37.- Leyendas y reportajes
"Eros", la palabra en el dije relucía igual que en los otros, Harry ya no vio la necesidad de hablarle a su papá antes de unir el dije a los otros, sabía que no era peligroso, pero se prometió a si mismo decírselo a primera hora.
Al día siguiente, alcanzo a Severus luego del desayuno y le contó que encontró el dije y se unió a los otros igual que la última vez. Ahora en la pulsera-peluche se veía un casi circulo con las tres palabras: Storge, Philia y Eros. Severus decidió que era hora de hablar con Sirius y pidió permiso a Albus para que Harry y él salieran del castillo hacia Privet Drive.
Llegaron a casa de Sirius por flu y fueron recibidos por Remus.
—¿Qué hacen aquí? Pensé que no iban a tener vacaciones—Pregunto Remus.
—Tu ni siquiera deberías estar aquí Remus—Le contesto Severus sacudiéndose la ceniza.
—Sí, bueno, pedí permiso por un par de horas. ¿Té? —Les dijo Remus.
—Sí, gracias. ¿Esta Sirius? Hay algo que debemos contarles—.
—¿Qué deben contarme? —Contesto Sirius que acaba de despertarse al parecer.
En ese momento, Remus regreso con las tazas de té y Severus empezó a contar la historia.
—Siéntense por favor, verán... —.
Pronto les dijo todo, lo de los dijes, que Albus ya los habían analizado y Severus también, sobre el comportamiento extraño de la pulsera-peluche y como las joyas parecían fundirse con la pulsera y los dijes que parecían estar formando algo. Entonces Severus procedió a contarles sobre lo que Nicolás Flamel le había dicho.
—Entonces si entiendo, alguien está enviándome piezas de una reliquia milenaria—Dijo Harry.
—Sí, al parecer sí—Contesto Severus.
—¿Por qué yo? —.
—No lo sé Harry, me pregunto lo mismo—.
—¿Quizás es por todo eso del niño-que-vivió? —Sugirió Sirius.
—Quizás, quizás no. Harry es especial en muchas maneras, tiene una fuerza mágica muy grande, lo sé. Pero también tiene una personalidad muy diferente a la de otros niños, parece combinar varias de las casas de Hogwarts en él—.
—Pero quedo en Gryffindor—Dijo Remus.
—El sombrero no me escucho, yo quería ir a Slytherin, pero el sombrero no me dejo ni hablar—Dijo Harry.
—¿Qué te dijo el sombrero? —Pregunto Severus.
—Que mi corazón era más grande que mi mente, y que mi corazón era el de un león—Contesto Harry.
—En la alquimia, el león representa el sol, y el simbolismo del animal representa el coraje y a un protector—Contesto Remus haciendo que Severus sonriera, no sabía que el licántropo conociera esos datos.
—Es posible que el sombrero te enviara a donde podías adquirir las habilidades que te hacían falta. Posees muchas características de las demás casas, así que seguramente hay alguna habilidad o característica que debes aprender en Gryffindor—Dijo Severus, ahora consciente del porque Harry termino en Gryffindor.
Harry y Severus, regresaron un par de horas después a Hogwarts, acompañados ahora por Remus. Apenas Severus dejo a Harry en su sala común, fue a escribirle una carta a Nicolás Flamel, si el patrón se repetía, pronto encontrarían la gema que seguía para la pulsera-peluche.
Mientras tanto, Severus decidió investigar en qué consistía la dichosa reliquia y busco en cada libro de la biblioteca, cuando no encontró nada ahí, fue hasta el callejón Diagon a Flourish y Blotts, busco y rebusco en cada libro, pero nada. Estaba a punto de darse por vencido hasta que encontró en una de las mesas de libros usados una copia de un libro muggle. Se llamaba "Leyendas de los dioses griegos". Lo tomo y lo empezó a hojear hasta que dio con lo que buscaba, la leyenda de los hijos del dios de la guerra y la diosa del amor. Pago por el libro y regreso a Hogwarts. Puso los hechizos de costumbre para evitar ser molestado y empezó la lectura.
