Durante los días siguientes, Hermione no vio a su profesora favorita fuera de clase. Ella estaba completamente centrada en estudiar para los exámenes finales y Bellatrix probablemente quería evitar la conversación sobre su fin de semana con Voldemort. Lo que sí agradecía la joven era que también habían sorteado la charla sobre la extraña reunión de la bruja oscura con Snape; si bien mataría por entender de qué demonios iba aquello, no estaba dispuesta a hacerlo al precio de mostrar a Bellatrix su desconfianza hacia ella. Así que todo se sostenía en una calma tensa.

Ese viernes tenían la mañana libre, así que Hermione y Harry optaron por ir a estudiar juntos a la biblioteca. La relación con Ron avanzaba un paso y retrocedía dos; la gran favorecida por aquella disputa era Lavander, que nunca había recibido tantas atenciones del pelirrojo. Hermione se preguntaba con gran curiosidad si realmente el chico creía que le iba a dar envidia. Sacudió esos pensamientos de la cabeza y se centró en el trabajo de Estudios Avanzados de Aritmancia.

Hermione había elegido esa optativa porque le fascinaba la idea de las propiedades mágicas de los números para predecir el futuro o componer series de hechizos. Era de sus asignaturas favoritas. El interés de Harry en la numerología resultaba bastante más pobre: la había elegido para que Hermione pudiese ayudarle con los deberes. Pero no había contado con lo dura que era la profesora, Septima Vector, una gryffindor de unos cuarenta años con fama de estricta. La cantidad de deberes que les mandaba era realmente exagerada y al estar en el último año, la asignatura resultaba especialmente ardua. Tenían ante ellos folios y folios de números complejos llenos de tachones y anotaciones. El ejercicio consistía en diseñar una barrera defensiva a través de los números que pudiera proteger todo el castillo de forma impenetrable. La castaña llevaba semanas trabajando en ello con ahínco y con grandes resultados. Harry la ayudaba en lo que podía, pero le costaba mucho seguir el cerebro privilegiado de su compañera. La profesora les daba enunciados nuevos cada semana para que siguieran ampliando el trabajo y el último estaba siendo como luchar contra Umbridge.

-¡Esto es imposible! Ayer le pregunté después de clase qué habíamos hecho mal aquí, le echó un vistazo y dijo que siguiéramos intentándolo, ¿te parece normal? Seguro que ni siquiera ella encontró el fallo...

Hermione quería defender a su profesora, pero realmente no veía la manera. Harry tenía razón. Llevaban días dándole vueltas y repitiendo los ejercicios para desarrollar el último enunciado que habían recibido, pero seguía sin cuadrar y la joven no encontraba dónde se equivocaban. La castaña, sentada frente a Harry en un lateral de la biblioteca, decidió sugerirle que lo dejaran por un rato. Entonces vio que el chico abría los ojos y empezaba a gesticular:

-¡Profesora! -exclamó Harry en un tono que le valió una mirada de reproche de la bibliotecaria- ¿Podría venir un momento?

Hermione se giró y para su sorpresa, vio que la que se acercaba con varios libros de dudoso origen entre sus brazos era Bellatrix.

-Míster Potter, Miss Granger – saludó ella mirándolos con curiosidad.

-Disculpe, Madame Black... -empezó él.

La bruja les había advertido desde el primer día que "nada de llamarme profesora, no soy una anciana, aburrida y fanática de Dumbledore como todo el mundo aquí".

-Sé que no es su asignatura, pero si pudiera echar un vistazo un momento a este ejercicio... Hermione y yo llevamos varios días y no vemos dónde está el fallo – solicitó el chico en un tono bastante más suplicante de lo que hubiera deseado.

Hermione miró a Harry sorprendida. No entendía si lo hacía para poner a prueba a la duelista o porque realmente esperaba su ayuda. Lo que sí sabía era que la relación entre las profesoras de Aritmancia y Defensa contra las Artes Oscuras dejaba bastante que desear. No sabía si era por la rivalidad entre Gryffindor y Slytherin, porque Septima estuvo en desacuerdo con la contratación de la bruja oscura y además intentaron darle su puesto o porque Bellatrix consideraba que si te intentas defender de una maldición con un número eres imbécil. El caso es que estaba ahí. Tampoco conocía el nivel de la duelista en una materia tan compleja. Le había contado que odiaba Pociones e Historia de la Magia (por supuesto Estudios Muggles ni lo contemplaba), pero no había hecho mención de Artimancia. En cualquier caso, no quería ponerla en un compromiso, así que intervino:

-Harry, las Artes Oscuras no tienen mucha relación con esto, seguro que Madame Black está ocupada y...

