Nota: Este capítulo es "sexy time" en honor a omaribacache316 jeje.
Mil gracias a BellaMadameLestrange por comentar siempre, a Sara (¡me encantas!), a MangoSalvaje (me río muchísimo con tus comentarios, ¡gracias!), a LadyIbuprofeno (que eres genial desde el nombre hasta la última coma que escribes) y a todos los que comentáis y seguís la historia porque me hacéis feliz :D
A pesar de ser una de sus asignaturas favoritas, las dos horas de Transfiguración con McGonagall le resultaron realmente arduas a Hermione. La profesora parecía sorprendida de que su alumna estrella no levantase la mano a cada pregunta que lanzaba a la clase. Incluso sus amigos la miraron extrañados mientras ella tomaba notas para distraerse e intentar calmarse. De camino a Pociones, la última clase del día, Harry y Ron decidieron preguntarle si todo iba bien. Ella le quitó importancia al asunto, se justificó diciendo que estaba muy centrada en los estudios y en derrotar a Voldemort y que le costaba centrarse. También añadió que seguía preocupada por el bienestar de sus padres, lo que no era mentira. Sus amigos parecieron aceptar la explicación y no quisieron presionarla, pero a ninguno de los dos se les escapaba que sus preocupaciones no parecían de carácter tan negro. A menudo la pillaban sonriendo sola sin motivo o iban a buscarla a la biblioteca sin encontrarla.
Hermione quería contarles la verdad: que había encontrado a alguien con quien se reía, se sentía segura y que la hacía feliz. Pero no podía arriesgarse a que descubrieran que era Bellatrix. Ron se pondría hecho un basilisco por los celos y Harry se la tenía jurada a todos los Black por cortesía de su padrino. La chica quería pensar que el motivo de su mentira era ese, pero en el fondo, sentía el negro augurio de que algo saldría mal y no podrían estar juntas. Para qué levantar tantas ampollas y arriesgarse a que alguien más se enterara si ni siquiera estaba segura de las intenciones de Bella. La quería, evidentemente, e imaginaba por sus actos que ella también a ella, pero nunca había conocido a nadie con un lado oscuro tan presente y tan difícil de controlar. Su mayor miedo era perderla por Voldemort.
No obstante, cualquier pensamiento de este cariz pasó a un segundo plano cuando la clase de Snape que daban junto a Slytherin requirió más atención de la que cualquiera de los tres estaba dispuesto a prestar. Hermione evitó in extremis la explosión del caldero en el que trabajaban. El profesor hizo un comentario sarcástico respecto a las habilidades del trío de oro. Por suerte, el resto de la clase -entre ellos Draco- tampoco parecían muy centrados. Si ya de por si la última hora del día era la más dura, aún resultaba peor cuando estaban en las mazmorras con aquel hombre del que tanto desconfiaban.
Hermione decidió acudir a la cena en el Gran Comedor para no aumentar las sospechas de sus amigos. Se dedicó a remover la comida por su plato y a charlar con sus compañeros alegremente para intentar camuflar el nerviosismo. La profesora de Defensa no asistió, pero no era raro en ella: solía saltarse las comidas por su rechazo a cualquier tipo de interacción social. En cuanto pudo, la joven se disculpó y volvió a su habitación.
Aún eran las ocho y media, faltaban horas para su cita, pero ya se arrepentía de su proposición. No sabía cómo actuar, ni de qué hablar, ni cómo evitar que la pillaran por los pasillos, ni qué ponerse. Apenas tenía vestidos ni ropa elegante. Se planteó incluso en acudir en vaqueros para vengarse por la crueldad de Bella con los elfos domésticos, pero su intención era que la bruja la desnudara y veía difícil que lo hiciera con la prenda muggle. Porque tenía claro que esa era la noche. Quería perder su virginidad con Bellatrix, quería que fuesen las expertas manos de la bruja las que recorrieran su cuerpo por primera vez, quería hacer realidad las salvajes fantasías que le impedían dormir por las noches, quería arañar el cuerpo desnudo de su profesora... Así que nada de vaqueros.
