Nota: Muchas gracias de nuevo a todos los que leéis, seguís y comentáis mi historia, os amo más que al helado de chocolate (y estoy escribiendo esto mientras me como una tarrina de litro a cucharadas).


Bane era el centauro de apariencia más salvaje que la estudiante había tenido la mala suerte de conocer. Su piel, pelo y barba eran oscuros y su expresión facial resultaba áspera y amenazadora. Hermione sabía por las historias de Hagrid que era uno de los más inteligentes y no sentía simpatía por los humanos. La joven notó que Bellatrix, sin soltarla, se colocaba con disimulo delante de ella para protegerla.

-Buenas noches, Bane – saludó la bruja oscura con una ligera inclinación de cabeza.

-Ah, eres tú, estrella guerrera -respondió él con voz grave y serena.

Hermione se sorprendió del apelativo de la slytherin. Recordó que aquel era uno de los centauros con mayor experiencia en la lectura de las estrellas y que Bellatrix era el nombre de una de las más brillantes de la constelación de Orión y significaba literalmente "guerrera".

-Ya nos íbamos. Saluda al resto de mi parte, vendré para la fiesta del equinoccio -contestó ella con voz firme y profundo respeto.

-Te esperaremos.

Bellatrix inclinó la cabeza en un gesto de cortesía e hizo ademán de marcharse. Pero el centauro habló de nuevo.

-Ve con precaución. Hoy la luna llena en Tauro se junta a media noche con la constelación del Cazador. Es tu signo. Presagio de muerte y de pérdida total de fe. Te cuidado.

-Lo tendré, Bane – respondió ella sin entender una palabra.

Volvió a inclinar la cabeza, el centauro le devolvió el gesto y cada uno prosiguió su camino. Cuando juzgó que ya se habían alejado lo suficiente, Hermione volvió a la carga:

-¡¿Pero cómo es posible que te respete?! Odian a los humanos, nos consideran inferiores. He leído sobre los rituales lunares y las celebraciones que hacen y jamás invitarían a una bruja cualquiera.

-¡Eh! -respondió Bellatrix ofendida- ¡No soy una bruja cualquiera!

-Perdona, quería decir que...

-Te he contado mil veces que he pasado y paso muchas horas aquí. Durante mi etapa de estudiante simplemente me toleraban. Sabían que no suponía una amenaza, que no iba a molestarlos y que los respetaba profundamente. Unos años más tarde, el Señor Oscuro decidió utilizar el Bosque para crear un ejército de inferi. Esas criaturas representan el único temor de los centauros: algo tan antinatural, tan degradado que es totalmente opuesto a su naturaleza espiritual e intelectual. Mientras que para un humano son fáciles de derrotar con fuego o luz, para ellos suponen una amenaza enorme porque sus flechas los atraviesan sin causar daño alguno y el temor les dificulta defenderse. Hubo ataques. Algunos centauros murieron. Una noche, durante uno de esos ataques, yo estaba aquí. Un fiendfyre y no quedó ni uno. Le conté a Él que habían sido los aurores y decidió resucitar muertos en otro lugar. Los centauros me dijeron que estaban en deuda conmigo. Ninguna criatura volvió a molestarme. Me invitan a sus rituales e incluso me dejan participar, reconocen que mi magia es poderosa. Tanto el Señor Oscuro como el viejo manipulador saben que los centauros me respetan y han tratado de convencerme para que los aliste en su bando de la guerra. Siempre me he negado. Son un pueblo libre que no merece verse en una guerra que se debe únicamente a la estupidez humana.

-Creo que ya te dije que cuentas historias muy bien – murmuró Hermione.

La bruja rió y le dio un beso en la mejilla mientras seguían caminando entre robles y hayas. La chica sintió un escalofrío de emoción por todo el cuerpo. Buscó otro tema rápido para que no se notara su nerviosismo.

-Siempre dices que cuando eras estudiante no tenías amigos, pero ¿no te llevabas bien con Snape?

-¡Qué va, nos ignorábamos por completo! Para mí solo era un mestizo bastante rarito y él estaba muy centrado en su obsesión con Lily Potter. Fue años después cuando nos reencontramos y nos hicimos amigos. Paradójicamente, fue el Señor Oscuro quien nos unió. Le salvé la vida a Sev en una misión y él siempre me ha ayudado con las pociones, a mí me cuesta reunir la paciencia y la delicadeza que requieren. Aunque sigue siendo un tipo bastante raro...