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Ares, dios de la guerra y Afrodita, diosa del amor, eran contra todo pronóstico, amantes, Afrodita estaba casada con el dios Hefesto, dios del fuego, pero estaba enamorada de Ares. Yendo contra sus votos, tuvo amoríos con Ares. Los cuales dieron fruto, dando a luz a Eros, Anteros, Deimos y Fobos.
Eros, fue convertido entonces en el dios del amor. Anteros, en el vengador del amor no correspondido y sus hermanos Deimos y Fobos, fueron las personificaciones del terror y el temor.
Eros, sin embargo, no podía con la responsabilidad del amor, era un sentimiento capaz de llevar tanto felicidad como tristeza, capaz de erigir ciudades como de arrasar poblaciones, demasiada responsabilidad para el joven dios. Su hermano Anteros, viendo el sufrimiento de su hermano por el peso de la responsabilidad, hablo con sus hermanos.
Deimos y Fobos, a pesar de sus obligaciones, nunca envidiaron el trabajo de sus hermanos, y sintieron dolor de pensar en lo que estaba sufriendo su hermano. Deimos sugirió que podrían repartirse el trabajo de su hermano para aligerar su carga, pero Fobos le recordó que sus propias obligaciones podrían afectar el sentimiento del que era guardián su hermano.
Anteros, oyendo la propuesta de su hermano Deimos, decidió que la solución era precisamente repartir el sentimiento, e insto a sus hermanos a hablar con Hefesto, el esposo de su madre. Hefesto, contra todo pronóstico, oyó a Anteros, y decidió ayudarlo, después de todo, él había sentido el duro aguijón del amor, y pensaba que nadie debería sufrir tanto por su causa, ni siquiera el guardián del mismo.
Hefesto no podía interferir, pero si podía enseñarle a forjar a Anteros. Anteros fue cada día y noche a ver a Hefesto y este le enseño como forjar el metal, hasta que Anteros fue capaz de forjar tanto espadas y flechas como delicadas joyas. Entonces Anteros fue donde sus hermanos y les explico su plan. Forjarían entre los cuatro, un amuleto capaz de someter al sentimiento del que era guardián Eros, liberando a su hermano de la pesada carga, así, mientras lo cargara consigo, podría seguir cuidándolo, pero ya no sentiría su peso dentro de él.
Le dijeron su plan a Eros y este aceptó. Por varios días, forjaron el amuleto y al final, una delicada y sencilla joya contenía el amor que se le otorgaba a los mortales. Eros estaba feliz, ya no sentía el peso de el en su interior, pero ninguno considero el peso en el amuleto y en cuanto Eros se lo puso empezó a caer hacia la tierra desde el Olimpo, el amuleto era tan pesado que Eros no podía quitárselo y en un arranque de pánico, Anteros disparo hacia el amuleto y lo rompió con una de sus flechas que siempre cargaba.
El amuleto se rompió en cuatro fragmentos y cayó en cuatro puntos de la tierra. Eros, Anteros, Deimos y Fobos buscaron los fragmentos, pero nunca los recuperaron. Aun así, el amor no dejo de circular entre los mortales y ningún otro dios, además de ellos cuatro y Hefesto, sabían lo que habían hecho, así que juraron guardar silencio.
El amuleto tenía dentro de sí, los cuatro tipos de amores, el amor sexual, el amor a la familia, el amor a los amigos y el amor universal. Eros y Anteros siguieron buscando cuando iban a disparar sus flechas mientras Deimos y Fobos abandonaron a los dioses y recorrieron el mundo mortal buscando el amuleto de su hermano, pero al hacerlo, también sembraron el terror y el temor a donde iban, mezclándolo con el amor. Y provocando en los mortales el temor a enamorarse.
De vez en cuando algún mortal encontraba parte del amuleto, pero siempre lo perdía irremediablemente. Luego de siglos, el Oráculo, vaticino que algún día, el amuleto volvería a estar completo y Eros estaría listo para el peso de su responsabilidad, mientras tanto, reparte lo que queda del amor en el mundo, y Anteros le ayuda a seguir su búsqueda.
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Cuando termino de leer, Severus tenía más dudas que al principio.
