El deseo mas grande

Helblindi cruzó las amplias puertas que daban al hermoso baño donde Loki se encontraba.

—Sera mejor que salgas de la tina o te saldrán escamas —dijo llegando hasta él.

Había ido a buscarlo para conversar un rato, eran pocas las ocasiones en que podían darse aquel lujo debido a sus respectivas obligaciones. Pero cada que llamaba a la puerta, su dama lo excusaba diciéndole que estaba tomando un baño. ¿O Loki se negaba a verlo o estaba en proceso de convertirse en sirena? …cuando aquella vez decidiera pasar de largo y llegar hasta su hermano, se dio cuenta que tal vez fuera la segunda.

—¡Helblindi! —lo saludó Loki sacando apenas la cerúlea cabeza de las profundas y heladas aguas de su lujosa bañera.

—¡¿Has pasado todo el día metido en la tina?! —le preguntó incrédulo.

—¡No tengo opción! —se quejó el pequeño jötunn hundiéndose una vez más —. Entre el celo y este maldito clima, siento que me estoy calcinando por dentro.

—¿Has estado tomando el brebaje de hierba polar que te recomendé? Eso suele calmarlo —le sugirió el clérigo, sentándose elegantemente en la orilla de la tina y metiendo una de sus manos en el agua que cubría el cuerpo de su hermano, la que se congelo de inmediato ante su toque.

—¡Gracias! —suspiró Loki con un gesto de total satisfacción como pocas veces le había visto—. He bebido litros, pero aun así no siento mejoría. Los bochornos me matan, siento la piel tan sensible que la tela me roza ¡Y estoy excitado todo el maldito día! —chilló frustrado.

—¡Loki! —exclamó escandalizado su hermano.

—¡Lo sé, pero no puedo evitarlo! ¡Pienso en sexo a cada instante! —hundió su cabeza bajo el agua terriblemente abochornado. Esos no eran temas que acostumbrara tratar con él. Luego volvió a salir en busca de aire—. Ahora me fijo quien está más bueno —le dijo mientras escurría su cabello hacia atrás—, quien tiene el mejor culo, el mejor paquete, los mejores brazos, el mejor abdomen, los mejores pectorales… te juro que he llegado al grado de categorizar a todos por sus características sexuales —término sintiéndose verdaderamente humillado—. ¿Qué hago? No se supone que un celo debería ser así. No lo fue en ninguno de los años anteriores ¿Por qué ahora es diferente?

—Sí que es crítico —dijo Helblindi poniéndose de pie y dibujando una expresión en su rostro que Loki lo asociaba con su "modo Clérigo". Se paseó de un lado a otro lentamente, con las manos en su espalda y meditando la profundidad de sus palabras—. Lo que tú me describes suena muy parecido a un "síndrome por emparejamiento", propio en casos de viudez o cuando no se ha encontrado a una pareja, a pesar de los años. Algo que no suele pasar con frecuencia en nuestro mundo pero en otros lados los conocen como "solterones".

—¡Pero es humillante! —gimió Loki—. Es vergonzoso que te sorprendan viendo a los hombres "ahí", imaginando que tan grande serán y como se sentirá.

—Es la necesidad de un emparejamiento.

—¡Pero yo estoy casado! No viudo ni "solterón". ¡¿Cómo puede estarme pasando esto a mí?! Te juro que si no fuera por los sueños ya me le hubiera lanzado sobre el primero que pasara.

—¿Qué sueños? —preguntó intrigado el clérigo.

—Desde que Balder se fue, sueño que tengo sexo con alguien. Al principio era con prisa e impersonal, pero ahora mi amante imaginario se está volviendo más lujurioso y salvaje. Me toma con tal intensidad y potencia que tengo que utilizar toda mi fuerza de voluntad para reprimir el transformarme en alguien a quien no le importe ser tomado, ni cómo, ni donde —soltó sin medir sus palabras—. Lo único que anhelo es ese enorme miembro taladrando mi interior, llevándome hasta el delirio.

—¡Dioses! —exclamó sorprendido Helblindi. Jamás imagino escuchar a su hermanito hablar así.

Loki se sorprendió también de lo que acababa de revelar. Rápidamente volvió a hundirse en la tina.

—Lo que dices es muy delicado —continuó su hermano, pasando por alto el bochorno y centrándose en la gravedad de la situación—. ¿Y quién es el protagonista de esos sueños pornográficos? ¿El príncipe Balder?

—Al principio creí que era él —confesó Loki cuando emergió de la bañera nuevamente—, pero ahora no estoy tan seguro. La verdad es que nunca le he visto la cara y por más que trato de recordar quien es, no lo he logrado. Solo sé que cada mañana cuando despierto mi cuerpo se siente lánguido y sudoroso con un fuerte olor a sexo. ¿Qué está pasando conmigo, Helblindi, acaso me estoy convirtiendo en un skide? —se volvió hacia su hermano, la angustia reflejando su hermoso rostro—. ¿Qué pasa si no soy lo suficientemente fuerte para controlar este deseo que me está quemando? ¿Y si termino cediendo? Tengo miedo de transformarme en alguien que no soy y traicionar a mi esposo y a mi reino.

—Tranquilo, eso no pasara, tu voluntad es tan fuerte como los glaciares de Jötunheim. Te conozco, serias incapaz de faltar a tus votos.

Loki asintió un poco más tranquilo. Era gratificante saber que al menos su hermano confiaba ciegamente en su honor, el deseo de no decepcionarlo sería la fuerza que lo mantendría firme.

Salió de la comodidad del agua aun contra su voluntad, si por él fuera, sería capaz de dormir en el agua helada. Anochecía y había llegado la hora de alistarse para la siguiente celebración. Los gigantes de fuego estaban preparando un espectáculo de fuegos pirotécnicos que prometía dejar a todos sin habla.

Se envolvió en una mullida manta que su hermano le acercó.

—Quisiera que este teatro terminara de una buena vez para regresar a Asgard y solicitarle al rey el regreso de mi esposo, o juro que enloqueceré —se quejó mientras secaba su cuerpo y cambiaba nuevamente a su pálido color aesir.

Helblindi no dejaba de observarlo, como meditando algo que, Loki sabía, no iba a compartirle. Sin embargo preguntó:

—¿Amas a tu esposo?

—¿Qué clase de pregunta es esa? —inquirió dirigiéndose hacia su alcoba seguido de su hermano. Ahí lo esperaban ya sus fieles damas, con todo lo necesario para engalanarlo.

Helblindi hizo una seña para que se retiraran y poder seguir hablando con privacidad, aprestándose él a ayudar a su hermano.

—¿Y bien? —insistió el mayor, una vez que estuvieron solos. Loki suspiro resignado.

—Amo más al caballo que Asgard me obsequio como presente de bodas ¿Te dice eso algo?

—Me dice bastante. Si.

—¿Cómo podría? Llevamos diez años y todo lo que se de él es gracias a su madre.

—¿Pero han compartido el lecho, no es cierto?

—Eso fue porque no quedó otra opción. Te juro que si Býleist le hubiera guardado luto eterno a Jbörn yo hubiera muerto seco.

—Y Jötunheim se hubiera quedado sin rey, muy conveniente.

—¿Crees que todo esto se deba a algún movimiento político?

—¿Tu qué crees?

Loki se tomó un momento para meditarlo, mientras aplicaba suficiente loción hidratante sobre su piel.

Era bien sabido por todos que, desde que Ymir muriera, Asgard tenía la intención de hacerse con el dominio de las tierras heladas. Tenían un propósito que muy pocos conocían en realidad y que ellos custodiaban tan celosamente que habían terminado adentrándose hasta el corazón de Jötunheim, donde estaba la ciudad de Utgard. Habían sido siglos de feroz insistencia, hasta que "padre de todo" depuso las armas en favor de una alianza que beneficiara a ambos reinos.

Por supuesto, no habían sido tan ingenuos como para creer que aquello era por el bien de la paz y la convivencia armónica, como pregonaba el rey de Asgard. Había muchos, su hermano Býleist para no ir más lejos, que estaban convencidos que este matrimonio arreglado no era más que un cambio de estrategia para alcanzar su objetivo.

—Mmm, no lo creo —fue su final resolución—. Me parece que para Odín es más sencillo tener un heredero de sangre en el trono de hielo, alguien a quien poder controlar. De otra forma tendría que conquistarlo y ya comprobó que no es tan fácil.

—¿Entonces a que crees que se deba el poco interés de tu marido?

—¿A que a sus ojos parezco un "varón"? Para los Aesir es deshonroso yacer con uno.

—¡Pero tú no eres un varón!

—Tengo las características de uno, al parecer —dijo señalando su notoria virilidad, mientras la enfundaba en unos ceñidos pantalones de piel.

—En nuestro reino no existe tal diferencia de sexos, deberías explicárselo.

—¿Crees que no lo he hecho?

—¿Quieres que hable yo con él?

—Si quieres intentarlo, pero no es más que una pérdida de tiempo —contestó sin interés. La verdad era que poco le importaba ya cambiar la mentalidad de su esposo hacia su persona.

Helblindi entendió esto y, en lugar de replicarle, se aprestó a acercarle la túnica verde que luciría esa noche. Estaba confeccionada en una tela muy fina, amoldándose a su cuerpo de forma estilizada, resaltando los mejores atributos de su hermano, que, dicho sea de paso, eran bastantes.

No lo pensaba simplemente porque fuera su hermano. En Jötunheim, bellezas como Loki eran escasas. El clima y las condiciones de vida, hacía de ellos seres rudos y resistentes. La belleza no era algo indispensable para sobrevivir, así que continuamente se dejaba de lado; sin embargo, al ser algo tan escaso, era sumamente valorado.

