48.- El secreto de Umbridge


—¿Y bien? Sigo esperando una explicación—.

Severus Prince estaba tratando de hacer que Hadiya lograra concentrarse, la joven había irrumpido en sus aposentos, no sabía a qué hora había entrado. Severus solo sintió, en medio de su sueño, que "algo" tiraba de su magia y eso lo despertó.

Cuando abrió los ojos, se encontró con que la joven tenía sus manos sobre su pecho y parecía estar "en trance" o algo así, lo que fuera que veía la estaba impactando de verdad. Al final, la joven parecía salir por fin de su trance y fue cuando Severus aprovecho para hablarle. Sin embargo, cayo inconsciente y tuvo que acostarla en su cama, dejándola ahí, mientras él se ponía un pijama completo.

Un par de horas después, Hadiya despertó en medio de unas suaves sabanas verdes mientras un, evidentemente molesto, Severus la interrogaba.

—Yo... Creo que debo decirle todo desde el principio—.

—Sería lo más conveniente—.

Hadiya procedió a contarle lo que había visto cuando investigaba sobre la cicatriz de Harry, una de las particularidades de ser ella, es que además de alimentarse de magia, podía rastrearla dentro de objetos malditos y algunas personas. Por eso, cuando Harry le contó que su cicatriz había cambiado, ella se ofreció a "investigarla" con sus particulares talentos.

Cuando llegó a la parte donde vio, a través de la memoria de la cicatriz, lo que había ocurrido en el valle de Godric, Severus palideció, además de Black y Dumbledore, quienes tenían su confianza total sobre ese asunto, no pensó que nadie más pudiera saberlo.

Hadiya pareció no darse cuenta del cambio en el pocionista, así que continuo su historia, llegando a la parte donde averiguaba sobre la naturaleza de la inusual marca de lealtad que había sobre Severus. Y entonces, le dijo lo que más impactaría a Severus en su vida, a partir de ese momento... Harry, su hijo de "nombre", era, gracias a la magia, de hecho, su hijo. Quizás no biológico, pero la magia había tomado como válidas las promesas de considerarse padre-hijo de ambos y había enlazado sus vidas de esa forma.

Severus Snape, había adoptado mágicamente a Harry. Y sería su hijo por lo que les restará de vida.

—¿Por qué lo hiciste? —Fue la pregunta de Hadiya al acabar su historia.

—¿A qué te refieres exactamente? —.

—Criar a Harry, la primera imagen que recibí de ambos fue, bueno, no exactamente de "afecto"—.

—¡Ah! Eso. Mira, no me disculpare. Yo tenía 21 años, y habían pasado apenas unos años desde la escuela, y James Potter y yo, no éramos ni siquiera capaces de estar "cerca" uno del otro. Cuando Lily Potter murió, odie a James, pensando que si ella no se hubiera casado con él, que si no hubieran tenido un hijo juntos, ella no hubiera muerto. Era joven, estúpido y enamorado de un imposible. Estaba con malas compañías por decir lo menos—.

—...Y entonces, paso lo que paso, le dije sobre la profecía a Voldemort, yo era uno de sus seguidores. Rogué por la vida de Lily, pero no confiaba en él, entonces acudí a Dumbledore, pero, aun así, Lily falleció, estaba devastado y solo pude concentrarme en mi odio, lo primero que vi fue a Potter, luego a Lily y al final, Harry. Vi a James en Harry y dejé que mi odio me guiara, pero cuando lo vi bien, vi a mi amiga en él, su espíritu. No pude. Él no tenía la culpa de mis decisiones, ni de las de un loco megalomaníaco, y quise protegerlo, juré protegerlo esa noche—.

—No te juzgo, todos tenemos secretos que preferimos nadie sepa, yo solo quería hablarte de lo que vi, no entendía por qué lo vi, ustedes dos siempre se ven felices uno con el otro, no puedo imaginar un mejor padre para Harry que tú, y es evidente que tú lo adoras, entonces esa imagen, no tenía sentido para mí. Pero te vi dormido y ya me iba, pero alcancé a ver esa marca y pensé que quizás podía estar relacionada con Harry—.

