El enlace anunciado

Era increíble que aun después de diez años apenas si había intercambiado un par de palabras con su cuñado. Tal vez porque, ante sus ojos o los de cualquiera, era un chico extraño. Prefería los libros en lugar de las armas, solía hablar con los arboles como si estos le pudieran contestar y rara vez entablaba conversación con alguien que no fuera la reina Frigga.

Tal vez era que no lo veían como a un hombre, pues un varón que se dejaba joder por otro raramente podía llamársele así. Sin embargo, tampoco era una mujer, ya que tenía verga en lugar de coño. Más bien lo veían como al bicho raro que había adquirido Asgard, una excentricidad, algo exótico. Pero nunca un igual.

Tal vez era eso lo que hacía sentir a Thor tan incómodo estando a lado de su cuñado. El estar con un total desconocido al que apenas hacia unas horas se había jodido. Aunque también la incertidumbre de saber que tanto recordaba el pelinegro, le carcomía las entrañas.

¿Que sucedía si, por ejemplo, la poción no hubiera surtido efecto? Que por algún motivo, hubiera dado mal la indicación y él lo recordara absolutamente todo ¿Esperaría hasta estar nuevamente en Asgard para reclamarle, o aprovecharía que se encontraba junto a su familia para exponerlo frente a los nueve reinos? Esa situación lo tenía con los pelos de punta.

En esto y mucho más pensaba Thor, mientras esperaba que Loki saliera de su dormitorio para asistir a la ceremonia que se llevaría a cabo en corto tiempo. Se sentía ansioso, no sabía cómo actuar frente a él y eso lo enfurecía. Pero debía asirse al temple que sus años de arduo entrenamiento le habían dejado, e interpretar su papel como príncipe de Asgard.

Pocas veces Thor solía actuar como el príncipe que era. Desde muy pequeño su madre lo instruyo en todo lo referente a protocolo y etiqueta, todo cuanto se esperaba de él en una reunión de tanta magnitud. Y Thor, obediente, había aprendido lo referente a ese tema, hasta manejarse con total naturalidad y porte conforme su estatus lo requería. Sin embargo, eran pocas las veces que tenía que actuar como tal. Una vez que entro a la academia militar, dejo de ser el príncipe de Asgard para pasar a ser un soldado, un guerrero ulfhednar. Se sentía mucho más cómodo entre sus camaradas, haciendo bromas que para la realeza parecerían de mal gusto y bebiendo directamente de una gran pipa de cerveza; alrededor de una fogata, mientras se contaban historias heroicas de antiguas batallas. Era más feliz así, más natural, mucho más honesto. La verdad nunca supo cómo manejarse bien entre la vida de la corte, siempre le pareció demasiado hipócrita y pretenciosa, mientras que en el ejército cada uno valía por lo que era y nada más.

Pero desgraciadamente era el príncipe de Asgard y aquella misión no consistía en blandir su martillo con todas sus fuerzas invocando al trueno, aunque igualmente lo llevaba atado al cinturón de su traje de gala. Portaba una armadura, finamente confeccionada por los mejores herreros, con los emblemas de la corona de Asgard sobre el pecho y decorado con rubíes y diamantes; muy poco funcional si de una batalla se tratase, pero muy impresionante en eventos como ese.

Entonces, las puertas se abrieron dando paso al príncipe consorte de Asgard.

Thor no pudo dejar de aceptar que se veía bastante bien, muy diferente a lo que habitualmente vestía. Había abandonado su tradicional túnica verde, para portar un atuendo en color negro. No era el ropaje tradicional de Asgard, que consistía en una armadura militar de gala como la que él usaba, pues Loki no había pertenecido a la milicia ni siquiera en Jötunheim. Sin embargo, las costureras de su madre se las habían ingeniado para darle un aspecto muy similar a la coraza de un dragón, con incrustaciones de láminas hechas en oro blanco, símbolo de su ascendencia Jötunn, pero portando una pechera donde resaltaba elegantemente el escudo de la casa real a la que ahora pertenecía.