Muchos se habían ofrecido para tomar la mano de Loki cuando este estuvo listo para el cortejo. Una larga lista de pretendientes que estaban dispuestos a competir para mostrar su valía y ganarse el amor del joven príncipe. Desafortunadamente, su padre tenía otros planes para él.

—¿Has intentado acercarte tú a él? —preguntó esta vez Helblindi, mientras iba pasando uno a uno sus accesorios labrados en oro. Todos originarios de Jötunheim, excepto la pechera con el emblema de Asgard.

—Al principio lo intente. Incluso le dije que al menos podríamos ser amigos; al fin de cuentas, yo no tengo ningún inconveniente de que vaya a desfogarse con sus putas siempre y cuando me de mi lugar.

—Acostarse con otras mujeres no me parece que sea darte tu lugar sino todo lo contrario. Es una enorme falta de respeto. Eso sin mencionar que está faltando sus votos. El respeto es algo vital para la buena relación en una pareja, eso todo el mundo lo sabe.

—Eso, mi querido hermano, es algo que en nuestro reino está más que entendido, pero el pensamiento en Asgard es diferente. La sexualidad se practica abiertamente desde muy temprana edad tanto en hombres como mujeres, esto hasta que se casan; cuando eso sucede es deber de la esposa mantenerse fiel al marido procreándole la mayor cantidad de hijos posible, mientras éste puede seguir sin restricciones follándose a cuanta mozuela se le antoje sin que sea mal visto ni juzgado. Es una muestra de su virilidad.

—Y dicen que nosotros somos los barbaros. ¡¿Cómo has podido adaptarte a eso?! Va en contra de todos los preceptos con que fuimos criados.

—Pues no he tenido más opción, es muy complicado nadar contra la corriente.

—¡Pues entonces no entiendo! —exclamó Helblindi exasperado—, si dices que los asgardianos muestran su virilidad preñando a su mujeres y follándose a cualquier moza se les pare enfrente ¿Cómo es que en diez años Balder no te ha hecho concebir? Eso habla muy mal del heredero al trono de Asgard en todo caso.

—Tu lo has dicho… mujeres —recalcó Loki con una sonrisa entre triste y divertía. Eso era algo que creía haber superado hace años. Al parecer, por la extraña punzada que sintió en su corazón al recordar los devaneos que protagonizaban los príncipes de Asgard, no lo había hecho del todo.

—¿Entonces es cierto el rumor que me llegó? ¿Qué tuviste que transformarte en una hembra Asir para que el príncipe consumara el matrimonio? —Loki simplemente se encogió de hombros como restándole importancia. Ante eso, Helblindi se dejó caer en la cama, completamente horrorizado—. ¿Eso quiere decir que tu marido te obliga a…?

—¡Por supuesto que no! —exclamó Loki con indignación—. Solo lo hice en aquella ocasión.

—Entonces estas últimas veces cumplió con sus deberes maritales luciendo tú….

—¿Cómo un varón? Sí, no tuvo opción. Le dije que si lo hacíamos bajo el influjo de la magia no podría concebir. Pudo más su deseo por la corona de Jötunheim que su orgullo de macho.

—Pero eso es una mentira ¿Por qué hiciste tal cosa sabiendo el desagrado que eso le causa a tu marido? ¿Acaso deseabas alejarlo de ti?

Loki sonrió y luego le dio la espalda fingiendo arreglar las complejas capas que entretejían su atuendo, quería ocultar de los ojos de su hermano cualquier expresión que revelara un atisbo de verdad.

Lo cierto, era que había tomado su enlace con Balder como cualquiera persona que se enteraba de su futura muerte a causa de una terrible e irremediable enfermedad: con resignación.

Lo había hecho por los suyos por supuesto, pero eso no restaba el amargo sabor que le quedaba al saber que nunca obtendría lo que más deseaba en la vida: amor.

—Quiero que si alguien está conmigo en el lecho me desee a mí y no a un espejismo —reveló al fin—. No voy a cambiar lo que soy, solo para que él me toque.

—Y sin embargo tu piel luce pálida y tus ojos verdes —dijo su hermano con sorna, admirando el majestuoso porte que le devolvía a través del reflejo del espejo. Le costaba admitirlo, pero Loki lucia imponente en su aspecto Aesir, además de hermoso.

—Una cosa es cambiar unos detalles por adaptación y otra muy diferente es cambiar la esencia de una persona —puntualizó sabiamente el menor, señalando un escozor incomodo en su cuello, producto del abrazador sol de Vanaheim. Si eso le había ocurrido tomando todas las precauciones, seria sencillo pensar que moriría calcinado en Asgard con su piel azul—. Bastante he tenido que ceder yo en este matrimonio, como mi orgullo y mi honor, para que ahora tenga también que darle gusto al zoquete en la cama.

—Tu bien sabias a lo que te ibas a enfrentar, padre te lo advirtió y estuviste de acuerdo.

"Si, lo estuve"—pensó.

Enmudeció al recordar la angustia y la desesperación reflejada en la mirada de su padre. Su pueblo estaba muriendo y ese acuerdo era su única esperanza.

Los glaciales del norte no eran precisamente un lugar donde poder cultivar hortalizas y las bestias que moraban los alrededores eran tan grandes, que la única forma de sobrevivir era comiéndose unas a otras. Así pues, con una guerra atacándolos por un frente que diezmaba su población y por otro lado las condiciones climáticas y la mala economía, Jötunheim estaba al borde del colapso. Cosa que afortunadamente los Aesir ignoraban o se hubieran negado a negociar y solo se hubieran sentado a aguardar su extinción.

Luego de la alianza todo mejoró para su pueblo. Se intercambiaron metales por armas, pieles y carne por pan y verduras. De esta forma, la economía resurgió y la paz trajo una nueva camada de cachorros que crecerían libres de muerte, enfermedades y desnutrición.

Si, su pantomima de boda y su ridículo matrimonio al menos había beneficiado a los suyos y eso le daba tranquilidad, aun a costa de sacrificar sus más profundos deseos y su felicidad.

—Lo sé, créeme —dijo con un suspiro resignado—, tengo bien grabadas sus palabras en mi mente y en mi corazón. Y te aseguro que lo volvería a hacer mil veces por el bien de nuestro pueblo. Pero eso no quita que, aunque esto sea una farsa, no se acerca ni por poco a lo que yo había imaginado —concluyó frustrado, dando por terminado su arreglo y sentándose al lado de su hermano.

—¿Como creíste que sería tu matrimonio con el heredero de Asgard? —preguntó Helblindi, mientras se daba a la labor de trenzar su largo cabello azabache con pequeñas cuentas de oro y cristal.

—¡Pues no se! Una convivencia más civilizada, supongo. Una coalición por el bien de nuestros reinos, al fin de cuentas eso es lo que significa una alianza ¿No? Pero Balder nunca me ha visto como su consorte, ni siquiera como su igual. Para él soy una carga con la que tiene que lidiar, apenas si soporta mi presencia. Salvo en actos oficiales, jamás se nos ve juntos. Me desdeña, me ignora, me insulta con su comportamiento y como comprenderás no soy un mártir para enamorarme de él en semejantes circunstancias.

"mucho menos darle un hijo" —pensó.

—En eso tienes razón, pero eso no significa que no puedas enamorarte de alguien más.

—¿De quién? ¿De otro Aesir? Como si hubiera diferencia entre uno y otro. Además te recuerdo que estoy casado y si Balder no sabe lo que es honrar un voto, yo sí.

—Balder es tu consorte por decisión real, no es tu pareja elegida.

—Elegí casarme con Balder.

—Y yo por el contrario pienso que no tuviste opción. Tal vez si te hubieran dado a elegir entre los dos príncipes otro fuera el resultado.

Loki se tensó al escuchar esas palabras. Si, tal vez hubiera elegido al príncipe Thor, pero ¿Cuál sería la diferencia? Por lo que a él respecta, no hubiera habido mucho contraste en el trato que seguramente le habría otorgado; después de todo era una cosa Aesir. Sin embargo, si hubiera sido desastroso para él percibir aquel desprecio y repugnancia en aquellos hermosos ojos azules. Por lo menos sabía que Balder había tenido tantas opciones como él y que si se toleraban era por puro protocolo, pero con Thor…

—¿Lo has pensado? —preguntó su hermano como tentándolo.

—¿Para qué? Eso no va a cambiar en absoluto la realidad y esta es que entregue mi voto de honrar y respetar a un idiota que me desprecia.

—Con tu cabeza, pero no con tu corazón y este es el único voto que vale.

Loki resopló fastidiado.

Si, él sabía todo eso. Los sabios del templo no paraban de hablar sobre la importancia de la pareja elegida y el amor: esa fuerza extraordinaria nacida del corazón y que te hacia sortear todas las dificultades, incluso el más gélido clima de su reino. Era el temple que te sostenía cuando estabas a punto de desfallecer, la pasión que era capaz de derretir hasta el más duro glaciar. Todo eso que jamás tendría con Balder, a lo que había tenido que renunciar cuando contrajo matrimonio con él.

—¿Quien sabe? la Diosa teje nuestros caminos de manera que muchas veces no podemos entenderlos ¿Quién te dice que no tiene destinado para ti alguien con la grandeza suficiente para convertirse en tu pareja? —le dijo Helblindi, como leyendo su pensamiento— ¿Quién te dice que tu vientre no está destinado para concebir los hijos de alguien a quien tu ames y por eso no te has preñado?

—¡Por favor! —se rio ante la idea— ¿Enserio crees que eso puede ser posible?

—Yo creo que sí. Los designios de la Diosa llegan a nosotros a través de pequeñas señales y los sueños suelen ser una de ellas. El que tu marido no sea el protagonista de esos sueños dice mucho de lo que seguramente Nerthus tiene destinado para ti. Tal vez tu pareja predestinada está cerca de ti y tu ni siquiera lo has notado, pero tu corazón ya lo hizo y probablemente te estas negando a reconocerlo.

