Summary: Creyó que sería el final de todo, mas la vida le daría una segunda oportunidad. Tendría que evitar cometer los mismos errores, y con ello, enfocarse en cambiar el rumbo que llevaba la vida de cierta persona. Itahina.
Disclaimer: Los personajes de esta historia le pertenecen a Masashi Kishimoto. Este fanfic no tiene ánimo de lucro, su único fin es entretenerles.
Capítulo 2: Memorias.
Observaba como al llegar al distrito la pequeña que traía de la mano se escondía detrás de sus piernas. Huyendo de la mirada de varios Uchiha que le escrudiñaban, notaba lo intimidante que eran los miembros de su clan para ella.—Discúlpeme, ¿Hyuga-san?
La niña se asomó para poder mirarle.— Perdón—soltó su mano y se arrodilló frente a ella, ella le miraba confundida, no entendiendo porqué se disculpaba.—Fui grosero, nunca le pregunté su nombre—le sonrió, aunque evidentemente conocía quién era ella. Sasuke veía todo con un mohín, odiaba que su hermano actuara de esa manera con otra persona que no fuera él.
—Hinata Hyuga—respondió en un tono bajo. Para Itachi, si no fuese por el oído desarrollado que había adquirido al pasar de los años en Anbu, no podría haberle escuchado.
—Bien, Hinata-san—se levantó, agarró de nueva cuenta su mano.—Él es Sasuke, mi hermano...
—¡Eso ya lo sabe, nii-san! No es necesario que se lo digas ¡Vamos!—Sasuke con prisas le agarró de su mano libre y lo llevó consigo hacia el espacio donde siempre entrenaban. Hinata los seguía sólo porque aun sostenía la mano del mayor, temía soltarse y perderse en ese sitio.
Itachi suspiró, Sasuke podía ser muy insistente -y celoso- cuando quería. Se dejó hacer, esperaba que la niña que traía consigo no se molestara por la intensidad de su hermano.
Llegaron a un sitio vacío, fuera de las miradas del resto de los Uchiha. Había varias dianas para practicar Shurikenjutsu, a un lado, una cesta con pergaminos y sellos explosivos. Habían kunai tiradas en el suelo y algunas incrustadas en las dianas, alguien había estado entrenando hace poco allí.
—Hinata-san, las flores que le mencioné están por allá—señaló un camino que llevaba a varias casas. Ella posó su mirada en la dirección que el mayor indicaba, al estar un poco lejos inconscientemente activó su Byakugan para expandir su campo de visión y poder apreciarlas, estaban en un área donde también se encontraban plantadas lo que parecía ser plantas medicinales, algunas las reconocía y otras, no sabía qué eran o para qué servían.
La pequeña era ignorante de la mirada sorprendida que recibía de ambos Uchiha. Sasuke estaba impresionado, pues nunca había visto el Byakugan en su forma activada. Itachi por su parte, se encontraba asombrado, sabía -gracias a un compañero Hyuga de su escuadrón- que el Byakugan podía activarse de varias maneras. Hinata no había usado ningún sello, y sólo los expertos podían lograr tal hazaña.
—¡Hey! ¡¿Cómo hiciste eso?!—Sasuke preguntó, la emoción era palpable en su voz. El mayor lo miraba con diversión, pocas veces su hermano se permitía actuar de manera infantil frente a desconocidos.
La pequeña brincó, estaba muy concentrada viendo a los alrededores como para acordarse de la existencia de su compañía.—¿Eh? ¿Hacer qué?— volteó hacia ellos, con el Byakugan ya desactivado.
— ¡Eso que hiciste hace un momento!—Hinata le dirigió una mirada interrogante, pidiendo silenciosamente que fuera más explícito.—Tienes un Dojutsu, ¿no? ¡Lo acabas de activar! ¿¡Cómo lo hiciste!? Por más que quiera yo no puedo hacerlo.
Hinata se veía sorprendida. Ciertamente, había activado su Byakugan, pero recién caía en cuenta de que lo hizo sin necesidad de sellos, ¿cómo lo logró? No recordaba haber avanzado tanto con su Kekkei Genkai... ¿O quizás lo hacía? En su sueño, creyó poder hacerlo. Pero solo por soñarlo, ¿lo podía hacer? ¿Eso era posible? No, era imposible. ¿Entonces por qué?
—¿Hinata-san?—Despertó de su ensimismamiento al oír a Itachi llamándola. Él la miraba preocupado, notó que ella no escuchaba cualquier cosa que su pequeño hermano le estuviera deciendo. Parecía desconectada de la realidad. La Hyuga se sonrojó intensamente, avergonzada por haber estado ignorándolos inconscientemente.
—Ah, só-sólo lo activé porque quería ver más lejos de lo que normalmente podría. Simplemente deseé hacerlo, y lo hice—explicó, era una respuesta muy vaga, pero era la verdad.— B-bueno, di-disculpen ya vuelvo—y huyó antes de que le hicieran más preguntas que no sabría responder, ella misma no entendía nada, mucho menos podría darle una explicación a otros.
