Conforme avanzaba la semana, Hermione se iba quedando sin energía. Ron seguía sin apenas hablarle y Harry estaba completamente centrado en la búsqueda de horrocruxes. Ella no había tenido ni tan siquiera tiempo de hablar con Bellatrix o de devolver los libros a la biblioteca. Entre los trabajos, preparar los exámenes y los cabezotas de sus amigos, cuando llegaba la noche, se metía a la cama y se dormía al instante. Sin embargo, a pesar de las ganas que tenía del esperado encuentro con el colchón, la estudiante se tomaba su trabajo como prefecta muy en serio (como todo lo demás). Dedicaba mucho tiempo a patrullar por los pasillos de la torre de Gryffindor para asegurarse de que no había alumnos fuera de sus habitaciones o haciendo alguna travesura. Por eso, todas las noches su hora de retirarse a su habitación y acostarse se retrasaba bastante. Ese jueves no fue diferente.
Lo que sí fue diferente fue la sensación de peligro. Al volver, cuando se acercaba a la puerta de su habitación individual, vio un atisbo de luz por debajo de la puerta. Estaba segura de haber apagado las luces y cerrado todo al salir. Había alguien o algo en su cuarto. Y no podía ser nada bueno: dada la naturaleza de sus investigaciones con Harry, siempre cerraba la puerta con multitud de encantamientos para asegurarse de que ni un alohomora ni ningún otro hechizo podría invadir su intimidad. Pensó en pedir refuerzos, pero también pensó que se estaba volviendo paranoica de tantos secretos y tragedias y que no sería nada grave. Así que sujetó su varita con firmeza y abrió la puerta.
Para su sorpresa, sentada en el escritorio con la espalda en apoyada en la pared y los tacones de las botas de cuero en el asiento de la silla, estaba Bellatrix envuelta en una túnica. La duelista tenía un libro en una mano y una botella de whisky miedo vacía en la otra. Hermione no supo cómo tomarse la invasión. Viendo que la bruja había burlado sus encantamientos de protección y había violado su privacidad como si nada, optó por la rabia. Lo que aumentó ese sentimiento fue que la profesora ni siquiera levantó la cabeza del libro que estaba leyendo al oírla entrar. Hermione reconoció su propio ejemplar de "El retrato de Dorian Gray" en manos de la bruja. Robarle sus libros sin permiso ya era lo último. Se acercó a ella con ímpetu y le arrancó el libro de las manos.
-¡Eh! ¡Lo estaba leyendo!- protestó Bellatrix indignada.
Hermione la miró sin dar crédito. Así que la bruja continuó con el mismo tono de tranquilidad de quien le está explicando a niño pequeño que los árboles no andan.
-Nunca había leído un libro muggle. Una cosa es que pueda llegar a aceptar que igual la pureza de sangre no afecta de forma vital a la inteligencia o al poder de un mago... y otra que me interese por una cultura inferior. Pero tengo que reconocer que ese libro está bien, la premisa me intriga. Aunque claro, al pertenecer a la más antigua y noble casa de Black, hay tanta magia en mi sangre que es probable que me mantenga así de estupenda para siempre. Así que no necesito que nadie me pinte un retrato - explicó la bruja sonriente.
-Pero, pero, pero... ¡pero tendrás cara! ¡Te cuelas en mi cuarto, coges mi libro y encima me vienes con tu superioridad de sangre! - exclamó Hermione indignada antes de ceder a la curiosidad- ¿Cómo demonios has entrado?
Su compañera abrió la boca para responder e inmediatamente Hermione la cortó:
-Como me digas que por la puerta, sales por ella envuelta en llamas.
Bellatrix soltó una carcajada al ver lo bien que la conocía la joven e hizo un gesto con la mano para quitarle importancia:
-Bah, un hechizo que inventé siendo cría para entrar al despacho de McGonagall a cambiarme las notas. ¿Quieres? -preguntó ofreciéndole la botella de alcohol de la que estaba bebiendo a morro.
