A la mañana siguiente, Hermione se despertó bastante pronto. Bebió dos vasos de agua para mitigar el ligero dolor de cabeza que sentía por la resaca y se dio una ducha para aclarar las ideas. Durante la noche, la parte racional de su cerebro había cedido por completo el control a su mitad emocional. Sus sueños habían estado plagados de ojos oscuros, besos, olor a fuego y una extraña sensación de seguridad. No recordaba haber dormido tan bien desde que empezó la guerra.

Pero en cuanto salió de la cama, su lado racional volvió a tomar el control. ¿Qué había pasado? ¿Iba a cambiar el papel de Bella -en su cabeza llevaba años llamándola "Bella"- en su vida? Era evidente que las emociones de la noche anterior, en el caso de Hermione, habían sido debidas a la obsesión que siempre había sentido por su profesora. El estado perpetuo de miedo y peligro en el que Voldemort había sumido al mundo mágico llevaban a la prefecta a sentirse más inestable emocionalmente, buscando continuamente un consuelo y un cariño que no lograba encontrar. Hasta que la bruja oscura la estrechó entre sus brazos.

Lo malo es que aunque ella bebió poco, sabía que su profesora había ingerido como mínimo una botella de whisky; al fin y al cabo para eso fue a la fiesta... ¿Y si se arrepentía? "A la vuelta hablamos" había dicho. ¿De qué quería hablar? ¿Había sido un error fruto del alcohol y de la soledad del momento?

Hermione se sentó en la pequeña mesa que de su habitación. Dobby le había dejado el desayuno mientras se duchaba. No quería bajar al Gran Comedor porque sabía que no habría nadie: todos los alumnos estarían durmiendo, de resaca o haciendo las maletas para coger el tren a medio día. Dio unos bocados a una tostada con mermelada y se bebió el zumo de calabaza. Recogió todo y metió en la maleta lo poco que le quedaba por empaquetar. Como faltaban varias horas para que partieran hacia el tren, decidió salir a leer a la sala común.

Se sentó en el sofá y empezó a releer uno de sus libros de cabecera: "Las artes oscuras: un recorrido a través de la historia". Siendo sincera consigo misma, la magia negra nunca le había interesado: la consideraba peligrosa y de escasa utilidad en un mundo equilibrado. Hasta que en quinto curso sintió la necesidad de impresionar a su nueva profesora. En ese momento, hasta la Sección Prohibida de la biblioteca se le quedó corta. Y cuando más profundizaba, más se daba cuenta de que sus suposiciones eran correctas: era peligrosa y altamente adictiva (tanto la materia como la experta en ella).

Sus pensamientos volvieron, una vez más, a su amante de la noche anterior. "A la vuelta hablamos". No podía esperar a la vuelta, no podía pasar todas las vacaciones pensando en si a su regreso Bella haría realidad sus fantasías adolescentes o si lo habría olvidado todo y ni siquiera habría un tema sobre el que hablar. Se preguntó si pasaría las vacaciones en el castillo o se iría a algún sitio. Según le había contado Tonks, su hermana Andrómeda no le hablaba por sus ideales de sangre y por no aprobar su matrimonio con un nacido de muggles. Y paradójicamente, su hermana Narcissa la rechazaba por haber renunciado a las ideas de Voldermort y por haberse negado a un ventajoso matrimonio con Rodolphus Lestrange. Como reflejo de sus madres, ni Draco ni Nymphadora mantenían tampoco relación con su tía. Y desde que Sirius murió en el Departamento de Misterios por un hechizo de Lucius Malfoy que le empujó hacía el velo, la relación de la familia Black parecía haber empeorado incluso un poquito más. Así que por lo que Hermione sabía, la mayor de las hermanas no tenía a nadie.

Que Bella tuviera que pasar sola la Navidad la hacía sentir inmensamente triste, aún imaginando que probablemente la bruja lo prefiriese así. Deseaba hablar con ella antes de irse, pero no tenía ni idea de dónde estaba su habitación. Suponía que en las mazmorras por su relación con Slytherin, pero a saber dónde. Y obviamente no iba a preguntarle a Malfoy...

-¡Hermione!

El curso de sus pensamientos quedó interrumpido cuando Harry apareció en la sala común aún con cara de sueño.

-¡Buenos días, Harry! -sonrió ella.

-Anoche me quedé preocupado, te perdí la pista en la fiesta y ya no te vi más. Aunque supuse que viendo el percal de alcohol y de Ron y Lavander devorándose, no te quedarías mucho rato...