"Probablemente" —pensó Loki, cuando la imagen de cierto príncipe guerrero se irrumpió de pronto en su cabeza.

Había escuchado innumerables historias de aquellos que habían sido bendecidos con la gracia de la diosa para encontrar su otra mitad. Como su cuerpo había respondido ante la presencia del otro, como su corazón empezaba a latir desaforado y un intenso calor que era reconfortante en lugar de asfixiante recorría su cuerpo. Exactamente lo que el había sentido cuando vio por primera vez al príncipe Thor. Lo que aún le seguía sucediendo a pesar de haber pasado una década desde aquel penoso día.

Él hubiera podido sobrellevar mejor su frio matrimonio con Balder, si no sintiera que la sangre se le calentaba cada vez que sus ojos se posaban en Thor. ¿Por qué la Diosa había decidido jugarle es mala pasada? ¿Poner cerca la persona que sería capaz de completarlo, solo para no poder ni tocarla? Eso era cruel.

—Lo que me lleva a pensar —interrumpió su hermano sus tristes cavilaciones—, que todo esto que estas sintiendo no es por la ausencia de Balder, sino por la falta de tu pareja real.

—¿Ah sí? —preguntó con falsa sorpresa— ¡¿Y quién de todos los Asgardianos puede ser?! ¡La Diosa no me da muchas pistas para saber de quién jodidos se trata! —exclamó fingiendo un desconocimiento que realmente no tenía. Había un par de cicatrices que gustaba acariciar con su lengua, que le daban una idea bastante clara de con quien fantaseaba cada noche.

—Eso querido hermano, te toca a ti averiguarlo —le contestó el clérigo con una misteriosa sonrisa de lado.

—Y mientras lo descubro ¿Qué hago?

—Yo te recomendaría que, ya que tu mente te está dando un escape en estos sueños, no te reprimas y déjate llevar. Saca toda la lujuria que llevas dentro, desfógate con ese amante para que, en la vida real, puedas tener la fortaleza de resistir el deseo que sientes dentro de ti.

—¿Estás seguro de lo que me estas sugiriendo? —preguntó con cautela, Helblindi asintió—. ¿Qué pasa si descubro que soy una bestia insaciable de sexo?

—Bueno —sonrió el mayor—, solo recuerda las enseñanzas de los sabios que nos dicen que el sexo es algo maravilloso, que se debe disfrutar sin reprimirse y aún más si éste es con la persona amada. Permítete dejar de ser el perfecto príncipe que debes ser, aunque solo sea en sueños. Déjate llevar, explora ese aspecto de tu vida y tal vez cuando te encuentres con tu pareja, estés listo para experimentar y disfrutar con él.

—Para lo que me va a servir —gruñó Loki.

—Tal vez te sorprendas.

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Thor no dejaba de darle vueltas a aquellas palabras que Karnilla le soltara desde aquella maldita mañana.

"Si no tiene cuidado, terminara enamorándose de su cuñado"

¡Qué absurdo! Él nunca se había enamorado… o casi nunca.

La última vez que había experimentado un sentimiento parecido era casi un niño, entre los catorce y quince años tal vez. Su nombre era Jarxana, la chica más bonita de la corte. De noble cuna, piel tersa y rubios cabellos, era considerada una dama en toda regla, muy diferente a las mujeres guerreras. Esa fue una de las principales razones por la que se esforzó día y noche en convertirse en todo un caballero; esfuerzo que fue recompensado con la cercanía de la chica, quien gustaba de regalarle sonrisas coquetas y toques discretos que aceleraban su ilusionado corazón. Todo para que al final prefiriera a su hermano, como todas antes que ella.

La única razón para que las hermosas chicas se acercaran al atolondrado, tosco y despistado segundo príncipe de Asgard, era para acceder al apuesto y galante heredero al trono.

Debió haberlo sabido, pero no por eso dolió menos.

Luego de eso, renuncio a toda pretensión de romance y se internó en una vorágine de excesos, todo tipo de placeres donde poco o nada tenían que ver lo sentimientos.

Junto con Fandral recorrió toda clase de burdeles y tabernas. No había festejo o celebración donde no se les viera brindando o peleando. Sus excesos llegaron a tal grado que en una ocasión desató una tormenta eléctrica que casi arrasa con toda una población.

Fue entonces cuando su padre por fin volteo a verlo y tomo cartas en el asunto. Su solución: meterlo a la academia militar.

Thor se enorgullecía al decir que eso fue lo mejor que pudo haberle pasado en su vida. Por primera vez encontró un sitio a donde pertenecer, donde era valorado por sus logros y trabajo, no por los de su hermano que, dicho sea de paso, no habían sido muy destacados en ese ámbito. Mientras que Balder había ingresado como cadete, con todos los títulos honoríficos que concedía ser el heredero al trono, Thor lo hizo como soldado raso y fue escalando desde abajo como uno más, sin que su título de príncipe valiera una mierda (cortesía de su padre).

Él lo prefería así. Gracias a eso se había probado a sí mismo y había hecho un gran número de amigos, verdaderos amigos que estarían dispuestos a dar la vida por él tanto como él lo estaría por ellos, y no como los lameculos que acostumbraban seguir a su hermano.

Pero a pesar de que su carácter indómito fue "domesticado", sus creencias respecto a amor no cambiaron ni un ápice. En lo que a él respecta, era un sentimiento innecesario que traía más complicaciones que satisfacciones; a excepción, claro, del amor que sentía por su madre.

Así que él no podía estar enamorado, mucho menos del consorte de su hermano quien, seguramente en sus cinco sentidos, no dudaría en escoger al elegante, caballeroso y apuesto príncipe Balder por sobre Thor.

—Su alteza —escuchó la voz de la reina Norn atrayendo su atención.

—Su majestad —saludó con la reverencia correspondiente.

Se hallaban en las celebraciones de Manaheim. Una serie de competencias a los que solían llamar "justas"

Thor había participado en el torneo de hacha, mientras que Fandral se había apuntado al de espada. Los elfos destacaron, por supuesto, en arquería y ahora estaba por iniciar el evento principal: un enfrentamiento a caballo donde ambos participantes se embestirían a toda velocidad portando lanzas de madera, con la finalidad de derribar al oponente.

Karnilla se sentó alegremente a su lado, en el cómodo palco destinado para los espectadores de la realeza de Asgard.

—Me parece que dada la naturaleza de nuestras transacciones, bien podríamos llamarnos por nuestros nombres ¿No le parece? —Dijo la reina Norn, entregándole una pequeña caja con tres viales de contenido aceitoso y cristalino—. La verdad es que estos formalismos no se acostumbran entre el pueblo Norn y me resultan pomposos y fuera de lugar.

—Por mi encantado —le respondió Thor, analizando el contenido de cada uno de los viales—, tampoco soy muy asiduo a este tipo de protocolos.

—Bien —asintió satisfecha y procedió a explicar el contenido del paquete—. Lo que tiene entre sus manos es la respuesta a sus preguntas del día de ayer, junto con esto —dijo, al tiempo que sacaba de entre las enaguas de sus faldas, un pequeño encuadernado de piel roja con hojas amarillas.

Thor se llegó a preguntar que tanto era capaz de portar encima entre los pliegues de su ropa, sin que llamara la atención. Conociendo a los Norn, tal vez era mejor no saberlo. Tomó con curiosidad el pequeño libro hojeándolo rápidamente. A primera mano parecía algo insignificante, un libro cualquiera. Pero el contenido de sus hojas logro arrancarle un sonrojo al Dios del Trueno.

—¿Qué mierda es esto? —Cuestionó cerrando el libro de golpe y mirando a todos lados en busca de algún fisgón que pudiera haberse dado cuenta de su contenido.

—Lo que me solicitó —contestó con una sonrisa ladina, tomando el pequeño libro de sus manos—. Esto es un pequeño compendio de sexualidad exclusivamente entre varones. En él se explica toda clase de posiciones, técnicas y demás artes amatorias que alguien de su curiosidad necesita saber para complacer a su pareja en la cama. En Manaheim le llaman Kamasutra.

—¡¿Es un libro de Manaheim?! —peguntó Thor, sin poder creer que en Midgard existieran cosas como esa.

—En efecto —le confirmó la dama—. ¿Impresionante no? ¿Quién se iba a imaginar que los humanos fueran menos retrógrados con respecto al sexo que los Aesir? —soltó con burla mal disimulada—. Y dado que carecen de muchas cosas que los demás reinos dan por sentado, también son bastante ingeniosos.

Thor tomo el libro nuevamente, esta vez con más curiosidad. En él, había una serie de dibujos de varones sosteniendo relaciones sexuales en diversas poses, diagramas y explicaciones en una lengua extraña para él.

—¿En qué idioma esta esto? —preguntó curioso. Podía captar algunas palabras, pero otras se le escapaban por completo.

—No estoy segura. El embajador de Manaheim dijo algo sobre hindú. Pero ignoro a que se refiere.

—En Manaheim existen muchas tribus diferentes —explico Thor distraídamente, sin despegar la vista de sus páginas—. Cada una habla su propia lengua.

—¡Que lio! —exclamó la reina— ¿Cómo hacen entonces para entenderse?

Thor se encogió de hombros. Por lo que sabía, muchas ni siquiera se conocían entre sí.

Intento recordar si tenía algunas tablillas que pudieran servirle para entender el idioma, estaba un poco oxidado en cuanto a lenguas Midgardianas, pero podía recordar haberlo visitado alguna vez, los pobladores de ahí lo habían llamado Indra.

—¿Y esto que es? —preguntó señalando los viales que contenían la pequeña caja.

Karnilla sonrió, y fue señalando uno a uno con sus largos dedos mientras le explicaba.

