Summary: Creyó que sería el final de todo, mas la vida le daría una segunda oportunidad. Tendría que evitar cometer los mismos errores, y con ello, enfocarse en cambiar el rumbo que llevaba la vida de cierta persona. Itahina.

Disclaimer:Los personajes de esta historia le pertenecen aMasashi Kishimoto. Este fanfic no tiene ánimo de lucro, su único fin es entretenerles.


Capítulo 5: Prueba.

El sudor corría libremente por su rostro, terminando el recorrido en su barbilla para después caer precipitadamente en el suelo. Inhaló con ganas, pues el esfuerzo físico realizado hacía que su cuerpo le exigiera oxígeno. Últimamente recurría a los entrenamientos para dispersar sus pensamientos, todos aquellos que tratasen sobre el dilema en que estaba envuelto. El estrés era liberado a través de los movimientos, y la frustración se iba conforme mayor fuerza empleara al lanzar los shuriken o encestar golpes.

Utilizaba un bosque poco concurrido, aquel en que había instalado unas dianas para practicar shurikenjutsu. Sentía el alivio recorrer por sus venas cuando el sonido de las aves era la música que ambientaba el sitio, el ruido local de la aldea no llegaba a donde él se hallaba y aquello le producía una inexplicable satisfacción. En esa zona boscosa podía fácilmente sentirse despreocupado, olvidarse por unos minutos de quién era y de dónde provenía.

Agradecía enormemente el momento en que expusieron la noticia de que el lugar carecía de recursos valiosos, y por dicha razón las personas que hurtaban los lares en busca de algún milagro que le ayudase a sobrellevar su vida ya no frecuentaban la zona. Tampoco poseía algún atractivo para ser denominado como un parque, y sin embargo a él no dejaba de parecerle un lugar hermoso.

Quienes que no disfrutaban de la paz y la naturaleza nunca encontrarían el encanto que aquel bosque gozaba.

Se sentó en el nacimiento de un árbol, inspirando el limpio oxígeno que envolvía su entorno. Sabía que el día decisivo se aproximaba, ese en donde llevarían a cabo aquella técnica que le cobraría la vista de un ojo a su primo. Tenía un mal presentimiento que llegaba a pesarle la conciencia desde aquel día en que atrapó al líder de Raíz merodeando el distrito Uchiha, más específicamente la parte del barrio donde estaba la casa de Shisui.

Danzo era alguien de temer y aunque sabía que dicho hombre amaba la aldea, los métodos que usaba no eran del todo ortodoxos. Si se proponía ser alguien -aún más- rastrero, podía serlo sin ningún problema. Era como un caballo de carreras, su vista solo se centraba en un sitio y no había entorno al que mirar, su objetivo era uno solo y lo lograría sin importar los medios. Por esa razón, era alguien de temer.

Una persona podía calificarse como peligrosa cuando no le molesta sacrificar a otros o a sí mismo en pro de su misión ya establecida. Era un hombre que no se regía por las normas ninjas o siquiera conocía los límites morales que cualquier persona tendría siempre en mente. Un arma de doble filo para la aldea, eso representaba Danzo.

Soltó su cabello y volvió amarrarlo en una coleta, pues con la actividad física varios mechones de cabello se habían soltado. Suspiró, deseaba fervientemente que su primo fuera precavido y aun así seguía sin conseguir evitar que su laboriosa mente imaginara desde antes los sucesos que podrían acontecer si tan solo su plan principal -y el único- llegaba a fallar.

El "… Y si" de varias incógnitas alcanzaba perturbarle a tales grados de causarle una enorme inquietud.

El hilo de sus pensamientos se esfumó cuando escuchó el sonido de varias ramas romperse, sin perder tiempo sus sentidos fueron agudizándose aún más y al levantarse dirigió sus pasos al lugar donde provenían los ruidos.

Subió a uno de los árboles cercanos y ocultó -con uso del sharingan- su presencia para pasar inadvertido y poder ver mejor al causante de detener su pasado ensimismamiento. La sorpresa fue grata al distinguir a una niña que él bien conocía dejando una canasta en el suelo, intrigado por sus acciones optó por sentarse sobre la rama en que estaba parado. Tenía tiempo sin ver a la Hyuga y las pocas veces que ella intentó acercársele él la eludió, estando con los ánimos demasiado bajos como para querer entablar una charla con ella o con cualquiera.

Ahora en cambio, no quería irse del sitio y estaba curiosamente interesado en ver lo que aquella pequeña haría.

Hinata se posó en el centro del sitio, varios árboles la rodeaban y daban espacio, ilustraban un refugio imaginario si lo veías desde cierta perspectiva. Itachi ladeó una sonrisa al verla practicar el puño suave, ellos habían coincidido no solo en el sitio sino también con el fin de usarlo como lugar de entrenamiento.

La niña lanzaba golpes al aire con sus manos hechas palmas, al activar su Sharingan pudo darse cuenta que con cada arremetida cierta cantidad de chakra era expulsado de esas pequeñas manos. Hinata fue cambiando la rutina que ya había pactado, sus movimientos iban volviéndose más elegantes y a la vez certeros. Él pudo casi imaginar a un contrincante recibiendo la tanda de golpes y le resultaba difícil calcular cuánto dolor sufriría el individuo.

Observó a Hinata y como esta se ponía delante de un árbol cercano con un par de metros separándoles, activando su Byakugan. La niña estiró las piernas, inclinó su cuerpo y desplegó sus brazos en direcciones contrarias. Su vista no se despegaba del pequeño cuerpo de ella, solo una vez él pudo apreciar aquella pose y no concebía la idea de lo que estaba por ver con sus propios ojos.

Aquel diminuto cuerpo se lanzó hacia el árbol, utilizando los dedos índice y medio de ambas manos para cometer embestidas en contra del tronco. Gracias a su dojutsu alcanzó a ver como aquellos dedos figuraban finas cuchillas de chakra, unas que con el debido manejo podrían no solo cerrar un punto de charka sino también destruirlo.

La velocidad de los ataques era sorprendente, aumentando en cada ronda, en menos de cinco minutos el tronco cedió al recibir el último golpe, siendo una gran parte de este expulsada con fuerza al otro extremo de la zona y dando como resultado que el resto del árbol cayera. Si una persona hubiera recibido el daño ya se encontraría inconsciente o en el peor de los casos muerta.

