Adiós. Primera parte.
Los años pasaron volando, en todo el distrito conocían a la pequeña Hermione Hawthorne. Hermione era la niña que llegó para cambiar su distrito. Aquella niña ayudaba en sus tiempos libres, tenía una estrecha amistad con el señor Everdeen, Abernathy, y todos los comerciantes del quemador. Mandaba a la mayoría de los niños para que aprendieran hacer cosas por sí mismos. A las niñas les enseño a tejer, a los hombres a sembrar semillas y cuidar las plantas de varios invernaderos clandestinos que ella tenía.
Su primo Gale, ya estaba aprendiendo a cazar, gracias a que acompañaba a su padre verlo cazar y colocar trampas. Hermione era casi especialista en la recolección de plantas comestibles y medicinales, ella agradecía sus conocimientos aprendidos en Hogwarts. Ya no iba de caza con Philip, ya que este le estaba enseñando a su hija Katniss como cazar. Hermione no se sintió celosa, al contrario, se alegró que Philip le enseñara a su hija.
Hermione se sentía satisfecha con los resultados de su trabajo. Sentía cierta paz, al saber que ya no había mucha gente muriéndose de hambre. Que ya no hubiera demasiados heridos, y pocas medicinas. El proceso fue largo y agotador, pero valió la pena. Solo le pedía a los cielos que cada cosecha, no saliera el nombre de Gale, ya que sus tíos se les partirían el corazón.
Toda su paz se derrumbó en el momento que le llegó la triste noticia.
Estaba en la escuela cuando a ella junto con Gale, Katniss y otras cinco niños fueron llamados a la oficina del director.
Sintió un dolor profundo cuando se enteró de lo sucedido. A los seis niños les notificaron que hubo una explosión subterránea, donde más de veinte hombres perdieron la vida. Entre esas veinte personas, Hermione conocía a dos de ellas, era su tío Hawthorne, y su mejor amigo el señor Everdeen. La familia se unió en el luto. Y es así como inicio la desagradable tormenta.
Hermione le fue a dar el pésame a la familia de su difunto amigo Philip. Conocía a la hija mayor Katniss de vista, pero no eran cercanas. Katniss era muy celosa de su padre, su comportamiento era normal. Así eran todas las niñas en celar a sus papás. Ahora, ver que Katniss era la nueva jefe de casa, le brindó todo su apoyo.
Esa mismo día se enteró que la explosión se llevó sus invernaderos que tenía cerca de la mina para pasar desapercibidos. Hubo falta de trabajo en lo que se dispersaba el gas toxico. La escasez de comida empezó. Y todos sus invernaderos fueron saqueados, dejando solo las plantas medicinales. Ella solo lo tomó como un comportamiento humano, en el que los humanos están sometidos hacer cualquier cosa con tal de sobrevivir y no morir de hambre, solo era cuestión de lógica y sentido común. A Hermione se le vino a la mente lo de la segunda guerra mundial.
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Hermione se adentró al bosque con Gale. Por primera vez iban los dos, sin la compañía de algún adulto. Hermione se adentró más al denso bosque hasta llegar en un arroyo, pusieron las trampas para cazar algún conejo o pato. Mientras ella se sumergía en el estanque que había rio abajo, para atrapar peces. Este lugar nunca había venido con Philip, ni con el padre de Gale. Después de lavar algunas frutas y vegetales, y destripar los peces se dirigieron a su hogar.
Hermione pasó por la casa del señor Everdeen a dejar un poco de su recolección. Gale estaba en contra, pero Hermione fue más persuasiva y controló el mal humor que se cargaba Gale.
Pasaron varias semanas, donde Hermione trataba de ayudar, pero no era suficiente para ella. Ese día se enteró que su tía Hazelle estaba embarazada. Tenía que alimentar una boca más y Gale tenía que pedir demasiadas teselas para que lograran sobrevivir. Su amigo Haymitch cayó en el alcoholismo de nuevo y era imposible pedirle ayuda.
El señor Cray había retirado su apoyo financiero, ya que había demasiada jovencitas en oficiar el trabajo más antiguo de todo los tiempos: prostituirse para ganarse ese dinero. Hermione se sentía mal al no poder ayudar más.
—Pero señor Cray, usted lo prometió —dijo con la voz estrangulada.
—Lo sé, pero prefiero faltar a mi palabra, y aprovechar esta enorme oportunidad. Sin rencores querida.
—Pero… —no pudo ocultar sus lágrimas. Nada estaba saliendo como debería, Hermione se fue corriendo hacia la zona comercial. Estaba sentada observando los locales como si fuera una turista.
Se sentó en la banqueta de la panadería. Estuvo un rato buscando posibles soluciones, hasta que la puerta se abrió. Salió el chico rubio con un semblante preocupado.
—Mmm —dijo incomodo, Hermione levantó la mirada para saber que quería el chico— ¿Dice mi padre si se te ofrece algo?
Ella negó, pareció meditar que palabras emplear para expresar su dolencia.
— ¿Ayudarías a los más necesitados sin pedir nada a cambio? —ella le preguntó al chico rubio.