En cuanto acabó el baile de navidad y habían pasado unos días, la prioridad del ahora llamado Equipo De Ayuda Para Campeones De Hogwarts (Idea de Pansy que insistió que el otro nombre no incluía a Cedric), era resolver el misterio del huevo, Severus y Sirius eran los dos únicos "adultos" que estaban incluidos entre los miembros del equipo (pero solo Sirius podía dar respuestas concretas a cualquier interrogante o actividad, ya que Severus era un miembro del profesorado y Remus ayudaba a Sirius, así que técnicamente no estaba "interfiriendo"), además del emisario misterioso de las notas. Gracias a los horarios de todos, las reuniones no superaban tres durante la semana y un par los fines de semana, y se acercaba una fecha que Harry se negó en redondo a usar para las reuniones.
Lo primero que hicieron fue abrir el huevo, los chicos tuvieron que cubrirse los oídos ante el estridente sonido que salía del huevo, Harry lo cerro inmediatamente.
—¡Por Merlín! Sonaba como si torturaran a alguien ¿Qué pretenden? ¿Qué soporten un cruciatus? —Dijo Neville aun aturdido por el sonido.
—Quizás debas abrirlo muchas veces—Sugirió Hermione.
Los chicos (excepto Harry), ahora se taparon los oídos antes de que el huevo fuera abierto de nuevo. El sonido era igual de horrible, Harry lo abrió una y otra vez, pero la tonada y el chillido seguían imperturbables. Cada reunión, todos soltaban sus conjeturas e ideas, desde hacerle preguntas hasta recitar encantamientos, pero nada afectaba al huevo y su sonido.
Luego llego la fecha esperada por Harry y todos sus amigos de años sabían que significaba esa fecha, pero tuvieron que explicárselo a los nuevos, cuando Harry salió disparado del comedor a la hora de la comida y con un permiso entregado en persona por Dumbledore, además del aviso de que la clase de pociones de la tarde había sido cancelada.
Harry esperaba en la entrada del comedor a su papá y en cuanto lo alcanzó, ambos fueron hasta las afueras del castillo para desaparecerse rumbo al callejón Diagon. La partida de ambos genero una discusión en la mesa de profesores donde Dumbledore y Minerva tuvieron que explicarles a Madame Maxime y al profesor Karkarov que se trataba de una tradición entre ellos y que ninguna norma del torneo ni la escuela impedía a un padre y su hijo salir del colegio si el director extendía el permiso.
Ajenos al revuelo en la mesa de profesores, Harry y Severus tuvieron su siempre agradable tarde de helado en el cumpleaños de Severus, Florean Fortescue ya los esperaba con su especial de cada año y esta vez, Harry y Severus lo invitaron a unirse a su mesa. Esa tarde hablaron de todo y nada, Florean no menciono nada del torneo, suponiendo correctamente que Harry estaba bastante harto del asunto. Cuando se retiraron, ambos agradecieron a Florean y regresaron al castillo algo más relajados que cuando se fueron.
—Lamento que este año solo pudiéramos ir por el helado, quería hacerte otra fiesta—Dijo Harry a Severus, algo compungido.
—No importa Harry, prefiero mi cumpleaños así, solo tú y yo... y bueno, Florean, pero solo porque nos da helado gratis—Dijo Severus con una sonrisa irónica.
Severus acompaño a Harry hasta su torre y ambos durmieron mejor esa noche. Ya habría tiempo de preocuparse mañana.
Al día siguiente, la mañana recibió a un muy enojado profesor de pociones, a un más enojado aun director y a Harry y sus amigos más que enojados. La razón era un artículo publicado en El Profeta. Hermione nunca había perdido la compostura como cuando leyó el articulo y redujo el periódico a cenizas. El artículo era encabezado con una foto en la que Hagrid tenía cara de criminal.
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EL GIGANTESCO ERROR DE DUMBLEDORE
Albus Dumbledore, el excéntrico director del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, nunca ha tenido miedo de contratar a gente controvertida, nos cuenta Rita Skeeter, corresponsal especial. Desde la profesora Trelawney cuyas habilidades psíquicas han sido puestas muy en duda hasta el profesor Snape, sospechoso de ser un seguidor de Quienes-ustedes-saben. Pero estos nombramientos palidecen ante el profesor que imparte la materia de Cuidado de Criaturas Mágicas.