Mientras vaciaba su armario en busca de alguna opción decente, alguien llamó a su puerta.
-¡Hola, Harry! -saludó a su amigo saliendo con él a la sala común para que no viese su crisis de moda- ¿Necesitas ayuda con algo?
-Pues si no te importa ayudarme con el ensayo de Transfiguración, es que...
-¡Claro que no! -le cortó ella feliz de tener un motivo para distraerse- Enséñame lo que llevas.
Mientras Harry redactaba el trabajo con sus indicaciones, Hermione se dio cuenta de que necesitaría su capa de invisibilidad para llegar al despacho en la otra ala del castillo sin que la pillaran Filch, los aurores o quien fuese. No se le ocurría ninguna excusa para pedírsela. Con las autorizaciones de Dumbledore, hacía meses que visitar la Sección Prohibida de la biblioteca ya no era una excusa factible. Cuando ya casi habían terminado, llegó a la conclusión de que solo le quedaba la verdad. Era su mejor amigo y quizá más comprensivo que Ron en ese tema, así que no le quedó otra.
-Harry, tengo que contarte algo... -empezó nerviosa retorciéndose las manos.
-Dime.
-Estoy medio empezando a salir con alguien... No os lo he contado porque es complicado (qué no lo es en nuestras vidas) y tengo muchas dudas de si saldrá bien...
-Hermione, ya me lo imaginaba. No soy tan listo como tú pero tampoco soy tonto, nos conocemos desde hace mucho -contestó el sonriente.
-¿Cómo? -Preguntó ella sorprendida.
-Nunca te había visto tan risueña, ni tan feliz (dadas las circunstancias). Además pasas mucho tiempo sola. Y a veces estás leyendo algún tostón de libro y sonríes mientras evidentemente estás en un mundo que no es este... Además, Ginny me comentó que también sospechaba algo, ya sabes cuánto le gusta hablar – rió el chico.
-Vale, menuda vergüenza. Yo...
-¡Hermione! ¿Vergüenza por qué? Me alegro muchísimo de que hayas encontrado a alguien que te haga sentir bien en estos tiempos tan desastrosos, te lo mereces. Y precisamente porque es difícil, valdrá la pena. Ya nos lo presentarás cuando estés preparada, no hay prisa.
La joven sintió un alivio tremendo por lo bien que se lo había tomado su amigo. Claro que el haber omitido el dato clave ayudaba bastante... Le dio las gracias y le pidió que no se lo contara a Ron todavía. Harry estuvo de acuerdo con ella en que al pelirrojo le costaría aceptarlo y mejor esperar a que los nervios no estuvieran tan crispados por la guerra y los exámenes finales. Le pidió la capa y él se la prestó inmediatamente y le deseó suerte. Ella lo abrazó, terminaron el trabajo y se dieron las buenas noches.
Cuando ya casi eran las once, optó finalmente por una falda de ante marrón -la única que tenía y porque se la regaló su madre- una blusa blanca y unos botines casi sin tacón para no hacer ruido por los pasillos. Por suerte, durante sus compras navideñas había sido lo suficientemente previsora -u optimista- para comprarse un conjunto de lencería negra que juzgó que a Bella le gustaría. Se maquilló un poco y se cubrió con la capa. Salió al pasillo en completo silencio.
No se encontró a Filch pero sí a un par de aurores que no conocía. Cruzó los dedos para que esa noche no estuviera de guardia Moody: igual era solo una paranoia suya, pero sospechaba que su ojo loco podía ver bajo la invisibilidad. Tuvo suerte y llegó al pasillo donde estaba el despacho de Bellatrix sin mayor incidente que sus excesivos nervios. La puerta estaba entreabierta. Imaginó que la bruja intentaba minimizar así la cantidad de ruidos. Entró con un absoluto sigilo adquirido tras siete años de aventuras con El-chico-al-que-le-gusta-meterse-en-líos. La bruja oscura estaba al fondo sentada en su escritorio, llenando de tachones rojos una pila de trabajos. Se había cambiado de ropa desde su visita a medio día: llevaba un vestido morado oscuro con un corsé negro, todo de terciopelo y ajustado, en su línea. Su pelo seguía sin conocer peine alguno. El maquillaje también era el de costumbre: abundante sombra negra y labios rojo oscuro. ¿Cómo podía tener la piel tan pálida y...?