Hinata pasó su antebrazo por su frente, probablemente limpiándose el sudor que haya podido soltar con el Hakke Rokujuyon Sho. Él no podía estar más maravillado con esa técnica, sólo la alcanzó a ver una vez, cuando la guerra todavía cobraba vidas y él era muy niño.

No conseguía quitarle los ojos de encima a Hinata, ella demostraba la elegancia que los Hyuga poseían a la hora de luchar o revelar sus técnicas. Siendo una pequeña niña manejaba una técnica que según sabía sólo conocían algunos de la rama principal del clan Hyuga, era en extremo difícil y con una exigencia muy grande. A simple vista podía ver que se requería de fuerza, buen manejo de chakra, velocidad y una enorme agilidad para conseguir efectuarla.

Dejó de admirar a la niña cuando notó que ésta comenzaba a realizar de nueva cuenta el Hakke Rokujuyon Sho, pero esta vez el ataque iba contra el tronco del árbol en el cual él se escondía y sin más opción que mostrarse frente a la pequeña, saltó hasta estar cerca de ella antes de ver a otro árbol se desplomándose.

Cuando Hinata le distinguió se vio en extremo preocupada, desactivando el Byakugan al instante y un enorme sonrojo surcando sus pálidas mejillas.—¡Dis-discúlpeme Itachi-san! S-solo vi a una persona escondiéndose en ese árbol, no pensé que fuera usted, ¡lo siento!

Muchos Hyuga no le habrían siquiera detectado tras haber ocultado su presencia. El mayor ya no sabía si debía asombrarse del alcance que los ojos de la niña tenían, pues dado lo visto todo en ella parecía ser increíble. Hinata podría tener de misión ser una fuente de sorpresas y misterios para él y sin lugar a dudas la habría cumplido exitosamente.—No se preocupe, Hinata-san. Solo descansaba.

Una suave brisa meció el cabello de ambos, trayendo consigo un silencio para nada incómodo. Por un lado Hinata intentaba ordenar sus pensamientos, todavía nerviosa por encontrarse con el mayor después de un buen período de tiempo, y por otro lado Itachi solamente disfrutaba del agradable ambiente.—¡Ah!—El Uchiha observó a la niña, quien apresurada corrió hacia la canasta que momentos atrás dejó en el suelo.— I-Itachi-san—ella le observaba, la vergüenza y duda siendo las tintas que pintaban su delicado rostro.—Y-yo vine a entrenar, traje comida conmigo porque quería comer al aire libre…—El rostro de ella comenzaba a teñirse de un vivo color rojo. Él pudo hacer una acotación bastante interesante, pues cuando la niña hablaba para sí misma o se olvidaba de su presencia la seguridad y fluidez de sus palabras era mayor, muy por el contrario de cuando era plenamente consciente del entorno que le rodease. Su timidez cubría su gran ingenio, pensó que quizás por ello había sido sustituida como heredera del clan, no pudieron ver su valor.— Y quería saber si usted…Si usted…—Apartó la mirada del mayor al ser incapaz de continuar sosteniéndola. Dio una larga inhalación, intentando apartar su nerviosismo.— ¿Desea comer conmigo? Hice muchos onigiri porque Hanabi iba a comer conmigo, pero no pudo.

Itachi sonrió.—Por supuesto—los dos se sentaron a los pies de uno de los árboles, con una manta debajo de ellos. Hinata abrió la canasta y le tendió una de las bolas de arroz al mayor, quien la aceptó con gusto. Ambos degustaban de sus respectivos aperitivos en silencio.—Gracias, está delicioso, Hinata-san—la pequeña asintió, dando bocados silenciosos mientras observaba los distintos animales que se paseaban por la zona.

—¿Qué hacía Itachi-san aquí?—Preguntó al tiempo que agarraba otra bola de arroz, en esta ocasión contenía salmón. La boca se le hizo agua tras darle el primer mordisco, estaba muy rico.

—Lo mismo que usted, entrenar—para suerte del Uchiha le había tocado varios onigiri con vegetales, eso le complacía enormemente al no ser muy fan de las carnes.— Hinata-san, quisiera preguntarle algo—tenía una sospecha y quería saber si era acertada.

La niña le miró por unos segundos, probablemente intentando analizar su rostro que -para la desgracia de ella- permanecía estoico. Al poco tiempo apartó sus ojos de él, asintiendo antes de volver a probar su comida.—Me he dado cuenta de que maneja muy bien el taijutsu de su clan e incluso su línea sucesora. Usted podría ser una gran líder—Hinata se encogió en su lugar, atragantándose por momentos con el arroz. Itachi notó esto, afianzando aún más sus pensamientos al respecto. Tras un corto silencio; continuó.—Usted es una persona amable. Todos los descendientes de los clanes sabían que tuvo que luchar contra su hermana por el puesto de heredera—un gesto suave abarcó su rostro.—Sin embargo, pienso que usted le dejó ganar, ¿no es así?—Observó fijamente a la pequeña.— Corríjame si me equivoco, por favor.

Ninguno de los dos habló, aunque él podía darse cuenta de que Hinata sudaba angustia por cada poro de su ser. ¿Había dado en el blanco? Tal parecía ser que así era. Si había algo que él mantenía desde la niñez, era su curiosidad respecto a varios temas: jutsus, historia, clanes, armas…, pero entre ellos destacaba la reacción ante ciertas situaciones al igual que la actitud o personalidad de la gente. Solía examinarlas, analizar sus gestos y descubrir cómo eran, qué acciones tomarían, qué dirían e incluso cómo pensarían; era algo que podría tomarse como un pasatiempo y -para su dicha- era bueno en ello.

Hinata no estaba exonerada de su curiosidad, la cual poco a poco incrementaba pues intentar saber cómo pensaba la niña no era una tarea tan fácil.

