Summary: Creyó que sería el final de todo, mas la vida le daría una segunda oportunidad. Tendría que evitar cometer los mismos errores, y con ello, enfocarse en cambiar el rumbo que llevaba la vida de cierta persona. Itahina.

Disclaimer: Los personajes de esta historia le pertenecen a Masashi Kishimoto. Este fanfic no tiene ánimo de lucro, su único fin es entretenerles.


Capítulo 6: Pistas.

Era la enésima vez que suspiraba en lo que llevaba de tiempo sentado en una rama perteneciente a uno de los árboles de la zona. Jugaba con un kunai sin despegar su mirada del suelo, donde se hallaban varios animales buscando comida o cualquier otra cosa: ardillas que recogían las nueces que en algún momento cayeron de un árbol, aves que escogían entre diferentes varas para utilizarlas en sus nidos. Itachi podría llamarlo usurpador, y aunque él agradecía que su primo le mostrara aquel sitio, definitivamente no se alejaría del mismo.

La paz se respiraba en el ambiente, entendía perfectamente porqué Itachi pasaba más tiempo ahí que en su casa cuando regresaba de sus misiones. Era un lugar realmente agradable y te permitía olvidar cualquier situación que te aquejara, algo que sin dudas él necesitaba urgentemente, pues a pesar de mantener una apariencia despreocupada, por dentro todo era realmente distinto.

Siendo el mayor de los dos, era él quien asumía un aspecto alegre y tranquilo por la salud de Itachi. No quería infligirle más estrés del necesario a su primo, suficiente tenía éste al ocupar el rol de doble agente como para llenarle la mente con más preocupaciones.

Lanzó el kunai hacia el centro de uno de los árboles cercanos. No sólo el tema del golpe de estado surcaba sus pensamientos, también el caso de Kushina Uzumaki sobresalía entre tantos, después de todo era el evento que provocó el problema principal y motivó la creación de su plan. Había tantos misterios sin resolver respecto a la muerte de la esposa del Cuarto Hokage que para él resultaba incongruente que los Uchiha solo pensasen en un golpe de estado y no divagaran más en aquello que causó la actual sospecha sobre el Clan.

Kirigakure era una aldea con problemas bastante turbios, donde se decía que el mismo Mizukage -a pesar de su aparente corta edad- era un tirano. Una nación donde se comentaba que para ser promovido a Genin tenían que matarse entre ellos mismo, de ahí entendía el porqué existían tantos criminales procedentes de dicho sitio.

No podías esperar formar gente noble cuando les enseñabas un concepto erróneo sobre el crecimiento ninja, haciéndoles creer que para lograr ser más fuertes era necesario matar.

Él actualmente sería un simple aldeano si en ese entonces le hubieran dicho que tenía que matar a sus compañeros para convertirse en Genin.

Aspiró todo el oxígeno limpio que su entorno le proporcionaba. Estuvo dispuesto a levantarse e irse cuando repentinamente escuchó un suave gimoteo, reconociendo la voz se dirigió a donde el sonido provenía. Se encontró con una Hinata sentada a los pies de un árbol, abrazando sus piernas y recargando su espalda al tronco. El cuerpo de la pequeña temblaba y su nariz aspiraba dificultosamente los mocos que seguro soltaba por culpa del llanto.

Confundido, bajó de la rama en la que se posaba y al estar más cerca se sentó al lado de la niña. Sin pensárselo la abrazó. Hinata se sobresaltó, estuvo a punto de empujar al mayor cuando la voz de él la tranquilizó.—Hinata-chan, soy yo, Shisui.

—¿S-Shisui-san?—La niña levantó la mirada que hasta entonces estaba escondida en el pecho del moreno.— ¿Qu-qué hace aquí?

—Creo que una mejor pregunta sería: ¿Por qué estás llorando? Te ves más linda cuando sonríes—el rostro de ella se llenó de color, al verla no pudo evitar reírse de su reacción.

La ex heredera selló herméticamente sus labios, no quería hablar de los problemas que le aquejaban temiendo ser despreciada por el chico que actualmente fungía de soporte en su perturbado estado. Sin embargo, la dulce mirada del mayor le motivó lo suficiente para exponer –de manera atropellada- sus pensamientos—… N-no so-soy fuerte…—sorbió su nariz.— Shisui-san, ¿qué utilidad tiene una líder o kunoichi débil?—El mayor notó como la niña se encogía en sus brazos, la voz le temblaba y sus ojos volvían a inundarse de lágrimas.— Soy un estorbo… M-mi padre piensa eso porque yo simplemente no...—se calló al sentir la mano de Shisui encima de su cabeza.

El mayor le observaba con una hermosa sonrisa llena de comprensión, acariciando sus cabellos para tranquilizarla.— Hinata-chan no es débil.

—Pero… Usted no lo sabe—murmuró y bajó la mirada, creyendo que habló lo suficientemente bajo para que su acompañante no la escuchara, por supuesto, era algo totalmente imposible teniendo en cuenta que el Uchiha la abrazaba y pocos centímetros separaban sus rostros.

—Hinata-chan, respóndeme con sinceridad—Shisui la separó un poco para observar mejor el rostro de Hinata y conseguir conectar sus miradas. La expresión seria en el rostro de éste provocó un estado de nerviosismo en la pequeña.

Ella asintió lentamente, sin despegar su vista del contrario.— ¿Deseas ser más fuerte? ¿Seguirás entrenando con el fin de mejorar? Dime… ¿Tienes ese deseo de superación?—Alcanzó apreciar un peculiar brillo en los ojos perlados de ella tras oír sus preguntas.

—Sí—respondió sin dar lugar a dudas. Shisui sonrió complacido, abrazándola aún más y continuando sus caricias sobre su cabeza.

—Entonces no eres débil ni un estorbo—dándole suaves palmadas en la espalda.— Hinata-chan, la verdadera fortaleza es aquella que se encuentra en tu interior—le sonrió alegremente.— Existen los que nacen siendo genios, sí; pero también hay personas que con esfuerzo logran ser mejores que los genios y son igual de admirables—secó las lágrimas de la Hyuga, quien le miraba con sincera admiración.— En el momento que no quieras superarte, que abandones tu deseo de seguir adelante, entonces puedes ser considerada alguien débil e incompetente.

Hinata le sonrió levemente, aún con la mirada acuosa.— Hinata-chan, no sé porqué llorabas… Pero ¿sabes?, los grandes ninja de la historia Shinobi también perdieron, dudaron, fallaron e incluso pudieron haber fracasado. Las personas no creyeron en ellos o estuvieron en su contra—tocó la frente de la pequeña con su dedo índice.— Más importante que el pensamiento que los demás tengan sobre Hinata Hyuga, es lo que Hinata Hyuga opine sobre sí misma. El día que creas que eres una perdedora, realmente lo serás.

—Usted e-es tan amable, Shisui-san—la niña se separó de su abrazo y le sonrió enormemente.— Usted siempre luce t-tranquilo y f-feliz, pero también es alguien m-muy sabio.

El moreno la observó con una sonrisa divertida.—Vaya, me alagas Hinata-chan—observó unas ardillas que caminaba por las ramas encima de ellos, Hinata le siguió el gesto.— Sin embargo, ser un Shinobi no es solo ser fuerte—vio por el rabillo del ojo que la niña despegó su vista de los animales para fijarla en él.— ¿Sabías que un ninja también ama como ninguno, Hinata-chan?

Ella se quedó en silencio, queriendo oír lo que había en su mente.— Un ninja ama a su aldea sobre todas las cosas, la protege, cuida y lucha por el bien de esta. Yo no soy únicamente Shisui Uchiha—esta vez volteó su rostro hacia ella.— Soy Shisui Uchiha de Konoha.