Rubeus Hagrid, que admite que fue expulsado de Hogwarts cuando cursaba tercero, ha ocupado el puesto de guardabosque del colegio desde entonces, un trabajo en el que Dumbledore lo ha puesto de forma fija. El curso pasado, sin embargo, Hagrid utilizó su misterioso ascendiente sobre el director para obtener el cargo adicional de profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas, por encima de muchos candidatos mejor cualificados.
Hagrid, que es un hombre enorme y de aspecto feroz, ha estado utilizando su nueva autoridad para aterrorizar a los estudiantes que tiene a su cargo con una sucesión de horripilantes criaturas. Mientras Dumbledore hace la vista gorda, Hagrid ha conseguido lesionar a varios de sus alumnos durante una serie de clases que muchos admiten que resultan aterrorizadoras.
No obstante, Hagrid no tiene intención de cesar su campaña de intimidación. El mes pasado, en conversación con una periodista de El Profeta, admitió haber creado por cruce unas criaturas a las que ha bautizado como escregutos de cola explosiva, un cruce altamente peligroso entre mantícoras y cangrejos de fuego. Por supuesto, la creación de nuevas especies de criaturas mágicas es una actividad que el Departamento de Regulación y Control de las Criaturas Mágicas siempre vigila de cerca. Hagrid, según parece, se considera por encima de tales restricciones insignificantes.
"Fue sólo como diversión", dice antes de apresurarse a cambiar de tema.
Por si esto no fuera bastante, El Profeta ha descubierto recientemente que Hagrid no es, como ha pretendido siempre, un mago de sangre limpia. De hecho, ni siquiera es enteramente humano. Su madre, revelamos en exclusiva, no es otra que la giganta Fridwulfa, que en la actualidad se halla en paradero desconocido.
Brutales y sedientos de sangre, los gigantes llegaron a estar en peligro de extinción durante el pasado siglo por culpa de sus luchas fratricidas. Los pocos que sobrevivieron se unieron a las filas de El-que-no-debe-ser-nombrado, y fueron responsables de algunas de las peores matanzas de muggles que tuvieron lugar durante su reinado de terror.
En tanto que muchos de los gigantes que sirvieron a El-que-no-debe-ser-nombrado cayeron abatidos por aurores que luchaban contra las fuerzas oscuras, Fridwulfa no se hallaba entre ellos. Es posible que se uniera a una de las comunidades de gigantes que perviven en algunas cadenas montañosas del extranjero. Pero, a juzgar por las travesuras que comete en las clases de Cuidado de Criaturas Mágicas, el hijo de Fridwulfa parece haber heredado su naturaleza brutal.
Lo curioso es que, como todo Hogwarts sabe, Hagrid mantiene una amistad íntima con el muchacho que provocó la caída de Quien-ustedes-saben, y con ella la huida de la propia madre de Hagrid, como del resto de sus partidarios. Tal vez Harry Potter no se halle al corriente de la desagradable verdad sobre su enorme amigo, pero Albus Dumbledore tiene sin duda la obligación de asegurarse de que Harry Potter, al igual que sus compañeros, esté advertido de los peligros que entraña la relación con semigigantes.
Aunque teniendo como tutor a un presunto ex-mortífago y a un padrino expresidiario, deberíamos preguntarnos si el-niño-que-vivió no será un futuro mago oscuro y ya tiene quizás sus propios seguidores. Y quizás de ahí la asociación con un semigigante le resulte fructífera de conservar.
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—¡ESA MALDITA BRUJA! —Gritó Harry cuando hubo leído el artículo.
Las "lindezas" con que se refirieron a la "periodista" fueron desde lo más "leve" hasta algunas frases que hubieran hecho sonrojar al mismo Señor Oscuro.
Esa misma tarde, Severus, Dumbledore, Hermione, Ron, Draco y Harry fueron hasta la cabaña de Hagrid. Llamaron a la puerta, y les respondieron los atronadores ladridos de Fang.
—¡Somos nosotros, Hagrid! ¡Abre! —Gritó Harry, aporreando la puerta.
