La solución al problema
Música, risas y discusiones con fuertes voces, era lo que reinaba en aquella taberna. Las jarras de vino iban y venían embriagando a los parroquianos que disfrutaban de las lindas camareras que se desvivían por atenderlos. Ahí se encontraba Thor junto a sus grandes amigos: Fandral, Hogun y Volstagg, que reían y se burlaban a costa de cualquiera que se les pusiera a la vista.
— ¿Supieron la nueva? —Espetó Fandral mientras tomaba su copa descuidadamente- El imbécil de Býleistr se casa con Lady Heid la próxima luna.
— ¿Estás seguro? —cuestiono Hogun con un deje de preocupación impregnado en su voz. Al parecer, la alianza con Asgard le había dado a Jötunheim la idea de hacerlo también con otros reinos. Pero no era esa la razón de su preocupación.
Durante la época de guerra la reina Gullveig había sido una guerrera terriblemente implacable que. Cuando por fin el ejército Aesir logró capturarla, fue asesinada cruelmente. Por órdenes del comandante en jefe, su cuerpo fue bañado en brea, muriendo al ser calcinada en carne viva delante de todos sus súbditos.
Su hija Heid juró hacer pagar a los Aesir el dolor de ver morir a su madre delante de sus ojos y prometió que tarde o temprano cobraría venganza; pero en ese entonces nadie le prestó atención al tratarse tan solo de una niña. Sin embargo los años pasaron y ahora Lady Heid era la siguiente en la línea de sucesión al trono, luego de su abuelo Frey, y no había olvidado su promesa. El que fuera a desposarse con Býleistr de Jötunheim no auguraba nada bueno
—Sí, mi padre me habló algo de eso —respondió el joven príncipe, mientras miraba coqueto el trasero de una de las bellas meseras.
—Nunca creí que fuera de esos gustos tan exóticos —rio Volstagg causando las carcajadas de dos de sus amigos
— ¿Cómo es posible que bromeen con algo tan delicado? —expresó Hogun visiblemente molesto—. ¿Es que no entienden la gravedad de esto? ¿Todo lo que puede significar?
— ¿Qué tiene de delicado una boda, Hogun? No seas ridículo y bájale a tu histeria.
—Parece que ya olvidaron la última voluntad del rey Laufey —les espetó indignado por la falta de seriedad de sus compinches—. Solo ocupará el trono de Jötunheim, aquel de sus hijos que le dé a la casa Gastropnir un heredero.
—En eso te equivocas mi querido Hogun —lo interrumpió Fandral—, quien ocupará el trono será su primer nieto.
— ¡Que para el caso es lo mismo! ¿Acaso crees que un recién nacido va a poder gobernar? Será el padre de esta criatura quien ocupe la regencia mientras alcanza la mayoría de edad. Eso es precisamente lo que está buscando Býleistr ¡¿Qué no lo ven?! Ese infeliz busca asirse con el trono de Jötunheim al desposarse con la princesa de Vanaheim.
—Bueno, es bien sabido que las mujeres de Vanaheim son altamente fértiles —agregó Volstagg mientras engullía un pedazo de jabalí—. Si alguien le va a dar nietos pronto al viejo Laufey esa será una bella vanir y no un ergi jötnar —agregó haciendo clara referencia a la aparente esterilidad del príncipe consorte de Asgard.
—En todo caso ¿Eso en que te afecta? —rio Fandral.
— ¡Nos afecta! Esto tiene repercusiones que nos alcanzaran a todos. Ustedes más que nadie saben lo que costó esta paz que ahora vivimos y, si ese infeliz asciende al trono, vamos a tener que olvidarnos de ella. Les aseguro, que lo primero que hará siendo monarca, será declararle la guerra a Asgard, con Vanaheim respaldándolo.
—Creo que estás haciendo una tormenta en un vaso de agua mi querido amigo ¿Quién te dice a ti que el buen Balder no ha cumplido ya con su tarea y, en este momento, no tenga preñado ya al bello principito de Jötunheim?
Los presentes se miraron unos a otros sin atreverse a poner en palabras lo que todos pensaban.
Era un secreto a voces entre los miembros de la corte que, luego del escándalo que Balder armara en el lecho nupcial, en el cual habían intervenido hasta los del consejo para convencerlo de que consumara el matrimonio, este no había vuelto a tocar a su consorte.