Ambos estaban de frente, Severus sabía que las palabras de su amiga no eran al azar, ella también tenía un secreto que proteger, ningún mago estaría tan tranquilo con una bruja mitad Leónida, sería encerrada y estudiada como si se tratara de un animal.

—No tengo que decirte, que debes conservar en absoluto secreto lo que has visto. Pocas personas saben de esta marca, incluso se la he ocultado a Harry, sé que debo decírselo un día, pero quiero estar seguro de que entenderá lo que significa—.

—No te preocupes Severus, guardare tu secreto—.

Severus se ofreció a acompañar a la auror a su torre, pero ella declino su oferta. Se despidieron en la entrada y Hadiya fue rumbo a la torre mientras Severus volvía a su habitación, esta había sido una noche difícil.


A la mañana siguiente, la rutina siguió su curso, Harry seguía en sus clases como si nada, Hadiya seguía escoltando a los Gryffindor hacia el comedor en el desayuno y luego hacia la torre después de la cena, los aurores patrullaban la escuela con regularidad y la enviada del ministerio, Dolores Umbridge no hacía más acto de presencia que ser vista con una libreta haciendo anotaciones, al parecer sobre las clases.

Se le veía muy seguido en DCAO, Pociones y la clase especial de los sábados y los partidos de Quidditch. Fuera de eso, la mujer era casi invisible para los habitantes del castillo.

Dolores solo estaba esperando el momento justo, Dumbledore era quien tenía la información que su jefe buscaba, pero como el mago era un experto oclumante, intentar entrar en su mente sería imposible para casi cualquier mago, por eso su jefe le había dado algo de su propia magia, para que pudiera entrar en la mente del anciano director.

El momento para Dolores se presentó durante una de las clases especiales de los sábados, Dumbledore mismo bajo a supervisar esa clase por que los alumnos de sexto aprenderían un encantamiento escudo particularmente fuerte. Harry Potter y casi todos los Gryffindor a partir de quinto, así como los Slytherin a partir de quinto, manejaban muy bien el imprimir fuerza a los encantamientos, pero este no.

El encantamiento escudo que usarían ese día requería de magia, muy unida al núcleo, si algo salía mal, se sacrificaba un poco de la magia del mago. Así que muchas cosas podían salir mal con ese escudo, pero a cambio, era muy fuerte.

Dumbledore iba a ser quien diera esa lección esa tarde.

—Mis queridos estudiantes, el día de hoy, sus profesores Prince y Lupin, me han permitido enseñarles un encantamiento muy útil, pero muy peligroso si es usado irresponsablemente. Se trata del "Internum Vires Clypeus", este encantamiento, toma parte de su magia, pero no cualquier magia, sino la que conforma su núcleo, su fuerza vital, lo que los convierte en magos. La razón de que no se les enseñe dentro del programa habitual, radica no solo en el "pago" que debe efectuarse, sino en que por sí mismo, el escudo es difícil de conjurar. Permítanme mostrarles lo que puede hacer, ¿Profesores, serían tan amables de empezar su demostración? —.

A esa señal, Severus convoco un maniquí donde lanzo un Sectumsempra ante la horrorizada mirada de sus estudiantes.

—Perfecto, pueden ver que el hechizo del profesor Prince podría desangrar hasta morir a un ser vivo y hasta donde recuerdo, ese hechizo en particular solo tiene un contra-hechizo, y ambos hechizos no los encontraran en ningún libro, ya que fueron invención de un estudiante apodado "El príncipe mestizo" hace muchos años—.

Un estudiante levanto la mano tímidamente.

—¿Si, Loren? —.

—Profesor Dumbledore, si los invento un estudiante, ¿Cómo los conoce el profesor Prince? —.

—Porque yo soy el Príncipe Mestizo—Contesto Severus, así nada más.