-Mira, Mione – la interrumpió el chico-, con toda sinceridad te lo digo: si ahora mismo viniese Voldemort y se ofreciera a resolver este ejercicio, te juro que le dejaba matarme aquí mismo.

A Bellatrix el comentario le hizo gracia. Llevaba un rato contemplado las interacciones de los chicos y ver al protegido de su primo tan desesperado le producía un cierto placer cruel. Aún así, decidió echar un vistazo. Sin decir nada, se inclinó sobre el hombro del chico y observó el ejercicio. Hermione vio como Harry se ruborizaba al sentir tan cerca a la duelista, que una vez más, llevaba un vestido con escote bajo (que bajaba más al inclinarse). Apenas unos segundos después comentó con tranquilidad:

-El enunciado está mal.

-¿Qué? - preguntó Hermione sin dar crédito.

-Esta expresión -señaló la bruja con su perfecta manicura- no tiene ningún sentido. La profesora os ha copiado mal el enunciado. Podéis pasar las horas que queráis repitiéndolo, no va a salir.

La chica cogió el papel con las notas de Vector y se dio cuenta de que Bellatrix tenía razón. Si ella no tuviese una fe tan ciega en sus profesores se habría dado cuenta también. Se sintió aliviada al ver que sus cálculos no tenían nada que ver con el error, pasmada al ver lo rápido que lo había visto su novia y horrorizada cuando vio que Harry parecía dispuesto a darle un beso en la boca del agradecimiento.

-¡Gracias, de verdad, gracias! - dijo el chico sintiendo cada palabra -Sabía que tenía que ser cosa de Vector...

La slytherin, al ver que Potter compartía su aversión hacia su profesora rival, decidió que se había ganado su ayuda. Dejó sus libros en la mesa y le cogió la pluma a Harry.

-Mira, debería ser así -le explicó llenando otro papel de elegantes expresiones algebraicas-. Si el enunciado estuviera bien, sería así. Se desarrollaría con esta ecuación y con este sistema. El resultado de eso se descompondría así -comentó mientras seguía escribiendo- y al simplificarlo tendríais la solución final.

Se incorporó, le devolvió la pluma al chico y disfrutó de sus expresiones de estupor. Hermione no daba crédito a que la bruja fuese con los números igual de brillante que con su propia asignatura. Así que Harry fue de nuevo el más rápido en reaccionar:

-¿Por qué no da usted esta asignatura, Madame Black? Se explica mucho mejor... - dijo mirando en aquellos ojos oscuros que tanto le recordaban a los de su padrino.

-Bah -respondió ella demostrando el poco respeto que sentía por la materia- Dumbledore me lo ofreció cuando me contrató pero me negué. Le dije que solo había una asignatura que estaba dispuesta a enseñar. Las artes oscuras son mucho más complejas y divertidas, ¡podemos matar gente!

Diciendo esto, les guiñó el ojo y se marchó hacia la Sección Prohibida. Hermione la siguió con la mirada preguntándose qué iría a consultar. Probablemente, incluso en esa zona de la Biblioteca, no habría un solo libro con un hechizo oscuro que la bruja no dominase.

-Hermione, siento lo que dije. Me da igual si está en el lado oscuro, qué le vamos a hacer, la quiero igual -anunció el chico que acaba de recuperar la alegría que la asignatura le había robado – Ya verás cuando le digamos a Vector que hemos resuelto el ejercicio aunque nos lo dio mal -dijo experimentado ya el placer de la venganza.

-¿Qué... qué decías? - preguntó su amiga que solo había captado palabras sueltas.

-Si no tuvieras la vista fija en el culo de tu brillante novia me habrías oído – se burló él.