—A-al principio, yo no planeaba cederle el puesto de líder a Hanabi-chan—la menor observó el cielo, estaba un poco apenada de ser descubierta. Pero deseaba ser honesta, creía que si lo era, alguien tan cerrado como Itachi también lo sería con ella y eso le daba una extraña sensación de seguridad.—Los entrenamientos con mi padre eran muy fuertes y exigentes, y-yo no quería que ella pasara por eso—porque a pesar de no ser tan fuerte como se esperaba, en ese entonces tuvo la oportunidad de seguir como heredera.—Creía que la estaba protegiendo, que sería lo mejor para ella—hubo otro de esos momentos en los que la niña se quedaba callada y era absorbida por sus pensamientos, seguramente recordando lo sucedido.

Él decidió traerla de vuelta.—¿Y qué le hizo cambiar de opinión?—La pequeña se sonrojó furiosamente por haberse perdido en otro mundo, dejó de mirar el cielo y se centró en la canasta.

—Y-yo… Me di cuenta de que estaba equivocada—agarró un pequeño envase que contenía té, vertiendo su contenido en dos tazas, sus manos temblaban levemente a la hora de entregarle uno al mayor. Dio el primer sorbo a su bebida para luego continuar hablando.— No era lo mejor porque yo no confiaba en ella—tragó duro.— C-creí que sería como yo… Pero no era así, ella no es así, y la mejor forma de protegerla era haciéndola líder del Clan—sin quererlo, la manía de jugar con sus manos volvió después de mucho tiempo e hizo acto de presencia en ese instante.—Se haría fuerte, dirigiría mejor al Clan, no sería sellada y yo me volvería f-fuerte desde afuera para poder protegerla con mis propias manos.

El mayor la observaba en silencio, sopesando todo lo escuchado.—¿Cómo está tan segura de que fue la mejor decisión?

—No lo estoy, solo… Creo en ella.


Corría a toda velocidad por las calles de Konoha, se le hacía tarde y el estúpido reloj que fungía como alarma no le despertó a la hora acordada. Aunque siempre iba tarde, nunca había sido tanto como ese día. Él realmente iba atrasado, y con atraso se refería a dos horas de tardanza.

¿Pero cómo podía levantarse más temprano si soñaba con un rico tazón de ramen? Sin la alarma, esa era una tarea titánica. Sencillamente imposible.

Nadie le gana al ramen, mucho menos un simple mortal como él.

Y era entonces cuando volvía a maldecir a la tontería que tenía por reloj,aunque…

Detuvo su carrera.

¿Él de verdad había puesto la alarma el día anterior?

… Oh.

Bueno, de cualquier forma seguía siendo culpa de ese cacharro. Debería considerar comprarse uno más actualizado y botar el que tiene. Tendría que ahorrar el dinero que el tercero le daba para su sustento y eso significaba menos "lujos" como lo era el ramen, en conclusión: quizás no era tan necesario un nuevo reloj. El que tenía era muy lindo y hasta cariño le había agarrado.

Al cruzar el portón de la academia se dio cuenta de que ya era la hora de de la merienda y todos estaban afuera, algo que era bueno porque así Iruka-sensei no le reñiría por llegar tarde, o eso creía. Mientras examinaba el lugar con la mirada en busca de sus amigos se topó con una niña de cabellos rosados, le parecía linda, no era la primera vez que la veía pero sí la única en que no intentó acercarse a ella pues suficientes rechazos había tenido de su parte.

Y algunos de esos rechazos podían ser bastante hirientes para él.

Suspiró, y pensar que una chica tan linda estaba colada por su amigo idiota. Aunque si de belleza hablaba su amiga no se quedaba atrás, no sabía el qué, pero algo la hacía en extremo tierna y no podía evitar sentir feo cuando Sasuke estaba tan cerca de ella o se la llevaba para sí solo. El teme era muy egoísta, Hinata es amiga de ambos y por ende debe pasar tiempo con los dos, no solo con él.

Pasó de largo sin saludar a Sakura y dirigió su andar a donde estaban Sasuke y Hinata desayunando, se encontraban sentados en una de las bancas que recibía sombra de los árboles. Era completamente ignorante de la mirada confusa que le había regalado Haruno al pasar a su lado.

—¡Chicos!—Los dos dejaron de hablar y miraron a su rubio amigo.

—Naruto-kun, buenos días—como siempre, Hinata le saludaba con una sonrisa y un leve color rosado en sus mejillas. Él le devolvió el gesto.

—Buenas tardes—nunca faltaba el sarcasmo—Llegas tarde, dobe—Sasuke le miraba inquisitivamente, en espera de su justificación. El Uchiha conocía bien a Naruto y sabía del gran repertorio de excusas que tenía.

—Tuve un retraso—rió mientras se rascaba la nuca despreocupadamente, ¿qué más podía decir? De igual forma para Sasuke no había pero que valga para llegar tarde.

El azabache rodó sus ojos.—Dinos algo que no sepamos.

—¿Eh?—Ladeó la cabeza, sin comprender. Tal vez por primera vez en la vida Sasuke le estuviera entendiendo y no le regañara por llegar tarde… Claro, eso pensó hasta que cayó en cuenta de a qué se refería.— ¡Hey! Tú, teme…

—Muy tarde para responder—el Uchiha le dio un bocado a su desayuno. Era extraño, Sasuke siempre comía en casa.

El rubio se sentó al otro lado de Hinata, quien hasta los momentos solo se concentraba en su comida.— Teme, ¿por qué comes aquí? Digo, tu mamá siempre te hace el desayuno temprano y te lo comes en tu casa.

—Ya había desayunado, pero me dio hambre de nuevo, últimamente es así y por eso hoy Hinata me trajo comida hecha por ella—Naruto observó boquiabierto a Hinata y después a Sasuke.

—¡¿Le pediste a Hina-chan que te hiciera de comer!? ¡Teme, eres un sucio aprovechado!—Le reprochó, señalándolo de manera acusadora con el dedo.

—Yo no le pedí comida, idiota. No me confundas contigo—el moreno tenía el ceño fruncido, harto de las tonterías que su amigo soltaba sin el menor reparo.— Ella lo trajo porque quiso.

—No te preocupes Naruto-kun, si deseas la próxima te hago el desayuno a ti también—y antes de que el rubio pudiera contestar, el rugido de su estómago lo hizo por él.