La estupefacción de Hermione fue en aumento, ¡cuántas infracciones juntas en menos de un minuto! La cosa se torció aún más cuando la bruja añadió en tono seductor: "Pero no estoy aquí por eso..." mientras echaba los hombros hacía atrás provocando que la túnica se le abriera ligeramente. Hermione se fijó por primera vez en su atuendo. La slytherin llevaba una capa de Gryffindor, con lencería roja a a juego y sus características botas de cuero. Y nada más. Para la joven hormonal que acababa de descubrir el sexo y que necesitaba olvidarse de todo y descargar tensiones, la visión de su profesora de Artes Oscuras sentada en su escritorio en sujetador y bragas fue demasiado. Su valioso cerebro entró en cortocircuito. Sabía que era lo que ella pretendía, matar dos pájaros de un tiro. Se trataba de la compensación que le había prometido, pero también de una manera nada sutil de evitar cualquier tipo de conversación profunda (sobre Voldemort, Snape o cualquier otro asunto). No podía ceder ante semejante chantaje. La miró de nuevo. ¡A quién quería engañar! Ni siquiera un dementor le negaría algo así... La bruja oscura se dio cuenta de su lucha interna y sonrió con satisfacción y maldad a partes iguales. Tras unos segundos y viendo que Hermione no era capaz de reaccionar, fingiendo un tono tímido e infantil empezó:
-Quería volver a mi habitación, pero creo que me he perdido. Sé que no debería estar fuera de la cama a estas horas -siguió ella poniendo ojitos lastimeros y mordiéndose el labio inferior- pero como es usted prefecta, Madame Granger, quizá pueda ayudarme... o castigarme, lo que usted vea.
Hermione tenía la boca completamente seca (no así su ropa interior), ni cuando vio al basilisco en su segundo año había estado tan petrificada y absorta en la visión. ¡Al cuerno la conversación! Dio un trago largo a la botella de whisky y trató de formar una frase:
-Sí... Creo que... tendré que castigarla, Miss Black- contestó con voz ronca y entrecortada al rato- si no no aprenderá la lección.
Inmediatamente apartó la silla del escritorio y se lanzó sobre la bruja oscura, besándola y repasando con las manos todo su cuerpo sin saber donde detenerse. Bellatrix respondió al beso y sin perder tiempo enroscó las piernas en la cintura de la joven. Hermione aprovechó la situación: le soltó la capa, colocó una mano en su espalda y otra en su trasero y la llevó hasta la cama. Le preocupó seriamente lo poco que pesaba, pero enterró ese pensamiento muy por debajo de la lujuria. Se colocó encima de ella.
-Miss Black, es usted una chica muy mala -jadeó Hermione entre las pausas que hacía mientras le mordisqueaba el cuello-. Apuesto a que ni siquiera sabe cómo defenderse de una maldición imperdonable.
-¡Oh! ¡Eso lo sé profesora! -contestó la bruja fingiendo emoción- Lo que se tiene que hacer es...
-A nadie le gustan las sabelotodos, Miss Black- la cortó Hermione girándola , bajándole las bragas y dándole un par de azotes en el culo.
-Lo siento, profe- respondió Bellatrix ahogando un gemido de placer.
Hermione no había sentido tanto deseo por nada ni por nadie en su vida. Tener a su merced -aparentemente- indefensa a la mujer más sexy e inteligente que había conocido dispuesta a dejarse hacer lo que Hermione quisiera era demencial. Fue consciente de que era muy probable que ella se corriera antes que la bruja sin que ni siquiera la tocara.
-No creo... -AZOTE- que lo sientas... -AZOTE- en absoluto...- AZOTE- jadeó Hermione puntuando cada palabra con un golpe seco en el maravilloso culo de su profesora.
Bellatrix gimió abiertamente. Desde pequeña le habían enseñado que el dolor y el placer son difíciles de distinguir. Y aunque prefería cuando también había sangre o maldiciones, no pudo evitar sonreír satisfecha al comprobar que era capaz de rebajar a alguien tan inocente y tímida como Hermione a su estado más animal.