Hermione se sonrojó y volvió a centrarse en el trabajo. Lo desarrollaron como les había indicado la slytherin y efectivamente, todo cuadró y lo resolvieron perfectamente. Así que pasaron a estudiar los apuntes de Transformación. Al rato, vio por el rabillo del ojo que Bellatrix salía de la Sección Prohibida con más libros y subía a la segunda planta, probablemente a su sitio favorito junto a la ventana. Le había parecido mala idea pedirle una cita delante de su amigo, pero casi se arrepentía de no haberlo hecho. Tuvo una idea. Cogió un pedazo de pergamino que le sobraba y escribió recordando las palabras de Harry: ¿Podría cenar hoy con mi brillante novia o ha quedado ya para matar gente? Con un toque de varita, se convirtió en una especie de pájaro de origami. Escribió en un ala el nombre de Bellatrix y ejecutó otro encantamiento para que llegara a su dueña. Por suerte, aquella mañana la mayoría de alumnos tenían clase y la biblioteca estaba casi vacía. Harry estaba demasiado centrado en pensar las palabras exactas con las que le restregaría su trabajo a la profesora Vector, así que nadie vio la grulla de papel que subía volando hacia el piso de arriba.

Hermione volvió a centrarse en los apuntes de Transformación y unos minutos después, un dragón de papel se posó en su regazo. Si Harry lo vio, tuvo el detalle de darle privacidad y fingir ignorancia. Lo desenvolvió con cuidado.

Por ti, tu brillante novia matará a la gente rápido y así podemos cenar después. A las 21 h. a la salida del castillo, junto al bosque y te llevo a mi restaurante favorito de Londres. No me vengas con que es ilegal salir del colegio, pídeles una cita a Trelawney o a Vector si quieres una vida aburrida, con fallos y sin curvas.

La castaña lo leyó con rapidez y se rió internamente sacudiendo la cabeza ante el carácter ligeramente trastornado de la duelista. Entendió que Bellatrix no esperaba respuesta sino obediencia, así que guardó la nota en su mochila. Le preocupó lo del restaurante de Londres (obviamente de la zona mágica). Conociendo a la elitista bruja, seguro que se trataba de un sitio súper elegante en el que ella ni ella ni su ropa encajaban...

-¿Necesitarás la capa? - preguntó su amigo disimulando una sonrisa.

Conocía lo suficientemente a Hermione para saber cuál era su cara de "¡Estoy feliz porque tengo una cita con Bellatrix!". La chica sonrió con la cabeza gacha y asintió. Daba gracias por tener un amigo que la comprendiera (y sinceramente, que tuviera tantos recursos) como Harry.

Tras el estudio matutino, se reunieron con sus compañeros en el Gran Comedor y después fueron a la clase de Pociones arrastrando los pies con el aire sombrío que siempre rodeaba ese aula. En cuanto terminaron, Hermione se disculpó de sus compañeros diciendo que cenaría rápido en su habitación para tener más tiempo de estudio. A nadie le sonó extraño. Harry le deseó suerte en voz baja. La chica sonrió nerviosa.

Una vez más, invirtió una hora en revolver su armario de arriba a abajo. "En cuanto nos dejen salir, tengo que comprarme ropa con la que estar más... bueno, valdrá con que sea menos de ratón de biblioteca" meditó. Suspirando, se dio cuenta de que su mejor opción era la minifalda de cuero que la bruja le había regalado. Igual no era lo más apropiado para un restaurante elegante, pero era muy cara y por lo menos la duelista vería que hacía caso a sus peticiones. La combinó con una blusa blanca y unos botines negros. Se maquilló y peinó dentro de lo posible. Finalmente se miró en el espejo y le explicó a su reflejo lo inteligente y genial que era y lo bien que iba a salir todo.

Como aún faltaban unos minutos para la hora acordada, decidió organizar sus apuntes. Los sacó de la mochila y entre ellos apareció la nota-dragón de Bellatrix. Abrió una caja que ocultaba en un cajón y la metió dentro. Guardaba ahí todos los mensajes de la bruja oscura: la carta por Navidad, las notas de "gracias por lo de anoche" e incluso exámenes de cursos anteriores en los que la profesora le había escrito "¡Buen trabajo!" (gesto que Bellatrix jamás tenía con ningún alumno). Tenía un pequeño diario en el que escribía cuando vivía alguna situación significativa con ella; lo inauguró en quinto año, cuando la duelista le guiñó el ojo al hablar sobre encantamientos amorosos. Sabía que era una cursilada, pero era su primera relación seria y cuando de pequeña veía con su madre películas románticas se prometió que algún día ella también se enamoraría ciegamente y guardaría una caja con recuerdos. Hermione era fiel a sus principios y a sus promesas hasta para eso.