—Este es un regenerador parecido a la crema que le diera antes, aunque es específicamente para daños internos.

Thor tomó el vial de color lavanda observándolo a contra luz.

Luego de que algunos imprudentes habían salido severamente lastimados con el espectáculo de fuego de los Musphell, se había optado por suspender las actividades del día siguiente y pospuesto para este. Por tanto, el día anterior, el único tiempo en que coincidió con su cuñado fue durante los alimentos, momento en el que se percató de cierta incomodidad al sentarse.

No es que no lo hubiera notado antes, simplemente pensó que era algo natural debido al duro esfuerzo que estaban tomando para traer al heredero de Asgard al mundo. Creyó inocentemente que con el paso de las noches y la crema de Karnilla eso iría pasando, mas no fue así, por el contrario, aquello parecía empeorar.

No le gustaba para nada el tener que lastimar a su cuñado, ya bastante bajo era abusar de alguien inconsciente y servirse de su exquisito cuerpo para su satisfacción pero…

¡Bien, lo admitía, amaba follar a su cuñado! Y puede que fuera un poco tosco cuando la lujuria lo cegaba. Motivo por el cual evitaba a las delicadas y remilgosas damiselas de alta sociedad y se decantaba por hembras curtidas que pudieran aguantarle el ritmo. Sin embargo, con su cuñado era diferente.

Cualquiera pensaría que por ser varón sería capaz de resistir los embates de su pasión. El verlo sangrar y el escucharlo quejarse lo perturbaba demasiado. Puede que en el momento del acto aquello llegara a encenderlo un poco, pero apagada la llama lo invadía una ola de arrepentimiento. El saber que la crema de Karnilla nada podía hacer con el dolor residual de sus noches en verdad lo preocupaba.

Fue por eso que el día anterior había ido a con la reina Norn para plantear sus dudas y en busca de una posible solución.

Ya veo —fue la escueta respuesta de Karnilla y luego de lo que parecieron horas de desesperante espera en lo que la dama analizaba concienzudamente la situación, agregó—: la verdad es que es algo que no tenía previsto. Por lo que se de los jötnar, y debo reconocer que mi conocimiento, al igual que el de muchos, es muy escaso, ellos tienden a dilatar y lubricar de manera natural cando se encuentran en celo. Debe tratarse de su estado inconsciente el que bloquea esa habilidad. Aunque dado que piensa que es un sueño, eso debió activarse con un poco de estimulación.

¿Qué clase de estimulación? —inquirió Thor. Y esa era la razón por la que ahora tenía aquel bochornoso libro entre sus manos—. ¡Yo jamás había yacido con un varón! —se había defendió cuando Karnilla comenzara a exasperarse con su inexperiencia—. ¿Qué demonios iba yo a saber?

Bien, ahora tenía un compendio de sexo entre varones en sus manos para ilustrarlo y un vial regenerador para remediar los estragos de su estupidez.

—¿Este para qué es? —volvió a centrarse en la conversación actual y preguntó sosteniendo el segundo vial de color ámbar.

—Lubricante.

—Creí que el frasco gigante que me había obsequiado ayer era para eso.

—Lo era, sí. Pero este es especial. Contiene un estimulante que incrementa las sensaciones de quien es penetrado, aumentando con ello su placer. Así no tendrá que esforzarse demasiado —agregó sarcástica. Thor simplemente gruñó.

El tercer vial era de un color azul claro que arrancó una sonrisa del rubio.

—¿Mas afrodisiaco? —cuestionó con una ceja arqueada.

—Por supuesto que no. Ambos sabemos que a estas alturas no lo necesita ¿O me equivoco? —el tenue rubor que subió a las mejillas del príncipe fue su respuesta—. Es un obsequio. Dado que estamos a un par de días para que estas celebraciones concluyan, y que mi clan se ha abastecido lo suficiente en este reino, tal vez no volvamos a vernos dentro de un tiempo. Es un somnífero.

—¿Un somnífero? ¿Y para que rayos necesito yo uno de estos?

—No lo sé —contestó la reina encogiéndose de hombros—. Uno nunca sabe. Use su imaginación.

Luego de eso, la reina se despidió y se dirigió a ocupar su lugar en el palco Norn, uno mucho más a ras del campo y con menos ostentaciones que donde él se encontraba. Thor deseaba poder estar en un sitio así. En su lugar estaba sentado en el palco destinado a su hermano, con la clase de lujos y comodidades que alagarían a su hermano y tratando de preñar al consorte de su hermano.

¡Patético!

Sabía que el que se llevaría las palmas por el éxito de la "misión" seria él. "Y no solo las palmas", le habló una molesta vocecilla desde el fondo de ser.

Balder se convertiría en padre de un hijo engendrado por él.

Su hijo.

Su primer hijo.

Una extraña sensación se instaló en su pecho al pensar en ello y comenzó a asfixiarlo.

Un niño, con los hermosos ojos de Loki y su sonrisa traviesa. Lo vería correr por los pasillos de Asgard y arrojarse a los brazos de su hermano llamándolo padre. Balder sería el encargado de enseñarlo a montar, quien hinchara el pecho con orgullo cuando esgrimiera su primera espada, quien lo guiaría en su primera contienda. Mientras que él permanecería en segundo plano en el papel de tío, como uno más de sus súbditos. Jamás podría levantarlo sobre sus hombros como veía a Volstagg hacer con sus niños, ni consolarlo cuando se golpeara al caer de un árbol. Nunca iría de cacería con él ni contarían historias de las hazañas de sus antepasados. Jamás escucharía su pequeña y melodiosa voz llamándolo papá.

¡Carajo!

Tenía que dejar de pensar en eso. Debía dejar de imaginar a ese niño que vendría al mundo a ser su rey; a pesar de llevar su sangre, su fuerza y ser producto de su semilla vertida con pasión en el cuerpo de aquel delicioso jötunn.

—¡Maldición! —soltó un gruñido cargado de frustración.

—Su alteza —lo reverenció Fandral, acercándose hasta el palco.

¡Genial! otra de las cosas que odiaba de su situación, tener que tratar a sus camaradas como siervos.

—¿En dónde se encuentra el príncipe Loki? — le preguntó al guerrero—, creí que serias el encargado de escoltarlo.

—Hogun me relevó para poder yo participar en la contienda de esgrima. No debe tardar en acompañarnos.

—Mmm —gruñó nuevamente.

—Descuide, su alteza. Nos aseguramos de que su real trasero se encuentre a salvo de ojos indiscretos.

—No es su trasero lo que me preocupa —refunfuñó. Si el imbécil de su hermano no se molestaba en mantener a salvo la honra e integridad física de su consorte, a él tampoco debería interesarle.

—Quería preguntar, si no es mucho atrevimiento, como va lo de la llegada del heredero —Fandral se aseguró de que nadie estuviera husmeando en su conversación, volteando a mirar en todas direcciones y luego se inclinó hacia Thor para susurrar—. Se de muy buena fuente que el príncipe Býleistr se ha aplicado a la tarea de darle nietos a la corona desde que el clérigo le echara la bendición encima. Lo cual nos hace preguntarnos ¿Qué pasa con el príncipe Balder? Debió estar aquí hace una semana.

—Debió, si —gruñó de nuevo.

Una semana, le había dicho a su padre. Si no solucionaba el conflicto en Nidavellir, regresaría a terminar lo que empezó; no que fuera a servir eso de mucho, pero ya llevaban dos semanas de celebraciones, una más del plazo que él mismo puso y el muy cabrón seguía sin dar señales de vida. A estas alturas, nadie creería que la criatura era suya, porque ¿Cómo la había engendrado? ¿Por telepatía?

—Dicen las malas lenguas que encontró quien lo entretuviera más de la cuenta en Nidavellir —soltó Fandral, como al descuido. Si había alguien que estuviera al tanto de todo el chismerío dentro y fuera de la corte, ese sin duda era Fandral.

—Nidavellir es un lugar de forjas y fraguas ¿Qué pudo interesarle tanto como para faltar a sus obligaciones?

—No que, sino quien —Fandral se acercó más hasta sentarse junto a Thor en el lugar que la reina Norn acababa de abandonar, faltando con ello a todas las normas de etiqueta impuestas por la corte. Inclinó su cabeza hasta casi pegarla a la de él y susurró—: debes de saber que Nidavellir no solo es un lugar donde se forjan armas, también se comercian todo tipo de artículos, joyas entre otras muchas chucherías —Thor asintió instándolo a continuar—. Mingli, uno de los escoltas del rey enano, me comentó mientras jugábamos una partida de dados, que su primo Alfrik, hijo de Dvalinn, se dedica a la elaboración de joyería fina y de alto nivel. Ya sabes, aquella destinada a adornar cuellos de princesas y reinas —Thor asintió nuevamente. Conocía el trabajo de Alfrik. Su padre había encargado para su madre un par de gargantillas entre las que se encontraba su famoso collar Brisingamen y no era un trabajo barato—. Bien. Me dijo que tu hermano encargó un ostentoso anillo con zafiros, unos pendientes de diamantes rojos y un brazalete a juego que posteriormente se le vio luciendo a lady Amora en las pasadas fiesta de Ostara, donde estuvo bien acompañada por el príncipe de Asgard de quien no se despegó en todos la noche, y de quien, según comentan algunos, no se ha despegado desde hace una semana.

—¡Maldito infeliz! —escupió Thor haciendo saltar chispas de sus manos. En todos sus diez años de matrimonio nunca había tenido una deferencia de semejante magnitud hacia Loki.