La gryffindor acarició el culo enrojecido de su profesora y recorrió su espalda besando y lamiendo hasta llegar a desabrocharle el sujetador. Siguió hasta su cuello mordisqueándola hasta tumbarse junto a ella para poder reclamar su boca de nuevo. Bellatrix la besó con pasión, aprovechando un gemido de la joven para recorrer su boca con su lengua mientras jugueteaba con los botones de su camisa. Hermione se perdió en el beso hasta que decidió que había otras partes de su amante que reclamaban su boca. Se separó un poco de ella para poder admirar su pecho desnudo y una vez más, se quedó extasiada en la visión sin poder apenas reaccionar. Bellatrix aprovechó la circunstancia para de un solo tirón, quitarle finalmente la camisa. Hermione dio un respingo ante la pérdida de control y exclamó:
-¿Te he dado permiso para tocarme, mi pequeña zorra?
Hermione no podía creer que esas palabras acabaran de salir de su boca; como tampoco podía creer lo mojada que estaba. Bellatrix la miró excitada al oírla llamarla así mientras Hermione le sujetaba las muñecas con una mano y le frotaba la entrepierna con la otra.
-No me toques ahí -gimió la bruja.
-Te tocaré dónde me de la gana.
-Vale... Pero como aprietes un poco más vas a invocarle -murmuró señalando con los ojos la marca tenebrosa- y va a alucinar bastante...
Hermione la soltó al instante como si quemase. La bruja se rió ante su miedo y aquello indignó a la chica. La mordió con fuerza en el hombro y cogió su varita. "Incarcerous" murmuró y al instante una cuerda sujetó las muñecas de la morena sobre su cabeza. No perdió más tiempo. Se lanzó sobre sus abundantes pechos alternando sus manos y su boca, apretando, pellizcando y mordiendo cada centímetro intentando provocar la mayor cantidad de gemidos y gruñidos posible.
A los pocos minutos, la joven no pudo aguantar más y se quitó toda su ropa para frotarse contra su cuerpo intentando lograr la mayor fricción posible. Bellatrix la ayudó elevando ligeramente su caderas pero dejando a Hermione hacer con ella lo que quisiera. Hermione la besó de nuevo en la boca y entonces se dio cuenta de que aunque la bruja mantenía los brazos sobre su cabeza, no había ni rastro de las ataduras. La miró sorprendida. Ella respondió con su sonrisa de superioridad y comentó con voz infantil:
-No me voy a mover, es solo para que veas que puedo.
-¡Arrgg! ¡Maldita zorra engreída!- exclamo Hermione indignada al ver que sutilmente su amante le demostraba quién seguía teniendo el poder (aunque eso no quitaba que cada vez admirase más su dominio de la magia).
La joven terminó con los juegos. Arañó suavemente el interior de los pálidos muslos de la bruja y sabiendo que ni su compañera iba a suplicar ni ella podía aguantar más, le introdujo tres dedos sin previo aviso. La bruja oscura gritó "¡Joder, sí!" y varias expresiones más nada propias de una profesora mientras le mordía el cuello. Varios minutos después de alternar y sumar dedos y lengua, la avisó entre jadeos: "¡Me voy a correr!". Para vergüenza de Hermione, no fue ella sola. Cuando recuperó el aliento y se apartó los rizos de la cara, Bellatrix notó en sus muslos una "alegría" que no había sido solo suya. Miró la joven que resollaba exhausta a su lado y preguntó:
-Hermione, ¿tu también te has...?
-Sí- la cortó avergonzada de la sensibilidad de su cuerpo al roce y a los gemidos de su amante.
Bellatrix no pudo aguantar la risa. Que Hermione hubiese terminado a la vez que ella sin haberla tocado era el mayor cumplido que le habían hecho en años.
-¿Entonces no quieres que ahora yo...?- intentó preguntar la slytherin.
-No- volvió a interrumpirla Hermione girándose para que Bellatrix no notase su vergüenza- solo quiero dormir.
La bruja oscura la atrajo hacia sí y le susurro: "Eres lo más adorable que he conocido nunca". Hermione se giró, la besó con cariño y hundió la cara en su melena: le encantaba como olía su novia.
-Pero es la última vez que lo hacemos así. Cuando te corras quiero que sea porque me tienes a mí dentro -informó la duelista.
-De acuerdo -jadeó la joven que seguía recuperándose- pero no lo entiendo. ¿No te gusta más que te lo hagan que ser tú la que...?