Llevaba el pelo suelto, con algunas trenzas al estilo de Asgard, pero adornado con oro como en su país natal; donde iban, en mayor parte, desnudos, pero ricamente ataviados con joyería de este metal. La forma en que iba peinado hacia atrás hacia ver su anguloso rostro más delicado y atractivo, sus verdes ojos resaltaban como un par de hermosas esmeraldas.

—Thor —saludó el pelinegro.

—Loki —correspondió el rubio con la debida reverencia. El pelinegro no hacía más que retorcerse las manos con nerviosismo—. ¿Preparado? —le preguntó .Loki suspiro dejando salir su ansiedad para luego obsequiarle una sonrisa encantadora.

—Por supuesto —le contestó más compuesto—. Encaminémonos a esta pantomima real —le soltó con un cinismo del que no lo creía capaz, para luego dirigirse, escoltado por sus leales guerreros, hacia los jardines donde se llevarían a cabo las nupcias.

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Lo primero que enamoró a Loki en su llegada a Asgard fueron los exuberantes jardines del palacio, cuidados y cultivados para agradar a los ojos de la reina madre. En ellos toda clase de hermosas plantas con brillantes flores tenían su hogar. La fragancia que despedían y que el viento arrastraba aromatizando las estancias del palacio, era exquisita. Sin embargo, al llegar a los jardines sagrados se quedó perplejo, jamás se imaginó que pudiera existir un lugar con tanta belleza. Acostumbrado a la helada tundra de su hogar, aquella fuente inagotable de vegetación parecía sacada de un sueño. Si bien había leído sobre la diversidad de la fauna y flora oriunda de Vanaheim, su imaginación se quedó corta ante lo que se presentaba ante sus ojos.

La ceremonia se llevaría a cabo bajo la sombra del enorme árbol sagrado de los vanir. Tan grande, que su copa se perdía entre las nubes y tan ancho, que cincuenta hombres tomados de la mano apenas alcanzaban para rodearlo. Entre sus hojas habitaban una serie de insectos de colores vistosos, parecidos en su hermosura a las mariposas de Manaheim; mientras el trinar de las aves llenaba el ambiente con su dulce melodía.

A los pies, entre las raíces, se encontraba un altar y frente a este, ataviado con el traje nupcial tradicional de Jötunheim, se hallaba su hermano. Vestía un atuendo a base de placas de oro y un quitón de piel, pero, para esta ocasión, se había sustituido la pesada capa de felpuda piel de lobo Vargr, por una vaporosa confeccionada en seda que se mecía con el viento.

Frente a él, en semicírculo, se situaron los asientos donde la realeza y los dignatarios serian testigos de tan magnánimo evento. A su izquierda, Loki pudo ver a los príncipes elfos, vestidos con sus etéreas túnicas plateadas y tiaras de cristal coronando sus albos cabellos. A una distancia prudente, su contraparte, los elfos oscuros también hacían acto de presencia y entre ellos, los señores enanos lucían sus largas barbas acicaladas y sus hachas ceremoniales.

Loki se colocó en el lugar que le correspondía como consorte de Asgard, a un costado de los miembros de la familia real de Jötunheim, a los cuales no veía desde los funerales de su padre.

Su farmor lo saludó con un gélido beso en su frente que tal vez para los demás parecería algo impersonal, pero para ellos era un gran gesto de ternura y cariño, el único que se tenían permitido mostrar en público. Mientras que su hermano mayor, Helblindi, le otorgó las bendiciones de la diosa Nerthus para su futuro. Thor se situó a su diestra en representación de su marido y como único miembro de la familia real de Asgard y, más allá, los gigantes de muspell y los nómadas Norn conversaban animadamente con la nobleza de Manaheim.

Las trompetas sonaron dando paso al cortejo nupcial. La princesa Heid encabezaba la comitiva del brazo de su abuelo, el rey, y siendo escoltada por la familia real de Vanaheim.

