Costó mucho hacer entrar en razón a Hermione para que no saliese corriendo a San Mungo donde no podía ayudar de ninguna manera. Los dos miembros del trío dorado eran los únicos que se habían quedado en el castillo a pesar de que les habían adelantado las vacaciones de verano. Harry no tenía claro a dónde ir, ni cuál era le siguiente paso. La sabelotodo no se veía capaz de empezar ni la búsqueda de sus padres ni ninguna otra cosa. Por suerte, la torre de Gryffindor había sobrevivido y podían incluso conservar sus propias habitaciones. McGonagall trató de involucrarlos en la reconstrucción de Hogwarts para que tuvieran algo con lo que entretenerse. Les explicó que el siguiente curso no comenzaría en septiembre sino en enero, para que diera tiempo a repararlo todo. El chico participó encantado, la sabelotodo lo intentó pero le costaba ejecutar hasta los hechizos más simples. No obstante, hizo compañía a Harry mientras él llenaba los vacíos que su desmayo tras la batalla le había causado.
Fue la propia directora la primera que corrió hacía Bellatrix en cuanto Voldemort murió. A su lado descansaban los restos de la varita de sauco y la suya propia hechas pedazos tras la explosión. McGonagall y Aberforth se encargaron de llevarla al hospital. Avisaron a Narcissa Malfoy que acudió de inmediato. Al parecer, la pequeña de las hermanas Black se había separado de su marido un par de meses atrás cuando por su culpa, Draco se convirtió en mortífago. El chico quiso seguir los pasos de su padre, pero cuando se vio incapaz de matar al director, se dio cuenta de que quien siempre le había apoyado y guiado era su madre. Así que ninguno de los dos participó en la batalla. Ambos estaban pendientes de juicio. Respecto a su marido, habían tenido que levitarlo hasta una celda del Ministerio donde le mantenían vivo de forma dudosa con diversas pociones, ya que la única que podía retirarle la inmovilización era Bellatrix. Si ella moría, supondría también su sentencia de muerte. Ni su mujer ni su hijo habían querido saber nada de él. Los aurores estaban organizando búsquedas para atrapar a los mortífagos que habían huido tras la derrota de su líder.
Para Hermione era evidente que Harry también se hallaba afectado por el estado de Bellatrix. Enterarse de que la duelista le había prometido a su padrino que lo protegería había cambiado radicalmente su forma de verla. Además, gracias a ella habían detenido al asesino de Sirius. Su admiración era inmensa, su gratitud también. Le contó que en cuanto él y Ron se aseguraron de dejarla durmiendo en la improvisada enfermería del castillo, acudió al hospital. Presenció el reencuentro entre Andrómeda y Narcissa tras quince años sin verse. Al principio resultó extremadamente tenso. Pero les costó poco abrazarse llorando y compartir el arrepentimiento por no haber cuidado nunca a su hermana mayor. Siempre la consideraron la más fuerte e independiente y tenían miedo de su carácter y sus cambios de humor. Sus hijos sin embargo no se entendieron tan rápido. A pesar de que tanto Draco como Nymphadora compartían una deuda de vida con su tía, eran demasiado diferentes como para llevarse bien.
El hecho de que su familia estuviera con ella hizo que la chica se sintiera mejor. Sabía que a ojos de esa gente, ella no pintaría nada ahí. Su cerebro racional le indicó que no era buena idea ir a llorar a San Mungo delante de varias personas que no entenderían porqué le afectaba tanto el estado de su profesora. Además, ni siquiera podía recibir visitas. Mientras contemplaba como Harry y diversos profesores reconstruían el castillo se repetía esas ideas.