Hermione no pudo evitar reírse ante la idea de que el raro fuese Snape. Pero a su manera, le pareció una historia de amistad bonita; retorcida, pero bonita. Bellatrix no entendió el motivo de la risa.

Cuando Hermione sentía que ya estaban cerca de la salida porque los árboles empezaban a ser menos espesos, escuchó voces. "¡No, no, no! ¡No puede ser, más gente no! ¿Cuántas desgracias me pueden ocurrir en una noche? Y todo por unas puñeteras algas... Prometo dejar de estudiar Pociones para el resto de mi vida". Lo que más le asustó fue que, por primera vez, notó que Bellatrix se ponía tensa e inconscientemente apretaba su mano con más fuerza. ¿Quién podía ser para que la bruja tuviese miedo?

-¡Quién anda ahí! - escuchó Hermione la voz áspera de Alastor Moody.

Suspiró aliviada, ¡menos mal, por fin habían llegado los refuerzos! No obstante, le dio la impresión de que su acompañante no se relajaba.

-¡Nosotras! - exclamó Hermione con alegría.

Inmediatamente apareció un grupo de aurores con las varitas en alto. Ojoloco Moody, Nymphadora Tonks, Kingsley Shacklebolt y dos chicos jóvenes que ella no conocía. Al parecer en ambos bandos estaban reclutando gente. Moody y su protegida se adelantaron mientras los otros tres magos les cubrían las espaldas.

-¡Tonks, qué alegría verte! - exclamó Hermione con emoción.

-¡Dios mío! - exclamo horrorizada la metamorfomaga- ¿Qué te han hecho?

Hermione la miró sin entender. Entonces se dio cuenta de que tenía un moratón en la cara y la ropa cubierta de sangre. Se rió de puro nerviosismo.

-¡No, no! Estoy bien, la sangre no es mía, es de...

-¡Alejate de ella, maldita pirada! -exclamó en ese momento Moody lanzándole un hechizo aturdidor a Bellatrix.

La bruja creó un sólido escudo protector en el que el conjuro rebotó de inmediato. Tonks se acercó a la estupefacta Hermione y la separó de la bruja oscura sujetándola con fuerza. Ojoloco lanzó otro maleficio que corrió la misma suerte que su predecesor.

-¡¿Qué demonios hacéis?! - gritó Hermione intentando liberarse de los brazos de Dora.

Bellatrix miró a la chica para indicarle que se mantuviera al margen. La estudiante tragó saliva.

-¿Hay algún motivo para esto, Moody, o simplemente tienes un mal día? - preguntó Bellatrix con una calma apabullante.

-¡Que si hay...! ¡Será desgraciada! - gritó Tonks como respuesta.

Shacklebolt se unió a Moody para intentar desarmar a Bellatrix con hechizos inmovilizadores y aturdidores pero sin éxito. La duelista se defendió pero no lanzó ninguna ofensiva.

-¡Pero qué hacéis! -chilló Hermione horrorizada- ¡Es Bellatrix! ¡Me ha salvado! ¡Los mortífagos iban a...!

-¿Los mortífagos? - preguntó Moody con tono burlón- ¿Los mismos que ella ha dejado entrar en el castillo? ¿Los mismos a los que ella ha servido la cabeza de Dumbledore en bandeja? Nunca me he fiado de ti, Black... Nunca debieron dejarte escapar de Azkaban.

Bellatrix lo miró sin reflejar ninguna emoción en su rostro. Hermione se quedó paralizada.

-¿Dumbledore? ¿Dumbledore está...? - preguntó la joven sin atreverse a pronunciar el verbo maldito.

-Sí, Hermione. Snape lo ha matado hace unas horas. Unos mortífagos se colaron en el colegio (no sabremos cómo hasta que mi querida tía nos lo cuente) y Snape, que también ha sido siempre uno de ellos, le ha lanzado la maldición asesina en la torre de Astronomía. Luego ha huido, claro, el muy cobarde... -explicó Tonks.

-No... No puede ser... - murmuró Hermione entre lágrimas- ¿Cómo sabéis que ha sido él?