-Es de mala educación espiar a la gente, miss Granger -comentó la bruja interrumpiendo sus pensamientos sin levantar la cabeza de su trabajo.
Hermione dio un respingo y se quitó la capa inmediatamente.
-¿Cómo sabías que estaba aquí? ¿Sabes lo de la capa?
-Te he oído entrar, querida. Por muy sigilosa que seas, pasé muchos años de mi vida sin otra cosa que hacer que... desarrollar mi sentido auditivo. Y respecto a la capa -chasqueó la lengua- por favor, coincidí con Potter padre en mi época. Sus aventuras con el idiota de mi primo y su panda de frikis eran de sobras conocidas. También tendréis el mapa, ¿no? -preguntó Bella levantando la cabeza por primera vez y empezando a recoger su mesa.
-Sí... -respondió Hermione insegura.
No podía reprimir la congoja que le causaba el pensar que una ex mortífaga conocía sus mejores bazas. Bellatrix pareció no darse cuenta de sus dudas, se acercó a ella y la besó en los labios para saludarla. "¿Nos vamos?", preguntó la duelista, "No me gustaría haber hecho trabajar a los nobles elfos de servicio para nada...". Hermione le lanzó una mirada de reproche pero sonrió ante el comentario irónico.
-Ponte la capa, camina junto a mí y no te preocupes si nos cruzamos a algún imbécil de esos, yo me ocupo.
-De acuerdo -comentó mientras se colocaba la capa de nuevo- ¿Deduzco que tampoco te caen bien los aurores?
-Comparado con ellos, un elfo doméstico es la criatura más noble e inteligente de este mundo -respondió secamente.
La joven asintió sin decir nada, como hacía cada vez que la rabia consumía los ojos de la duelista. La profesora se puso su propia capa, abrió la puerta del todo y cuando sintió que había salido Hermione, cerró con llave. A la de Gryffindor se le hizo difícil seguirla: andaba con una velocidad y una elegancia felinas, como si se deslizara, a pesar del tacón alto de sus botas. Antes de llegar a las mazmorras, se cruzaron con uno de los aurores que había visto Hermione al ir:
-Madame Black -saludó el hombre con reverencia.
Si la mujer hizo algún gesto mínimo de asentimiento, nadie lo vio. Siguió andado con agilidad manteniendo la cabeza bien alta y potenciando su perfil aristocrático. El hombre la miró alejarse aturdido y Hermione se hubiese enfadado con ella si no hubiese visto la forma en que el hombre miró el trasero de la bruja cuando esta se giró. Llegaron a las mazmorras donde estaban las habitaciones de Bella. "Mamba negra" canturreó la profesora y el muro se abrió. Nunca había estado en esa parte del castillo. Hermione tenía mucha curiosidad por ver dónde vivía y cómo era el cuarto de la bruja. Ahí abajo estaba todo en completo silencio. O eso creía hasta que notó que su pareja le impedía el paso con el brazo para indicarle que se colocara detrás de ella. Siguieron avanzando pero más despacio y a los pocos segundos, Hermione escuchó pisadas. ¡Mierda! Snape.
-Bella -saludó sorprendido -¿qué haces aquí a estas horas?
-Se me ha ido el tiempo corrigiendo tonterías de los alumnos -comentó ella.
-No te he visto durante la cena, ¿se te ha pasado también? Deberías dejar de trabajar tanto y comer más. Y tampoco estaría de más que durmieras de vez en cuando.
Snape mantenía el tono bajo y severo de siempre, pero podía apreciarse un tinte de sincera preocupación en sus palabras. Hermione no supo cómo tomárselo. Como tampoco asimiló bien la reacción de su acompañante. La bruja oscura cruzó las manos tras la espalda, agachó ligeramente la cabeza y adoptó una expresión de tristeza e inocencia.
-Lo siento, Sevy. Seré una niña buena y me iré a dormir -dijo con voz infantil.