Se repetía esas ideas para intentar desterrar otras. Había un pensamiento obsesivo que siempre lograba abrirse camino: "Aunque despierte, no querrá verte". No era su profesora, ni su amiga, ni su novia. La última interacción que habían tenido juntas fue la noche del enfrentamiento con los aurores durante la que Hermione no quiso ir con ella. Después, el incidente con la falsa Tonks que la vio besando a Ron... Pero lo peor era aquel diálogo en plena guerra que todo el mundo había escuchado. Cuando Bellatrix y su maestro habían pronunciado sus últimas palabras. A nadie se le escapó que la bruja oscura murió -o casi- sintiéndose sola, sin nadie que se preocupara por ella y creyendo firmemente que nunca nadie la había querido. Hermione esperaba que hubiese resultado más sutil aquella invitación: "Muramos juntos, Tom". La chica sentía -y temía- que aquello más que una forma de hablar, había sido un deseo. Morir junto al primer hombre que amó y que la convirtió en lo que era. La estudiante se desquiciaba cada vez que recordaba que la persona más cercana -en todos los sentidos- a la duelista durante aquellas últimas semanas había sido Voldemort. Quizá Snape también... Pero tampoco había sobrevivido. "Una guerrera sabe cuándo ha terminado su tiempo. No le queda nada por lo que luchar...", siseaba la voz cruel de su cerebro. Pero ahora tenía a su familia, a Hermione si la perdonaba e incluso a Harry... "Dudo que eso signifique ya nada para ella", repuso la misma voz.
Tonks les mandaba una lechuza cada día contándoles cómo iban las cosas por el hospital. No había novedades. Poco a poco, Bellatrix se iba recuperando físicamente, pero seguía inconsciente. Cuando transcurrió una semana, decidieron visitar la Madriguera para ver cómo estaba la familia Weasley. La matriarca lo agradeció mucho, los invitó a comer y les recordó que siempre serían bienvenidos a su casa. Hasta ahí todo iba bien. Hasta que Ron le pidió a Hermione dar un paseo a solas y ella aceptó. Antes de que la chica pudiera pronunciar una palabra, los labios de Ron estaban pegados a los suyos. Esta vez lo apartó con rapidez. Intentó explicárselo con tacto.
-Ron, te quiero muchísimo pero como a un hermano, como a Harry. No te veo de esa forma...
-¡Pero si me besaste justo antes de la guerra! - protestó él.
-Lo siento de verdad. Fue fruto de los nervios, la posibilidad del morir, el miedo... No quise rechazarte y hacerte más daño.
-¡No seas tonta, Mione! -replicó él cada vez más nervioso- Todo el mundo ha sabido siempre que acabaríamos juntos y ahora por fin, sin guerra ni nada, ¡podemos ser lo que queramos!
-Ya te he dicho que no te veo de esa forma, Ron... -dijo ella agobiada- Siempre estaré a tu lado y te apoyaré, pero no así.
-¿¡Me vas a dejar pocos días después de enterrar a mi hermano!?
Aquello fue un golpe bajo. La chica hubiese llorado si no llevase tantos días haciéndolo, no quedaban lágrimas para el egoísmo de Ron y que utilizara el recuerdo de Fred era aún peor.
-Siento en el alma lo de Fred, le tenía muchísimo cariño y siempre estará con nosotros. Pero eso no tiene nada que ver con lo nuestro. No puedo dejarte porque nunca hemos estado juntos. Ron, no te quiero así.
-¡Eso es porque no hemos tenido tiempo! -gritó él- ¡Ya verás como estando juntos te das cuenta de que sí que me quieres!
-¡No, Ron! -gritó ella enfadada por la falta de comprensión- ¡Eso no va a pasar, no puedo quererte, siempre querré a...!
Dejó la frase sin acabar al darse cuenta del error. Los nervios y la rabia sacaban lo peor de ella. No esperaba volver a sentir esas emociones ahora que la guerra había terminado.
-¡¿A quién?! - preguntó él iracundo.
Hermione empezó a asustarse, se aseguró sutilmente de tener la varita a mano y maldijo su decisión de aceptar aquel paseo en soledad. Se separó un poco de él y no contestó. El pelirrojo no era muy rápido mentalmente, pero tampoco estúpido del todo. Recordaba contra quién había tenido que competir por la atención de la chica meses antes.
-¿¡Es por la maldita mortífaga suicida!? ¡Estás enamorada de una mujer que está prácticamente muerta! ¡El amor de su vida es Voldemort! ¿¡Estás enferma o qué!?
En aquel momento, Harry y Ginny llegaron corriendo, alertados por los gritos. En cuanto el moreno vio a su amiga llorando, no le costó mucho imaginar lo que había pasado.
-¿Qué le has hecho, Ronald? - preguntó Ginny en tono acusatorio.
-¡Qué! ¡Encima os ponéis de su parte!