Hinata se removió ansiosa, recordando aquella vez que escuchó la discusión de Fugaku e Itachi y la pregunta que desde ese instante rondaba en su cabeza.— Ese amor… ¿Es mayor que el de un heredero por su familia?

Shisui no habló por un tiempo, divagando en lo profundo de su mente. Buscaba una respuesta a esa pregunta que sin saberlo tocó una fibra sensible en él.—… El Clan es importante, pero no es tu única familia. Como ninja, toda la aldea pasa a serlo—sonrió levemente, acariciando el cabello de Hinata.— Konoha te recibirá con los brazos abiertos, te protegerá de los enemigos, será tu resguardo, buscará tu bienestar así como tú debes procurar el de esta. No importa si no tienes familia biológica, será tu hogar, pues fue el sitio que te vio nacer y acogió con su nombre.

Después de un largo rato en silencio, volvió hablar.—… El amor de un ninja hacia su aldea definitivamente sobrepasaría al de un heredero—sus ojos resplandecieron, exponiendo sus sentimientos de apego hacia su lugar de origen.— Después de todo, ante cualquier otra postura, el ninja es quien más ama en el mundo.


Se dispuso a entrar al sitio a pesar de estar rodeado de enormes montañas, sabía de antemano que su próxima parada no era fácil de localizar. La misión que llevaba a cabo estaba al desconocimiento de todos, incluyendo al Hokage. No ocultaba sus planes porque fueran precisamente malos, al contrario, buscaba solucionar un problema que agobiaba a los involucrados. Era necesaria la discreción en el asunto, no sabía quiénes eran sus enemigos.

Con agilidad logró traspasar la muralla que formaban las montañas, sus ojos atravesaban cualquier escondite que la neblina pudiera otorgar. Estaba al tanto de que como cualquier aldea, ésta tendría alguna barrera sensorial para registrar quién salía o entraba en la misma. Casi podía asegurar que la neblina formaba parte de dicha técnica, pues notaba la presencia de pequeñas partículas de chakra en la atmosfera.

Con algo de esfuerzo pudo encontrar a los causantes de la barrera escondidos entre la neblina, con monstruosa velocidad se acercó a ellos, y aunque estos lo habían detectado, poco fue el tiempo que tuvieron para siquiera intentar mandar una alerta cuando ya tenían al atacante frente a ellos. Advirtieron los ojos ensangrentados del invasor, tan intimidantes y profundos como la misma noche que cubría el área en esos momentos.— ¡Sharingan!—exclamó uno de los cuatro vigías, el terror estaba presente en su voz.

En pocos segundos los cuatro se encontraban en el suelo, gritando mientras se retorcían y a los minutos quedar inconsciente.— Lo siento—se encargó de borrarles la memoria y eliminar cualquier rastro que haya podido dejar en su intromisión.

Lo que estaba a punto de hacer era extremadamente delicado, pero poseía el conocimiento y las habilidades necesarias para hacer de su misión exitosa. Se adentró en el bosque que se alzaba al principio de la aldea, el ambiente era bastante húmedo y espeso.

Decir que le agradaba la forma en que vivían en esa aldea sería una gran mentira, no solo la forma en que forjaban a los ninja le era desagradable, también el clima húmedo y a la vez caluroso lograba disgustarle. Pero lo sobrellevaba de la mejor forma posible, era extremadamente poco comparado a las condiciones en que se encontró en misiones pasadas.

Escuchó el crujir de unas hojas, silenciosamente se situó encima de las ramas cercanas a él. Visualizó a un grupo de jounin entrando a su aldea, eran seis en total. Se camufló con los árboles y sus ojos pudieron toparse con la mayoría del grupo. En poco tiempo, cinco de ellos se desplomaron contra en suelo y cayeron en la inconsciencia.

—¿¡Qué!? Un Genjutsu… Pero ¿¡cuándo!?—Escuchó a quien parecía ser el líder, el hombre observó hacia todos lados.— ¡Byakugan!—las venas alrededor de su ojo oculto tras un parche sobresalieron.— ¡Shisui del cuerpo parpadeante de Konoha!—El nombrado se apareció frente al hombre parchado sin que este siquiera tuviera tiempo de reaccionar. El jounin sudó frío, haciéndose atrás para tomar espacio y empuñando un kunai.— ¿¡Qué significa esto!? No me digas… ¿¡Acaso Konoha desea una guerra contra Kirigakure!?

—Ao, líder de grupo Anbu de Kirigakure, un ninja reconocido dentro de su aldea—Shisui tenía el Sharingan activado.— No vengo por parte de Konoha.

El hombre estrechó su único ojo visible.— ¿Entonces a qué vienes? Atacas al equipo que está a mi cargo y por lo que veo entras sin autorización a la aldea, ¿planeas un atentado a escondidas de tu villa?

—Nada de eso—se acercó a paso calmado hacia el hombre. Escudriñó al jounin con su mirada.— Sé de tus habilidades, te conozco bien pero puedo asegurarte que tú a mí no—su mirada era totalmente seria.— Aunque no vine a luchar, espero que sepas tu posición. Todo tu equipo está inhabilitado, y aunque estuvieran conscientes no podrían conmigo.

—Tsk, habla de una maldita vez—una sonrisa se formó en los labios del más joven.

—Vaya, qué impaciente—cualquier rastro de diversión se esfumó al momento de volver hablar.— Tienes un puesto alto dentro de tu aldea, y creo que reconoces esto—sacó los rastros de un sello explosivo, los trozos estaban unidos en ciertas partes mientras algunos pedazos faltaban.

—Es un sello explosivo, ¿me estás tomando el pelo?—miró con la misma seriedad al joven frente a él.

—Eso debería preguntar yo—el sharingan de Shisui pareció brillar con intensidad, mostrando la molestia que su voz monótona no expresaba.— Hasta donde sé, la marca que tiene este sello no es de Konoha y de ninguna otra aldea más que de Kirigakure.

—Nosotros vendemos todo tipo de armamento, no es novedad—se cruzó de brazos, queriendo aparentar serenidad. Sin embargo sus piernas flaquearon al tener -de nueva cuenta- a Shihui a solo un paso de él, con una expresión realmente espeluznante.

—No me tomes por idiota, por favor—vio como Ao tragaba grueso.— Sé muy bien qué tipo de armas venden, las conozco perfectamente. No es la primera vez que tengo a un ninja de Kirigakure siendo un simple obstáculo—la última frase fue soltada con dos tonos de voz más bajo, simulando una cuchilla lista para cortar la yugular del contrario.

Aunque el miedo recorría sus venas y el sudor escurría por su nuca, intentó hablar tranquilamente.— Dijiste que no venías a luchar.

—Y sin embargo alguien parece querer suponer una roca en mi camino—Shisui se cruzó de brazos.— Estos sellos no son vendidos, he de creer que gente con un cargo más alto a un simple chunin utilizarían este tipo de sellos pues están hechos con mejores materiales. Una prueba de ello es que los trozos no se han consumido por completo, están diseñados para no descomponerse en situaciones críticas… ¿O me equivoco?

Ao sabía que si mentía su cabeza sería separada de su cuerpo, Shisui Uchiha no solo era fuerte, demostraba ser alguien perspicaz. Una combinación realmente abominable.— Sí, son entregados a los miembros de Anbu. Pero, ¿de dónde sacaste esos trozos y con qué fin haces estas preguntas?

—Estoy seguro de que conoces la destrucción que hubo en Konoha hace ocho años—Ao asintió precavido.— Estos trozos fueron encontrados en el sitio que Kushina Uzumaki dio a luz.