La chica ni siquiera quería creer que finalmente Snape fuera culpable.

-Harry lo vio todo desde el piso de abajo. Persiguió a Snape que se separó del resto de mortífagos y se enfrentó a él. Pero él dijo que debía ser Voldemort quien lo matara y desapareció. Sin embargo, no entendía cómo habían entrado: Harry fue quien avisó a Snape por petición de Dumbledore y dice que estaba solo cuando los otros entraron. En cuanto nos lo contó, supimos que solo podía ser una persona -explicó la metamorfomaga a una temblorosa Hermione.

-La más fiel lugarteniente del Señor Oscuro a quien siempre ha confiado la organización de sus planes, la única amiga de Snape y posiblemente una de las personas que más odiaba a Dumbledore: Bellatrix Black -remató Moody.

La joven miró a su profesora. Esta no decía nada, su rostro tampoco dejaba entrever ninguna emoción. Lo que decían tenía sentido y sabía que Harry no mentiría. Pero era imposible. Bellatrix no podía ser responsable de la muerte del director. Era verdad que así encajaban sus conversaciones a puerta cerrada con Snape y sus ansias de venganza contra el director, pero no podía ser. La chica se sentía incapaz de moverse. Solo lloraba en los brazos de Tonks que sujetaba su cuerpo; ya no se resistía, de hecho, si la auror dejaba de sostenerla, probablemente se caería al suelo.

-Yo no lo he hecho – respondió la bruja oscura con calma.

-¡Claro que no y todos aquí te creemos! -replicó Moody con sorna.

-Black, entrega tu varita para que podamos investigar lo que ha pasado – pidió Shacklebolt con más tacto.

-Yo no he sido -repitió ella en el mismo tono-. Y lo siento pero tendréis que investigarlo sin mí. No voy a volver a Azkaban.

-Si no lo has hecho no irás a la cárcel, Bellatrix – respondió el auror- Creemos en la presunción de inocencia.

-¡Creemos en la presunción de inocencia! - se burló ella con voz infantil- ¡Claro que sí! Hogwarts ya no es seguro, si han entrado una vez, volverán a hacerlo y pronto. Y esta vez vendrá Él. Pero en lugar de estar ahí, protegiendo a los alumnos, la élite de los aurores ha decidido venir a detener a una pobre profesora únicamente para... hablar con ella.

La rabia del rostro de Moody parecía haber alcanzado su máximo apogeo. Shacklebolt sudaba intentando evitar el confrontamiento. Tonks apretaba los dientes mientras sujetaba a la chica. Los otros dos aurores miraban desde lejos sin saber a qué atenerse.

-Hay más aurores en el colegio... -contestó Shacklebolt con un ligero remordimiento en la voz porque la bruja tenía razón en ese punto.

-Vamos, tita Bella -añadió la metamorfomaga con ironía- entrégate. Si no lo haces por las buenas, será por las malas.

La bruja soltó de nuevo una carcajada que resonó en el Bosque Prohibido y le heló la sangre a Hermione.

-Por algo Draco es mi sobrino favorito... -murmuró.

Tonks borró la sonrisa burlona de su cara. No es que le afectara en absoluto el desprecio de su tía, pero había algo bastante inquietante en su seguridad y en su expresión casi sádica.

-Para que veáis que mis intenciones son buenas -siguió la duelista-, si me dejáis en paz ahora mismo y os vais a asegurar el castillo (si es que sois capaces, que está visto que no), prometo ahorraros una humillación apoteósica.

-No podemos hacer eso, Madame Black – respondió Shacklebolt.

Bellatrix parecía apunto de estallar hasta que un sollozo la interrumpió. Miró a Hermione que lloraba desconsolada ante aquella escena kafkiana. La chica no entendía que pasaba. Su cerebro y su cuerpo estaban saturados y encontraron el llanto como única forma de desahogo. La bruja oscura bajó la varita y dio un paso hacia la chica.

-Hermione -la llamó con voz suave mientras le tendía la mano-, ven conmigo, puedo protegerte. Estarás más segura a mi lado que en Hogwarts. Ven conmigo y yo te cuidaré.