Varios gritos y exabruptos después, Hermione le suplicó a Harry que pararan de discutir y volvieran al castillo. Se aparecieron juntos en el límite del terreno y caminaron despacio en silencio, sin soltar sus manos. Ambos tenían la necesidad de sentir que no estaban completamente solos, que tenían a alguien con quien dar aquellos pasos que a saber a dónde les llevarían. Era tan desagradable, tan extraña... aquella sensación de haber perdido lo que nunca has tenido. Sabía que si alguien la entendía era Harry, quien cuando por fin iba a tener una familia y a vivir con Sirius, lo perdió también. Tenían suerte de contar el uno con el otro.
Cuando llegaron al castillo divisaron a Tonks ayudando a la directora en el Gran Comedor. La chica intentaba ocuparse con mil cosas diferentes para distraerse del pensamiento de que su hijo crecería sin su padre. En cuando los vio, se acercó a ellos. Una vez más, no sabía cómo comunicar las noticias, ni si quiera estaba segura de si eran buenas o malas. En cuanto los gryffindor vieron su expresión, supieron que había novedades.
-¡Hola, chicos! Le estaba diciendo a...
-¿Se ha despertado? - preguntó Hermione entre el miedo y la ilusión, incapaz de aguantar ningún preámbulo.
-Sí -respondió.
Pero antes de que la chica pudiese hacerse ilusiones y respondiendo a su pregunta antes de que la formulara añadió:
-Pero no quiere ver a nadie, ni a sus hermanas (lo que no supone un obstáculo para ellas, menudas son...).
-Ah... Ya... Claro, es normal... -musitó la gryffindor intentando ocultar su tristeza.
-¿Pero está bien? ¿Está fuera de peligro? - preguntó el chico.
-Los sanadores no lo saben y eso que han hecho venir a los mejores de Europa. Está consciente y su memoria parece intacta. Físicamente han curado hasta la última quemadura; no dudo que Narcissa los ha extorsionado, sabe que su hermana preferiría estar muerta que renunciar a su gloriosa belleza -ironizó Tonks-. Pero sufre desmayos, se siente profundamente cansada a pesar de llevar días durmiendo, no puede hacer ni los movimientos más sencillos y no sé... Yo casi no la conozco y es evidente que ha pasado por mucho y todo eso, pero no parece la misma. Es como sí... No sé, como si no tuviera ganas de seguir...
Los chicos asintieron asimilando la información.
-¿Y no ha preguntado por nadie? -insistió Hermione con timidez.
-Sí -suspiró la metamorfomaga- Por Snape.
-¿Y se lo habéis dicho? - preguntó Harry.
-Mi madre se lo contó todo. Y la verdad es que se lo tomó bastante bien... Sonrió y dijo que "al menos él sí que ha cumplido".
Hubo un silencio mientras los chicos le daban vueltas a esas últimas palabras y recordaban las imágenes del pensadero cuando ambos profesores creían que iban a morir durante la guerra. Al rato, el chico decidió hacer la pregunta que sabía que su amiga no sería capaz.
-Sé que no quiere ver a nadie y lo respeto, pero ¿no podríamos saludarla aunque fuese un minuto? Quiero darle las gracias... -confesó el chico.
Dio la impresión de que Tonks esperaba la pregunta y ya había planeado la respuesta.
-Podemos esperar un par de días, a ver si se estabiliza y se siente mejor y venir entonces, si os parece bien. Se acaba de despertar y bueno... su carácter es el mismo de siempre. Y el repentino acoso de sus hermanas tampoco ayuda a que se tranquilice...
-Por supuesto, avísanos con una lechuza e iremos cuando tú nos digas -aceptó el chico de inmediato.
La metamorfomaga asintió, les dio las gracias por su comprensión y les animó a ayudar con las obras del Gran Comedor.
Los siguientes días pasaron más deprisa de lo que Hermione había pensado. Si Bellatrix no quería verla, no sería capaz de entrar. Y era evidente que no querría. Sabía que esa iba a ser la situación si la duelista despertaba y que se merecía su rechazo, pero eso no lo hacía menos duro. Había confiado en la idea de que cuando la muerte te mira, tus prioridades cambian y tus problemas previos pierden importancia. Creyó que igual la duelista ansiaba olvidar el pasado y la perdonaba sin más. Pero se dio cuenta de que eso era solo para quienes temían el final. La bruja oscura llevaba toda su vida danzando con la muerte y se había abrazado a ella durante aquel último baile. Aquella experiencia no habría alterado sus sentimientos en absoluto.
