Nota: Para situaros, he decidido que en mi historia Hermione tiene 18 años (al usar el giratiempo es unos meses más mayor) y Bellatrix 38 (para reducir la diferencia pero sin renunciar a la esencia del maravilloso personaje). Y a partir de ahora los capítulos serán un poco más largos.
Gracias a todos de nuevo por vuestros comentarios y seguimientos, ¡sois los mejores!
-Hermione, deberíamos volver...- Susurró Bellatrix con la voz entrecortada.
La chica ni si quiera la oyó, estaba demasiado ocupada besando cada centímetro de su cuello.
-Her... Hermione...- repitió reprimiendo un gemido.
La estudiante gruñó suavemente sin separar su boca del pálido cuello de la bruja. Su piel era adictiva. A pesar de que ambas habían usado un encantamiento para mantener el calor corporal y por mucho que la acariciara, la piel de Bellatrix se mantenía fría como el aire de una mañana de invierno. Su pelo le hacía cosquillas en la cara y el sonido de sus gemidos ahogados resultaba intoxicante. Y aún así, la parte favorita de Hermione era su olor. Nunca había conocido a nadie con el aroma del fuego, el fuego cuando arde. Como buena bibliófila, recordaba haber leído que el olor del fuego unido a su crepitar y a su magnificencia es lo que vuelve adictos a los pirómanos. Ahora lo entendía.
-Peque, tenemos que volver -susurró Bellatrix con más firmeza-, tus amigos te estarán buscando.
Hermione se separó con un gruñido de protesta pero sonrió al escuchar el apelativo cariñoso.
-Mis amigos estarán demasiado ocupados comportándose como críos- suspiró Hermione con resignación sacudiéndose la nieve del vestido para emprender el camino de vuelta.
-Es lo que sois. O lo que deberíais ser si la guerra no... ¿¡Por qué demonios estás descalza!?- Exclamó Bellatrix alarmada.
-¡Oh! Eh... ¡Accio zapatos!- Pronunció Hermione agitando su varita.
Al instante sus zapatos volaron hacia ella. Bellatrix sacudió la cabeza, hacía bastante que había renunciado a entender el sentido estético de las nuevas generaciones; la moda perdió el interés para ella cuando el corsé pasó de moda. Hermione se apoyó en su hombro, se calzó y emprendieron el camino de vuelta al castillo. Se habían alejado bastante y durante un par de minutos, no hablaron de nada. Bellatrix siempre disfrutaba del silencio; en el caso de Hermione, había mil preguntas que quería hacer pero no se atrevía a formular ninguna.
-¿Por qué ibas al bosque?-Preguntó al fin la joven.
La profesora tardó unos segundos en responder, no estaba segura del grado de confianza que debía mostrar hacia su alumna. Evidentemente la muchacha ya sospecharía algo de su temperamento inestable y destructivo y de su tendencia a la... bueno, a la locura. Decidió, por primera vez en mucho tiempo, confiar.
-Voy bastante -comenzó a responder en voz baja sin mirar a su acompañante- Cuando estoy nerviosa o enfadada o necesito desahogarme. Voy al bosque y destruyo cosas.
"Y luego corro. Y grito. Y me río a carcajadas como si hubiese perdido del todo la cabeza. Y sigo corriendo hasta que el dolor es también físico y ya no puedo más; y entonces, sigo corriendo", pensó Bellatrix. Tampoco había necesidad de ser extremadamente sincera. Decidió que el límite de la locura aceptado socialmente llegaba a la destrucción pero no a la autolesión.
Hermione la miró discretamente, sospechando que el ritual era más extenso, pero no quiso ahondar en ello. En su lugar y de acuerdo a sus prioridades morales, le reprochó que era muy peligroso y elaboró un largo discurso sobre las diversas criaturas mortíferas que vivían en el bosque.
-Y están los centauros que son muy territoriales, las acromántulas... ¡Oh! ¿Y sabes que a Fluffy lo soltaron ahí cuando dejaron de necesitarlo? Y hombres lobo y trolls y muchas otras criaturas temibles como...
