volvió a verla confundido. No lo entendía y francamente no podía culparlo, estaba consciente de lo poco coherente que era evadir a alguien por algo así. Explico —Yo sé que no tiene sentido, pero tenía — y se detuvo unos segundos a pensar como seguir esa oración —pensé que si yo me alejaba un rato, las cosas no tendrían porque ser raras y todo volvería a estar como siempre.
Él camino se le hizo muy corto y para cuando se dieron cuenta ya habían pasado la tienda de su calle, pero aún tenían mucho de que hablar, así que se detuvieron en la acera.
Kagami iba a decir que tenía miedo, se retracto, pero aún así reconoció en su voz la misma vulnerabilidad sincera que escucho cuando admitió que trabajaría sola. En su salón tú eres la persona con la que se siente más cómoda. Así era antes del viernes, podían hablar y estar en compañía del otro sin tensión ni sentimientos no correspondidos, y ese beso frustrado casi lo arruina. Ella no necesitaba a alguien más que la confunda, necesitaba un amigo. Y tal vez pensó que si no me correspondía, yo no querría ser su amigo.
Vio sus ojos expectantes y corto la distancia por un paso. La joven enderezó la espalda y se paró firme, pero no se movió ni apartó la mirada. Luka tomó aire, e inclinándose un poco hacía adelante confesó —No te hubiera dejado de hablar— y la esgrimista parpadeo lentamente. Vio un destello dorado en sus ojos ambarinos y perdió completamente el hilo. Por unos segundos regreso a ese intercambio de miradas en la cubierta de su barco, cuando al verla olvido por completo que habían más personas ahí y sonrió cómo niño que ve el mar por primera vez.
Ella pestañeo de nuevo, Luka suspiro su nombre —Kagami — y cuando se dio cuenta de lo que había hecho y recordó con quien estaba, sacudió la cabeza, se alejó un paso y explicó tranquilo —Tú en serio me agradas y no te hubiera dejado de hablar por algo así. No podría ni aunque quisiera, te veo prácticamente todo el tiempo. Si en verdad quisiera evitarte, tendría que mudarme de barrio, cambiarme de escuela y hasta dejar de hablarle a Adrien.
—¿Aún te agrado? — repitió Kagami sin disimular el escepticismo en su voz. Sabia que ese pequeño comentario de "debo hablarte, no tengo opción" solo fue para alivianar la situación, pero ese tono agridulce no dejaba de confundirla.
Luka contestó en voz baja —Sí — y suspiró una risa — me agradas.
Más de lo que quisiera admitir.
Sus labios apenas formaron una curvatura y todo su rostro se suavizó. Kagami dijo —También me agradas. — y preguntó —¿podemos volver a hablar?
—Sí — contesto sonriendo —cuando quieras.
.o.
Para cuando llego a casa, los reclamos de su madre por no contestar el celular y llegar quince minutos tarde ni le molestaron. Contesto —Adrien paso dejandome — subió a su cuarto y se lanzó de espaldas a su cama con los brazos extendidos, para darse en la parte posterior de la cabeza con algo que no había visto.
Kagami rodó sobre su lado izquierdo e inmediatamente reconoció el objeto con el que había golpeado. Longg. Tan pronto la abrió, la pequeña criatura salió en un haz de luz e hizo una pequeña reverencia con los ojos cerrados —Tsurugi San
Kagami se paró sorprendida y devolvió el gesto —Longg Sama — inclinándose un poco más —¿a que debo el honor?
El pequeño Kwami puso una "mano" en la cabeza de su portadora y explicó solemne —Es Ladybug, necesita reunirse con ustedes.
.o.
Aviso: Pueden encontrar la playlist de este Fanfic en Spotify como Segundas oportunidades, de Bruja Local. La primera canción es una que me gustó para Luka y la última es una que me hizo pensar en Kagami.
Ese fue el capítulo, nos leemos prontos. Comenten y digan que les gusto de todo esto.