Harry intentó animar a su amiga dentro de lo posible y corrió a buscarla en cuanto al tercer día llegó la lechuza de Tonks. Les informaba de que mejoraba despacio y seguía sin querer visitas, pero que si les apetecía, acudieran esa tarde. Le contestaron que ahí estarían.
Cuando llegó la hora acordada, salieron del castillo. Se cogieron de la mano y se aparecieron en los viejos almacenes Purge y Dowse S.A., donde se hallaba oculto San Mungo. La bruja de la recepción les indicó que subieran a la cuarta planta: "Daños provocados por hechizos". Así lo hicieron. En cuanto se abrió el ascensor, Tonks salió a recibirles. Les explicó que solo podían entrar a la habitación de Bellatrix de uno en uno y que en ese momento estaba Draco. Se despidió de ellos pues tenía que volver para cuidar a su hijo.
En la sala de espera estaban Andrómeda y Narcissa. También había un par de aurores vigilando. Los chicos tragaron saliva al ver una vez más la semejanza de la madre de Tonks con su hermana mayor. La diferencia más notable estribaba en que su cabello era más claro y corto y sus ojos reflejaban más bondad y cordura. Los saludó enseguida pues los conocía por algunas misiones de la Orden y por las historias de su hija. La hermana rubia, sin embargo, les dedicó una sola mirada y un casi imperceptible movimiento de cabeza. Una cosa es que hubiese rechazado a Voldemort por miedo y otra muy diferente que fuese a dirigirles la palabra al maldito Potter y a su amiga sangre sucia. Parecía la dueña y señora del lugar con su elegante porte aristocrático, ni siquiera su hermana la igualaba. Hermione no necesitó más para sentirse profundamente incómoda y fuera de sitio. ¿En qué momento había pensado que era buena idea? Quería ver a Bellatrix, sí, pero dudaba que ella quisiese verla y sentía que ahí no pintaba nada.
Cuando salió Draco, les dirigió un saludo seco y se puso a cuchichear con su madre. Harry vio en la mirada de Hermione que su amiga se sentía incapaz de moverse, así que él entró primero. La chica se sentó en un rincón alejado de la sala. El moreno no estuvo dentro ni cinco minutos y en cuanto salió, se dirigió hacia su compañera que seguía sin mover un músculo. Antes de que pudiera preguntarle cómo estaba, el moreno le resumió su reunión:
-Está como nos había dicho Tonks. Físicamente está bien, pero no parece tener muchas ganas de nada...
Su amiga asintió.
-Le he dado las gracias y me ha dicho que soy " igual de débil que el idiota de mi padrino" -contó Harry sonriendo- Así que la he visto bastante bien.
Su amiga forzó una sonrisa. Para el chico cualquier comparación con Sirius suponía un cumplido y más si venía de alguien que tenía sus mismos ojos. "¿Quieres entrar?" le preguntó él con suavidad. Ella negó con la cabeza. No se veía con fuerzas. "De acuerdo. Podemos quedarnos aquí el rato que necesites", dijo viendo que las dos hermanas se preparaban para salir a cenar y Draco se marchaba también.
-Te lo agradezco, Harry, pero ¿te importaría si me quedo sola? Siento que...
-Por supuesto que sí -concedió él de inmediato dándole un abrazo de despedida-. Vuelvo al castillo. Si necesitas cualquier cosa, avísame.
La chica asintió y se despidieron. Su amigo se fue. Andrómeda se despidió de ella y se marchó con Narcissa. Al poco, Draco se puso el abrigo y se acercó al ascensor. Entonces, se detuvo junto a Hermione y le comunicó en tono neutro: "Mi tía quería verte". La castaña le miró con dudas y él añadió: "Bellatrix". La gryffindor le dio las gracias y él asintió. Le costó quince minutos extra reunir valor para entrar. Pero lo hizo.