La belleza de la princesa Heid era deslumbrante, una joya entre las maravillas de aquel país. Lucía un hermoso atuendo elaborado en finas telas de hilos de oro, mostrando sus bellos atributos más de lo que los cubría. El faldón era una serie de gajos de tela semitransparente, prensados de un cinturón de oro trenzado. Una gargantilla de fina filigrana en el mismo material, sostenía un corpiño bordado con pedrería de cristal.

El rey de Vanaheim llego hasta el altar, entregando la mano de la princesa a su futuro esposo, quien le sacaba al menos cuerpo y medio de estatura. El rostro de la chica lucía una expresión de fría indiferencia, como si se tratase todo de un simple trámite, y en cierta forma lo era. Loki sabía que esta no era más que la llave a una alianza que traería desgracias sobre los nueve reinos.

Su hermano en cambio tenía una mirada desafiante clavada en Thor. Y es que el rencor de Býleistr hacia Asgard era tan grande, que incluso llegó a tacharlo a él de traidor solo por haber sido obligado a desposarse con Balder, como si hubiese tenido opción. Aun le sorprendía el haber sido invitado a la boda. La última vez que se habían visto le había dicho que prefería verlo muerto que siendo la puta de Asgard.

Aquello nunca fue motivo de preocupación para Loki. Técnicamente, su hermano y el eran completos desconocidos.

Cuando un jötnar cumplía los seis años, se realizaba una ceremonia donde la Diosa revelaba si había sido elegido para ser un farmor. Si resultaba serlo, eran separados de su familia y llevados al templo de Nerthus, donde eran criados y educados en el conocimiento de las antiguas enseñanzas. Podían ser visitados únicamente por su propio farmor una vez al mes y se les permitía salir solo en una ocasión al año, para gozar junto con su familia de las festividades de Disablót. Así que podría decirse que solo había visto a Býleistr contadas veces en su vida, mientras que, con Helblindi, había convivido una mayor cantidad de tiempo, cuando este había llegado a dedicarle su servicio a la diosa.

Justo en ese momento se dio por concluida la ceremonia, arrancando aplausos de los presentes y extrayendo a Loki de sus pensamientos, solo para presenciar como oficialmente quedaban unidos Býleistr de Jötunheim y Heid de Vanaheim. Estos lo celebraron con un particular beso carente de todo sentimiento parecido al amor, algo que le recordó el suyo compartido con Balder.

Posteriormente se dio paso al banquete en los jardines del palacio.

Describir aquella celebración como opulenta seria quedarse cortos, pues había abundancia de todo tipo. Flores y música alegraban el lugar, mientras la comida y bebida no dejaba de circular entre los comensales. Se inició con una entrada de aperitivos provenientes del mar, para continuar con un Confit de pato con peras y, posteriormente, seguir con un bife de Langosta al vapor con mantequilla, acompañada de espárragos con vinagreta de mostaza, un filete mignon con salsa sernesa con guarnición de papas duquesa y, para terminar, profiteroles bañados con salsa de chocolate. Todo esto acompañado del mejor vino que se haya podido probar.

—No comas mucho o cuando llegue la comida ya no tendrás hambre —le recomendó el rubio, tras un guiño de ojo.

—¿Qué esta no es la comida? —preguntó confundido.

—¡Que va! Esto es solo la entrada. Lo mejor está por venir.

Y es que en un reino tan bendecido por los Dioses como el reino Vanir, la opulencia era el pan de cada día. Los excesos eran la forma en que los habitantes se congraciaban con los dioses y escatimar en gastos era considerado un insulto.

Luego de que los juglares terminaran con la armoniosa melodía que en ese momento interpretaban, el sonar de los tambores inundo el lugar. Dos hileras serpenteantes de danzantes tomaron la pista amenizando la celebración. Sus cuerpos semidesnudos brillaban a la luz del sol debido a los aceites aromáticos con que fueron cubiertos, mientras se contoneaban unos con otros en eróticas danzas que simulaban el acto sexual.

La mirada de Thor fue atraída hacia las parejas masculinas. Mientras que en Asgard aquello era un tema tabú, ahí, en Vanaheim, era de lo más natural. La forma en que sus cuerpos se restregaban, las aparentes caricias, la sensualidad que despedían y las expresiones de intenso placer plasmadas en sus rostros, lo hicieron rememorar lo sucedido la noche anterior, en su cuerpo se había unido al del chico que se encontraba sentado elegantemente junto a él.