Itachi intrigado la observó irse. Esa pequeña podría llegar a ser alguien muy fuerte si continuaba de esa manera.—Nii-san, ¿cómo se llama ese dojutsu?—Sasuke le miraba con curiosidad pura.
—Byakugan—le respondió, prestándole su completa atención. Rara vez Sasuke se interesaba en las habilidades y técnicas de otros clanes, usualmente se centraba sólo en las técnicas del clan.
—¿Qué hace? ¿Se activa de la misma forma que el Sharingan?—Itachi se rascó la barbilla, no podría darle una respuesta completa a su pequeño hermano. Él no tenía entero conocimiento del Byakugan, pues -al igual que los Uchiha- los Hyuga se encargaban de guardar información importante sobre su Kekkei Genkai .
—Bueno, tengo entendido que su campo de visión es increíble. Dicen que nada se escapa ante un Byakugan, lo llaman "Los ojos que todo lo ven". No los activan de la misma manera que nosotros, debido a que ellos nacen con ese Dojutsu, solo necesitan aprender a activarlo. A diferencia de los Uchiha, quienes necesitamos despertarlo y luego saber activarlo cuando sea necesario—Sasuke parecía extremadamente atento a sus palabras, era bastante visible que deseaba saber más.— Hinata-san activó su Kekkei Genkai sin necesidad de sellos, lo cual es difícil, sólo un ninja de nivel chunin o jounin puede lograrlo.
El pequeño Uchiha no podía estar más impresionado, si ella lograba tales cosas sin ser una genin entonces Hinata era increíble. Un creciente y extraño respeto comenzaba a crecer en su interior.—Eso quiere decir que ella es una genio, ¿no, nii-san?
Itachi asintió, cualquiera con sólo activar el Byakugan de esa manera a tan corta edad ya podía ser considerado un genio. Pero algo le inquietaba, escuchó que Hinata ya no era la heredera por ser demasiado débil y poco apta para asumir el cargo de líder; sin embargo, ella parecía tener un gran potencial, ¿Hiashi Hyuga no lo veía?
—El Clan Hyuga siempre ha tenido varios ninja fuertes en sus líneas—colocó su mano sobre la cabeza de Sasuke.—Son expertos en Taijutsu, escuché que uno de sus golpes duele tanto como si te clavaran una flecha.
—¿Crees que Hinata sea buena en Taijutsu?—Preguntó emocionado, si la respuesta era una afirmativa ya se veía pidiéndole a la Hyuga que entrenaran. Si su hermano mostraba admiración hacia un clan y sus técnicas, era porque definitivamente merecía tales elogios.
—Probablemente—sonrió.— Quizás puedas hacerte su amigo—sacudió sus cabellos.—Vamos, Sasuke—se encaminó hacia los shiruken y kunai que se encontraban dispersos en el campo de entrenamiento.— ¿No querías que te enseñara Shurikenjustu?—le hizo un gesto con la mano para que se acercara y Sasuke sin dudarlo corrió hacia él, emocionado porque por fin tendría un tiempo con su hermano. Itachi lo recibió con un suave golpe en su frente.
El pequeño acarició su frente.— Siempre caigo—expresó con molestia.
Itachi rió suavemente. ¿Habría algún día en que Sasuke le esquivaría? Incluso si estuviera en su lecho de muerte, realmente dudaba que Sasuke pudiera.
Apreciaba las distintas flores que había, todas eran hermosas, incluso más que las que estaban en su academia. Tendría que agradecerle apropiadamente al Uchiha, su hermana amaría lo que ella le llevaría. Estaba segura de ello. Amaba a Hanabi, sólo quería lo mejor para ella, incluso si sólo fueran unas flores, ella se arriesgaría de cualquier forma para obtener las mejores flores que estuvieran a su disposición y poder entregárselas.
Sonrió, podía imaginar la cara de felicidad que la castaña pondría al verle llegar con su regalo. Olían delicioso, y sus colores eran llamativos.—Vaya, encontré a alguien tan hermoso como las flores que están aquí—Hinata se sobresaltó y dio la vuelta, teniendo en sus manos un pequeño ramo con diversas flores. Un fuerte sonrojo surcó su cara al entender el halago.
Un chico de alborotados cabellos azabaches y ojos rasgados, traía una sonrisa plasmada en sus labios mientras le observaba.—¿Te perdiste, pequeña?—Se agachó a la altura de Hinata para poder observarla de frente. Ella negó con la cabeza, demasiado cohibida para hablar.—Mi nombre es Shisui, ¿alguien te trajo?—Ella asintió. El mayor rió mientras le revolvía el cabello, estaba enternecido a la par de divertido por la timidez de la niña.—No te voy hacer daño por hablar, ¿Sabes? Así que no es necesario que te mantengas en silencio. Siento que estoy haciendo un monólogo.
—L-lo siento mucho—Estaba nerviosa, nunca antes se le habían acercado de manera tan precipitada.