—No, creo que no.
Hermione sonrió.
— ¿A pesar que se aprovecharon de tu buena voluntad?
El chico pareció analizarlo por varios segundos.
—Bueno, creo que por eso nadie del distrito ayuda demasiado como tú, tú lo haces de buen corazón. Porque el pago que recibes es el agradecimiento que llena tus pulmones y hace que sonrías demasiado, regalándonos a nosotros tu sonrisa llena de felicidad.
—Espero que tú también lo apliques, si esta en tus manos, por supuesto. —le dio una sonrisa sincera—. Gracias, y dale las gracias a tu padre. Nos vemos luego Peeta.
Ese día su vida cambió, se dio cuenta que no podía tapar el sol con un solo dedo. Que había días que no podía ayudar a los demás y que era tiempo de volver a madurar y despedirse de esas ganas de formar un mundo a sus ideales. Era tiempo de madurar y seguir adelante. El fracaso era solo un paso.
Su tía Hazelle cayó en cama, su embarazo se complicó y tenía que cuidarla a ella y a los niños. Gale todos los días iba al bosque en busca de algunas verduras y cazar algún conejo. No pasó mucho tiempo, cuando se enteró que Katniss se le había unido en la caza.
Hermione se dedicó a cuidar la casa y hacer más medicinas caseras, ungüentos y menjurjes para el resfriado o dolencia.
Cuando nació la única hija de la familia Hawthorne, procuró cuidarla y cuidar a sus primos revoltosos. Hazelle aún estaba en cuarentena y posiblemente recuperándose de un parto difícil que le rasgó la matriz. Esos años pasaron volando. Hermione había logrado recuperar unos de sus invernaderos. Cada temporada de fresas, enviaba una canastita a la casa de justicia. Su compañera Madge le encantaba y era un cliente antiguo. Cuando Hermione no podía proveerle, lo hacía Katniss.
Hermione seguía con su pelo espeso, sin duda su cuerpo era un poco más voluptuoso y estilizado. Llegó a pensar que era por la falta de comida, o el simple hecho que el cambio de "ambiente" perjudicó en su cuerpo. Sin mencionar que cuando pasaba por los pasillos de la escuela obtenía chiflidos o suspiros indeseados. Lo bueno era que tenía a su primo Gale para cuidarla de la testosterona masculina.
Fue en los juegos septuagésimo tercero, que ocurre algo inesperado. Era el día de la cosecha, y quien sale elegida entre la multitud, era ni más ni menos que Katniss Everdeen. A pesar que fingió indiferencia se estremeció al escuchar a la pequeña Primrose gritar, y llorar que regresara.
Su primo Gale fue el que detuvo a la pequeña Primrose. Ella quería ofrecerse como voluntaria, pero Gale negó, le dijo que Katniss sabía como defenderse. Después de finalizar el himno, fueron guiados por los agentes de la paz hacia el edificio de la justicia. Hermione acompañó a Gale hacia el edificio de justicia. En el camino ella vio como Haymitch iba caminando desorientado. En un impulso de valentía suicida, se dirigió hasta donde estaba su amigo.
—Haymitch, Haymitch ¿me estas escuchando?
Haymitch con la cabeza atolondrada la enfocó.
— ¡Vaya! Pero si es mi pequeña voz de la razón. ¿Vienes a decirme de nuevo que trate de ayudar a los nuevos tributos? ¿Regañarme por no estar sobrio? ¿En reclamarme por no querer ayudar al prójimo?
Hermione se sonrojó, parecía que Haymitch jamás olvidaba los rencores pasados.
—Solo ayuda a estos tributos, son importantes para mí. Por favor.
Ya no pudo decir más, ya que uno de los agentes de la paz llamado Darius la obligó a retirarse. Cuando iba caminando hacia la salida, Gale la detiene.
—Katniss quiere hablar contigo. Rápido —ordenó todo tenso.
Ella asiente y guiada por otro agente de la paz. Llega a una sala enorme y lujosa, los agentes de la paz que están resguardando el lugar, abren la puerta. Ella entra un poco nerviosa y se encuentra con una niña casi de su misma edad toda nerviosa.
—Hola —saluda a Katniss.
—Hermione, necesito pedirte disculpas, necesito que prometas algo. ¿Estamos?
La voz de Katniss estaba lleno de ansiedad y reprimiendo las ganas de ponerse a llorar.
—Claro.
—Prométeme que cuidaras de mi hermana pequeña, prométemelo, confió en Gale, pero sé que eras muy buena amiga de mi padre y que su muerte también te dolió. ¡Prométemelo! —pidió.
Hermione asintió, se lanzó a los brazos de Katniss y empezó a llorar. Katniss se aparecía tanto a Philip.
—Lo prometo, cuidare de tu hermana y de tu madre. Lamento no poder ayudarte más, lamento en evitarte en la escuela y en el bosque. Pero tú hacías que recordara tanto a tu papá. Lo siento.
Las puertas se abrieron y las últimas palabras de Katniss eran:
— ¡Cuídalas por favor, cuídalas!