—Se por lo que estás pasando —escuchó la aterciopelada voz a su lado, sintiendo que se le salía el corazón.

—¿Co… cómo? —tartamudeó nervioso como nunca antes había estado. ¿Acaso era tan evidente o es que tenía la habilidad de leer los pensamientos? De ser así estaba jodido, porque no había hecho más que pensar en todo aquello desde que amaneció.

—El calor —fue su simple respuesta, al tiempo que le regalaba una tímida sonrisa—. Vanaheim es el reino más caluroso de los nueve… a excepción tal vez de Muspelheim; pero es entendible con todos los volcanes que posee.

Por un momento no supo de qué le estaba hablando, sus palabras parecían tan confusas a su parecer, eso debió reflejarse en su rostro pues Loki agregó:

—Estas sudando.

—Si —contestó de manera autómata, hasta que cayó en la cuenta de que, efectivamente, estaba bañado en sudor.

—Entiendo porque mi hermano decidió realizar la boda en este reino y no en el nuestro, pero ¡Dioses! Porque no esperar al invierno —agregó mientras se abanicaba con una mano.

Thor entendió que él debía estar pasándola peor dada su naturaleza de hielo, además de toda esa cantidad de ropa que llevaba encima. Entonces la imagen de su cuerpo pálido y desnudo retorciéndose entre sus sabanas invadió su mente. El recuerdo tan real de sus excitantes gemidos le hizo sentir que ardía por dentro.

Carraspeó para aclararse la garganta, de pronto sintió la boca seca y bebió un sorbo de vino para humedecerla.

—¿Cómo va tu celo? —se atrevió a preguntar por fin. Tenía que saber si la poción había funcionado en su totalidad, le pareció un buen comienzo.

—¿Mi celo? —se extrañó el pelinegro. Era la primera vez que alguien le preguntaba algo como eso, a excepción de la reina por supuesto. Que fuera precisamente su cuñado quien lo hiciera lo incomodaba por alguna razón—. Bien… creo —fue toda su respuesta.

—Debe ser duro, ya sabes, pasar esta temporada sin tu pareja, no debe ser fácil.

—No sería la primera vez —soltó con un tinte de reproche, logrando con esto que su cuñado se incomodara también.

Loki lo entendía que su esposo lo encontrara desagradable para sus estándares. Toleraba que, en lugar de su lecho, visitara el de cuanta doncella se le ofreciera; aun cuando esto iba en contra de su misma naturaleza. A diferencia de los Aesir, los Jötnar escogían una pareja para toda la vida, y, en su cultura, aquello podrá ser tomado como una gran ofensa.

Pero Loki prefería hacia oídos sordos de todas aquellas críticas que lo culpaban por la ausencia del nuevo integrante de la familia real, de los rumores que le llegaban sobre nuevos bastardos de su esposo y de los insultos que lo llamaban Ergi o mula a sus espaldas

—Sé que lo sabes —dijo con una sonrisa que mostraba resignación ante su situación—. Sé que todo el mundo lo sabe: Que Balder nunca ha visitado mi lecho en una temporada de celo hasta este año y ambos sabemos por qué —agregó señalando a la pareja que se encontraba en la mesa principal.

-¿Y eso no te molesta? –inquirió Thor.

—Me he hecho a la idea —comentó al descuido—. Después de todo, ahora soy oficialmente un Aesir.

—¿Qué quieres decir con eso? —respingó molesto el rubio, aquello que había dicho parecía cercano a una ofensa.

—Digamos que ustedes tienen una forma de ser muy diferente a las nuestras.

—¡Por supuesto, ustedes yacen entre hombres! –exclamó a la defensiva.

—Bueno, a nosotros la naturaleza no nos proveyó de dos generos.

—Los proveyó de zwitters.

—¿Acaso mi naturaleza te incomoda príncipe Thor?