—No hay necesidad de disculparse—Se levantó.—Entonces, extraña-san, ¿cuál es tu nombre?—Colocó sus manos en su cadera, mientras le regalaba una sonrisa radiante. Deseaba que la pequeña dejara de lado la desconfianza y formalidad, ser tan educada y cerrada siendo tan pequeña era algo que aturdía a Shisui. Sabía a simple vista que ella era una Hyuga, y también conocía muy bien la clase de educación espartana que recibían los miembros del Clan; simplemente estaba en total desacuerdo con ello. Era fiel seguidor de la idea de que todos los niños debían divertirse y disfrutar de su infancia.
—Hinata Hyuga—Sonrió levemente, aquel sujeto parecía alguien agradable. Siempre tuvo la idea de que los Uchiha eran gente aterradora, todos se miraban serios, como su padre. Y si era honesta, su padre daba bastante miedo. Pero aparentemente se había equivocado.
—Entonces Hinata-chan, ¿cómo llegaste aquí? Por cierto, lindo ramo, ¿se lo darás a tu novio?—Le guiñó el ojo. La pequeña parecía haberse convertido en un tomate, ¿qué clase de transformación era esa?
—I-Itachi-san me trajo para poder conseguir f-flores—inhaló fuertemente, dándose valor.—Y no tengo novio.
—¡Oh! Entonces todavía tengo oportunidad contigo—Hinata le miró sorprendida. No sabiendo qué decir.— Sólo bromeo—Rió.— Parecías asustada, ¿tan mal estoy?—La pequeña parecía aterrorizada, quería intentar explicarle que eso no era así, pero Shisui se carcajeó con más fuerza.— Vale, tranquila, sólo te estoy tomando el pelo—después de unos segundos riendo, logró calmarse.— Eres divertida, Hinata-chan—le revolvió nuevamente el cabello.— Entonces Tachi te trajo... Es increíble, tanto tiempo pensando que nunca traería una mujer a la casa. Vaya que se había tardado—la azabache parecía confundida. ¿Para qué llevar una chica a la casa?—Verás, Hinata-chan, cuando un hombre no lleva una chica a la casa y sólo trae consigo pergaminos y armas, hay que preocuparse. ¡Pensé que Tachi se convertiría en un ermitaño! Aunque tampoco pensé que traería a alguien tan joven, creo que él está teniendo un severo problema con asumir su edad, quizás no digiere la idea de que está envejeciendo. ¡Eso es alarmante!—El mayor hablaba tan rápido que la Hyuga ya no comprendía qué decía, ella sólo se mantenía en silencio. Haciendo parecer que entendía todo lo que el otro decía. Y Shisui seguía hablando sólo, hasta que sin previo aviso se detuvo con un suspiro.—De cualquier forma, Hinata-chan todavía es muy joven, hay que esperar a que crezcas. Aunque Tachi sólo tiene trece años, por el rumbo en que iba su vida realmente estaba preocupado por él, no me imagino con un primo virgen durante toda su vida.
—¿Virgen?—Hinata ladeó la cabeza, esperando que el mayor definiera aquella palabra. El azabache quedó inmóvil ante tal pregunta. Justo en ese instante, Shisui sintió que la había cagado.
—Te agradezco tú preocupación, pero por favor, ¿podrías hacer silencio?— por la voz de Itachi parecía estar molesto, había llegado en plano monólogo del Uchiha mayor, escuchó todas las "preocupaciones" de su primo, las cuales veía totalmente innecesarias. Itachi suspiró.—Deja de insinuar cosas que no son, estás equivocado.
—Nii-san, ¿qué es "virgen"?—Itachi se sonrojó levemente, se aseguraría de que Shisui entendiera muy bien qué temas se podían o no tocar con niños. Se había olvidado que Sasuke estaba consigo, y que éste tenía una gran curiosidad.
—...Significa pureza—no estaba mintiendo del todo. Miró a la pequeña.— Hinata-san, ¿ya escogió las flores?—La más joven asintió.— Envié un mensajero a Hiashi-san, para notificarle que usted se hallaba aquí, así que no se preocupe por ello.
Hinata sonrió, definitivamente se había equivocado respecto a los Uchiha.— Tachi, tía me estuvo insistiendo en llevarte a saludarla. Dijo: "¿Dónde está ese hijo mío malagradecido que llegó a la aldea pero aún no pasa por donde su madre?", ella aparentemente está molesta, pensé que habías ido a saludarla después de llegar de la misión.
Itachi suspiró.—Decidí ir a buscar a Sasuke primero—sonrió al ver como éste se sonrojaba, seguramente estaba feliz por la atención que recibía de su parte.—Mi hora de llegada coincidía con la hora de salida de la academia. Además, era su primer día de clases—empezaron a caminar, inconscientemente Itachi ofreció su mano a Hinata, ella lo aceptó con cierta naturalidad.— En el camino me encontré a Hinata-san, alguien dañó las flores que ella había conseguido.