-Sí, siento no haberme despedido. Me entró sueño y me fui enseguida. Y respecto a Ron, por mí puede devorar a quien le apetezca, mientras no nos obligue a mirar al resto...

Los dos amigos rieron y Hermione acompañó a Harry a terminar de hacer su maleta. En seguida salió el tema de los tres horrocruxes que les faltaban por encontrar, lo raro que estaba Dumbledore con su mano ennegrecida y la desconfianza creciente que sentían hacia Snape. Conforme la maleta de Harry se iba llenando, pasaron a temas más agradables como sus planes navideños en la Madriguera.

-¡Muchas gracias, Hermione! De no ser por ti, mi equipaje hubiese sido más desastroso que los pasteles de Hagrid -sonrió Harry a su amiga mientras terminaba de empaquetar sus ultimas cosas.

-¡Ya sabes que para ordenar y estudiar, puedes contar conmigo, soy la reina de cualquier fiesta! - exclamó ella riendo también.

-Claro que lo eres y... ¡Uy! Esto no lo necesitaré -comentó Harry sacando de su maleta el Mapa del Merodeador.

-No, desde luego, con Molly vigilando todos nuestros pasos nadie necesita... -Hermione tuvo una idea y se interrumpió.

Cogió el mapa fingiendo entretenerse mientras Harry cerraba su maleta. Empezó a buscar febrilmente el nombre que deseaba. No había ni rastro en las mazmorras, ni en las aulas, ni el Bosque Prohibido. Estaba a punto de rendirse cuando una corazonada le hizo mirar en la Biblioteca. Además de la bibliotecaria, aparecía un solo rótulo más: "Bellatrix Black". Hermione reprimió un grito de júbilo: no solo por haberla localizado sino porque si pasaba las últimas horas previas a las vacaciones en la biblioteca, era sin duda su alma gemela.

-Harry, ¿te importa si nos vemos luego para ir juntos al tren? Se me ha olvidado devolver un libro que cogí de la biblioteca.

-¡Claro! Vete a desearle feliz Navidad a tu sala favorita -bromeó su amigo.

Hermione recorrió con rapidez los pasillos del castillo hasta llegar a la que en efecto era su estancia favorita. Antes de entrar se frenó en seco. "Esto ya lo hemos vivido, Hermione, ¿qué le vas a decir cuando la veas?" se cuestionó. Pregunta sin respuesta. Sin el alcohol en sangre, la joven se sentía mucho menos valiente, pero seguía siendo una Gryffindor. Mejor pasar quince minutos incómodos ahora que quince días de vacaciones después. Entró en la estancia y saludó con un gesto y una sonrisa a Madame Pince, la bibliotecaria. No había nadie más a la vista. "No es de extrañar", pensó Hermione, "la gente no pisa la biblioteca ni cuando hay exámenes, como para venir entre una noche de fiesta y las vacaciones...". Conforme recorría los pasillos y sentía que -por descarte, básicamente- se iba acercando a su objetivo, el corazón le latía más deprisa. Empezó a ponerse nerviosa y cogió un libro al azar de una estantería próxima simplemente para sentir su tacto tranquilizador. Subió a la planta superior en silencio absoluto. Y tras dos pasillos más, sentada en una de las ventanas mirador que mostraban el paisaje exterior nevado, estaba Bellatrix.

A pesar de su estado permanente de alerta, la bruja estaba tan sumida en el libro que no parecía haber oído a Hermione. La joven aprovechó parar admirarla. Un par de rizos sueltos caían sobre su cara mientras se mordisqueaba distraídamente el dedo meñique. El corsé de cuero que se ajustaba perfectamente a su figura hacía que el pecho subiera y bajara con cada respiración de la bruja. Tenía las piernas subidas sobre el asiento de la ventana dobladas una encima de la otra, su falda negra caía hasta casi rozar el suelo y dejaba ver un tramo de sus pálidos muslos. Hermione no se dio cuenta de que había dejado de respirar. "Si no fuese tan preciosa esto sería más fácil..." se lamentó. Tampoco ayudaba nada el hecho de que parecía estar tan enamorada de la lectura como ella misma y eso a la joven le resultaba altamente atractivo. Nunca había visto a ninguno de sus amigos en la biblioteca de no ser que ella les acompañase (generalmente para ayudarles con los deberes o con alguna locura de plan).