¿Lo hacía? Thor no estaba tan seguro. Aquella particularidad andrógina realmente lo confundía y no sabía cómo proceder.

—Simplemente no concibo la idea de que un hombre pueda dar a luz a un niño. Eso es todo.

—¿En verdad? Dime ¿Cómo te hiciste esta cicatriz? —le preguntó cambiando aparentemente de tema, algo que desconcertó ciertamente a Thor. Y más al sentir corrientes eléctricas correr por su piel cuando su tacto suave recorrió la longitud de una vieja herida en su brazo.

—Fue al enfrentarme a una bestia, estuvo a punto de arrancarme la extremidad —contó con orgullo, para un Aesir, cada cicatriz era una medalla al valor.

—Y supongo que un guerrero, como tú, debe tener muchas como estas cincelando su cuerpo.

—Por supuesto.

—Así que no comprendo cómo puede alguien tan fuerte y curtido en el dolor, dejar la tarea de dar a luz a un ser tan frágil como una mujer.

—Las mujeres de Asgard no tienen nada de frágil —refutó.

—Nosotros tampoco, no te confundas. El poder concebir vida en nuestro vientre no nos hace menos hombres.

Si, ciertamente aquel chico era diferente. Tenía una mente aguda y analítica, además de una lengua tan afilada como una espada y eso, en lugar de molestarlo, por alguna razón lo impresionó.

Como era de esperarse, la celebración se prolongó hasta altas horas de la noche, momento el cual los invitados perdieron por completo las formas y el protocolo debido al alcohol ingerido durante la jornada.

Los Vanir eran muy parecidos a los Aesir. Con estos compartían su tendencia a los excesos y al amor a la guerra. Aunque estos, valoraban más la vida y todo lo que esta conllevaba, motivo por el cual, la sexualidad era una parte importante en su cultura; solo que a diferencia de Asgard, cuyo acto era una forma de demostrar poder y contribuir al aumento del numeroso ejército, en Vanaheim lo hacían como una forma de honrar a sus dioses celebrando, así la vida y la prosperidad. Tal vez fue por eso que a ningún Vanir le pareció extraño que el consorte de Asgard haya sido un varón, como de hecho si pasó con otros reinos.

Para los Vanir la heterosexualidad no existía, encontrándose entre los invitados numerosas familias conformadas por parejas de ambos sexos. Sin embargo, los dioses solo le habían otorgado el don de dar vida a las mujeres y a los farmors, en el caso de Jötunheim, y esto último los maravillaba.

Y es que, una de las cosas que tenían en común con los Jötunn aparte de su amor y respeto por la naturaleza y los animales, era su hambre por el saber. Pero incluso en Vanaheim, que era famoso por su gran biblioteca, se desconocía completamente todo lo referente a los farmors. Era tal vez ese el motivo por el que Loki y Farbauti causaron un gran revuelo entre los asistentes; además, claro, de su exótico atractivo que no pasó desapercibido por ningún vanir para rabia de Thor.

Pero independientemente de su belleza estaba su vasto conocimiento, el cual parecía ser ilimitado. Había que recordar que, los Jötunn, fueron la primera raza nacida en Yggdrasil y bajo los muros de su biblioteca yacían resguardados tablillas que databan de la formación del reino, escritos de puño y letra de Ymir "el grande".

Así pues, Loki fue capaz de hablar con soltura con los elfos de astronomía, con los midgardianos de tecnología, con los enanos de arquitectura e incluso se dio el lujo de comentar sobre tácticas de guerra y armamento. En ese punto, Thor empezaba a entender que hacia ese niño en la biblioteca, ya que, desde su llegada a Asgard, esta se convirtió en su segundo hogar.

Quiso unirse a la plática queriendo presumir su conocimiento en cuanto a la milicia, después de todo, su pueblo era un guerreo nato y él, un general condecorado. Sin embargo nada tenía que hacer junto al conocimiento de Loki quien, sin proponérselo, lo había dejado en ridículo, demostrando así que, aunque los Aesir solían contar leyendas sobre el salvajismo de los Jötunn, solo se debía a la ignorancia sobre todo lo referente a su raza. En cambio los Jötunn creían que los Aesir solo eran una bola de barbaros peludos, cosa en la que parecían coincidir los demás reinos, arrancando risas de todos a costa del rubio.