Se cubrió con la capa de invisibilidad y, una vez más, empezó a esquivar aurores. Se dio cuenta de que Bellatrix la obligaba a saltarse las normas casi más que Harry y Ron. Qué mal se le daba lo de elegir compañías... Estaba realmente ilusionada con la idea de tener una cena romántica con su novia en un lugar público, pero por otro lado estaba aterrada: ¿Y si hacía el ridículo? ¿Y si alguien las reconocía y se metían en un lío? Pero lo que más miedo le daba era la conversación pendiente sobre Voldemort que flotaba sobre ellas como un dementor hambriento.

Con esas angustias llegó hasta las puertas de salida al recinto exterior del colegio. No tenía ni idea de cómo saldrían para poder aparecerse, pero eso era cosa de la profesora. Cuando se acercó al punto donde habían quedado, vio que una silueta que solo podía ser la de Bellatrix ya estaba ahí. Se quitó la capa de invisibilidad. La duelista llevaba un top ajustado morado oscuro y una falda a juego con una abertura lateral hasta medio muslo. La capa y las botas negras de terciopelo hacían el resto. Cuando la veía tan guapa, tan imponente, Hermione no era capaz de reaccionar. Volvía a ser la sabelotodo tímida incapaz de decirle ni "buenas noches". Pensó que probablemente se habría vestido así para ella y se percató de que más le valía que Bella fuese la primera y la definitiva: sería imposible encontrar otra novia a su altura, después de ella todo iría cuesta abajo.

Viendo lo nerviosa que estaba, la bruja oscura la agarró por la cintura y la besó. Hermione respondió y se dio cuenta de cuánto la echaba de menos cuando estaban unos días sin tocarse. Como si le leyera la mente, la duelista susurró:

-Te he echado de menos, peque.

-Me lo creo -contestó Hermione intentando parecer segura- ¿Podemos irnos antes de que nos pillen y me expulsen a tres meses de acabar?

-Claro. Pero antes dime que soy más lista que la idiota de Vector – exigió ella con su tono infantil.

Hermione puso los ojos en blanco. Aunque con el asombro del momento, aquella mañana ni siquiera le había dado las gracias por ayudarlos.

-Tienes razón. ¡Muchas gracias por habernos ayudado! El Black favorito de Harry casi ha dejado de ser Sirius – comentó la joven sacudiendo la cabeza - ¿Ahora podemos irnos?

-No. ¡Dímelo! Dime que soy más lista que ella -repitió la bruja oscura con los brazos cruzados sobre el pecho en un gesto infantil.

Hermione se dio cuenta de que no era una broma. Daba igual que la causa fuese de su agrado o no: Bellatrix tenía que ser la mejor. La mejor duelista, la mejor lugarteniente de Voldemort, la mejor profesora... daba igual en qué. Lo importante era ser la mejor.

-Eres más lista que Vector -concedió la chica simulando un gesto de rendición.

La bruja levantó la barbilla con arrogancia y siguió mirándola.

-Y más lista que todos los demás profesores, incluido Dumbledore. ¿Contenta?

-Por ahora -contestó ella con orgullo-. Y solo porque llevas mi falda y veo difícil decirte que no a nada.

Se acercaron a la puerta de salida y las verjas se abrieron con un movimiento de la varita de Bellatrix. Ese gesto recordó a Hermione otra de sus preocupaciones.

-¿No sabrá Dumbledore que alguien ha salido de Hogwarts? Cuando nos contó lo de tu cámara de Gringotts me dio la impresión de que sospechaba algo...

-Puede que lo sepa, ese viejo mete las narices en todo -comentó la bruja encogiéndose de hombros.

-¿¡Y lo dices tan tranquila?! ¿Te da igual?

Bellatrix se detuvo y la miró.

-Si lo sabe, lo sabe desde hace tiempo. Y si es así y quisiera decir algo, ya lo habría hecho. Le encanta echarme la bronca y tratarme como a una cría.