Snape sacudió la cabeza y chasqueó la lengua para simular hastío, pero le costó disimular la sonrisa que durante unos breves segundos apareció en su rostro.
-Buenas noches, Bella.
-Buenas noches, Sevy.
Hermione siempre intentaba ser ecuánime y confiar en el criterio de Dumbledore, pero Snape cada vez le caía peor. Hasta esa noche, creía que el rostro del hombre no disponía de los músculos necesarios para esbozar una sonrisa. Se sintió ridícula por tener celos y más de Snape, pero le daba envidia la complicidad que parecía tener con la bruja. No quería interrogarla sobre su relación para no parecer una adolescente posesiva con su primer amor.
Sin más incidentes llegaron a un rincón del pasillo donde aparentemente no había nada y se detuvieron frente a un cuadro que representaba a un gigantesco cuervo volando sobre un bosque en llamas. "Toujours pur" susurró la bruja. El lema de la casa Black. "Genial..." pensó la hija de muggles. El retrato se abrió y entraron a un salón mayor que la sala común de Gryffindor. Estaba decorado en tonos negros y verdes oscuros, muy acorde a la slytherin. Había varios sillones, sofás y pequeñas mesas con todo tipo de artilugios mágicos (muchos de los cuales la joven no había visto en su vida). Pero lo que conquistó a Hermione fue ver que tres de las cuatro paredes estaban cubiertas de librerías repletas de todo tipo de volúmenes que la chica no reconocía.
Hermione se quitó la capa y empezó a curiosear los libros sin atreverse a tocar nada. Había sido testigo en Grimmauld Place de cómo los Black protegían sus efectos personales con extraños maleficios y no iba a arriesgarse. La mayoría de estanterías las copaba la magia oscura, pero también había manuales de pociones, teoría sobre criaturas mágicas y varitas, varias estanterías dedicadas a la sanación, biografías de magos y brujas a los que la joven jamás había oído nombrar...
-Sabía que te gustaría – se rió la dueña mientras se quitaba la capa y contemplaba la emoción de la chica.
-¿Son primeras ediciones?
-Muchos son ediciones únicas -comentó la bruja sin darle importancia-, puedes coger los que quieras, sé que tú los cuidarás. Ya verás cuando te lleve a la mansión Black, te encantarán las bibliotecas.
-¿Siempre te ha gustado leer? - preguntó Hermione disimulando la emoción por la idea de que la bruja confiara en ella y quisiese llevarla a su casa.
-Sí. Todo lo que sirva como sustitutivo del contacto humano es bienvenido. En mi época aquí dedicaba a leer todo el tiempo, menos cuando podía ir a bosque a jugar con las criaturas – explicó distraída mientras buscaba unos pergaminos que necesitaba para la mañana siguiente.
Hermione intuyó una cierta tristeza en sus palabras, ¿es que no había tenido ningún amigo?
-No, nunca los he tenido. Siempre he tenido fama de... trastornada y a la gente le daba miedo; tampoco hice nada para remediarlo, no te voy a mentir. La gente es muy aburrida. Los que se me acercaban querían algo de mí o de mi familia.
-Bueno, yo hasta que conocí a Harry y a Ron tampoco... ¡¿Cómo sabes en qué estaba pensando?!
-¿Qué? -preguntó Bellatrix mirándola desconcertada.
-No lo he dicho en voz alta. ¿Te.. te has metido en mi cabeza? - preguntó asustada.
-Ah... No conscientemente, pero supongo que sí. A veces lo hago sin darme cuenta, lo siento. ¿Cenamos? -preguntó señalando la mesa que los elfos habían preparado con todo detalle más por temor que por amor a Bellatrix.
Hermione se sentó aún sin salir de su asombro y dio un trago al vino que parecía tan caro como todas las cosas de esa habitación.
-¿Pero por qué no lo he notado? Harry siente cuando...
Cada vez le costaba más nombrar a Voldemort delante de la bruja y ella se dio cuenta.
-No tienes ninguna barrera y yo soy muy buena. Siempre he pensado que se debería enseñar legeremancia y oclumancia en el colegio, o por lo menos la última. Pero se considera magia negra y está totalmente prohibido -comentó mientras mordisqueaba sin muchas ganas un trozo de pudin de calabaza.