—Y decidiste hacer de héroe, qué lindo—terminó Shisui, con una sonrisa divertida en su rostro. Itachi le miró con el ceño levemente fruncido, a lo que Shisui se encogió de hombros, restándole importancia.— Fue buena idea traer a Hinata-san, quizás así tía se calme y no te quite el apellido.
—Shisui...—Advirtió antes de que su primo comenzara de nuevo.
—Lo sé, lo sé—siguieron caminando hasta llegar a la casa del líder Uchiha, hogar de Itachi y Sasuke. La Hyuga no sabía si debería de entrar, pero como el Uchiha no le soltaba la mano, supuso que podría. Antes de que siquiera Itachi tocara el pomo de la puerta, esta había sido abierta estrepitosamente.
Una mujer se asomó, en su rostro estaba tatuada la molestia que sentía.—¡Uchiha Itachi! ¿¡Se puede saber en dónde estabas!? Y no me vengas con excusas sin sentido porque...—La mujer detuvo su regaño al ver a una pequeña agarrada de la mano del mayor de sus hijos. La reconoció de inmediato como la anterior heredera Hyuga. Sonrió dulcemente, olvidando todo el enojo que había acumulado mientras esperaba a su hijo.— Oh, ¿y esta linda jovencita quién es?
—Hi-Hinata Hyuga—Se sonrojó suavemente, ese día había recibido muchos halagos. La mujer parecía examinar con la mirada a Hinata, pero de una forma distinta a la de los otros Uchiha, pues desde un inicio parecía estar encantada con la presencia de la menor.
—Soy Mikoto Uchiha, madre de ese joven irresponsable que tienes al lado, y del pequeño amargado de ahí—se presentó.— Es un milagro que Itachi traiga visita, por favor, pasa Hinata-chan.
Mikoto agarró la otra mano de la niña, Hinata miró a Itachi y cuando le soltó la mano, le dio a entender que debía seguir a la matriarca Uchiha. La pequeña se dejó llevar.—Hinata-chan, ¿qué te gusta hacer?
—Parece que ya empezó el interrogatorio clásico de tía Mikoto—Mencionó Shisui, los tres hombres estaban todavía en la entrada. Sasuke se encontraba cruzado de brazos, celoso de que su madre no le prestó la más mínima atención.
Itachi suspiró.— Así parece—se encaminó a las escaleras.— Me cambiaré.
Shisui asintió, su atención decayó en Sasuke, que aún parecía molesto.— Vamos, Sasuke. ¿Quieres esa clase de atención de tía Mikoto? Están tocando temas femeninos, creí que eras un hombrecito—sonrió cuando pudo ver el ceño fruncido del pequeño.
—¡Lo soy! ¡Yo no necesito eso!—Y se fue a su habitación molesto, pisando fuerte la madera del piso. Eso sólo pudo incrementar la diversión de Shisui.
El azabache se dirigió a donde estaban su tía y la niña del clan Hyuga. Parecían estar muy metidas en lo que sea que estuviesen hablando. Suspiró, decidió sentarse en el comedor a esperar la comida que probablemente -por el aroma que envolvía el ambiente- llegaría pronto.
—Me gusta prensar flores, cuidar y jugar con Hanabi-chan, cocinar, y me gusta la jardinería—Hinata respondía a todas las dudas de la mujer que estaba cocinando.—Si quiere la puedo ayudar en lo que está haciendo—ofreció en voz baja, con un poco de esperanza de que no la oyera. Para su desgracia, Mikoto tenía un muy buen oído, no por nada lograba oír los refunfuños de Sasuke cada que era regañado.
—Eres un amor, Hinata-chan—sonrió la matriarca, dándose la vuelta y encarándola.— Ven, te enseñaré qué hay que cocinar para que los hombres de esta casa estén felices.
Itachi había decidido darse un baño, odiaba el tenue olor a sangre que muchas veces traía impregnado en la ropa. En ocasiones, sentía que por más que lavara sus prendas o su propio cuerpo, la sangre que derramaba en sus misiones no se iría de él. Fue el único que escogió entrar a Anbu, así que tendría que cargar con ese apesadumbrado remordimiento.
Al bajar, oyó la voz animada de su madre junto con la de Shihui, seguramente hablando de algún tema que a ambos le agradaban. Agarró su cabello todavía húmedo en una coleta mientras se acercaba hacia las voces, se había tardado un poco en su tarea de asearse, se dio cuenta de ello al notar la presencia de su padre en la mesa del comedor.
—Oto-san—saludó al llegar, su padre le observó. Notó que el patriarca estuvo examinando a la Hyuga antes de que él hablara.
—Itachi—devolvió el saludo. Mikoto aun hablaba con Shisui animadamente, mientras Sasuke y Hinata permanecían en silencio sin saber qué aportar a la conversación.— Estoy sorprendido—dijo, devolviendo su vista a la pequeña niña que yacía sentada al lado de su mujer.
—¿Acerca de?—Preguntó, haciéndose el desentendido mientras se sentaba.
—Una Hyuga está aquí—señaló con obviedad.
—¿Le molesta?—Preguntó precavido. Sabía que los Hyuga y los Uchiha se tenían cierta riña desde hace años.