Y no era debido a que fuera azul, ya que para asombro de todo Asgard, Loki había demostrado ser poseedor de una magia asombrosa que lo dotaba de innumerables virtudes, entre ellas, el poder cambiar de apariencia a voluntad. Delante de todo el consejo, los reyes de Asgard, su cuñado y su esposo, Loki se transformó en un chico de piel pálida y tersa, borrando así los tatuajes ancestrales que surcaban su cuerpo.
Tampoco fue debido a su apariencia física, porque a diferencia de los demás gigantes de hielo, que se caracterizaban por ser toscos y poco agraciados, el jötnar poseía unos rasgos afilados y armoniosos que lo dotaban de un atractivo muy singular.
No, era el hecho de que Loki fuera varón, algo que a Balder le desagradaba a tal grado que, para poder yacer con él y dar por valido el matrimonio, se tuvo que convencer a Loki de que se transformase en mujer; algo que por cierto hizo a regañadientes, pues era sumamente indignante.
—Está claro que ese matrimonio no tendrá descendencia —dijo Hogun, poniendo en palabras lo que todos pensaban—. Y, siendo Helblindi sacerdote de la Gran Diosa Nerthus, tiene prohibido casarse. El camino está servido para que Býleistr ocupe el trono.
—Pues no lo había visto desde ese punto —medito Fandral acariciando su fuerte barbilla—. Thor, es imperioso que incites a tu hermano a que cumpla con su deber y de un heredero que una a ambos reinos; porque si ese infeliz llega a ser rey podremos despedirnos de todo por lo que hemos sangrado.
Thor, que hasta ese momento no había dicho una sola palabra, se limitó a analizar las palabras dichas por sus amigos. Jamás creyó que algo tan burdo y común como un embarazo pudiera tener repercusión en la vida de tanta gente.
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"Por lo que más quieras Thor, azuza a tu hermano para que le siembre de una puta vez un crio al Jötnar ese".
No era la primera vez que Thor escuchaba frases como esa, ni entre sus amigos, ni entre sus compañeros de ejército. Al parecer la preocupación de Hogun se había propagado rápidamente entre las tropas.
Y no es que ellos le huyeran a un buen combate ¡Por las Nornas sagradas que no! Si había algo que interesara a los Aesir más que unas buenas curvas, era una gran batalla ¡Y vaya que los Jötunn daban batalla! No, el problema realmente feo consistía en la región que habían decidido ocupar: rodeado por ríos y mares helados y tempestuosos, repletos de gigantescas y voraces criaturas. Con tormentas de nieve en la cual te podías perder con solo parpadear. Bosques tan siniestros y cerrados que parecían hechos de acero por la forma en que cortaba la piel cuando lograbas atravesarlo, cuya sangre derramada por estos solo servía para atraer terribles depredadores como se había visto pocos en los nueve reinos. Y por si eso fuera poco, estaba el horrible clima que azotaba la región, con temperaturas de hasta menos ochenta y nueve grados.
Habían sido varias las excursiones que se hicieron a sus tierras con el fin de tomar la capital de Utgar y ganar la guerra, pero dado que esta se encontraba en el centro mismo de aquellos glaciares, aquella fue una tarea prácticamente imposible. Cualquier táctica de guerra aprendida a lo largo de años de entrenamientos y combates, no servía de nada contra el inminente frío que se cobraba más vidas incluso que los propios Jötunn; no era una experiencia que quisieran repetir. Y, como si Balder lo supiera, se había aplicado en la tarea de preñar a su consorte.
Fue entonces que descubrió que no iba a ser una labor sencilla.
El primer obstáculo al que se enfrento fue a la magia. Los Jötunn en su estado natural no necesitaban cambiar su aspecto para aparearse. El que Loki tuviera no solo que hacerlo sino, además, cambiar de sexo, no facilitaba mucho las cosas. Su cuerpo se llenaba tanto de magia que prácticamente impedía la procreación por el bien del niño. Así que, sí, Balder tuvo que tragarse sus escrúpulos y yacer con un hombre.
El segundo obstáculo era la temporada. Los Jötunn solo eran fértiles en una determinada época del año, los únicos cuatro meses de sol en Jötunheim. Así que tuvieron que esperar, pues no importaba cuanto calor hiciera en Asgard, la naturaleza no cambia solo porque cambies de residencia.