-¿Quién te enseñó a ti? -preguntó Hermione distraída mientras comía con ganas, era evidente que los elfos habían puesto un extra de esfuerzo en honor a Bellatrix.
Se hizo un silencio que la joven no acertó a interpretar porque estaba demasiado centrada en su plato. Haber retrasado la cena tantas horas la había hecho entender mejor el ansia habitual de Ron.
-El mejor -respondió al final volviendo a llenar su copa.
-Oh... -murmuró torpemente Hermione cayendo en la cuenta de que el mago tenebroso volvía flotar en el ambiente.
-Si quieres podría enseñarte -ofreció Bella en un intento de rebajar la tensión.
-¿De verdad? -preguntó Hermione ilusionada ante la perspectiva de nuevos conocimientos.
-Claro -rió Bellatrix viendo la emoción de la chica-. No ahora, claro, ya tenemos de sobra con lo que tenemos... Pero cuando todo haya pasado, me encantará enseñarte.
-Me gusta la idea de que cuando todo haya pasado sigamos juntas – comentó tímidamente Hermione cogiéndole la mano encima de la mesa; el vino comenzaba a hacer efecto.
-A mí también.
El resto de la conversación versó sobre temas mucho más gratos: los intereses y aficiones de cada una, su visión del mundo mágico y los planes del Hermione para su futuro. La bruja sabía escuchar y le aconsejaba en cuanto podía. La hacía sentir que todo su mundo giraba entorno a ella. Pero sobre todo la hacía reír, lograba que se olvidase de sus problemas y que nada importara.
Similar le ocurría a la bruja oscura. Era agradable tener a alguien con quien hablar de igual a igual y ver que se reía con ella, tenía en cuenta su opinión y se preocupaba por ella. La duelista apenas probó nada, prefirió beber mientras contemplaba a Hermione cenar felizmente.
Tras el postre, Hermione empezó a sentirse nerviosa por lo que pudiera pasar y se disculpó para ir al cuarto de baño. Nada más abrir la puerta no pudo evitar exclamar: "¡Hostia!". Bellatrix rió: "Lo menos que podían hacer si querían que trabajase aquí era darme una habitación decente". El cuarto de baño de los prefectos era parecido de tamaño solo que mucho menos elegante y lujoso.
-Pero si tu prefieres la ducha, ¿necesitas una bañera en la que cabría todo el colegio?
-Sí. Me gusta saber que está ahí. También tengo ducha. Ya verás el tamaño de la cama... -rió la bruja justo antes de que la joven se encerrara en el baño.
Esa última sentencia no ayudó a los nervios de Hermione. La cena había ido estupendamente, Bellatrix era impresionante en todos los sentidos y la deseaba casi más de lo que deseaba derrotar a Voldemort. Pero le sacaba muchos años de experiencia, tenía un cuerpo de infarto, seguro que era la mejor duelista también en la cama y se aburriría con ella. No quería decepcionarla. Se lavó la cara y se miró al espejo dándose ánimos durante varios minutos. "Deberían haberme puesto en Hufflepuff" se reprochó a sí misma.
Cuando al fin salió, la mesa de la cena estaba completamente despejada. Bellatrix se había quitado las botas y estaba recostada en un sillón bebiendo vino mientras ojeaba un libro. Levantó la cabeza y la miró con una sonrisa que esperaba que fuese tranquilizadora (el efecto de sus sonrisas solía ser el contrario).
-No va a pasar nada que tú no quieras, preciosa. Puedes irte ya o cuando quieras y todo seguirá perfectamente.
Hermione sintió un cosquilleo ante la sinceridad de sus palabras y negó con la cabeza. "No quiero irme" afirmó. "¿Estás segura?" le preguntó Bella enarcando las cejas. La joven entendió que no hablaban únicamente de irse o de quedarse...
-Sí, quiero estar contigo – aseguró.
-Entonces ven aquí – dijo la bruja alargando un brazo hacia ella con una sonrisa seductora.