La chica la miró petrificada. No sabía que hacer. No era capaz de moverse, ni de pensar. Sintió como todas las miradas se clavaban en ella. Vio el brazo extendido de Bellatrix. Todos los momentos felices junto a ella pasaron por su mente; después, desfilaron todas las dudas y el miedo. Por desgracia, venció el miedo y más aún la parálisis. Bellatrix lo vio en sus ojos y retiró la mano.

-¿Hermione...? - preguntó la morena con voz temblorosa – No crees que sea verdad, ¿no? Tú me crees, ¿verdad? Tú crees en mí... - terminó con un hilo de voz.

La chica abrió la boca pero no fue capaz de decir nada. Simplemente siguió llorando. Vio perfectamente y casi a cámara lenta el segundo exacto en el que le rompía el corazón a Bellatrix.

La paciencia de Moody también se rompió:

Desmaius! - gritó con rabia apuntando de nuevo a Bellatrix.

La profesora lo esquivó de inmediato.

-Muy bien -sentenció ella con voz gélida- Os he dado la oportunidad.

Lo siguiente que vio Hermione fue como Tonks la apartaba hacia un lado para alejarla del foco de combate y se unía a la pelea. Gritos y hechizos de todos los colores rebotaban de un lado a otro. Eran cinco contra una y era una injusticia.

Moody era brusco y parco en sus movimientos con la varita, los años de experiencia como auror se notaban en la confianza que irradiaba. Tonks, su protegida, imitaba sus gestos con menos técnica pero con más pasión. Shacklebolt era más comedido, de movimientos más precisos y meditados. Los otros dos aurores se notaba que aún estaban en formación: se quedaban en segunda línea y de vez en cuando lanzaban ataques erráticos y sin convicción. Y Bellatrix... Hermione no podía apartar los ojos de Bellatrix. Y esta vez no se trataba de amor o arrepentimiento. No.

Lo que hacía la bruja oscura solo podía considerarse Arte en su naturaleza más pura. Era como si bailara, como si se deslizara entre los hechizos con la delicadeza y la elegancia de una oscura bailarina clásica. El cisne negro pero con más magia. Como si hubiera nacido para ello, como si llevase toda su vida inmersa en un gran campo de batalla en el que nunca nadie le concedía una tregua. La varita era una extensión de su mano, la sujetaba suavemente sin temor alguno a que se le escapara. Por momentos cerraba los ojos para agudizar el resto de sentidos y contener la euforia. Y sonreía. Y reía a carcajadas como una demente, como la demente más feliz del mundo. Bellatrix nunca podría amar a alguien como amaba el duelo, nunca encontraría a nadie que la completase así. Eran cinco contra una y era una injusticia. No tenían ninguna posibilidad.

Hacía quince minutos Hermione la había visto luchar contra los mortífagos, pero a ellos simplemente los había matado con rapidez. Ahora no. Ahora estaba disfrutando como no lo hacía desde hace años. Voldemort la entrenaba así, con grupos de mortífagos atacándola a la vez; pero no era tan estimulante cuando estaba preparado. Ni los aurores ni Bellatrix usaban hechizos prohibidos: en un duelo, como en el sexo, los preliminares son los que garantizan el éxito.

Pronto pasó a ser un tres contra una: los dos nuevos reclutas no duraron mucho. Moody los mandó a por refuerzos porque parecía más fácil que hirieran a alguno de los suyos que a la bruja oscura. Hermione sentía que debía hacer algo, no podía permanecer quieta pegada a un árbol. ¿Pero qué iba a hacer? ¿Ayudar a la mujer que amaba? No parecía necesitarlo... ¿Ayudar a los que pretendían detenerla? Su sobrecargado cerebro se auto contestó que aquello no tenía mucho sentido. La chica vio como los movimientos de los aurores perdían precisión conforme avanzaba la pelea y se volvían más bruscos. Como uno de ellos alcanzara el frágil cuerpo de Bella, la situación se volvería realmente crítica.

-¡Vamos, Aly! -se burló la duelista mientras corría entre los árboles- ¡Si quieres matarme tendrás que atraparme!