En ese punto levantó las cejas para que la estudiante cerrara la boca y se ahorrase el comentario de que en demasiados aspectos era una cría.

-Si el viejo lo sabe, probablemente esté más encantado que nosotras con esta relación -continuó ante la sorprendida Hermione-. Es un gran punto a favor de su maldito plan. Le viene de maravilla que la buena e inocente chica dorada convenza a la desquiciada seguidora de la magia oscura de que el lado del bien es la mejor opción. Seré una cría, pero sabe que si me da por matar a todos los aurores y miembros de la Orden a los que se la tengo jurada, me quedo sola -terminó con tono monótono.

Hermione sopesó sus palabras durante unos segundos. "¡Hijo de...!" exclamó indignada al darse cuenta de que el razonamiento de Bellatrix tenía un sentido aplastante. La duelista rió entre dientes y la cogió del brazo. Le indicó dónde deseaba aparecerse para que lo hiciera la chica y comprobar qué tal se le daba. De maravilla, como todo lo demás, aunque la sensación de malestar siempre estaba ahí. Cuando la joven abrió los ojos y se sacudió el mareo de encima, vio el portal de la zona mágica del centro de Londres.

-Es ahí -señaló la bruja oscura con la cabeza.

"Ahí" era una torre completamente acristalada junto al Támesis. En la entrada se podía leer en un pequeño letrero con letra elegante: El Thestral Dorado. Conforme subían en el ascensor, la duelista le contó que solo te permitían reservar si pertenecías a los Sagrados Veintiocho -las veintiocho familias británicas consideradas verdaderamente de sangre pura- y que tenían una lista de espera de al menos dos años. Hermione recordó que Ron les contó que Lavander llevaba años intentando reservar y jamás lo había conseguido a pesar de pertenecer ambos a familias de sangre pura. Por muy impresionantes que fueran los encantamientos que adornaban el lugar y las vistas de Londres -que lo eran y mucho-, Hermione no recordaba la última vez que se había sentido tan incómoda. Como única forma de manifestar su inquietud, le preguntó nerviosa:

-¿Y si alguien nos conoce y dice algo? Al Ministerio o a quien sea... Bueno... -corrigió meditando sus palabras- si alguien te conoce a ti.

Era evidente que los vecinos de sus padres ganadores del último campeonato vecinal de cultivo de hortalizas no iban a estar ahí para reconocerla... Bellatrix le sonrió con dulzura antes de responder.

-Eres la chica dorada, gracias a ti habéis salvado al mundo mágico numerosas veces y probablemente gracias a ti, el Señor Oscuro será derrotado.

A Hermione no se le escapaba lo que le costaba a la bruja pronunciar el nombre de su maestro.

-Así que seguramente seas más famosa que yo -continuó la bruja-. Y respecto a la gente, puedes estar tranquila, peque. En primer lugar, nadie en Hogwarts tiene dinero para venir a un sitio así. En segundo, la gente de estas familias valora su privacidad más que nada, nunca cotillearían porque no sabes en qué oídos pueden caer tus palabras y quién se puede enfadar; además hay conjuros de silencio por todo el local. Y por último, la gente tiene la maldita manía de no darme motivos para vengarme -dijo poniendo una mueca triste.

"¡Mierda! ¡Está tan adorable cuando pone caritas de pena que es imposible llevarle la contraria!" pensó la joven y asintió. En cuanto llegaron al último piso -la planta ochenta- el ascensor se detuvo dejando paso a una vista que cortaba el aliento. Todas las paredes y el techo eran de cristal y daban la bienvenida a las vistas de Londres más espectaculares que había visto Hermione. El lugar se componía de varios reservados que evidenciaban que a la élite mágica no le gustaba relacionarse más allá de su familia ni comer a la vista de nadie. Los muebles eran lujosos, de madera de ébano negro. La iluminación artificial era escasa en favor de las luces nocturnas de la ciudad que entraban a raudales. Hermione nunca había visto un restaurante tan bonito y nunca se había sentido tan fuera de sitio.

-Sin reserva es imposible... -empezó a informar el maître con tono despectivo.