Pero la parte buena era que el "celo" del joven príncipe había comenzado un mes atrás, y desde entonces Balder yacía con él un día sí y otro también. Thor lo supo por los comentarios de las doncellas de alcoba al servicio de los príncipes, quienes les pedían a las Diosas por la llegada del nuevo heredero.
Así que entonces... ¿Por qué no encargaba?
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Frigga caminaba nerviosa por la elegante estancia en espera de que su buena amiga Eira terminara la revisión de Loki. Un mes entero habían pasado y la pareja no había logrado concebir. Y, dadas las nuevas condiciones, era de vital importancia que el pequeño zwitter cumpliera con sus obligaciones y diera un hijo que uniera a ambos reinos para siempre.
El enlace entre la heredera de Vanaheim y Býleistr se llevaría a cabo en poco tiempo, luego de eso, el embarazarla, le llevaría cuestión de nada al jötnar. Solo rogaba porque Heid no tuviera demasiada suerte con eso.
El ruido de la puerta al abrirse sacó de sus pensamientos a la dama, cuando su buena amiga apareció. Aunque por la expresión de su cara, imaginó que nada bueno saldría de esa platica.
— ¿Qué ocurre Erida? ¿Tan grave es?
—Siéntate amiga mía —dijo la sanadora, señalando el cómodo sillón blanco de piel de oso—. Frigga, lo que tengo que decirte no sé cómo lo puedas tomar.
— ¡Por todos los dioses Erida! ¡Habla ya! ¡¿Tan grave es?! ¡¿Qué tiene Loki?!
La reina vio como la gran sanadora parecida meditar la manera de soltarle la noticia y, con voz firme y clara, simplemente declaró:
—Nada.
—¿Nada?
—Así es, nada.
— ¡¿Cómo que nada?! —preguntó desconcertada levantándose del mullido sillón, encarando a la mujer. ¿Acaso había escuchado bien?
—Así de simple Frigga, nada. El joven príncipe consorte goza de una estupenda salud, no hay nada de manera física o biológica que impida la concepción. De hecho, su celo se está desarrollando con total normalidad. Es más, puedo asegurarte que no hay joven más fértil en este momento en Asgard.
— ¿Entonces porque no han podido procrear?
Por un momento Frigga llego a creer que todo ese asunto de la fecundidad en los Jötunn había sido una broma para tomarle el pelo a Asgard, un insulto o hasta una venganza. Al parecer, todo era producto de los nervios de la situación, todo estaba en orden con Loki.
—Me temo, amiga mía, que el problema puede ser el príncipe Balder. Pero, hasta que no se le haga una revisión, no puedo determinar bien las causas.
— ¡¿Balder?! —exclamó sorprendida. No, tenía que haber un error.
En toda la historia de Asgard, ningún varón había tenido un problema como ese. Conocía a damas que llegaban a presentarlo, pero eran, de cierta forma, repudiadas por la sociedad. No quería ni pensar en lo que eso podía significar en un hombre ¡Por Nerthus! Era el heredero de Asgard de quien hablaban, el futuro rey.
— ¡¿Sabes lo que esto puede significar?! ¡¿Qué le voy a decir a Odín?! ¡¿Cómo demonios quieres que haga para que Balder acepte tal revisión?! Eso sería un insulto a su virilidad.
—Primero que nada cálmate —sentenció la sanadora, tomando a su buena amiga de las manos y obligándola a sentarse—. En segundo, es necesario que el príncipe se haga la revisión porque, de otro modo, no podremos determinar las causas. Y en tercera, hasta no saber el porqué, tu marido no se tiene que enterar.
—Es fácil para ti decirlo —dijo regalándole una triste sonrisa.
Sin embargo, con todas las mañas y artilugios, Frigga logro manipular a su hijo para que fuera a hacerse la revisión, alegando que era un requisito de la milicia a la que él pertenecía. Sus miedos más grandes fueron materializados al descubrir que el heredero al trono padecía de oligospermia.
— ¿Qué vamos hacer Erida? —dijo una llorosa reina, cubriendo su rostro con sus manos.