Había visitado antes a algunos pacientes en San Mungo y estaba segura de que nadie más tenía una habitación así. Era evidente que Narcissa había logrado imponer el apellido Black y la importancia de cuidar a la bruja más poderosa del mundo mágico porque aquello no parecía en absoluto una habitación de hospital. El mobiliario era elegante, de maderas nobles y no daba la sensación de enfermedad que un lugar así solía transmitir. Había cuadros que era posible que hubiesen descolgado de los museos más importantes de la ciudad para decorar ese cuarto. La cama estaba vestida con tanta elegancia que no habría desentonado en el dormitorio del Rey Sol. Pero lo mejor era el ventanal panorámico que mostraba unas impresionantes vistas de la noche londinense. El mismo cuidado había puesto la rubia en el físico de su hermana. Bellatrix estaba completamente pálida, pocos tonos la alejaban de la muerte, y su expresión reflejaba un cansancio absoluto. No obstante, su melena brillaba y estaba mejor peinada que en cualquier otra época de su vida. Llevaba la manicura perfectamente hecha en morado oscuro. En lugar de la típica bata de hospital, su hermana le había traído un camisón negro ajustado, de manga larga que probablemente costase más que cualquier vestido de noche. Hermione pensó que muy pocas fuerzas debía tener la duelista si había permitido que Narcissa la peinara, vistiera y le pintara las uñas.
En cuanto la vio, la chica deseó con todas sus fuerzas correr hacía ella, besarla, abrazarla, tumbarse a su lado y enterrar la cara en su cuello hasta el fin de sus días. Pero era un paso demasiado precoz y se aguantó las ganas. Sobre todo porque la bruja ni siquiera la miraba. Tenía la cabeza apoyada en la almohada hacia el lado de la ventana y su mirada parecía perdida en el skyline de Londres. Hermione se acercó a la cama pero ella no se giró. Estaba tan nerviosa que se vio obligada a ocultar las manos tras la espalda para esconder sus temblores. Cuando al rato sospechó que la slytherin no iba a reaccionar, decidió empezar la conversación:
-¿Cómo estás? - preguntó sintiéndose realmente estúpida.
Durante unos minutos, nada cambió. Cuando la chica ya iba a macharse, Bellatrix giró la cabeza y la miró. Entendió a que se referían sus amigos al contar que no parecía ella. Sus ojos estaban vacíos, su mirada parecía profundamente cansada y su expresión reflejaba una absoluta carencia de emociones. Nada en ella recordaba su antigua pasión y determinación. Cuando abrió la boca, su voz sonó débil y ronca.
-No estoy muerta.
No era la respuesta que esperaba Hermione. Ahora Bellatrix la contemplaba fijamente, como si en el fondo de su mente recordase que había conocido a esa chica hacía años, en otra época lejana de la que ya no quedaba nada. La joven no sabía cómo hacer frente a esa mirada, no estaba preparada para ver cómo el amor de su vida había dejado de ser la persona a la que conoció. Intentó responder con tono alegre y simpático.
-¡Eso es bueno!
La bruja la miró y a Hermione le dio la impresión de que intentaba calibrar si le estaba tomando el pelo o no. Antes de que pudiera añadir nada, obtuvo la replica.
-Tenía que haber muerto.
Su voz sonaba lejana, como si hablase con los fantasmas de su pasado y ni siquiera fuese consciente de la estudiante situada a dos metros de ella. Observó que la bruja se acariciaba inconscientemente la inmaculada muñeca donde antaño lucía la marca tenebrosa. Eso también se había esfumado junto a Voldemort.
-Era mi lugar... -susurró de forma casi inaudible- Quería morir junto a Él. Ahora Severus tampoco está. No tengo a nadie. No debería estar aquí.
Hermione dio gracias a los últimos acontecimientos por haberla convertido en una experta en el arte de contener las lágrimas.
-Tienes a tu familia... Tus hermanas se preocupan por ti. Y Draco y Dora, y...
-¡Mi familia! -repitió en algo que pretendía ser una carcajada pero se convirtió en una tos ronca que la dejó casi sin energía- Solo he necesitado prácticamente morirme para proteger a sus críos para que se preocupen por mí... ¡Soy la chica más afortunada del mundo!
La sabelotodo no supo que responder.
-Esa gente no es mi familia, no tengo familia.
-Bueno, pero... -intentó replicar la chica que había perdido todas las fuerzas.
En ese momento, la bruja pareció darse cuenta por primera vez de que Hermione estaba en la habitación. La reconoció y habló de nuevo mirándola:
-Quería pedirte algo.
-¡Claro, lo que quieras! -replicó la gryffindor sintiendo una punzada de esperanza en el corazón.