Thor tuvo que tragarse el orgullo ante la burla de los demás reinos y, además, soportar con temple las miradas altaneras y maliciosas que le obsequiaba su cuñado. Parecía disfrutar con su humillación, demostrando su superioridad con esas sonrisas irónicas mientras se relamía de los labios los residuos de vino venir. Entonces no pudo soportarlo más y se separó furioso del grupo con rumbo de sus camaradas militares.

Para él, los Aesir no eran los barbaros que su cuñado había dejado entrever, lo que sucedía es que su esperanza de vida era muy corta. Ya fuera muertos en batalla, en riñas o durante un parto, sus habitantes no solían superar los cuarenta años. De hecho, era muy raro ver ansíanos en su ciudad y eso se debía a dos circunstancias: o habían sido excelentes guerreros que ahora eran honrados o auténticos cobardes en cuyo caso se les repudiaba. Fuera de cualquier forma, la vida era demasiado corta para vivirla con las narices metidas en un libro ¿Para qué? Al momento de la verdad, no iba a ganarle a su enemigo con palabras. Era por eso que pasaban más de la mitad de su vida tratando de ser los mejores guerreros y el resto del tiempo… bueno la vida era para disfrutarse ¿Qué no?

Y con eso en la cabeza, Thor se marchó rumbo a los barriles de vino Vanir, un vino afrutado que no hacía ni cosquillas a los rudos paladares Asir, quienes estaban acostumbrados a bebidas mucho más fuertes. Así que, si necesitaba vaciar media bodega para sentir el dulce estupor del alcohol, pues qué remedio.

—¿Qué pasa mi amigo? —le palmeó Fandral al verlo tomar una jarra entera de un solo trago— ¿Algo que te moleste?

—El idiota de ese Jötnar —espetó malhumorado.

—¿Cuál de todos?

—¿Quién va a ser? ¡Mi cuñado! el grandísimo imbécil.

—Bueno, eso sí que es una novedad —exclamó sorprendido. Era la primera vez que escuchaba a Thor hablar de él y más en esos términos—. ¿Qué fue lo que paso?

—Nada, simplemente existir. —Se volvió hacia donde Loki se encontraba conversando amenamente con un elfo oscuro, riéndose y pavoneándose con altivez, haciendo sus tripas retorcerse de rabia.

—Parece que ese elfito ya le hecho el ojo a su alteza —comentó su amigo como si nada, mirando en la misma dirección que Thor—. Según he oído, no es el único. Escuche por ahí que el ministro de Svalbard, piensa invitarlo a que lo acompañe en la cacería de mañana, si sabes a lo que me refiero.

—¡Imposible! —Exclamó furioso—. Él es el príncipe consorte de Asgard y la pareja de mi hermano. Tal vez él no esté presente pero para eso estoy yo, para velar sus intereses y hacerlo respetar.

—¡Tranquilo! Yo solo te cuento lo que se rumora. —Retrocedió con las manos arriba en señal de rendición. Le desconcertaba la forma en que su amigo estaba reaccionando, demasiado arrebatado para las costumbres del lugar—. Te recuerdo que, para ellos, revolcarse con otros es como comer y dormir, no importa si están casados o no. Ven el sexo como una necesidad que hay que saciar y a los esposos no les molesta si sus parejas una noche se les antoja pato en lugar de antílope, no es algo que los Vanir vean con malos ojos.

—¡Me importa un carajo como lo vean los vanir! ¡Es el consorte de Asgard!

—Pues si te vas a poner frenético cada que alguien le vea el culo a tu cuñado, ya podémonos ir preparando las armas.

Thor simplemente gruñó, mientras le daba un largo trago a su cerveza.

Era verdad, si había una sociedad más promiscua que los Asir era los Vanir; algo que escandalizaba terriblemente a los elfos y desconcertaba a los Jötunn, cuya pareja era para toda la vida. Esto le trajo a la mente las palabras que su cuñado dijera hacia poco:

"Nosotros vemos el sexo como un acto de amor, en ese sentido creo que no somos tan primitivos como ustedes".