Al parecer el apócope de Alastor no le hizo la más mínima gracia a Ojoloco que se lanzó a su persecución. La bruja no se alejaba mucho, lo hacía más para disfrutar que para huir. Hermione se dio cuenta de que los aurores tampoco habían tenido suerte al elegir el campo de batalla: Bellatrix conocía el Bosque Prohibido mejor que su propia casa. Además, la slytherin se alimentaba de la euforia obtenida tras derrotar a los mortífagos, sin embargo, sus oponentes estaban tremendamente trastornados por la muerte de Dumbledore. Se percató de que la duelista usaba hechizos menores para prolongar la batalla, para prolongar el placer. También cayó en la cuenta de que si hubiera aceptado su ofrecimiento de ir con ella, Bellatrix hubiese renunciado a aquella guerra. La caza terminó con Moody recibiendo un petrificus totalus. Hermione observó con horror que algún hechizo debía haber rozado a la slytherin porque tenía un corte sangrando en el cuello. La duelista, que con la adrenalina no debía haber notado la herida, se palpó el cuello. Con brillo en los ojos se lamió la mano cubierta de sangre. Como un animal en plena caza; sedienta de sangre, aunque fuese la suya propia.

Shacklebolt tomó el relevo de su compañero e intentó apresarla con un incarcerous. La duelista lo esquivó fácilmente y lanzó una bola de fuego que el auror también evitó. Mientras, Hermione vio que Tonks intentaba usar scintilla un hechizo inmovilizador aún más complejo. Era magia negra. La duelista les había hablado de él en clase: lograba apresar al instante al adversario en una espiral invisible de chispas que hacía que cada vez que intentase moverse, sintiera una especie de descarga eléctrica. Era mucho más difícil de esquivar que incarcerous y solo podía eliminarlo la persona que lo había ejecutado, pero requería una concentración extrema por parte del mago o bruja. Y era evidente que aunque tuviera la técnica, Tonks no conseguía alcanzar la calma mental necesaria para lanzarlo. Mientras Shacklebolt luchaba por desenroscarse una enorme serpiente que Bellatrix había lanzado con su varita, la morena se acercó a su sobrina que seguía intentando el hechizo inmovilizador.

-Mira, Dora, para que no digas que tu tita favorita no te ha enseñado nada -empezó ella con su voz infantil- te voy a explicar cómo se ejecuta ese conjuro.

Antes de que Tonks pudiese responder, con un movimiento felino, la duelista se colocó detrás de ella sujetándole ambas manos. La chica intentó zafarse sin éxito.

-Primero -dijo ella levantando la mano de Tonks que sujetaba la varita-, vacía tu mente y céntrate en la sensación de energía que recorre tu cuerpo. Concéntrate. Luego, dibujas con la varita una espiral lo más rápido posible -siguió haciendo el gesto con la mano armada de la chica- y lo pronuncias con firmeza: ¡Scintilla!

Para horror de Tonks, el hechizo salió de inmediato de su varita e impactó en Moody, que acababa de liberarse de la petrificación. El auror quedó atrapado de inmediato. Bellatrix se separó de ella y empezó a aplaudir y a dar saltitos.

-¡Muy bien! -la felicitó divertida a pesar de que la joven no había sido la artífice- ¡Ya eres mi segunda sobrina más capaz! Aunque claro... Eso te convierte en la última... -terminó ladeando la cabeza con fingida tristeza.

La metamorfomaga se giró, dirigió a Shacklebolt una mirada cómplice y ambos gritaron conjuntamente: "¡Desmaius!". Bellatrix sacudió la cabeza. Cuando Voldemort la hacía entrenar en grupo, eran maldiciones imperdonables lo que sus compañeros le lanzaban. Con hechizos aturdidores tenía poca emoción. Así que con un maleficio espejo que el Señor Tenebroso le había enseñado al cumplir los dieciséis, ambos conjuros volvieron a sus dueños y cayeron dormidos al suelo. Hermione seguía paralizada, horrorizada y sin quitar ojo a la bruja. Sabía que no sería capaz de defenderse si decidía atacarla, secuestrarla o lo que quisiera.

-Bueno... -suspiró Bellatrix un tanto decepcionada-, no ha estado mal...

Se acercó a Moody que había recibido ya varias descargas al intentar liberarse del hechizo que lo apresaba. Sabía perfectamente que era imposible zafarse y que cada movimiento le provocaba un dolor horrible, pero el instinto de luchar era irracional. Miraba a la duelista con un odio que probablemente no le tenía ni a Voldemort.