Hasta que levantó la vista. La mirada entre la arrogancia y la ira que tan bien definía a Bellatrix ni siquiera se hallaba en su máximo apogeo. Hermione casi sintió lástima del estirado encargado al ver su expresión de terror.

-¡Madame Black! ¡Cuánto lo siento, no sabía que era usted! ¡Mil disculpas! ¡Jamás le hubiese hablado así! ¡Permítame invitarlas a...!

-Hágame el favor de cerrar la boca y llevarnos a mi mesa – le cortó ella con un tono de monótono cansancio.

-¡Por supuesto, por supuesto...!

Se calló de golpe al ver que Bellatrix enarcaba las cejas porque la boca del hombre seguía abierta. "Así es como se hace..." se comentó Hermione a sí misma recordando su temblorosa imitación de la bruja en Gringotts. La chica estaba casi tan asustada como el camarero y no se movió cuando él y la duelista empezaron a andar. Ni siquiera fue consciente de su parálisis. Era hija de muggles, sin apenas dinero mágico y todo lo contrario a los ideales de las veintiocho familias. No pintaba nada ahí, sentía que en cualquier momento alguien empezaría a gritar y a señalarla. Bellatrix se giró, volvió hacía ella y le susurró al oído:

-Si alguien me diera el más mínimo motivo, todo este sitio volaría por los aires.

La besó en la mejilla, la cogió de la mano y siguieron al maître que, por si acaso, no había dejado de temblar. No sabía si era mala señal, pero cada vez que la duelista amenazaba con destrozar algo o a alguien para defenderla, Hermione se sentía la chica más afortunada del mundo. Saber que a Bellatrix no le avergonzaba -al contrario- que las vieran juntas y que quisiera compartir su sitio favorito con ella tampoco la ayudaba a poner los pies en la tierra. Además, a pesar de que su carácter no era vengativo o cruel, no iba a escatimar en detalles cuando le contase a Ron cómo había cenado ahí sin reserva.

El reservado de Bellatrix debía ser el más bonito del lugar (poca sorpresa...): era enorme, contaba incluso con zona de descanso y cuarto de baño propios. Se veía toda la ciudad a kilómetros de altura. Hermione pasó minutos absorta contemplando desde lo alto los edificios y monumentos que tantas veces había visitado con sus padres. Hasta que notó que Bellatrix pasaba de la imagen panorámica y la observaba a ella ladeando la cabeza.

-La vista es impresionante – murmuró nerviosa la chica.

-Claro que lo es, peque -susurró abrazándola por la espalda-, llevo enamorada de ella desde que se sentó en primera fila hace dos años -susurró en su oído.

Hermione sintió escalofríos en el cuello y también la imperiosa necesidad de hacerle el amor a su novia en ese preciso instante. Se giró y la besó como si la vida le fuera en ello. La empujó hasta uno de los sofás que había en el salón del reservado y se tumbó sobre ella. "¿Vendrá alguien?" le preguntó con voz entrecortada mientras le besaba el cuello. "No hasta que llamemos" contestó la bruja. La estudiante no necesitó más. Ni siquiera quería perder el tiempo en preliminares. Le subió la falda hasta la cintura y le bajó las bragas sin ni siquiera quitarle las botas. Empezó a besar y a lamerle el clítoris con ansia mientras le acariciaba los muslos. No deseaba sacar la cabeza de entre las piernas de la bruja pero tampoco quería renunciar a su parte favorita. "Súbete la camiseta" ordenó al darse cuenta de que no le bastaba con dos manos. La duelista obedeció. Llevaba un sujetador fino negro de encaje. "Perfecto" pensó la chica mientras metía ambas manos por debajo de las copas y empezaba a masajear y a pellizcar los enormes pechos de la bruja. Bellatrix se revolvía y gemía debajo de ella. Hermione bajó una mano e introdujo dos dedos en su vagina. La bruja estaba completamente húmeda y la chica enseguida añadió otro dedo más. Tras unos minutos de maniobras dentro de ella, Bellatrix se corrió con las manos enroscadas en la melena de Hermione. Una vez hubo terminado, la estudiante limpió el cuerpo de su novia con la lengua y se relamió satisfecha. En cuanto hubo recobrado el aliento, Bellatrix le devolvió el favor con ganas. A la sabelotodo le costó muy poco correrse como le pasaba siempre después de follarse a su chica. Pasaron media hora abrazadas en una siesta post sexo en el sofá (que era más amplio que la cama de Hermione).