Esta vez fue su turno para sonrojarse, normalmente era Hinata quien cumplía ese rol en el grupo.— Jeje, lo siento. No alcancé a desayunar por salir corriendo hasta acá—se rascó la nuca, avergonzado. Cuando fijó su vista notó que la única chica entre ellos le tendió algo, era su desayuno.— Hina-chan…—su vista se nubló, empezó a soltar lágrimas que venían haciendo combo con mocos.— Eres un ángel—juntó ambas manos.— Dime a cuál dios debo rezarle para que mande más ángeles como tú a la tierra.

Cuando iba agarrar el obento con comida, otra mano le detuvo, Sasuke le agarraba de la muñeca.— Ten—le pasó su propia caja de comida.— Cómete mi desayuno, ya no tengo hambre—el moreno dejó que Hinata siguiera desayunando.

Naruto lo observó con sospecha, aceptándolo de todas formas.— ¿Tiene veneno, verdad?—Y a pesar de sus palabras ya tenía medio bocado dentro, hablando con la boca llena pero sin dejar de ver acusatoriamente al azabache.

—No, y si lo tuviera ya estarías muerto—le reprochó, negando con la cabeza.— Hoy Hinata no podrá entrenar con nosotros—informó después de un largo período en silencio.

—¿¡Eh!? ¡¿Poc qwe?!—Observó a la Hyuga. Tenía demasiada comida en la boca como para poder hablar correctamente.

Sasuke le golpeó sin fuerza en la cabeza.— Traga primero, bestia.

Hizo caso a las palabras de su amigo, llevándose toda la comida por la garganta antes de hablar.— ¿¡Por qué, Hina-chan!?—preguntó.

—Hoy mi padre me entrenará, o b-bueno algo parecido—la niña torció una mueca, gesto que dejó más confundido al rubio.

—¿No se supone que tu padre jamás volvería a entrenarte?—Se rascó la nuca, confundido. Ella les había contado la razón por la cual estaba en la academia, siendo honesto no le agradaba el padre de su amiga, era peor que el mismo Neji y eso era mucho.

—Me pondrá a prueba… Dijo que podría graduarme de la academia si ganaba su aprobación.

—¿Qué?—La miró por unos instantes, analizando sus palabras.— Hina-chan, ¡eso es algo bueno! No tendrás que ver más de esos molestos jutsu clones de pacotilla y serás genin.

Pero no había rastro de mucho ánimo en el rostro de su amiga a pesar de que ésta le sonriera sutilmente. Y por su parte, Sasuke le observaba con total seriedad.— Dobe, eso significa que Hinata podría ya no estudiar con nosotros.

Y toda la alegría del momento fue enviada directamente a otro país lejano, a uno que ni él mismo conocía pero sabía que existía y que allí ya estaban sus ánimos.


Estaba observando tranquilamente la corriente del agua cuando escuchó pasos detrás de sí, no fue necesario darse vuelta para saber quién era, llevaba esperándolo desde hacía unos minutos y era extraño que él le hiciera esperar. No cabía duda que la reunión con el Hokage fue larga.— ¿Esperaste mucho?—escuchó la voz de su primo, seguramente preocupado porque él llevara mucho tiempo ahí.

—No, solo unos minutos—le contestó, dándose la vuelta para encarar a Itachi.—¿Qué te han dicho? ¿Han tomado alguna decisión?

—El Hokage había estado planeando entregarle más terrenos a los Uchiha, unos más cercanos a la zona central de la aldea. Planteó la idea para pedir mi opinión al respecto, pero antes de que pudiera decir algo Danzo se negó y con él los consejeros—ambos se sentaron en unas piedras enormes que se hallaban a mitad del río, Shisui ya había activado su sharingan y con un genjustu protegió la zona, desvaneciendo la presencia de ellos a la vista de cualquiera.

—De todas formas unos terrenos no sería suficiente para aplacar a los Uchiha—torció los labios.— La policía de Konoha ha estado rondando la zona en donde Kushina Uzumaki dio a luz en busca de alguna prueba que desmintiera la farsa que tienen sobre el Clan.

—¿Encontraron algo?—Inquirió el menor a pesar de conocer la respuesta.

—No, el rastro del causante de todo es prácticamente nulo—notó cierta impresión en el rostro de Itachi.

—¿"Prácticamente"? ¿Qué quieres decir?—Honestamente, el caso de Kushina Uzumaki siempre le pareció incompleto debido a la escasa información que los superiores del cuerpo Anbu les dejaron saber a todos, mas nunca pensó que aún al pasar tantos años se pudieran encontrar pistas.

—A las afueras de la cueva encontré rastros de sellos explosivos—Itachi alzó una ceja, esa información ya la conocía. Intentaron asesinar al recién nacido Naruto Uzumaki con ellos.—Lo sé, pero uniendo varios trozos que parecían ser de un mismo sello alcancé a notar algo—Shisui le observaba seriamente.—Provenían de Kirigakure.

—¿Los demás lo saben?—El mayor negó.—¿Qué piensas al respecto?

Shisui suspiró, rascándose con fuerza la parte superior de su cabeza y dejando sus cabellos más revueltos de lo que ya estaban.— Existen muchas posibilidades, pero algo es seguro—observó por largo rato a su primo, quien le miraba expectante. —No hay lugar a dudas de que el Sharingan tuvo que ver en esto. Aunque dudo que haya sido alguien de la aldea.

—Quizás un ninja renegado de Konoha—propuso Itachi.—Alguien del Clan Uchiha—el menor intentó hacer mente, recordar entre todos los papeles que había leído sobre el Clan si hubo una ocasión donde alguna persona fue desterrada de la aldea. La lista comenzaba a partir de Madara Uchiha.

—O un extranjero con el Sharingan, he oído varios casos. Incluso el Clan Hyuga no se salva de esto, también hay personas en el mundo con un Byakugan implantado—hizo una mueca.— Dejando eso de lado por el momento, he escuchado recientemente sobre una famosa organización criminal.

—Akatsuki—respondió Itachi, la conocía muy bien gracias a varias de sus misiones.—Tiene de integrante a uno de los tres legendarios Sanin.

—También hay un ninja de Kirigakure, todavía no sé su nombre ni cuáles son sus habilidades. Pero todos sus miembros siguen un mismo fin—se cruzó de brazos.Uno de sus objetivos es el hijo de Kushina Uzumaki, Naruto.