—Mientras no suponga un problema para el Clan—contestó, cerrando los ojos. Itachi se abstuvo de fruncir el ceño, Hinata era una niña, ¿qué clase de amenaza podría representar ella?
—No lo es—respondió con cierta firmeza en su voz. Fugako le miró seriamente, intentando saber qué pasaba por la mente de su heredero. Pero como siempre, Itachi era ilegible.
—Oh, Itachi, llegaste, pensé que tendría que recalentar la comida. Se iba a enfriar si te tardabas más—su madre le sonreía, estaba feliz de que todos estuvieran allí, incluyendo a la joven Hyuga.
—Disculpa, me estaba dando un baño—le sonrió de vuelta. Pudo sentir la mirada de Hinata clavada en él, pero le restó importancia. Había tenido una discusión silenciosa con su padre, realmente no deseaba pensar en nada.
—Bueno, Hinata-chan y yo cocinamos la cena. Esperamos que les guste—comunicó alegremente. Haber cocinado con la pequeña le dio la oportunidad de conocer más sobre ella, como el hecho que para su edad cocinaba bastante bien, y que ello se debía a que ella solía hacerle de comer a su pequeña hermana cuando la misma no quería comer lo que otros Hyuga hacían.
Con ello, todos agradecieron por la comida y procedieron a darle un bocado. Itachi en particular optó por probar primero unos onigiri que se veían bastante apetecibles. Debía admitir que estaban muy deliciosos, pero también era extraño, no era la sazón de su madre, por lo que sólo podía ser...
—¿Están buenos, Itachi? Hinata-chan hizo los onigiri ella sola, tiene bastante práctica en ello. Es muy buena en la cocina—el genio Uchiha asintió a la pregunta de su madre, efectivamente estaban muy ricos.
—¿Práctica? Pero Hinata-chan, tengo entendido que la rama secundaria son los que hacen todos los deberes del hogar—señaló Shisui. Itachi también tenía curiosidad en saber cómo la pequeña había aprendido a cocinar.
Hinata se sintió cohibida, todos centraban su atención en ella, incluyendo al patriarca del Clan. Mikoto ya lo sabía, así que sólo le observaba con una sonrisa, intentando transmitirle seguridad. Ella inhaló aire, imaginó que sólo estaba la mujer en el lugar, la cual rápidamente se ganó su confianza.— Porque... Hanabi-chan muchas veces sólo quiere comer lo que yo haga, y aprendí a cocinar cuando mi madre estaba con vida. Cuando... Cuando ella falleció, me dejó muchos libros de cocina hechos por ella misma, a-aun sigo aprendiendo de sus anotaciones—todo se sumió en silencio con la mención de la muerte de la matriarca Hyuga.
—Vaya, pues eres muy buena—habló primero Shisui.— Tu madre debió ser una gran maestra—le sonrió. Hinata asintió, estando totalmente de acuerdo.
—Mikoto-san también es muy buena enseñando—Tenía un suave sonrojo. La mencionada le miró cálidamente.
—¡Claro que lo es! Es mi oka-san, después de todo—respondió Sasuke con toda la seguridad que su voz podía expresar.
—Vaya, me alagas Hinata-chan—la mujer comenzó a reír sutilmente. Era agradable tener allí a Hinata, necesitaba una presencia femenina en la casa aparte de ella. Era algo agotador estar rodeada de puros hombres.— Cuando quieras, puedes venir a visitarme.
Así continuaron comiendo, era una escena bastante alegre. La presencia de la pequeña Hyuga había animado a Mikoto y a Shisui, quienes se esmeraban en mantener el ambiente agradable. Todos parecían disfrutar la cena mientras cada uno aportaba su granito de arena en la conversación que se llevaba a cabo en el comedor.
Itachi deseó en ese instante que el tiempo se detuviera.
—Disculpe por tardarme en traerla, Hinata-san-ya era de noche y se encontraban enfrente de los aposentos Hyuga.— La cena estuvo realmente buena, gracias por su ayuda.
—No se preocupe Itachi-san—Hinata sonrió levemente, se había divertido y pudo dejar de lado parte de su timidez estando con ellos.— Mi-Mikoto-san me regaló una cinta para amarrar el ramo de Hanabi-chan, e-es muy lindo. También me entregó unas galletas que había hecho en la mañana, dijo que se las entregara a Hanabi-chan.
—Ya veo—tocó la puerta, esperando a que algún miembro del clan le abriera a la joven.— Qué bueno que se haya divertido.
—Todos fueron a-agradables—mencionó.— Gracias a u-usted por las flores, son hermosas—hubo un corto silencio.— ¿Itachi-san?
—¿Sí?—centró su atención en ella.
—¿Di-discutió con su padre?—Preguntó, temerosa por haberse entrometido en un tema que no le concernía. Antes de que lo pensara mejor, ya había expresado en palabras, sólo restaba esperar no haber molestado a su acompañante.
Itachi estaba desconcertado.— ¿Por qué lo dice?