Los ojos del Jounin se agrandaron hasta más no poder.—No puede ser…

En cambio, los ojos de Shisui se afilaron en una mirada amenazante.— Si estos sellos solamente son entregados a Anbu, ¿cómo llegaron a Konoha?

—No lo sé—su ceño se frunció al ver por dónde iba el rumbo de la conversación.— Estás diciendo que la muerte del Cuarto Hokage y su esposa junto a la destrucción de Konoha fue causada por Kirigakure, pero hasta donde sé solo los Uchiha pueden controlar una bestia con cola. ¿En ese caso por qué buscas culpables en una aldea que no está inmiscuida?

Ao sintió un leve ardor en su cuello, al llevarse la mano a la zona adolorida notó que botaba sangre. A su espalda se hallaba un kunai incrustado en el troco de un árbol… ¿Pero en qué momento lo lanzó…?—Te recomendaría escoger mejor tus palabras—solo había sido un leve corte, pero la amenaza no era de la misma connotación que el pequeño daño proporcionado a su cuello.— No solo un Uchiha es capaz de controlar una bestia con cola, alguien con un Sharingan implantado podría.

Ao estuvo cerca de reclamar, pero fue interrumpido por el más joven.— Piensas que sería imposible que un ninja de Kirigakure tuviera el Sharingan, pero mírate; posees un dojutsu aún más custodiado, dime ¿con qué moral puedes oponerte ante tal posibilidad?

El hombre cerró su boca, su rostro atravesó una mueca de inconformidad.— Aunque actualmente Kirigakure se encuentre en una mala situación y sea llamada la "aldea sangrienta", no creo que alguien de aquí sea el causante de la destrucción de Konoha y todas las muertes tras ello.

—Permíteme dudar—el joven se recargó de un árbol cercano.— Solo he venido por información o pruebas, quiero que me digas si has visto a alguien de apariencia extraña. Una persona con máscara o parche, quizás alguien de la aldea o algún acogido a ésta. Lo que sea que pudieras aportar.

Ao suspiró, conocía un poco sobre las habilidades de Shisui. Sabía que si el joven quisiese, buscaría la mejor forma de destruir lo que él amaba si no colaboraba.— Poco antes de que el Cuarto Mizukage ascendiera al poder, llegó un forastero pidiendo asilo por un tiempo determinado. Traía una extraña máscara que sólo dejaba ver un ojo, su cabello era un poco largo. Y ahora que lo recuerdo, antes de irse tuvo un breve encuentro con Yagura-sama, desde entonces el Cuarto no es el mismo. Eso es todo lo que sé.

Shisui asintió, era suficiente información por ahora y tenía una buena conjetura del caso.—Una palabra de nuestro encuentro y tu peor pesadilla se hará realidad—sus ojos centellaron en rojo vivo.— También podrás despedirte de la vida de tus amigos—le regaló una mirada altiva a los ninjas esparcidos en el suelo. Una amenaza necesaria, aunque odiara matar debía dejar en claro cuán lejos era capaz de llegar por no dejar mal el nombre de Konoha.

—Debido a que no me has pedido información sobre la aldea, puedes estar tranquilo—Ao observó con total seguridad a Shisui. Tomando seriamente su amenaza.— Tú no has estado aquí.

Shisui asintió antes de desaparecer con increíble velocidad de la vista del hombre. Ao podía asegurar que ni siquiera el Byakugan o el mismo Sharingan podrían seguirle el paso a ese joven.


Entró en silencio, el ambiente estaba repleto de tensión o al menos así lo percibía él.—¿Me ha mandando a llamar, Hiashi-sama?—El líder Hyuga se encontraba sentado en su despacho, con los ojos cerrados y de brazos cruzados. El patriarca le observó seriamente, Neji no supo interpretar la mirada que le regaló.

Hiashi asintió, dándole el paso libre a su sobrino que tenía intenciones de sentarse.— Pasarás más tiempo con Hinata—dictaminó éste sin el menor reparo o intención de dar explicaciones. El genio Hyuga a penas pudo evitar que su ceño se frunciese, mas no el ardor en su estómago y los latidos apresurados de su corazón.

Inhaló y exhaló, contó del uno al diez las veces necesarias hasta que sintiera que su voz no saldría con un deje amargo.— Disculpe, pero ¿puedo saber la razón?

Hiashi lo escudriñó severamente con su mirada, determinando si debía decirle la verdad o simplemente ignorar su pedido. Optó por ser honesto con su sobrino.— Necesito que la vigiles.

Una de las cejas de Neji se vio tentada alzarse.— ¿Por qué?—Empleó el tono más respetuoso que podía usar.

El líder suspiró levemente, cerrando los ojos.— Es sobre el puesto de heredera. Será necesario que inspecciones todas las actividades que ella haga, los errores que cometa o los avances respecto a sus habilidades.

Los ojos del niño se abrieron hasta más no poder, el ardor en su estómago se incrementó. Tuvo que esconder las manos detrás de su espalda para que el patriarca no notara cómo éstas se empuñaban con gran fuerza. En un vano intento por calmar la rabia que sentía volvió a contar mentalmente pero esta vez con más velocidad.— Hanabi-sama es apta para ser la actual heredera—su voz salió seca a pesar de sus esfuerzos por mantener la calma.

Hiashi le miró indiferente.—Sólo hazlo. Eso es todo, puedes retirarte.

Neji se levanto rápidamente, deseando irse lo más pronto posible para descargar su rabia entrenando. Cuando abrió la puerta y estuvo a punto de salir oyó la voz de su tío.— Recuerda que Hinata es tu protegida, nada debería pasarle si estás a su lado—aunque no haya sido dicho claramente, Neji sabía que esa era una advertencia y que estaba especialmente dirigida a él.

Cerró la puerta con un poco de fuerza después de oírlo y se dirigió con paso apresurado hacia los campos de entrenamiento del clan. Necesitaba descargar su furia y liberarse del estrés que en poco tiempo su mente fue sometida. No daba crédito a lo que acababa de informársele, las palabras de su tío se repetían una y otra vez en su mente.

Al llegar a los campos notó que quien menos quería ver se hallaba sentada en las orillas del mismo, observando el cielo a la par que movía sus pies, traía una sonrisa de tranquilidad en su rostro. En ese instante quiso borrar toda la paz que esa niña pudiera tener, hacer que ella se sintiera igual o peor que él.

La miró con desagrado, con el mismo sentimiento que tenía cuando se veía al espejo pero con mayor intensidad.

El destino de ella era ser un fracaso, débil, la vergüenza del Clan Hyuga. Alguien que no serviría como ninja ni le traería honor a la familia, una persona que con el tiempo sería ignorada. Sencillamente el futuro de ella era ser dejada de lado… Así como él.

¿Entonces por qué ella podía hacer algo por cambiar su destino? Y lo peor, ¿por qué estaba dando resultados cuando el destino era algo inmodificable?

Sintió impotencia, más rabia y odio tanto propio como hacia ella.

Odio hacia ella porque estaba sobreponiéndose a su destino.

Y odio hacia él mismo porque sabía que por más que se esforzara, jamás cambiaría el suyo.

Así era la vida, su vida.


Tenía varios moretones en el pecho, podía confirmar lo que alguna vez le había dicho su hermano: los golpes hecho por el Juken eran extremadamente dolorosos. A petición de Naruto, Hinata había estado entrenando con ellos todas las tardes después de no alcanzar las expectativas de su padre.

Recordaba como al día siguiente Hinata se presentó a primera hora en la academia, sus ojos estaban levemente rojos y su mirada puesta en el suelo, se notaba decaída. Con voz suave les explicó a ambos lo sucedido en la tarde del día anterior, ambos amigos sintieron el enojo recorrer por todo su sistema al oír el cruel trato que tuvo Hiashi Hyuga con la mayor de sus hijas.