Por supuesto, nunca le había faltado nada. Era bien sabido que el príncipe de Jötunheim gozaba de las cosas finas y costosas que el dinero de la corona podía prodigar. Sedas, joyas, libros extraños y pieles finas que a decir verdad nunca le había visto portar. Aunque muchos aseguraban que se trataban de meras extravagancias, Thor sabía que nada tenía que ver con eso. Las sedas eran las únicas prendas que su delicada piel podía soportar sin asfixiarlo, las joyas era una costumbre jötnar, acostumbrados a un mundo gris y negro el color era algo que escaseaba en ese lugar. El ser atraído hacia las cosas brillantes y coloridas era casi un instinto que los guiaba a la vida. Y bueno, de los libros no hacían falta explicaciones. Pero cada cosa que él adquiría era costeada por la corona de Asgard, así como la costosa ropa de Balder, sus armas o las hermosas plantas de su madre. En ningún momento supo que Balder hubiera tenido un detalle, por mínimo que fuera, hacia su persona. ¡Maldito desgraciado!

Y mientras él estaba ahí calentándole el lugar (y el lecho ya que estamos en eso), el muy infeliz se estaba dando la buena vida faltando a lo era una prioridad para su reino.

—¿Quién es esa puta? —el enfado impregnaba cada nota de su voz.

—Según algunos, la futura reina de Asgard.

Thor no pudo evitar soltar una carcajada sarcástica. No era la primera ni sería la última que se autoproclamaba como tal.

—Dicen que ha pasado la última semana gozando de las atenciones del príncipe de tal forma, que no es de extrañar que en poco dé la noticia de la llegada de su primer heredero.

—Un bastardo. Suerte con eso —se burló Thor por la imposibilidad de aquel hecho.

—Dicen que su pretensión es disolver el matrimonio de tu hermano, pero hay quienes afirman que ha sido idea de él.

Thor se volteó a verlo, perplejo.

—¿Qué has dicho?

—Vamos, sabes tan bien como yo que él nunca ha estado conforme con su matrimonio. Por lo que sé, ha estado buscando la manera de resolver su situación desde el momento de su unión. Es de extrañar que no haya intentado un asesinato haciéndolo pasar por accidente, aunque teniendo en cuenta al tremendo enemigo que se echaría encima, es de entenderse. Dicen que quiere usar este asunto del dichoso heredero para argumentar a su favor.

—¿Argumentar de qué forma?

—Pues que ha sido estafado. O bien el príncipe Loki jamás ha podido concebir vida como pretende o bien está incapacitado para hacerlo debidamente. En cualquiera de los casos, el matrimonio se anularía a falta de un heredero.

—Eso es absurdo, mi padre nunca lo permitirá.

—¡Llevan diez años casados! Debería existir al menos un niño de esa unión.

—¡¿Y de quien es la maldita culpa?! —exclamó Thor, completamente fuera de sí. Las miradas se volvieron hacia ellos. Fandral saludo a unos cuantos curiosos tratando de disimular para luego volver a su plática en susurros.

—¿Entonces los rumores son ciertos? ¿Qué tu hermano no ha visitado el lecho de tu cuñado desde su noche de bodas?

—¡No! ¡Si! No sé ¿Yo que voy a saber? —tartamudeó.

Él sabía que lo había hecho, a diario desde que se anunciara el matrimonio de Býleistr, pero ahora le incomodaba terriblemente pensar en ello. Le irritaba imaginar a Loki en los brazos de su hermano, gimiendo y con sus mejillas arreboladas por la excitación, siendo ese ser tan sensual y candente que el había descubierto en la cama… solo que en estado consciente y anhelando ese momento.

—Su lugar es aquí —continuó para cambiar el rumbo de sus pensamientos—, al lado de su consorte y poniendo su mejor esfuerzo para que ese niño venga al mundo, no paseando con una puta del brazo.

—Sí, bueno….

Las trompetas sonaron atrayendo la atención de todos hacia los caballeros que en fila ordenada iban entrando al campo. Todos ataviados con brillantes armaduras y engalanados con ornamentados blasones.

—¡¿Pero qué carajo?! —exclamó Thor al percatarse del emblema de Asgard desfilar orgullosamente ante sus ojos. Un dragón dorado de tres cabezas sobre un campo negro. Pero lo que en verdad llamó su atención y el origen de su reacción fue el portador: un joven y delgado pelinegro con un casco adornado con cuernos y verde capa ondeando en su espalda. Su cuñado.

—Emm, sí. Sobre eso… —titubeo Fandral mientras Thor lo fulminaba con la mirada—. Veras. A eso precisamente venia yo, a informarte que el príncipe participara en la contienda.

—¿Informarme? —preguntó sarcástico.

—Es un príncipe —se justificó Fandral—. No es alguien que vaya por ahí pidiéndole su opinión a alguien, mucho menos su consentimiento. ¿Qué íbamos a hacer nosotros? ¿Oponernos?

Pero Thor comenzaba a echar chipas… literalmente.

—Una sola cosa les pedí, una sola y fue mantenerlo a salvo ¿Te parece que va a estar a salvo en ese torneo?

—Bueno, el príncipe no es precisamente un ser frágil y delicado…

—Fandral… —le advirtió.

—¡Lo sé! Pero no pudimos hacer nada para convencerlo de declinar —se quejó el espadachín—, puede ser muy persuasivo cuando se lo propone.

—Iré inmediatamente a detener esta locura —informó Thor poniéndose de pie.

—¡Espera! ¡No puedes! —lo detuvo antes de alcanzar la salida—. Está en juego su honor y el de Asgard.

—¿De qué carajos estás hablando?

Fandral suspiró derrotado y procedió a contarle lo que había pasado en su ausencia.

Mientras el príncipe Loki contemplaba el espectáculo de hachas, el príncipe Ask de Manaheim le había faltado al respeto. Fandral no quiso entrar en detalles, pero bastó con que insinuara el trasfondo sexual para que los cielos se nublaran y la sangre de Thor hirviera.

—Rápidamente nos apresuramos a defenderlo —le aclaró Fandral—, pero en cuanto sacamos las armas el príncipe Loki nos detuvo y se enfrentó al tipo. Con bastante clase y dignidad, debo agregar ¿Quién diría que unas simples palabras podrían herir más que un arma? Ahora sé porque le empiezan a llamar lengua de plata…

—¿Qué pasó después? —le urgió Thor, quien estaba a nada de irle a partir la cara a ese tipo.

—Bueno, al príncipe Ask no le hizo mucha gracia que lo humillaran.

Entonces Fandral contó cómo se hicieron de palabras hasta llegar a donde el príncipe de Manaheim retó al príncipe Loki a demostrar su "hombría", si es que esta existía, a través de una justa.

—¡Imbécil! —espetó Thor.

—No solo eso —agregó Fandral, sin saber muy bien como decir esto último—, hicieron una apuesta.

—¿Apuesta? ¿Qué clase de apuesta?

—Si el príncipe Loki perdía, le concedería una noche al príncipe Ask donde disfrutaría de sus placeres como, y cito: "la gran puta que era". ¡Sus palabras, no las mías! —aclaró el guerrero ante la ira creciente dibujada en el rostro de Thor. Y eso que lo había dicho con todo el respeto que el príncipe consorte le merecía, muy distinto a las vulgares palabras que salieron de la boca del príncipe Ask.

A lo lejos, los rayos comenzaron a escucharse, preocupando a los participantes del evento.

—¡Infeliz! —rugió tan encolerizado como los truenos—. Le voy a partir la cara y hacerle tragar sus palabras.

—El príncipe se burló de ellas —se apresuró a intentar calmarlo, lo que menos deseaba era estar en medio de una tormenta eléctrica causada por Thor, ya le había tocado una vez y no fue agradable—. Lamento decirlo, pero al parecer está acostumbrado a escuchar cosas como esa después de tantos años de vivir en Asgard —soltó tristemente y aquello cayó como un balde de agua helada sobre Thor, el mismo que había caído sobre los tres guerreros cuando intentaron convencer al jötunn de desistir y se ofrecieran a competir en su nombre.

"No es algo que me importe en absoluto —les había dicho—. Nos son más que las palabras de un necio ignorante y para que tengan validez tendrá que sostenerlas. Además, no es algo que no haya escuchado con anterioridad a mis espaldas, al menos me debe un poco de originalidad"

Al parecer, y así le explico Fandral a Thor, lo que se dijera de él lo tenía sin cuidado. Sin embargo, eran los hechos lo que realmente le importaban, su imagen ante los nueve mundos y la del reino a quien representaba; él debía dejar en claro que no era ninguna "mariquita", lo que sea que eso que le dijo del midgardiano, significara. Les dejó muy en claro que él no necesitaba esconderse detrás de sus escoltas como una doncella y que era lo suficientemente fuerte para enfrentar a cualquiera.

Ante esto, Thor no pudo evitar sentir como una ola de orgullo calentaba su pecho. Una sonrisa de satisfacción se dibujó en su rostro y los cielos se despejaron permitiendo a todos seguir con el torneo.

—¿Que obtendrá Loki si gana? —preguntó retomando su lugar en el palco.

—Bueno, al parecer su interés va más hacia lo académico. Quiere una biblioteca entera que se encuentra en una ciudad llamada… ¿Alejandría?

—Egipto —aclaró Thor ante la duda en el rostro de Fandral. Había visitado ese lugar también, según recordaba, ahí era conocido como Baal—. ¿Solo eso?

—Quiere que Ask lo honre delante de los nueve reinos esta noche.

—¿Quiere que hinque rodilla ante él? —preguntó con una sonrisa burlona sin poder creer el atrevimiento de su cuñado. "Muy astuto" pensaba Thor. Hacerse del respaldo de un ejército como el midgardian,o seguramente tendría sus ventajas.

—No solo eso. Quiero que lo proclame Dios en su mundo. Eso sí tiene las suficientes "bolas" para eso —agregó Fandral recordando las palabras sarcásticas y la mirada maliciosa que ofreció el pelinegro al príncipe Ask, promesa de lo que pasaría cuando terminara con él.