Los murmullos de asombro recorrieron la clase, pero Lupin los interrumpió lanzando un poderoso Fiendfyre al maniquí, uno de los conjuros más difíciles de dominar, el fuego parecía ser un cachorrito en manos de la varita del licántropo. Hasta que el maniquí quedo reducido a cenizas, Dumbledore volvió a hablar, ya que la clase estaba inusualmente callada.

—Como verán mis queridos niños, los profesores han convertido al maniquí en cenizas, si hubiera sido una persona, un Protego no hubiera hecho gran diferencia contra ambos hechizos o una imperdonable. El encantamiento que les enseñare puede bloquear estos dos hechizos y otros más, incluso dos de las imperdonables, menos la maldición asesina. Así que empezamos, lo primero es que elijan un recuerdo feliz, pero no cualquier, sino uno que esté lleno de amor—.

—¿Por qué uno así en particular? —Dijo una chica pecosa y rubia.

—Eso es porque el hechizo se alimenta de emociones primordialmente, la emoción más pura y noble conocida por la humanidad es el amor. Y es preferible que el escudo se alimente de una emoción positiva, algo similar al encantamiento Patronus, pero en un formato más defensivo. Ahora, una vez elegido el recuerdo, tienen que recitar "Internum Vires Clypeus", claramente y en voz alta, y luego deben imaginarse a sí mismos rodeados de un escudo muy fuerte. Sentirán como si algo entrara en su mente, pero solo es el escudo alimentándose de su psique—.

—¿Cómo sabemos que esa cosa funciona? —De nuevo, Loren.

—Loren, creo que encontraras esto muy informativo. Profesores, si fueran tan amables... —.

Dumbledore, recito el encantamiento sosteniendo su varita frente a su rostro mientras con una mano daba la señal a Severus y Remus para atacarlo con los hechizos que acababan de mostrar a la clase. Ambos hechizos dieron de lleno al director, pero parecieron disolverse frente a una pared invisible. Luego lanzaron maldiciones cada vez más oscuras, hasta que pararan luego de algunos minutos.

Ese fue el momento que aprovecho Dolores para intentar entrar a la mente del anciano mago, ya que la mente de Dumbledore estaba abierta por el hechizo, pero Dolores se encontró con una desagradable sorpresa, en realidad, dos desagradables sorpresas, la primera, que el mago había vaciado su mente de recuerdos, así que, aunque reviso todo lo que pudo, la mente del mago se topó con un espacio en blanco, en donde debería estar el recuerdo que buscaba con tanto afán.

La segunda cosa desagradable para Dolores Umbridge, fue que alguien le lanzo un Desmaius, no supo quien, ya que el hechizo pego en su espalda.

Hadiya estaba furiosa ante la "bruja-cara-de-sapo", desde el día en que "sintió" la cicatriz de Harry, Hadiya había estado pendiente de la firma mágica de la cicatriz, sabiendo que era la magia de Voldemort, pero no esperaba que al ir a visitar a Severus a su clase, encontraría la misma firma actuando contra el director. Cuál fue su sorpresa cuando siguiendo la firma mágica se topó con la delegada del ministerio, "espiando" de lejos la clase, y alrededor de ella, la magia del Señor Oscuro.

No lo pensó dos veces antes de ponerle fin, a lo que sea que estuviera haciendo la mujer.

Antes de que la bruja se recuperara, Hadiya ya la había inmovilizado con un Incarcerous, y estaba "absorbiendo" la magia residual de la bruja, ya que esta no le pertenecía.

Pronto, ambas se vieron rodeadas por un montón de alumnos muy curiosos, y tres profesores que veían la escena con expectación, esperando la explicación de la auror sobre él porque desmayar y atar a un funcionario del ministerio.

—Ella... estaba usando magia oscura... contra el profesor Dumbledore, pude verla y antes de que lo atacara, la desmayé y la ate—.

Hadiya miraba suplicante a Severus, pidiéndole sin palabras que confiara en ella, que había una razón muy buena para esto. Y Severus entendió.

—Profesor Dumbledore, estará de acuerdo conmigo en que terminemos la clase por hoy y despertemos a la señorita Umbridge para aclarar esta situación—.