—Vendrán a la aldea—sería algo inevitable y que desencadenaría una enorme tragedia. Frunció levemente el ceño.—La aldea podría no salir sana de sus ataques, los ninja de Akatsuki son de rango S y todos están impresos en las hojas del libro Bingo.

Se escuchó un suspiro procedente del mayor.— Las cosas se complican cada vez más, Tachi-miró al cielo.—Y el tiempo que nos queda es poco.


Caminaba con pocos ánimos hacia su hogar, seguramente su madre le estuviera esperando con comida del almuerzo y aunque llevaba varias horas sin comer no tenía hambre. No quería admitirlo, pero la noticia que le habían dado ese día le afectó bastante; el posible ascenso de Hinata no representaba algo que particularmente le agradara. Era molesto y le entristecía en muchos sentidos: por una parte le hacía ver su incompetencia, una vez más Hinata se alejaba de él en cuanto a habilidad se refiriese, era alguien que le resultaba ser inalcanzable. Por otro lado, era su amiga -y aunque Naruto también lo fuera- solo sentía cierta conexión con ella, incluso podían comunicarse con la mirada.

La apreciaba como ninguna otra chica a excepción de su madre, el no verla todos los días sería un golpe para él y Naruto. Ella era la primera en llevarse bien con ambos, además de unirlos.

Llegó a casa y cuando estaba quitándose los zapatos en el genkan* su madre salió a recibirlo.— Bienvenido, Sasu-chan, ¿cómo te fue hoy?—La sonrisa de Mikoto, a juicio de Sasuke, era la más hermosa del mundo y si bien en otros momentos esta lograba motivarle, ese día no se daba el caso.

Suspiró y no dio una respuesta, solo continuó su labor de sacarse los zapatos. Después de un largo rato en que su madre seguía esperando una contestación, Itachi entró a la casa.— Bienvenido, Itachi—sonrió la mujer, dirigiendo su atención al mayor de sus hijos en vista de la poca habla de Sasuke.—¿Qué tal tu día?—el mencionado le sonrió levemente a su madre pero su vista cayó en la silueta de su pequeño hermano.

Para el mayor de los hijos Uchiha no fue difícil notar el decaimiento que las facciones del menor sufrían, preguntándose la razón del porqué estaría así.— Bien, ¿sucedió algo?—Le preguntó a Mikoto con la esperanza de que le aclarara la duda sobre el estado de su hermano, observó como la sonrisa de su madre decrecía sutilmente.

Sasuke se levantó y sin saludar a su hermano se fue a las escaleras que le llevarían a su habitación.—No lo sé, no ha hablado—contestó ella, ambos observando por donde el niño se había ido.—Siempre llega con mucho entusiasmo y me cuenta cómo le fue en el día, hoy ni siquiera me saludó.

—Entiendo—estando ya descalzo se encaminó hacia donde quedaba el cuarto del niño.— Hablaré con él—Mikoto asintió.

Sasuke escuchó el ruido que hacía su puerta al ser tocada, pero no contestó y tampoco se molestó en abrirla para ver de quién se trataba. Todavía se hallaba absorto en sus pensamientos cuando alguien entró a la habitación.— Sasuke—era la voz de Itachi. Se quitó la almohada de la cabeza para poder encararlo.— ¿Cómo te fue hoy?—El mayor se había sentado en la orilla de su cama.

El más alto vio a su hermano mostrando un puchero.— Mal—respondió a secas. Itachi no pudo evitar alzar un poco una ceja, normalmente el pequeño daría una larga explicación -con detalles- de cómo le fue en el día. Sabiendo que algo le sucedía, se dispuso a esperar que el mismo Sasuke se desahogara.— Puede que Hinata ya no estudie con nosotros.

A Itachi le desconcertaron sus palabras, ¿la habían expulsado? Lo dudaba, la niña no parecía ser alguien que ameritara una expulsión. Posiblemente otro fuera el caso y prefería que el mismo Sasuke le dijera antes de saltar a conjeturas.— Ya veo—el menor le miró con el ceño fruncido, quizá esperando que él formulara más preguntas.— ¿Por qué lo dices?

—Va ser promovida a genin—el niño se sentó con las piernas cruzadas.— Eso si aprueba la evaluación de su padre.

La noticia no le sorprendía, en cambio el que no lo hubieran hecho antes sí que le asombraba.— Pero eso no es una mala noticia—mas la mirada afligida de Sasuke decía otra cosa.— Hinata-san es muy buena persona… Te hiciste su amigo y no quieres que se vaya, ¿no es así?—El menor le miró con los ojos abiertos, había leído sus pensamientos. Y efectivamente para él era muy fácil saber lo que sucedía en la mente del niño.— Es normal que no ver a Hinata-san te desanime—le sonrió.— En ese caso es mejor tomarla como impulso.

—¿Impulso?—Le miró desconcertado.

—Una vez me dijiste que querías superarla, ¿no?—Revolvió sus cabellos, mirándolo con ternura.— Si no quieres que Hinata-san se vaya lejos, síguela y hazte fuerte para poder llegar a ella o incluso ir más lejos.

Itachi sabía que Hinata se había convertido en una persona importante para Sasuke en esos meses, solía hablarle de ella con tal admiración que siempre le sacaba sonrisas. Ella era su meta más pronta a superar y luego le seguía él, sin embargo; también era su amiga y eso implicaba un lazo más fuerte que ser simplemente un objetivo. El no tenerla cerca o verse menos seguido significaba un cambio brusco para su hermano. Sasuke era alguien asocial -parentesco que sacó, desgraciadamente, de él- provocando que sus amistades fueran escasas y a la vez más unidas, la separación parcial con una de ellas le afectaría lo suficiente para estar sin ánimos.

Comprendía los sentimientos de Sasuke a pesar de nunca haber estado en su situación -porque de plano nunca tuvo amigos-, con el único que mantenía una relación estrecha era Shisui y ya era mucho. Entendía la razón de su primo al preocuparse por hacerle socializar con más personas, aún más si estas eran chicas, pero por los momentos su vida social era algo que ni siquiera estaba en segundo plano. Lo veía como innecesario pues tenían suficientes cosas por las cuales preocuparse como para darle importancia a algo tan básico como las relaciones.