Cuando se recuperaron y después de arreglarse en el cuarto de baño, se sentaron a la mesa y pidieron la cena. Todo en la carta era carísimo y la joven ni siquiera entendía la mayoría de los nombres de platos. Dejó que Bellatrix eligiera por ella. A pesar de no beber vino habitualmente, la estudiante tuvo que reconocer que el que les trajeron - invitaba la casa por cortesía/terror de maître- era realmente delicioso. La comida no se quedaba atrás. Hermione no tuvo claro qué comió pero sí que comparado con aquello, la comida de Hogwarts parecía el menú ahorro del Burger King. La duelista, como siempre, se limitaba a observar a la chica mientras revolvía la comida por su plato y picoteaba algo de vez en cuando.

-¿Te gusta? - preguntó Bellatrix cuando les trajeron el quinto plato de exquisiteces.

-Bah -respondió como si nada-, está bueno, pero pierde bastante después de probarte a ti.

Hermione supo entonces que el vino había tomado el control de la parte del cerebro que elegía sus palabras. La bruja la miró y se rió con sinceridad. Después del postre -algo con chocolate, frutas cultivadas por hadas y flameado en directo por una cría de dragón- Bellatrix pagó la cuenta sin que la chica viese a cuánto ascendía. Mejor, no era necesario desmayarse ahí mismo. Tras varias fotos y recuerdos del lugar que Hermione tomó para compartirlos con Ron y Lavander, decidieron que era hora de volver al castillo. En el ascensor de bajada (ochenta pisos dan para mucha conversación), la chica no sabía cómo darle las gracias.

-Muchas gracias, Bella. Lo he pasado muy bien, es la mejor cita de mi vida. Me encanta este sitio, las vistas y tú... -comentó con timidez- Pero me da rabia que te gastes tanto dinero en mí porque yo nunca voy a poder...

-Yo también te tengo que dar las gracias, peque -la interrumpió la bruja-. Siempre había venido aquí sola... bueno, aquí y a todas partes. Y desde que estoy contigo, las pesadillas se han reducido, no tengo tanto frío cuanto estás tú...

Hermione era consciente de lo que le estaba constando confesar aquello, así que se aguantó las ganas de abrazarla y la dejó terminar.

-Y respecto al dinero, es lo único que me dio mi maldita familia, así que me lo gastaré en lo que me de la real gana. Pero si te incomoda... -terminó ella con tono juguetón- tendrás que encontrar la forma de pagármelo...

-¿Me estás pidiendo sexo a cambio de comida? - preguntó Hermione aguantando la risa.

-¡¿Qué!? - exclamó Bellatrix fingiendo sentirse escandalizada- ¡Yo me refería a una tarjeta, flores o algo así! Por Circe, Hermione, tienes una obsesión con el sexo. No sé si puedo estar con alguien tan perturbada...

Hermione se sonrojó, sacudió la cabeza y la besó una vez más. Se preguntaba si aquello se acabaría, si la magia que sentía chispear por todo su cuerpo cada vez que sus labios rozaban los de la bruja se apagaría algún día. Deseaba con todas sus fuerzas que durara para siempre.

En cuanto salieron a la calle, la duelista la abrazó y se aparecieron a la entrada de Hogwarts. Entraron y empezaron a caminar por los terrenos del castillo. Hermione mantenía una lucha interna. Realmente había sido una de las noches más maravillosas de su vida y no quería que nada estropeara ese recuerdo. Pero en toda la cena no habían hablado del castigo por el robo a la cámara de Bellatrix y necesitaba saber qué había pasado, no podía dejar transcurrir más tiempo.

-Bella... -empezó con voz temblorosa.

-¿Mm? - contestó ella temiendo la pregunta.

-¿Qué pasó cuando Él te llamó?

La respuesta fue otro gruñido suave y un encogimiento de hombros como si nada.

-¿Te hizo daño?

Pasados unos segundos, Bellatrix respondió únicamente "No" sin mirarla a los ojos.

Hermione dejó de caminar y se colocó frente a la bruja cogiéndola con cariño por los hombros.