Hermione se dejó guiar al sofá junto a ella, se descalzó también y miró a su compañera. Entendió que como signo final de aprobación, pretendía que empezara ella. Así que inclinó su cuerpo sobre el suyo y la besó. Su boca sabía a vino y su pelo olía a vainilla y coco. Era embriagador. Bellatrix respondió al beso inmediatamente mientras la estrechaba junto a ella. "Estás muy guapa esta noche", le susurró la duelista. "Tú lo estás siempre", contestó Hermione con timidez. Esa afirmación hizo el resto. Bellatrix tiró de su brazo para colocarla sobre ella y la chica enroscó las piernas en su cintura. La bruja se levantó con ella en brazos, la puerta del dormitorio se abrió con un gesto de su mano y la tumbó sobre la cama.
No había exagerado respecto al tamaño de la cama. El colchón debía ser king size, contando con que varios reyes unieran sus colchones. Las sabanas eran oscuras a juego con el resto de la decoración y el dosel permitía correr completamente unas tupidas cortinas. No pudo admirar nada más de la decoración porque su compañera se sentó a horcajadas sobre ella y siguió besándola. Metió la mano por debajo de la blusa de la chica y recorrió sus costados con las uñas.
-Bella -jadeó Hermione sabiendo que probablemente era la última oportunidad que le quedaba antes de perder la oportunidad de articular palabras -. Yo nunca...
-Tranquila. Estás en buenas manos, en las mejores, sinceramente -aseguró con calma mientras recorría su mandíbula con la lengua.
-¿Vas a...? ¡Oh! ¿Vas a ser suave?
Bellatrix tardó en responder mientras mordisqueaba el cuello de la chica.
-No- respondió con su sonrisa malévola – Si quisieras a alguien que lo hiciese suave no estarías conmigo. Vas a recordarlo toda tu vida, pequeña, así que no va a ser un polvo suave y aburrido.
Para corroborar sus palabras, agarró la mandíbula de la chica con la fuerza justa para que cortarle el aliento pero sin llegar a hacerle daño y procedió a mordisquearle el cuello con detenimiento, siguiendo con su mandíbula y terminando en el lóbulo de su oreja.
Bellatrix era una persona extraordinariamente salvaje, apasionada y obsesiva. Ahora mismo quería a Hermione y ya no había vuelta atrás. Cuando los labios de la bruja regresaron a la boca de la chica, el beso se hizo más profundo, lleno de lujuria, de deseo por ambas partes. La lengua de Bellatrix estaba en todas partes mientras clavaba su rodilla entre las piernas de Hermione obligándola a abrirlas del todo. La joven se retorció y gimió mientras intentaba frotarse contra la pierna de su amante. Todo su cuerpo reaccionaba con ansia al tacto de la bruja. La duelista solo dejó de presionar su centro para quitarle la falda y tirarla como si le quemara en las manos. Seguidamente, empezó a desabrocharle los botones de la blusa: los dos primeros con paciencia, el resto salieron de un tirón. Bellatrix sonrió con perversión al ver a su alumna con lencería de encaje indefensa y atrapada entre sus piernas. Era perfecta. Recorrió la ropa interior de la chica con uno de sus finos dedos y su sonrisa orgullosa se ensanchó al notar la humedad. "¿Todo esto es para mí? ¡No tenías que haberte molestado!" susurró en su oído.
Hermione no podía más. Dejó escapar un gemido lujurioso y agarró con fuerza las sábanas. La piel le quemaba y quería que Bellatrix ardiera con ella. Con nerviosismo, empezó a desatarle las tiras del corsé mientras ella le lamía el escote. No había manera de deshacer los malditos nudos, así que alargó la mano para coger la varita de la mesilla y cortar por lo sano.
-No, no, no, pequeña. Nada de eso -la regañó Bellatrix incorporándose a cuatro patas sobre ella, alcanzado la varita y tirándola junto al montón de ropa. -Esto tienes que ganártelo -le susurró en la misma posición mientras se apretaba con los brazos sus inmensos pechos que ahora quedaban a la altura de los ojos de la chica.
