El hombre del arco.
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Pasaron tres días y la niña aun no despertaba. Su mujer Hazelle, estaba preocupada de la condición de la chica. Su hijo Gale, a cada rato preguntaba cómo estaba su prima. El señor Hawthorne evitó en ir al bosque, se limitaba a ir a la pradera en busca de algo comestible. El señor Everdeen nunca le volvió a dirigir la palabra.
A la semana, era como la madrugada cuando la niña despertó. Fue Gale quien se dio cuenta que su prima ya había abierto los ojos. Fue corriendo hacia la habitación de sus padres. Los señores Hawthorne se apresuraron para hablar con la pequeña. A Gale le encargaron que prendiera la chimenea.
—Hola —habló el señor Hawthorne con la voz casi quebrado de los nervios.
—Hola —respondió la niña con un brillo observador. Su voz tierna, suave y llenó de una ansiedad de querer saber qué es lo que pasaba.
— ¿sabes dónde estás?
La niña negó. Hazelle se acercó para abrazarla. Mientras el señor Hawthorne buscaba las preguntas correspondientes. La chiquilla se quedó rígida al no saber qué hacer.
— ¿Qué edad tienes?
La niña le dio una mirada confusa. Miró su reflejo en la ventana de aquella habitación y se sorprendió por lo que vio.
—c-creo q-que tres o cuatro, señor.
— ¿tres o cuatro?
— ¿Qué mes estamos? —preguntó la niña aun aturdida mientras veía su reflejo en la ventana. La pequeña tocaba su cara con sus diminutas manos.
—siete de septiembre —contestó la señora.
—una semana…
—sí, has estado en cama por una semana. —aclaró Hawthorne.
—disculpa… ¿Dónde estamos? —preguntó la niña observando el lugar para después enfocarse en la cara del señor Hawthorne.
—en el Panem. Estamos en el distrito 12.
La niña asintió después cayó inconsciente en los brazos de la señora Hawthorne. Y así pasaron los días, donde la pequeña Hermione jean -era el nombre que ella les dio- se la pasaba preguntando la historia del lugar, por tiempos desaparecía y tardaba horas en regresar a la casa. Cuando la niña aparecía, traía consigo un manojo de ramas verdes y secas. Hazelle siempre terminaba por regañarla y la metía a bañarse cuando Hermione argumentaba que iba a ensuciarse de todos modos.
Hermione ya llevaba un mes viviendo en el este extraño mundo, era estúpido de su parte en buscar una solución, si ya todo estaba escrito. Ella murió el primero de septiembre, cuando tomó aquellas piedras que encontró en el bosque prohibido. Ella sintió como su magia era consumida, como su cuerpo estaba retrocediendo y como viajó por este mundo dimensional.
Este mundo era de barbaros, era desalmado y bárbaro que sean controlados como en la época de la edad media. Había muertes, hambre, y un gobierno corrupto. ¿Era su destino en ayudar a salvarlos de la esclavitud? ¿Los llevaría hacia la libertad? ¡Por supuesto que sí!
Si logró liberar a los elfos domésticos, porque no hacerlo con la gente de este distrito. Pero tenía que empezar desde abajo, tenía que empezar por ayudarles y quitarles el hambre. Leyó todas las sanciones acerca de este distrito. Exploró todo el lugar, algo malo era que no sabía si poseía magia… se estaba resignando pero era posiblemente no, aun no lo podía soportar ver esa realidad. Ella aun recordaba como su magia fue absorbida por esas piedras y tenía que con el tiempo regresara.
Suspiró de nuevo, vio que la alambrada no estaba cargada, así que se deslizó su pequeño cuerpo hacia el hueco que había, ella cabía perfectamente para pasar de la zona que según los estaba protegiendo de los animales salvajes. Sabía que el señor Hawthorne ya no venía a la pradera, por trabajar doble turno, y así poder suministrar, y abastecer la casa. Hermione empezó a recolectar setas que encontraba entre los arbustos. Encontró demasiado acelgas, cerrajas, diente de león, se dio cuenta que en la pradera tenía bastante hierbas comestibles que muchos no conocían.
Vio que en el profundo del bosque podía encontrar más cosas, tenía que hacerlo, quería buscar semillas y en el pequeño patio que tenían, poder sembrar y cosechar sus esfuerzos. Escondió su recolección, con un suspiro, y fuerte determinación de valentía, ingresó al bosque. Buscaba por debajo de los arbustos que encontraba, había bayas comestibles, algunas de ellas no las conocía, se sorprendió al ver varios vid con racimos de uvas escondidos entre unos arbustos y mala hierba. Empezó a cavar con suavidad para no maltratar las raíces, era la temporada de otoño y era posible que encontrara más fruta de esta temporada.