-Bella, sabes que puedes confiar en mí. Necesito saberlo.

-Lo sé, pero te he dicho que no pasó nada. Déjalo estar, por favor.

-Cielo, me lo puedes contar, si te castigó o te...

"Fue peor" le pareció escuchar susurrar a la bruja justo después de soltarse y caminar más rápido en dirección al castillo. A Hermione se le habían ocurrido durante aquellos días cientos de posibilidades macabras y fue incapaz de contenerse o de pensar antes de hablar (el vino ingerido tampoco ayudó):

-¿Te pegó, te obligó a tener sexo con él o algo así?

-¿¡Qué!? -exclamó Bellatrix girándose en redondo- ¿Tú crees que ese... hombre tiene algún tipo de deseo sexual? ¿Tú crees que yo aceptaría algo así? ¿¡Crees que te haría algo así!?

Con cada pregunta su tono iba subiendo. Hermione vio en sus ojos que habían cruzado el punto de no retorno y que ya no iba a lograr calmarla.

-No, no, ¡claro que no! Pero como has dicho que fue peor y... Y es un ser cruel que nunca ha querido a nadie, ¡tienes que darte cuenta, Bella! Tienes razón en que Dumbledore es un estratega, ¡pero Voldemort es mucho peor!

Bellatrix se retorció al oír su nombre. La chica gritaba con nerviosismo, sabía que no era para nada el tono con el que debía tratar ese tema, pero ya no había vuelta atrás y ella tampoco conseguía serenarse.

-Aunque cree que has dado tu vida por su causa (y en cierta forma lo has hecho) te tortura y te castiga igual y...

-¡No me torturó! -gritó ella en un tono que con un poco de suerte habrían oído hasta en el castillo.

-¿Qué? - preguntó la chica asustada al notar la ira también en los ojos de su novia.

-¡Que no me torturó! Me dijo que me perdonaba porque no era culpa mía. Que soy su mejor mortífaga y que cree en mí – dijo con una mezcla de temor y orgullo.

-Pero... pero... -empezó Hermione desconcertada- no volviste en todo el fin de semana...

-Me pidió que me quedara con él para ayudarle a planear el... Para ayudarle a planear cosas. Y lo hice.

-¿Se lo has contado a Dumbledore?

-Sí -contestó con tono despectivo- le mandé una lechuza.

-Ah...

La sabelotodo no sabía qué decir. No había contemplado aquella posibilidad. Sabía que Voldermort era extremadamente despiadado, pero no contaba con que fuese tan inteligente. Si sospechaba que su mejor seguidora podía cambiar de bando, seguramente había decidido que lo mejor era hacerla creer que se preocupaba por ella y no infligirle más daño físico. Bellatrix sabía asumir cualquier tormento físico perfectamente, casi lo necesitaba; pero en cuanto alguien le decía que creía en ella, su mundo y sus principios se tambaleaban. El Señor Oscuro conocía los puntos débiles de su lugarteniente mejor que nadie y era evidente que sabía valerse de ellos. Hermione, sin embargo, no sabía como reaccionar. Por eso no había querido hablar del tema pese a que no la torturó: le había dado motivos para volver a su lado y se lo estaba planteando. Ya casi habían llegado al castillo y necesitaba responder algo antes de que su relación terminara mal.

-Yo... Yo también creo en ti, Bella -le dijo agarrándola del brazo.

Le rechinaba en su interior la idea de que ese "también" incluyese a Voldemort, pero no se atrevía a repetirle que todo lo que le decía su Señor era mentira. No sabía cómo se lo tomaría. La bruja se giró intentando calmarse y la miró a los ojos durante unos segundos. Hermione no supo si le estaba leyendo la mente o simplemente buscaba la verdad en su mirada como lo haría cualquier mortal. La slytherin pareció encontrar la respuesta:

-Ni tú misma te lo crees – respondió simplemente y desapareció por los pasillos del castillo.

Hermione se puso la capa de Harry y volvió a su habitación. Comenzaba otro fin de semana de tristeza y angustia. Tenía que haberse callado, hubiera sido la noche perfecta. Pero seguro que al final lo arreglaban. Lo único que Bellatrix le había pedido desde el principio era que creyera en ella y ella creía en Bellatrix... ¿no?