Hadiya respiro tranquila. Severus le creía, podía verlo en sus ojos. Y parecía que no era el único, el profesor Lupin miraba a Umbridge como quien huele algo particularmente putrefacto. Hadiya suponía que tenía que ver con su naturaleza como licántropo. No, Lupin no le había contado nada sobre su "condición", pero pocas criaturas podían ocultar su naturaleza a alguien como ella, que odia rastrear magia con sus agudos sentidos.

—Tiene razón profesor Prince, chicos, la clase se suspende, pero pueden ir al gran comedor a tomar un refrigerio, los elfos se encargarán de proveerlos. Andando—.

Muchos estudiantes querían ver el desenlace de la situación, pero sabían que ninguno de los tres profesores permitiría a nadie ver lo que pasaría. Así que todos se fueron hacia el castillo.

Cuando la túnica del ultimo estudiante desapareció en el castillo, los tres hombres pudieron hablar libremente con la auror.

—...Señorita Hoshi, si es tan amable de decirnos que fue lo que paso exactamente, por favor—.

Dumbledore miraba a Hadiya benevolentemente, pero firme en su orden.

—Vera señor director, yo... bueno...sentí la magia de la señorita Umbridge, solo que no era su "magia", quiero decir, tenía dentro de sí, dos magias diferentes—.

El director parecía estar meditando la información.

—¿Sintió su magia? —.

¡Demonios! Pensó Hadiya, no había una manera "discreta" de explicar la razón de que pudiera sentir las firmas mágicas. Volteo hacia Severus esperando que él tuviera alguna idea sobre cómo proceder.

—Puedes confiar en Dumbledore y Lupin, Hadiya. Ninguno revelara lo que les digas—.

Hadiya suspiro, confiaba en Severus, y esperaba, sinceramente, no estar cometiendo un error al revelar su "naturaleza" ante alguien que no estaba bajo su protección.

Dumbledore y Lupin no podían creer lo que veían ante sí, donde antes estaba Hadiya, sosteniendo el Incarcerous sobre Umbridge, había ahora una Leónida, tal cual eran descritas en los libros de animales fantásticos de Egipto. Apenas habían vuelto a respirar, cuando la joven estaba de vuelta ante ellos, esperando una respuesta.

—¿Cómo? —Fue la única pregunta de Lupin.

—Mi madre, ella era una y mi padre era un mago, así que solo soy mitad Leónida—.

Lupin parecía estar digiriendo la nueva información, mientras Dumbledore estaba impasible y si pudiera pensarse, algo molesto. Se acerco con suma seriedad hacia Hadiya, y esta, se estaba preparando para lo peor.

—¿Caramelo de limón? —.

El anciano mago tenia de vuelta esa mirada benevolente que parecía irradiar chispas de colores, mientras en su mano sostenía una bolsita de tela morada con estrellas amarillas fosforescentes llenas de caramelos de limón con polvo burbujeante.

—Yo... sí claro, no sabía que a alguien además de mí, le gustaran los Sherbet Lemons aquí en Hogwarts—Hadiya tomo un par de caramelos y se los metió a la boca para beneplácito de Dumbledore.

—¡Sabía que un día encontraría a alguien que le gustaran mis caramelos! —.

—¿No está molesto conmigo director? —.

—Querida, llámame Albus, nadie aquí me llama director más que cuando están presentes los alumnos. Ya sabes, por eso de "respetar el cargo". Y no, no estoy molesto ¿Por qué habría de estarlo? ¿Por tener un profesor mitad-criatura-mágica? Mi profesor de DCAO es un hombre lobo, sería algo hipócrita de mi parte el tener prejuicios por su herencia. Además, tampoco es que sea algo relevante, ¿No lo crees? Sobre Dolores, tenía mis sospechas, pero no tenía pruebas en su contra—.

—Vaya, usted es más extraño de lo que esperaba—.

Lupin parecía al borde de un ataque cuando oyó a la auror hablarle así al director, mientras Albus reía quedamente, divertido por la ocurrencia.