-Todo lo contrario. ¿Conoces la frase de "En la vida todo es sexo excepto el sexo que es poder"? En la mayoría de casos, el sexo es una cuestión de placer; pero para mí, como todo lo demás, siempre ha sido una necesidad de poder, de dominación. Me he follado a mucha gente pero a muy, muy pocos les he dejado tocarme. Prefiero mil veces el poder que el placer, me excita y me llena mucho más.
Hermione la miró entre el sonrojo y la sorpresa. Odiaba la parte en la que Bellatrix había tenido sexo con muchas personas, pero sentía cierto orgullo por pertenecer al selecto grupo que tenían permitido tocarla. También le llamaba la atención que la bruja considerara el placer y el poder como únicos motivos para tener relaciones: ¿consideraba el amor una debilidad o dada la histórica falta de cariño en su vida ni siquiera lo consideraba? Decidió preguntarlo de forma indirecta.
-Yo también prefiero ser yo la que te lo haga pero porque... te quiero -comentó casi avergonzada.
"Nunca creí que yo tendría algo así con alguien" murmuró Bellatrix besándola en la frente con ternura, "Y eres la mejor amante con la que he estado jamás", añadió. Hermione se ruborizó definitivamente. No le había contestado directamente pero con eso le valía de momento. La slytherin le acarició la mejilla y se levantó de la cama.
-¿A dónde vas? -preguntó Hermione incorporándose- ¡Quédate a dormir conmigo! Ya sé que la cama es muy pequeña, pero...
-No, no es eso, ¿puedes dejarme un pijama o algo así? - preguntó casi avergonzada.
Hermione se rió admirando la obra de arte que era su cuerpo desnudo y le contestó:
-Me gustas más así.
-Tengo frío cuando duermo -murmuró Bellatrix taciturna- Siempre tengo frío.
-Claro, coge cualquier cosa del segundo cajón- se apresuró a responder Hermione recordando entristecida las secuelas de Azkaban.
Bellatrix se puso una sudadera negra ancha que le llegaba hasta medio muslo sin entender si quiera qué era aquella prenda muggle. Hermione jamás pensó que su profesora de Artes Oscuras dormiría en su cama; la bruja jamás pensó que dormiría en un dormitorio con los colores de Gryffindor. La estudiante la miró con fascinación y susurró: "Eres increíblemente preciosa". "Eso ya lo sé" contestó la morena acomodándose en sus brazos. "Dime que me quieres" murmuró entrelazando las piernas con la chica. "Te quiero" le susurró al oído "Te quiero, te quiero, te quiero". Bellatrix ronroneó satisfecha y ambas durmieron con una sonrisa en una cama individual.
Cuando a la mañana siguiente Hermione despertó sola en la cama, ni siquiera se sorprendió. Empezaba a pensar que nunca pasaría la mañana de después con Bella. No obstante, esta vez le había dejado una nota y junto a ella, la minifalda de cuero que Hermione le había cogido y devuelto días antes:
Siento que te despiertes sola otra vez, peque, pero creo que sería difícil de justificar que tus compañeros de Gryffindor me vieran salir de tu habitación por la mañana. Anoche estuviste maravillosa, como siempre, mi alumna estrella (¿o ahora soy yo tu alumna estrella?). Nos vemos pronto.
P.S. ¿Me cogiste una minifalda negra de cuero? Soy una gran influencia para ti. Te la regalo. Póntela cuando vengas a verme (a ser posible sin nada más).
Hermione sonrió y se sonrojó al recordar el sexo animal de la noche anterior. Ahora poseía la absoluta certeza de que Bellatrix no tenía un solo rasguño en el cuerpo que pudiera haber sido provocado por Voldemort; los que ahora tendría eran obra suya. Pero eso no disipaba en absoluto sus preocupaciones: muchas maldiciones -las peores, de hecho- no dejan rastros visibles, la conversación seguía pendiente. Y aunque era evidente que Bellatrix sabía que los había espiado a ella y a Snape, no parecía enfadada. Reconoció que tenía razón al marcharse pronto de su habitación. Miró su despertador y vio que aún faltaban dos horas para su primera clase. Cogió de la mesilla la sudadera que su novia había dejado doblada tras usarla de pijama. Olía completamente a esa mezcla tan única de fuego con toques de coco y vainilla. Se volvió a dormir abrazada a la prenda.