—En la cena, antes de que Mikoto-san le hablara, la a-aura que los rodeaba a usted y a Fugaku-san era bastante tensa—el azabache se impactó, no pensó que una niña como Hinata pudiera notar de manera tan eficiente los problemas en el ambiente que le rodeaba.
—No tiene que preocuparse, Hinata-san. Mi padre y yo estamos en buenos términos—por el momento.— Así que puede estarse tranquila—la Hyuga asintió, dejando el tema de lado enfocó su vista en la puerta, oía pasos acercándose.
—Hinata-sama—Ko fue quien abrió la puerta. Inmediatamente abrazó a la pequeña.— Qué bueno que llegó, me estaba comenzando a preocupar—suspiró y le agarró de la mano. Observó al Uchiha e hizo una reverencia.— Gracias por traerla, Uchiha-san.
Itachi correspondió a la reverencia con una menos pronunciada.—Hasta luego, Hinata-san, Hyuga-san—y desapareció de la vista de ambos. Los dos Hyuga se vieron sorprendidos por tan rápido traslado.
—Entremos, Hinata-sama. Hanabi-sama la ha estado esperando—la niña se emocionó, preguntándose qué tipo de expresión pondría su pequeña hermana ante el regalo que le daría.
Al adentrarse a la casa principal, una pequeña castaña le asaltó, haciendo que cayera de espaldas con Hanabi encima de ella.— ¡Nee-sama!—Hinata rió, aunque estaba adolorida por la caída, era realmente feliz de ver a la actual heredera.
—Hanabi-chan, te traje lo que te prometí—Hanabi se levantó, alegre y a la espera de ver con qué le llegó su hermana. Hinata le entregó las flores, y una pequeña bolsa con galletas.— Las galletas me la dieron, son para ti, espero que te gusten—a la castaña se le iluminó el rostro, una gran sonrisa se formó en sus labios, y más temprano que tarde se hallaba de nuevo en brazos de Hinata.
—Gracias, nee-sama. Me encanta—sonaba bastante feliz. Hinata sonrió, acariciándole la cabeza.—¡Ah! Nee-sama, oto-san quiere hablar contigo. Me dijo que te llevara a su despacho en cuanto llegaras.
La mayor palideció imperceptiblemente.— Está bien—emprendieron camino hacia el líder Hyuga.— Hanabi-chan, ¿cómo te fue en el entrenamiento?—Preguntó, intentando apartar sus pensamientos de la próxima reunión que tendría con su padre.
—¡Bien! Oto-san me felicitó porque pude evitar la mayoría de sus ataques—cierto rubor usurpaba las mejillas de la castaña. Hinata supo identificar fácilmente la felicidad que su hermana sentía en ese instante.— Dijo que si iba por ese camino, pronto me enseñaría técnicas del clan, y cómo activar el Byakugan con menos sellos.
Hinata le sonrió, feliz del logro de la pequeña.— Eso es increíble, Hanabi-chan. Tienes que esforzarte—la menor asintió con determinación brillando en sus ojos. Para la joven Hanabi, si había alguien a quien no deseaba decepcionar, era a Hinata.— Pero recuerda divertirte también—Hinata detuvo su paso y se agachó, mirando fijamente a su hermana. Tenía la necesidad de decirle lo que pensaba, y no sabía porqué.— Y si hay algo que no deseas hacer, no lo hagas, no importa si oto-sama te dice lo contrario. Hanabi-chan, siempre contarás con mi apoyo—le regaló la sonrisa más dulce que podía hacer.
Hanabi se sonrojó furiosamente, definitivamente su hermana era increíble. Sin aguantarlo más, la abrazó.—Gracias, nee-sama—se sentía segura cada vez que abrazaba a Hinata, la admiraba desde siempre. Creía fielmente que Hinata era un ejemplo a seguir.—Tú también cuentas con mi apoyo, nee-sama.
Hinata le sonrió una última vez. Extrañamente, se sentía más valiente que antes, y las palabras salían más seguras y firmes que de costumbre. Como si ya supiera qué hacer y decir. Era una sensación extraña; y sin embargo, familiar.— Hanabi-chan, espérame en tu cuarto. Iré a contarte cómo me fue hoy en cuanto salga de hablar con oto-sama—ya estaban cerca del despacho del patriarca Hyuga.
—Está bien, te espero nee-sama—Hanabi se soltó de su abrazo, y se fue dando brincos de vez en vez. Feliz por la idea de que Hinata le dedicara tiempo aún cuando llegaba tan tarde a casa. Sí, su nee-sama era la mejor.
Hinata suspiró. Ya no tenía temor de ir a donde su padre se hallaba, curiosamente solo quedaba el sentimiento de intriga. ¿Qué querría de ella?
Al llegar a la puerta, tocó un par de veces, recibiendo una contestación inmediata.— Pasa—ella obedeció, encontrándose a su padre sentado, con su usual expresión impasible. Se sentó justo al frente del Hyuga mayor.— Oí que estabas con los Uchiha.
—Si, oto-sama—respondió. Su padre le miró intensamente.