Fandral había sentido un escalofrió ante esa mirada y esta se agravaría posteriormente al comprender el trasfondo de aquellas palabras.

Cuando fue el turno del príncipe Loki y el príncipe Ask de enfrentarse, la expectación estaba en su límite. Todos sabían que ese era un deporte que el jötunn desconocía, mientras que el midgardiano se ufanaba de ser un campeón en su ramo.

Luego de dos intentos, Loki apenas había rozado a su contrincante, mientras que Ask había acertado dos veces en el hombro al jötunn. Todos daban el juego por terminado.

—Repíteme una vez más las reglas de esto —le pidió Thor, quien estaba al borde del asiento y haciendo algo que Fandral nunca pensó que lo vería hacer: morderse las uñas.

—Es un punto si aciertas la lanza en cualquier lugar del cuello a la cintura, dos si es en la cabeza y tres si lo derriba del caballo.

—¿Loki tendría que tirarlo del caballo si quiere ganar entonces?—pregunto Thor de manera ansiosa, Fandral asintió sin saber porque su temible general se hayaba echo un manojo de nervios—. Esta es su última oportunidad.

Thor tronó sus dedos mientras contemplaba a los contendientes tomar nuevamente sus respectivos lugares. A una señal del banderín, ambos caballos emprendieron carrera a todo galope. Las lanzas bajaron, los cuerpos se acercaron a gran velocidad y…

—¡Uuuuuhhh! —fue el clamor general, seguido de un alarido y el sonido de la armadura al estrellarse contra el piso.

—¡Lo derribo! —exclamó eufórico Thor brincando de su asiento—. ¿Lo viste Fandral? ¡Lo derribo¡ ¡Lo hizo!

—Si —exclamó el espadachín con fingido dolor, cubriendo sus partes blandas en solidaridad con el príncipe Ask, como si hubieran sido sus genitales y no los de él los que el príncipe Loki había acertado con su lanza.

Ask se retorcía de dolor y proclamaba maldiciones mientras se acercaban a atenderlo. Afortunadamente la armadura lo había cubierto lo suficiente o ahí moriría la descendencia de Manaheim; aunque Fandral dudaba que volviera a tener una erección como era debido el resto de su vida.

"¿Eso no es ilegal? —preguntaban algunos— ¿No está prohibido acertar bajo el cinturón?"

"Es obvio que el príncipe Loki no es un experto en esto"

"¿Lo descalificaran?"

"Prometieron ser indulgentes con quienes no conocían el juego"

Pero eso poco importaba, Loki había ganado, de todas las formas posibles.

Por supuesto Ask no pudo presentarse esa noche a mostrar sus respetos a Loki, Fandral dudaba que fuera capaz de hincar rodilla en su situación, ¡Vamos! Dudaba que pudiera levantarse de la cama siquiera. Sin embargo, honrando el acuerdo, mando una comitiva en su representación.

Tiempo después se enterarían del misterioso incendio que devastó una de las bibliotecas más completas de Manaheim, culpando a un tal Julio Cesar por lo sucedido; mientras cajas repletas de manuscritos eran entregados a las puertas del palacio de Asgard.

Si bien era cierto lo que se murmuraba, que un golpe bajo el cinturón no estaba era legal, se permitió a Loki continuar con la contienda.

Este había alegado, con una mirada de tal inocencia que era imposible no creerle, que todo había sido un terrible y lamentable accidente. Según sus argumentos, el príncipe Ask había dañado su hombro izquierdo con los dos golpes anteriores, brazo con el cual sostenía la lanza; una mentita en toda regla, ya que Thor se había percatado que Loki era ambidiestro, pero no era algo que él fuera a revelar, por supuesto. Según las palabras del pelinegro, había perdido la fuerza en su extremidad aflojando el agarre de la lanza en el último momento, lo que había ocasionado que esta bajara y acertara en un lugar donde él, por supuesto, no estaba apuntando.

Todos sabían que aquello no era verdad y que si había sucedido de aquella forma, era porque el príncipe de hielo así lo había querido. Hubo quien incluso se atrevió a decir que los dos golpes que se dejó dar por el midgardiano habían sido a posta, tanto para hacer que el otro se confiara, como para usarlo en su favor en aquel alegato.

De cualquier forma, los jueces no tenían forma de saber que todo era un ajuste de cuentas y aunque lo sospecharan, no había forma de comprobarle nada. Hasta donde ellos sabían, Loki se había comportado de forma honorable y no podían negarle el derecho a continuar por un simple accidente que a cualquiera podía pasarle. Cosas peores sucedían en aquellos violentos deportes.

Luego de lo sucedido no hubo más incidentes y los espectadores se dedicaron a disfrutar de las contiendas; aunque Thor se percató, con cierta satisfacción, como los oponentes de Loki se preocupaban más por proteger ciertas partes preciadas de su cuerpo, que en acertarle a su contendiente.

Fue así como Loki llegó a la final, por muy increíble que pareciera.

—Hay que reconocer que su alteza es un contrincante digno de tener en cuenta —comentó Fandral y Thor no pudo estar más de acuerdo. Ahora se lo pensarían dos veces antes de subestimar al pequeño Jötunn—. Es una fortuna que el matrimonio con tu hermano es una farsa o con la cantidad de veces que ha faltado a sus votos Balder, creería que la falta del heredero es debido a que Loki lo ha castrado.

Thor volteo a ver su amigo mientras este reía de su propio chiste. Era cierto. A veces a Thor se le olvidaba que aquello había sido un acuerdo establecido entre los monarcas en donde poco se había tomado en cuenta la opinión de los involucrados, a pesar que ellos eran quienes tenían que lidiar con todo lo que eso conllevaba.

Sintió lastima por su hermano, al ser tratado como una herramienta más en manos de su padre, así como él lo estaba siendo en esos momentos al aceptar llevar a cabo aquella consigna. Pero más la sintió por Loki. Al menos Balder se había quedado en su reino y su vida seguía sin ninguna modificación relevante, en cambio Loki, había tenido que emigrar a un lugar donde era considerado un monstruo, con una familia que poco hacía por entender su forma de ser y sus costumbres. Y encima de eso, lidiar con la responsabilidad de un heredero engendrado más por obligación que por amor. Una pieza más en ese juego de poder.

Por un momento Thor se sintió asqueado con esa situación. No era eso lo que él deseaba para su hijo.

Había visto como Volstagg lidiaba con sus seis monstruos con una paciencia envidiable. Aquel guerrero de robusta figura, fiero en batalla y certero en sus ataques; pasaba sus horas libres tallando piezas de madera de criaturas siniestras para después llevarlas como obsequio a su regreso, con una nueva y fascinante historia que narraría a sus hijos mientras estos ponían atención con desbordado interés, con sus ojos repletos de cariño hacia su padre, de respeto y de admiración.

Jamás había pensado en su descendencia, al menos no como algo tangible y próximo; pero si sabía que cuando veía a Volstagg reír, tirado en el piso, mientras se defendía de un ejército de chiquillos que se peleaban por su atención, deseaba lo mismo.

No quería que su hijo creciera rodeado de tutores que le enseñaran a ser el perfecto príncipe. Que lo contemplara a lo lejos solo como una figura más a la que había que respetar porque así dictaba la norma, ni que fuera tratado como una pertenecía más de la corona a la que podían echar mano sin tomarlo en cuenta. No quería verlo agachar la cabeza y aceptar órdenes horribles igual que él. No quería que fuera como él.

Las trompetas sonaron anunciando el último encuentro. Los contrincantes se hallaban ya ocupando sus puestos en espera de la señal.

Thor contemplo la arrogante figura de Loki a la distancia, con su porte altivo y orgulloso. Un príncipe como él, sí, pero muy diferente a todos los que había conocido antes.

Vio la determinación y la fiereza en sus ojos y lo supo: que no había ser más perfecto en los nueve reinos para ser la madre de su hijo. Aun si él tenía que renunciar a su paternidad, su hijo estaría a salvo con él y nunca le faltaría nada… principalmente amor.

La bandera bajó y los caballos relincharon. En un momento ambos guerreros se hallaban corriendo a todo galope al encuentro de su adversario.

Las lanzas bajaron, se mantuvieron firmes y finalmente dieron en el blanco, ambas, con la misma fuerza e intensidad que consiguió partirlas a pedazos. La multitud se levantó en un rugido eufórico mientras aclamaba a su campeón. Los jueces dieron su veredicto declarando un empate y los contrincantes retornaron a sus puestos preparándose para el siguiente ataque.

—Lo hace bien —alabó Fandral—. No me sorprendería que se proclamara como el vencedor.

A Thor tampoco le sorprendía, en verdad. Loki tenía lo necesario para superar a cualquier contrincante.

Nuevamente la señal fue dada y los caballos emprendieron carrera.

Entonces, un clamor generalizado enmudeció a las masas seguido del estridente sonido de la armadura cayendo. Un relinchido de caballo al ser abruptamente frenado y el golpe seco de un cuerpo al estrellarse contra el piso.

—¡LOKI! —exclamó Thor horrorizado.

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—¡Con mil demonios, que estoy bien! —se quejaba el pelinegro ante la insistencia de los sanadores por revisarlo.

Luego de la aparatosa caída, Thor brincó del estrado y corrió desaforado hacia su cuñado. Antes de que los sanadores pudieran llegar al jötunn, este ya lo había revisado y sostenía entre sus brazos. Loki se hallaba sin sentido.

Mucho tiempo después se hablaría de la desesperación y la angustia pintada en el rostro del rubio guerrero, llamando a su cuñado para que despertara, mientras gruñía a los sanadores para que se dieran prisa. Al final, el mismo lo tomó en brazos y cargó con él hasta una tienda médica instalada a las orillas de los campos de juego.