Entonces los hombros del niño volvieron a caer.— Ella entrenaba conmigo—observó como el labio inferior de Sasuke temblaba levemente.— Nii-san, cuando tu no tenías tiempo Hinata y yo entrenábamos juntos—bajó la mirada.— Ahora ninguno de los dos tendrá tiempo para estar conmigo.

El corazón de Itachi se oprimió ante la imagen solitaria que su hermano proyectaba, sin siquiera pensarlo lo abrazó.—Yo siempre estaré para ti, Sasuke, incluso cuando físicamente no puedas verme—sonrió.— Estoy seguro que Hinata-san sacará tiempo para poder entrenar juntos. Es tu amiga después de todo, cree en ella.

Los ojos de Sasuke brillaron con esperanza, alzando inmediatamente la mirada para ver a su hermano mayor.— ¿Realmente crees eso, nii-san?—el menor brincó en el colchón, separándose de él y soltando por cada uno de sus poros la emoción que sentía. Aunque Sasuke siempre intentara verse indiferente con los demás, frente a Itachi constantemente se mostraba como el niño que era.— ¿Realmente? ¿En serio, de verdad, estás siendo honesto?

El mayor sonrió, llamando al niño con la mano para que al momento de estar cerca poder golpearle la frente con dos de sus dedos.— Realmente, en serio, de verdad y siendo honesto creo que Hinata-san vendrá a entrenar contigo cuando pueda.

El niño se acarició la frente, tenía los cachetes sonrojados y un ceño fruncido adornando su frente.— Moh, veré si te creo—hizo un puchero y miró hacia otro lado. A los minutos le devolvió la mirada a Itachi, siendo demasiado difícil aparentar molestia frente a él—… Creeré en Hinata.

El mayor sonrió.— Bueno—se levantó.— De todas formas hay que esperar y comprobar si Hinata-san logra cumplir con las expectativas de su padre.

Sasuke frunció más el ceño.— No me gusta—susurró suavemente.

El futuro líder alzó una ceja.— ¿El qué?

—El padre de Hinata—Sasuke se cruzó de brazos, mirando seriamente a Itachi.—No me gusta.

El más alto suspiró.— No podemos hacer algo para remediarlo, solo resta desear que cualquiera de las decisiones que tome Hiashi-san sea la mejor para Hinata-san.

El niño asintió, todavía estando enfurruñado.— Ven, bajemos a comer—ambos salieron de la habitación.

Secretamente estaba de acuerdo con su hermano. Siendo sinceros, a Itachi tampoco le agradaba mucho Hiashi Hyuga.


Sentía la mirada de los consejeros escudriñarla, en esos momentos creía que su cuerpo se volvía cada vez más pequeño. La presencia de ellos era intensa y causaba cierto ahogo en su ya inestable confianza, tenía que calmar su acelerado corazón si quería conseguir dar la imagen de alguien capaz; mas la tarea se le dificultaba al ver esos ojos tan similares a los suyo observarla cual témpano de hielo, casi lograba sentir el frío que ellos emanaban al mirarla.

Jugaba con sus manos impacientemente, ansiosa y temerosa del porvenir. Estaba en el salón de entrenamientos, esperando a quien representaría el rol de verdugo en aquella evaluación de capacidades. Debió haber ido al baño primero, así no tendría ganas de liberar su vejiga como sucedía en ese instante a causa de la inquietud.

Al ver a su padre entrar cualquier atisbo dirigido hacia las necesidades físicas de su cuerpo desapareció. En seguida su espalda se irguió, deseaba lucir como alguien segura de sí misma aunque supiera que eso no engañaría a su padre. Este le miraba de la misma forma en que lo hacía el consejo o incluso peor y su cuerpo reaccionó con un suave temblor instantáneo como resultado de ello.

Si antes se sentía pequeña, ahora prácticamente podría desvanecerse en el salón.

Junto a su padre estaba Ko y su abuelo, uno observándole con cierta dulzura y el otro mirándola intensamente.— Hinata, hoy nuevamente pondré a prueba tus capacidades—le miró severamente.—Y probablemente sea la última vez que lo haga.

La niña asintió sin soltar una respuesta audible, más porque sencillamente su voz no salía que por otra cosa.—Para ser considerada genin tendrás que cerrarme veinte puntos de chakra.

Los espectadores sonrieron -a excepción de Ko-, el líder del clan parecía haber contado un buen chiste. Tan solo imaginar a la niña cerrándole los puntos de chakra causaba gracia porque todos lo veían imposible, sobretodo viniendo de la débil ex-heredera. Quizás algún verían ese hecho histórico, eso por supuesto estando metidos dentro de un genjutsu.

—Si no logras hacerlo, serás devuelta a la academia—el patriarca mantenía su inflexible mirada sobre la mayor de sus hijas. El anterior líder Hyuga estaba con los brazos cruzados, analizando a su nieta sin hacer comentario alguno.— Ataca cuando te sientas lista—se colocó en posición inicial.

Hinata tragó fuerte, su corazón estaba por salírsele del pecho. Debía calmarse de cualquier forma, si atacaba con los nervios a flote sólo ganaría una derrota. Dejó de mirar los ojos de su padre, estos causaban que su cuerpo se encogiera y las manos le sudaran, si bien sabía que no era débil, estar frente a Hiashi de esa manera le hacía sentirse como un fraude. Para alivianar esa sensación tendría que evitar a toda costa observar la mirada del líder.

Un sutil suspiro quebrantado salió de sus labios, se posicionó para atacar. En su mente estaba sola en ese sitio, sin el consejo, Ko, su abuelo y su padre observándoles; suponiendo que su contrincante era un muñeco de prácticas. Lentamente su corazón se calmó y las piernas dejaron de temblarle, pudo concentrarse lo suficiente para activar su Byakugan sin necesidad de sellos. Escuchó leves exclamaciones que decidió ignorar deliberadamente. Los puntos de chakra de Hiashi se apreciaban con claridad, el flujo era neutral, lo que significaba que su padre se hallaba en un estado de total tranquilidad. Quizás el latir del corazón era un poco más acelerado de lo normal, pero la diferencia era casi nula.

Mordió la parte interna de su mejilla cuando el chakra de Hiashi circuló hacia la cabeza, más específicamente acumulándose en los puntos de chakra detrás de sus ojos, indicando que había activado el Byakugan. El líder iba en serio.