No sabía ni cómo abordarla, ahora aún tenía más miedo de molestarla. Reunió valor y se acercó más a la ventana. No pudo evitar mirar con curiosidad el libro que tenía tan absorta a su profesora. "Varitas mágicas: historia y lealtad" rezaba la cubierta que Bellatrix acariciaba inconscientemente con la mano derecha. Hasta ese momento, Hermione nunca había sentido celos de un libro. Entonces, la bruja levantó la mirada del libro y dio un respingo sorprendida al ver a su alumna. Hubo unos segundos de evidente incomodidad mutua. Bellatrix carraspeó, cerró el libro y bajó las piernas al suelo para asegurarse de que la falda la tapaba.

-Hey -saludó la bruja a todas luces incómoda-, ¿qué haces aquí? ¿No deberías estar preparando la maleta?

Bellatrix no era así. Nunca se sentía incómoda: era ella la que hacía sentir incómodos a los demás. Y aún era peor sentirse así ante una chica de dieciocho años. Pero claro, tampoco solía beberse dos botellas de whisky, confesar sus miedos y casi llorar en los brazos de una alumna... Así que la matriarca de los Black no veía claro el protocolo a seguir en esa situación de "la mañana después".

-Buenos días...- saludó Hermione nerviosa -Quería hablar contigo... ¿con usted?

"Mala idea, Hermione, otra gran idea de la creadora de iré al baño sola cuando hay un troll suelto", se recriminó al darse cuenta de que no sabía ni cómo dirigirse a su profesora.

-Claro -respondió Bellatrix invitándola con un gesto a sentarse frente a ella.

Hermione trepó al asiento de la ventana sin saber si cruzar las piernas o dejarlas colgando, envidiando el estilo y la elegancia de su compañera. "Al final va a ser verdad que los magos de sangre pura tienen más clase...", pensó con sorna.

-¿Te interesa la astrología? - Preguntó Bellatrix con curiosidad.

-¿Eh? -Contestó Hermione claramente desconcertada.

La profesora señalo con un leve movimiento de cabeza el libro que Hermione tenía agarrado cual amuleto tranquilizador. "Por favor, que no sea algo ridículo. Por favor, por favor", suplicó mentalmente la joven mientras miraba por primera vez el título del libro que había seleccionado al azar y sin mirar. "La influencia de Venus en el despertar sexual, un estudio de Sybill Trelawney". En ese momento, Hermione deseó que el troll la hubiese matado entre terribles sufrimientos. Si no le hubiese costado tanto encaramarse a la ventana y sentarse con un mínimo de dignidad, habría salido corriendo tan rápido que hubiese llegado a Londres sin necesidad de tren alguno.

Bellatrix sonreía divertida ante su evidente sonrojo y vergüenza. "¡Merlín, que guapa está cuando sonríe!" pensó Hermione mientras forzaba a su cerebro a buscar algún motivo razonable por el que el maldito libro estaba en sus manos.

-No... No me interesa en absoluto la astronomía, lo considero una sarta de invenciones -confesó-, es para un trabajo...- concluyó Hermione rezando para que la profesora no supiera que ni siquiera cursaba esa asignatura.

Bellatrix asintió y fingió creérselo. Miró a la chica esperando a que empezara a hablar de lo inevitable.

-Quería hablar de... Bueno, me gustaría saber cómo... Si tú y yo... Osea, que si lo de anoche...

Por mucho que su intención había sido dejar pasar el tiempo y que el tema se olvidase sin causar más daño, la bruja oscura sintió lástima del mal rato que estaba pasando Hermione y la interrumpió con suavidad.

-Lo de anoche no fue... adecuado. No estuve bien, no supe poner límites y lo lamento. Era un día de fiesta, las dos bebimos y esas cosas pasan. Siento de verdad el daño que te pueda haber causado. No tenemos que volver a hablar de ello, ¿vale? Y te prometo que seguirás siendo mi alumna favorita -expuso Bellatrix en tono afectuoso intentando elegir sus palabras con el mayor cuidado posible.

Hermione miró por la ventana, luego miró hacia las estanterías de libros, luego a su regazo donde seguía el bochornoso libro y luego a sus manos que se retorcían inquietas. Aguantó las lágrimas y buscó una respuesta sin encontrarla. Sabía que la reacción iba a ser exactamente esa, pero eso no significaba que doliese menos. La bruja oscura, intuyendo su angustia, se inclinó hacia ella y colocó sus manos sobre las de la chica sosteniéndolas amablemente. Y por si eso la tranquilizaba, añadió: "Si quieres, puedo hacer que lo olvides". Bellatrix no sabía cómo comportarse en esa clase de situaciones -nunca se había visto en una semejante- e ignoraba si eso último era adecuado o si la chica se sentiría ofendida, pero no se le ocurría qué más decir.