-Necesito... -empezó la bruja cerrando los ojos y llevándose la mano al estómago que evidentemente le dolía- necesito que me devueltas el colgante.
Eso no era en absoluto lo que Hermione esperaba. Su plan de contención de lágrimas empezó a fallar. No obstante, la siguiente frase de Bellatrix provocó que la sorpresa evitara las lágrimas.
-Necesito el colgante. No sobreviviré otra vez si me mandan a Azkaban. No es ahí donde quiero morir, no les voy a dar el gusto.
-¿¡Por qué te iban a mandar a Azkaban!? - exclamó la chica atónita- ¡Salvaste al mundo mágico, hiciste lo que nadie más pudo!
-Eso es lo que les da miedo. Nunca se han fiado de mí y ahora que han comprobado que soy más poderosa que Él, no se arriesgarán a que me convierta en la nueva Dama Oscura o algo así. ¿Por qué crees que hay aurores vigilando mi habitación día y noche? Si la varita de sauco no se hubiese roto, me habrían metido a la cárcel inmediatamente, para quedarse tranquilos.
La bruja hablaba despacio, con dificultad y su tono parecía próximo a la desaparición.
-Pero... pero... -farfulló Hermione con incredulidad- Eso es una locura, están ahí para protegerte. ¡Nadie te metería en la cárcel por infiltrarte entre los mortífagos siguiendo los planes de Dumbledore! Ni por ser la bruja más poderosa, eso sería injusto.
-Ya lo hicieron una vez. Y de no ser por Tom, nunca habría salido. Umbridge sigue en el Ministerio y te aseguro que no se quedará de brazos cruzados. Ni siquiera tengo mi varita... Sé que los dementores también desaparecerán, pero el resto de horrores siguen ahí -musitó casi sin voz- Necesito el colgante.
Hermione no supo qué replicar. No era el momento de reprocharle que estaba paranoica. Lo que más miedo le daba era que la bruja pudiera tener razón. Era verdad que tras la guerra había habido una división de opiniones: los que consideraban a Bellatrix una heroína, la salvadora del mundo mágico y querían que la nombraran Ministra de Magia o algo similar; y los que pensaban que estaba loca y era peligrosa y exigían que la tuvieran controlada. La chica quería asegurarle que ella jamás permitiría que le pasara nada, pero ya se lo había prometido varias veces antes y ahí estaba, en San Mungo sin fuerzas casi ni para hablar. Así que hizo lo único posible: soltar el cierre de la cadena y extendérselo.
Bellatrix alargó una mano temblorosa, la chica se lo dio pero inmediatamente se le cayó. La bruja intentó maldecir pero tampoco tampoco le quedaba energía para hablar. Hermione se agachó, lo recogió y comprobó que seguía intacto. Se inclinó sobre la bruja y se lo colocó con sumo cuidado en el cuello. Estaba tan cerca que podía olerla, podía sentir el calor que irradiaba su cuerpo (a pesar del frío eterno que padecía) y acariciar aquella piel que tantas horas había pasado besando. Se lo abrochó y se separó. Era evidente que la bruja no quería ningún tipo de acercamiento. En cuanto entró en contacto con la piel de su dueña original, el diamante de hielo volvió a la vida. Empezó a brillar con destellos de mil colores como lo hacía antes de que Hermione perdiera su confianza. Le pareció que la bruja se relajaba un poco. Pronunció algo que la chica interpretó como un "gracias" pero no logró emitir sonido alguno.
Entendió que para Bellatrix la conversación había terminado. Hermione temblaba de los nervios. Quería decirle que todavía la quería, que nunca dejaría de hacerlo, que haría lo que fuese necesario para que la perdonase... Pero no fue capaz. No quería recibir otra mirada de odio, otro intento de carcajada burlona. Así que se despidió, le deseó que se pusiera mejor y le repitió que si necesitaba cualquier cosa contase con ella. La bruja asintió distraídamente en un gesto que pudo existir o no. La gryffindor la contempló por última vez, tan frágil, tan vulnerable y se giró para irse. Cuando ya estaba en la puerta, cogió aire, la miró de nuevo y añadió:
-Bella, yo te...
Inmediatamente la bruja la cortó. No le hizo falta pronunciar palabra. La miró a los ojos y negó con la cabeza una sola vez. La chica lo entendió y se marchó alicaída.