Esa mañana Hinata no volvió a pronunciar palabra alguna, no les miraba directamente a los ojos y se distanciaba de ellos. Los dos niños estaban desesperados buscando cómo alegrar a su amiga, y por más tonterías que Naruto hiciera o incluso, por más dulces que Sasuke le regalara, Hinata seguía sin mostrar un atisbo de felicidad. El cerebro se les había secado y ya no tenían ideas para conseguir una sonrisa de parte de la niña.

Se sentían derrotados, la pequeña Hyuga fue quien en momentos difíciles lograba despejar la mente de ambos y sacarles sonrisas, les frustraba y entristecía no poder hacer lo mismo por ella. Sin poder hacer más de lo que su infantil mente les había dicho, decidieron desistir aun cuando el enojo consigo mismos les exigía seguir intentando.

Dejaron que después de salir de clases Hinata se fuera a su casa, con un amargo sabor en la boca se dirigieron a las suyas. La niña pasaría la tarde sola y los dos rogaban que por algún hecho milagroso ella mejorara. La tristeza y dolor de su amiga se convertía en propio, realmente la comprendían pero eran unos inexpertos a la hora de animar a las personas.

Como si sus deseos fueran escuchados, al día siguiente Hinata regresó con un semblante más calmado. Su cara se hallaba despejada de cualquier síntoma de tristeza, siendo reemplazado por un aspecto serenado como el que usualmente portaba su amiga. De cualquier forma, ellos continuaron haciendo lo mismo del día pasado, llenaron la mañana de Hinata con tonterías y dulces temiendo que por algún extraño motivo ella volviera a decaer.

Al final del día, cuando Naruto se despidió de ellos él decidió preguntarle el porqué de un momento a otro ella estaba mejor. Su curiosidad picaba y no podía rascarse hasta obtener una respuesta de su parte, ¿quién o qué consiguió lo que ellos con mucho esfuerzo no?

La niña le miró, y con una sonrisa le contestó: "—Porque entendí que la verdadera fuerza se hallaba en mi interior, seré una perdedora cuando realmente crea que lo soy. Así que seguiré adelante."

Él asintió, sin enterarse de absolutamente nada, pero feliz de que su amiga estuviera mejor.

Desde entonces ellos entrenaban todas las tardes con Hinata, intentando distraer la mente de ésta solo en "caso de…". En ocasiones solamente jugaban, pero ese día Naruto faltó por indigestión y él le pidió a ella luchar en serio. Aunque la Hyuga al principio se mostró renuente, terminó cediendo ante su insistencia.

Y es que Sasuke podía ser una persona muy intensa cuando quería algo.

Él ya podía esquivar mejor los ataques -sin uso de chakra- de Hinata, se movía mejor y sus reflejos habían mejorado. Todavía no lograba asestarle un golpe o siquiera rozarla, pero ella ahora esquivaba más seguido. En esta ocasión Hinata usó chakra y selló algunos pocos puntos, al ver el dolor plasmado en su rostro ella prefirió dejarlo por esa tarde y quizás, por un largo tiempo.

Más tarde, Hinata volvió abrir sus puntos de chakra. Él no pudo evitar quedarse colgado, viendo con fascinación a la niña cuando ella activó su dojutsu y con agiles movimientos comenzó a despejar su sistema circulatorio de chakra. Ella era simplemente increíble.

Sabía que a pesar de su mejoría y de haberle pedido que fuera más contundente, Hinata seguía sin atacarle seriamente. Y que a partir de ese día ella se restringiría más con él, su amiga odiaba hacerle daño.

Suspiró, quitándose el calzado en el Genkan de su casa. Al instante su madre salió a recibirlo con una hermosa sonrisa.— Bienvenido. Sasu-chan.

El menor sonrió.— He llegado, Oka-san—rápidamente se lanzó a los brazos de su madre, quien lo recibió gustosa.

Y aunque no fuera mejor que Hinata, se sentía feliz de estar avanzando.


Su panza rugía y, demonios, actualmente su monedero estaba vacío. Si pudiera retroceder el tiempo definitivamente lo haría y golpearía al Naruto de ese entonces que se había emocionado a la hora de ver ramen instantáneo en oferta. Y también se maldecía a sí mismo, su gula provocó que consumiera todos esos ramen en tiempo récord. Ahora no tenía dinero, ni comida, ni vida prácticamente.

Veía con anhelo el Ichiraku, su estómago se alteraba aún más al enterarse de que ese día no podría comer. Le dio palmaditas de consuelo a su panza, pues "estaban juntos en esta lucha". Por su mente pasó la idea de pedirle dinero al Tercero, idea que fue desechada rápidamente por la vergüenza de no haber empleado de buena manera sus ingresos.

Al estar tan despistado observando embobado el puesto de Ramen, no se dio cuenta de que alguien venía hasta que chocó con él.— ¡Fíjate por donde caminas, mocoso endemoniado!—Naruto se encogió de hombros al ver la mirada de aquel hombre, todos le miraban igual. Con cierto miedo de recibir algún maltrato o más insultos emprendió una carrera, sus manos temblaban levemente y el sudor frío hacía un recorrido por su frente. Utilizó la imaginación para creer que él no estaba huyendo, no, simplemente corría al lado de Sasuke y Hinata jugando a "las traes".

Usualmente imaginaba otro tipo de situaciones siempre que se escapaba de los aldeanos, deseando dejar de lado todas las palabras hirientes y recuerdos dolorosos. Antes, él simplemente ideaba un campo imaginario donde estaba intentando atrapar conejos, apartándose de la cruel realidad de estar huyendo. Ahora sucedía lo mismo con la diferencia que en vez de estar cazando animales, jugaba con sus dos únicos amigos.

Mientras corría se topó con un niño viendo en la vitrina de una tienda de farmacéuticos unas cuantas vendas. Hubiera pasado de largo si no hubiese sido porque lo conocía, Neji tenía varios rasguños en sus brazos descubiertos, los cuales usualmente iban vendados sin razón aparente. Entonces descubrió que probablemente el castaño siempre traía heridas, pero ¿por qué?

Se acercó.— Si sólo miras no vas a conseguir que vengan a ti—le comentó, observando por sobre el hombro ajeno lo que la otra persona veía. El moreno se volteó a verlo con el ceño profundamente fruncido, distinguiendo la molesta voz de uno de los amigos de su prima.

—No he pedido tu opinión—masculló el mayor, sin dejar de observarle despectivamente.

El rubio se encogió de hombros.— Hinata-chan tampoco pide que la busques cada vez que sale de la academia, pero aún así no te reclama.

Siempre que terminaban las clases, el Hyuga estaba en la entrada de la academia esperando a su amiga con cara de pocos amigos. Y aunque Sasuke y él le dijeran que ella pasaría la tarde con ellos, el niño amargado los ignoraba y se llevaba a Hinata a la mansión Hyuga porque era su deber. Más tarde tendrían que ser ellos quienes iban a buscar a Hinata para entrenar, con la suerte de que su primo no les seguía. Por lo visto, Neji no disfrutaba de la presencia de su prima, de Sasuke, de él y, básicamente, del mundo entero.

—Ese no es tu problema—ahora era Naruto quien arrugaba la piel de entre sus cejas.