Sacó la bolsa de tela que Hazelle le hizo. Metió todos los racimos de uvas, se dio cuenta que no podía mover la planta, ya que llevaba más de tres años de vida. Pero algo bueno era que las semillas que obtuviera de las uvas podía plantarlas en su pequeña huerta que iba hacer. Hermione fijó la ubicación de planta de Vid, se sumergió en su nostalgia al recordar que en su otro mundo ella era dueña de una varita de vid.
Encontró higos y varias plantas de aloe vera. Sintió como su bolsa ya pesaba, y ya estaba atardeciendo. Escuchó como un gruñido salía de la parte izquierda, cerca de unos arbustos. Hermione volteó en aquella dirección y se encontró con una pareja de perros… eran perros salvajes.
Un estremecimiento pasó por todo su cuerpo. Vio como los perros se preparaba para atacar. Hermione buscaba una manera de esquivarlos, de buscar una solución a su problema. Fue instantáneo en el momento en que escuchó como el aire era rasgado. Vio como el perro soltó un gruñido de lastimado. Y el otro aulló de dolor mientras se retiraba aun debatiéndose en dejar a su compañero.
Hermione alzó la vista hasta donde estaba aquel hombre con un arco.
—no era necesario matarlo y al otro herirlo si se convertirá en la cena de otro depredador. —protestó al ver que el perro que tenía por delante ya estaba dando sus últimos respiros.
— ¿Qué hace una cría en medio del bosque? —preguntó el señor con una voz fuerte y demandante pero a la vez sonaba burlón.
—lo mismo que usted, señor. Con la diferencia en que yo no estoy cazando. ¿Sabe que puede meterse en problemas por la caza furtiva que está dando?
El señor se partió de risa.
— ¿sabes que te vas a meter en problemas por la recolección de esas plantas que llevas? —preguntó el señor con el mismo tono que Hermione empleó en él.
—cierto. —le dio la razón al sujeto. Hermione se colocó su bolsa y empezó a caminar hacia la pradera.
Escuchó como el señor la seguía, de cómo bufaba por lo lenta que caminaba. Después sintió como su carga se aligeraba. Volteó a ver a su salvador.
— ¿Cómo sabes que todo lo que llevas es comestible y no veneno? —preguntó el hombre.
—porque sé que cosas son para medicinas y cuales son para comer. —respondió en un tono presuntuoso. Agradeció mentalmente a la profesora Sprout, ya que ella les hablaba sobre las plantas medicinales muggles, que también servían para hacer pociones.
— ¿es cierto que eres la sobrina del viejo Hawthorne?
—mmm sí. Y no es tan viejo, apenas está en sus treintas —aclaró mientras brincaba una piedra.
—eres muy pequeña para estar adentrada al bosque.
—no estaba sola, me di cuenta que me seguía cuando me adentre al bosque. Ya lo había visto descansando en la pradera, y al ver su recolección, me confirma mis sospechas.
—eres demasiado inteligente para tu edad.
—Lo sé —estúpidamente se sonrojó.
—tengo una hija de tu edad, aunque creo que es más mayor que tú, pero no es tan inteligente como tu mocosa.
—Gracias —comentó sarcástica.
— ¿entonces, cuales son comestible y cuáles no?
Hermione vio una oportunidad y no quiso desaprovecharla. Tendría que ser muy astuta para tener más información sobre las plantas raras que encontró.
—si yo te digo. ¿Qué obtengo a cambio?
—Carne de la caza que haga —respondió el señor.
Hermione lo vio con horror, vio de reojo al perro que cargaba el señor.
—no gracias… —respondió cortante, se estremeció de tan solo pensarlo.
—no siempre será esto.
—prefiero, pescado o liebre.
El señor soltó una carcajada que resonó por todo el bosque.
—eres demasiado quisquillosa.
Hermione se encogió los hombros, mientras también se reía.
— ¿Por qué no compartimos conocimientos? —preguntó.
— ¿es lo que deseas?
Ella asintió.
—Hecho —estiró su mano. Hermione también estiró su pequeña mano.
—hecho. Por cierto, ¿Cómo te llamas?
—Philip Everdeen. ¿tu?
—Hermione Jean.
Ambos desde ahí formaron una grandiosa amistad. El señor Everdeen, su lado bohemio fue cautivado por esos ojos llenos de inteligencia, y sabiduría. Aunque esa alegría que empezaba a sentir, se estaba evaporando al ver que su nueva amiga, era la criatura más extraña que existía. Lo hacía adentrarse a la profundidad del bosque. Le ayudaba hacer unas buenas trampas y de hecho se la pasaba blasfemando contra el gobierno.
La primera vez que entraron juntos en el Quemador, la gente la observó de pies a cabeza. El señor Everdeen le enseñó a cómo hacer un trueque justo. Ya que era muy mala para negociar y mentir.
Ese día Hermione se dio cuenta que a muchos no les importaba comer carne de puerco, oso o de lobo. Todo era bien recibido con la grasienta Sae. Ese mismo año, Hermione se enteró que su tía estaba embarazada.