Por mucho que doliera, lo último que deseaba Hermione era olvidar. Pero sabía que la bruja lo había propuesto con buena voluntad. No era capaz de mirarla a los ojos. Se centró en contemplar la perfecta manicura en tono morado oscuro de su profesora, sin atreverse a mover un dedo por si ella retiraba las manos de las suyas. Cuando recuperó el valor, la miró a los ojos.

-¿Te arrepientes? - Preguntó Hermione.

Bellatrix le soltó las manos lentamente y se apartó un poco volviendo a recostarse sobre la pared de la ventana. Cerró los ojos y meditó durante unos segundos. Tenía la respuesta clara, pero no las consecuencias que podría acarrear su sinceridad. Optó por confiar una vez más.

-No- respondió con firmeza.

-¿Entonces? -Inquirió la joven entre desconcertada e ilusionada, recuperando un poco el brillo en su mirada.

Bellatrix suspiró y cerró los ojos. No recordaba que nadie la hubiese mirado nunca así, con tanta ilusión, devoción y cariño. Hacía también años que no le daba tantas explicaciones a alguien... Abrió los ojos y la miró de nuevo.

-Hermione, eres maravillosa, de verdad. Y me encantaría que no hubiera veinte años entre nosotras y poder tener una relación contigo, pero no es posible.

-Si a mí me da igual la edad que tengas, ¿por qué te tiene que importar a ti?

-Si solo fuese la edad... -suspiró la bruja-. Tengo un pasado oscuro y muchas cargas. Y las consecuencias de mis actos tienen un precio que sigo pagando y que solo me corresponde a mí. Lo último que querría es que te vieses envuelta en mis problemas. No tienes que soportarlo, no tienes que soportarme- terminó casi en un susurro.

-Desde mi primer año aquí, me he visto envuelta en toda serie de problemas y asuntos turbios. Llevo siete años asegurándome de que "El chico que sobrevivió" y su amigo pelirrojo sigan sobreviviendo; sean cuales sean tus problemas, seguro que es más fácil mantenerte con vida a ti -contestó Hermione medio en broma intentando tranquilizarla.

Bellatrix la miró forzando una sonrisa.

-Tú sí que eres una criatura fantástica y no los unicornios... Céntrate en ellos, en tus amigos. Te prometo que te darán menos problemas que yo. No lo entiendes, si supieras quien soy de verdad, no querrías verme ni en retrato.

-Explícamelo entonces, soy bastante inteligente. Puedo asumir lo que sea. Ya te dije que me interesa tu futuro, no tu pasado.

-Estoy tan cansada de dar explicaciones... - murmuró Bellatrix no como reproche sino con pesar, con verdadero agotamiento.

Miró a Hermione a los ojos y tomó una decisión. Lentamente, se subió la manga izquierda. Ahí, en su antebrazo, la serpiente y la calavera se enroscaban para dar vida a la marca tenebrosa.

Hermione ahogó un grito de miedo. Haber oído rumores inciertos era muy diferente de ver a Voldemort grabado en la piel de la bruja. Era muy desagradable. No era capaz de pensar, pero sin embargo, su cerebro no paraba de dar vueltas buscando una justificación. Tragó saliva con dificultad. Sabía que la bruja no le iba a dar más explicaciones en ese momento, no parecía física ni mentalmente capaz de ello. Era una mortífaga. O lo había sido, pero la marca seguía ahí. Mataban a la gente como ella, como su familia. Pero seguro que Dumbledore lo sabía y aún así la había contratado. El director confiaba en las segundas oportunidades, había confiado en Snape. ¿Si Dumbledore tenía fe en Snape, no podía ella tenerla en Bellatrix? Pero ¿y si todo formaba parte de un plan oscuro para llegar hasta Harry a través de ella?