-Bueno, bueno, Aly... Parece que si estamos en igualdad de condiciones no es tan fácil atraparme, ¿eh? - preguntó ella fingiendo una cara triste- Te enorgulleciste mucho de meterme a Azkaban... Ambos sabemos que solo lo conseguiste porque usaste a Cissy como señuelo, amenazaste a mi hermana pequeña. Cobarde...

Le escupió y se giró. Entonces pensó que igual no estaba satisfecha. Tenía mucha rabia dentro y nunca iba a encontrar otra oportunidad así para vengarse. Pero aquello no estaría bien y la acercaría más a Voldemort...

-Tienes suerte de que no sea una persona vengativa, Aly – suspiró mientras retiraba el encantamiento apresador y se daba la vuelta para irse.

Sabía que si no lo eliminaba ella, el hombre se quedaría ahí inmóvil para siempre y sería una desgracia contaminar así su adorado bosque. Además, estaba segura de que de una forma o de otra, a aquel mago le acechaba la muerte. Ojoloco se tambaleó al sentir su cuerpo libre y rápidamente buscó su varita para atacar a la bruja que le daba la espalda alejándose.

-Aunque... -empezó la duelista girándose- ¡Qué demonios! ¡Soy Bellatrix Black, una arpía loca y vengativa! ¡Crucio!

La varita se escurrió de la mano del veterano auror que cayó al suelo. Era un mago muy poderoso, había luchado durante décadas en varias guerras y era el responsable del encarcelamiento del mayor número de mortífagos. Precisamente por esa experiencia y habilidad, hacía años que no era víctima de la maldición Cruciatus. Y menos de aquella mujer a la que subestimó hace años y de la que todo el mundo decía que era su hechizo predilecto. Alastor podía jurar ahora que así era. El dolor era realmente insoportable y no cesaba. Cerró la boca para no darle el placer de oírle gritar, pero los gruñidos que salían de su boca eran casi peores. Se retorció en el suelo.

-Mmm... No eres tan valiente ahora, ¿verdad? -preguntó la bruja agachándose junto a él, manteniendo la maldición sin esfuerzo- Yo no merecía ir a la cárcel y estuve ahí... ¡Por las tetas de Circe, deja de gruñir, vaya mierda de formación de auror os dan! -gritó realmente cabreada por la interrupción- Deberíais pedirle a mi Señor que os enseñara un par de trucos para soportar el dolor...

Hermione no sabía cuánto rato llevaba Ojoloco bajo el efecto del conjuro pero parecía eterno. La chica ya no sabía ni por qué causa lloraba.

-Como te estaba contando -siguió alegremente la bruja-, perdí cinco años de mi vida inmovilizada en una celda de dos por dos a diez grados, sin apenas comer y durmiendo en el suelo inundado. Así que lo justo sería... bueno, lo justo sería que te matara ahora mismo haciéndote sufrir lo máximo posible. Pero para empezar a desagraviarme, deberías al menos soportar cinco veces mi maldición favorita, ¿eh? ¿qué me dices? ¡Es un trato más que justo!

El auror se retorció en el suelo con los ojos cerrados. Hermione dio gracias de que el resto de compañeros siguieran dormidos en el suelo para ahorrarse semejante visión. Ella misma pensó que vomitaría si seguía viendo a Moody contorsionarse de aquella forma tan grotesca. Aún así, no era capaz de actuar. La ex mortífaga seguía increpando a su víctima.

-Nah... No mereces semejante honor. Eres tan débil... Seguramente te volverías loco a la segunda.

La bruja se separó manteniendo la maldición sin esfuerzo alguno. Se sacudió el polvo de la falda y cuando los otros dos aurores empezaron a despertar, declaró con esa voz tranquila que tanto miedo inspiraba:

-Aunque hubiese matado al viejo con mis propias manos, más os valía haber agachado la cabeza y haberme dejado tranquila. No vais a durar ni un minuto en las manos de mi Maestro.

Tras esa firme sentencia, detuvo los últimos estertores de su crucio y se convirtió en una nube de humo negro que se desplazó veloz entre los árboles y despareció. "Esa es su forma de moverse con rapidez", fue lo único que acertó a pensar Hermione. Desde que la había rechazado, la bruja no la volvió a mirar ni una sola vez.