—Me pregunto cuál es el tuyo, de veras—el más bajo se cruzó de brazos. Realmente no entendía a alguien tan complicado como Neji, le desagradaba enormemente por el trato que éste tenía con su amiga, pero algo le decía que había más que solo mal humor en él. Era un presentimiento, el mismo que tuvo con su amigo la primera vez que lo vio. Ello impedía que detestara totalmente al genio Hyuga.— Actúas como si fueras superior a todos, tratas mal a quien está a tu alrededor, incluyendo a tu prima. Así te quedarás solo.

Neji tronó su lengua, una sonrisa prepotente se formó en sus labios.— ¿Quién necesita la compañía de personas incompetentes?

—No dirás lo mismo cuando ya nadie quiera acercarse a ti—los ojos azules del rubio se ablandaron. Pensando lo afortunado que era Neji por no haber sido discriminado, por tener la opción de hablar con personas cuando a él se le negó otra alternativa más que la soledad.— Querrás estar solo, pero no lo aguantarás, nadie lo hace.

Los ojos de Neji eran iguales a los de Hinata, pero a la vez tan diferentes. La mirada del castaño solo mostraba frialdad, egocentrismo, e indiferencia... Quizás dolor, pero eso se apreciaba en muy raras y contadas ocasiones. Usualmente una pared expresaba más emociones que aquel chico.

Hinata era un caso aparte, harina de otro costal. A pesar de que su semblante permanecía tranquilo, sus ojos demostraban lo que sus labios callaban. Nunca sintió tanta calidez como cuando ella le observaba, su mirar era dulce, comprensivo y muy expresivo en las distintas situaciones en que se viera envuelta.

Él se consideraba un experto en cuanto a leer semblantes, pues era un requerimiento cuando necesitabas saber en quién confiar. Diferenciar a las personas que le despreciaban de aquellas a las que su presencia les era indiferente o, en escasas ocasiones, de quienes le apreciaban.

Huía para no recibir daños. Tanto tiempo siendo agredido le dio el don -quizás el único que tenía- de analizar a las personas, distinguiendo los sentimientos de cada una de ellas y sabiendo cuáles representaban un peligro para su integridad.

Neji y Hinata eran muy distintos, aun si no los hubiera conocido lo sabría con solo verlos.— Supongo que tú sabes mucho de eso.

Y aunque el genio empleaba un tono de burla, su rostro se mantenía serio en espera de una respuesta.— Más de lo que quisiera—miró durante largo rato al otro niño, preguntándose qué pasaría por la mente de éste.

—Mi destino no se enlaza con el de algún otro. Tampoco necesito escuchar los estúpidos pensamientos de alguien que es despreciado por todos—la lengua de Neji podría compararse fácilmente con una navaja. El castaño se dio la vuelta, dispuesto a irse cuando la voz de Naruto le interrumpió.

—Pensamientos estúpidos son los que tienes tú al creer que tu destino ya está escrito.

Neji lo observó por encima de su hombro.— Solo eres un iluso.

El castaño comenzó a caminar mientras escuchaba al otro gritar: "¡Y tú eres un amargado como el teme, de veras!". Neji no sabía con quién le comparaba, tampoco le importaba.


Un pez se hallaba muerto en sus manos, los indicios de un sello se mostraban en lo que suponía era la frente del animal. El pobre había dejado de moverse hacía más de cinco minutos, justo el momento en que el sellado se salió de control y todo falló.

Por fin consiguió un tiempo a solas para practicar aquella técnica, pocas veces tenía la oportunidad de hacerlo debido a que siempre se hallaba acompañada. Fuera con sus amigos, su hermana o bien Neji. Normalmente estaría agradecida con ellos por estar a su lado, sin embargo la inquietud le carcomía la mente al pensar que estaba perdiendo el tiempo y, por desgracia, no podía dejar que alguien la viera.

Ese día cuando logró salir de su casa sin ser advertida por su primo se sintió feliz de lograrlo. Neji era muy perceptivo y usualmente la atrapaba cuando ella intentaba ser invisible ante la vista de los demás. Además de ser muy difícil para ella mentir, definitivamente él la hubiera descubierto de solo pensar en intentarlo.

Extrañamente, hoy su primo parecía sumido en sus pensamientos desde que puso un pie en el barrio Hyuga. Supo que él había salido a comprar sus típicas vendas y se preguntó si algo le había sucedido en el trayecto. A veces ella misma se las compraba y las colocaba cerca del cuarto perteneciente al castaño para que éste las agarrara sin saber quién las dejó ahí.

Ella apoyaba secretamente a Neji en sus entrenamientos, aunque él pensara que nadie tenía idea alguna de lo que hacía.

Quiso serle de ayuda desde el momento en que lo vio dentro de una tienda devolviendo unas vendas que, aparentemente, no compró al carecer del dinero estipulado para el producto. No le decía que ella era quien le acercaba el té y desayuno en las mañanas, aquella que -al estar enfermo- entraba a escondidas a su habitación y dejaba medicinas hechas por ella para que se mejorara, o quien dejaba su ropa recién lavada en la puerta de su habitación, mucho menos le diría que gastaba parte de su dinero semanal en las vendas que aparecían mágicamente cerca de él.

Porque no era necesario.

Ella era feliz sabiendo que ayudaba a su primo. Aun cuando el mismo la odiara, Hinata lo seguiría amando como el apreciado primo que era.

Comprendía a Neji mejor de lo que él creía.

Le hizo una pequeña reverencia al difunto pez y con sus manos comenzó a escarbar la tierra, sin importarle que sus uñas se llenaran de suciedad, el pequeño hoyo fue suficiente para que el animal entrara. Juntó las manos para pedirle perdón por utilizarlo con el fin de aprender una técnica prohibida. Echó el resto de la tierra encima del cuerpo y le dio palmadas a la superficie para aplanarla.

Se levantó y dirigió sus pasos al río, adentró las manos para luego disponerse a limpiarlas, la culpa de acabar con la vida del pez no desaparecía por más que se lavara. Con su Byakugan había asegurado la zona, nadie se encontraba lo suficientemente cerca como para saber lo que ella hacía.

Suspiró, poco a poco dominaba el sellado, en parte aquello le producía cierta felicidad; sentía que avanzaba en algo que sería útil en el futuro. Aunque por otra parte existía el remordimiento, era consciente de la cantidad de peces que perecieron en sus intentos y no era algo merecedor de una celebración. No quería seguir, pero tenía que hacerlo.

Secándose las manos en la tela de sus pantalones prosiguió su andar hasta la tienda de dulces que se hallaba en el centro de la aldea. Tenía ansias de unos rollos de canela, perdió el apetito debido a todos los sucesos recientes. Pero ahora sentía calma, su buen ánimo regresó y con él también lo hizo su deseo por los dulces.

El bullicio de la aldea le recibió. Al pasar por las calles algunas personas adultas inclinaban levemente sus cabezas como signo de respeto, que más para ella, iba dirigido a su Clan. Estaba acostumbrada a ese trato respetuoso, admitía que cuando era heredera más personas andaban al pendiente de ella. Ahora no lo era, mas su procedencia era innegable y su línea sanguínea merecía respeto, según ellos.

Al llegar a la tienda se encontró con Natsu y su pequeña hermana. Hanabi comía un Maju* mientras su tutora cuidaba de que la niña no ensuciara su ropa.— Hinata-sama—la mentora de su hermana la saludó al verla.

—¡Nee-sama!—Hanabi dio un brinco en la silla que se hallaba sentada y corrió hacia el encuentro con su hermana mayor, lanzándose en un gran abrazo. La pequeña enterró el rostro en el pecho de su hermana mayor.

Hinata sonrió y acarició la cabeza de la niña.— Hanabi-chan. Buenas tardes Natsu-san—saludó a la mujer, quien correspondió con una reverencia.— ¿Cómo te fue hoy Hanabi-chan?—preguntó, centrando su entera atención en su pequeña hermana. La niña dio un brinco de emoción, últimamente en las mañanas no podía desayunar con Hinata por estar entrenando desde muy temprano y extrañaba pasar tiempo con ella.