Bellatrix la contemplaba con una sonrisa triste. Le extrañó que la chica tardara tanto en salir corriendo, sería la parálisis. Eran las dos formas de reacción más frecuentes. Se bajó la manga y cruzó los brazos sobre el pecho avergonzada, como si así pudiese ocultar el tatuaje maldito. En ese momento, vio en los ojos de Hermione una determinación que no había visto nunca en su mirada. La chica bajó del asiento y agarró el brazo izquierdo de la duelista. Le subió la manga y ella no se resistió. Entonces, Hermione agachó la cabeza y besó su antebrazo con detenimiento y cariño. Bellatrix la miró aturdida.

-Te dije que te cuidaría si me dejabas y lo mantengo. Cuando estés preparada para contármelo, estaré aquí para escucharte. Hasta entonces, yo creo en ti, Bellatrix.

Bellatrix no supo que decir. Se puso también de pie y la abrazó. Hermione se separó un poco y la besó. La bruja oscura la cogió de la mano y se perdieron entre las vetustas estanterías del segundo piso. La joven siempre había considerado una aberración y una falta de respeto la gente que iba a darse el lote a la biblioteca. Pero por lo que sea, no recordó ese dogma cuando Bella la empujó contra una estantería y respondió al beso con ganas y necesidad. Con cuidado de no sobrepasar los límites de la chica, la de Slytherin deslizó una mano por debajo del jersey y le acarició y arañó la espalda suavemente. Hermione, hipersensible a cualquier forma de contacto con la bruja, tuvo que aguantar un gemido mientras sus propias manos se perdían en la suave y caótica melena de la profesora. Pasaron un buen rato besándose y explorando sus límites.

-Bueno, peque -comenzó Bella separándose con dificultad-, vas a tener que irte si quieres pasar las Navidades fuera de aquí.

-Preferiría pasarlas contigo -respondió Hermione fingiendo una mueca triste – Van a ser dos semanas muy largas...

-Siempre puedes escribirme -contestó ella riendo y acariciándole la mejilla.

-Pero no te quedas aquí, ¿no? No sé tu dirección... -comentó Hermione con curiosidad mientras cerraba los ojos y apoyaba su cara en la mano de la bruja.

-¿Weasley aún tiene a la estúpida lechuza que le regaló mi primo?

-Sí, Pigwidgeon -respondió la chica sorprendida.

-Mándame lo que quieras con ella, sabrá dónde encontrarme.

Hermione la miro con expresión interrogante. Bellatrix sacudió los hombros y respondió sucintamente: "Me mandaba cosas, a veces". Dio por hecho que se refería a Sirius, pero era evidente que de ese tema tampoco le apetecía hablar.

-Pero solo si estás segura. Si no quieres seguir con esto, dímelo cuanto antes porque no podré... no seré capaz de arreglarme otra vez, de volver a confiar en alguien si.. si dejaras de creer en mí.

-Sabes que jamás te haría daño.

-Eso lo dices ahora, ya llegarán los problemas -vaticinó la bruja oscura

Hermione suspiró y sacudió la cabeza como si estuviera ante una niña cabezota.

-¿Me lo prometes? ¿Me prometes que pase lo que pase creerás en mí? - preguntó Bella mostrando así su mayor miedo.

-Si fueses como Dumbledore y no te importase cargar a críos con tus problemas, esto sería más fácil...

Bellatrix se rió con ganas ante la sorpresa de ver que la chica buena y educada criticaba -con razón- al viejo mago.

-Te lo prometo. Creo en ti, Bellatrix. Creeré en ti.

La bruja se mordió el labio para disimular la ilusión infantil que le hacía la sentencia anterior.

-Creo que podría enamorarme de ti – susurró Bella.

-Yo...

La profesora la cortó tapándole la boca con una mano. "Viene alguien" susurró mientras le hacía un gesto para que se quedara quieta tras la estantería. Ya la habían pillado desprevenida una vez esa mañana, no iban a ser dos. La bruja salió al pasillo y al poco Hermione oyó que, efectivamente, se aproximaban unos pasos.

-Ah, Bella, esperaba encontrarte aquí -dijo en tono suave la voz de Severus Snape.

-¡Pues me has encontrado! - respondió ella alegremente.

-¿Te importaría ayudarme con un asunto en mi despacho antes de irte?

-Claro, Sevy, ¡vamos!

En cuanto Snape se giró, Bellatrix miró hacia Hermione, vocalizó silenciosamente "¡Escríbeme!", le guiñó el ojo y se fue tras el profesor. La joven esperó unos minutos y salió de la sala dándole vueltas a lo que podía querer Snape de su compañera. No pudo reprimir una ráfaga de celos al presenciar la familiaridad con la que se trataban.