Apartó cualquier pensamiento negativo y se dedicó a observar las posibles aperturas del patriarca: no habían. Solo restaba forzar una. Acumulando chakra en sus palmas se lanzó al ataque, siendo detenida por una de las manos de su padre. Quiso con su otra palma golpear el costado de su contrincante, pero de igual forma fue inmovilizada.

Expulsó chakra de los puntos que se encontraban en la zona de los brazos, queriendo obligar la entrada de su chakra al sistema de Hiashi. El líder al percatarse de sus intenciones se alejó, soltándola al instante. Hinata volvió a intentar asestarle un golpe antes de que estuviera demasiado lejos, al momento de hacerlo el líder respondió con otro ataque.

Ambos comenzaron una lucha con combos seguidos de golpes, Hinata sólo logró cerrarle cinco mientras su padre había conseguido hacerlo con más puntos que ella. Jadeante, se separó del patriarca, sus brazos, vientre y hombros se resentían por culpa de los golpes recibidos. Estaba segura que al día siguiente las zonas afectadas tendrían morados.

No sabía qué tanto podía mostrar sus habilidades, temía que fuera incorrecto hacerlo y que por ello la historia tomara un curso erróneo.

En todo el tiempo que llevaban nunca vio el rostro de su progenitor, no debía hacerlo por muchas razones. Exhaló suavemente, ideando su próxima movida. Internamente creía en sí misma y realmente quería demostrarle a su padre que no era una decepción, no era necesario que volviese a su rol de heredera, solo anhelaba la aceptación de él. Deseaba fervientemente que los ojos de Hiashi se tiñeran de dulzura al verla, aquella que tenía cuando ella era más niña.

Su cerebro le hacía ver crueles ilusiones, unas donde el patriarca la consideraba su hija y trataba como tal. Su corazón quería creer que si superaba esa prueba todo cambiaría, que realmente podría hacer algo por sí misma, que su valía era mayor a la que los demás y ella misma podían ver. Cualquiera que leyera sus pensamientos diría que estaba siendo ridícula, incluso su mente se lo susurraba maliciosamente, e intencionadamente ella hacía de oídos sordos.

Su ser se desbordaba en anhelos que llevaba acumulando por años, y las ansias por llegar a ser aceptada como lo hicieron con la Hinata de sus memorias eran enormes.

Fijó su concentración de nueva cuenta en la pelea. Aunque no hubiese sido expresado en palabras sabía que perdería al momento en que no pudiera levantarse del suelo, incluso era posible que sucediera al no poder moverse en varios días.

Pasó saliva a través de su garganta, todo permanecía en silencio.

Sin evitarlo, se sumergió de nueva cuenta en su mente, las memorias de cuando su madre aún vivía le embargaron. Recordaba que para ese entonces era una niña llena de amor por parte de sus padres, el cual desapareció para ser reemplazado por frialdad tras la muerte de su progenitora y el comienzo de los entrenamientos.

Por sus vías de chakra comenzó a transitar motivación ante el pensamiento de volver a ser esa pequeña que recibía cariño de su padre, aquella que lo acompañaba a todos lados mientras se agarraba de la ropa del mayor, quien era presentada a los demás clanes con una gran afición.

Imprudentemente corrió hacia su contrincante, saltando para intentar asestarle un golpe en el rostro, siendo detenida por la mano de este sobre su muñeca. Quedó colgada en el aire, con la respiración desigual y observando fijamente el rostro de Hiashi. El mayor le miraba impasiblemente, aquellos ojos que en su imaginación estaban impregnados de dulzura en ese momento solo expresaban lo que muchas veces vio de su parte.

Decepción, enojo, desconfianza. Y aunque también vio un atisbo de sorpresa, fue en lo que menos deparó.

Su Byakugan fue desactivándose lentamente, incapaz de apartar la vista de la mirada de su padre. Los dos pares de ojos blancos se observaban fijamente. El cuerpo de la niña comenzó a titiritar, los anteriores recuerdos de los momentos felices que pasó con el patriarca fueron sustituidos por unos que todavía arañaban su corazón y desgarraban su confianza, en donde recibía golpes de éste en sus entrenamientos, aquellos donde competía contra su primo y terminaba en condiciones deplorables, varios en los que terminó en el hospital por los constantes enfrentamientos que hacían mella en sus reservas de chakra, unos que recordaba con miedo por culpa de su ceguera debido al uso excesivo del Byakugan.

El temor volvió a su diminuto cuerpo, el sudor frío se hacía un camino por la nuca y cuello. Cada célula de su ser estaba llena de terror, tenía miedo de repetir todos esos momentos de nuevo. Y aunque sabía que su padre, muy en el fondo, le quería; no era una razón para calmarla. Entre sus memorias sabía que la Hinata pasada era aceptada por su padre, pero ya siendo una adolescente.

Ella era una niña y el líder continuaba siendo alguien duro, quien lograba causarle repelús sin mucho esfuerzo. En la actualidad Hiashi no había cambiado.

Y por lo visto, tampoco ella.

Bajó su vista al suelo, apartando la mirada del líder. Su cuerpo tembló con más fuerza y en ese momento su muñeca fue liberada, dando como consecuencia que ella cayera de rodillas al suelo y para evitar el choque con su rostro colocó ambos brazos al frente.— Sigues siendo la misma.

Tuvo las intenciones de gritarle que se equivocaba, que ella era mejor de lo que él pensaba. Que podría traerle honor si así él lo quería, pero su voz parecía haberse desvanecido al igual que su motivación.

La vista comenzó a nublársele, sus ojos eran víctimas de las inevitables lágrimas que salían con dolor de sus glándulas. Apretó los puños con impotencia, el labio inferior le tembló fuertemente mientras las ganas de soltarse a llorar la ahogaban.— Creo que no es necesario seguir con esto—finalizó Hiashi con el propósito de irse, desactivando su dojutsu.

Esas palabras la pasmaron, hicieron que sus lágrimas se detuvieran y estaba segura que su corazón también lo hizo. Todo su entorno seguía en un silencio sepulcral, lo único que lograba oír era su propia respiración.