—Oto-sama me felicitó, dijo que estoy mejorando mis ataques. ¡Activé el Byakugan por más tiempo! Pero creo que oto-sama se decepcionó un poco—lo último salió como un suave murmuro, la castaña bajó su mirada y se apegó más al abrazo que tenía con Hinata.

La mayor de las hermanas Hyuga la miró comprensiva, y con dulces caricias en el cabello de Hanabi logró que ésta volviera a observarla.— ¿Por qué lo dices?—Natsu se mantenía al margen, observando la interacción entre ambas con una sonrisa.

—No pude activar el Byakugan usando solamente cuatro sellos—la primera forma de activar el Byakugan es utilizando nueve sellos, es muy difícil disminuir esa cantidad y más para una niña de la edad de Hanabi. Hinata se asombró ante la exigencia tan repentina de su padre hacia la menor de sus hijas, a sabiendas que él solía ser más blando con la castaña de lo que fue con ella.

—Eso es normal-—strujó las enormes mejillas de la menor.— Lo que Oto-sama te pidió es muy difícil Hanabi-chan, tómate tu tiempo y hazlo con calma.

La castaña hizo un puchero.— Pero sí oto-sama me lo pidió es porque puedo hacerlo.

—No he dicho que no puedas—aseguró.— Solo que requiere de tiempo. Las cosas salen mejor si las haces con calma—no quería que la pequeña se exigiera demás, nada bueno salía de forzar las cosas y sabía que Hanabi era capaz de no dormir con tal de lograr el pedido de su padre.

La menor asintió ante el consejo de su hermana.— Hanabi-sama, tenemos que regresar con sus estudios—desgraciadamente, Natsu tenía que intervenir el dulce momento entre hermanas.

Hanabi hizo un puchero y se abrazó más a Hinata.— No quiero, he estado estudiante todo el día. ¡Quiero estar con nee-sama!

La mujer suspiró, iba a insistir cuando la dulce voz de la anterior heredera la interrumpió.— Natsu-san, yo puedo hacerme cargo de Hanabi-chan. Le prometo que al llegar a casa hará sus tareas.

La mayor sonrió suavemente, Hinata a su parecer era una muy buena niña y hermana. Sabía que más tarde se iban acumular los deberes de Hanabi por esa salida, y aun así…— Está bien. Por favor, cuídela Hinata-sama—Hizo una marcada reverencia.— Hanabi-sama, pórtese bien—la niña asintió, y dio varios brinquitos de emoción. Agarró la mano de Hinata, y con una gran sonrisa despidió a su mentora.

Hinata pidió varios rollos de canela, con la esperanza de encontrarse a Naruto y a Sasuke en su paseo y regalarles algunos. El vendedor le exigió el dinero a pagar y ella con gusto cedió, su nariz gustosa olfateaba el dulce aroma de los rollos recién hechos, el agua inundó su boca y con ansias le dio el primer bocado a uno de los dulces.

Hanabi observaba felizmente las mejillas de su hermana colorearse tras probar el primer rollo.— Nee-sama, ¿está bueno?—Hinata asintió y le ofreció uno de los dulces, la menor se negó sutilmente. No le gustaba del todo la canela.

Empezaron a caminar por las aceras de Konoha, en una mano la mayor llevaba a Hanabi, y en la otra una bolsa con sus dulces favoritos. Ambas iban en un silencio cómodo, la menor que normalmente platicaba en exceso ahora iba callada, disfrutando del momento que compartía con la persona que más admiraba. Con Hinata aprendió apreciar la calma que el 'no hablar' podía otorgar.

Mientras observaban los distintos puestos de comida Hinata se percató de una cabellera sumamente oscura y larga atada a una coleta. Característica procedente de alguien que ella conocía muy bien, la única diferencia era que ahora llevaba un traje distinto. El heredero Uchiha cargaba consigo el uniforme de Anbu, por el trayecto que el joven seguía podía decir que se dirigía a la torre Hokage.

No quiso importunarlo así que decidió pasar por alto sus deseos de ir a saludarlo, aunque fue una decisión que le llevó un poco de tiempo. Hanabi era observadora, y fácilmente se dio cuenta de que su hermana ya no le prestaba atención a las tiendas de alrededor, en cambio posaba sus ojos en un niño más grande que ellas dos. Contó lo que aproximadamente sería un minuto o más en que Hinata ni siquiera pestañó, haciendo que la menor se planteara la idea de ir por unas gotas para los ojos antes de que a su acompañante se le secaran.

—¿Nee-sama está usando técnicas de los Yamanaka?—Preguntó la castaña, Hinata por fin parpadeó.

—¿Por qué lo dices, Hanabi-chan?—En todo el tiempo que llevaba ensimismada habían seguido caminando, ni siquiera se dio cuenta de que estaban siguiendo al Uchiha.

—Miras a ese chico como si le dijeras algo, o quisieras hacerlo. Y los Yamanaka pueden hablar con cualquiera sin abrir ni un poco sus bocas, o eso me dijo oto-sama—como actual heredera, Hanabi tenía que aprender de todo respecto al clan y la aldea, inclusive en qué se especializan los demás clanes. Un tema demasiado extenso si tomabas en cuenta que existían demasiados clanes residiendo en Konoha.

Hinata soltó una suave risa.— No, solo me preguntaba si debía saludarlo. Es el hermano mayor de Sasuke-kun.

—¿El heredero Uchiha?—preguntó. La mayor contestó con un asentimiento.— ¿Y por qué no lo saludas, nee-sama?

—Porque no quiero molestarlo. Además, debe estar muy ocupado y apresurado en llegar con Hokage-sama.

Hanabi alzó una ceja, observando primero a su hermana y luego posando su vista en el principal tema de conversación. Itachi caminaba tranquilamente mientras observaba el cielo teñirse con tonos anaranjados que indicaban el inicio del atardecer, ella consideraba que podría estar paseando como ellas a juzgar por su acompasado paso.— Pues yo no lo veo con muchas prisas.

Hinata meditó las palabras de su hermana, ciertamente Itachi no tenía una imagen de alguien extremadamente ocupado como ella en un principio pensó. No obstante, el uniforme que portaba todavía la cohibía lo suficiente para no querer acercarse, a su parecer, Itachi imponía mucho respeto con ese aspecto; lo suficiente para intimidarla.

Tanto debate consigo misma hizo que el tiempo naturalmente transcurriera, no se dio cuenta cuando Hanabi ya se hallaba corriendo hacia Itachi. La niña sonreía mientras intercalaba su carrera con algunos saltos pequeños. Ella no se detenía y Hinata se preocupó cuando vio como ésta tropezaba "accidentalmente" de una manera muy obvia con el mayor de los hermanos Uchiha.

—L-lo siento señor… Y-yo solo… Yo… ¡Nee-sama!—Y empezó a llorar. Entonces Hinata se enteró de lo buena que era su pequeña hermana actuando, en su mente se preguntó cuántas veces habría caído en una de sus obras.

Tragando fuerte se acercó rápidamente a su hermana antes de que empezara a llamar demasiado la atención. Cuando estuvo al lado de ella se inclinó para abrazarla.— Tranquila, Hanabi-chan—la niña acurrucó su cabeza en el pecho de Hinata, ocultando su sonrisa en el sitio. La mayor de las dos volteó para poder ver a un Itachi perplejo, con las palabras de consuelo en la punta de su lengua.— Buenas tardes, Uchiha-san.