Hermione gruñó de excitación. No era humanamente posible estar más cachonda. Ni más mojada. Volvió a tirar de las cuerdas de la prenda con rapidez y sin ningún cuidado. Cuando al fin lo consiguió, bajó las manos a los muslos de su amante y le subió el vestido hasta sacárselo del todo. Hermione escuchó un gruñido gutural sin darse cuenta de que salía de su garganta. Miró a su profesora de abajo arriba. Las piernas perfectamente torneadas, las bragas de seda negras que destacaban contra su piel pálida, el estómago cóncavo, los maravillosos pechos que amenazaban con salirse del sujetador... ¿Cómo era anatómicamente posible que alguien tuviera semejante pecho y a la vez prácticamente se le pudieran contar las costillas?
No tuvo tiempo para responder a la pregunta. Bellatrix presionó el cuerpo contra el suyo: "No necesitarás esto" -dijo metiendo ambas manos por debajo del sujetador y quitándoselo- "Es más, te bajaré la nota si lo vuelves a llevar en mis clases". Hermione se ruborizó e instintivamente trató de taparse. La bruja le apartó los brazos con fuerza y le sugirió que buscara otra cosa que sobar con sus manos. Hermione las colocó en su espalda bajando con temor hasta el culo. La duelista empezó besándole el cuello hasta que llegar al pecho. No eran en absoluto tan grandes como las suyas, pero como todo en Hermione, eran perfectas y cabían perfectamente en su mano. No le hizo falta estrujar mucho porque estaban duras e hinchadas desde el primer contacto con la piel de la bruja. Succionó el pezón totalmente endurecido de la chica con alegría mientras masajeaba el otro. Fue alternando entre una y otra, alentada por los gemidos salvajes de la chica debajo de ella. Finalmente se incorporó y se quitó su propio sujetador. Hermione dejó de gemir inmediatamente, embobada con semejante espectáculo. ¡Cuántas horas de clase había pasado intentando imaginar cómo serían!
"Soy lesbiana", pensó para sí misma, "muy, muy lesbiana". Bellatrix la miró con una sonrisa sucia. Le bajó las bragas sin darle tiempo a pensar, se quitó también las suyas y volvió a pegar sus cuerpos. En ese momento, lo único que llevaba la bruja oscura era la pulsera que Hermione le había regalado; Hermione, el colgante. La duelista la abrazó con fuerza para lograr la mayor fricción posible. La chica pensó que se iba a desmayar. La sensación piel contra piel era delirante, maravillosa. Los pezones de su profesora completamente erectos se frotaban contra los suyos; las caderas chocaban una con otra y el sonido era húmedo e intenso; sus piernas sudadas y enroscadas... Sintió la sobrecarga de todos sus sentidos. Hermione sintió que iba a explotar sin ni siquiera tener un dedo de Bella dentro. Demasiada presión en los lugares adecuados. "Por favor..." gimió con desesperación.
-¿Qué quieres, princesa? -Le preguntó con voz infantil mientras le acariciaba la parte interna de los muslos.
-Te.. Te necesito...
-Tendrás que ser más específica -sugirió mientras se agachaba para lamerle el estómago.
-¡Fóllame, Bella!
-Suplícame -Contestó ella con una mano recorriendo el interior de los muslos de Hermione mientras la otra pellizcaba y retorcía los pezones de la chica.
-Por.. Por favor... Por favor -suplicó en tono casi patético.
La bruja movió sus dedos a la abertura de la chica y empezó a acariciarla sin entrar.
-Dime que eres mía.
No pudo contestar. Se estaba ahogando entre el deseo y la necesidad.
-¡Dilo! - Rugió Bella retirando ambas manos del cuerpo de la chica.
-¡Soy tuya, soy tuya! Solo tuya... -aseguró la joven con toda la energía que le quedaba.
-MÍA. Recuérdalo.