—Cálmate Frigga. Sé que es duro y más estando las cosas como están, pero debemos ser optimistas. La oligospermia de Balder no es tan severa y hay que tener esperanza de que, con un tratamiento, ambos príncipes logren concebir pronto, ya lo verás.
Frigga sabía qué ese tipo de tratamientos no siempre eran efectivos y, estando la situación en un punto donde una crisis podría desatarse en cualquier momento, no auguraba muchas esperanzas. No podía creer que la paz de los reinos dependiera del seno de un simple muchacho con el que, a pesar de todo, se había encariñado. Tenían que tomar cartas en el asunto y pronto, el tiempo se les venía encima. No tenía opción, debía comunicárselo al rey.
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Frigga se encontraba en uno de los pequeños salones que daban a los jardines de palacio. Le gustaba tomar su te de la tarde en aquel lugar, rodeada de las hermosas fragancias que sus rosas le regalaban. Aquello era en verdad relajante para la reina madre y, dado el problema que se le avecinaba, lo necesitaba.
Había comunicado a Padre de Todo la condición de su hijo, de esta manera, podía tomar las medidas necesarias para la inminente guerra que seguro surgiría. Se sentía frustrada y molesta. Nada de todo lo que se había hecho habido servido en absoluto, ni siquiera el sacrificio de Balder de unir su vida a alguien que no era de su agrado.
—Buenas tardes madre —irrumpió en sus pensamientos su pequeño Thor, dándole un amoroso beso en su frente.
—Hola mi cielo —dijo sonriendo tristemente. El rubio no pudo menos que darse cuenta la preocupación que su madre reflejaba en su rostro y se sentó a su lado.
—Te veo preocupada ¿Se trata del matrimonio de Býleistr y las repercusiones que este puede tener para el pueblo de Asgard? —le preguntó a quemarropa, después de todo, era algo que también a él quitaba el sueño—. ¿Ya hablaste con padre sobre esto? ¿Qué tienen pensado? —agregó ante el asentimiento de su madre.
—Thor… hijo… —dijo tomando sus manos—. Tengo algo muy importante y delicado que decirte. Y te pido, te suplico por todos los dioses, por el amor que me tienes, que no repitas a nadie esto que te voy a decir.
— ¿Qué sucede? —aquello empezó a inquietar al rubio, pocas veces su madre le pedía tal cosa.
—Tu hermano Balder es infértil —sentenció acongojada, como si con esas simples palabras sellara el ataúd que contenía la paz de los reinos.
—Debes estar bromeando —respondió el rubio alzando una de sus cejas. Al ver que su madre seguía con esa cara de seriedad, estalló en una estruendosa carcajada nerviosa.
Simplemente no podía creerlo, "Balder el perfecto" no servía para algo tan sencillo como dar hijos y con eso se los llevaria a todos entre las patas.
— ¡Thor! —le llamó la atención la reina, golpeando su hombro. Si esa era la reacción de su propio hermano ¿Qué podía esperar del pueblo?
Asgard era un reino conquistador, no producía ni cultivaba casi nada. Su hegemonía se basaba en un poderío militar apabullante. Desde pequeños, los niños aesir eran adiestrados en el arte del combate hasta volverlos fuertes y poderosos.
Como era de esperarse, ese tipo de entrenamiento no podía ser completado por cualquiera, por lo que los "ulfhednar", como eran llamados ese tipo de guerreros, contaban con gran prestigio y una posición social mucho más elevada que cualquier otra.
Este era pues uno de los principales motivos por los que se exhortaba a las jóvenes doncellas a involucrarse con los guerreros más fuertes, consiguiendo, de esta manera, traer al mundo hijos sanos y saludables que estuvieran al servicio de su reino. Una persona infértil, simplemente no tenía cabida en su sociedad.
—Perdón madre —dijo Thor mientras trataba de calmarse, limpiando las lágrimas de risa que corrían por sus mejillas—. Pero es que me parece hilarante.
Por años había escuchado a su padre poner a Balder como ejemplo para todo. Aun siendo criados con los mismo valores y costumbres, ambos eran como el día y la noche. Mientras Balder era serio y formal, a Thor se le conocía por las juergas y peleas en las que a menudo se le veía envuelto.
"Deberías ser más como tu hermano" —solía reprenderlo constantemente su padre. Pero lo cierto era que no importaba cuanto se esforzara, él nunca sería tan bueno como Balder ante los ojos del rey.