No respondió. Oyeron a Fang arañar la puerta, quejumbroso, pero ésta siguió cerrada. Llamaron durante otros diez minutos, y Ron incluso golpeó en una de las ventanas, pero no obtuvieron respuesta. Dumbledore se acercó a la puerta.
—Hagrid, no quiero tener que ocupar mi varita, pero si no me abres la usare—Dijo tranquilamente Dumbledore.
La puerta se abrió.
La comitiva entro y vio a Hagrid sentado a la mesa. Parecía hallarse en un estado deplorable. Tenía manchas en la cara, y los ojos hinchados, y, en cuanto al cabello, lejos de intentar dominarlo, en aquellos momentos parecía un entramado de alambres.
—¡Hagrid deja de esconder la cabeza! ¡No permitas que te altere esa imitación de ser humano! ¡Vamos! —Le decía Hermione tratando de animarlo mientras daba saltitos y secaba con sus mangas las gruesas lagrimas que volvían a correr en la cara de Hagrid.
—Hagrid, ¿Por qué lloras? ¿Por lo que escribió ese burdo intento de periodista? ¿O porque pensaste que no seriamos más tus amigos si nos enterábamos? —Le dijo Severus.
—Pero... ¿Qué van a pensar de mí los demás alumnos? ¿Y los padres? —Decía Hagrid.
—Realmente, Hagrid, si lo que buscas es la aprobación de todo el mundo, me temo que te quedarás en esta cabaña durante mucho tiempo. Desde que me convertí en el director de este colegio no ha pasado una semana sin que haya recibido al menos una lechuza con quejas por la manera en que llevo las cosas. Pero ¿Qué tendría que hacer? ¿Encerrarme en mi estudio y negarme a hablar con nadie? —Replicó Dumbledore.
—Hagrid, te queremos, yo te quiero, eres como mi tío, me he criado contigo y los profesores, eres mi familia, ¿Por qué debería importarme tu origen si todo lo que he conocido de ti ha sido amabilidad, cariño y confianza? —Le dijo Harry acercándose a abrazarlo, bueno, abrazo uno de los brazos de su amigo.
—No sé porque te importa lo que piense el mundo de ti, mira a mi padre, tan fijado en su "imagen pública" que prefirió abandonar a su propio hijo a su suerte por no quedar "mal" ante otras personas que él ni conoce, tú tienes mucho aquí, hay gente que te prefiere a ti sobre el resto del mundo, ¿No les iras a pagar dejándote caer o sí? —Le dijo Draco, a quien Hagrid aún no había tratado mucho, pero fue esto lo que le hizo reaccionar.
—Tienes razón, desde luego; todos tienen razón: he sido un tonto. A mi padre le hubiera dado vergüenza la forma en que me he comportado... Cuando llego mi carta de Hogwarts, él estaba tan orgulloso, murió cuando yo estaba en segundo, así que nunca se enteró de mi expulsión. Tú fuiste el único que me defendió después de que faltó mi padre, Albus. Me diste el puesto de guardabosque... Sabes que uno puede merecer la pena incluso aunque tu familia no haya sido... bueno... del todo respetable. Pero hay quien no lo comprende—.
—...Los hay que siempre están contra uno... Los hay que pretenden que simplemente tienen esqueleto grande en vez de levantarse y decir: soy lo que soy, no me avergüenzo. Mi padre me decía que no me avergonzara nunca, que había quien estaría contra mí, pero que no merecía la pena molestarse por ellos. Y tenía razón. He sido un idiota. Y, en cuanto a ella, no voy a volver a preocuparme, se los prometo. Esqueleto grande... ¡Puff! Solo un dinosaurio tendría un esqueleto más grande que el de ella—Dijo Hagrid levantándose y secándose las lágrimas con sus manazas.
Albus estaba feliz de ver a su amigo recuperado, Severus estaba complacido de ver que Hagrid estaba resuelto a volver a ser el mismo, Ron y Hermione agradecían en silencio a Draco mientras Harry le decía "gracias princesa", y Hagrid le dio un abrazo a Draco por primera vez, sacándole el aire, pero llenándolo de algo desconocido hasta ese entonces para él, la gratitud de otra persona y ganando un nuevo amigo, solo por ser él mismo.