Loki despertó al llegar, desconcertado por todo el alboroto que estaba aconteciendo a su alrededor. Pero más aún por encontrarse en brazos de su cuñado, quien se negaba a soltarlo a pesar de increparles a los sanadores que hicieran su trabajo y que estos le pidieran que lo recostara en la camilla para poder hacerlo. Al final fue Loki quien se separó, negándose a ser atendido a pesar de los argumentos de todos.

—¡Que estoy perfectamente bien! —insistió.

—Pero te caíste de un caballo a galope —trataba de hacerle ver Thor, aunque eso parecía no importarle—, puedes tener daños internos, algún hueso roto, un…

—Nada de eso —lo cortó Loki—. Conozco mi cuerpo a la perfección y sabría si me he lastimado y que tan grave puede llegar a ser el daño, gracias.

Loki despachó a los sanadores y a los tres guerreros que le servían como escolta. Todo aquello le parecía una soberana exageración. Había tenido caídas mucho peores que esa y había salido indemne. Sin embargo su cuñado no quería quitar el dedo del renglón, parecía realmente preocupado. Fue por eso que se atrevió a confesarle la verdad, en un intento por tranquilizarlo.

—Me desmaye —soltó sin más y esto hizo por fin enmudecer al guerrero.

—¿Te desmayaste? ¿Cómo que te desmayaste? No entiendo.

—Mi oponente no me derribó, yo comencé a marearme y caí del caballo. Eso fue todo. Por supuesto, prefiero que piensen que perdí con honor a que se diga que soy demasiado frágil para competir en un torneo de ese calibre.

—Creo que después de hoy nadie se atrevería a pensar eso —le dijo Thor sentándose a su lado. Ahora no solo se veía preocupado, lucia de verdad angustiado y Loki no sabía a qué atribuirlo—. ¿Ha pasado esto con anterioridad? Me refiero a estos últimos días ¿Has sufrido algún otro malestar?

—¿Qué? ¡No! ¿Por qué preguntas eso?

—Porque de ser así puede que… tal vez estés… tal vez hayas atrapado alguna enfermedad. Me sentiría mejor si dejaras que algún Sanador te revisara adecuadamente.

—¡De ninguna manera! —sentenció poniéndose de pie—. No me someteré a esas bestias por segunda ocasión. Si lo hice fue por consideración a la reina y solo por ella, pero no pienso tolerar que me manoseen y me traten como un espécimen de estudio nuevamente.

—Eso no pasará —sentenció firmemente Thor poniéndose de pie también y acercándosele. Lucía molesto—. Es importante cerciorarnos que estés bien.

—¡Estoy perfectamente bien! ¿Qué no lo entiendes?

—¿Y ese desmayo?

—¡Se debe a este endemoniado calor! —se quejó el jötunn— ¡No lo soporto! Quisiera que esta boda acabe de una buena vez.

Thor pareció ablandarse ante esto. Su semblante lucia menos fiero y angustiado, en su lugar le ofreció una amable sonrisa que lo desarmó.

—Solo faltan un par de días ¿sí? ¿Crees poder soportarlo? —lo consoló el rubio, poniendo sus grandes y toscas manos en los hombros de Loki y frotándolos con cariño, un cariño que lo desconcertó. Hasta donde recordaba, esta era la primera vez que había tenido contacto físico con su cuñado.

Sintió sus mejillas arder y supo de inmediato que se había sonrojado. Y aunque hubiera deseado huir con todas sus fuerzas para que no se percatara de eso, lo cierto es que no podía despegar sus ojos de aquella mirada franca acompañada de la sonrisa más tierna que le habían ofrecido hasta entonces. Estaba hipnotizado.

—Necesito que te revisen —insistió Thor—, por favor.

Loki resopló con fastidio, pero cedió. Era imposible decirle que no a esa mirada. Estaba seguro que si le hubiera pedido la vida él no se la hubiera negado.

—Le pediré a Helblindi que lo haga ¿De acuerdo? —le ofreció— solo para que estés más tranquilo.

—Gracias —susurró Thor cerca de él y luego procedió a hacer algo que Loki jamás hubiera esperado ni en sus más atrevidos sueños: le obsequio un beso en su frente.

El primer beso del hombre que amaba.

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Aquella noche Thor se encontraba realmente muy perturbado.

Un desmayo. Eso era lo que Loki le había revelado en aquella tienda y aunque este aseguraba tratarse del calor, él lo atribuía a síntomas de algo mucho más serio e importante.

No es que fuera experto en embarazos. Nunca había estado cerca de una mujer en dicho estado ni era un tema que antes le interesara. Pero sí que había escuchado a Volstagg quejarse de cada uno de los embarazos de su esposa, de cómo esta cambiaba de humor y se le hinchaban los pies, como le dolía la espalda y su autoestima se veía afectada. De los múltiples antojos y las náuseas matutinas, de los mareos constantes y las ganas irrefrenables de dormir.

Sabía que cada embarazo era diferente y que variaba mucho de una especie a otra. Sin embargo, ignoraba si los jötnar presentaban los mismos síntomas. Tal vez debería preguntarle a Karnilla mas adelante.

La puerta se abrió lentamente permitiendo la entrada nuevamente a su amante.

Llevaba la acostumbrada bata de delgada seda que revelaba más de lo que intentaba cubrir. Su adictiva y conocida fragancia se esparció por todos los rincones de su habitación.

—Loki —susurró casi sin aliento, presa de la deslumbrante imagen ante él.

Llevaba la piel perfumada, el cabello suelto y los ojos nublados por la poción. Esto último despertó un sentimiento de incomodidad en Thor.

Deseaba que pudiera ser de otra manera. Que Loki estuviera consiente y permitiera gustoso que él lo tomara. Que no tuviera que valerse de artimañas sucias para gozar de él… Que fuera su pareja y no la de su hermano.

Dos días, era todo lo que restaba para que la dichosa celebración terminara y su tiempo juntos concluyera. Volverían a ser aquellos desconocidos que solo se dedicaban un saludo amable durante las comidas familiares. Loki regresaría al lecho de su hermano, las escasas veces en que tuvieran que compartirlo y Thor…

No debió haberse involucrado, eso era cierto. Pero también era cierto que era imposible no hacerlo. Estaban hablando de un hijo. Su hijo. El que posiblemente ya se encontraba creciendo en el vientre de aquel chico parado frente de él.

Desanudó la bata que cubría la desnudez de Loki y la deslizó por sus hombros. Esta cayó hasta el piso revelando la oculta belleza ante él.

Se hallaba sentado en la esquina de su cama, con Loki situado entre sus piernas. Sus manos, sin darse cuenta, comenzaron a recorrer la suavidad de aquella piel marmórea, deteniéndose, sin que él lo pudiera evitar, en el vientre plano y perfecto del jötunn.

—Mi hijo —susurró casi con reverencia, besando aquella parte con cariño.

Se hallaba ahí, estaba casi seguro. Lo supo esa misma tarde cuando Loki le reveló lo del desmayo.

Independientemente si aquel evento era originado por la presencia de su hijo o no, Thor calló en cuenta que luego de dos semanas de yacer con él, era una gran posibilidad que no había contemplado.

Había considerado cancelar entonces la cita de esa noche. Habiendo cumplido ya con su deber, someterlo una noche más a semejante vejación se le hacía demás. Pero también sabía que podría ser la última y no quería desaprovecharla.

—Ven —lo invitó guiando a Loki hasta la cama donde lo recostó.

Se deshizo rápidamente de la parte de arriba de su ropa para después proceder a adorar el cuerpo tendido en su lecho, siguiendo suavemente con sus manos, el camino que recorrían sus ojos. Se tomó su tiempo para disfrutar de la suave textura de su cuerpo, de colmarse los pulmones con la fresca fragancia que desprendía su piel.

Sus labios tomaron el relevo, repartidos en forma de sutiles besos en puntos donde, sabia, hacían a Loki estremecer, deleitándose gustoso con su respuesta.

Un concierto de suspiros y tenues gemidos fueron brotando de Loki ante sus atenciones, mientras el pelinegro disfrutaba y se relajaba ante su toque. Excepto cuando las manos de Thor rozaron su intimidad. Su cuerpo se tensó de inmediato recordándole al rubio lo lastimado que se encontraba.

—Aguarda —susurró Thor, yendo hacia su mesita de noche en busca del regalo de Karnilla.

La verdad era que Loki no se movería a menos que Thor se lo ordenara, pero al rubio le gustaba pretender que había una interacción normal entre ellos; hacia el proceso menos crudo

—Date la vuelta y abre tus piernas —le pidió con suavidad.

Loki obedeció como siempre, obsequiándole al guerrero una de sus mejores vistas.

Thor se acomodó a su lado, subiendo con caricias por sus largas piernas, su redondeado trasero y su firme espalda. Acomodo el largo y sedoso pelo hacia un lado para brindarle pequeños besos en su nuca y susurrar en su oído:

—Relájate —mientras el abría el vial color lavanda y se empapaba un dedo con él.

Deslizo aquel dedo entre los dos firmes montículos que formaban sus nalgas hasta alcanzar la fruncida entrada, ahi se dedicó a masajear con suavidad y toda la delicadeza que un tosco y rudo guerrero como él era capaz de prodigar.

Repartió tiernos besos por su espalda para ayudar a distraer a Loki del escozor que seguramente sentía, mientras Thor volvía a colmar su dedo con el aceite para esta vez tratar de introducirlo lentamente en el ano de Loki.

—¡Ahh! —fue el lastimoso quejido que escapó de los labios del Jötunn, mientras su cuerpo hacia el intento por escapar de aquella invasión.

—Tranquilo —le susurró Thor al oído—, tranquilo, pronto estarás bien. Lo prometo.

Y Loki permaneció inmóvil aunque tenso, con lágrimas brotando de sus ojos fuertemente cerrados, mordiendo sus labios para resistir el dolor.