Bellatrix soltó una carcajada que resonó en la oscuridad de la noche. Hermione la miró entre indignada y sorprendida.
-Lo sé, peque, ¿y sabes qué tienen en común? Que todas me temen a mí.- Respondió la duelista.
Y aunque seguía sonriendo, el tono siniestro en que habló provocó en Hermione un escalofrío que nada tenía que ver con la temperatura. La Slytherin se dio cuenta de que la había asustado y se arrepintió. No estaba acostumbrada a tener tacto. Paso un brazo por los hombros de la joven, la atrajo hacia sí e intentó suavizar la declaración previa.
-Me llevo bien con muchos de ellos. Los conozco desde mis años en Hogwarts. Probablemente pasé más tiempo con los centauros y con los thestrals que con mis compañeros. Siempre los he respetado. Y ellos me respetan a mí.
La chica asintió mientras caminaba con la cabeza apoyada en el hombro de su profesora. Decidió que no había confianza para preguntarle a qué se debía que siendo niña pudiese ver a esas criaturas oscuras que solo ven quienes han presenciado y entendido la muerte. Dejó pasar ese detalle y bromeó:
-Veo que nunca te ha gustado socializar con humanos, ¿eh?
Bellatrix rió, esta vez sin maldad.
-No, nunca. Odio las reuniones sociales desde que de pequeña me obligaban a asistir a las fiestas de las familias de sangre pura. Ya a los seis años te miraban a ver si valías para casarte con alguien y perpetuar la pureza familiar -resopló la profesora.- De hecho, no tenía ningún plan de acudir a la fiesta de esta noche, esa maravillosa charada que se ha inventado el maldito viejo para intentar distraernos de la guerra...
-¿Por qué has ido entonces?- Preguntó Hermione empezando a ser consciente de la carga que suponía el apellido Black y decidiendo ignorar el apelativo que acababa de recibir Dumbledore.
-La verdad, me he quedado sin whisky. Aunque no descarto que el puñetero Albus haya animado a algún elfo a quitármelo para obligarme a salir de mi cuarto.
-Vaya... Pues me alegro de que haya sido así – murmuró Hermione con timidez.
Bellatrix sonrió y la acercó hacia sí una vez más.
-Bueno, no solo ha sido por eso...-comentó la bruja oscura acercando su boca al oído de la chica-También tenía mucha curiosidad por saber si cierta alumna estrella estaba tan sexy llevando vestido como lo está con el uniforme... Y es evidente que sí.
Hermione se sonrojó y miró al suelo avergonzada. Cuando su profesora le susurraba al oído usando ese tono, perdía todo el coraje propio de una gryffindor. La bruja oscura se rió disimuladamente de la timidez de la joven y viendo que ya llegaban al castillo, decidió cambiar de tema para no torturarla más: "¿Te vas mañana, dónde pasas la Navidad?", preguntó. Inmediatamente el rostro de Hermione se ensombreció. "¡Y ahora por qué diablos he metido la pata!", se preguntó Bellatrix al mirarla de reojo, "Maldita sea mi nula habilidad social...".
-Sí, pasaré la Navidad en casa de los Weasley, Harry también va. Tuve que desmemorizar a mis padres cuando...
Hermione ignoraba cuánto sabía su profesora de la caza de horrocruxes, suponía que poco o nada. Así que tras un segundo de duda -que no pasó inadvertido para su interlocutora- retomó la frase:
-Cuando se hizo evidente que iba a haber una guerra. Con toda la atención por ser amiga de Harry y eso... Me daba miedo que les pasase algo y no me quedó otra opción. Ahora viven en Australia y no saben que tienen una hija.
"Ojalá mis padres tampoco lo hubiesen sabido..." pensó Bellatrix con sorna. Pero habiendo hecho semejante sacrificio, imaginó que Hermione sí que querría a los suyos; así que hizo un esfuerzo supremo por tener ese "tacto" del que siempre le reprochaban que carecía.