Y con ese estamento, introdujo con fuerza y sin avisar dos dedos en el cuerpo de la chica, que gritó de forma animal. El dolor fue breve y enseguida dejó pasó a un placer a años luz de sus experiencias en solitario. Su cerebro iba a estallar, demasiada estimulación. Notaba como Bellatrix frotaba su centro contra la pierna de la chica para calmar su propia excitación; la humedad que dejaba a su paso hacía gemir a Hermione todavía más fuerte. Su corazón no daba abasto para bombear sangre. Bellatrix introdujo un tercer dedo, los curvó mientras mantenía su boca ocupada en los pechos de la chica y al instante Hermione estalló. Intentó contenerse para prolongar aquello lo máximo posible, pero no fue capaz. Se liberó de forma violenta, casi entre espasmos y gritando el nombre de su amante una vez tras otra. La bruja descendió por su cuerpo, le separó más los muslos para acomodarse entre ellos y hundió su boca en el clítoris de la chica. Hermione pensó que ya no quedaba nada dentro de ella, pero se equivocaba: el segundo orgasmo fue aún más intenso que el primero.
Cuando hubo terminado, Bellatrix se limpió los dedos con la lengua y se tumbó junto a su novia. Hermione inmediatamente apoyó la cabeza en sus pechos y ella se rió: "Bueno, princesa, creo que te ha gustado. ¿Ves cómo soy la mejor en todo?". Asintió como toda respuesta. En ese momento podría haberle pedido que la dejara matarla para convertirla en su horrocrux y ella misma se hubiese apuñalado.
La ya-no-virgen Hermione, jadeó durante varios minutos más con la respiración entrecortada mientras su cuerpo seguía temblando y Bellatrix le acariciaba el pelo. En cuanto recuperó un mínimo de energía, buscó la boca de la bruja y tras devorarla, le susurró: "Quiero hacértelo a ti, pero no sé...". Después del trabajo de su profesora, aunque Hermione hubiese sido una experta, cualquier intento hubiese sido ridículo. Bellatrix la colocó encima de ella y la tranquilizó: "Haz lo que te parezca natural... O lo que llevas deseando hacerme desde la primera vez que me viste... Y yo te ayudo".
No hizo falta más. Durante quince minutos, la joven se centró únicamente en estrujar, morder y pellizcar los pechos de la bruja. "Joder, deberías estar prohibida" murmuró Hermione mientras Bellatrix reía entre gemidos suaves y le arañaba la espalda. La chica le acarició el estómago, lamiendo el contorno de sus costillas hasta que finalmente bajó a sus muslos. Respiró hondo. Empezó a lamer mientras la sujetaba con ambas manos de las caderas para mantenerla quieta. Era sorprendente lo dulce que sabía Bellatrix. La bruja gemía suavemente y gruñía apreciativamente. Esos sonidos enloquecían aún más a Hermione, que estaba completamente húmeda otra vez. Notaba que la experta bruja necesitaba más estimulación. Le introdujo dos dedos sin tener claro como maniobrar con ellos, volvió a ponerse nerviosa. Bellatrix agarró su mano y penetrándose a sí misma con su mano y la de la chica, le enseñó cómo curvar los dedos, coger un buen ritmo y le expresó con toda claridad cuándo necesitaba más dedos. Cuando con un grito ronco la duelista se corrió, Hermione rápidamente recogió con la lengua todos sus fluidos. Sabía completamente deliciosa. La idea de haberla follado con su mano unida a la de ella la ponía realmente cachonda.
Bellatrix se dio cuenta de que la chica volvía a estar incómoda por las reacciones que su cuerpo había sentido al satisfacerla. Así decidió arreglarlo e introdujo su experta mano una vez más entre sus piernas. "No... No puedo más, Bella, no..." gimió la chica agotada en un balbuceo casi ininteligible. "Shh", susurró la duelista, "Se una buena chica y deja que tu profe favorita se encargue". Ni un minuto después, Hermione que sentía que iba a morir, comprobó que aún quedaba algo dentro de ella y tuvo su tercer orgasmo.
-Gracias, gracias... – murmuró Hermione de forma casi inaudible sobrepasada por el placer.
Bellatrix la colocó a su lado y la joven, que no había estado más exhausta en su vida (ni con el troll, ni con los mortífagos, ni con los hombres lobo) se durmió inmediatamente. La bruja oscura le pasó un brazo protector por la cintura y cerró los ojos también.