En su estado de raciocinio vino la imagen de quienes eran su soporte emocional: comenzando por Hanabi, y siguiéndole no muy lejos Naruto y Sasuke. Por un momento también vio la figura de Itachi y no supo porqué verlo le causaba tanta seguridad como lo hacían los demás.

Entonces supo la razón: "—Nii-san dijo una vez que tú eras muy fuerte, Hinata—"oía con claridad las palabras de Sasuke, como si estuviera agachado a su lado diciéndoselas"—Y la verdad, Naruto y yo también lo creemos—un '¡de veras que sí!' se escuchó de fondo—"sonrió, calmándose de a poco.

Una ligera determinación hizo que comenzara a reunir chakra en sus manos, se levantó con el Byakugan nuevamente activado. Hiashi que estaba dándole la espalda se volteó a verla al sentir una fuerte variación en su chakra.

Los ojos del líder se agrandaron imperceptiblemente al notar como el chakra de Hinata se materializaba en sus palmas hasta llegar al final de su antebrazo. Creyó por un momento estar soñando, no podía concebir la idea de lo que estaba sucediendo y por lo visto, nadie en ese lugar lo hacía.

La sutil imagen de dos leones se comenzaba apreciar en las manos de la niña, Hiashi muy bien sabía lo que eso significaba.

Hinata intentaba hacer una técnica de gran complejidad, una que de hecho estaba prohibida.

El Juho Soshiken requería de un manejo tan minucioso de chakra que pocos en la historia Hyuga habían logrado utilizarlo. El usuario que fallaba al momento de ejecutarla recibía grandes daños en su cuerpo, usualmente las palmas o los brazos enteros de este estallaban, en algunos casos la técnica se revertía y absorbía por completo el chakra de la persona, causando al tiempo que su capacidad de acumular chakra o emplearlo se anulara permanentemente.

Hiashi no tenía idea de en qué momento su hija aprendió algo así de peligroso y con tan alto rango.

La mente de Hinata estaba en blanco, no pensaba y solo concentraba chakra por instinto. Varias preguntas cachetearon su conciencia. Trayéndola a la realidad.

¿Era lo correcto?

¿Qué sucedería si pasaba la prueba?

¿Su padre la reconocería?

No, no lo haría.

La negatividad regresaba, debatiéndose entre su determinación.

Realmente, ¿qué estaba haciendo?

El peso que cargaba desde el instante en que recordó todo acerca de la anterior Hinata le estaba angustiando, ahora que asumía la seriedad del asunto no podía sino tener más miedo.

Miedo de la repercusión de sus acciones.Miedo de perder todo lo que ahora tenía.Miedo de ocasionar un futuro aún peor del que se habría predicho anteriormente.

Entonces sus fuerzas se desplomaron, y de esa forma también su cuerpo. Había deshecho el Juho Soshiken y sus ojos regresaron a la normalidad. Se sentó encima de los tobillos, bajando la mirada hasta sus piernas en un cutre intento de ocultar su llanto.

Observó de reojo las piernas de su padre acercarse a ella.— Puesto que no alcanzaste a cerrar los puntos de chakra establecidos, has reprobado la evaluación. Irás a la academia—escuchó los pasos de Hiashi alejarse, siendo seguido por los demás.

Su mundo se sumió en un absoluto silencio mientras el cuerpo se consumía en un desgarrador estremecimiento, cada latido oprimía con mayor fuerza su corazón.

Entonces, mientras ella lloraba desconsoladamente, su alma también lo hacía. Ambas solas y con una carga que las superaba.


Notas de autor: Mis brazos se habían desprendido y tuve que colocármelos de nuevo para poder escribir las notas finales. Nunca escribí un capítulo tan largo, por dios… Al principio no era tan extenso, ya lo tenía escrito desde hacía un tiempo pero no me decidía por subirlo. Mientras lo leía fui agregándole más cosas y bueno, así quedó.

Algo que quiero decirles es que a veces leo los capítulos anteriores y cambio algunas cositas que no me gustan, para que no piensen que están locos si algún día lo releen jaja… Vale, dicho esto no tienen que releer los capítulos solo para ver qué partes cambié, son detalles que no afectan en lo absoluto los capítulos siguientes y el rumbo que estos tomarán, pero sí mejoran -disque digo yo- la lectura.

*Genkan: Es lo que usualmente te encuentras en la entrada de una casa japonesa, ese pequeño desnivel donde tienes que dejar los zapatos antes de adentrarte más hondo en la casa. Allí mismo te colocas los zapatos que utilizarás en la casa -esto sino se prefiere andar descalzo o con medias/calcetas/comosea-.

Particularmente me agrada escribir desde el punto de vista de Naruto y Sasuke, sobretodo de Naruto. Es divertido e incluso como personaje logra sacarme varias risas cuando lo escribo. Diría que quien más me cuesta es Hiashi, vaya que el hombre es muy complicado.

Busco no salirme del todo de la naturaleza que cada personaje tiene, espero no me maten por haber hecho que Hinata perdiera pero era necesario. Esto ayudará a que Hinata no solo recuerde qué posición tiene actualmente, que ella no es (todavía) la Hinata que ganó el reconocimiento de su padre, su primo y la aldea; sino también ayudará a que ella vaya con más cuidado respecto a sus acciones y la connotación que estas traigan.

Me duele el trasero de estar tanto tiempo sentada escribiendo, pero quedé satisfecha con este capítulo. Ya llevo parte del siguiente escrito, tengan en cuenta que su subida no será pronta :v.

Gracias a todos por leer, y aplausos a quienes han llegado hasta esta parte del texto (si tú, vale, que eres un campeón/a). Les agradezco enormemente a esas hermosas personas que me dejaron un review, me alegran mis días. Me gusta que me digan qué piensan respecto a lo que leen escrito por mí, muchas veces hacen que mi inspiración llegue más pronto y con ello tenga los capítulos hechos más rápido (ojoque esto no lo digo para que dejen un review, pff yo JAMÁS haría algo así).

Espero que hayan disfrutado de este capítulo tanto como yo escribiendo. Nos leemos en el próximo capítulo.

Pdt: Sigo buscando un beta para que me ayude, ¡que no panda el cúnico! Porque sé que tengo varios errores, pero muchos de ellos los omito sin querer a la hora de corregir.Sorry:c