—Tienes el tipo de personalidad que me agrada, me recuerdas mucho a uno de mis estudiantes favoritos—.

—Todo esto es muy entretenido y solo faltaría el mantel y la canasta de picnic, pero creo que estábamos tratando de averiguar qué demonios estaba haciendo aquí Dolores Umbridge—Dijo Severus.

—Cierto mi muchacho, creo que deberías traer una botella de veritaserum y mientras, nosotros nos dirigiremos a mi despacho, te veremos allá Severus—.

Severus se dirigió a su almacén privado mientras el resto de la comitiva se dirigía a la oficina del director, con una inconsciente Dolores Umbridge, atada y siendo levitada hacia la oficina.


Moody fue llamado con urgencia y llego en pocos minutos, mientras Severus acababa de llegar con un frasco lleno de un líquido transparente, veritaserum.

Una vez que Moody dio su consentimiento, Severus deslizo un trago de veritaserum en la garganta de Umbridge, y murmuro un Rennervate para despertarla. En cuanto estuvo despierta, Hadiya empezó el interrogatorio bajo la atenta mirada de los profesores y su mentor.

—¿Cuál es su nombre completo? —.

—Dolores Jane Umbridge—.

—¿Cuál es su trabajo? —.

—Soy empleada del ministerio—.

—¿Qué está haciendo en Hogwarts? —.

—Por parte del ministerio supervisar si las clases de DCAO se estaban llevando a cabo con suficiente empeño, ya que el ministro teme que el Señor Oscuro pueda ser aún más fuerte que en el pasado—.

—¿Por parte del ministerio? ¿Está haciendo otro trabajo? —.

—Sí—.

—¿Cuál es ese otro trabajo? —.

—Obtener la profecía completa—.

En ese punto Dumbledore y Severus palidecieron al igual que Moody, los tres sabían de que hablaba la profecía.

—¿Qué profecía? —.

—La que se refiere al Señor Oscuro y Harry Potter—.

—¿Quién te envió a buscar esa información? —.

—El Señor Oscuro—.

Severus fue hasta Umbridge y le levanto bruscamente la manga de su blusa. Ahí, como un fantasma del pasado, estaba una de las imágenes que Severus aborrecía más en el mundo. La marca tenebrosa.

¡Dolores Umbridge era un mortífago!

—Eres un mortífago—.

La voz de Severus estaba desprovista de toda emoción. Por fin su mente conecto los puntos y supo porque Voldemort no había atacado mucho ese verano. Estaba muy ocupado tratando de encontrar la profecía sin ser visto en el ministerio.

Hadiya retomo el interrogatorio.

—¿Para qué la quiere Voldemort? —.

Un leve temblor se percibió en Umbridge al oír el nombre de su amo.

—No me lo dijo—.

—¿Para qué era la magia que te dio? —.

—Para obtener la información de la mente de Dumbledore—.

—¿Desde cuando eres un mortífago? —.

—Desde un año antes de que desapareciera el Señor Oscuro—.

Hadiya se volvió hacia su mentor, casi se terminaba el efecto del veritaserum y Moody debía escoltar a Umbridge a Azkaban y luego notificar al ministerio sobre ella.

Moody se fue por flu, llevando a Umbridge de vuelta, atada con cuerdas mágicas, con rumbo a Azkaban, mientras Hadiya aceptaba el té que Dumbledore le estaba ofreciendo.

—Creo que debemos hablarte de algo, querida. Severus sabe lo que estoy por decir, pero creo que Remus no, así que, por favor querida, no me distraigas una vez que empiece a hablar—.

Severus se llevaba su taza de té a los labios, tan impasible como siempre, excepto por que sus ojos reflejaban nerviosismo. Remus parecía un perro encerrado, daba vueltas alrededor de su silla, se sentaba y volvía a pararse, hasta que cuando se sentó, quedo pegado a la silla. Al parecer, Severus le había lanzado un hechizo pegante. Dumbledore se preparó para hablarle de la profecía de Harry Potter y Lord Voldemort.