Daria lo que fuera por estar presente y ver qué cara ponía su padre al saber que, su glorioso heredero, le había salido "defectuoso".
— ¿Entonces? —Le pregunto a su madre— ¿Qué piensan hacer? ¿Ya lo sabe el rey?
—Estoy perfectamente enterado —interrumpió la voz de Odín en la estancia.
Thor se levantó de un salto, como si lo hubiesen sorprendido en una travesura, apresurándose a hacer la respectiva inclinación.
—Mi amada Frigga —dijo llegando hasta donde su esposa se encontraba sentada, tomándole de la mano que esta le ofrecía y depositando un suave beso en sus nudillos.
— ¿Sucede algo? —inquirió la reina.
Llevaba muchos años de casada, sabía que esa actitud tan dulce solo significaba una cosa: estaba a punto de hacer algo que la iba a disgustar mucho.
Odín sonrió. Definitivamente no había nadie que lo conociera mejor que ella.
—Me gustaría unas palabras con mi hijo, si no es molestia para ambos.
—Y supongo que querrás hacerlo a solas.
—Hay cosas sobre mi gobierno que preferiría mantener al margen de tu moral —fue toda su respuesta.
Y eso bastó para la reina, quien, con gesto severo, se levantó elegantemente despidiéndose con un cariñoso beso de ambos hombres, luego se retiró.
Por unos minutos padre e hijo permanecieron en absoluto silencio, ambos sabían de qué trataría esa conversación. Al final, fue Odín quien decidió romperlo.
—Me parece que tu madre te ha puesto al tanto de la situación –Thor simplemente inclino la cabeza asintiendo, eso le basto al rey para continuar —. Creo que no hace falta explicarte lo que pasara cuando Býleistr se haga con trono de Jötunheim, las repercusiones que eso traería a los nueve reinos —el ojo azul de su padre se clavó en los suyos con intensidad, permitiéndole a Thor intuir, que la resolución a la que había llegado el rey, no le iba a gustar para nada—. Es tu deber, como príncipe de Asgard, el brindarle a tu hermano la ayuda que requiera.
— ¿La ayuda? —preguntó inseguro ¿Qué clase de ayuda le estaba solicitando para hacerlo con ese tono de voz tan lúgubre?
—Es vital que el matrimonio de Balder y Loki de un heredero que una a los reinos. Y, estando incapacitado tu hermano para hacerlo, es tu obligación ocupar su puesto.
— ¡¿En su propio lecho?! —Exclamó perplejo— ¡¿Acaso ha perdido la razón padre?! ¡¿Cómo se le puede ocurrir tal cosa?!
—Me doy perfecta cuenta que, tal vez, en esta ocasión te estoy exigiendo demasiado…
— ¡Demasiado es poco!
—Aun así, como príncipe de Asgard es tu deber anteponer las necesidades del reino antes que las propias.
— ¡Por favor! —dijo con sarcasmo. Siempre que su padre ordenaba algo que iba en contra todos los principios inculcados, salía con ese discurso y a Thor no le quedaba más que obedecer—. Además ¿Cómo pretende que haga que el consorte de mi hermano y logre romper sus votos de fidelidad? ¿Acaso quiere que lo enamore?
—No tenemos tiempo para eso. Existen pócimas que pueden ayudar con ese propósito.
— ¡¿Pretende que lo viole?! —Eso sí era demasiado.
—De ninguna manera. Lo que pretendo, es hacer pasar a la criatura por hijo de tu hermano. Nadie tiene porque enterarse.
— ¿Por qué yo? —Exclamó más como un lamento que como una pregunta en sí.
—Según tu madre, tanto Loki como tú son aptos para procrear.
— ¡¿Mi madre está al tanto de esto?! —Aquello en verdad lo sorprendió. No podía imaginar a su madre estar de acuerdo con semejante locura.
—No, solo está al tanto de la condición de tu hermano y espero que entiendas porque esto debe quedar entre nosotros.
—Por supuesto –gruñó indignado.
—Lo he pensado detenidamente y es la única solución —dijo el rey tajantemente—. Tu hijo será el heredero al trono de Asgard y Jötunheim, quien traerá la paz y la prosperidad a los nueve reinos, y tu deberás sentirte orgulloso de eso.