La sangre de Thor hirvió una vez más al recordarlo ¿Cómo osaba llamarlos primitivos? Pues bien, él le iba a enseñar que tan primitivo podía llegar a ser él en una cama y cuanto amor le demostraría a su hermano abriendo las piernas para él.

Siguió bebiendo el resto de la noche, prestando apenas atención a lo que Fandral decía, hasta llegar a un punto en que se sintió realmente mareado; no podía creer que ese vino tan dulce lo hubiera embriagado tanto. Podía ver a Fandral mover los labios, diciendo algo que para él carecía de todo sentido, mientras sus ojos no se despegaban de la figura de Loki, acechándolo por donde quiera que fuera.

Se conducía con felinos y elegantes movimientos, desenvolviéndose con soltura y algo parecido a la coquetería. Reía de los chistes sin sentido de sus interlocutores y alagaba sus ocurrencias. No podía creer que no se diera cuenta de las lujuriosas miradas que le regalaban y de los "inocentes" roces que ejercían al descuido sobre su cuerpo. Aquella falta de respeto hacia la casa real a la que Loki representaba lo estaba enfureciendo. Más allá de la burla hacia su reino, más allá de los comentarios maliciosos hacia su raza, él era el esposo de su hermano y absolutamente nadie tenía derecho a verlo como si se tratara de un pedazo suculento de carne al cual follar. ¡Nadie! Él era el consorte real de Asgard y debía hacerse respetar.

Así que realmente rabioso y fuera de sí, decidió poner fin a esa burla.

Sin prestar atención a las palabras que su amigo le decía, se abrió paso entre la multitud plantándose frente a Loki, quien lo vio desafiante, con ese brillo de soberbia reflejado en sus ojos verdes que parecían provocarlo.

Thor se apoderó posesivamente de esos delgados labios, escuchándolo gemir mientras las manos del pelinegro trataban de empujarlo para poner distancia entre ambos. La lengua del rubio profanó la intimidad de su boca, al tiempo que tomaba sus caderas y lo pegaba más a su cuerpo haciéndole sentir su erección, una erección que se había vuelto permanente desde la noche anterior.

Cuando los pulmones le ardieron por la falta de aire, soltó sus labios solo para hundir su nariz en su cuello y aspirar la deliciosa fragancia de su piel. Mordió y chupó con furia la fineza de su piel hasta casi lastimarlo, arrancando de su boca un sensual jadeo que no hizo más que encenderlo por completo.

Con salvajismo, lo tomo del pelo y lo arrastró estampándolo bocabajo contra la mesa principal donde los novios se encontraban. Estos se paralizaron mientras de manera violenta desgarraba las finas prendas del jötnar.

-¡¿Pero qué demonios…?! –exclamaron los ahí presentes.

Loki se resistía tratando de liberarse de su atacante, pero por más que lo intentaba no podía frenar los avances de su agresor. El rubio lo torturó penetrando profundamente con sus dedos la intimidad de su presa, empujando tan adentro que un gemido agónico emergió de su boca, mientras una marea de murmullos indignados fue creciendo en intensidad. Pero para Thor nada de eso parecía tener importancia.

Sin sacar los dedos de su interior ni siquiera para desatarse el pantalón, el rubio agarró su miembro y lo acomodó entre las piernas de su cuñado, moviéndose entre sus muslos simulando la penetración, torturando el perineo del chico de tal forma que ahora comenzaba a gemir.

-¡Basta! –Escuchó que alguien decía, -¿Pero que preten…?

Y sin que nadie se lo esperara, en un rápido movimiento saco sus dedos y, tomándolo por las caderas, se hundió violentamente en su interior haciéndolo gritar.

Podía sentir como cada milímetro de su carne caliente abría de manera bestial aquel apretado culo, haciendo sentir su miembro grande y duro como el hierro. Se quedó dentro sin moverse mientras mordía la tierna piel de su nuca. Podía oírlo jadear y respirar aceleradamente bajo él, mientras que sus caderas empezaban a tener vida propia moviéndose lentamente.