El moreno se compuso fácilmente, había estado pensando demasiado y lo que menos esperaba es que una pequeña niña tropezara con él para después ponerse a llorar ruidosamente, llegando justo al instante la mejor amiga de su hermano. Ni pudo pestañear cuando el repentino problema terminó tan rápido como inició, sin él conseguir soltar al menos una palabra para ayudar a calmar a la castaña.

—Buenas tardes Hinata-san—sonrió, observando la imagen de dos hermanas abrazadas. La mayor acariciaba el cabello de la menor mientras ésta se abrazaba aún más y ocultaba su rostro en su pecho.

—D-disculpe a H-Hanabi-chan, ella no veía por dónde iba—y se sintió mal por mentir sabiendo perfectamente que la niña tenía muy buena orientación al momento de chocar con Itachi.

—No se preocupe, los accidentes suceden—se agachó a la altura de ambas niñas.— Entonces usted es Hanabi-san. Un gusto, Hinata-san me ha contado cosas muy buenas de usted—las dos se sonrojaron por diferentes motivos tras oír la presentación de Itachi. Hanabi no podía creer que su hermana hablara de ella con otros, se sentía sumamente feliz a la par de abochornada.

Entonces las dos se separaron y levantaron, Hanabi observó a su hermana con admiración, sus ojos brillaban y el sonrojo amenazaba con no desaparecer de sus mejillas.— ¿Nee-sama habló de mí?

Hinata empezó a jugar con sus dedos, un poco avergonzada de que su adoración hacia su pequeña hermana fuera expuesta. Itachi observó con ternura el gesto nervioso de la mayor de las Hyuga, sabía que si seguía con aquella conversación provocaría que se cohibiera más.— Así es. Por cierto, mi nombre es Itachi, como Hanabi-san es hermana de Hinata-san, entonces también puede confiar en mí si necesita ayuda en algo.

La castaña asintió aun sin despegar su mirada de Hinata.— I-Itachi-san, ¿a-aceptaría esto como disculpas por causarle i-inconvenientes?—Sacó algo de la bolsa que traía en sus manos y le entregó uno de sus rollos al genio Uchiha.— ¡Oh! Y a Sasuke-kun también—hurgó más en la bolsa y sacó la porción que iba destinada su amigo.

El líder Anbu aceptó el regalo con una sonrisa.— Creo que tuvimos la misma idea, yo también traje algo para usted—Hinata se sobresaltó al escucharlo, se preguntaba en su estado de asombro porqué él le regalaría algo.

Y es que sin saber, Hinata había distraído la mente de Itachi en sus peores momentos. En varias ocasiones ella ni siquiera sabía que él la veía, sin embargo lo hacía y ello le ayudaba a sobrellevar en cierta medida sus oscuros pensamientos. Ella misma representaba un consuelo, alguien que inconscientemente le regalaba palabras realmente maduras y que casualmente despejaban la incertidumbre en él.

Por todo ello, cuando vio un pequeño omamori* de protección siendo vendido en un café tradicional que hacía conjunto con un antiguo santuario, no pudo hacer otra cosa más que comprarlo teniendo en cuenta la sonrisa de la niña.— Por favor, acéptelo—le tendió el pequeño sobre de seda con palabras escritas en ella.

La niña agarró el amuleto para observarlo con detenimiento, sentía la típica fina madera envuelta en tela, la cual se encontraba decorada con varios tonos de lila. Era muy bonito, citando el nombre de "Ise-Jingu"* en la parte trasera, con un sutil sonrojo lo guardó en el bolsillo de sus pantalones.— Muchas gracias, Itachi-san—hizo una reverencia.— Espero que les gusten los rollos—de reojo vio una cabellera rubia pasar, sintió prisa al saber que podría perderlo de vista.— Ya no le qui-quitaremos más de s-su tiempo—haciendo que Hanabi hiciera una reverencia, se despidieron.

Itachi observó con una sonrisa a ambas niñas, éstas se habían acercado a Naruto Uzumaki. Al poco tiempo notó que Hinata le entregó todos los rollos que tenía -incluido uno que ya traía algunos mordiscos- y le dio dinero. Si alguien le hubiera visto en ese instante, se apreciaría impactado, pues la mirada normalmente fría del Uchiha ahora cargaba tintes cálidos.

El genio Uchiha agradecía enormemente que todavía existieran personas como ella, y el sentimiento de querer proteger a Konoha en conjunto con todas las vidas inocentes que habitaban en ella fue reforzado al apreciar dicho retrato pintado con sincera bondad.

Él en definitiva preservaría a toda costa la paz de los que están por venir.


Sus mejillas se ensuciaron al no tener el menor cuidado cuando comía su comida favorita. Siendo honestos, no entendía cómo existían personas que prefirieran el ramen, las verduras o cualquier otra cosa sabiendo que el tomate, y aún más, los onigniri de tomate eran lo mejor. A pesar de que también amara los onigiri de atún, definitivamente el pobre pez no podía competir contra la divina fruta roja.

Su madre, quien le observaba comer mientras apoyaba su barbilla en la palma de su mano, sonreía de felicidad estando al corriente de cuáles eran los gustos de sus hijos. Ella se alegraba con solo verlos devorando su comida, y que al final no quedara siquiera un arroz en el plato.

Aunque con Sasuke, el arroz que no terminaba en el plato se quedaba regado en su cara porque era un desastre comiendo cuando estaban solos en casa.

Riendo por lo bajo, ella se dispuso a limpiarle el rostro con una servilleta.— Ka-san, ya estoy grande para que me limpies—Sasuke infló sus mejillas con molestia.

Mikoto torció su sonrisa.— Entonces come como tal. A este paso cuando seas adulto y te cases tu esposa también tendrá que limpiarte como si fueras un bebé, Sasu-chan.

Ya era de noche y estaba preocupada. Itachi todavía no llegaba y se suponía que hace tres horas había llegado, ¿qué podría importunarlo? Fugaku le pidió que cuando su primogénito llegara, lo enviara hablar con él. Quizás ella no soltaba ni una palabra al respecto, pero sabía que su hijo no estaba conforme con los ideales que el patriarca infundió en el reto del Clan.

Ella apoyaba a su esposo en todo, fungía aquel escudo que cuidaba la espalda de su marido ante cualquier amenaza. Y aunque algunos pensamientos eran -a su parecer- extremistas, tampoco estaba satisfecha con el trato que ellos recibían de los altos mandos de la aldea. Si ella procedía según las palabras de Fugaku, era porque estaba presente cierta verdad en sus ideales.

Los Uchiha eran denigrados injustamente a partir de una acusación sin bases firmes, y siempre se les negó la posibilidad de que alguno de sus miembros fuera Hokage aún cuando tuvieran las cualidades necesarias. Era consciente del creciente odio en el Clan, uno que comenzaba a desbordarse y que incluso ella temía pues sabía que nada bueno resultaba del rencor desmedido, pero por otra parte lo comprendía.

Ella misma era consciente de que estaba siendo víctima de un odio que podría creerse incorrecto y exagerado.

Sin embargo, entre tanta oscuridad e irracionalidad estaba Itachi. Su hijo mayor, quien no cargaba ni con una pizca de odio, pero si estaba repleto de amor. Un sentimiento que actualmente los Uchiha desconocían, pues fue borrado de su diccionario emocional.

Lo conocía mejor que nadie, Itachi no solo era increíblemente fuerte, su mentalidad llegaba a ser superior a la de muchos. La madurez y su perspectiva de ver la vida era totalmente opuesta a la del resto del Clan, no deseaba poder y mucho menos si éste se obtenía de la forma equivocada como ellos planeaban tenerlo.