—¿Qué hicieron?—Hinata sentía que la mirada de su padre penetraba profundamente en su alma. Algo familiar, y curiosamente lejano.
—Recolectar flores—respondió. Sólo contestaba lo necesario, a pesar de su actual arranque de valentía, todavía le era difícil formular largas oraciones sin tartamudear.
—¿Flores?—Preguntó, tenía un ligero tono de incredulidad en su voz. Decir que el Hyuga no confiaba al cien por ciento en los Uchiha era más que una obviedad.
—Para Hanabi-chan—expuso.— Itachi-san me ofreció flores que estaban en su distrito—los nervios comenzaron a volver hacer acto de presencia al ver a su padre con una mueca de molestia.
—Hinata—habló con firmeza.—Las intenciones de los Uchiha hacia la aldea son desconocidas. No sabes qué planean, podrían usarte. Deberías dejar de ser tan ingenua—frunció su ceño.— Eres débil. Al menos esfuérzate en no ser una ventaja que los Uchiha utilicen en nuestra contra—de nuevo, su padre era crudo con sus palabras. Ella era constantemente criticada por su progenitor, causándole heridas unas tras otras. Pero en esta ocasión era diferente.— Tenlo presente, puedes irte.
Se levantó. Algo comenzaba a abordar su interior, lo recordaba. Era la misma sensación que había tenido en su sueño, podría llamarlo confianza. Los recuerdos de ese sueño la estaban empujando hacer cosas que creyó inimaginables, un creciente deseo de superación la abordaba cada que lo recordaba. Quería creer que podría ser como la Hinata que se imaginó ese día antes de levantarse, quizás podría, quizás era posible serlo...—Oto-san—Lo llamó, había llegado a la puerta cuando decidió, después de un debate interno, exteriorizó sus pensamientos —Antes... Antes de ser un arma usada contra la aldea...—Liberó el nudo que obstruía su habla, observando fijamente a su padre.— Yo moriría—y salió. Fue incapaz de ver la expresión anonadada de su padre, sólo cerró la puerta y se fue rápidamente del lugar, su corazón latía con fuerza.
Llegó a la habitación de Hanabi, quien la esperaba mientras acomodaba las flores en un jarrón.— Nee-sama—Hinata se sentó en la cama, indicándole con la mano que Hanabi hiciera lo mismo.
Así, comenzó una charla sobre cómo había sido el día de cada una. Al terminarla, la mayor se dispuso a leerle un cuento a su hermana, quien se quedó dormida a mitad de la lectura. Hinata arropó a la menor, y sin mucho preámbulo se dispuso a ir a su cuarto para dormir. En el instante en que tocó la almohada, el sueño le venció.
"Quería cambiar, por mí misma."
"—Yo no retiraré mis palabras..." Se sentía pesada, dolía cada centímetro de su cuerpo por culpa de los puntos de chakra que le habían cerrado. Sin embargo, utilizó lo que restaba de fuerza para levantarse, a pesar de que el dolor fuese insoportable. "Este..." Su jadeo constante exponía lo débil que se encontraba. Estaba en su límite. "Es... Mí camino ninja". A pesar de todo, su determinación permanecía inquebrantable. Continuaba con su deseo de seguir, aunque un golpe más fuera suficiente para causarle un gran daño.
"No sé por qué, pero mirándote. Siento como el valor crece en mí" Cada golpe que intentaba ejecutar, era esquivado o detenido con facilidad. Por mucho que se esforzara o deseara ganar, esa posibilidad parecía inaccesible, y aún así, no se rendía en intentar alcanzarlo.
Sus ilusiones fueron aplastadas cuando una dolorosa tos comenzaba a impedirle continuar.
Ese último golpe fue lo suficientemente fuerte para ocasionar su caída, junto a un severo daño en su corazón.
Y con todo el dolor, a pesar de que su cuerpo le exigía detenerse y su consciencia perderse en el mundo de la oscuridad, se levantó una vez más. Sus piernas podían mantenerla de pie sólo por el hecho de que su voluntad era más fuerte que su sufrimiento.
"—Siempre has cargado con el peso de ser del clan Hyuga. Odiándote por ser débil, pero no puedes cambiar, no se puede cambiar el destino" La otra persona soltaba duras palabras que sabía muy bien, iba más para sí mismo que para ella.
"—Te equivocas, Neji-nisan. Puedo verlo. Más que yo, quien sufre eres tú, eres quien verdaderamente está sufriendo por el destino de la rama principal y secundaria de Clan" Ella lo sabía, porque a sus ojos, al igual que los de él, no se les escapaba nada.
Quería continuar diciéndole las debilidades que ella podía observar en su alma...
Mas esos mismos ojos que podían verlo todo, se cerraron, cayó en la inconsciencia mientras sentía como su corazón se oprimía dolorosamente... "—¡Equipo médico!"
"-No crean que podrán ganar, después de todo estando Hinata con nosotros, somos lo suficientemente fuertes para patearles el trasero. ¿Cierto, Akamaru?"