—Lo siento —le dijo Thor con la culpa carcomiéndole las entrañas—. Lo siento muchísimo. Sé que soy un bruto, pero no volveré a lastimarte. Lo prometo.

Thor beso su frente perlada de sudor y bebió las lágrimas saladas que mojaban su hermoso rostro. Se detuvo a la altura de sus labios. Jamás había besado a un hombre.

Un beso siempre se le hizo un acto demasiado intimo que pocas veces llegaba a compartir con sus amantes. Follaban, pero eso era todo. La mayoría de las veces ni recordaba su nombre. Sin embargo, en ese momento, deseaba hacerlo, lo deseaba con una fuerza tan irrefrenable que más parecía una necesidad. Lentamente, sin parar a meditarlo, se dejó llevar por esa fuerza y se acercó hasta tomar la pequeña boca del pelinegro.

Sus labios eran suaves, delgados y sabían a copos de nieve, de aquella que rara vez caía en Asgard pero que tantas veces paladeo en Jötunheim durante sus incursiones.

El cuerpo de Loki se relajó por fin ante aquel gesto, facilitándole la tarea a Thor de sanar las heridas que el mismo había causado. Era como si con ese simple gesto Loki le hubiera perdonado el daño, le entregara su confianza y pusiera en sus manos su cuerpo. Algo que desde luego no había sentido en sus anteriores encuentros donde a pesar de que ambos disfrutaban, había una barrera invisible que les impedía entregarse mutuamente.

El beso se fue tornando, sin que se dieran cuenta, en algo mas apasionado. Los labios de Loki se abrieron para recibir la lengua de Thor en su interior, algo que sin duda el rubio no dudo en hacer. Tomo su boca en un beso tan profundo y dulce que un gemido agonizante brotó de lo más profundo de su amante.

Luego de tomarse el tiempo para degustarse, Thor se separó para permitirles a ambos respirar, pero no por eso le permitió un segundo de tregua. Acomodo el cuerpo de Loki para que ambos estuvieran de lado, pecho contra pecho, mientras Thor se entregaba a la deliciosa sensación de probar la piel blanca que se le presentaba.

Trazó con suavidad la curva de su mandíbula, el tierno lóbulo de su oreja y su manzana de adán. Descendió hasta anidar contra el pulso que palpitaba acelerado bajo la piel de seda de su cuello y obsequio suaves mordiscos sobre su clavícula y su hombro.

—¡Thor! —fue el suave gemido que le heló la sangre.

Rápidamente se separó del el creyendo lo peor: que la poción había perdido efecto y que Loki había despertado. Si eso era así, era hombre muerto.

Para su sorpresa no encontró signos de que eso fuera posible. Los ojos de Loki, aunque dilatados por la excitación y nublados por el deseo, no parecían mostrar signos de conciencia. Seguía en el trance inducido por la poción. ¿Entonces como…?

Thor se volvió a acercar, lentamente, como quien está por acercarse a una bestia dormida que al menor descuido puede arrancarte la cabeza. Acaricio su rostro con el dorso de su mano, mirándolo directamente a los ojos.

—¿Loki?— lo llamó buscando signos de reconocimiento, pero al parecer Loki seguía dormido. Sin embargo, parecía ser consiente, aun a través de su sueño, de que era él quien lo tenía entre sus brazos.

—¡Thor! —gimió nuevamente de forma necesitada, restregándose contra él en busca de continuar.

Una sonrisa cargada de satisfacción se dibujó en su rostro. Loki, su Loki lo había reconocido. Más allá del sueño inducido por la poción, clamaba por él necesitándolo tanto como Thor.

—¡Thor!

—Aquí estoy cariño —le susurro tomándolo nuevamente entre sus brazos, esta vez con renovado ímpetu—. Aquí estoy.

Loki gimió desesperado, rozando su pene enhiesto contra la dureza oprimida dentro de los rígidos pantalones de piel de Thor.

—Aguarda —le pidió el rubio, separándose lo suficiente para deshacerse de ellos y girándose hacia la mesita donde había dejado la caja con viales.

Tomó entonces el vial color ámbar, el indicado para aumentar las placenteras sensaciones que estaba por arrancarle al pelinegro. Untó bien sus dedos en él y regreso junto a Loki para introducir, esta vez, dos dedos dentro de él.

Este los recibió arqueando su cuerpo, soltando un gemido de satisfacción. Al poco rato él mismo movía sus caderas en busca de más de aquella deliciosa fricción.

Thor lo complació moviendo los dedos en su interior, entrando y saliendo cadenciosamente, o girándolos y acariciando el sedoso y caliente interior.

Tal como había dicho Karnilla, la entrada de Loki se estaba dilatando con suma facilidad por la excitación y dejando correr un flujo natural que lubricaba su pasaje, permitiéndole hacer su trabajo con mayor facilidad.

Mientras tanto, él se entretenía poniendo en práctica algunas de las técnicas y consejos aprendidos en aquel libro. Mordisqueaba sus sonrosadas tetillas, torturándolas con deleite; mientras su otra mano, la que juro jamás tocaría un miembro que no fuera el suyo, se dedicaba a acariciar el palpitante, húmedo y caliente pene de su amante.

—¡Thor! —volvió a gemir Loki, esta vez con un toque de súplica—. Por favor.

—¿Qué es lo que quieres, lindo? ¿Qué necesitas?

—A ti, te quiero a ti —respondió con urgencia.

La verdad es que Thor no tenía pensado tomarlo esa noche. Su único objetivo era disfrutar de su cuerpo y hacerlo sentir bien, mientras sanaba las heridas que el mismo había ocasionado en su bestialidad. Pero la forma en que Loki lo pedía, con aquella fogosa pasión sonando tan parecido a un ruego… él simplemente no iba a poder resistirse.

—Date la vuelta— le dijo luego de darle un largo y apasionado beso.

Mientras Loki obedecía, Thor se preparó a sí mismo para lo que estaba por venir. No le llevo demasiado tiempo ya que su miembro estaba casi completamente erecto, producto de los gemidos y reacciones sumamente eróticas de Loki. Un par de caricias y ya estaba listo.

Estiró su mano nuevamente hasta la mesita para alcanzar el lubricante, aquel que la reina Norn le regalara en grandes cantidades. No es que fuera a necesitarlo, Loki estaba húmedo de manera natural y el también había contribuido un poco con los aceites que le estaba aplicando; aun así, untó una cantidad considerable sobre su miembro, solo para estar seguro que esta vez no iba a lastimarlo y se acercó hasta el cuerpo de Loki, alineándolo contra su entrada.

—¿Lo quieres? —le preguntó al oído, deslizando su glande entre la unión de sus glúteos y acariciando la palpitante entrada que clamaba por él.

—¡Si! —gimió Loki echando su trasero hacia atrás en busca de lo que deseaba.

—¿Qué tanto lo quieres?

—Lo necesito —rogó, retorciéndose entre sus brazos.

—Entonces te lo daré — le contestó al tiempo que empujaba lentamente su pelvis hacia adelante, lo suficiente para lograr atravesar aquel aro de músculos con su glande.

—¡Ahhhh! —Loki gimió esta vez con satisfacción.

—Te daré todo lo que quieras, toda la noche si lo deseas —le susurró mientras se iba hundiendo lentamente en él.

Un gemido ronco, mitad dolor y mitad placer escapo de la garganta de Loki cuando, impaciente, echo su cuerpo hacia atrás, empalándose el mismo de forma acelerada.

—Tranquilo —lo detuvo Thor—, no quiero lastimarte nuevamente —dijo con un jadeo, mientras sentía el palpitar de su miembro en el interior de ese cálido y estrecho conducto.

Sus brazos rodearon posesivamente el cuerpo del jötunn, reduciendo al mínimo la distancia que había entre los dos. Acaricio su pecho con deleite, mientras la otra mano bajaba hasta la entrepierna de su amante, reanudando la labor pendiente.

Cuando sintió que Loki se relajaba nuevamente, procedió a retirarse un poco para luego volver a entrar, arrancándole a ambos un jadeo por la inmensidad del placer.

Repitió esto unas cuantas veces más, hasta que consiguió deslizarse dentro y fuera de él con mayor facilidad. Entonces embistió con todo su ímpetu, alzando la pierna de Loki sobre su cadera para alcanzar mayor profundidad, haciendo que el placer fuera aumentando cada vez más, acompasándose con los latidos estremecidos de su corazón.

Loki gemía y se movía a su encuentro, invitándolo a entrar más en su interior, animándolo a ser más brusco.

Thor supo en ese momento que estaba perdido, que las advertencias de Karnilla habían llegado demasiado tarde, pues Loki le pertenecía, era suyo y de nadie más.

Lo aferro más a su cuerpo, envolviéndolo como si fuese un capullo del que nadie lo podría arrebatar jamás, besándolo con una desesperación y una entrega, que a punto estuvo de arrancarle lagrimas a ambos; en una promesa sin palabras, de que no iba a ser capaz de contenerse hasta que Loki se rindiera completa y absolutamente a él.

—¡Mas! —rogó Loki contra sus labios y Thor incremento el ritmo de sus caderas—. ¡Thor! —sollozó presa del éxtasis que estaba sintiendo.

Pronto, Thor sintió la cálida humedad en su mano y las fuertes contracciones ordeñar su miembro, arrastrándolo a una agonía de placer.

Thor se dejó ir, inundando son su semilla el interior de su cuñado, mientras ambos gemían en sincronía el nombre del otro.

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Estaba perdido.

Thor ahora podía decirlo con absoluta certeza. Ahí, con el cuerpo de Loki rendido al sueño, acurrucado contra el suyo y exhausto por la cantidad de veces que se habían amado esa noche, Thor lo supo: Loki no le pertenecía, jamás lo haría.

En cambio él, era absoluta y completamente suyo.