Quizás estaba a su desconocimiento cuál era la definición de "lo correcto" para Itachi, pero estaba totalmente segura de que su hijo no iba a aguantar mucho la carga que su marido y el resto de los Uchiha ponía en sus hombros.

Itachi deseaba paz, mientras ellos amenazaban con causar todo lo contrario.

Ella tenía sentimientos encontrados, y como resultado de esto se mantenía al margen de la situación.

La línea de sus pensamientos fue cortada cuando Sasuke soltó un bostezo, la comida que anteriormente estaba en el plato pasó a mejor vida.— Oka-san, ¿cuándo llegará nii-san?

—No lo sé—observó la hora en un reloj cercaco al comedor.— Pero ya es hora de que te acuestes a dormir. Ve a lavarte la boca me esperas en tu cuarto para darte las buenas noches.

Sasuke asintió adormilado, en ocasiones eso causaba la comida. Tras ingerir algún alimento le procedía una sensación de sueño que muchas veces le vencía y terminaba dormido en cualquier lugar.

Hizo lo pedido por su madre, y se hallaba en su cama esperándola. Ésta llegó en pocos minutos, con una dulce sonrisa plasmada en sus labios.— Que descanses, Sasu-chan. Buenas noches y dulces sueños—le besó la frente.— Te quiero—le apagó la luz y al tiempo cayó rendido en sueños.

Su dormitar fue interrumpido por un estruendoso grito. Reconociendo la voz de su padre decidió salir de su habitación cautelosamente. Se aproximó silenciosamente a la puerta del despacho del patriarca, sus piernas temblaban ante el pensamiento de estar haciendo algo malo. Muchas veces su madre le dijo que era malo escuchar conversaciones ajenas.

El remordimiento comenzó a crecer sabiendo que no era correcto espiarlos. Cuando estuvo a punto de irse, la alterada voz de Fugaku le detuvo.— ¿¡Es que acaso no entiendes tu posición!?

—Querido, baja la voz—identificó la voz de su progenitora.

Sasuke entreabrió un poco la puerta y casi se cae hacia atrás al percatarse de que su padre tenía el Sharingan activado.— Itachi, eres la clave de nuestro plan y eres un Uchiha. ¡Nuestro Clan es más importante que cualquier otra cosa! Hacemos esto por nuestro bienestar.

Un brillo rojizo llamó la atención de Sasuke. Despegando la mirada de su padre para dirigirla a Itachi, otra vez estuvo carca de encontrarse con el suelo a sus espaldas. Su hermano mayor también activó su dojutsu.— No digan que piensan en el bienestar del Clan cuando solo tienen en mente el poder.

—¡La aldea nos repudia, ¿acaso no lo ves?!

—¿Y crees que con un golpe de estado lo solucionarás? ¿Piensas que dándole fin a vidas inocentes conseguirán la tan aclamada gloria?—Itachi se estaba cansando de callar sus pensamientos y sólo seguir órdenes insensatas.— ¿Has pensado en las consecuencias de lo que planean hacer?

—Los sacrificios son necesarios.

—No cuando el objetivo tras ellos es totalmente erróneo—ninguno de los dos separó su mirada del otro, teniendo una lucha silenciosa por quién cedía primero. Terminando tras varios minutos en un empate.

Fugaku desactivo su línea sucesoria.— Sólo quiero saber de qué lado estás.

El heredero Uchiha se levantó.— Lo siento, oto-san. Estoy demasiado cansado—no adelantaría más las cosas.

—Ve. Creo que tanto estrés te está cegando, mereces un buen descanso para estar en todos tus sentidos—Sasuke por algún motivo creía que Itachi no sólo estaba cansado por las misiones.

Antes de que se dieran cuenta de que él estaba ahí corrió a su habitación, acostándose al llegar a su cama.

Entonces rememoró toda la discusión que escuchó sin el consentimiento de sus integrantes. Su mente daba vueltas, estaba al pendiente de que la relación de su padre con Itachi se había distanciado un poco desde hace un tiempo. Jamás pensó que fuera hasta tal punto, y era algo que no comprendía. ¿Qué era un golpe de estado? ¿Por qué su padre quería llevarlo a cabo y en cambio su hermano no? Tenía muchas dudas, hasta cierto punto se sintió dolido por ser dejado de lado.

Todos en su círculo familiar más cercano sabían de la discordia entre Itachi y su padre. Pero él no, ¿acaso su opinión no contaba? Quizás fuera el menor, puede ser que no entendiera al cien por ciento lo que decían, pero no desmeritaba lo que él pudiera pensar. Con un poco de explicación, podría ayudar, estaba seguro.

Y aun así, no le daban la oportunidad de al menos enterarse.

Se sentía triste, confundido y un poco enfadado con ellos.

Buscaría la forma de saber más, les demostraría que era capaz de opinar en temas serios.

Él al igual que ellos era un Uchiha, y también nació en Konoha.


Notas de autor: Mucha información importante en éste capítulo. Aquí es cuando me doy cuenta que debía ponerle otro nombre a uno de los caps anteriores para poder colocarle a éste su título :v. De hecho, estuve tentada a titular al actual "Información 2da parte".

Planeaba escribir aún más porque tenía en mente que muchas cosas sucedieran, pero para el momento que escribí este cap mis manos me suplicaban descanso y yo decidí no alargarlo más. Aunque este capítulo no fue épico, definitivamente es muy importante, me centré en la perspectiva de personajes que hasta el momento no tenían mucha participación y que, sin embargo, tenían un rol de peso en la trama.

Honestamente, tengo tantas ideas aún por plasmar que me cuesta mucho decidir qué debe ser descartado para darle prioridad a otras cosas que podrían poseer mayor importancia. Es un poco difícil preservar lo más fielmente posible la línea de la serie cuando cambias algo en su historia y por consecuencia todo lo demás también lo hace. Es el "¿qué sucederá si x personaje dice o hace esto?" lo que logra descolocarme en ocasiones cuando pienso en qué consecuencias traerá a la trama.

Para aclarar:

*Manju: Es un dulce típico japonés, recuerdo que en un relleno Hanabi estaba comiéndolo… O al menos se parecía a un Manju. El exterior está hecho de una masa de harina, polvo de arroz y alforfón. En su interior puede llevar pasta de judías y azúcar, dependiendo del tipo de manju el relleno cambia.

*Omamori: Es un pequeño amuleto. Su objetivo puede ser cualquiera, tanto proteger, como traer suerte (sea en el amor o en el trabajo), felicidad, dinero, etc. Es muy típico, incluso lo he visto en varias series. El envoltorio está hecho de tela (usualmente usan la seda) y lleva bordado en su parte trasera el nombre del santuario donde fue comprado. En su interior, siempre oculto, está contenido una inscripción rectangular que bien puede estar hecha en papel, cartón o incluso una fina lámina de madera y que lleva el nombre del dios protector y una oración escrita o bendecida por un monje.

*Ise-Jingu: Es un antiguo santuario shinto y el más importante de Japón. Fundado por la adorada Princesa Mikoto, es un centro de adoración hacia varias deidades mitológicas en las que se basó Kishimoto para su serie. Entre los dioses venerados en el santuario están: Los creadores del mundo y otros dioses Izanagi e Izanami, Amateratsu (Hija de los dos anteriormente mencionados, deidad del sol), Tsukiyomi (hermano de Amateratsu, deidad de la luna).

Siempre leo los comentarios y me alegran mucho. Cuando no tengo motivación los leo, y logran ayudarme a desperezarme. ¡Gracias!

Bueno, ojalá lo hayan disfrutado. ¡Espero sus comentarios con sus opiniones al respecto!

Nos leemos en el próximo capítulo.