Oír todo aquello la llenaba de tranquilidad. Sentía la confianza creciendo, estaba cambiando su destino. Y podía serle de utilidad a sus amigos.
Estaba en peligro, tenía que hacer algo. Aunque ella no significara una amenaza para su oponente, tenía que evitar que le hicieran más daño.
Antes de siquiera pensarlo o crear una estrategia, ya había entrado en el campo de visión de su enemigo. Obstruyéndole el camino hacia esa persona.
Sus emociones estaban por sobre su vida.
Lo sabía, tendría que decir la verdad, quizás serían sus últimas palabras.
"—Siempre lloraba y me rendía a la primera, siempre me equivocaba, pero Naruto-kun, me enseñaste el camino correcto" su corazón iba a explotar "Siempre he ido tras de ti, siempre deseando alcanzarte algún día, siempre soñando que podríamos caminar juntos, intentando llegar a donde tú llegaras. ¡Tú me cambiaste! ¡Tu sonrisa me salvo de mi misma! ¡No tengo miedo de morir si eso significa que puedo protegerte!"
"—Porque... Yo... Te amo... Naruto-kun..."
Empleó por primera vez aquella técnica que secretamente entrenó, estaba prohibida dentro de su clan por la necesidad tan elevada de control de chakra , pero era lo único que podía usar por los momentos, aunque sabía que no funcionaría contra el enemigo. Se sentía desesperada por salvar aquella vida, era su motivación por seguir.
Su cuerpo fue estrellado incontables veces contra el suelo, le dolía respirar. Múltiples huesos incluyendo sus costillas estaban rotos. Sin embargo; arrastrándose logró llegar hasta él. Quería recordarle aquello que tantas veces le había motivado.
"—Yo no retrocedo a mi palabra, porque ese es mi camino ninja".
Una vez más en su vida, su mundo se sumió en la oscuridad.
"—Hinata-sama, si usted cree en sí misma. Podrá lograr todo lo que se proponga" él le sonrió. Alguien que alguna vez la subestimó, ahora creía en ella "Y yo pienso que usted puede hacer cualquier cosa si lo desea"... Un sentimiento cálido crecía en su interior "Supere sus límites, Hinata-sama. Continúe dando pasos hacia adelante, sin miedo."
"Neji-niisan, desde ahora, siempre iré un paso adelante".
Oyó el grito desesperado de su primo por querer salvarla. Esperaba un ataque a sus espaldas, pero éste nunca llegó. Sus adversarios yacían esparcidos en el suelo, sin ser capaces de dar más lucha. Deseó ser ella quien les hubiera dado fin. "—No te preocupes, Hinata" Naruto le había salvado. Ella realmente quería ser como él "Puedo verlo en tus ojos. Crees que eres débil, pero no es cierto, créeme. Porque eres muy fuerte."
Y honestamente, le creyó.
"—Si hay alguien que puede volverse terriblemente fuerte, esa es usted Hinata-sama" Otra vez, más y más palabras alentadoras dirigidas única y exclusivamente a su persona.
Sí, Naruto, Neji, Kiba, Shino, las chicas, todos tenían razón. Ella era fuerte. Lo suficiente para poder protegerles de cualquier forma posible, incluso, con su vida.
"Solo... Por favor, vivan..." fue su único y último deseo.
Se levantó estrepitosamente, su respiración era acelerada. Su ropa se encontraba húmeda por el sudor, fue intenso. Todavía sentía perfectamente aquellas estacas atravesando todo su cuerpo, esa horrible sensación de perder fuerzas y morir. Había soñado con lo mismo, como una recapitulación de lo que alguna vez fue, es, o será su vida.
Era aterrador...
Más que un sueño, parecía ser un recordatorio. Y algo le decía que su suposición era cierta.
Ella... Probablemente se había sacrificado en alguna ocasión.
Sentía que debía evitar que lo mismo ocurriese, pero... ¿cómo? En esta época, es muy joven para hacer cualquier cosa. En su sueño, ella se aproximaba a los dieciocho años...
Creía que no podría hacer nada por el momento, pero su subconsciente le insistía quesí podía.
Recordaba claramente todo, y ahora, debía comenzar a idear algo para evitar que ese final ocurriese nuevamente. ¿Cómo? No tenía idea.
Pero era momento de corregir la historia.
Notas de autor: Debido a la situación por la que pasa mi país (Venezuela), decidí actualizar antes por si acaso. Quizá me tarde subiendo el próximo (que ya está casi terminado), espero les haya gustado.
¡Gracias por sus reviews y favoritos! Estaré agradecida de leer sus opiniones respecto a este capítulo.
No me dio tiempo de corregir correctamente, con el tiempo iré eliminando esos errores, por el momento espero que no pierdan la vista mientras leen :v
Todos los que dejaron su comentario, que sepan que tienen mi amor ganado. Es por ustedes que actualizo más rápido :D *guiño* *besito* *guiño*. Gracias por tomar parte de su tiempo en decirme lo que piensan.
¡Hasta luego!