-Bueno... Estarán orgullosos de ti, eres muy valiente. En cuanto todo esto acabe, puedes traerlos de vuelta a su... mundo.
"Vaaale, he sorteado bien el tema del amor familiar pero creo que he fallado en lo del desprecio hacía el universo muggle. Lástima, Bella, ¡con lo bien que habías empezado!", se evaluó a sí misma. Una cosa es que hubiese superado -con esfuerzo consciente- el adoctrinamiento infantil al que fue sometida y que no fuese por ahí marcando a la gente como sangre sucia. Y otra muy diferente es que los considerara iguales a los magos en derechos, hábitos y habilidades. Aunque nunca dejase que eso influyera en su trabajo, los ideales ligeramente supremacistas de Bellatrix eran conocidos entre los estudiantes.
Evidentemente, la forma de formular la frase no pasó inadvertida para Hermione, que repentinamente se sintió incómoda y un poco tonta. "La gran Bellatrix Black jamás se interesaría por una hija de muggles" pensó amargamente. Sirius se lo advirtió en su día, pero para ella, su todopoderosa profesora era perfecta y jamás la consideraría una raza inferior. Era evidente que no era así. Y de repente volvía a tener ganas de llorar.
-Bueno, ya hemos llegado. Creo que me voy a dormir. Mañana tenemos que madrugar para hacer las maletas, coger el tren y todo eso... Buenas noches, profesora.
Había estado tan cerca de ser una noche perfecta...
Hermione se despidió con rapidez, sin mirarla a los ojos para evitar que flaquearan sus fuerzas y sin esperar respuesta. Entró al castillo a toda prisa, esquivó el Gran Comedor donde la fiesta seguía en pleno apogeo y se dirigió todo lo deprisa que pudo a la torre de Gryffindor. Cuando ya casi llegaba al retrato de la Señora Gorda, una mano gélida la agarró del hombro. Hermione gritó aunque no hubiese nadie a quien alertar porque todos sus compañeros seguían en la fiesta.
-¡Eh, eh! Peque, tranquila, soy yo -susurró Bella a la atemorizada chica.
Hermione la miró desconcertada, sintiendo que ahora era ella la que necesitaba ir al bosque a gritar.
-Escucha, soy un poquito insensible, ¿vale? Me educaron en unos valores que es evidente que no son los correctos, pero fueron muchos años, muchos... castigos para meter esas ideas en mi cabeza -confesó ella estremeciéndose de forma inconsciente-. No estoy de acuerdo con las ideas del Señor Oscuro, pero no te voy a mentir: sí que considero que el mundo mágico es superior al mundo muggle. No obstante, eso no quiere decir que desprecie ni juzgue a nadie por la pureza de su sangre y mucho menos en mi trabajo; ni lo he hecho ni lo haré nunca.
Hermione la miró con dudas. Comprendía perfectamente lo que le decía y veía el arrepentimiento en sus ojos, no por despreciar a los muggles sino por haberle hecho daño. ¿Le valía con eso?
-Te prometo que me esforzaré por ti, ¿vale? Para ser más abierta de mente, menos clasista y todo eso. Y pase lo que pase, quiero que sepas que eres la alumna más brillante que he conocido nunca.
Bellatrix esperó sinceramente que con eso valiera, porque no recordaba la última vez que se había disculpado con alguien y no se le daba nada bien. La joven miró indecisa a su alrededor y finalmente agarró a Bella por la cintura y la besó con cariño.
-Vale. Lo entiendo -respondió Hermione-.
Bellatrix le sonrió con dulzura y se despidió: "Pásalo bien en las vacaciones, ¿vale? A la vuelta hablamos, a ver si para entonces ya estamos sobrias...".
Hermione sonrió y asintió. Atravesó el cuadro de la Señora Gorda y se metió en su pequeña habitación individual de prefecta. Se puso el pijama y se metió en la cama. Se durmió dándole vueltas a lo que había pasado y a su relación con la bruja oscura.