—¿Quieres más verdad ergi? ¿Quieres que te folle? —le dijo en un susurro cerca de su oído.

El chico mordía sus labios negándose a contestar, negándose a suplicar, mientras notaba como su natural lubricación mojaba ya el miembro de su invasor.

Bajo su mano por delante apresando el hinchado pene, percibiendo la necesidad del pelinegro de ser follado por él.

—Pídemelo Loki. Suplícale al salvaje de tu cuñado que te folle. ¡Anda hazlo!

—¡Fóllame Thor, por favor, fóllame hasta que no puedas más! —gritó ya sin que le importara que los presentes lo escucharan rogar.

Un gemido ronco salió de su garganta cuando lo oyó suplicar y empezó a moverse brutalmente aferrándose a sus caderas, entrando y saliendo completamente, dilatando así la estrechez de su ano que goteaba de excitación.

—Estas chorreando pequeño ergi… voy hacer que te corras como el skide que eres.

Loki jadeaba casi al borde de perder el sentido, cuando un poderoso orgasmo lo golpeo. Pero Thor siguió penetrándolo con rabia, encadenándole con esto un nuevo orgasmo, dejando al chico completamente lánguido como si de un muñeco de trapo se tratara.

El rubio salió de su interior y jalándolo del cabello lo hinco frente a él para que un potente chorro de su semiente se estrellara en su cara.

—Thor ¿Te encuentras bien? —la voz de Fandral lo sacó abruptamente de su fantasía, volviéndolo a la realidad de esa bulliciosa celebración, una donde Loki seguía sonriendo ahora con otros embajadores.

—Disculpa pero me siento un poco indispuesto —dijo levantándose trabajosamente. Al parecer aquel alcohol le había pegado más de lo que imagino—. Sera mejor que me retire ¿Te molestaría escoltar a Loki a sus habitaciones?

—No hay problema —le contestó confundido el guerrero. El cambio de actitud de su querido amigo era notorio.

—Gracias —balbuceó dirigiéndose a la salida, tratando de disimular trabajosamente su erección.

Como pudo llegó a sus aposentos, dejándose caer pesadamente en uno de los divanes y respirando agitadamente. Necesitaba tranquilizarse cuanto antes o perdería la cabeza. Se levantó para tomar una garrafa de Veig que había traído consigo desde Asgard, dándole un gran trago directamente de la botella.

Definitivamente ya estaba demente ¿Cómo había podido fantasear con su cuñado en medio de los esponsales de Vanaheim? ¡A él ni siquiera le gustaban los hombres! Pero el solo tenerlo cerca lo enardecía.

Por alguna razón, aquella experiencia compartida con él lo había trastornado por completo. Porque era precisamente eso lo que le ocasionaba el pelinegro cada que su cuerpo rozaba accidentalmente al suyo. Se estaba volviendo una enfermedad que lo estaba carcomiendo por dentro, metiéndose en su mente y enardeciendo su sangre al grado de no existir ningún otro pensamiento más que no fuera tomarlo.

¿Cómo demonios se había metido en este lio? ¿Por qué no dejo que Balder se encargara del problema?

Podría muy bien haber vivido el tiempo que le restase de vida tranquilamente, siendo indiferente a ese maldito chiquillo. En cambio ahora, vivía en una agonía constante, sintiendo la necesidad de estar al pendiente de todos sus movimientos, contando las horas para que llegara la noche y poder adentrarse nuevamente en el calor de ese joven cuerpo que lo había embrujado.

Era inútil, por más esfuerzos que hacía, no podía contener ni un segundo más el torrencial deseo que amenazaba con inundarlo. Estaba cansado de luchar todo el maldito día contra él mismo, tratando de evitar abrirles la puerta completamente a los demonios que ese maldito jötnar había despertado dentro de él y que le estaba trastornando la vida.

¡Por Tyr que ya no podía más! y que Balder y Asgard lo perdonaran, pero no estaba dispuesto a detenerse.